Amazinger Zeta: ¡Niños fuera!

La cría ha vuelto hoy al colegio nerviosita perdida. La culpa la tiene el cuento que le leí anteanoche. En el primer capítulo Milly y Molly empezaban las clases y me pareció ideal para motivarla. Lo que no sabía era que unas páginas más adelante la palmaba Jaime, un compañero de clase. Así, sin previo aviso. Total, que me hizo un carro de preguntas y yo me acordé de la autora del libro y de su santísima madre.

Para más inri ayer le probé la bata y le quedaban las mangas por el antebrazo, estilo años 60. A mí me gusta, pero el padre de las criaturas dice que se va a poner perdidos los puños de las camisetas, que el Oxi Action está por las nubes y que él está harto de frotar. Vamos, que sale más a cuenta, como diría mi madre, comprarle otra. La niña, que no ponía objeción alguna a la amantala vintage, decía, en cambio, que le daba hache ir con la mochila de los pitufos, que es de pequeños y que ella quiere una de las Monster High.

Con semejante gabinete de crisis montado en la cocina, mientras el pequeño me escupía puré a la cara, eché mucho de menos tener un campo de tiro como el que Brad Pitt le ha regalado a Angelina. Más que nada para aliviar tensiones. Seguro que también venían a disparar los aitites, que han empezado a dormir vestidos, con el smartphone bajo la almohada, por si les llamo y tienen que saltar de la cama al aula. Hoy, al dejarla en la fila, he respirado aliviada. Y, por un momento, será porque es de mi quinta, me he sentido Mazinger Z, gritando ¡niños fuera!

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