Gerda Taro:»detrás» de Robert Capa

Este mes de Julio que acaba ya, ha traído como siempre el aniversario de la terrible Guerra Civil española que se conmemora cada 18 de julio (fecha insigne muy a nuestro pesar). Esta guerra acabó con la II República, y con ella muchos de los derechos que hombres y mujeres habían conseguido democráticamente. Por eso he querido recordar aquí en X Ser Mujer, y en nuestro espacio radiofónico de Radio Euskadi, No somos recién llegadas, a una mujer apenas conocida: Gerda Taro, un ejemplo típico de mujer invisibilizada a la sombra de un hombre. Gran mujer, fue una gran fotógrafa y  pionera del fotoperiodismo: el objetivo femenino que mejor cubrió la guerra civil española y la primera profesional en caer en una contienda en acto de servicio.

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El término corresponsal de guerra se acuñó en la guerra de Crimea de 1854 ya que fue la primera que fue cubierta por periodistas. Pocas mujeres lo hacían. Gerda Taro es un ejemplo paradigmático de como la historia de las mujeres se ha visto ocultada: en este caso, el haber sido pareja de un hombre más famoso, la invisibilizó injustamente.

Se forjó como fotógrafa durante la Guerra Civil española. ¿Recuerdan la famosa fotografía del Miliciano de Robert Capa? Pues presten atención porque va a formar parte de la historia que hoy les relato. Y es que detrás de ese seudónimo de Robert Capa  estaba la pareja de fotógrafos André Friedmann y Gerda Taro.

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Gerda Taro nació en 1910 una familia burguesa alemana de procedencia judía, que simpatizaba con las ideas de izquierda. Con sólo 4 años ya vivió el horror de la Gran Guerra. Muy joven se destaca como activista anti-nazi y fue detenida. Viendo el panorama de una Alemania encandilada con la ideología nazi, se refugió en  París. Allí conoció a André Friedman que vivía de mala manera haciendo fotos. Ella aprende con él, pero como apenas ganaban dinero, crean la figura de Robert Capa baja cuya “marca” empiezan a hacer fotos conjuntamente. Empiezan a ganar dinero y cuando el 17 de Julio de 1936 comienza la Guerra Civil española con la sublevación contra el Frente Popular, deciden trasladarse para fotografiar el horror de la guerra.

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Armados con una cámara Leica (usada sobre todo por Capa) y una Rolleiflex (en manos de Gerda, que sólo tenía 26 años)  sacan las primeras fotos en una Barcelona hirviente y segura de la victoria. Compartían copyright y ambos hacían las fotos bajo el mismo seudónimo, pero muchas de sus fotos fueron adjudicadas injustamente a Robert y tras la muerte de Gerda, su nombre se fue borrando hasta casi caer en el olvido. Como tantas veces en la historia de las mujeres, el nombre de él sobrevivió, el de ella casi desapareció.  Algunas teorías apuntan a que incluso la famosa foto del miliciano caído no la hizo él,  sino ella.

Al principio ambos viajan juntos y juntos fotografían lo que ven, estamos en plena contienda y en  el puerto de Navacerrada  pusieron imágenes a la ofensiva republicana, ofensiva que, años más tarde, su amigo Hemingway relataría en su novela Por quién doblan las campanas y que en 1943  Sam Wood llevaría al cine. ¿Recuerdan a Ingrid Bergman y Gary Cooper?

Aunque firmaban los reportajes con el nombre de Robert Capa, Gerda termina implicándose aún más en la Guerra y se independiza y aleja de André que parece que no se tomó muy bien que ella rechazara su propuesta de matrimonio. Regresó a Valencia mientras André se dirigía a Bilbao donde retrató los bombardeos sobre la población civil. Gerda sigue implicándose en su trabajo y pronto consigue un contrato con una publicación francesa. Esto le permitió publicar sus fotos en solitario. Sus fotografías transmiten con una tremenda sensibilidad la terrible realidad de la guerra. Muchas de las imágenes que tantas veces hemos visto son futo de la cámara y la mirada de Gerda. Es justo que le pongamos nombre a su autoría.

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Rafael Alberti al que enseño a manejarse en el mundo de la fotografía decía que leía en sus ojos «el alborozo del peligro, la sonrisa de la juventud inmortal, dinámica, valiente, tal vez inconsciente, pero en cualquier caso decidida e irresistible».  Pero si algo me gusta es cómo la definió  José Bergamín: Taro era «una cazadora de luz».

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Existe un documento gráfico muy interesante del Congreso Internacional de escritores por la defensa de la Cultura, que se celebró en Valencia el 4 de julio de 1937 donde aparecen imágenes filmadas por Antonio Machado, Cesar Vallejo y Gerda Taro:

Pero un fatal accidente ocurrió ese mismo año en plena retirada republicana bajo un brutal bombardeo. Fue en Brunete: ella tan valiente, siguió haciendo fotos bajo el fuego de los aviones y se cayó del coche en el que iba. Fue entonces arrollada por un tanque. Murió, después de una horrible noche de agonía. Tenía 27 años.

París le organizó un entierro multitudinario y la veló como a una heroína. Su funeral  atrajo a miles de personas que le saludaron como una mártir de la lucha contra el fascismo. Pero su fama se perdió junto con sus fotografías. De hecho Capa publicó, poco después de su muerte, un libro en el que  incluye entre las suyas muchas fotos de ella, pero sin especificar cuáles había realizado Taro.

En febrero del 1938 se organizó en Nueva York una de las pocas exposiciones con fotografías de Gerda Taro. En el texto adjunto a la exposición se explicaba que “Robert Capa es un fotógrafo de guerra de fama mundial, que Gerda era su mujer, y una fotógrafa muerta en España”. Sólo eso.

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Publicado por

Carmen Muñoz

Feminista. On Fire!

2 comentarios sobre “Gerda Taro:»detrás» de Robert Capa”

  1. Magnífica entrada. Mi más sincera enhorabuena.

    Quizás el artículo no deja bien parado a Robert Capa y alguien que no conozca la historia de la fotografía puede quedarse con la sensación de que fue un monstruo con Gerda Taro y según la historia, tampoco fue así. Es cierto, no obstante, que la historia de la fotografía ha sido injusta con Taro, eclipsada totalmente por la figura de Capa, pero la era de la información en la que vivimos va poniendo en su sitio a cada uno y creo que se va reconociendo, poco a poco, el trabajo de esta grandísima fotógrafa. De hecho, recuerdo que en una tertulia fotográfica, hace muchos años, muchos coincidíamos en que sus fotografías nada tenían que envidiar a las de Capa (es más, tal y como dices, es complicado, saber a ciencia cierta -fuera de los ojos de expertos y de los laboratorios- quién es el autor/a de algunas de ellas).

    Lo dicho, magnífico artículo. Un saludo.

    PD: Aprovecho para dejarte un fragmento de una entrada que hice sobre la muerte de Taro en el blog que escribo sobre Fotografía: http://blogs.deia.com/momentodecisivo/2011/07/26/maneras-de-morir/

    «Corría el 26 de julio de 1937, cuando en una carretera comarcal entre Brunete y Villanueva el conductor de un tanque republicano perdía el control del mismo y se iba a estrellar contra un coche que circulaba por allí. En el mismo viajaban Ted Allan, un joven escritor canadiense al que el gran fotógrafo Robert Capa había encomendado la misión de cuidar de su compañera sentimental (“Te hago responsable de Gerda, Teddie. Cuida bien de ella”) y la propia Gerda Taro, quienes huían de las bombas que caían en la zona. Allan caía a una zanja. Llamaba a Gerda a gritos, pero era inútil, Allan no podía moverse por lo que era imposible ayudarla. Unos soldados se llevaban a ambos a un hospital de El Escorial.

    “El tanque le había abierto el estómago y tenía heridas abdominales muy graves: se le habían salido todos los intestinos. Recuerdo que Ted Allan estaba allí y me preguntó si podía verla. Pero yo no se lo permití porque me habían dicho que hiciera lo posible para que pasara buena noche, sin dolor. De haber sabido que iba a morir le habría dejado verla. Pero ella no preguntó por él. Lo único que dijo, fue: “¿Están bien mis cámaras? Son nuevas ¿Están bien?”. Cuando murió se limitó a cerrar los ojos. Le había dado morfina, no teníamos penicilina ni antibióticos, y no sufrió. Recuerdo claramente que era muy guapa, podría haber sido una artista de cine, y no estaba asustada”. (Irene Spiegel, “Sangre y champán”).

    A las seis de la tarde del 26 de julio de 1937, comunicaban a Allan que Gerda había fallecido. Fue al día siguiente cuando Robert Capa, en París, abría un ejemplar del periódico L´Humanité y leía: “Una periodista francesa, la señorita Taro, se cree que ha muerto durante un combate cerca de Brunete”. Cuentan que Capa, a partir de ahí, nunca fue el mismo.

    De hecho, probablemente Robert Capa no hubiese sido nunca Robert Capa si no hubiese sido por la fotoperiodista alemana. Si no llega a ser por su tenacidad y su inteligencia, Capa se hubiese quedado en André Friedman y quizás, nunca hubiese tenido un peso tan específico en la Historia de la fotografía en general y del fotoperiodismo en particular. Y es que, fue Gerda quien ideó, debido a la dura competencia existente en París, la creación de una sociedad irreal , formada por un trío: Gerda Taro, Andrei Friedmann y una figura inexistente que respondía al nombre de Robert Capa. Un nombre inventado, un hombre sin cuerpo que, según ellos correspondía a un afamado fotógrafo norteamericano interesado en la venta de sus magníficas fotografías a agencias y revistas. Fotografías que no eran otras más que las que la propia pareja obtenía. Nacía así el mito de Robert Capa. De hecho, uno de los que cayeron en el engaño de la pareja fué Lucien Vogel, redactor jefe de la Revista Vu, quien aunque posteriormente descubrió que la figura de Robert Capa no era otra cosa que un invento, la pareja ya se había ganado el favor de Vogel, por lo que continuaron con su colaboración en la revista.

    La sociedad Gerda-Robert, Taro-Capa, estuvo tan unida, que incluso no ha sido tarea fácil para los historiadores a quién atribuir algunas de las fotografías obtenidas.

    1. Gracias «Muga» por tu aportación. Me alegro que te haya gustado y creo que tu aportación hace aún más grande a Gerda Taro. No ha sido mi intención denostar a Capa pero si denunciar la invisibilidad que sufrió su compañera de la que él fue también responsable. Ambos fueron excelentes fotógrafos. Cada uno con su mirada pero como tu bien recoges, dicen que «Capa no volvió a ser el mismo desde su muerte»!
      Nos seguimos en Deia, compañero bloguero!
      Carmen

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