Pepe por su casa

Vale que hay qu pagar una fianza por alquilar un apartamento en verano, aunque joroba que, como con el canon de la SGAE, desconfíen de uno por adelantado, pero ¿quién protege al veraneante de los arrendatarios tronados? Porque hay algunos de juzgado de guardia. Como Pepe, que tiene inventariados en el contrato desde las pinzas de la ropa hasta los armarios empotrados. ¿Pero por quién nos ha tomado? ¿No ve que llevamos el coche petado de juguetes de playa y por mucho que queramos no nos caben en el maletero ni su taza de váter ni su escobilla de baño? ¿A qué clase de chorizos ha tenido alojados en el pasado?

El día que nos entregó las llaves llevaba un traje de Esteso y Pajares que ya hacía presagiar algo raro. Por los solapones, porque era festivo y porque hacía 35 grados. Tras pedirnos que le regásemos las plantas -a nosotros, que se nos chamuscan hasta los geranios-, nos anunció por sorpresa que tenía el piso en venta y que volvería para enseñárselo a unos rusos a las cuatro. O sea que lo del inquietante chaleco de satén era para impresionar a los eslavos.

En apenas cinco días han pasado por mi cuarto tres familias alemanas, unos señores de Cuenca y cuatro parejas de franceses jubilados. Al principio resultaba violento, pero una se va acostumbrando. Ayer aprovechó la visita para traer unas mantas y llevarse un macetero y hoy amenaza con venir a arreglar un enchufe estropeado. Como si no hubiese tenido tiempo el resto del año. Anda como Pepe por su casa.

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