Alonso mueve y gana

Para qué disimular. Quien ejecutó a Arantza Quiroga con sus propias manos es quien se queda con su herencia. Habrá que reconocer a Alfonso Alonso que allá donde otros mandan a un sicario, él ha ido de frente y por derecho a partir las piernas y el alma de la rival que le incomodaba… y con la que guardaba viejas deudas. Se pregunta uno si no lo encargó porque no se fiaba, por dar gusto a su puntín sádico o, como hay motivos para sospechar, por lo uno, por lo otro, y además, porque su ego con elefantiasis le llevaba a reivindicar la fechoría.

El episodio, entre El Príncipe de Maquiavelo y House of Cards con toques de Los Soprano, nos ofrece el retrato fiel no solo del personaje, sino de lo que prima en su partido y, si tiramos por elevación, en la política toda, que como el vino de Asunción, no es vieja ni nueva, ni tiene color. Háganme el favor de no tragarse la bola de la acción inspirada en los principios. Esto no ha ido de la sensibilidad del PP próxima a las víctimas del terrorismo imponiéndose a la corriente más aperturista o razonable. Es circunstancial que el clan de Celedón defendiera lo que ha defendido esta vez. Mañana o pasado, si cambia el viento y la fuente del poder, pueden ver a los cuatro jinetes alaveses del apocalipsis —Alonso, Maroto, Oyarzábal, De Andrés— en la bandería opuesta.

Por lo demás, es el momento del pasen y vean. Amortizado el daño de la ponencia que pudo haber cambiado las cosas, a los que no gastamos carné con la doble P encarcelada en un círculo nos queda solazarnos con el espectáculo de un partido caminando —con pie firme, eso sí— hacia su total irrelevancia.

Quiroga: valió la pena

Rivales, enemigos… y compañeros de partido. Capri c’est fini, game over para Arantza Quiroga, enésima víctima de los cuchillos aleados en la propia forja y empuñados por las mismas manos que no hace tanto le regalaban —ella no podía saber que era a crédito— caricias, guiños dizque cómplices y otras cucamonas de aluvión. Demasiados Brutos como para reprocharles la deslealtad de uno en uno. Como espectador del psicodrama, confieso mi sorpresa ante la gelidez de algunas actitudes. ¿Era necesaria semejante crueldad con quien ya se debía de saber tocada y a punto de hundir? Porque… se sabía, ¿verdad? ¿O será, acaso, que aquel jueves de dolores, nadie salvo una que lleva ese nombre, marcó su teléfono para echarle una gota de árnica a la herida o, siquiera, para preguntarle cómo llevaba la digestión del sapo? Vi el otro día en un documental que el olor a escualo muerto ponía en fuga a manadas de tiburones. Pues tal cual, oigan.

Daría una peseta con la efigie de Franco joven por los pensamientos mejicanos de Antonio Basagoiti, cuyo dedo invistió a la ahora caída en desgracia. Y añado a la puja un duro como los de los tanguillos de Cádiz por las cavilaciones de la propia interesada, aunque puedo imaginarme que se parecen un potosí a la letra de Yira-Yira: Aunque te quiebre la vida, aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda, ni una mano, ni un favor. Por si sirve de consuelo, y aun sabiendo que quizá un futuro giro de puerta haga innecesarias mis palabras, le diré que lo que ha provocado estas horas amargas merecía la pena. Me alegra oír de sus labios que una y mil veces volvería a hacerlo.

Los p… vascos

Era de manual. Conforme se acercara la hora de echar la papeleta en la urna y las encuestas le mostraran al PP alavés que el culo le va oliendo a pólvora, habría que sacar de la bodega un nuevo bidón de gasolina. No resultaba difícil averiguar cuál, y menos, siendo jefe de la campaña un tipo como Iñaki Oyarzábal, al que nunca se le han dado bien ni las matemáticas ni las sutilezas. Ande o no ande, exabrupto grande. ¿No parece que al munícipe de los récords cutretortilleros le está saliendo medio bien, con sus cosillas, la jugada de los p… moros? Pues a qué estamos esperando para que el otro Javier, el que manda sobre más territorio pero vende menos escobas mediáticas, empiece a ciscarse públicamente en lo p… vascos —léase naturales de Bizkaia y Gipuzkoa— y en su p… idioma, el euskera.

Dicho y hecho. Allá que se plantaron en un pepetoqui los mentados De Andrés y Oyarzábal, con el metáforico pelucón rizado de Pablo Mosquera y la imaginaria falda de cuero de Enriqueta Benito, a vomitar bilis victimista sobre los malvados vecinos y su bárbara lengua de imposición. Si los de las pateras roban las ayudas sociales a los propios del lugar, los que llegan en BMW (como poco) desde el norte arramplan con los curros chachis de los locales. Palabrita del Diputado General: “[Los vizcaínos y los guipuzcoanos] vienen a quitar los puestos de trabajo de aquí porque [en Araba] hay menos euskaldunes y eso supone una barrera enorme para que los alaveses puedan acceder a la Administración”.

Y esa es la versión más dulce. El resto de las intervenciones tuvieron aun mayor octanaje. Creen que sembrar odio da votos.

Esperando al PP

La pregunta del momento o, como poco, una de ellas: ¿Qué va a hacer el PP ante el balón del fin de la violencia que, por más que se empeñe en despejarlo a córner, volverá a su tejado una y otra vez en cuanto toque pelo gubernamental? ¿Tomará el regalo —un tanto envenenado, de acuerdo— y posará con él bajo el brazo para la posteridad, donde sólo quedará un gran titular y los detalles menores se irán desintegrando con el paso de las generaciones? ¿Se dejará guiar por los cantos de las hienas cavernarias para las que la sangre es infinitamente más rentable que su ausencia? Visto el proceder en los últimos años de la formación que fundó Manuel Fraga, hay más motivos para temer lo segundo que para confiar en lo primero.

A pesar de esa evidencia certificada con toneladas de palos en las ruedas, y probablemente porque ya hemos visto ocurrir acontecimientos por los que no dábamos un duro, esta vez parece que llega desde el nido de la gaviota algo que no huele a inmovilismo y cerrazón. Son apenas detalles sueltos, amplificados tal vez por nuestras propias ganas de ver lo que deseamos. Basagoiti ahorrándose dos o tres exabruptos del repertorio habitual, Oyarzábal asegurando que su partido sabrá arriesgar por la paz, Rajoy desafiando la ira del búnker al repetir que el comunidado de ETA fue una gran noticia… Y aún algo más valioso: las palabras ilusionadas y valientes en el plano corto de muchos militantes que sólo esperan una señal para pronunciarlas con luz y taquígrafos.

Decía Arnaldo Otegi que a la izquierda abertzale le costaba maniobrar porque es un transatlántico. Como apuntó Jone Goirizelaia en Gabon hace unas noches, el del PP debe de ser un barco todavía más grande. Para colmo, añado, en su tripulación hay remeros —Aguirre, Pons, Mayor Oreja— que no están dispuestos a bogar hacia el Cabo de Buena Esperanza. Todo depende, si de verdad lo es, del piloto. ¿Se atreverá a virar?

De San Gil a Basagoiti

No se pierdan la pelea en el barro del momento. María San Gil, inmaculada mártir del mayororejismo sacrificada en el altar de una presunta renovación que nunca llegó, emerge de entre las tinieblas a las que fue confinada y clama venganza contra quien la acuchilló -eso dice- por la espalda con saña y reiteración. El señalado, de nombre Antonio y apellido Basagoiti, temblequea ante el espectro y alcanza a balbucir que no tiene ninguna intención de criticar a su predecesora. Un segundo después, con la coherencia y el respeto a la palabra que lo caracteriza, la acusa de haber sido cicuta para el electorado: “Con ella el PP perdía votos a espuertas”, asegura el que como candidato a lehendakari obtuvo el peor resultado de su partido desde tiempos de Iturgaiz.

Es lo que tienen los bloques monolíticos, que en cuanto rascas con una moneda de cinco céntimos, quedan a la vista todas las grietas y las cuentas pendientes. Los principios morales insobornables se revelan como un barniz de aliño para disimular el fulanismo mondo y lirondo. De un rato para otro, quien era sacada bajo palio y sumisamente lisonjeada se transforma para los mismos porteadores y halagadores en una resentida que sólo busca “hacer publicidad y vender libros a costa de criticar a sus propios compañeros”.

Eso dijo Iñaki Oyarzábal ayer en Radio Euskadi, y añadió para asombro de propios y extraños que el actual PP del País Vasco pretende ser una formación “mucho más pegada al terreno, defensora de nuestro autogobierno y de la cultura vasca”. ¿Con qué microscopio hay que mirar para ver eso? Si sólo hubiera tres quintos de verdad en tales palabras, tendríamos muchos metros ganados en el camino de la normalización. Lamentablemente, a fecha de hoy, la diferencia entre el partido de San Gil y el de Basagoiti es que el segundo es más ocurrente en sus filípicas e invectivas. En lo básico, ni el discurso ni la actitud han cambiado.

Jaque a las ikastolas de Iparralde

A estas alturas, año y pico después de que Patxi López y Antonio Basagoiti se constituyeran en lo que este último llamó “pareja de hecho”, se entera el PP de que el gobierno que sostiene destina un puñado de euros a echar una mano a las ikastolas de Iparralde, vade retro. Sorprende el despiste de los de la gaviota, porque la subvención se anunció con luz, taquígrafos y hasta fanfarrias, mayormente para que se viera que los nuevos ocupantes de Lakua también tenían su corazoncito vasquista. Ha tenido que venir el diario El Mundo en plan acusica para que los populares se cayeran del guindo y montaran la escenita correspondiente.

Sorpresa sobre sorpresa, llama la atención aún más que haya sido Iñaki Oyarzábal, que no suele mostrar la inflamada vena rojigualda que caracteriza, por ejemplo, a Carlos Urquijo o Santi Abascal, el ejecutor del rasgado de vestiduras. Entre aspavientos y clamando por la traición al sacrosanto “acuerdo de bases”, el ideólogo de la política Pop de su partido ha dicho que esas ayudas sólo sirven “para formar la estructura nacionalista al otro lado del Bidasoa”. Seguramente ignora el fan de Pignoise que uno de los que las celebra con más intensidad es su correligionario Max Brisson, cuya militancia en la UMP -sí, el partido de Sarkozy- no le impide ser el presidente de la Oficina Pública de la Lengua Vasca. ¿Será un furibundo abertzale infiltrado? Resulta poco verosímil.

Adiós a las ayudas

No creo que mintiese Idoia Mendia cuando aseguró que el sustento parlamentario del Ejecutivo López estaba al corriente de todo. Simplemente, lo daba por hecho porque, como hemos dicho, la noticia tuvo amplia difusión. Tampoco me parece lo más destacable de las palabras de la portavoz. Los sustantivo está en el anuncio que le tocó hacer, curiosamente, a una de las personas con mayor sensibilidad euskalzale del actual Gobierno: sólo habrá dinero para las ikastolas de Iparralde si sobra algún pico por ahí -y ya sabemos cómo de apretados van los cinturones- y, en cualquier caso, el grifo se cerrará en 2013.

Cabe la reacción voluntarista -¡Bah, para entonces habrá otro inquilino en Ajuria Enea!-, pero no creo que eso tranquilice mucho en Seaska. Hay decenas de proyectos millonarios comprometidos que encallarán si no llega la ayuda del sur. Y peor que eso: va a ser muy difícil, si no imposible, mantener lo que se ha ido consiguiendo en los últimos años, que ha sido menos de lo deseable pero más de lo imaginable. ¿Nos importa algo por aquí abajo? Ojalá sí y busquemos cómo impedirlo.