¿Fusiló el poco noble José Luis de Villalonga al sacerdote ‘Aitzol’?

Un sobrino biznieto del religioso asesinado en octubre de 1936 en Hernani lamenta desconocer dónde están enterrados los restos del famoso euskaltzale

Un reportaje de Iban Gorriti

FUSILÓ el poco noble José Luis de Villalonga al sacerdote, tribuno, periodista y escritor José Ariztimuño Olaso, Aitzol? ¿Fue él quien apretó el gatillo desde el pelotón, orgulloso porque “matar republicanos era como matar conejos”, como se vanagloriaba en sus memorias? Por otro lado, otro misterio: ¿Dónde están los restos del religioso euskaltzale asesinado el 17 de octubre de 1936 en Hernani? No se encuentran donde se creía, en el cementerio de dicha localidad.

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Hay preguntas que tienen respuesta y otras no porque se diluyen en la memoria con el paso del tiempo y la ausencia de los que estuvieron allí. Sin embargo, en este caso, el del recuerdo de Aitzol, su familia sigue adelante exhumando verdad, exigiendo justicia y empeñada en garantizar su reparación. Entre ellos se encuentra Aitzol Azpiroz (Donostia, 1974), licenciado en Filosofía y sobrino biznieto del cura nacido en Tolosa en 1896.

El caso de Aitzol es uno de los que están bajo la lupa de la jueza argentina María Servini de Cubría en el marco de la querella que coordina en Euskadi la Plataforma vasca contra los crímenes del franquismo. Esta misma semana, Aitzol Azpiroz, como portavoz de la familia del sacerdote fusilado hace 79 años, y una víctima de torturas durante el franquismo, Pedro Estonba, han declarado en Donostia.

La comparecencia obedece a sendos exhortos que la jueza americana ha dirigido a la justicia española. “La querella argentina se niega a olvidar, como pretenden algunos, los crímenes de lesa humanidad que perpetraron las fuerzas franquistas durante la guerra que provocó el golpe, lo mismo que durante la dictadura de 40 años de extrema represión”, explican desde la plataforma vasca.

“Solo me hicieron cinco preguntas. Estuve alrededor de veinte minutos. Además, entregué la información que me facilitó el forense Paco Etxeberria, de Aranzadi”, explica Azpiroz a DEIA. En esa mañana de recuerdos, de reivindicación y de denuncia, el familiar de Aitzol y el torturado Estonba estuvieron arropados por familiares, amigos, y partidos políticos vascos.

Aunque Aitzol era sacerdote, no hubo apoyo presente de la Iglesia. “Yo distingo entre el clero español y el vasco. A efectos de jerarquía eclesiástica española, Aitzol, a pesar de ser sacerdote, ha sido abandonado y ninguneado”, valora Azpiroz. Admite, eso sí, que existe “un documental sobre su figura y para su elaboración sí participaron clérigos como Setién y otros sacerdotes”. Esta película, titulada Aitzol, Euskal Pizkundearen herio-tza, se proyectará el martes a partir de las 19.00 horas en la casa de cultura Biteri de Hernani.

Volviendo a las preguntas que siguen siendo un enigma, Aitzol pudo ser uno de los fusilados con las balas de los militares golpistas, y con José Luis Villalonga como la persona que apretó el gatillo. Este hijo de un aristócrata que veraneaba en el Hotel du Palais de Biarritz, edificio que regaló Napoleón a su mujer Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, se presentaba voluntario para fusilar republicanos apresados. El madrileño nacido en 1920 tenía 16 años cuando asesinaron a Aitzol. Habla Azpiroz: “No podemos asegurar si fue él o no, pero sí que su padre le animó a ofrecerse, como forma de espabilarle…”

Queda constatado que Villalonga fue uno de aquellos hombres que formaron parte de los piquetes que salieron a la palestra tras el golpe del 18 de julio de 1936. Es más, el propio aristócrata participó en un programa del histórico espacio televisivo La Clave, de José Luis Balbín, jactándose de haber participado en los pelotones de ejecución fascistas que actuaron en Gipuzkoa.

Servicio a la sociedad En cuanto al lugar donde se encuentran los restos del sacerdote fusilado, poco más se sabe. Los familiares de José Ariztimuño Olaso siempre llevaron flores a una tumba del camposanto de Hernani, pero con posterioridad se ha sabido que no se encuentran allí. El historiador Iñaki Egaña comentó en una ocasión que podrían estar en el Valle de los Caídos. Sin embargo, el forense Paco Etxeberria no lo estima así. “Que 80 años después permanezca esa inseguridad… Nosotros vamos a seguir luchando porque creemos que nuestra actuación puede hacer un servicio si conseguimos la complicidad y la empatía de la sociedad”, concluye.

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