Ver asesinatos en horario de oficina

Pónganse en situación. Están ustedes en una fiesta de Halloween, disfrazados, pongamos por caso, de cadáver político o de fantasma del paro y, de repente, ven arder a uno de los invitados. Tienen dos opciones: intentar apagar las llamas o quedarse de brazos cruzados. Y esto último es lo que hicieron los asistentes a la tétrica party celebrada en Los Ángeles: contemplar al sujeto en combustión, convencidos de que se trataba de una broma. Para cuando se percataron de que aquello no tenía ni pizca de gracia, ya era demasiado tarde. Yo lo flipo. Un hombre echa humo en sentido literal y a nadie se le ocurre enchufarle, por si las moscas, con el extintor. ¿Que luego se cabrea porque les has pifiado los efectos especiales? Pues le dices que hubiera pedido muerte.

Es como los vídeos de niños chinos que tienen cierta tendencia a quedarse atascados entre dos paredes. Uno se pregunta quién demonios capta impasible las imágenes. Porque tú te encuentras a un crío envasado al vacío entre dos tabiques y no te da -espero- por sacar el móvil para grabarle. La peña está inmunizada. Visiona vídeos de asesinatos en horario de oficina, después de echar un vistazo al tiempo y leerse la crónica del Athletic. Luego ve a un indigente tirado en la calle y no le da por comprobar si respira, no vaya a ser que le pida un cigarrillo. O escucha unos gritos en el piso de al lado y sube el volumen de la tele. Si eso, ya dejará una tarjetita en la urna de la iglesia cuando se tope con la esquela en el portal.

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