Sabino Arana un hombre de su tiempo, un visionario

La figura de Sabino Arana ha sido analizada desde muy diversos puntos de vista. En este reportaje, el autor realiza un paralelismo entre el fundador del nacionalismo vasco y el precursor del sionismo político, Theodor Herzl

Un reportaje de Jean Claude Larronde

Retrato de Sabino Arana y Goiri, fundador del nacionalismo vasco.
Retrato de Sabino Arana y Goiri, fundador del nacionalismo vasco.

Pierre Sudreau, un político francés del siglo XIX, dijo a propósito del matemático Blaise Pascal: “Perteneció a su tiempo por estar a la vanguardia”. Esta aseveración podría aplicarse muy bien a Sabino Arana, el fundador del nacionalismo vasco. Arana es, de manera incontestable, un hombre de su tiempo, es decir, de los diez últimos años de su predicación nacionalista, que se extienden de 1893 hasta 1903, fecha de su muerte.

Es de su tiempo porque pertenece perfectamente a un contexto histórico, político, económico y social particular, el de la inmensa frustración sentida en Bizkaia después de la pérdida de lo que restaba de los Fueros, desde el final de la segunda guerra carlista. Este contexto coincide también con los años de la expansión económica y de la inmigración española. Igualmente, Sabino Arana es de su tiempo porque vincula -en los años de su primer período, de 1893 a 1898- los prejuicios y opiniones de su época, en particular sobre el origen de las razas humanas.

Está a la vanguardia porque, como dice Elías Amezaga (Biografía sentimental de Sabino Arana, Txalaparta, 2003) es un “visionario”. Yo podría añadir que es un profeta cuando su mensaje nacionalista subraya con fuerza y por primera vez de manera coherente que Euzkadi es una nación.

El nacionalismo vasco, tal como se desarrolla sobre todo después de su muerte, constituye la corriente política más importante de los territorios históricos vascos peninsulares en el siglo XX, por lo menos en el conjunto de la actual Comunidad Autónoma de Euskadi. Esta afirmación se podrá verificar tanto en los años de la Segunda República española, así como durante la guerra civil, la larga noche franquista y después de la muerte del dictador y el retorno de la democracia.

Me parece interesante para ilustrar este artículo, establecer un paralelismo entre Sabino Arana y Theodor Herzl (1860-1904), el fundador del sionismo político, exacto contemporáneo de Sabino Arana. Ambos hombres presentan muchos rasgos en común: la visión que tienen de sus pueblos respectivos y del sentido de su acción política propia. Su misión presenta muchas similitudes. Además, sus biografías presentan coincidencias, quizás anecdóticas, pero que resultan sugerentes.

Evoluciona con su tiempo Desde el comienzo de su acción política, es decir el año 1893 (Discurso de Larrazabal el 3 de junio, publicación de Bizkaitarra el 8 de junio), Sabino Arana se implica en la vida política del País Vasco y emprende varias luchas puntuales para preservar los intereses y los valores de dicho país: Gamazada (revuelta popular en Navarra contra una ley considerada por los navarros como anti-foral en 1893-94), revisión del Concierto Económico en 1894, apoyo al euskara, participación en campañas electorales a partir de 1898, etc. Es cierto que su primer mensaje es un mensaje muy radical y bastante duro, lleno de prejuicios en boga en aquella época y de unas desviaciones de lenguaje de las cuales se han aprovechado, más tarde y hasta hoy, todos los adversarios del nacionalismo vasco.

Pero Sabino Arana sabe evolucionar: aprovecha de manera incontestable la muy grave crisis política, intelectual, cultural y moral que afecta al Estado español en el decisivo año 1898, al fin de la cual, este país se encontrará privado de sus últimas colonias de Cuba y Filipinas. Es en septiembre de ese año cuando Sabino Arana fue elegido diputado provincial de Bizkaia.

La figura del nacionalismo vasco se modifica profundamente durante los años siguientes. La integración de la sociedad recreativa de Bilbao Euskalerria en los años 1898-99 en el seno del nacionalismo supone una evolución liberal, moderada y pragmática. La evolución españolista de Sabino Arana en 1902-03 es un episodio que tiene que estudiarse en este particular contexto, caracterizado además por una intensa represión madrileña, y no como un episodio excepcional y aparte, que constituiría un tercer episodio de la actividad de Sabino Arana; es este un error en el que, en mi opinión, incurren numerosos historiadores.

Por su parte, Theodor Herzl es, en esta misma época, un extraordinario hombre de acción (Sabino Arana escribió en El Correo Vasco en 1899: …ningún bien recibe la patria con vana palabrería, mientras los hechos, la acción no acompañe a la palabra). Como Sabino Arana, Herzl sacrifica su salud y sus bienes al servicio de su causa. La suya es la creación de un Estado judío que anhela y que le parece absolutamente necesaria, frente al desarrollo masivo del antisemitismo en los países occidentales y en Rusia en este fin del siglo XIX. Su actividad es incansable como la de Sabino Arana: escribe innumerables artículos en periódicos y revistas, además de libros y obras de teatro. Como Sabino Arana, el pensador sionista está profundamente afectado por la situación catastrófica de su pueblo, y por las persecuciones que soporta durante, en particular, los terribles pogromos. En la misma época, concibe también un repliegue estratégico (sería su evolución españolista) y Herzl plantea la idea de un hogar nacional judío en Uganda, la cual defiende en un momento y sin entusiasmo frente a sus discípulos estupefactos.

El visionario La gran idea de Sabino Arana fue, sin duda ninguna, la formulación de: Euzkotarren aberria Euzkadi da. Es esta idea de la nación vasca, de la patria vasca, la que constituye su principal aportación en el área de la política.

Concibe la organización de esta nación como una confederación dentro de los límites de sus siete provincias históricas. Es el primer político que destacó que el pueblo vasco de las dos orillas del Bidasoa tenía una comunidad de destino. Más allá de los marcos políticos y administrativos distintos rigiendo el destino del pueblo vasco, tanto ayer como hoy, Sabino encarna una unidad espiritual del pueblo vasco, unidad, por ejemplo, simbolizada en la ikurriña -bandera que concibió- pasando por encima de las divergencias políticas.

Como Sabino, Theodor Herzl fue un visionario y un profeta. Sus dos principales predicciones, o sea el triunfo ineluctable del antisemitismo tanto en los países fascistas como en otros, incluyendo a Francia con el régimen de Vichy, y la creación de un Estado judío, se concretaron medio siglo después de su muerte. Por cierto, en su época la gente acogió las ideas de Herzl con reticencias y estupor. Como suele ocurrir con los profetas, al principio, predicó solo a unos conversos. Pero pronto, la adhesión entusiasta de miles y miles de judíos de Europa del Este, le confirió en vida una aura de la que Sabino no tendría la oportunidad de gozar antes de fallecer.

El escritor Stefan Zweig, presente en su funeral, escribió en aquella ocasión: No era un mero escritor o un mediocre poeta quien acababa de fallecer, sino uno de esos creadores de ideas que emergen en muy pocos momentos de la historia de los países y de los pueblos.

Se podría decir lo mismo de Sabino Arana. Después de su muerte, se le consideró como un auténtico, si no el mayor, genio político del pueblo vasco. Muchos de los que polemizaron ardientemente con él (Arturo Campión, Resurrección María de Azkue, Miguel de Unamuno, entre otros) reconocieron sus grandes méritos y le rindieron homenaje.

Y es que, ¿no había conseguido, en efecto, despertar, por lo menos en Bizkaia, el hondo sentimiento patriótico adormecido en el corazón de cada vasco?, ¿no había, también, restituido al euskera, hasta entonces despreciado, toda su dignidad? Por la herencia política y cultural que dejó, Sabino Arana, más que el último vasco del siglo XIX, es el primer vasco del siglo XX.

Sabino Arana, como Theodor Herzl, había comprendido que el imaginario guía a los pueblos. Su mensaje es una exhortación al orgullo, a erguirse y al desafío: “Basta de ser lo que no sois. Sed orgullosos de ser vascos”. Por eso, pese a sus detractores, en su mayoría españoles, hoy perdura la profunda huella de Sabino Arana.

Unamuno, nacionalista vasco, «casi, casi»

Miguel de Unamuno ha sido retratado como un antinacionalista vasco furibundo, pero la historia cuenta que respetaba a Sabino Arana y que, en una entrevista en plena Guerra Civil, afirmó sentirse “casi, casi” nacionalista

Un reportaje de Xabier Ormaetxea

POCAS figuras vascas tan queridas, admiradas y controvertidas como la del bilbaíno Miguel de Unamuno; escritor, poeta, filósofo, y sobre todo pensador, un genio sin lugar a dudas, genio ambivalente en el que podemos encontrar todo y lo contrario de todo, capaz de declararse razonadamente no creyente un día, y de declararse creyente con una hondura y brillantez admirable al siguiente.

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Miguel de Unamuno

 

Sobre Don Miguel, se han escrito y se seguirán escribiendo no cientos, sino miles de estudios y semblanzas; su figura está llena de matices, de contrastes, y de sorpresas. Flaco favor le hacen todos aquellos que han tratado de adueñarse de su figura, que no han sido pocos, algunos incluso tratando de usarle como arma partidista contemporánea, a menudo como paladín del “antinacionalismo vasco”. Hasta hemos llegado a leer acusaciones con poco fundamento de que el nacionalismo vasco, que siempre ha tratado la figura de Unamuno con discrepancia pero con respeto y cariño, era contrario a que Bilbao y Euskadi reconociesen su figura; nada más lejos de la realidad que incluso, y como veremos más adelante, el propio Unamuno reconocería en vida.

En su libro Recuerdos de niñez y mocedad (1908) Don Miguel nos relata el trauma que para muchos jóvenes de su generación supuso la abolición de los fueros en 1876; y nos cuenta cómo él, junto con un amigo, enviaron una pueril carta amenazadora a Alfonso XII increpándole por haber firmado la abolición foral, y cómo paseaban por el muelle de Ripa disertando de los males de Euskal Herria, criticando la cobardía presente, y haciendo planes “para cuando Bizkaia fuera independiente”. En esa misma obra, cita en varias ocasiones a Sabino Arana y lo hace con respeto, incluso alabando el correcto uso que hace del castellano cuando escribe, y explicando que en ese mismo ambiente general que él vivió en su juventud, se formó el espíritu de Sabino.

Discurso de 1901 Alguien en Bilbao tuvo la feliz idea de invitar a Unamuno a pronunciar el discurso de los Juegos Florales celebrados ese año, tal vez desconociendo que el invitado no sentía ninguna simpatía por ese tipo de certámenes. El discurso del ya entonces rector de la Universidad de Salamanca fue una auténtica bomba: “Eres un pueblo que te vas; (…) estorbas a la vida de la universal sociedad, debes irte, debes morir, transmitiendo la vida al pueblo que te sujeta y te invade.” “(…) esa lengua que hablas, pueblo vasco, ese euskera desaparece contigo; no importa porque como tú debe desaparecer; apresúrate a darle muerte y enterrarle con honra, y habla en español”. No contento con esas afirmaciones, tuvo el feo gesto de dirigirse muy groseramente a la señorita que encarnaba la reina de los juegos. La reacción de los bilbaínos no se hizo esperar y las protestas y condenas más atronadoras llenaron las calles y periódicos de la villa, parecería que en este ambiente la reacción más radical debería de haber correspondido a Sabino Arana y, sin embargo, no fue así. Sabino Arana, reconoció y demostró conocer bien a Miguel de Unamuno y en un artículo publicado en la revista Euzkadi, no exento de exquisita ironía, se refiere a Don Miguel como “filósofo literato conocido por sus excéntricas genialidades, y por lo inconstante y variable de su criterio” y, a continuación, se dirige al público en general para decir que “no siente lo que dijo” y que lo contrario a lo que dijo entonces, pudo bien decirlo al día siguiente y de hecho ya lo ha dicho en alguna ocasión. Sabino expresa conocer a Unamuno de largo y achacó todo el escándalo y las palabras de Unamuno al mero interés práctico del escritor que con ello pretendía ganarse simpatías en la Corte.

Al hilo de ese escándalo, existe una carta fechada en agosto de 1901 en la que Sabino Arana le responde a su amigo y médico de Mundaka, José de Arriandiaga. En dicha carta Sabino es muy duro con Unamuno, y sin embargo, en un momento de dicha carta escribe textualmente “por Unamuno siento, sin explicarme el por qué, una estimación particular”. Creo que esa frase resume perfectamente lo que sentían Sabino y Unamuno el uno por el otro.

Epílogo a las obras de José Rizal En 1907 se publicaron las obras completas de José Rizal, apóstol de la independencia filipina, y para la edición de la obra se encargó el epílogo a Miguel de Unamuno. Este glosa magníficamente la figura de Rizal y, en medio, en el capítulo III de su epílogo dedicado al idioma tagalo, recuerda la figura de Sabino Arana. Lo más interesante de la cita, no es el respeto y cariño que demuestra hacia Sabino, sino que aún hoy, más de un siglo después, pueden considerarse las más bellas palabras escritas sobre Sabino Arana Goiri, superando a los de innumerables nacionalistas vascos que han escrito sobre la figura del maestro de Abando. Aunque esos párrafos son archiconocidos conviene recordarlos:

“En esta poesía mecí yo los ensueños de mi adolescencia, y en ella los meció aquel hombre singular, todo poeta, que se llamó Sabino Arana, y para el cual no ha llegado aún la hora del completo reconocimiento. En Madrid, ese hórrido Madrid, en cuyas clases voceras se cifra y compendia toda la incomprensión española, se le tomó a broma o a rabia, se le desdeñó sin conocerle o se le insultó. Ninguno de los desdichados folicularios que sobre él escribieron algo conocía su obra, y menos su espíritu.”

Once décadas después, los desdichados folicularios a que se refería Don Miguel siguen escribiendo desde la ignorancia, la incomprensión y a veces la maldad. No es raro encontrárselos a menudo en periódicos, revistas, universidades e incluso, últimamente, en alguna granja.

Carta al escritor Alfonso Reyes En 1918 el escritor mexicano Alfonso Reyes le pidió a Unamuno que le orientase sobre cómo estudiar el fenómeno nacionalista vasco. Nuestro personaje, que se definió en la carta a sí mismo como “ulsteriano o unionista”, le fue dando detalles sobre qué obras y personas consultar y, no contento con eso, en un alarde de exageración no exento de cierto egocentrismo, reconoce que conoció y trató bastante a Sabino Arana, y le describe a Reyes que él ha estado implicado en el movimiento nacionalista vasco en el que ha influido, y en cuyas filas “se me respeta y aun algo más”; no satisfecho con semejante exageración, fue un paso más allá y no le dolieron prendas al escribir que “lo más de su bagaje ideológico se lo di yo a Sabino, y mi conferencia sobre la agonía del vascuence fue capital.”

No cabe duda de que el propio Don Miguel se reiría hoy socarronamente de su exageración, tratando de aparecer como el niño del bautizo, la novia de la boda y el muerto del entierro, pero, aun destacando la escasa credibilidad de lo que escribe sobre su protagonismo y aportación ideológica al nacionalismo vasco, es de reseñar que se sentía “respetado, y aun algo más” por el nacionalismo vasco.

Interpretaremos desde la moderación que ese “algo más” era la profunda admiración que el intelectual nacionalista Jesús de Sarria y sus compañeros de la revista Hermes le profesaban, y que se evidencia en la abundante correspondencia que mantuvieron con él entre 1916 y 1922.

1936, entrevista en su arresto El inicial apoyo de Unamuno a la sublevación de Franco (lo que le costó seguramente no alcanzar el premio Nobel, pese a haber sido nombrado doctor honoris causa por Oxford en febrero de 1936), se convirtió en pocos meses en un auténtico espanto y horror ante las barbaridades y crímenes del bando sublevado.

Él, que había preconizado una dictadura inteligente, se encontró con una carnicería en la que tullidos físicos y mentales como Millán Astray sembraban de muerte y represión el país y fusilaban a intelectuales y amigos de Unamuno. El enfrentamiento y valiente discurso del rector de Salamanca en octubre del 36 contra aquellos que entraron pistola en mano gritando “Viva la muerte” , y en el que manifestó su orgullo de ser vasco, le valió un arresto domiciliario del que nunca más saldría con vida.

Quince días antes de su muerte, le visitó en su casa un periodista vasco, según nos relata un artículo publicado en la revista Alderdi en 1965 por Fernando Etxekoarena. El periodista se encontró a un Unamuno deprimido, horrorizado por lo que estaba ocurriendo y que definía a la bandera rojigualda de bando nacional como representativa del “pus y la sangre”, “un día saldré y en medio de la Plaza Mayor llamaré asesinos a Franco y sus secuaces”. Don Miguel tenía la premonición de que de aquel arresto solo saldría muerto y sentía dolor y espanto ante los crímenes indiscriminados de ambos bandos contendientes. Pero, en medio de aquella diatriba desesperada añadió: “De todos estos crímenes solo se salvaban los vascos. Yo que me he pasado la vida combatiendo el nacionalismo…”. El entrevistador le interrumpió para preguntarle: “¿Se siente Vd. nacionalista?”, a lo que nuestro Don Miguel contestó “ Sí… casi, casi, puedo decir que me siento nacionalista vasco”.

El entrevistador se lamentó después de haberle hecho aquella pregunta interrumpiendo la alocución de Unamuno, y creyó fue esa interrupción lo que obligó a Unamuno a colocar el “casi, casi” en su respuesta. Etxekoarena acabará su artículo con este epítome: “Quince días antes de su muerte, rodeado de horrores, se sentía nacionalista vasco, se enorgullecía de la caballerosidad del combatiente vasco, del gudari, en aquella guerra de pus y sangre”.

Sabino Arana: Cuatro mensajes para la libertad

El empeño de Sabino Arana en dar a conocer la situación que vivía Euskadi le llevó a enviar cuatro concisos pero rotundos mensajes a la prensa y los mandatarios de Estados Unidos y Reino Unido

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Sabino de Arana y Goiri, fundador del Partido Nacionalista Vasco. FOTO: Sabino Arana Fundazioa

Es conocida la iniciativa de Sabino de Arana, al final de su vida, de intentar conseguir la intervención internacional para evitar la desaparición del Pueblo Vasco, que parecía inminente como consecuencia de los procesos en este sentido desarrollados por las élites políticas e intelectuales españolas y francesas. Especialmente en lo referente al telegrama dirigido al presidente de los Estados Unidos de América Theodore Roosevelt para felicitarle por la concesión de la independencia a Cuba, sobre el que ya tratamos en esta sección.

Ahora que conmemoramos el 150 aniversario del nacimiento del fundador del Partido Nacionalista Vasco voy a referirme no solo a éste, sino al conjunto de mensajes, cuatro conocidos hasta ahora, que dirigió al exterior, uno de los cuales se ha descubierto recientemente.

No existe la certeza de que el primero de ellos fuera enviado, ya que el documento que se conserva en el Archivo de Sabino Arana Fundazioa es el borrador de una carta. Está dirigida al director del New York Herald y no figura la fecha. Pero debió redactarse, con seguridad, en octubre de 1899, ya que hace referencia al “12 del pasado mes” al hablar de la suspensión de garantías constitucionales en Bizkaia decretada por el Gobierno español “contra los separatistas” el 12 de septiembre de 1899 como reacción a los primeros éxitos electorales del nacionalismo vasco.

En esta misiva Sabino de Arana ofrecía al diario norteamericano “correspondencia gratuita” con el único interés de que “en Europa y América se conozca sin error la situación político económica de la parte del País Vasco que está sujeta a la corona de España, y muy especialmente el movimiento separatista que hace algunos años se inició”. Refería cómo la suspensión de garantías constitucionales había supuesto la clausura de los periódicos y centros abertzales y quién sabe si con esta iniciativa buscaba no solo informar al extranjero sino también, en una situación tan difícil y desesperada, continuar propagando de alguna manera su doctrina, aprovechando un medio libre del control de las autoridades españolas.

Del segundo mensaje, realizado dos años más tarde, tenemos noticia gracias a Koldo San Sebastián. Éste, a finales del año pasado, localizó y difundió en las redes sociales una breve noticia sobre él en otro diario neoyorkino, el New York Times, publicada el 23 de septiembre de 1901. Su traducción puede ser la siguiente:

Los vascos felicitan al Sr. Roosevelt. San Sebastián, España, sept. 22. Los Nacionalistas de las Provincias Vascas han mandado un mensaje al Presidente Roosevelt felicitándole por su nombramiento y expresándole sus mejores deseos por el bienestar de los Estados Unidos como los defensores de los pueblos oprimidos.

Esta noticia no supone necesariamente que los nacionalistas vascos consiguieran enviar este mensaje al presidente de Roosevelt y que éste lo recibiera, y parece aún más improbable que una de las primeras tareas de su departamento de comunicación consistiera en informar a la prensa de haber recibido este mensaje.

Mi opinión es que Sabino de Arana, consiguiera o no enviar el mensaje referido, mandó otro informando de él a la prensa norteamericana, para darle publicidad. ¿Porqué desde San Sebastián? La secuencia de hechos pudo ser la siguiente.

El 6 de septiembre de 1901 William McKinley, presidente de los Estados Unidos de América, fue tiroteado por el anarquista Leon Czolgosz. A consecuencia de las heridas recibidas falleció ocho días después, el 14 de septiembre, y le sucedió ese mismo día en el cargo quien era hasta entonces el vicepresidente, Theodore Roosevelt. Sabino de Arana participó el 16 de septiembre en el Congreso Ortográfico que se celebró ese día en Hendaia. A su regreso a Bilbao debió pasar por San Sebastián y allí pudo tener noticia del acceso a la presidencia de Roosevelt, decidiendo mandarle una felicitación, así como informar de este mensaje a los medios norteamericanos, que el New York Times reprodujo.

Capacidad de reacción Es destacable la estrategia del fundador del Partido Nacionalista Vasco de intentar atraer la atención de la emergente gran potencia norteamericana, defensora de los pueblos oprimidos, que tan solo tres años antes había derrotado militarmente, en apoyo a la insurgencia cubana, al reino cuya opresión sufría la mayor parte del País Vasco. Pero también es muy notable la capacidad de reacción de Sabino de Arana ante acontecimientos imprevistos como el que nos ocupa y la utilización de todos los medios a su alcance para buscar el beneficio para su causa, la supervivencia de un País Vasco, que generalmente se daba ya por perdida. Patria mía… ¿acaso he nacido yo para verte morir? Al año siguiente, tras el reconocimiento de la independencia de Cuba por el Gobierno norteamericano, el 24 de mayo de 1902 Sabino de Arana intentó enviar al presidente Roosevelt una nueva felicitación, redactada en los siguientes términos:

Nombre Partido vasco nacionalista, felicito por independencia Cuba federación nobilísima que presidís que supo librarla esclavitud.

Ejemplo magnanimidad y culto justicia y libertad dan vuestros poderosos Estados desconocido historia e inimitable para potencias europeas, particularmente latinas.

Si Europa imitara, también nación vasca, su pueblo más antiguo que más siglos gozó libertad rigiéndose constitución que mereció elogios Estados Unidos, sería libre.

Desde la oficina de correos no se envió el telegrama a su destinatario, sino que se remitió al gobernador civil de Bizkaia, que lo reenvió al Juzgado de Primera Instancia de Bilbao. Encontrándose Arana en Sukarrieta, se requirió al Juzgado de Gernika para que lo localizara allí. Finalmente, el 30 de mayo, Sabino de Arana tuvo que acabar compareciendo ante el juez Mauro Santiago Portero, al que reconoció haber sido el redactor del telegrama. El magistrado decretó su “prisión provisional sin fianza alguna” por “delito de ataques a la integridad de la Nación Española”, siendo encarcelado ese mismo día en la prisión de Larrinaga. Un delito de opinión tan grave hizo que no se tuviera en cuenta ni el pésimo estado de salud que ya presentaba Arana, que fallecería al año siguiente, ni su condición de diputado electo. Sobre este proceso ya hizo, en esta misma sección, una interesante reflexión Txema Montero, titulada Sabino, su abogado, el juez y el jurado.

No sería este, sin embargo, el último mensaje para la libertad del Pueblo Vasco que intentaría Sabino de Arana enviar al exterior, incluso habiéndole supuesto el anterior la pérdida de la suya, por un hecho acontecido a mucha distancia de allí. Un día después a su ingreso en Larrinaga, el 31 de mayo, terminó la Guerra de los Bóers, con la victoria británica. El 10 de junio, desde la cárcel, intentó remitir al primer ministro del Gobierno británico, lord Salisbury, el siguiente texto:

Representación Partido Nacionalista Vasco felicita Majestad Británica por terminación guerra sudafricana, deseando que aquellos pueblos hallen ventajas bajo suave yugo Gran Bretaña y esperando que soberanía inglesa sea para ellos antes protección que dominación, como para otros igualmente afortunados.

Preocupación de los amigos Los compañeros de Arana en el PNV consideraron que el envío de este mensaje podía perjudicar mucho el proceso judicial que había supuesto su encarcelamiento y se resistieron a cumplir su deseo, lo que el preso comentó así: “Los amigos me hicieron con este cablegrama lo que el señor gobernador tuvo a bien hacerme con el primero: detenérmelo. Ignorante estuve de ello varios días, y esto me costó un serio disgusto”.

La ayuda de gobiernos extranjeros nunca llegó para el nacionalismo vasco, menos afortunado en este terreno que el cubano. Muchos años después en la coyuntura posiblemente más trágica sufrida por el Pueblo Vasco, la última Guerra Civil, Luis de Arana, hermano de Sabino, vería como única esperanza la constitución en nuestro país de un protectorado británico. No hubo mensaje para la libertad en esta ocasión, sino que él mismo, ya anciano, se trasladaría a Inglaterra acompañado de Lezo de Urreiztieta para intentar promover esta iniciativa personal, desconociendo el apoyo británico secreto al bando franquista. Pero esta es ya otra Historia de los vascos.

Un reportaje de Luis de Guezala

Larrinaga’ ko euzko batzokija

Ante el elevado número de militantes recluidos en la cárcel de Larrinaga en los años 30, el PNV creó un batzoki en la prisión para agrupar a los afiliados presos

Eduardo Jauregi

Desde la fundación del primer centro nacionalista en Bilbao en 1894, el Euskeldun Batzokija, por Sabino Arana, el nacionalismo vasco se fue extendiendo e implantando progresivamente en todas las localidades vascas con mayor o menor incidencia; constituyendo centros vascos, juntas municipales, batzokis, organizaciones juveniles, de trabajadores (ELA-STV) y, a partir de 1922, asociaciones de mujeres agrupadas en Emakume Abertzale Batza.

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Cárcel de Larrinaga tras la ocupación de Bilbao en 1937. Sabino Arana Fundazioa

Uno de los capítulos más llamativos en la historia del desarrollo territorial de la organización nacionalista fue la creación de un Batzoki nada menos que en el interior de la cárcel de Larrinaga durante los años de la República, poco antes del estallido de la guerra. Hablar del Batzoki de Larrinaga es sinónimo de organización, de estructura interna del PNV, pero también es hablar de entrega, resistencia, sentimiento nacional y solidaridad, de la ayuda a los presos que en el PNV siempre ha sido una constante desde sus inicios.

Hasta llegar a ser la mayor fuerza política de este país, el nacionalismo del PNV, desde su creación, sufrió la represión de la administración española y el orden establecido por ella en Euskadi. Fueron centenares los nacionalistas que padecieron a lo largo de los años -empezando por el propio Sabino Arana y muchas de las directivas al completo- persecución, multas, arrestos, cárcel y, en definitiva, una fuerte represión por lo que las autoridades de aquel tiempo consideraban, por ejemplo, ultrajes a la bandera española, delitos de opinión, alteraciones del orden púbico o gritos subversivos (cualquiera podía ser encarcelado por gritar Gora Euzkadi Azkatuta).

A pesar de este gran acoso judicial mantenido en el tiempo, el PNV no dejó solos a sus militantes afectados y les mostró siempre su apoyo y cercanía. La defensa del sentimiento nacional vasco, manifestado en multitud de acciones, y pagado con la cárcel venía a demostrar el gran valor de los hombres y mujeres que terminaban por ello entre rejas. Así, el Partido financió los gastos de los juicios, los nombramientos y actuaciones de abogados y procuradores o las fianzas para conseguir la libertad condicional de muchos reos; atendió las necesidades primarias de los presos, llevándoles comida, ropa, libros, mantas, almohadas, tabaco o dinero para sus gastos dentro de los penales. Con mucha frecuencia difundía en la prensa el nombre de los detenidos, sus causas y dónde se encontraban, así como continuas llamadas a la solidaridad de los demás miembros de la comunidad nacionalista para ayudar con sus donativos (económicos y/o materiales) a los hermanos presos por la patria.

Sin embargo, debido a las cada vez más continuas redadas policiales y al elevado número de detenidos que llenaban las cárceles vascas, la ayuda puntual de las suscripciones populares no llegó a ser suficiente. En 1920 el PNV se vio en la necesidad de crear una Comisión pro Presos que gestionara de una manera estable y fluida estas dramáticas situaciones personales y familiares que vivían muchos correligionarios y propuso establecer una aportación mensual a las organizaciones existentes para la ayuda a los presos.

ayuda económica Junto a la cuota que todos los meses entregaban los batzokis, las juventudes y las emakumes de las distintas localidades vascas, los donativos concretos por Navidad o lo recaudado en festivales y partidos de pelota, ayudaban a cubrir anualmente la cantidad económica necesaria para mantener todas las acciones que dirigían o coordinaban las Comisiones pro Presos (cada territorio de Hegoalde constituyó su propia comisión). Un dato: en 1932 las cuotas mensuales para la ayuda a los presos en Bizkaia oscilaban entre las 5 pesetas (para los batzokis con menos recursos) y las 50 pesetas (que entregaba, por ejemplo, Juventud Vasca de Bilbao), y lo recaudado en el año alcanzó las 25.000 pesetas solo en el territorio vizcaino.

A pesar de existir también prisiones en Markina, Gernika, Durango o Balmaseda, Bilbao se erigió a principios del siglo XX como el centro penitenciario más importante de Bizkaia al convertirse la Cárcel de Larrinaga, tras años de obras y ampliaciones, en Prisión Correccional provincial.

Sin embargo, el penal carecía de lo necesario para todo lo relacionado con el aseo e higiene de los reclusos (cuartos de baño suficientes, con retretes obsoletos, sin limpieza obligatoria …). El insoportable olor en las celdas se dejaba sentir incluso en las comunicaciones que los presos enviaban al exterior. Algunas de las cartas terminaban con frases como: «Os saluda y os quisiera transmitir el real olor…» o «Le saluda, casi intoxicado del olorcillo de esta cloaca…».

También se denunciaba el inhumano hacinamiento en el que vivían los reos. Las celdas eran insuficientes, no tenían ventilación, estaban mal equipadas y eran pequeñas. El texto de la declaración de un numeroso grupo de nacionalistas detenidos en Larrinaga en mayo de 1933 es muy claro al respecto: «Coincidiendo con la venida de presidente del Estado español a Bilbao, el gobernador de España en Bizkaia, como una provocación (…), ordena el encarcelamiento, sin motivo alguno, de más de setenta jóvenes nacionalistas. No solo eso, los procedimientos vejatorios e inhumanos de que se ha hecho gala en estas detenciones son la demostración contundente e irrebatible de la saña antivasca con que se ha procedido. Dos noches hacinados en antihigiénicos calabozos húmedos, infectos, ilegales, según declaración del mismo jefe del cuartelillo en que se nos detenía. Dieciséis hombres en una habitación de cuatro metros cuadrados, sin aire y sin luz. Trato descortés e inhumano, llegando a abofetear a quien solicitaba que no se alterara la ortografía euzkérica del nombre que se le exigió en la filiación. Dos enfermos que hasta llegar a la cárcel no han sido atendidos, no obstante haber declarado uno de los detenidos, licenciado en Medicina, que la situación de uno de ellos exigía una urgente actuación profesional médica».

La gran concentración de hombres y mujeres en las cárceles fue una constante durante muchos años. Hay que tener en cuenta que las multas gubernativas impuestas en aquellos años no se solían pagar, salvo excepciones (por ejemplo, la multa de 500 pesetas impuesta a la presidenta de EAB de Bilbao, Teresa Azkue) ya que los multados eran declarados insolventes por los juzgados respectivos, y por tanto cumplían cárcel como arresto sustitutorio (así lo marcaba la ley española cuando no había bienes de donde cobrar).

el batzoki Ante esta prolongada situación, y el elevado número de militantes nacionalistas recluidos en la Cárcel de Larrinaga durante los años 30 del siglo pasado, el Bizkai Buru Batzar del PNV llegó a crear un batzoki en la propia cárcel, con la intención de seguir contando y encuadrando en la organización territorial de Partido, a los afiliados presos en aquel recinto penitenciario.

Al igual que otros muchos batzokis, el de la cárcel de Larrinaga tuvo también hasta su propio membrete a color impreso en hojas de papel (existieron tres modelos diferentes). El más llamativo estaba formado por el nombre -centrado y en mayúsculas- Larrinaga’ko Euzko Batzokija (Cárcel de Larrinaga) y a su izquierda el logotipo formado por el escudo de Euskadi bajo las iniciales del lema JEL (Jaun-Goikua eta Lagi Zarra) y sobre la parte central de la ikurriña. Este recurso pictórico también lo utilizaron batzokis como Ondarroa, Orduña o Basauri, entre otros, pero el batzoki de Larrinaga completó su hoja oficial con la impresión de dos frases de Sabino Arana. Bajo el logotipo, unas palabras que dignifican al preso político: «No es digno de ser libre, el pueblo que sufre pacientemente la esclavitud. Mas el pueblo que tiene encadenado el cuerpo, pero libre y altivo el espíritu, es desgraciada víctima, pero no vil esclavo». Y como pie de página: «Ahora mismo, y no una sino cien veces, daría mi cuello a la cuchilla sin pretender ni la memoria de mi nombre, si supiese que con mi muerte había de revivir mi Patria».

En el Archivo del Nacionalismo Vasco de Sabino Arana Fundazioa se conservan decenas de cuartillas y cartas (con y sin membretes) de estos años. Es parte de la documentación del fondo del PNV que permaneció incautada más de 75 años en instituciones españolas con sede en Salamanca y que recientemente ha sido devuelta a su legítimo propietario. En estos escritos se puede leer cómo los presos informan a la Comisión de su situación, necesidades, vida en la cárcel, de las puestas en libertad o del ingreso de nuevos presos. Notificaban sus nombres, de dónde eran afiliados y los motivos por los que se les condenaba (gritos subversivos, actuaciones y reparto de propaganda en huelgas, injurias a la autoridad, escritos en prensa, etc.).

Durante la República, las leyes estatales impusieron muchas limitaciones a los derechos de expresión, de reunión y de manifestación. Las conductas que pudieran ser consideradas como una alteración del orden público se pagaban, como vemos, con detenciones y cárcel.

cientos de detenidos Las tensas relaciones del nacionalismo vasco con la II República (sobre todo con las izquierdas durante el periodo 1931-1933) se tradujeron en cientos de detenidos, procesados y condenados. El 7 de mayo de 1933 la Comisión pro-presos del BBB designó un delegado suyo en la cárcel ante las proporciones extraordinarias que había tomado el encarcelamiento de patriotas.

Sin embargo, hay que matizar que la atención y ayuda del PNV a los presos -ayuda que suponía un esfuerzo económico importante para todos- no se dio a todo aquel que acabara en prisión. En esta coyuntura de exceso de detenidos, se observó por las estadísticas, que el origen de los hechos de muchas causas se daban a altas horas de la noche. El PNV decidió, por tanto, que no se haría cargo de ningún proceso que se iniciara por hechos realizados después de las 10 de la noche, a no ser de que se comprobara que el acusado de los hechos los realizara en acto de servicio, es decir, en comisión de mandato de la Junta Municipal o autoridad del Partido (los encausados por riñas callejeras, peleas de taberna o robos quedaban fuera de la protección de la Comisión).

El caso del Batzoki de Larrinaga (expresión casi esperpéntica de una realidad trágica como es la vida en la cárcel) vino a constatar sobre el papel «cantidad» y «calidad» en la organización del PNV. Características que se siguieron dando años más tarde en la guerra civil y cuando la dictadura franquista persiguió, fusiló y encerró a miles de nacionalistas vascos en penales, campos de concentración y batallones de trabajadores por todo el Estado. Allí continuaron existiendo otros batzokis encubiertos, clandestinos y sin nombre… La experiencia organizativa en las cárceles y la ayuda a los presos llevada a cabo durante lustros hicieron que la resistencia vasca no desapareciera en los 40 años de franquismo ya que se mantuvo la conexión y disciplina de los hombres y mujeres dentro de la organización del Partido Nacionalista Vasco.

El valor de los símbolos en la construcción de la nación vasca

Una idea moderna de nación impulsó a Sabino Arana a dotar al pueblo vasco de los símbolos básicos: nombre, bandera, himno e impulso del euskera

José Ramón Blázquez

Bilbao. La construcción de una nación es un proyecto largo, complejo y hasta cierto punto inacabable, porque la evolución histórica somete a los pueblos diferenciados a fuertes tensiones en su relación con los demás países y en su cohesión y convivencia interna. Un pueblo nace y se hace. Tiene un origen y unas raíces, pero constituirse como nación propia implica, entre otros esfuerzos, dotarse de elementos esenciales que la hagan reconocible hacia dentro y hacia fuera, una conceptualización política, cultural, económica y social que se plasma en instituciones y elementos simbólicos que visualizan su existencia y devenir. Así como las personas poseemos identidad (nombre, rostro, carácter, huellas…) también las sociedades precisan de una identidad comunitaria. Y tiene una enorme importancia, por mucho que se frivolice el valor de los símbolos comunes.

HOMENAJE A LA IKURRIÑA EN GORBEA

 

Euskadi es una nación tardía y todavía en construcción. Es gracias a la visión -muy avanzada en términos históricos- de Sabino Arana a lo largo de su trayectoria política que hoy los vascos tenemos un potente sentimiento nacional que actúa como criterio positivo frente a la sangría del provincialismo y la dispersión en España. Contra esa desestructuración de los territorios y la disgregación de la identidad vasca, Sabino va construyendo la idea de una nación que, aún reuniendo todos los factores que definen un pueblo diferenciado (lengua, cultura, territorio, historia, mitos e incluso ciertos factores étnicos), no disponía de los elementos simbólicos elementales. A esa tarea consagrará buena parte de su joven vida y no se puede decir que fracasara, pues hoy la nación vasca dispone del nombre, la bandera y el himno creados por él, junto a una mayor conciencia por la pervivencia del euskera.

Sabino no solo fundó el Partido Nacionalista Vasco, sino que puso los cimientos de la nación vasca moderna, un proyecto que con el tiempo trascendería de los límites partidistas para ser asimilado por otras corrientes políticas, incluso, en parte, por quienes niegan la existencia de la nación vasca. La esencia de la aportación sabiniana al propósito nacional es la unificación frente a la dispersión de lo vasco y su preocupación por fijar la identidad del país, más allá de lo cultural, dotándole en primer lugar de nombre. ¿Qué clase de país puede construirse sin una denominación común? Sabino tuvo que aventurarse con propuestas que algunos discuten hoy sacándolas de su contexto histórico. No se puede dejar pasar que la dotación simbólica de un pueblo no solo es una necesidad de pura operatividad política, un instrumento, sino que también responde a un impulso emocional, pues emocional es también la idea de nación.

El activismo de Sabino Arana fue empujado a la política por tres grandes motivos: su propia circunstancia familiar tras la derrota carlista, la realidad histórica que le tocó vivir (la abolición foral) y su particular sensibilidad hacia la cultura vasca y el euskera. Sabino fue carlista per accidens hasta los 17 años Sin embargo, el sentimiento de derrota, lejos de ahogarse en la frustración, le llevó a un gran activismo propagandístico como método de movilización del espíritu de la sociedad de su tiempo para definir para el pueblo vasco un proyecto similar al de otras naciones europeas, surgidas a lo largo del siglo XIX.

El activismo sabiniano para sacar del desencanto a sus coetáneos se concretó en un enorme esfuerzo como editor y articulista. El periódico Bizkaitarra fue su primera herramienta de lucha en prensa, desde junio 1893 hasta su suspensión gubernativa en 1895. Le siguió el semanario dominical Baserritarra, en 1897. Ya en 1989 se bregó en El Correo Vasco, primer diario nacionalista; y posteriormente, en 1901, en la revista Euzkadi y ese mismo año en el semanario La Patria. Hay que subrayar que el intenso trabajo editorial y propagandístico de Sabino supuso no solo un gran sacrificio personal y familiar, sino que también le ocasionó varios procesamientos judiciales y su ingreso en prisión. La tenacidad de Sabino le llevó, más allá de los excesos verbales, tan corrientes en su tiempo, a ser un incansable publicista y un polemista nato.

A lo largo de sus numerosos escritos va quedando constancia de la necesidad de unificar política e institucionalmente el vasquismo, que abarcaba tanto a aquellos que se sentían motivados por la supervivencia de los rasgos de identidad cultural, como a quienes (los fueristas) se pertrechaban en la defensa de las antiguas leyes como residuo de la soberanía original de los vascos. Desde su obsesión por la grafía, toponimia y gramática euskericas a la «implantación del patriotismo» -presente en el Discurso de Larrazabal- fue dando paso sucesivamente a sus aportaciones simbólicas para vertebrar el proyecto nacional, inicialmente vizcaíno.

Euskadi Los símbolos (lingüísticos, icónicos y sonoros) no crecen los árboles, ni se extraen como el mineral de las minas, ni tampoco provienen del cielo o del cosmos finito. Son construcciones humanas, generalmente derivadas de otras precedentes o combinaciones de distintos orígenes y evoluciones. Los símbolos son esencialmente artificiales, con mayor o menor carga de arbitrariedad. En este sentido, resulta bastante ridículo que, por purismo académico o afán partidista, se trate de menoscabar las aportaciones simbólicas de Sabino. No existen los símbolos puros, como tampoco las ideas y las biografías humanas. Todo es creación o recreación. ¿Se entiende el mundo y su mosaico de naciones sin los mitos, esas invenciones o manipulaciones de lo acontecido?

¿Es el nombre de la nación vasca, Euzkadi, un neologismo? ¿Y qué importancia tiene eso, más allá del debate filológico o de las aviesas intenciones ideológicas con que se examinan las creaciones simbólicas del nacionalismo vasco? Para unos, Euzkadi es una construcción lingüística original de Arana a partir de la raíz «euzk» con el añadido de sufijo «di», que significaría abundancia de algo, con lo que Euzkadi equivaldría a ser «lugar de los vascos», mejor o peor elaborada al aplicar dicho sufijo a un grupo humano. Para otros, Euzkadi tiene su precedente en las palabras «Euskari» o «Euskaria», o al término «Euzkadia» aparecida en una poesía de 1862, incluso como deformación de la palabra «Vizcaya».

Comprendo la preocupación etimológica de unos y los ardores antinacionalistas de otros; pero a efectos de la construcción nacional efectiva y del valor simbólico de los elementos que la identifican el debate sobre la palabra Euzkadi carece de relevancia. Insisto en el ridículo intelectual del purismo, algo que también podría aplicarse a quienes no aceptan que finalmente se haya impuesto la grafía Euskadi, con s. Los símbolos no son estáticos y están a merced del desgaste y evolución en su uso. Lo de menos es que la nación vasca se denomine Euskadi o, como también se pretende por ciertos sectores, Euskalherria, que Sabino rechazaba porque solo se podría aplicar a las zonas vascófonas. La aportación cualitativa de Arana es haber dotado a este pueblo de una denominación fija y con ella un enorme caudal de confianza en sí misma para su configuración como país diferenciado e independiente. «Euskotarren Aberria Euzkadi da», Euzkadi es la Patria de los vascos, es sobre todo una declaración de autoestima.

La obsesión por el euskera Escribía Sabino: «El euskara es, pues, elemento esencial de la nación euskalduna; sin él las instituciones de esta son imposibles. La desaparición del euskara causaría irremisiblemente la ruina de aquella nación, que moriría como muere la hoja en otoño al ser privada por la naturaleza de la savia nutritiva…». La preocupación casi obsesiva de Arana por el euskera fue una de las constantes de su vida, consciente del valor de la lengua como elemento identificador de un país. Se podrán discutir algunos de sus enfoques lingüísticos, pero es innegable que su labor de proyección del euskera fueron determinantes para que la sociedad vasca tomara conciencia sobre la preservación de su lengua. Sus numerosos trabajos en torno a las etimologías, los nombres, la toponimia y la ortografía euskerica dan prueban de que su interés era más práctico que teórico.

En su actitud hacia el euskera, Sabino Arana es la contrafigura de su coetáneo y paisano Miguel de Unamuno, quien previera y aceptase la muerte del euskera como un hecho inevitable. Sabino no solo creyó que tal desaparición era remediable, sino que ese hecho se llevaría consigo a todo un pueblo. El fatalismo nacional de Unamuno, como la de otras personalidades de su tiempo, motivó a Sabino a redoblar sus esfuerzos por ofrecer un proyecto moderno de nación, que conservara sus señas de identidad tradicionales y asumiera otras, renovadas.

Nación, bandera, himno Probablemente, la ikurriña es el símbolo nacional vasco -creada por Arana junto a su hermano Luis- que mayor solidez mantiene en la Euskadi actual. La bandera se izó por primera vez en el Euskeldun Batzoki el 14 de julio de 1894. Mucho antes, Sabino ya había manifestado su preocupación heráldica al defender en su etapa de la Diputación de Bizkaia el mantenimiento de la cruz en su escudo. ¿Y por qué creyó que la nación vasca necesitaba una enseña? Porque la de Bizkaia era prácticamente inexistente y porque ante un proyecto de independencia era fundamental otorgarle un signo con mayor carga significativa.

Como las banderas no nacen por generación espontánea, sino que son diseñadas por alguien en un momento dado a partir de elementos simbólicos previos, también la ikurriña fue el resultado de una combinación de elementos: el fondo rojo el del escudo de Bizkaia, la cruz blanca simboliza a Dios y la cruz verde es la de San Andrés, con lo que se visualiza el árbol de Gernika y se hace real el lema «Jaungoikoa eta Lege Zarra», Dios y las leyes viejas. Sabino consigue así concretar lo que anteriormente no se había conseguido, en la Gamazada o las tentativas de Irurac bat (las tres en una), estrictamente vascongada, o Laurac bat (las cuatro en una) de 1859.

En una obra de teatro, La bandera fenicia, Sabino dice por medio de uno de sus personajes: «No todas las naciones han tenido bandera hasta los tiempos modernos. Todas si tuvieron escudos desde los tiempos de la Edad Media. Casi todos ellos lo han sido primitivamente de individuos particulares, de señores feudales. El de Bizkaya, en cambio, no es el escudo de sus Señores: es el de la República Bizkaina. No hay en él más que los dos lobos que representan a los Señores, y de ellos haremos caso omiso los nacionalistas cuando nos parezca oportuno, porque no somos partidarios de la forma señorial, la cual se puede abolir porque es accidental en las instituciones bizkainas, y se debe abolir porque es perjudicial para la nación».

El himno nacional fue otra de las aportaciones simbólicas de Arana. La música de Eusko Abendaren Ereserkia, himno de la patria vasca, ya existía y se trataba de una melodía popular y anónima que antiguamente sonaba como saludo a la bandera y al comienzo de los bailes. Sabino compuso una letra en la que se resaltaba la identificación religiosa de Euskadi. Hoy este himno es el oficial de la CAV, pero sin letra en razón de la aconfesionalidad de las instituciones democráticas. Este símbolo musical, originalmente del PNV, representa la intensa emoción de la patria vasca y queda como legado de Sabino Arana al proyecto de nación al que dotó de razón y de símbolos.

Por mucho que la sociedad actual parezca diluirse en una cierta iconoclastia, no hay duda de que la fortaleza de los símbolos comunes (nombre, bandera, himnos y el euskera) son un valor reconocido por la mayoría de los ciudadanos vascos y contribuyen con su sentido emocional a la consolidación de Euskadi como nación.