La Colegiata de San Pedro de Cervatos, la fórmula medieval de enseñar la religión

En el Camino de la Montaña, en las cercanías de Reinosa, se encuentra la Colegiata de San Pedro de Cervatos, una maravilla del románico, que guarda una valiosa iconografía erótica, además de monstruosos engendros, animales y frutos; esta era la fórmula ideada por la Iglesia para enseñar y «hacer ver» a los católicos del siglo XI las lecciones de religión. En las diferentes partes del templo se pueden contemplar escenas sensuales —algunas repetidas en el arte románico—, como el acto de una mujer cuyos pechos son mordidos por dos reptiles y otras secuencias en los capiteles mostrando figuras humanas exhibiendo el miembro viril u otras posturas que personifican los siete pecados o vicios capitales como la lujuria, la gula la avaricia o la pereza. Es la fórmula para reflejar la lucha entre el Bien y el Mal mediante un mensaje descomunal, pedagógico y evangelizador para las gentes del siglo XII. Esta era la «receta» para que los cristianos superasen las tentaciones en la vida terrenal y, así, lograr la vida eterna. 


Aunque no sólo se observa la temática sexual de muchos de los canecillos en la Colegiata de Cervatos. También encontramos evidencias con representaciones de oficios y vagabundos como las de un saltimbanqui, un contorsionista, un ser con cabeza de cabra, un músico con arpa y otros sonando un cuerno, además, de hombres con toneles de vino, bebedores, sujetos comiendo y con cabeza y boca gigantesca. Todo un catálogo de mensajes sobre lo que es el bien y el mal.

Incluida la presencia del apóstol San Pedro, con las llaves del cielo, en la entrada indicando que sólo podrán entrar en la gloria aquellos que se encuentren libres de pecado

La Colegiata de Cervatos se encuentra en un cruce de caminos —la calzada romana de Juliobriga pasaba por allí— por el que atravesaban, no sólo los peregrinos, sino que, también, muchos comerciantes y buhoneros, pues Cervatos era en la Edad Media un ancestral paso obligado entre la Meseta y Cantabria, a través del puerto del Pozazal, en el tramo palentino y los valles pasiegos cántabros. Posiblemente, por estas circunstancias, los mensajes de las esculturas encontraban un público mas receptivo a las comunicaciones cristianas.

Inicialmente, fue un monasterio habitado por un abad y sus canónigos, que adquirió su máxima gloria cuando Doña Urraca y Alfonso VII cedieron numerosas posesiones a la abadía, la cual se convirtió en una de las más importantes de la región. Luego, siglos más tarde, fue quedando en el olvido paulatinamente.

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