Ab(s)orto

Así se ha quedado el personal, pasmado, al conocer que la malformación del feto ya no será un supuesto para interrumpir el embarazo. Inexplicable, más si cabe, cuando se escucha al ministro de Justicia tratando de explicarlo. «Los discapacitados deben tener exactamente los mismos derechos que el resto de los españoles», clama Gallardón. Pues van dados. Porque del «resto de los españoles», unos cinco millones y medio, para ser más exactos, por no tener, no tienen ni derecho al trabajo.

El PP, como no podía ser de otra manera, ha aplaudido la propuesta porque defiende a «los más débiles». Si quieren proteger a los débiles, servidora les puede presentar a unos cuantos. Solo tienen que decir qué prefieren, si un parado de larga duración o un desahuciado, si una familia bajo el umbral de la pobreza o un pensionista sin opción a ser rescatado, si un inmigrante con sida a punto de quedarse sin tratamiento o un indigente alcoholizado. El abanico es muy amplio. Y eso, al ladito de casa. Que si te vas al Cuerno de África, te los topas sin necesidad de buscarlos.

Vamos, que si quieren convertirse en los superhéroes de los más desfavorecidos, tienen en la Tierra suficiente trabajo. En vez de empeñarse en que se desarrollen embriones con graves anomalías, podrían dedicarse a garantizar el bienestar de quienes ya las padecen. Muchos viven sin vivir en sí, para sufrimiento propio y de sus abnegadas familias, y eso, por mucho que se empecine el ministro, no es vida.

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