LA MALDAD HECHA REALIDAD, QUE COMIENZA A OLVIDARSE.

Jueves 7 de mayo de 2026

Plàcid Garcia-Planas

El abismo pierde a sus testigos

Mauthausen conmemora la liberación del campo de exterminio sin prácticamente la presencia de supervivientes

El ejército de Estados Unidos liberó hoy hace 81 años el campo de concentración y exterminio de Mauthausen, donde los nazis asesinaron a unas 90.000 personas con trabajos forzados en canteras, hambre, torturas, cámaras de gas o experimentando con inyecciones de fenol directas al corazón.

Tres semanas antes, Dwight D. Eisenhower –el general de cinco estrellas que orquestó la derrota nazi en Europa occidental– visitó Ohrdruf, el primer campo de exterminio que sus tropas liberaban. El futuro presidente republicano de Estados Unidos empalideció y quedó físicamente afectado. El endurecido general Patton, que le acompañaba, acabó vomitando, y luego dijo: “Es la maldad hecha realidad”. Obligaron al alcalde de Ohrdruf y a su mujer a ver el campo. Al regresar a casa, el matrimonio se suicidó.

“Recopilen todo el material posible: filmen películas, consigan testigos, porque en algún punto del camino de la historia aparecerá algún bastardo y dirá que esto nunca sucedió”, ordenó Eisenhower para los campos que se iban liberando.

Este fue el objetivo que, en 1962, llevó a un grupo de supervivientes españoles de los campos a fundar –clandestinamente– la Amical de Mauthausen en el hotel España del Raval barcelonés: preservar la memoria de los republicanos deportados a los campos nazis, especialmente el campo de Mauthausen, donde fueron encerrados unos siete mil españoles. Más de 4.700 no sobrevivirían.

Ocho décadas después, los “bastardos” de los que advertía Eisenhower andan muy sueltos, y también otra clase de bastardía : la indiferencia. Juan M. Calvo, presidente de la Amical, recuerda que en junio del 2019, cerca del crematorio de Gusen (subcampo de Mauthausen), olió a carne quemada: en el jardín de una casa colindante hacían una barbacoa.

El último superviviente español de Mauthausen, Juan Romero Romero, falleció en el 2020. Sólo quedan bebés: el año pasado participaron tres personas de otras nacionalidades que nacieron en el campo.

¿Cómo explicar los campos de exterminio sin testigos? “Sin recambio generacional no habrá memoria”, dice Calvo. Desde hace dos décadas, la Amical trabaja cada año con institutos de diferentes partes de España en programas educativos muy reclamados y que incluyen un viaje a los actos de la liberación del campo, con una elaborada preparación previa. “Ellos y las familias de deportados son los protagonistas”, dice. “El retorno que los estudiantes hacen a la sociedad es muy importante. Con los años lo han valorado mucho”, subraya Àlex Rigol, miembro de la junta.

El pasado martes , la Amical organizó un acto en el monumento a los Deportados del parque de la Ciutadella de Barcelona. Y, como cada año, los grandes actos tendrán lugar este fin de semana en los campos de Mauthausen y Gusen, Austria, en los que la única unidad militar que desfila son los marines estadounidenses, los libertadores.

Sin supervivientes y con un protocolo y ceremonia internacional que la propia Amical reconoce que es demasiada larga e institucional –“si pega el sol, la gente desaparece”– y que un día habrá que replantear.

“La parte positiva es que los estudiantes también ven la dimensión institucional. Los actos de memoria son actos políticos”, subraya Calvo, que recuerda algo muy actual: “Fue la culpabilización de colectivos enteros lo que llevó a crear los campos de exterminio”.

¿Cómo explicar la escalera de la muerte de la cantera de Mauthausen, 186 peldaños irregulares y empinados por donde los deportados cargaban con piedras de hasta 50 kilos?

¿Cómo explicar la cantera de un campo de exterminio tapizada ahora de hermosa vegetación?

¿Cómo explicar el escenario de un abismo transformado ahora en belleza? ¿Cómo explicar una cantera en la que la SS empujaba a deportados al vacío –calificando macabramente a las víctimas de paracaidistas– cuando el precipicio es hoy un hermoso festival de verdor?

“A los estudiantes se les explica este terrible contraste. Se les cambia la cara y el estado de ánimo”, dice Calvo.

¿Cómo transmitir la memoria en lugares como Gusen, donde más indiferencia hay entre la población ante los descendientes de los deportados y los estudiantes que cada año acuden al aniversario de la liberación?

“Molestamos”, explica Calvo. “En el pueblo nos llaman la invasión de las langostas, porque cada año vienen y se van”.

“Sin recambio generacional no habrá memoria”, insiste el presidente de la Amical, y, efectivamente, sus programas educativos provocan situaciones que dan un especial sentido a las más de seis décadas de existencia de la asociación.

Alumnos del Institut Forat del Vent de Cerdanyola del Vallès participaron hace pocos años en el viaje a los actos de Mauthausen. Regresaron un lunes, y el martes uno de los chicos, Sergi, comió en casa con su abuelo Joan y le explicó a dónde habían viajado.

“A mi padre lo deportaron. Nunca volvió”, le dijo el abuelo de repente. No sabía ni dónde ni cómo, más allá de que fue “en Alemania”. En casa nunca se había hablado del tema.

El nieto buscó de inmediato su nombre en la base de datos de la Amical de Mauthausen. Y ahí estaba: Fernando Damians de las Heras, muerto en Gusen el 9 de octubre de 1941.

Sin saberlo, dos días antes había estado en el lugar donde su bisabuelo fue asesinado.

Los “bastardos” de los que advertía Eisenhower pululan hoy por el mismo partido en el que militó: los republicanos trumpistas apoyan a Alternativa para Alemania, partidaria de ir olvidando esta memoria.

Ante esto, todas las invasiones de langostas serán pocas.

DOS SOMBREROS PARA NEGOCIAR DE TU A TU

Miércoles 6 de mayo de 2026

Garaikoetxea ha sido una personalidad fundamental en la historia reciente vasca. Muerto Franco y obligados los partidos a salir de la penumbra, en aquel año 76, el bergarés Jokin Inza, le entregó un sobre con un mensaje de D. Manuel de Irujo. ”Tenemos que construir la casa y usted es fundamental para ir poniendo los ladrillos”. Por eso cuando le conocí ya venía aureolado por el prestigio de ser navarro, promotor de ikastolas, euskaldun berri, así como empresario, que unía en su currículum el haber sido presidente de la Cámara de Comercio de Pamplona y ¡saber inglés!. Lo tenía todo. Y era además, una  persona hecha a sí misma  y que incluso había estudiado en Deusto. El CV perfecto. Lo  tenía todo. Presencia, familia, oratoria, entrega, mano izquierda…

Formé parte del Euzkadi Buru Batzar presidido por él desde 1977 a 1980, hasta cuando fue elegido Lehendakari. Viví de cerca su liderazgo. Y algo más. Tras un mitin en Bermeo me comentó que quería venir conmigo en mi coche a Bilbao. Yo siempre he conducido fatal y traté de disuadirle. Me dijo que se aventuraba porque quería preguntarme algo. Deseaba conocer por qué no apostábamos por él para ser diputado en Madrid. El PNV ya lo había hecho con él  en 1977, sin suerte en Navarra. Le contesté que ser presidente del EBB era para nosotros lo más importante. Tenía confianza para decírselo. Había viajado con él y Ajuriaguerra a Venezuela y posteriormente con Arzalluz y de nuevo él, en 1978.

Me dejó un poco confundido y ante aquel comentario le dije que al haber  transcurrido las elecciones legislativas de 1979, podíamos presentarle como Presidente del Consejo General Vasco en sustitución de Ramón Rubial que lo presidía desde 1978. Previamente había que levantarle la incompatibilidad para que siguiera siendo presidente del EBB del PNV. Aquello era fundamental. Me dio permiso para hacer la gestión interna. No fue fácil, pero se logró.

Aquello fue determinante en la negociación estatutaria en 1979. Llevaba dos sombreros. La de presidente del Consejo General Vasco, figura institucional, y la del EBB. El Movimiento Comunista, el EMK, sacó un cartel  donde aparecía Garaikoetxea dándole la mano a Adolfo Suárez como queriendo decir que uno y otro representaban lo mismo. Asimismo desde HB se nos decía que no había que negociar nada a tres territorios para lograr un estatuto vascongadillo. Sin embargo ese cartel significaba que la negociación era de tú a tú, y que el texto era bueno y que además lo negociaba un navarro que vivía en Pamplona.

Garaikoetxea lo hizo muy bien y la opinión pública puso su mirada en ese político joven, moderno y contundente que sabía llegar a acuerdos. Y el referéndum del 25 de octubre de 1979 corroboró el ansia del pueblo por encauzar su situación frente al mundo de ETA y al de las inercias del pasado. De ahí que   en diciembre de 1979, al pie de la escalerilla del avión procedente de París trayendo al Lehendakari Leizaola del exilio, estaba Garaikoetxea recibiéndole y, al día siguiente, en Gernika, Leizaola le entregaba a él las llaves de la institución, un gobierno cuya legitimidad había guardado tras el fallecimiento de Aguirre en 1960.

No fue difícil pues que Garaikoetxea fuera el candidato del PNV a Lehendakari  en marzo de 1980 tras la aprobación del estatuto de Gernika.”Todo un Gobierno para todo un pueblo” fue el lema de aquella campaña ganadora. Y la historia no comenzó a caminar sino a galopar.

No fueron tiempos fáciles. ETA mató aquel año 1980 una persona cada tres días y el partido del gobierno en Madrid, la UCD, se deshilachaba en peleas internas. Pero logramos la devolución del Concierto Económico para Gipuzkoa y Bizkaia e iniciamos el camino del forcejeo constante con la Alta Administración del estado para que el estatuto aprobado no quedara en papel mojado. Osakidetza, la Ertzaintza, EITB, el Himno oficial,….

Todo esto se torció con las disputas internas. Nos faltó  cultura democrática. O todo o nada. Pues nada. Cada uno por su lado. Nos debilitamos y entramos en la mala espiral que dio con nuestros huesos en una incomprensible división que nos debilitó de manera angustiosa. Pero pasó el tiempo y la Fundación Sabino Arana le entregó su premio anual en 2005 y el Lehendakari Pradales le homenajeó el año pasado.

Su legado no va a quedar circunscrito a la dura pelea de los años 86 en adelante sino a su crucial  papel de persona representativa de una inmensa ilusión democrática tras aquella aberrante dictadura liderando  un nacionalismo vasco moderno y cargado de realizaciones. Difundir lo hecho bien, es la gran asignatura pendiente. Como él quería.

Ya Garaikoetxea está en la historia vasca. Nuestro agradecimiento a su entrega a la causa de Euzkadi. GB Lehendakari.

REPRESENTÓ COMO NADIE AQUELLA INMENSA ILUSIÓN.

Lunes 4 de mayo de 2026

La última vez que estuve con él fue en la capilla ardiente de quien le sucedió, José Antonio Ardanza. Estábamos en Ajuria Enea cuando llegó. Le vi bastante disminuido, pero amable e irónico. Podía comparar en ese momento su desbordante presencia en 1976, cuando le conocí, con la ayudada figura que iba a dar el pésame a la familia de su sucesor y al gobierno del Lehendakari Urkullu. Fue un gesto cívico, como lo fue el homenaje que el Lehendakari Pradales le tributó  en junio de 2025. Los homenajes hay que hacerlos en vida. Y se le hará en su despedida. Como es obligatorio en esta sociedad de valores. Honrar, honra. Nobleza  de buena gente.

Garaikoetxea ha sido una personalidad fundamental en la historia reciente vasca. Muerto Franco y obligados los partidos a salir de la penumbra, en aquel año 76, el bergarés Jokin Inza, le entregó un sobre con un mensaje de D. Manuel de Irujo. ”Tenemos que construir la casa y usted es fundamental para ir poniendo los ladrillos”. Por eso cuando le conocí ya venía aureolado por el prestigio de ser navarro, promotor de ikastolas, euskaldun berri, así como empresario, que unía en su currículum el haber sido presidente de la Cámara de Comercio de Pamplona y ¡saber inglés!. Lo tenía todo. Y era además, una  persona hecha a sí misma que incluso había estudiado en Deusto. El cv perfecto. Lo  tenía todo. Presencia, familia, oratoria, entrega, mano izquierda…

Estuve en el Euzkadi Buru Batzar presidido por él desde 1977 a 1980, hasta cuando fue elegido Lehendakari. Viví  de cerca su liderazgo. Y algo más. Tras un mitin en Bermeo me comentó que quería venir conmigo en mi coche a Bilbao. Yo siempre he conducido fatal y traté de disuadirle. Me dijo que se aventuraba porque quería preguntarme algo. Quería saber por qué no apostábamos por él para ser diputado en Madrid. El PNV ya lo había hecho en 1977, sin suerte en Navarra. Le contesté que ser presidente del EBB era lo más importante. Tenía confianza para decírselo. Había viajado con él y Ajuriaguerra a Caracas en 1977 y posteriormente con Arzalluz en 1978.

Me dejó un poco confundido y ante aquel comentario le dije que al haber  transcurrido las elecciones legislativas de 1979, podíamos presentarle como Presidente del Consejo General Vasco en sustitución de Ramón Rubial que lo presidía desde 1978. Previamente había que levantarle la incompatibilidad para que siguiera siendo presidente del EBB del PNV. Aquello era fundamental. Me dio permiso para hacer la gestión interna. No fue fácil, pero se logró.

Aquello fue determinante en la negociación estatutaria en 1979. Llevaba dos sombreros. La de presidente del Consejo General Vasco, figura institucional, y la del EBB. Había mucho recelo por todo y los catalanes  presionaban. CiU no era el centro de la negociación sino Raventós con su PSC y Tarradellas frenándolo todo desde la Generalitá. Pero se fue consolidando lo que ahora tenemos.

El EMC sacó un cartel  donde aparecía Garaikoetxea dándole la mano a Adolfo Suárez como queriendo decir que uno y otro representaban lo mismo. Asimismo desde HB se nos decía que no había que negociar nada a tres territorios para lograr un estatuto vascongadillo. Sin embargo ese cartel significaba que la negociación era de tu a tu, y que el texto era bueno y que demás lo negociaba un navarro que vivía en Pamplona.

Garaikoetxea lo hizo muy bien y la opinión pública puso su mirada en ese político joven, moderno y contundente que sabía llegar a acuerdos. Y el referéndum del 25 de octubre de 1979 corroboró el ansia del pueblo por encauzar su situación frente al mundo de ETA y al de las inercias del pasado.

Culminado el trabajo, en diciembre de 1979, al pie de la escalerilla del avión procedente de París trayendo al Lehendakari Leizaola del exilio, estaba Garaikoetxea recibiéndole y, al día siguiente, en Gernika, Leizaola le entregaba a él las llaves de la institución, un gobierno cuya legitimidad había guardado tras el fallecimiento de Aguirre en 1960.

No fue difícil pues que Garaikoetxea fuera el candidato del PNV a Lehendakari  en marzo de 1980 tras la aprobación del estatuto de Gernika.”Todo un Gobierno para todo un pueblo” fue el lema de aquella campaña ganadora. Y la historia no comenzó a caminar sino a galopar.

No fueron tiempos fáciles. ETA mató aquel año 1980 una persona cada tres días y el partido del gobierno en Madrid, la UCD, se deshilachaba en peleas internas. Pero logramos la devolución del Concierto Económico para Gipuzkoa y Bizkaia e iniciamos el camino del forcejeo constante con la Alta Administración del estado para que el estatuto aprobado no quedara en papel mojado. Osakidetza, la Ertzaintza, EITB, el Himno oficial,….

En mayo de 1983 le organizamos  su viaje a Panamá, Caracas y Bogotá. No iba acompañando a un presidente autonómico sino a un jefe de estado. Vestía el cargo y en América, lo vasco tiene una resonancia especial. Por encima de ETA, superamos la imagen de Euzkadi que queríamos dar. A nuestro pueblo, les decía, no lo distingue la sangre sino los hechos positivos. Y eso Garaikoetxea lo transmitía perfectamente.

Todo esto se torció con las disputas internas. Nos faltó  cultura democrática. O todo o nada. Pues nada. Cada uno por su lado. Nos debilitamos y entramos en la mala espiral que dio con nuestros huesos en una incomprensible división que nos debilitó de manera angustiosa..

Pasó un tiempo que iba curando heridas. Ya no era el líder de un nuevo partido nacido del PNV, sino la figura venerable que había aportado lo mejor de sí mismo en aquella coyuntura inicial.

Y  culminó con la entrega de Premio de la Fundación Sabino Arana en 2005 y del homenaje del Lehendakari Pradales el año pasado.

En sus  últimos años ha estado en la reserva. Contestaba todos los correos que le mandaras y opinaba libremente y con experiencia sobre lo que veía.

Su legado no va a quedar circunscrito a la dura pelea de los años 86 en adelante sino a su magnífico papel de persona representativa de una inmensa ilusión democrática tras aquella aberrante dictadura liderando  un nacionalismo vasco moderno y cargado de realizaciones.

He sentido su fallecimiento. Ya Garaikoetxea está en la historia vasca. Mi agradecimiento a su entrega a la causa de Euzkadi. GB Lehendakari.