El machirulo Monedero

Entre las mil y una imágenes que nos han dejado estos días alucinógenos de vuelco gubernamental inopinado, hay una que no deberíamos pasar por alto. Quizá se considere que solo es una anécdota dentro de la vertiginosa trama de la moción que no iba a salir y salió, pero, al contrario, para mi es toda una categoría que explica parte de las grandes mentiras que pretendemos creernos a pies juntillas porque suenan chachis.

Les hablo del instante en que, terminada la votación y consumada la derrota del ejecutivo de Rajoy, el caballito blanco de Podemos que atiende por Juan Carlos Monedero abordó a Soraya Sáenz de Santamaría. Consciente, como buen farandulero que es, de que los focos y las cámaras le apuntaban, agarró por los hombros a la ya exvicepresidenta, y le espetó lo mucho que se alegraba de la caída de su gobierno. De entrada, sobra la superioridad moral y el pésimo saber ganar de quien, por otra parte, además de ser un puñetero outsider de la formación que fundó, viene a anotarse el tanto del líder de un partido ajeno. Sin embargo, no es eso lo peor. Lo verdaderamente vomitivo es el machirulismo paternalista del gesto. ¿Con qué derecho pone sus manazas sobre Sáenz De Santamaría y las mantiene ahí, pese a la evidente incomodidad de quien ve invadido su espacio íntimo?

No niego que haya habido un cierto revuelo al respecto. Sin embargo, todos sabemos que si las ideologías de los protagonistas de la imagen estuvieran invertidas, habría ardido Troya. Ni de lejos ha sido así. Imaginen, por ejemplo, a Rafa Hernando manoseando a Irene Montero. El silencio de las y los más beligerantes clama al cielo.

Lo próximo, el yate

“No es un plebiscito sino un Pabloscito”, definió con gracejo y conocimiento del paño el portavoz crítico de Podemos en el Parlamento de Navarra, Carlos Couso. Y tal cual, oigan. El Juan Domingo y la Evita antes de Vallecas y ahora de Galapagar han salido bajo palio de su referéndum de la señorita Pepis, presumiendo, como si fuera algo de lo que enorgullecerse, de ser los únicos dirigentes del universo que han sometido sus caprichos burguesotes a la consideración de sus fieles. Y ha salido que sí, que sí y que más sí, a tal punto que si los cuestionantes lo llegan a saber, habrían aprovechado para preguntar por el yate, el Lamborghini y la tiara de diamantes que vendrán.

Con gran tino escribió Alberto Moyano que este episodio chusco no iba sobre la credibilidad de Iglesias y Montero sino sobre la credulidad de sus seguidores. Júzguese: un 68 por ciento de los que han pasado por la urna virtual creen que no hay contradicción en comprarse un chalé después de haber jurado a grito pelado que jamás dejarían su casa ni su barrio de siempre. ¿Por qué les aplaudieron a rabiar entonces? La respuesta es un beeeeee que cruza Madrid de la sierra al extrarradio o viceversa.

Claro que para quien no guste de la papilla oficial, quedan algunas interesantes consideraciones. Por ejemplo, qué implica que uno de cada tres participantes en la fiesta privada de la democracia podemosa se haya pronunciado por la dimisión. O ya que nos metemos con la cosa de los números, estaría bien explicar qué pintan 400.000 afiliados a una organización que sistemáticamente pasan de los procesos internos. Ah, ya: nueva política y tal.

Chaleteros

Confieso que he estado mordiéndome las teclas hasta ahora. Estas, digo, las de la columna, porque en ese desfogadero llamado Twitter ya he soltado un par de cargas de profundidad sobre el folletón del chalé que se han agenciado en Galapagar los que juraban —o sea, perjuraban— que nunca vivirían, vaya por Marx, en un chalé. No tenía la intención de pasar de ahí, pero la espiral de circunstancias y declaraciones psicotrópicas en que ha derivado el asunto me impide mantener por más tiempo la abstinencia.

También es verdad que no sé decirles qué es lo que más me desconcierta, cabrea o aluciflipa de todo el episodio. Quizá, que los superiormente morales nos riñan porque se supone que esta es una cuestión menor que no incumbe más que a los propietarios del casuplón. ¡Nos ha jodido el 50 aniversario de mayo del 68 con las flores! Menuda puñetera manía de dictarnos lo que es noticia y lo que deja de serlo. Si tan chorrada es, no se entiende que los émulos (ex)vallecanos de Juan Domingo y Eva Perón hayan montado un plebiscito para que su disciplinada grey avale sus querencias burguesotas. Qué bochorno, a todo esto, la sumisión perruna exhibida por los que saben que el que se mueve no sale en la foto. ¡Con lo feroces que son cuando los que incurren en fuera de juego son otros! ¿Será aplicable aquí lo de no morder la mano que te da comer que tanto les gusta balbucear a los monopolizadores de la dignidad planetaria?

Por lo demás, menuda guasa que dos de los seres tenidos por la hostia en verso de la politología no fueran capaces de oler la zapatiesta que se montaría por dar rienda suelta a sus caprichos.

La conjura de los necios

No damos abasto para tantas palomitas como necesitamos. Quién nos iba a decir que uno de los capítulos más descacharrantes de la cifuentada lo protagonizarían los que pretenden quedarse con la silla de la trajinadora de másteres chungos. El reparto del gag cómico con ínfulas de intriga de alta política lo ha encabezado Carolina Bescansa en el papel de autora intelectual de la conjura de andar por casa contra el Jefe del Soviet Supremo. A Íñigo Errejón no queda muy claro si le tocaba hacer de colaborador necesario del jaque o de primo pringado al que meten por medio y acaba pagando el pato. Y Pablo Iglesias hacía César en los Idus de marzo, solo que esta vez Bruto no solo no le atinaba con el puñal, sino que se lo clavaba en el plexo solar propio al tiempo que le daba un tajo al mentado Errejón, que ha salido airoso, dicho sea de paso. El Padrino le ha perdonado el desliz.

Como solía echarse las manos a la cabeza Julio Anguita, aunque él mismo lo practicara con contumacia, la enésima muestra del cainismo ancestral de la izquierda, siempre y cuando consideremos izquierda a Podemos, dado que sus fundadores se hartaron de repetir que no eran “ni de izquierdas ni de derechas”. Eso aparte, las formas han sido un despiporre. Hace falta ser muy torpe (¿o muy maquiavélico?) para difundir urbi et orbi el plan ultrasecreto del complot acompañado de apostillas que son casi más ofensivas que el mismo acto de traición. Fuera de concurso, claro, la cobardía de atribuir la cantada al equipo reclutado para la conspiración contra el amado/odiado líder carismático. Y ahora que lo menciono, caigo en la cuenta de que no es descabellado pensar que el tipo en cuestión esté detrás del psicodrama.

Lavapiés blues

Es rigurosamente cierto que fue una agencia de prensa, citando fuentes oficiales, la primera que distribuyó la noticia de la muerte de un mantero en el barrio madrileño de Lavapiés cuando huía de una redada policial. También lo es que, de acuerdo con los usos y costumbres de este oficio cada vez más venido a menos, varios medios hicieron suya la información, la colocaron en sus webs y la difundieron a través de sus cuentas de Twitter. Hasta ahí, los hechos que señalan la responsabilidad original por lo que vino después.

Ocurre que también responde a la verdad que, sin aguardar nada parecido a una confirmación y ni siquiera tratar de recabar algún dato más, varias personas de las que se esperaría una cierta prudencia, se lanzaron de cabeza a los teclados a aventar la especie. Como es de imaginar, no se quedaban en la reproducción monda y lironda del titular, sino que añadían, de su cosecha, toda la casuística que faltaba. Los culpables, cómo no, el capitalismo y la brutal represión policial. No dejaba de resultar abracadabrante que la cuenta oficial de Ganemos Madrid, el grupo que gobierna en Madrid y cuya policía local era señalada, bramaba: “Urgente terminar con cualquier tipo de violencia policial y depurar responsabilidades”.

Claro que lo grave viene después, cuando se descubre y se documenta que el ciudadano senegalés murió en circunstancias que nada tenían que ver con ninguna persecución. No solo no se paró el bulo inicial, sino que se insinuó que esta versión, la real, era un invento. Eso, mientras la excusa falsa provocaba que se destrozara un barrio humilde. Pero a esos pobres que les den.

Gaspar contra el Cupo

No era suficiente con el cada vez más crecido figurín figurón naranja. Ni con los susánidos de las Caciquelandias Bética y Penibética. Faltaba para el duro centralista ese gran reventador de todo lo que toca que atiende por Gaspar Llamazares. De fracaso en fracaso hasta la hostia final, el médico a palos que se cargó Ezker Batua antes de convertir en excrecencia de alquiler a Izquierda Unida Federal funge ahora como portavoz de su grupúsculo en la Junta General del Principado de Asturias, es decir, el parlamento de aquellos lares. Su penúltima hazaña en calidad de tal ha sido sacar adelante una proposición que abre la puerta, ojo al dato, a que el gobierno regional denuncie la última actualización del Cupo vasco ante el Tribunal Constitucional. El Convenio navarro parece que se libra. Tósanle al Rasputín natural de Logroño.

¿Con 5 de los 45 escaños? ¿Cómo ha sido posible? Sí, eso tiene también su miga. Sumen los 3 de Ciudadanos y los 9 —oh, sí— de Podemos, descuenten la abstención vergonzante de la mayoría socialista (14), y les salen los números de la tiña. PP y Foro Asturias votaron en contra, lo cual no deja de componer un peculiar retrato.

Como de costumbre en estos casos, la justificación del berrinche es la vaina de la insolidaridad y los privilegios. Hay que tenerlos blindados para salir por esa petenera desde el lugar al que se le ha venido sufragando el acero y el carbón a precio de caviar iraní. Una pena, que el capo sindical Villa ya no esté —eso dicen— en condiciones de responder por la lluvia de millones a cambio de la paz social y los votos. Es lo que tiene que nos conozcamos tanto.

Nuevo viejo Sánchez

Decía Einstein (o a lo mejor no, pues la mitad de las citas que le atribuyen son falsas) que la estupidez consiste en hacer las cosas siempre igual y esperar un resultado distinto. Anóteselo el artista del trapecio político anteriormente llamado Ken Sánchez que tras una serie de vicisitudes prodigiosas atiende por Pedro. Lo que habremos glosado todos su épica victoria sobre el aparato socialista, para que su primera determinación tras recobrar el mando sea, como quien dice, volver a la casilla de la salida. No son los periódicos de hace quince meses sino los de ayer los que cuentan que su fórmula infalible para sacar del gobierno a patadas al PP pasa por sumar a los escaños de su partido los de Podemos y Ciudadanos. Y en una réplica exacta de lo ocurrido aquellos días, cuando se le apunta que morados y naranjas no irían juntos ni a cobrar el bote de la Primitiva, el tipo no se da por aludido y responde que a él no le detiene una menudencia.

Si este era el rojo sin complejos que nos habían anunciado, que baje Marx (o aunque sea, Largo Caballero) y lo vea. Caray con el nuevo viejo Sánchez, que tras la brillante recuperación del mando en la plaza de Ferraz saca el recetario que ya se ha probado fallido. Si sumamos lo de la plurinacionalidad de solo la puntita y soberanía única e intocable para resolver la bronca territorial —lean Catalunya y los que vayamos después—, la cosa empieza a oler a Lampedusa que echa para atrás. Cambiemos todo para que nada cambie. Eso sí, con Margarita Robles como portavoz en el Congreso. Quién mejor que quien rompió la disciplina de voto para imponerla a sus compañeros.