Otxandio, ochenta años del ‘primer Gernika’

Dos pilotos fascistas bombardearon la villa ferrona el 22 de julio de 1936 acabando con la vida de al menos 61 personas

Un reportaje de Iban Gorriti

EL 22 de julio de 1936, dos bombarderos ligeros masacran la plaza de Andikona con un resultado de, al menos, 61 muertos ya registrados. Un año antes, durante la invasión italiana de Etiopía, también llamada Segunda Guerra Italo-Etíope que duró siete meses, entre 1935 y 1936 ya se dieron diferentes bombardeos aéreos. Así como, España en 1913 también los llevó a cabo en el Rif marroquí. Por todo ello, hay quien afirma que el bombardeo de Otxandio del que el pasado viernes se cumplieron 80 años fue el primero europeo desde aviones -ya que se dio alguno desde un globo con anterioridad sobre Venecia- o incluso, matizan, sobre población blanca. Esta misma semana, con motivo del trágico aniversario, el Ayuntamiento de la localidad ha decidido interponer una querella ante la Justicia argentina dentro de la causa que investiga desde ese país los crímenes del franquismo.

Era miércoles en la villa ferrona, muga con Araba. La céntrica y coqueta plaza de Andikona era uno de los lugares habituales de recreo de niños, por la fuente toscana, rematada en cruz moderna de 1899 y un canal de molino que la surcaba y, tras cuatro días del golpe de Estado de algunos militares españoles contra la legítima Segunda República, lugar donde se concentraban milicianos, soldados del cuartel bilbaino de Garellano y civiles. El municipio celebraba con incertidumbre de las noticias las fiestas patronales de Santa Maña. Mujeres lavaban la ropa. Los veraneantes “de pantalón blanco” -les distinguían los locales- ya disfrutaban del periodo estival.

En ese marco, dos Breguet Br. 19, es decir, un bombardero ligero y avión de reconocimiento, construido por la compañía francesa Breguet Aviation a comienzos de los años 1920 procedente del aeródromo de Recajo (Agoncillo, La Rioja), irrumpieron en Otxandio. Un testigo que escribió en el periódico Euzkadi como R. de G., los calificó en 1978 como “aeroplanos pequeños de sport”.

Nada hizo temer a los presentes por diferentes razones: una, porque según los testigos, muchos aún vivos, en una primera vuelta saludaban a los presentes e, incluso, “nos sonreían”, coinciden testigos. También les saludaban, a lo que correspondían.

Otra, porque portaban, según estudios de Xabier Irujo, codirector del Centro de Estudios Vacos de la Universidad de Nevada, “insignias republicanas”. El relato de Gabriel Otalora, testigo, afirma que “dieron varias vueltas” a una altura baja, “ya que casi rozaban la torre de la iglesia”. Eran alrededor de las nueve de la mañana.

Los soldados del cuartel bilbaino de Garellano habían instalado en la plaza de Andikona su intendencia, “debido a que la otra fuente de la localidad, la de Vulcano, sita en la plaza mayor, es de agua ferruginosa, no válida para cocinar”, aporta el historiador Jon Irazabal Agirre, de Gerediaga Elkartea.

La simpatía por los pilotos se tiñó en sangrienta tragedia cuando comenzaron a caer “papeles” minutos después: “pensábamos que eran papeles, octavillas de propaganda o caramelos, algo que brillaba. Piensa que nosotros entonces no sabíamos lo que era un bombardeo”, coinciden testigos de la masacre.

Un cuadro que Santi Capanaga culminó en 1964 sobre estos hechos ya es como el Guernica de Picasso en la localidad vizcaina. Los aviadores no eran republicanos, eran afectos a los sublevados contra la democracia. Para más inri uno de ellos era vizcaino, Ángel Salas Larrazabal, de Orduña, nombrado capitán general del Ejército del Aire, a título honorífico, en atención a “los méritos personales excepcionales” que concurrían en su persona, según el entonces rey de España, Juan Carlos I.

Salas Larrazabal también fue integrante de la Escuadrilla Azul española, integrada en el ejército alemán nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El otro terrorista que asesinó en Otxandio fue José Muñoz Jiménez.

Tras la suelta de bombas, el médico del pueblo José Maurolagoitia se acercó al lugar y presenció escenas dantescas de “personas despedazadas, niños mutilados, mujeres decapitadas”. Los heridos le suplicaban en euskera que les curara. El riachuelo de agua cristalina se convirtió en un reguero de sangre… y muerte.

Habla Jon Lasuen, niño entonces y referente de los testigos vivos, a sus 94 años. “Yo me salvé por unos minutos porque mi padre, que era secretario del Ayuntamiento, me mandó a comprar el periódico Euzkadi, en el que él escribía, y al regreso vi que lo habían matado, como a dos hermanos míos y tres primos. ¡Fue horrible!”, evoca.

El obispo emérito Bittor Garaigordobil fue testigo de la matanza tras haber acudido a Otxandio a oír misa: “Me estremecí al escuchar el ensordecedor estruendo de las bombas lanzadas y ver personas muertas y animales. Fue terrible y salí corriendo camino de Olaeta. Volví a mi casa de Amaitermin por el monte. No volví a misa a Otxandio; comencé a ir a Urkiola y, mira, tras estar en Ecuador aquí sigo”, evoca quien era seminarista y hoy tiene cien años.

VÍCTIMAS IMPRECISAS A ambos pilotos asesinos les felicitó por la “brava acción”, el general golpista Emilio Mola (Placetas, Cuba, 1887-Alcocero, Burgos, 1937). Ambos habían matado a al menos 61 personas registradas por el investigador otxandiarra Zigor Olabarria en Gerra Zibila Otxandion. Jon Irazabal con anterioridad había determinado la filiación de 57 personas. “Es posible que el número de víctimas fuera superior, ya que pudo haberse dado el caso de que personas trasladadas a Bilbao u otros lugares fallecieran y sus defunciones fueran anotadas en el registro civil de la localidad donde se produjo el óbito”, aporta Irazabal.

La evacuación de los heridos se produjo con ayuda de vecinos de la villa a Bilbao y Durango. Desde el Hospital Civil de Bilbao se envió un retén con los médicos Coper Abadía, Arenillas, Del Hoyo, Odriozola y Cortés. Desde Durango, acudió Legorburu. En Mañaria, atendieron Elorrioaga y Eskubi, de Bilbao, con la ayuda de practicantes de Solidaridad de Trabajadores Vascos (STV) y de enfermeras de Emakume Aber-tzale Batza (EAB).

“Ni Gernika, ni Durango, ni Coventry, ni Nagasaki pueden compararse en asesinato con lo que ocurrió en Otxandio”, valoraba un redactor que firmó como R. en el diario Euzkadi.

Por la tarde del día 22, otro avión, según anota Irazabal, se aproximó a Otxandio y desató el terror de nuevo. Pero en esta ocasión el destino no fue esta villa sino la de Bilbao, donde el aeroplano arrojó proclamas firmadas por el general Mola invitando a la población y autoridades a rendirse. La zona del frente de Otxandio volvería a ser bombardeada el 31 de marzo de 1937.

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