Torra vs Torrent

Bueno, pues ya están las dos grandes almas del soberanismo catalán donde querían los de enfrente. Cierto es que las rencillas, amén de ser inevitables por la pura naturaleza de cada formación, vienen de muy largo. Si la antigua Convergencia echada al monte y la vieja Esquerra que ha abrazado el posibilismo han llegado hasta aquí, ha sido por compartir, más que un objetivo, un enemigo hostigándoles literalmente por tierra, mar y aire. Ahora que el unionismo gobernante ha cambiado (solo de momento y por pura necesidad) las porras por las cucamonas negociatorias, las contradicciones se han agudizado hasta el punto de ser imposibles de ocultar.

Sé que los más convencidos de nuestro terruño, mis tiernos procesistas de salón, clamarán que no hay división alguna y que la meta está cada día más cerca. Que Santa Lucía les conserve la vista y San Cucufato, o sea, Sant Cugat, el voluntarismo irredento ante la evidencia. Junts y ERC o, personalizando, Torra y Torrent, están a mandoble limpio. El primero, representante a este lado de los Pirineos del expatriado Puigdemont, ha visto cómo el segundo le ha levantado la condición de diputado sometiéndose al yugo judicial del estado opresor. En términos que tanto gustan a los más encendidos e incendiados, el barbado president del Parlament ha actuado como un cipayo de tomo y lomo. Lo secretamente divertido para mi es que quienes usaban tal epíteto a todas horas forman en la actualidad sociedad de gananciales políticas con el partido que se ha bajado los pantalones. Confieso que ardo en deseos de escuchar las explicaciones de quienes viven las fantasías propias en carne ajena.

Justicia de ayer… y hoy

Conforme a lo previsto, los iluminados jurídicos de guardia cacarean que la anulación de la sentencia contra Juan María Atutxa, Gorka Knörr y Kontxi Bilbao es la prueba del funcionamiento del Estado de Derecho a pleno pulmón. No faltan los tocaentrepiernas que añaden que la decisión del Supremo no implica la inocencia de los arrastrados por el fango y ahora compensados con una palmadita en la espalda. Y como colofón, algún que otro memo con balcones a la calle tuitea que el perjuicio tampoco fue para tanto y que vaya ganas de exagerar por una inhabilitación de nada. Pena que al fulano en cuestión no le caiga mañana mismo una persecución judicial por tierra, mar y aire de la que tenga que defenderse con sus propios medios y que no pueda quitarse de encima hasta pasados tres lustros.

Todo eso, para más tristeza, rascado entre el ínfimo eco que la noticia ha tenido en lo que Xabier Arzalluz llamaba “allende Pancorbo”. En la hora de lo que debía ser la restitución de su honor, se han secado aquellos ríos de tinta y babas tóxicas que corrieron en el fragor del acoso y derribo de los tres miembros de la Mesa del Parlamento Vasco que hicieron lo que les dictaba su deber y su conciencia. Bien es cierto que a estas alturas no nos sorprende en absoluto la sordina incluso de los medios que pasan por la releche de la progritud. El asunto que se dilucidaba no es un vestigio del pasado remoto. En este preciso instante, la Brunete togada española tiene su artillería desplegada contra otra institución, el Parlament de Catalunya, que defiende su derecho, no ya a legislar, sino simplemente a debatir. La Historia se repite.

Arraiz en la tómbola

Falta la banda sonora de Marisol. La Justicia española es una tom-tom-tómbola. Pero no de luz y de color, claro, sino siniestra y sombría. Por añadidura, con trampa y cartón para llenar cuatro trasatlánticos. Los trileros de la bolita del rastro son catedráticos de ética al lado de los feriantes con toga que determinan, conforme a los que les sale de salva sea la parte —llámenle ideología, intereses personales o Razones de Estado— la suerte que corren los atribulados portadores de boletos.

En esas está ahora mismo el presidente de Sortu, Hasier Arraiz. Mañana empieza a girar su bombo en el Tribunal Superior del País Vasco, e igualmente le puede caer la muñeca chochona que el perrito Nicolás, el que mola mucho más. Aquí cambiamos de música. Toca Jarabe de Palo (esperemos que no en sentido literal) y su canción Depende. Según salga el sol de sus señorías y de las beneméritas (ejem) entidades que ejercen de acusación particular, le pueden caer seis años de cárcel y otros tantos de inhabilitación o puede evitar la trena, si bien quedando imposibilitado para desempeñar un cargo público.

Esto último fue lo que les ocurrió a las otras 35 personas juzgadas por la misma causa. A Arraiz, manda pelotas, la misma condición de aforado que a otros les sirve para marchar de rositas le puede suponer una pena más dura que a sus compañeros. Eso es una tropelía sobre la arbitrariedad fundacional que consiste en la persecución judicial de unas personas, las detenidas en Segura aquel infausto día de 2007, que ya ha quedado acreditado que trabajaban para acabar con el ciclo violento de ETA. Que sea para bien, Hasier.