El gudari burgalés del Batallón Gernika

Miguel Arroyo es el último gudari superviviente localizado del grupo que participó en la segunda Guerra Mundial

Franck Dolosor

el documental Batallón Gernika, esperanza de libertad 1945-2015, dirigido por Iban González y producido por Baleuko, sigue proporcionando sorpresas inesperadas. La película narra la historia de la brigada creada por el Gobierno vasco en el exilio para ayudar a los aliados en la lucha contra los nazis que tenía lugar en Francia. La unidad militar vasca participó en la liberación de la comarca de la Pointe de Grave, en el Médoc, cerca de Burdeos. Durante los combates que tuvieron lugar en abril de 1945, pocos días antes del armisticio, cinco gudaris murieron y una veintena resultaron heridos.

Arroyo en su casa de Angelu enseña una caja en la que guardaba balas para Ordoki.Foto: F.D.
Arroyo en su casa de Angelu enseña una caja en la que guardaba balas para Ordoki.Foto: F.D.

Durante la grabación del documental protagonizado por Francisco Pérez, gudari navarro afincado en Irun, otro miembro del Batallón Gernika se sumó al proyecto: José Ramón Aranberria, Matxote, natural de Ondarroa y vecino actualmente de Getaria. A medida que el documental avanzaba surgió la esperanza de que otros miembros de la unidad o sus familias, cuyo paradero se desconocía, pudieran aportar sus recuerdos y experiencias. Y así ocurrió. El donostiarra Javier Brosa, afincado en México, contactó con los responsables del documental una vez estrenado. En otros casos han sido las familias de combatientes ya fallecidos quienes se han sumado. Gracias al documental, la familia del gudari donostiarra Antón Mugica ha conocido por fin cómo fueron sus últimos días. Con tan solo veinte años, el primer día del combate de la Pointe de Grave, falleció al pisar una mina. Sus hermanos Guillermo y Carmen tan solo sabían que desapareció en 1945 y que nueve años más tarde el Gobierno francés les informó de su muerte. Siete décadas más tarde han podido localizar y visitar la tumba de su hermano.

Hace unos días, tras una proyección pública del documental en el Museo Vasco de Baiona, un hombre de edad avanzada se levantó, y ante la sorpresa de los asistentes, explicó que la película contaba… “la verdad”. Se trata de Miguel Arroyo, nacido en Burgos en junio de 1924. “Yo estaba ahí y así lo vivimos. ¡Era soldado y fui uno de los colaboradores más cercanos del comandante Ordoki!”

A finales de los años 20 la familia Arroyo llegó a Bilbao, donde se afincó en el número 23 de la calle Uribarri. El monte Artxanda no tenía ningún secreto para un jovencísimo Miguel, que aún recuerda que dos bombas cayeron en la capital vizcaína el día del bombardeo de Gernika. En Uribarri, una casa quedó destruida y los vecinos se refugiaron en un túnel de la cercana vía férrea. Pocos días después, su madre y él subieron a un barco en Santurtzi con rumbo a Iparralde y se afincaron en Baiona. Su padre y sus cinco hermanos se quedaron en Bizkaia. Una de sus hermanas, que era comunista, se trasladó a Rusia mientras su hermano Ramón fue asesinado en circunstancias todavía desconocidas. Ochenta años después, Miguel no puede contener sus lagrimas al recordar el sufrimiento de su familia durante los años de la guerra.

En 1944 se apuntó en Burdeos junto a un amigo para combatir como voluntario en la Segunda Guerra Mundial. Las autoridades galas le mandaron a la localidad bearnesa de Caresse, donde Ordoki estaba creando la brigada vasca. Arroyo, que sigue definiéndose como apolítico, recuerda sobre todo el espíritu de camaradería que reinaba entre los miembros del Batallón Gernika.

“Los alemanes eran más fuertes porque iban mejor armados y en un primer momento consiguieron resistir gracias a sus impresionantes búnkeres”, precisa el gudari. “No sé si maté a alguno, no me acuerdo, disparas tanto que ya no sabes. Ordoki era parco en palabras y nunca hablaba de política. El sargento Carlos Iguiniz, también irundarra, siempre le acompañaba. Al principio, no teníamos buen armamento pero luego nos dieron morteros con los que pudimos destruir las posiciones alemanas en la carretera que conduce hacia Soulac. Yo siempre estaba entre los primeros hasta el final de la Pointe de Grave donde se rindieron muchos alemanes. Desde el comienzo, dos prisioneros alemanes nos acompañaron y nos ayudaban a reparar el armamento y los teléfonos”.

Arroyo salió ileso del combate pero no oculta que pasó mucho miedo. También fue testigo directo de la muerte de los gudaris Iglesias y Mugica. “Han pasado muchos años, pero me acuerdo de todos. Antonio Arrizabalaga me traía las municiones y luego pudimos llegar hasta el final de la Pointe de Grave siguiendo la vía férrea. Ahí, el ejercito francés comenzó a tirar hacia nuestra posición porque no pensaban que nadie había podido avanzar tanto”.

Miguel Arroyo es una fuente inagotable de anécdotas. Cuenta que el teniente eibarrés Andrés Prieto le castigó por haberse quedado un día más de lo previsto en Baiona con su madre. “Prieto era simpático pero quería mandar”. Y también recuerda la visita y el concierto que el célebre cantante Luis Mariano ofreció a los gudaris durante los combates en el Médoc.

Tras la liberación de Francia, el burgalés no participó en desfile del Batallón Gernika en Burdeos y tampoco en el posterior entrenamiento militar que supervisó el jeltzale Primitivo Abad en el castillo de Rotschild, en las afueras de París. “Teníamos que haber seguir luchando contra Franco pero fuimos desmovilizados”, recuerda el gudari. Las autoridades le dieron mil francos y le mandaron a Chiberta, en Angelu (Anglet). Desde allí trató de reunirse de nuevo con su familia en Bilbao, pero al entrar en Gipuzkoa fue detenido y le mandaron a hacer el servicio militar a Gasteiz. “Me consideraban como desertor, pero yo no era un asesino sino un soldado”. En los años cincuenta, Miguel consiguió la nacionalidad francesa y pasó a llamarse Michel Arroyo. Gracias a su nuevo estatus pudo volver a Bilbao a visitar a sus familiares sin temor a la represión franquista.

“No soy vasco, pero lo hice de todo corazón” aclara el gudari de 92 años, que también ayudó a varios ingleses a pasar la muga desde Iparralde hacia Gipuzkoa. “También pasé mucha información de un lado a otro. Tenía el pelo largo y escondía papeles en las orejas” dice sonriendo. Cada año, el Gobierno francés le concede una ayuda de 600 euros para agradecer su participación en la lucha contra los nazis.

Arroyo, que dirigió durante años una empresa de fontanería en la capital labortana, goza de su jubilación junto con su mujer y sus cuatro hijas cerca del puerto de Angelu, en el chalet que construyó él mismo y que lleva el emblemático nombre de La Roseraie. Un nombre simbólico, el del hospital que el Gobierno vasco en el exilio abrió en Bidarte para acoger a los heridos y civiles que huían de la Guerra Civil.

El Batallón Gernika: Principio y fin del nazismo

El próximo 7 de octubre, aniversario de la constitución del primer Gobierno vasco, tendrá lugar la presentación de un documental sobre la última unidad militar que estuvo a sus órdenes

Un reportaje de Luis de Guezala

EL Batallón Gernika tomó su nombre de la villa arrasada por las aviaciones militares alemana e italiana que colaboraron con el ejército franquista para imponer el totalitarismo durante la Guerra Civil. La villa mártir reducida a escombros fue un ensayo y demostración de cómo máquinas y bombas dirigidas por hombres sin alma podían destruir a una población entera y a sus habitantes desde el aire. Y con este nombre, referente a una de las primeras atrocidades cometidas por el nazismo en Europa, esta unidad vasca participaría en los últimos combates que acabarían derrotándolo.

import_8049451

Tras el final de la Guerra Civil en nuestro suelo y, posteriormente, en todo el Estado español, que pasaría de ser una República democrática a una dictadura fascista, la lucha por la democracia y la supervivencia del Pueblo Vasco no terminó, liderada por su Gobierno en el exilio. Primero exiliado en Barcelona y más tarde en París, el Gobierno presidido por José Antonio Aguirre mantuvo su lucha contra el totalitarismo hasta el momento en que el ejército nazi ocupó la capital francesa.

Desaparecido Aguirre, al sorprenderle la ofensiva alemana en Bélgica, otros abertzales tomaron la iniciativa de constituir en Londres un Consejo Nacional de Euzkadi para organizar la resistencia. Una de las iniciativas más destacadas de esta institución, a la que ya nos referimos en esta sección de DEIA, tras llegar a un acuerdo con el Gobierno francés en el exilio liderado por el general De Gaulle, fue la creación de una unidad de combatientes vascos encuadrada en las Fuerzas Francesas Libres: el 3er Batallón de Fusileros Marinos.

Este batallón terminó siendo disuelto por el Gobierno británico, que no admitió unidades integradas exclusivamente por vascos en su suelo por su connivencia con la dictadura franquista. Pero muchos de sus integrantes podrían formar tiempo más tarde, tras reaparecer el lehendakari Agirre y reconstituirse el Gobierno vasco, sobre territorio francés liberado de la ocupación alemana, una nueva unidad vasca: el Batallón Gernika.

El Gobierno vasco a finales de enero de 1945 realizó un Llamamiento a la juventud vasca para que se alistara para combatir al nazismo. En este texto Jesús María de Leizaola enlazaba la lucha contra el totalitarismo mantenida durante la Guerra Civil con la desarrollada en la II Guerra Mundial. Relataba cómo el mismo comandante del batallón de gudaris que formaba junto a la sede de la Presidencia del Gobierno vasco en el hotel Carlton, y que le saludaba en las primeras horas del triste día en que Leizaola la abandonaba cumpliendo la orden de evacuar Bilbao, había sido uno de los combatientes en la incursión aliada sobre Dieppe. Euzkadi, primera agredida, debe hallarse en línea en la última batalla, en la definitiva victoria sobre la antidemocracia europea. Junto a esta proclama oficial del Gobierno vasco que firmaba Leizaola en nombre del lehendakari Aguirre, todavía exiliado en América, su órgano oficioso Euzko Deya del París recientemente liberado, publicaba otro texto firmado por Un Gudari titulado ¡Gudaris! ¡Euzkadi os llama! en el que se proclamaba:

Acordaos de nuestros hermanos, caídos por la libertad tan ansiada en nuestra Euzkadi. Acordaos cómo caían unos al grito de ‘Gora Euzkadi Azkatuta’; otros al grito del ideal que sentían dentro de su pecho.

Era lo mismo que había escrito uno de estos caídos, el poeta Esteban de Urkiaga Lauaxeta, asesinado por los rebeldes tras ser capturado en Gernika: Dana emon biar yako matte dan azkatasunari: Tenemos que darlo todo por la libertad tan amada. Ahora, tras la Guerra Civil, una vez más, y lejos de Euzkadi.

Voluntarios A este llamamiento acudieron muchos jóvenes vascos de muy diversos orígenes. Gran parte de ellos fueron veteranos de la Guerra Civil que se habían refugiado en Francia o Iparralde tras su final, bastantes de los cuales habían formado parte de la unidad de fusileros marinos constituida en 1941. Otros, más jóvenes, se unieron en este momento por primera vez a esta lucha escapando de la dictadura franquista. Es digna de mención la fuga de cuatro jóvenes de Ondarroa desde este puerto en un bote a remo.

Con estos voluntarios se constituyó el Batallón Gernika, comandado por Kepa Ordoki, quien había sido oficial del Ejército vasco durante la Guerra Civil. Esta unidad estuvo integrada en el Regimiento Mixto de Marroquíes y Extranjeros, cuyo comandante era Jan Chodzko, polaco. Formaban parte del Batallón de Voluntarios Extranjeros de este Regimiento junto con el Batallón Libertad de excombatientes republicanos, muchos de ellos anarquistas aragoneses y catalanes, un Batallón Marroquí y otro Mixto. El Regimiento formaba parte de la Brigada Carnot que tomaba este nombre del alias como resistente de su comandante, Jean de Milleret.

Los combates para la liberación de Point-de-Grave comenzaron el 14 de abril y los atacantes se enfrentarían a una guarnición alemana de más de 4.000 hombres guarecidos en fortificaciones y búnkeres de acero y hormigón en gran parte subterráneos construidos para resistir fuertes ataques. Las defensas incluían todo tipo de obstáculos como zanjas, muros y terrenos minados, así como artillería de todos los calibres, desde grandes cañones de entre 280 y 320 mm. hasta medianos y pequeños en montajes dobles y cuádruples, todo tipo de ametralladoras de posición e incluso lanzacohetes de saturación del tipo Wurfrahmen 40, más conocidos como Stuka zu Fuss. Todo lo necesario para crear lo que se ha llegado a definir como el infierno en la tierra.

La aproximación de los aliados hacia la fortaleza se vio favorecida por su supremacía área, incendiando los bosques en los que se situaban las tropas alemanas. Se producía así la revancha del sufrimiento que nuestros gudaris habían padecido en nuestros bosques, incendiados por la aviación alemana de la Legión Cóndor. Las tornas habían cambiado.

Todos los combates fueron muy cruentos al darse una decidida defensa por parte de los alemanes, muy probablemente por el miedo que tenían de lo que les podía ocurrir en el caso de ser capturados. Muchos de ellos procuraron no caer en manos de los franceses, cuyo país hasta ese momento ocupaban, y se entregaron a la unidad vasca, distinguida por avanzar con la ikurriña al frente.

Los defensores sufrieron cerca de 900 muertos, muchos de ellos desaparecidos en las ruinas de las fortificaciones destruidas, y aproximadamente 700 heridos. Por parte de los atacantes los heridos rondaron el millar, contabilizándose cerca de 400 muertos. Entre los gudaris del Batallón Gernika fueron cinco los que perdieron allí su vida. Félix Iglesias, Juan José Jausoro, Antton Lizarralde, Antón Mugica y Prudencio Orbiz. Últimos gudaris caídos en el frente. Lo dieron todo por la libertad que tanto amaron.

El enemigo de la memoria no es el tiempo sino el silencio. En contra de ese silencio y en favor de su memoria y el conocimiento del significado de su lucha, el próximo 7 de octubre, aniversario de la constitución del Gobierno vasco a cuya llamada acudieron generosos, en la Gernika que dio nombre a su unidad, se estrenará un documental que servirá para que nunca olvidemos su ejemplo.

La revancha del ‘Gernika’

El batallón ‘Gernika’ tomó parte en la batalla de Medoc, para desalojar a las tropas nazis atrincheradas en este enclave aquitano

Un reportaje de Iñaki Goiogana

EL próximo martes, día 14, se cumplirán 70 años de la batalla de Medoc, una de las últimas de la II Guerra Mundial, en la que participó el batallón Gernika, una unidad militar formada íntegramente por gudaris vascos. A contadas semanas de la finalización de la contienda mundial, la participación vasca en la liberación de Medoc, la península que se extiende al oeste de la Gironda, entre Burdeos y el Atlántico, puede considerarse como la culminación de la participación vasca en el esfuerzo de la guerra.

import_7641982

En efecto, las autoridades vascas, con el lehendakari Agirre a la cabeza, consideraron desde el comienzo que la guerra desencadenada por Hitler era una lucha propia, que no solo concernía a británicos y franceses sino a todo el mundo identificado con la democracia, y entre éstos se hallaban, sin duda, los vascos. Más aún, la opinión de que la guerra civil del 36 no había sido otra cosa que un preludio de la gran conflagración mundial se hallaba muy extendida. Esta manera de entender el panorama político internacional llevó a considerar la derrota de la guerra civil como el final de una etapa, un punto y seguido en la lucha.

La II Guerra Mundial comenzó formalmente con la invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939. El 4 del mismo mes, el lehendakari hizo público un llamamiento a los vascos para que se ofrecieran, a través de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos, como voluntarios a Francia para realizar todo tipo de servicios, también militares. A diferencia de lo que ocurría en tierras polacas, primer territorio ocupado por los nazis, el inicio de hostilidades no fue paralelo a una guerra abierta en el frente occidental y durante meses la frontera franco-alemana fue testigo de la denominada drôle de guerre, una guerra de mentira. Esta fue la razón para que el ofrecimiento de Agirre a Francia solo se sustanciara en el empleo de miles de vascos exiliados en la industria de guerra. No obstante, los vascos siguieron prestando a la Deuxième Bureau, el servicio de inteligencia francés, información obtenida a través del espionaje vasco.

Éste estuvo muy solicitado durante toda la conflagración mundial. Tras los franceses, con quienes se cortó el contacto en la primavera de 1940 con la ocupación alemana de Francia, vinieron los británicos, interesados en disponer de agentes que pudieran informar sobre Francia de donde habían salido los agentes británicos a la entrada de los nazis. Los agentes vascos no solo informaron sobre el país galo, también reportaron sobre temas de interés para el Reino Unido obtenidos en España y Euskadi.

Estas relaciones entre vascos y británicos se extendieron a los estadounidenses cuando el lehendakari Agirre logró llegar a Nueva York en octubre de 1941 después de atravesar la Europa ocupada desde Bélgica hasta Suecia con prolongada estancia en Alemania. Pero antes, Manuel Irujo en Londres a la cabeza del Consejo Nacional de Euskadi, organismo creado para suplir el vacío producido por la ausencia del lehendakari, llegó a un acuerdo con la France Libre de De Gaulle para integrar una unidad militar vasca en el Ejército francés.

Sin embargo, Agirre priorizó las relaciones con los americanos y ofreció los servicios vascos a la administración del presidente Roosevelt. Estos servicios fueron de dos tipos. Por una parte, los servicios de espionaje extendidos tanto en territorio peninsular como a lo largo de Suramérica, y, por otra, la propaganda democristiana en Latinoamérica para contrarrestar la penetración nazi-fascista a través del nacional-catolicismo español. Este ofrecimiento vasco se hizo en gran medida entendiendo que tanta obligación tenían los vascos en derrocar a los dictadores Hitler y Mussolini como a los Aliados competía completar la labor democratizadora en Europa haciendo pasar a la historia las dictaduras ibéricas, especialmente la española. La dirigencia vasca, en fin, tenía puesta la vista en este futuro escenario, imaginado como un nuevo inicio, un nuevo 1931, fecha en la que se proclamó la Republica.

Unidad militar vasca

El Gobierno de Euskadi entendió que para el inmediato regreso a casa era imprescindible dotarse de una fuerza armada con el fin de que actuara como cuerpo de orden público en evitación de desórdenes. Con este fin, nada más producirse la liberación de Iparralde y el sur francés, en septiembre de 1944, Jesús María Leizaola y Eliodoro de la Torre, consejeros del Gobierno vasco, comenzaron a tener contactos con las autoridades francesas y con Kepa Ordoki para formar una unidad militar vasca, integrarla en el Ejército aliado, luchar contra los nazis mientras durara la guerra y de esta manera prepararse para su principal misión en Euskadi, la derrota franquista.

Kepa Ordoki, natural de Irun, militante de ANV y gudari que luchó en la guerra civil, logró, siguiendo las indicaciones de Leizaola y De la Torre, concentrar en la localidad de Sauveterre de Bèarn a decenas de guerrilleros vascos encuadrados hasta la fecha en unidades del maquis. Desde esta localidad bearnesa los gudaris fueron trasladados a Bouscat, cerca de Burdeos, y el 26 de febrero de 1945 se integraron en las Fuerzas Francesas del Interior. El 21 de marzo se creó el batallón de Voluntarios Extranjeros, donde, además de vascos, se incorporaron anarquistas españoles y soldados de otras nacionalidades, sobre todo italianos. Más adelante, con la incorporación de los marroquíes se conformó el 8º regimiento mixto de Marroquíes Extranjeros al mando del comandante Chodzko, un militar francés de origen polaco. A comienzos de la primavera de 1945 la guerra en Europa se estaba librando ya sobre suelo alemán. Los Aliados corrían hacia Berlín desde los dos frentes, los anglo-americanos y franceses desde el oeste y los soviéticos desde el frente oriental. Sin embargo, el rápido avance aliado sobre suelo francés tras el desembarco de Normandía del 6 de junio de 1944, había dejado atrás grandes bolsas de soldados alemanes atrincherados en las fortalezas construidas a lo largo de la costa Atlántica, desde Dunquerque hasta el Medoc. Estas bolsas resistían por el interés aliado en acabar la guerra rápidamente golpeando en el corazón de Alemania y sostenidos, en parte, por el contrabando de alimentos que les llegaba desde España.

Entre estas bolsas de soldados alemanes, las que más inconvenientes podían causar a los franceses y Aliados eran las situadas a ambos lados de la desembocadura del estuario de la Gironda, la de Medoc, al oeste, y Royan, al este. Estas fortificaciones alemanas, potencialmente, podían impedir el tráfico marítimo con destino a La Pallice, el puerto de Burdeos.

A principios de la primavera de 1945, encaminado el fin del imperio nazi, los mandos Aliados, especialmente los franceses, decidieron acabar con las bolsas de Medoc y Royan. La tarea de conquistar la pequeña península aquitana se le asignó a la brigada Carnot donde se integró el batallón Gernika. La misión de la brigada era llegar a la Point de Grave, situada en el extremo septentrional de la península, defendida por casi 4.000 alemanes y protegida por 110 blockhaus y cientos de miles de minas, además de una fosa anti-taques.

“Gora Euzkadi Askatuta!”

Los combates de Pointe-de-Grave se iniciaron el sábado 14 de abril de 1945 a las 15 horas y 35 minutos. Antes del inicio de las hostilidades, el comandante Ordoki pidió al capitán Martínez, un socialista, que dirigiera algunas palabras a los hombres: “Gudaris, estamos lejos de nuestra tierra, combatiendo por Euzkadi en contra del fascismo. Gora Euzkadi Askatuta!” Inmediatamente después, el comandante Kepa Ordoki dio la orden de atacar.

Los gudaris del batallón Gernika atacaron cerca de la denominada Cota 40, protegidos, en su flaco derecho, por los componentes del batallón español Libertad y, en el izquierdo, por soldados marroquíes. Al inicio de la lucha, las fuerzas alemanas se hallaban a 800 metros de los vascos, distancia únicamente practicable a través de un cortafuego de 10 metros de anchura expuesto al tiro y minado. No obstante, el batallón Gernika llegó a casi 50 metros de las líneas enemigas y solo retrocedió por el temor a quedar copado, al no poder sus flancos vencer la resistencia alemana y quedar, en consecuencia, retrasados.

En principio, las operaciones debían continuar al día siguiente, pero una contraorden anuló la ofensiva. En su lugar, los mandos aliados optaron por bombardear las posiciones alemanas, lo que provocó incendios en el bosque. Después de unas jornadas de descanso, a los vascos se les encomendó que avanzaran hasta Soulac. Esta marcha se realizó sin bajas pero no resultó fácil. El sol, la falta de agua, las dunas y las minas, no lo convirtieron en un paseo. El 18 de abril los vascos llegaron a Soulac localidad que, con la ayuda de la aviación y la marina, los Aliados lograron dominar así como casi todos los puntos fuertes alemanes de la zona. Solo quedaba por rendirse el blockhaus Y-33. Este punto fuerte le fue asignado al batallón Gernika pero, antes de entablar la lucha, la posición alemana se rindió. Esta no lucha a punto estuvo de tornarse peligrosa, pues los franceses, confundiendo a los vascos con los alemanes, dispararon a los primeros, pero sin causar bajas. Ese mismo día cayeron el resto de los puntos alemanes.

El batallón Gernika tuvo 5 bajas mortales: Juan José Jausoro Sasia, de Alonsotegi de 29 años, soltero y militante socialista; Félix Iglesias Mina, natural de Atarrabia y residente en Errenteria, de 32 años, casado y con dos hijos, comunista perteneciente al batallón Larrañaga; Antton Lizarralde de 37 años y ekintzaile de Durango; el jeltzale de Tolosa Antón Mugica de 18 años, y Prudencio Orbiz, guipuzcoano. Los cuatro primeros cayeron a consecuencia de los combates del primer día, en el mismo campo de batalla o en el hospital. Orbiz, en cambio, resultó muerto el 4 de abril cuando manipulaba una granada.

La historia del batallón no terminó en el Medoc. Algunos miembros del mismo fueron seleccionados para un curso de adiestramiento que recibieron cerca de París impartido por especialistas americanos. Estaba previsto que estos hombres formaran la elite de las unidades que se suponía iban a liberar a Euskadi de la dictadura franquista. Los otros miembros del batallón quedaron acuartelados y se les fueron uniendo jóvenes que huían del interior dispuestos a alistarse para la prevista lucha. Sin embargo, la caída de los dictadores Hitler y Mussolini no implicó que Franco siguiera el mismo camino. Nada más terminar la guerra mundial empezó a gestarse la guerra fría en la que, en opinión de algunos, Franco y su régimen podían tener un valor estratégico en el equilibrio de fuerzas entre Occidente y el comunismo. Los gudaris del Batallón Gernika, y del resto de unidades, lo dieron todo para solo recibir las gracias.

Con motivo de los actos de homenaje que se celebrarán los próximos 18 y 19 abril en Vendays-Montalivet en conmemoración del 70 aniversario de la II Guerra Mundial, Sabino Arana Fundazioa ha organizado un viaje a la Cota 40. Desde la Fundación se anima a familiares y amigos de los gudaris combatientes a que se sumen al homenaje.