Un homenaje necesario

Navarra, 18 de febrero de 2017. Con decenios de vergonzoso e hiriente retraso, se rinde tributo a las víctimas provocadas por excesos policiales y grupos de extrema derecha, tanto monta, monta tanto. Como aperitivo, intentos de impedir el acto en los tribunales, una esperpéntica prohibición de mencionar por sus nombres a las personas homenajeadas, insultos graves de militares franquistas a la presidenta de la Comunidad, la clásica campaña de sapos y culebras en los medios del viejo régimen y, resumiendo, un retrato a escala 1:1 de la zafiedad política de las siglas que hoy conforman la oposición de acoso y derribo.

Señalaremos con asterisco al PSN, que después de su consabido slalom declarativo —sí, no; no, sí; bueno, ya veremos—, sintió la necesidad de justificar su presencia advirtiendo que estaría vigilante. No recuerda uno que los frustradores compulsivos de cambios actuaran como centinelas de lo admisible cuando en una concentración de apoyo a la Guardia Civil tras el episodio de Alsasua se escucharon exabruptos de alto octanaje. En cuanto a UPN y PPN, no cabe añadir nada que a estas alturas no esté dicho y redicho. Su ruidoso desmarque les sitúa a menos de un centímetro de la justificación de los asesinatos hasta ahora impunes de esas personas cuyo solo nombre les ofende.

A modo de epílogo, las tres fuerzas arriba mencionadas exigen que Uxue Barkos explique en el parlamento los detalles del acto del sábado. Sin duda, la presidenta sabrá ofrecer la oportuna respuesta. Al margen de lo que añada, el mensaje básico es muy simple: se hizo algo que se debió haber hecho hace muchísimo tiempo.

Tres tristes espectros

No gana uno para sustos. Al primer bote, parece una instantánea tomada en el museo de Madame Tussauds. O quizá un fotograma de La parada de los monstruos. Bajo una luz mortecina, el objetivo muestra la inexpresividad entre cerúlea y marmórea de tres rostros que hacen que el espectador se pregunte si se le habrá parado el calendario. Pero entre el hedor imaginado a sulfuro, Varon Dandy y naftalina, un despiadado titular deja las cosas en su sitio. Es un apunte del natural tomado en un acto público de apenas unas horas antes. Por las venas del trío protagonista sigue corriendo sangre real, quizá mezclada con vitriolo y un rencor infinito. Son, por orden de aparición, María San Gil, José María Aznar y Jaime Mayor Oreja. Reconozcan que la sola lectura consecutiva de sus nombres les ha provocado un escalofrío.

Sin embargo, se diría que poco de fuste hay que temer. Apenas se trataba de una reunión de espectros que habían abandonado sus respectivas madrigueras del averno para ponerle las rodillas temblonas a Mariano Rajoy. Ya ven qué guasa. Puesto que las dos atribuladas formaciones de la oposición reglamentaria —PSOE y Podemos—, enzarzadas en sus reyertas intestinas, no alcanzan ni a hacerle cosquillas al imperturbable inquilino de Moncloa, tienen que venir a darle la murga desde el ala (todavía más) dura del PP. Con escaso éxito, habrá que añadir. Incluso contando con la presencia en primera fila de la inevitable Esperanza Aguirre, la misa negra plagada de maldiciones, sapos, culebras y profecías apocalípticas llegó a los medios como divertimento, extravagancia o puro relleno. Y que siga siendo así.

Alerta parda

Suma y sigue con la martingala recurrente. Unas elecciones en Francia, municipales en este caso, y de nuevo, los titulares se ponen en Def Con Dos: “Históricos resultados de la extrema derecha”. En páginas interiores, redes sociales y tertulias fetén, rasgado ritual de vestiduras. Los sesudos argumentos no salen del a dónde vamos a parar, esto no puede ser, pero en qué mundo vivimos y otras trescientas formas de no decir absolutamente nada. Y peor cuando se saca a paseo la indiscutible superioridad moral para reducir a los votantes de esas opciones a escoria inculta e insolidaria, haciendo tabla rasa entre quien echa la papeleta y quien la cosecha. Lo único que se consigue así es que de elección en elección aumente el respaldo a las formaciones populistas, y en un bucle infinito, el tono de los gruñidos que emiten los bienpensantes. Así, hasta que el lobo pardo aseste un zarpazo de verdad y no las dentelladas más o menos dolorosas que ha soltado hasta ahora.

Obviamente, lo cómodo, lo detergente y suavizante de conciencias, es sobrevolar el fenómeno y simplificarlo como una cuestión de unos muy buenos y muy listos frente a otros muy malos y muy tontos. Por supuesto, alineándose con los primeros.

Eso podría funcionar si estuviéramos ante un debate dialéctico donde ganarían los que mejor manejen la retórica. Ocurre, por desgracia, que el asunto se dilucida en la puñetera realidad. Da igual lo bonitos que sean los discursos o la finura de los razonamientos. Mientras discutimos si son galgos o podencos, el curso de los acontecimientos seguirá su avance. Luego quedará lamentarse, como de costumbre.

El PP paga mejor

Doy mi más efusiva bienvenida al circo del politiqueo a esa panda de chusqueros resentidos y ególatras que atiende por Vox. Y ya que lo acabo de escribir, señalo la decepción que me provoca tan melifluo nombre. Cuánto más juego nos daría una denominación rimbombante que incluyera al natural o en forma de derivados las palabras España, Nación y/o, por qué no, Patria. Por no hablar, claro, de ese color verde moñas que han elegido como distintivo, cuando lo suyo era el rojo y el gualda o, en plan finura y sutileza, oro combinado con grana. No sé yo cómo va a acoger tal claudicación de saque la parroquia a la que pretende vender la moto el grupúsculo neonato.

Sí, de momento, grupúsculo y hasta excrecencia menor, como se evidenció clamorosamente en el debut con picadores ante la prensa. En la mesa, una individua con tres mil seguidores en Twitter, un ser humano convertido en mascota, un simpático caradura locuaz que ha picado en todas las flores de la derecha, un exjoven cachorro verborreico que no ha pegado sello en su vida y una momia (muy bien conservada) del liberalismo tardofranquista. Haciendo de claque, señoronas empeletadas de Serrano y dos o tres antiguos portavoces de hipersubvenciadas asociaciones de víctimas del terrorismo. Ni siquiera el deseado Vidal Quadras hizo acto de presencia.

¿Y los otros? ¿Dónde estaban los extremocentristas vociferantes del PP, esos que llevan años amagando su salida ante no sé qué supuesta traición? Pues dónde iban a estar: cada cual, en su bien remunerada canonjía. No están los tiempos para renunciar a pastizales y embarcarse en aventurillas de vaya usted a saber qué recorrido. Que una cosa es ir de boquilla con la dignidad y los principios, y otra, arriesgarse a aligerar el bolsillo. Si la cosa saliera medio bien, como el invento de Rosa de Sodupe, ya se vería. De momento, Génova paga mejor, incluso a los molestos pero en el fondo inocuos michelines.

El PP y los fachas

Se diría que es una epidemia. Cada dos o tres días aparece una noticia dando cuenta de que este o aquel dirigente local del PP sale en una fotografía rodeado o directamente exhibiendo símbolos franquistas. Aquí con el aguilucho, aquí levantando el brazo derecho con la palma extendida, aquí rindiendo tributo a una efigie del matarife de Ferrol. Aunque los hay más talluditos, la media de edad de los retratados en las mentadas actitudes anda por los 25 años. Son nostálgicos, manda carallo, de unos tiempos que no conocieron y, desde luego, sobre los que han leído muy mal en los libros de historia, si es que han tenido tal inquietud. Dicen sus mayores, en absoluto alarmados, que son chiquilladas, bromas que no van a ningún sitio, y que otros hacen cosas peores sin que se monte gran revuelo.

Ni mucho menos afirmaré que el Partido Popular está infestado hasta el tuétano de fascistas de camisa azul y correaje, pero sí que comprendo perfectamente que se extienda esa idea. Sencillamente, porque nadie de su cúpula o los escalones inmediatamente anteriores hace nada para evitarlo. Al contrario, en lugar de llamar al orden a sus polluelos (y no tan polluelos), algunos practican el ataque como mejor defensa. A fecha de hoy, no se le ha soltado una colleja a su portavoz adjunto en el Congreso, Rafael Hernando, que llegó a sentenciar dos veces en 24 horas que la segunda República provocó un millón de muertos. Con un par, estaba justificando el golpe de estado del 18 de julio de 1936 y trasladando la responsabilidad de la guerra al gobierno legítimo que fue derrocado. Ese tipo es el que habla en las cortes españolas en nombre de un partido que se enfada si se duda una migaja de su carácter democrático.

El PP, que exige a todo quisque arrepentimientos y contriciones flagelantes, tiene un problema con el pasado. Pero hay algo aun más grave: lo tiene también con el presente. Y no parece querer solucionarlo.

Extrema derecha, pero menos

Déjà vu lo llaman. Desde hace veinte años, en los sesudos análisis y despieces que siguen a cada cita electoral en el estado francés hay un titular que raramente falla: “Preocupante auge de la extrema derecha”. Tal cual se suele enunciar, incluso cuando el Frente Nacional ha perdido respaldo en comparación con convocatorias anteriores o, como ha sido el caso, cuando uno de los pocos datos que han clavado las encuestas es el resultado de la formación liderada por Marine Le Pen. ¿A qué viene sorprenderse y echarse las manos a la cabeza por el cumplimiento de algo que venía telegrafiado? Pura coreografía ensayada que oculta, me temo, muy pocoas ganas de hurgar en el fenómeno. Es más práctico despachar el asunto con cuatro tópicos y un rasgado de vestiduras ritual que meter las narices en un avispero donde la política convencional resultaría bastante malparada.

Al contrario de lo que veo en la mayoría de interpretaciones sobre el asunto, a mi no me provoca el menor escándalo que un 18 por ciento de los ciudadanos vote por una opción tan ideológicamente deleznable. De hecho, me da más miedo el indeterminado porcentaje de individuos de auténtica y genuina extrema derecha que han apoyado a un Sarkozy que cada vez disimula menos. Ahí es donde está el verdadero peligro, porque detrás de esos sufragios sí hay unas convicciones tan rancias como profundas… y con la posibilidad real de transformarse en medidas concretas.

Sin embargo, y por paradójico que pueda parecer, los que en estas dos décadas han inflado el globo de los Le Pen —padre e hija— no son mayoritariamente fascistas y cabezas rapadas de manual. Son, en buena medida, gentes abandonadas a su suerte por los partidos tradicionales y, si hay que concretar más, por los de izquierda, que los han relegado de una patada a la última fila de sus prioridades. Para expresar su cabreo sólo les queda votar lo que quizá jamás habrían votado.

El pacto que es y será

Las migajas del gran eructo cavernario por la decisión del Constitucional respecto a Bildu han caído sobre el Partido Popular del País Vasco. Junto a las demasías más jocosamente vistosas -”ETA gana, España pierde” y chorradas del pelo-, la carcundia patriotera ha soltado cuatro soplamocos con muy mala gaita a la formación que sostiene a López, quien, con tan sólo hacer el Tancredo, ha perdido el favor de las fuerzas vivas. Y ojo, que no son únicamente los que escriben o berrean en las cochiqueras del fascio mediático los que piden que se de boleto a la santa alianza. También conspicuos posesores del carné con la gaviota como Mayor Oreja o su ahijado postizo Iturgaiz reclaman que se haga cruz y raya.

Esos son los que, sabiéndose amortizados en el retiro de marajás de Bruselas y Estrasburgo, no temen dar cuartos al pregonero. Sin embargo, Burgos abajo empiezan a ser legión los egregios populares que echan las muelas en privado por el conchabeo del norte con el enemigo total socialista. Basagoiti tal vez piense que los engañufa con sus declaraciones atrabiliarias llenas de chistes, tacos y bravuconadas. Pero eso es alimentar con alpiste a una bestia que quiere carnaza de verdad. Que cuente Don Antonio con qué tembleque de piernas volvieron él y Arantza Quiroga de la última mani de la AVT en Madrid.

Titulaba ayer Deia que la sentencia sobre Bildu “resquebraja las bases del pacto PSE-PP”. Parece la lectura más lógica después de lo que ha pasado y lo que se ha dicho. De hecho, la ruptura se tenía que haber producido ya. Ocurre, sin embargo, que contra todo lo voceado engoladamente, el tal acuerdo no se basa en líricos principios sino en intereses corrientes y molientes. Esto para tí, esto para mi, y a la ideología que le den.

Eso reza para la entente sociopopular en el Gobierno vasco y, al loro, para las que sean aritméticamente posibles a partir del 22 de mayo. “El que suma, gana”, dijo López.