NO SE DEDICÓ A CONTAR NUBES

Miércoles 3 de junio de 2026

Fraga solía decir que los socialistas eran expertos en convertir una ballena en una sardina.  Aquel año 2011 la metáfora se había convertido en realidad. Elena Salgado iba y venía de Madrid a Bruselas tratando de que a España no la intervinieran y rescataran y Zapatero al final tiró la toalla. No solo adelantó cinco meses las elecciones, sino que dejó la Secretaría General del PSOE anunciando su pase a la estantería de los jarrones chinos. El PNV quiso apoyarle en aquellos presupuestos y acabar con flecos pendientes, pero lo había hecho todo tan mal que no solo le faltaba el resuello necesario, sino que se había quedado sin los amigos que tanto le habían jaleado en sus días de vino y rosas. Y es que los falsos amigos son como la sombra, que solo te siguen mientras brilla el sol, El sol se había ocultado.

El analista Ramón Gorriarán escribió que Zapatero dejaba al PSOE sumido en la mayor crisis de su historia reciente tras haberlo llevado al gobierno desde el páramo de la oposición. Habían pasado doce años desde que José Luis Rodríguez Zapatero se hiciera con las riendas del PSOE en el XXXV Congreso, Con el partido sin rumbo tras la arrasadora victoria de José María Aznar, asumió el liderazgo y contra todo pronóstico devolvió a los socialistas al poder. En noviembre de 2011 se iba a su casa con el PSOE sumido en la peor depresión de su historia reciente.

Poco después, en Sevilla, no solo se dilucidaba si Alfredo Pérez Rubalcaba o Carme Chacón sería el próximo líder de los socialistas. El conclave despedía a Zapatero, apenas mencionado en aquellos días, pero responsable último de la calamitosa situación de su partido. Tuvo, pese a todo, una despedida cariñosa de los suyos y no se fue, ni mucho menos, entre el oprobio que suele acompañar en la política a los perdedores por goleada. Iban a pesar más en la balanza los momentos de gloria que los de derrota.

Zapatero sorprendió a propios y extraños cuando aquel 22 de julio de 2000 se dirigió a los asistentes al Congreso del PSOE con un optimista” no estamos tan mal”. Una frase que chirrió  como un aldabonazo en medio de un mar de pesimismo. Cuatro palabras que, quizás, cambiaron el sentido de la historia de los socialistas y atropellaron a José Bono, el gran favorito para hacerse con el timón de los socialistas, Zapatero, con un equipo joven y poco conocido, era el secretario general del PSOE y desplegó un estilo nuevo, una forma inusual de hacer política. Cambio tranquilo, humildad, talante, diálogo y pacto eran términos que estaban siempre en su boca para hacer una oposición de rasgos naif a un todopoderoso Aznar. El perfecto boy-scout de la política. La confrontación a cara de perro se quedó para los asuntos con respaldo social incuestionable, la guerra de Iraq o el desastre del Prestige. Se apuntó un tanto con el acuerdo por las libertades y contra el terrorismo firmado con el PP en diciembre de 2000, apenas cinco meses después de convertirse en líder de la oposición, que excluyó a los nacionalistas. De Bambi, nada.

Su primer mandato fue una sucesión de golpes de efecto, retirada de Iraq, profundización de los derechos civiles, diálogo con ETA y reformas estatutarias. Unas salieron bien para sus intereses, pero no fueron suficientes para contrarrestar el efecto de las que salieron mal, como las conversaciones con ETA y el Estatut de Cataluña. Dos hechos que, a juicio de un amplio sector de dirigentes socialistas, impidieron un triunfo concluyente en 2008 y una mayor estabilidad en el segundo mandato. La última legislatura fue la del desastre, por un diagnóstico tardío y equivocado de la crisis que condujo a una política errática culminada por un profundo ajuste del gasto que acabó de volar los puentes con buena parte de su electorado. La crisis, además, lo tapó todo, nada se salvó. Zapatero no pudo siquiera capitalizar el anuncio de ETA del final de la violencia, un hecho con el que todos los gobernantes anteriores habían soñado. Curiosamente es otro de los socialistas que no hace socialismo.

Al salir de la Moncloa nos dijo iba a contar nubes y vivir en Leon. Ni una cosa, ni otra. Pisó el Consejo de Estado, pero prefirió los negocios. Descubrió el chavismo y allí se fue. Ni una causa de derechos humanos, ni una ONG, ni ningún compromiso con los más débiles. Coche oficial, secretarias, oficina, pensión, sonrisa puesta y aguantar en casa a dos hijas que le dijeron que si quería vivir en León, lo hiciera él. Tuvo que suspender la construcción de su villa para vivir en Madrid con Sonsoles en el distrito Moncloa-Aravaca. Un perfecto jarrón chino, para supervisar nubes.

LO VASCO EN LA EXPO DEL 37

Martes 2 de junio de 2026

Koldo San Sebastian

Miembros del Gobierno Vasco -encabezados por José Antonio de Aguirre- ante en «Guernica» en Paris (1937): José Gaos, comisario general del Pabellón; Rafael Picavea, delegado del Gobierno de Euskadi en París; Antón Irala, secretario general de la Lehendakaritza; Pedro Basaldua, secretario personal del lehendakari, y Francisco Basterrechea, diputado del PNV y supervisor en la Delegación Vasca.

Tal y como recordaba Kosme Mª de Barañano en Deia el 15 de enero de 1978, “el pabellón vasco estaba en el lado izquierdo del edificio, construido por los arquitectos Sert y Lacasa. En este pabellón se mostraba al público, en el primer piso, una gran exposición de pintura (48 autores) y escultura (8 escultores) vasca. El subcomisario del pabellón era el pintor Julián Tellaeche, responsable de las obras de arte del Museo de Bilbao que para salvarlas de los desastres de la guerra habían sido trasladadas en los vapores “Blackwoth” y “Kentogpool” a primeros de mayo al pabellón Luxemburgo, en la capital gala.

José María Ucelay fue comisario específico de La sección de Euzkadi, de reducidas dimensiones, estaba compuesta por varios paneles con fotos de la devastación de Gernika, el poema de Paul Éluard «La victoria de Gernika» y la foto de un gudari. La sección se completaba con dieciséis pinturas de artistas vascos contemporáneos que mayoritariamente pertenecían a los fondos del Museo de Arte Moderno de Bilbao. Eran obras de José Arrue, Aurelio Arteta, José Benito Bikandi, Bernardino Bienabe Artia, Juan de Echevarría, Fernando García Alegría, Darío de Regoyos, Julián de Tellaeche, José María de Ucelay y Valentín de Zubiaurre que representaban paisajes, naturalezas muertas, temas marinos, agrícolas y festivos vascos.

Además de esta muestra plástica, se mostraban en el segundo piso del pabellón una colección de trabajos de la Escuela de Armería de Eibar, una colección de pelotas y herramientas de juegos populares vascos, así como tres apartados más: el primero, dedicado a la agricultura, coordinado por Luis de Eleizalde, con todo tipo de fotografías de paisajes, aperos de labranza, mapas, etc; el segundo, dedicado a la industria, coordinado por Alonso y Chausson, con base principal en las artes de pesca; y el tercero, de asistencia social, coordinado por Bustos, que mostraba las obras sociales llevadas a cabo por el Gobierno de Euzkadi.

Por cierto, Tellaeche -tan vinculado a Lekeitio- fue una figura internacional de la restauración artística. Fue contratado por la UNESCO para crear y organizar la escuela de restauración de cuadros coloniales en el limeño convento de San Francisco, llegando a ocupar el cargo de director del Tesoro Artístico Nacional.

José Gaos y el bueno de Tellaeche tendrían algo que decir sobre el asunto de marras, ante los Tusells, Guiraos, Urtasun o la lideresa de turno. En 1937 los vascos podían haber dejado los cuadros en el Pabellón de Luxemburgo pero prefirieron atender la petición de la República. Esa es la diferencia histórica.

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Lunes 1 de octubre de 2026

Nekane Lauzirika

Dicen que un amigo/a es la persona que tras saludar y preguntarte que tal estás, espera para escuchar con atención tu respuesta. Es el caso de las nueve mujeres que nos presenta Iñaki Anasagasti en este libro, un glosario bibliográfico y humano de reposado valor histórico que resuena como un timbal vibrante con su alegato para poner una estatua en plaza pública a cada una de ellas por haber sido amigas de los vascos, amigas de las que se paran a escuchar tu respuesta plenas de empatía.

Como mujer, como vasca y como niña subrepticiamente represaliada en segunda generación por esa doble condición, me congratula leer las biografías de estas nueve mujeres en lo que concierne a su relación con los vascos y vascas, con Euskadi y sobre todo con los represaliados y exiliados de la guerra (in)civil del 1936 y sus vidas en países que tan bien los acogieron, pero que no eran su patria, la Euskadi a la que siguieron añorando con profunda nostalgia.

Ahora que estamos viendo con mirada aterrorizada cómo en las guerras que asolan otros lugares se llevan por delante tantas víctimas inocentes, especialmente niños y mujeres, no podemos dejar de reseñar la impagable labor humanitaria que estas mujeres amigas de los vascos realizaron en pro de los niños y niñas de una Euskadi incendiada más por la cólera, la furia, la venganza, la represión y las ganas de exterminio de los invasores fascistas que por sus bombas sobre Otxandio, Durango, Amorebieta o Gernika.

Políticas, nobles o de clase media, activistas, fotógrafas, aviadoras… su posición no fue obstáculo sino acicate para su labor de activistas por los derechos humanos, por salvar vidas, vidas de vascos/as en tiempos de represión furibunda.

Hoy, aquí y ahora, muchas décadas después, en una época en la que importantes grupos mediáticos y de poder en el entramado del Estado español tratan de hacernos olvidar los hechos y negarnos la memoria, contándonos que en 1936 los pájaros disparaban a las escopetas, el trabajo de recopilación de Iñaki Anasagasti es más encomiable que nunca, porque la verdad escuece al mentiroso en la misma medida que ennoblece a quien se guía solo por ella.

Y como la verdad debe ser como el candil bíblico que no se esconde, sino que ha de mantenerse alto para que nos ilumine con su luz, la propuesta de los autores de situar en nuestras plazas estatuas de estas amigas de los vascos sigue siendo hoy tan pertinente como siempre lo fue.

Porque estas mujeres se pararon a escuchar nuestra respuesta cuando les pedimos ayuda y no solo eso, sino que además se desviaron de sus propios intereses para proporcionarnos esa ayuda. Así que, nunca mejor empleado el término “amiga”.

Creo que a todos nos gustaría pasear por esa galería ajardinada con las estatuas de estas amigables heroínas filo vascas.