Pactar (o no) con el PP

De esas cosas que pasan de puntillas por la actualidad porque el foco está puesto en otro sitio. O, bueno, porque hay ciertos asuntos sobre los que es mejor no dar cuartos al pregonero. Hace unos días, EH Bildu y Elkarrekin Podemos sumaron sus votos a los del PP para colocar a Larraitz Ugarte como presidenta de la comisión que investigará en el Parlamento vasco posibles irregularidades en los contratos de los comedores escolares. No mucho después, Elkarrekin Podemos se unió a PSE y PP —esta vez sin conseguir mayoría— para votar en contra de la iniciativa de EH Bildu secundada por el PNV que exige que España respete en su totalidad el nuevo estatuto que se está elaborando en la cámara.

Se puede tomar, al primer bote, como muestra de la rica pluralidad de nuestra política: formaciones que se alían en función de unos objetivos (se supone que) perfectamente legítimos. Todos con todos contra todos. Parlamentarismo maduro funcionando a pleno pulmón. Y sí, como ven, que tire la primera piedra el que esté libre del tremebundo pecado de pactar con el malvado PP del 155, la corrupción hedionda, los mandobles a la libertad de expresión, el chuleo sistemático a los pensionistas o todo lo que no cabe en esta modesta columna.

La moraleja, creo que me pillan, es que en materia de vetos y cordones sanitarios se aplica lo de los principios de Groucho Marx. Vamos, que viene a ser como lo de predicar y dar trigo, lo de la viga y la paja o de la mano derecha y la mano izquierda. Procedería, por tanto, que los campeones de la moralidad bajaran una gota el tono conminatorio y reprobatorio ante ya saben ustedes qué.

Geometría variable y tal

A nadie le deberían crujir las mandíbulas ni llevárselo los demonios por el acuerdo sobre el presupuesto de Gipuzkoa que han alcanzado Bildu y el PSE. Es la sencilla aplicación del catón político. Dos y dos son cuatro, pero tres y dos son cinco. Gana la suma mayor. Se rubrica, se lleva al pleno y de ahí va directo al Boletín Oficial para que surta efecto. De eso va la tan mentada madurez democrática que se saca a pastar en los discursos con el traje de bonito. Mañana o pasado se vuelven a barajar las cartas y dependiendo de qué esté en juego o por dónde le dé el aire a cada cual, se cambian las parejas de baile para aprobar esto, lo otro o lo de más allá. La rica combinatoria que salió de las urnas tanto en el territorio como en el conjunto de la demarcación autonómica de Vasconia da mucho de sí. Geometría variable le pusieron de nombre los politólogos finos a este Tetris, y así se anuncia, se enuncia y hasta se cacarea… cuando el resultado es el que conviene a los intereses de los firmantes.

En efecto, mi almibarada y cándida introducción tenía gato encerrado. Lo expuesto iría a misa si se aceptara de idéntico grado independientemente de quiénes han juntado sus melocotones y sus manzanas. Y esto va por todos. No puede ser que el PNV se enfade porque el PSE alcance con Bildu el mismo pacto que suscribieron los jeltzales hace un año. De igual modo, canta lo suyo que los socialistas lleguen tan pichis a un arreglo muy parecido al que les ha servido como percha para pasarse doce meses diciendo que Garitano tiene paralizada Gipuzkoa porque se lo consiente el PNV. Por lo que toca a Bildu, con dos presupuestos consecutivos aprobados, deja de servir como excusa y lloriqueo que la oposición se la tiene jurada y le bloquea todo el rato sin parar. En cuanto al PP, antes de ir de outsider y campeón de la coherencia, que piense, por ejemplo, con quién ha convenido los futuros peajes.

Todos los pactos

Los presupuestos de Gipuzkoa saldrán adelante con los votos de Bildu y PNV. Los de Bizkaia, con los de PNV y PP. Los de Araba, con los de PP y, según qué flauta suene, PNV y/o PSE. Los de la CAV, con los de PSE y PP. Es mucho más divertido el galanteo político cuando puedes hacer todo el kamasutra en lugar de limitarte al misionero de rigor. Habrá quien venga de moralista y acuse a los demás de promiscuos y viciosos, pero sólo será porque esa vez no ha pillado cacho. En el siguiente viaje tendrá con quien apañarse este proyecto de ley o aquella moción en un rincón oscuro, y se le olvidarán las estrecheces mentales.

Tome nota de esto último el enfurruñado Odón Elorza, que ayer se puso a chismorrear que lo de la izquierda abertzale y los nacionalistas con las cuentas gipuzkoanas era, más que un rollito de una noche, la antesala de una futura boda en Ajuria Enea. Se le olvidaba al exalcalde despechado que el PSE anda haciendo manitas fiscales con Bildu o que su conmilitón José Antonio Pastor, que ha tenido paradas nupciales pactistas múltiples y diversas, tiraba los tejos desde un periódico amigo a los hasta anteayer ilegalizados, que ya no son la fruta prohibida.

Ahora que sabemos que no hay combinación imposible —recuérdense los achuchones de PP y Bildu por el finiquito del Bai Center de Gasteiz o los peajes en Gipuzkoa—, sería deseable dejarse de hipocresías. No va a colar (o no debería) aquello de que cuando pacto yo es porque soy más flexible y responsable que el copón y cuando lo hacen los demás, porque son unos vendidos sin principios que se pasan la vida con los pantalones bajados.

Ojalá no me esté precipitando, pero empieza a parecer que hemos llegado a algo parecido a la edad adulta, que en política es la de los pelos dispuestos a dejarse en la gatera. Lo ideal sería que fuera por el interés común. Aunque se quede en el consabido cambio de cromos, valdrá la pena.

López, ojo clínico

A la misma hora en que una envolvente jeltzale con PSE y PP dejaba fuera de la mesa de las Juntas Generales de Bizkaia a la segunda fuerza más votada en el territorio, el brillante politólogo Patxi López sentenciaba: “Me consta que el PNV ha pactado con Bildu para expulsar al PSE de los ayuntamientos”. Tal demostración de ojo (de cristal) clínico seguía la estela de las dotes interpretatorias mostradas horas antes por sus dos subordinados inmediatos en el escalafón del puño y la rosa vascongados, José Antonio Pastor e Iñaki Arriola. Queda en la hemeroteca que, minutos después de que Bildu hubiera birlado los Donuts y la cartera a los nacionalistas en media docena larga de municipios, ambos ilustres visionarios denunciaran una conjura abertzale.

¡Qué más hubiéramos querido algunos que las dos formaciones que en nuestras ingenuas sumas llamábamos “mayoría social” se dejaran en la vaina los pretéritos recelos y acordasen, siquiera, respetarse mutuamente la lista más votada! Las fotos cambiadas de sonrisas exultantes y caras largas dan fe de que se ha preferido ir con la pelágica en lugar de con la caña. Por lo visto, nuestra urgencia histórica no era ni tan urgencia ni tan histórica.

Hemos inaugurado el pretendido nuevo tiempo sin desprendernos de los tics viejos, incluidos los peores. A nadie como a los vascos nos salen los panes hechos con unas hostias… que a veces lo son en el sentido literal. El precio será -y se ve que estamos dispuestos a pagarlo- el enésimo retraso en el calendario. Dicen los sabios analistas que hemos vuelto a 1998. Lo daría por bueno si no fuera porque todo apunta a que seguiremos avanzando marcha atrás.

En el túnel del tiempo tal vez descubramos que ETA ha sido sólo una sangrienta excusa que nos ha servido para arre y para so. También que se nos da mejor vivir en el pasado que en el futuro y que de cerca vemos igual de mal que los profetas citados al principio.

Tocomochos cruzados

Quedó escrito en estas líneas hace un par de semanas: todos con todos contra todos. Basta dedicar diez minutos al marcador que nos ha dejado la constitución de los nuevos ayuntamientos para concluir que, como en el dicho, se ha investido capador al que más ha podido. Cada quien, claro, contará la feria según le ha ido, y unos proclamarán que se ha interpretado con justicia la voz del pueblo mientras otros jurarán haber sido víctimas de maniobras orquestales en la oscuridad. Lo divertido es que ambas posturas se apoyarán en los mismos chalaneos. Los que se quedan con la vara de mando lo atribuirán a la higiene democrática y los desposeídos, a la putrefacta manipulación de la voluntad popular.

Si la política no fuera cada vez más descaradamente puro forofismo donde los míos son los mejores y los demás, una panda de cabrones a los que hay que hacer morder el polvo, cada cual podría hacer un examen de conciencia y ver que las actitudes han sido manifiestamente mejorables. Pero no hay lugar para tal. Lo que vale es el corto plazo y el pájaro en mano. Gero gerokoak. ¿Quién piensa en construir un proyecto común para pasado mañana, cuando tienes la posibilidad de pillar cacho durante los inmediatos cuatro años, aunque no sepas muy bien para hacer qué? Ya nos quitarán -o no- lo bailado más tarde. Mientras tanto, vamos tirando.

Es, por lo que parece, nuestro sino y nuestro instinto. Se acepta, pero lo menos que se puede pedir es que ninguna sigla venga dando lecciones de moralidad ni vindicándose virgen y mártir en exclusiva. El nuevo mapa nos enseña que los navajeados aquí o acá se han vengado allá o acullá en un galimatías de tocomochos cruzados donde las minorías, tan dignas ellas, se han ido con el mejor postor.

En resumen, que hoy hay más cuentas pendientes que ayer, pero menos que dentro de dos semanas. Arrieritos somos, dirán algunos. Traición, clamarán otros. Y volveremos a empezar. Qué lata.

Con todos y contra todos

Tendemos a pensar, no sin motivo, que las campañas electorales son los periodos en los que los políticos mienten con más profusión y ligereza. Nueve días después de la última llamada a echar la papeleta y, a la vista del obsceno teatro al que estamos asistiendo, tenemos argumentos para empezar a sospechar que las trolas post-comicios son, si cabe, de mayor calibre y enjundia que las que se avientan como reclamo en la subasta previa. Ese voto que supuestamente habría de servir para cambiar el país se convierte en una ficha de casino con la que los tahúres del Urumea, el Arga o el Ibaizabal apuestan al bacarrá de los pactos, sean o no contra natura.

Para aumentar el grado de hastío y la sensación de engaño, los participantes se entregan a la ceremonia proclamando fariseicamente que actúan como intérpretes del mensaje de las urnas. En su labor de traducción inversa, toman sólo la parte del discurso que les interesa, es decir, la que les puede asegurar más moqueta que pisar. Lo que va a misa para Gipuzkoa no sirve para Araba, es matizable para Navarra y discutible para Bizkaia. Según el trozo de pastel a que se aspire -y dónde-, respetar la lista más votada es un principio irrenunciable o una tontería que no va a ningún sitio.

Me declaro incompetente para adivinar cómo va a terminar este baile del abejorro. Mi capacidad de análisis entró en colapso al leer en este mismo periódico que representantes del PSE y de Bildu se reunieron de extranjis para ver el modo de birlarle al PNV la presidencia de las Juntas vizcaínas y, cambalachearse en ese trasiego un par de municipios. Era lo que faltaba, después de ver a los jeltzales yendo a setas y a Rólex, de escuchar a Basagoiti llamando al partido de Urkullu a un pacto de hierro para reilegalizar en la práctica a la izquierda abertzale o de comprobar cómo los socialistas estrenan cada minuto una baraja diferente. Todos juegan con todos contra todos.

Responsabilidad

Nuevo número uno en la lista de martingalas de deglución obligatoria: responsabilidad. Después de diez años (versión más generosa) con el calendario parado, cuando parecía que por fin nos íbamos quitando las telarañas, listos para dar ese primer paso con el que se empiezan a recorrer los mil kilómetros que decía Confucio, desde el otro lado de la línea imaginaria las campanas tocan a rebato. Arriesgándonos a convertirnos en estatuas de sal, volvemos la vista y comprobamos con pasmo que las están tañendo los monaguillos del cambio. Con las rodillas temblonas y la nuez del tamaño de un melón, vociferan que hay que tener altura de miras, visión de país, compromiso con los proyectos estratégicos y, como corolario de todo eso, la puñetera palabreja, que pronuncian silabeando: res-pon-sa-bi-li-dad.

Ahora salen con esas. Talmente como si DSK pregonara la abstinencia carnal, los que sembraron los polvos de la ilegalización que devinieron en este pifostio institucional en que hemos encallado nos quieren pegar el timo de la estampita. Pretenden, los muy tunos, que los demás actúen de acuerdo con unos principios que ellos no reconocerían ni aunque se los cruzasen a dos palmos de la jeró. Ya les podía haber dado el mismo acceso de dignidad aquella noche de marzo de 2009 en que la tragaperras trucada les puso en línea las rosas empuñadas y las gaviotas.

Se fumaron entonces un puro con la sensatez que en este trance reclaman a los cuatro vientos y estrenaron una entente que tenía la revancha por única divisa. Amorrados a la mandanga identitaria, disciplinando a los disidentes, alpistando a los mansos y, sobre todo, poniéndose de perfil ante los problemas reales, durante el último bienio han perpetrado un desgobierno sistemático del que, para más inri, se ufanan. Nadie ha obrado tan irresponsablemente como los que, al ver que la cosa se pone fea, demandan a los demás que sean responsables. Anda ya.