Lunes 2 de septiembre de 2019

Conocí a Nicolás Sartorius en la Junta de Portavoces del Congreso de los Diputados en 1986. Había sustituido a Ramón Tamames. Era un gran portavoz. Comprensivo, agudo, negociador, ilustrado, un buen tipo. Dejó sus responsabilidades en IU y acabó en una Fundación cercana al PSOE. Y, en varias ocasiones tuvimos relación para participar en mesas redondas. Le recuerdo en una de la Fundación Sabino Arana y en varias en El Escorial.
No sé lo que le ha pasado para que haya hecho estas declaraciones aparecidas en El Confidencial. No es el Sartorius que yo conocí. Y nos mete a todos en el mismo saco, cuando sabe que el PNV estuvo en la clandestinidad y en prisión. Desde 1937 a 1975. Y con cientos de muertos.
Joseba Goikoetxea, militante clandestino del PNV fue encarcelado y acusado de propaganda ilegal en 1983. Coincidió en Carabanchel con Nicolás Sartorius y con todos los encarcelados en el Sumario 2001. Me lo contó varias veces. Se saludaban con respeto. Y eran tres del PNV en Carabanchel. Joseba Goikoetxea, asesinado posteriormente por ETA, Antón Landa, trabajador posterior en Deia y Carlos Zarraga, quien trabajó en la Editorial San Miguel. Tres. Pero había más. Yo hablo de lo que me contaron los tres del PNV presos en Carabanchel que fueron puestos en libertad tras el fallecimiento del dictador.
Decir ahora que no conoció a ningún nacionalista en la cárcel no solo es falso sino una insidia que no está en consonancia con lo que ha sido Nicolás Sartorius cuando hacía política en serio y hablábamos de cómo debía terminar ETA.
Y lo lamento mucho. Acaba de decir: «Estuve seis años preso con Franco y nunca vi en la cárcel a ningún separatista». Mentira Nicolás. Te doy los nombres de tres que conocí y estuvieron contigo.
La entrevista comienza así:
Nicolás Sartorius, comunista desde la clandestinidad del franquismo, tiene la experiencia vital suficiente para alertar de las consecuencias de un sistema político que se adentra en el engaño
La época de grandes paradojas que vivimos llega al extremo de que los conceptos mismos acaban pervirtiéndose y significando lo contrario, como una mutación que destruye el alma de las palabras. El nacionalismo es lo contrario a la nación; el populismo, lo contrario del pueblo, y el comunismo, lo contrario a la igualdad, como el neoliberalismo es lo contrario a la libertad. Nicolás Sartorius, uno de los políticos más veteranos de España, cabeza visible de la Fundación Alternativas, un «laboratorio de ideas español de carácter progresista e independiente», ha recopilado todas esas perversiones en un libro (“ La manipulación del lenguaje”, Espasa, 2018) espoleado, sobre todo, por el sarampión de mentiras que nos ha traído el desafío independentista catalán. Nicolás Sartorius y Álvarez de las Asturias Bohorques (San Sebastián, 4 de mayo de 1938), comunista desde la clandestinidad del franquismo, tiene la autoridad moral y la experiencia vital suficientes para alertarnos de las consecuencias de un sistema político que, poco a poco, se adentra en el engaño. «Porque las palabras en política pesan, son hechos», remarca, y no hace falta más que reparar en un par de ejemplos, como ‘crecimiento negativo’, ese eufemismo que nos induce a conformarnos con la tiesura, o ‘Estado español’, que niega sutilmente la existencia misma de España.
P. En la Transición, una de las grandes banderas era ‘Libertad, amnistía y estatuto de autonomía’. De hecho, ese fue el lema la de Diada de Cataluña en aquellos años. Ahora, algunos pretenden hacerlo pasar, no como una conquista, sino como una imposición del franquismo.
R. Los que más lucharon por la democracia, por la amnistía y por el estatuto de autonomía fueron las gentes de izquierda. Y dentro de Cataluña, el PSUC y Comisiones Obreras. Yo, desde luego, a estos nacionalistas y separatistas no los he visto nunca ni en la cárcel ni en ningún sitio parecido. Haber conseguido todo aquello, la democracia, las autonomías y las libertades que disfrutamos, fue producto de la movilización de mucha gente, que se jugaba mucho; no fue ninguna concesión de la dictadura. Y debemos estar muy orgullosos.
P. A usted, que fue fundador de CCOO, ¿le sorprende el coqueteo de este sindicato con el independentismo?
R. No creo, en absoluto, que CCOO haya entrado por el discurso independentista, puede haber algún sector minoritario, igual que en la izquierda, alguna parte que está desorientada, pero el sindicato como tal tiene las cosas muy claras. No, nada de independentismo. Todos los planteamientos que se han hecho estaban dentro de la legalidad vigente, dentro de la Constitución. Además, es que el propio ‘derecho a decidir’, que es otra de las manipulaciones del lenguaje, es profundamente reaccionario. Para empezar, ‘derecho a decidir’ no quiere decir nada, porque al ser un verbo transitivo tendrían que explicar qué quieren decidir, cómo, cuándo… ¿La autodeterminación, la independencia? Es que eso no está en ninguna Constitución ni de Europa ni, si me apura, del mundo. En la era de la globalización, en Europa, defender la separación de una parte del territorio es profundamente reaccionario. Para ser algo, lo que hay que hacer es unirse, y la división afecta sobre todo a la gente del pueblo, a los trabajadores y a la solidaridad, un elemento clave de la izquierda.
Cuanto más se manipula el lenguaje, la democracia es más pobre. La manipulación del lenguaje, como una forma de engañar, es un instrumento del poder
P. Dice usted que es un movimiento reaccionario; lo que me he preguntado muchas veces es en qué momento de la historia el nacionalismo se hizo de izquierdas. O al revés…
R. Es que el nacionalismo y la izquierda son incompatibles. La izquierda siempre ha sido internacionalista, solidaria, fraternal… Siempre ha querido unir sobre la base de los intereses comunes de la clase trabajadora. El nacionalismo ha sido siempre un movimiento de derechas, como en Cataluña, de ricos que, a base de manipulación y engaños, arrastran a otros sectores de la sociedad.

