PAIRATZEA “me la trae al PAIRO” esapidea

Hizkuntzen arteko gurutzatze bitxi bati zor diogu jarraian kontatuko dizuedana.

Hainbat arazo PAIRATZEN ari naiz azken boladan eta ez nik eragindakoak. Baina, zorionez, gauzak zuzentasunez eta zilegitasunez egiten egotearen sentsazioarekin nago. Hau da, neurri handi batean, “me la trae al PAIRO” nola amaituko diren problema horiek guztiak.

Eta jarrera filosofiko horretaz ari nintzela, hausnartu bitartean, bitxikeria linguistiko bat etorri zitzaidan burura. Bitxia, polita eta jakingarria. Horregatik otu zait zuekin partekatzea.

Pairatu darabilgunean euskaraz, ‘jasan’ ‘sufritu’ esan nahi dugu edo, zehatzago izanda, ‘ezbeharrak, kalteak, minak eta kidekoak sentitu edo bizi; ezbeharra, kaltea edo gogoko ez dena amore eman gabe edo etsi gabe eraman’. Horrela dio behintzat Euskaltzaindiaren Hiztegiak.

Hitz hori Ipar Euskal Herrikoa da jatorriz, nahiz eta azken urteotan oso hedatu den Euskal Herri osora euskara batuaren bitartez. Sorburua, Gaskoinian mintzatzen zen hizkuntzan [okzitanieraren dialekto bat] dago, pairar aditzean, hain zuzen ere. Bere esanahia, euskaraz bezala, ‘egoerari eustea’, ‘ezbeharra jasatea’, ‘pazientzia izatea’ da, azken finean.

Eta gaskoizko iturri horretatik ere hartu zuen gaztelaniak, itsasoan marinelek egiten zuten maniobra berezi bat izendatzeko: pairar. Hau da, «dicho de una nave: estar quieta con las velas tendidas y largas las escotas» (RAE). Marinelen liburuetan, halaxe dago deskribatuta: «mantener la posición respecto al fondo. Cuando hay temporal significa mantenerse proa al oleaje con poco trapo (poco velamen), a fin de compensar el efecto de abatimiento». Hobeto hitzez hitz ematea, ezagutzen ez dudan esparru batean ez okertzeko.

Eta “ponerse al pairo” hori berori da: itsas korronte bat dagoenean, belak egoki erabiliz, ontziak ez egitea ez aurrera ez atzera, hots, oreka edo geldiune moduko batean jasatea. Horretatik ere, pertsonei buruz ari garenean, “estar, quedarse… al pairo” da ‘estar a la expectativa, para actuar cuando sea necesario’. Bestela esanda, erabaki bat hartu aurretik, hausnartzen eta aukera ezberdinak baloratzen gaudenean.

Ez dakigu zehazki nondik datorren azken boladan hedatu den “me la trae al pairo” baina “me la trae floja” edo antzekoetatik ez da urrun ibiliko.

Eta ez dago besterik. Beraz, bizi pazientziaz, ezbeharrak duintasunez jasaten… pairoan egon… baina, mesedez, ez pairatu hitz horrek sufritzearen adiera baldin badu.

 

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¿Por qué son IJITOAK nuestras GITANAS?

«Cuando se tenía noticia de que algunos gitanos habían llegado al pueblo, corríamos a esconder las gallinas y otros animales en la cuadra porque andando ellos era seguro que te iba a faltar alguna». Políticamente incorrecto, sin duda. Pero eso contaba mi madre hace un tiempo, probablemente repitiendo los miedos que se habían escuchado y aprendido de generación en generación.

No sé ni a cuento de qué salió la conversación. Aunque sí recuerdo que estaba llenando los últimos botes de pimientos mientras mi padre, en perfecta armonía y sincronización, preparaba el caldero en que cocerlos. También este invierno se prometía feliz.

«No era conveniente hablar con ellos —añadió— porque para cuando te habías dado cuenta, ya te habían engañado».

Sin entrar a valorar cuánto tienen esas afirmaciones de falso mito o de realidad, se me ocurrió añadir que el gitano es un pueblo “un poco truhan” desde que los conocemos pues hasta su denominación es fruto de un engaño: me refiero a la palabra “gitanos” en castellano e “ijitoak” en euskera.

Tras dar cuatro pinceladas para explicarlo, mi pareja, que por allí andaba, me sugirió que lo publicase en el blog porque ella lo desconocía y le pareció curioso. Así es que allí vamos a destripar el misterio de por qué se llaman así.

Hoy en día, gracias a los estudios de genética y lingüística, conocemos perfectamente que el pueblo gitano procede de una zona entre las actuales India y Pakistán llamada Panyab. Por causas que se desconocen, en torno al siglo XI abandonan su tierra para emprender una larga migración o destierro que acaba arribando a nuestra Europa occidental a principios del siglo XV.

Hasta disponemos de fechas concretas…

Sabemos de ellos por primera vez en un documento que, a modo de salvoconducto, se expide a aquellos extraños personajes de piel oscura y vestimentas exóticas que levantaron gran expectación y admiración a su paso. Fue en Zaragoza, el 12 de enero de 1425.

Quizá aprovechando la confusión que provocaría su similitud con los Reyes Magos llegados de Oriente, cuya festividad acababa de celebrar aquel reino cristiano, el líder del grupo se identifica —usando el engaño— como un noble, “Juan de Egipto Menor” al que, por su altísima categoría, ordena el rey Alfonso V de Aragón en aquel salvoconducto «que sea bien tratado y acogido» […] y que él y sus acompañantes «sean dejados ir, estar y pasar por cualquier ciudad, villa, lugar y otras partes de nuestro señorío a salvo y con seguridad, siendo apartadas toda contradicción, impedimento o contraste. Proveyendo y dando a aquellos pasaje seguro y siendo conducidos cuando el mencionado don Juan lo requiera».

Se les trata con honores y se les facilita todo tipo de privilegios. Y es que ese ardid de identificarse como exóticos nobles egipcios les había funcionado muy bien en todo su periplo migratorio por Europa.

Pero aquel Juan el “egipcio” y su cohorte fueron en realidad los primeros de muchos y muchos gitanos que, en una irrefrenable oleada, llegaron después. Tantos que se empezó a sospechar de que aquel argumento de ser nobles del lejano Egipto, aquel con el que habían engañado a los cándidos gobernantes aragoneses, ya no era creíble ni sostenible tres cuartos de siglo después: todo había sido un embuste y, en cualquier caso, daba igual.

Y empieza la hostilidad. Con los xenófobos Reyes Católicos en la Corona, se busca su eliminación o expulsión. Para ello promulgan la Pragmática (1499), el inicio de una persecución que rompía con la vida pacífica y sedentaria que hasta entonces había llevado el pueblo gitano.

Se había truncado la armonía y ahora eran considerados infieles o al menos no cristianos viejos y, como se había hecho con moros y judíos, se les hostigó sin cesar:

«Mandamos a los egipcianos que andan vagando por nuestros reinos y señoríos […] que vivan por oficios conocidos […] o tomen vivienda de señores a quien sirvan […]. Si fueren hallados o tomados, sin oficio, sin señores, juntos […] que den a cada uno cien azotes por la primera vez y los destierren perpetuamente de estos reinos. Y por la segunda vez que les corten las orejas, y estén en la cadena y los tomen a desterrar como dicho es…». Sin miramiento alguno. Pero a lo que íbamos…

Como refleja el documento, ya se habla de ellos como “egipcianos” en referencia a su fabuloso y falso origen de Egipto. Una denominación que, en los documentos originales en latín es la de “egipt(i)anus” o EGIPTANO. Y de ahí surge nuestra actual palabra o etnónimo “gitano”, tras perder la vocal inicial, algo nada extraño en el castellano. De la misma a misma raíz proceden el “gypshy” inglés o el “gitan” francés.

Y por no quedarnos a la zaga, también los euskaldunes nos aferramos al mismo recurso léxico para resolver con gallardía aquella carencia idiomática que, como todas las lenguas del mundo, mostraba frente a aquella inesperada novedad humana.

Tal y como cabría esperar, siendo tan exigua la documentación escrita en euskera, nos aparece más tarde que en el castellano la primera constatación del término. Es en Sunbilla (Alto Bidasoa, Navarra): «Berze ijitorik ere baduk Baztanen» (1597).

El nombre “ijito” es en realidad la pronunciación propia de la palabra “Egipto”. También podría ser la evolución a partir del mismo “egiptano”, pues de todos es conocido el paso de “-ano” a “-o” en euskera.

Sea como fuere, los descendientes de aquellos “nobles de Egipto” fueron cada vez más perseguidos. Sin descanso ni tregua.

Dentro de ese pasado que por humillante que es no se enseña en los centros de enseñanza, destaca la conocida como “la gran redada” ordenada por Fernando VI y que decreta el apresamiento de todos los gitanos del reino, iniciándose de manera sorpresiva y sincronizada en todo el territorio español el miércoles 31 de agosto de 1749.

Buscaba arrestar de un solo golpe a todas las personas gitanas y desterrarlas de los territorios peninsulares. Fallida la expulsión, se ordenó separar físicamente hombres y mujeres, para que no pudieran reproducirse: las mujeres en casas de misericordia y los hombres en trabajos forzados en galeras y arsenales. Hasta el final de sus días.

Expulsados de todas las poblaciones, imposibilitándoles sistemáticamente el empadronamiento o el establecimiento de cualquier tipo de negocio, víctima de sí mismo, el pueblo gitano se tornó rebelde, vengativo incluso y, claro está, recurrió muchas veces a la delincuencia como modo irremediable de subsistencia. Quizá hasta robasen alguna gallina descarriada en el caserío de mi madre.

De todas formas, cuántas fechorías se les habrá achacado sin tener culpa alguna. Ya lo dice el saber popular: “a la sombra del gitano roba el aldeano“. Han sido el chivo expiatorio y el pagano de nuestra sociedad, la de los payos. ¿Qué vamos a decir a alguien que roba para comer cuando los máximos dirigentes del país, de familias bien acomodadas, han sido los mayores ladrones y han expoliado a manos llenas? Por no hablar de “pero sigo siendo el rey… ” y todo su enjambre.

Tras el franquismo se eliminaron aquellas leyes con referencia peyorativa especial a la raza gitana. Y, desde entonces, la normalización entre las dos culturas camina día a día a pasos de gigante. Se ha avanzado más en unas pocas décadas de mano tendida que en siglos de opresión. Ya es casi imposible encontrar gitanos nómadas y cada vez son menos los choques sociales o hurtos.

Cerró mi madre el último bote de pimientos y, casi al instante, como si de una parte insalvable de la liturgia se tratase, suspiró de satisfacción al ver que otra vez más había podido finalizar la labor que ha formado parte intrínseca de todos los otoños de su vida. Venía de superar un año demasiado complicado para la salud. Por eso quizá miró hacia arriba. Para buscar agradecida a ese dios en el que tozudamente sigue confiando, el mismo que creó a aquellos nobles llegados desde Egipto de los que huía en su infancia. Esos que hoy dejan escapar las gallinas para robar sólo corazones.

 

 

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A nivelar el euskera

El otro día, en una reunión para organizar diversos actos en torno al día del euskera, escuché hasta emborracharme fórmulas del tipo “herri mailan…”, “eskualde mailako…”, “Euskadi mailan, “maila pertsonalean“… según se planteasen para el pueblo, comarca o vete a saber qué.

Aquel encuentro era caldo de cultivo insuperable para lanzar la palabra “maila” una y otra vez, sin compasión, sobre los que allí estábamos. Como cuando los ciervos han de llenar las noches de berrea con sus incesantes bramidos.

Y me retorcía al tener que escucharla, esforzándome en todo momento por sonreír, como un bobalicón que se evade mirando a la fluorescente que parpadea, para que nadie detectase cuánto odio esa coletilla. No quería ir de pedante y menos de descortés. Por eso me mordí la lengua… tantas veces como escuché aquel maldito “maila”.

No lo soporto y no puedo evitarlo. Así es que cuidado que no se os escape delante de mí que cualquier día cometo una locura y con una plomada o nivel de burbujas os dejo a ras, a nivel, “mailan”.

Fuera de bromas, ese “maila” es una coletilla chabacana, totalmente innecesaria y sin tradición alguna en el euskera. Pero, como sucede con todo lo pecaminoso, se está extendiendo igual que un reguero de pólvora.

En realidad es un vicio lingüístico importado de otra lengua: un calco literal de la desafortunada y nada adecuada expresión del castellano “a nivel de“. También incorrecto e igualmente aborrecido en lo que a mí se refiere. Hartito ya de tanto “a nivel sindical“, “a nivel de comarca” y otras lindezas que, aquí y allí, incomodan nuestro caminar.

Esta última forma de “nivel” está muy extendida en España a pesar de los continuos esfuerzos por parte de la Real Academia Española [de la lengua] para corregirlo.

Según su criterio, el uso de la fórmula “a nivel” debe limitarse exclusivamente a las referencias de altitudes y, como mucho y por extensión, a cualquier referencia que indique una percepción de jerarquía. Pero sólo en esos casos… E idéntico trato correspondería al “maila” de euskera, con uso referente a la diferencia de alturas o jerarquías, no con significado equivalente a “ámbito”, “rango” o similares. Cualquier diccionario os lo corroborará.

Y como nadie ha dicho nada al respecto, ni siquiera la reverente y reverenciada academia de Euskaltzaindia, aquí voy yo, rompiendo aguas, embalado hacia esos molinos de viento que me miran mal.

Así es que a cortar por lo sano y a luchar una vez más a muerte en esas batallas perdidas. Porque no se trata tan sólo de un uso no genuino del euskera sino de un uso equívoco del castellano que hemos injertado en lo más medular del euskera.

Ese no recomendable “nivel” en castellano me preocupa pero ya hay jardineros que rieguen aquel jardín. No el del euskera: ese sí me turba.  Por ello, por el amor que os profeso…

– En vez de la expresión “Europa mailan” usad las de “Europan” o “Europa osoko“…

– En vez de la expresión “maila pertsonalean” usad las de “norberaren baitan“, “esparru pertsonalean“…

– En vez de la expresión “erabaki hori lege mailakoa da” usad las de “erabaki horrek lege izaera du” (y en castellano, “tiene rango de ley“)…

– En vez de la expresión “Euskadi mailako txapelketa” usad la de “Euskadiko txapelketa” o “Euskadi osoko txapelketa“…

– En vez de la expresión “umeen afektibitate mailan” usad la de “umeen afektibitatean“, “umeen esparru afektiboan“, “en el ámbito afectivo de los niños/as“. Debemos actuar de la misma manera con otras expresiones “niveladas” parecidas: “herri mailan“, “afektibitate mailan“, “nazio mailan” o similares.

E, insisto, lo mismo en castellano: “en lo personal“, “en Bizkaia“, “en el municipio“… en vez de “a nivel personal“, “a nivel de Bizkaia” o “a nivel municipal“. Pero sí “nevó a nivel del mar“.

Hacedlo así, por Dios, que ya veis que me afecta mucho y si no me desequilibráis mentalmente. O, mejor dicho, “me desniveláis”.

PS: LLIBERTAT PER CATALUNYA
[¡vaya nivel!]

 

Gracias a tus eskerriks

Cuando en el 1985 escuchábamos a La polla records cantar aquello de «gracias a tus putas gracias empezaron mis desgracias» ni de lejos me imaginaba que tantos años después aquella frase juguetona iba a ser mi mejor recurso para presentar una protesta lingüística. Para dar un puñetazo sobre la mesa e intentar poner las cosas en orden. He dicho.

Como pavos reales, los vascos somos muy dados a desplegar nuestras plumas ante el visitante, a mostrarle de inmediato las credenciales nacionales, para deslumbrarle y a ser posible cegarle, hasta que se muestre rendido y sumiso frente a lo nuestro. Porque nuestra idiosincrasia es lo más de lo más.

Nuestra divina cultura, además, descansa sobre el euskera, la viga maestra de nuestro pueblo, el sancta sanctorum de la vasquidad. Una lengua sublime entre las supremas, etérea, excelsa, sin mancha conocida, idioma que consideramos como el más antiguo de Europa, el que parte de un origen más ignoto, no muy alejado en el tiempo de cuando Eva mordió aquella emponzoñada manzana.

Pero resulta que a estas alturas no sabemos ni dar las gracias en euskera. Y vamos de mal en peor. Casi medio siglo sin que pese prohibición alguna para su uso, tras cuatro décadas de enseñanza a marchas forzadas y de euskaldunización de funcionarios para haber llegado al…

EZKERRIK ASKO. Como veremos a continuación parece más apropiado como planteamiento social que como modo de agradecimiento. Porque esto que tantas veces hemos visto rotulado en supermercados, entidades bancarias, carteles… significa ‘muchas izquierdas’ y no el ‘muchas gracias‘ que podríamos esperar: “ezkerrik asko zure bisitagatik“, ‘muchas izquierdas por su visita’. Qué molón…

Y es que la gratitud se da con ESKERRIK ASKO. Una “s” en vez de una “z“…

Es más. Fijaos si se intuía que en un pueblo de gente torpe como el nuestro se iba a armar la marimorena, que el visionario Sabino Arana ya intentó en 1895 poner en circulación la fórmula ESKARRIK ASKO, para evitar la mezcla entre ezker ‘izquierda’ y esker ‘agradecimiento’ que se veía venir. Porque éramos y somos unos liantes.

La iniciativa tuvo cierta acogida pero no llegó a cuajar del todo. Lógicamente, tampoco fue admitida dentro del euskera unificado o batua por lo que quedó fuera de juego. Y desde entonces luchamos desesperadamente y con poco éxito contra el chirriante ezkerrik asko que, un día sí y otro también, se nos cuela por ahí.

ESKERRIK. Pero lo que ya es una ignominia lingüística, una afrenta contra la que hemos de levantarnos si nos queda algo de amor a nuestro país, es la fórmula muy moderna, muy en boga y muy guay de eskerrik, a secas. Es de desfibrilador a potencia máxima, porque paraliza el corazón.

El final “-ik” de “eskerrik” implica necesariamente algo después, un “asko” ‘muchas’, porque si no, no tiene ni pies ni cabeza.

Proviene de la fórmula —ya en desuso en la lengua diaria— de añadir esa terminación de partitivo antes del “asko”. Así, por ejemplo, se decía en Peru Abarka (1802), la que se considera la primera novela en euskera, «Asko da lorik; argitu da eguna» ‘ya hemos dormido mucho; ha clareado el día’. ¿No veis cómo a la palabra “lo” ‘sueño’ le añadimos el “-rik” (lorik) para que pueda fundirse, abrazarse, ayuntarse con “asko” ‘mucho’?

Decir “eskerrik” y nada más, sin el “asko” final, es como si en castellano dijésemos “muchas” omitiendo el “gracias” posterior: una majadería en toda regla.

Algo similar sucede en el francés: “beaucoup de vin” ‘mucho vino’, unido por el “de” ese que hace las funciones de nuestro “-rik”. Nunca podríamos decir “beaucoup vin” sin que nos miren como a consagrados borrachos, porque no tiene sentido más allá del Pirineo.

Así es que, pongámonos las pilas y usemos según los casos “eskerrik asko“, “eskerrak”,esker mila“, “mila esker“, “esker anitz“, “esker on“, “esker hobe“, “esker izan“, “eskerrik aski” o la opción correcta que nos venga en gana.

Pero, por la diosa Mari de nuestros sacros montes, no me uséis más el insurrecto EZKERRIK ASKO o el infame, grosero y cantamañanas ESKERRIK.

Por favor: poned todo el cariño y mimo que os quede cada vez que hagáis uso de estas formas vascas de gratitud.

En esas andamos aún con el euskera. Como para independizarnos estamos…

[eskerrik asko!]

NOTA: Ante la tentación de pensar en que el uso de “eskerrik” a secas se trata de una evolución natural de la lengua hemos de apuntar que no es así, ya que ningún vascohablante comete dicho error. Al contrario, es usado en esa forma incorrecta por hablantes no euskaldunes que usan ese término del euskera con una lógica propia de su lengua, el castellano: si “eskerrik asko” es “muchas gracias”, entonces “eskerrik” es “gracias”. Pero, como decimos, no es algo que afecte al euskera ni que se use dentro en él, por lo que no tiene sentido alguno plantearlo como evolución propia del euskera.

 

 

El enigma de nuestra palabra “agur”

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En el euskera no existe ni de lejos otra palabra tan grandiosa como nuestro AGUR. Se mire por donde se mire es sublime: en lo referente a su extensión geográfica ocupa todo el territorio del euskera, no tiene variantes dialectales de ningún tipo (inaudito en nuestro idioma) y, por otra parte, es el vocablo con mayor aceptación y uso social, incluso entre los que no saben euskera. Es la palabra-llave de la que primero se valen los extraños que desean integrarse en Euskal Herria, la que les abre la puerta a las mil y una maravillas de nuestra cultura, idioma y país. Es también la palabra de nuestra lengua que primero ofrecemos para que todos la compartan con nosotros. AGUR es, al fin y al cabo, el vocablo con el que los vascos abrazamos y besamos el universo que nos rodea…

Y esta reflexión no es fruto de una enajenación momentánea o porque me desborde la pasión. No… Ya en el año 1588 se dijo al hablar retrospectivamente de ella que «esta palabra de “agur” era tenida en mucha y muy gran veneración, grandeza y cortesía y tal que ninguna otra se le igualaba».

Veneración… grandeza… inigualable… Y nosotros mientras, ¿a qué jugamos? ¿qué hemos hecho mal, dónde nos hemos extraviado para usarla sin darle importancia alguna, sin reparar en ella, para no caer arrodillados sintiéndonos dichosos de que haya amanecido un nuevo día en que poder usarla y gozarla…?

PALABRA DE IDA Y VUELTA
Aunque ahora la usemos fundamentalmente como fórmula de despedida, en origen fue un saludo ambivalente, tanto para dar la bienvenida como el adiós. De ahí que aún en muchos lugares se interprete el himno “agur jaunak” para recibir –y no despedir– a aquellos personajes distinguidos, honoríficos o autoridades a los que se les quiere hacer gala de los mayores honores. Era, por así decirlo y como tantas veces se ha recordado, algo similar al “salve” o al “ave” de los romanos.

Hoy en día, y especialmente en en Ipar Euskal Herria, aún es común el uso de “agur” como saludo de distinguido de recepción, por ejemplo al encabezar una carta, en oraciones (“Agur Maria”…).

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UN SALUDO Y MEDIO
Era tal la grandiosidad que encerraba en sí la palabra “agur” que no podía deshonrarse repartiéndola por el mundo sin miramiento o mesura alguna. Y es que, en realidad, al usar otras fórmulas como “mila esker” o “esker mila” (‘mil gracias’) estamos dando a entender que esas “esker” están devaluadas, que poco han de valer para ofrecerlas así, a millares.

El “agur” es otra cosa. Mucho más solemne y excelso, sin duda. Nada apto para excesos y aspavientos. Así, cuando queremos echar el resto, cuando por la situación o el personaje necesitamos exhibir el máximo boato en nuestro saludo de recepción, usamos la fórmula clásica “agur eta erdi”, “agur t’ erdi” que no es sino ‘un agur y medio’. No somos los vascos gente de exuberancias como puede verse…

Tal era la excelsitud de nuestro vocablo, que los vascos usamos el verbo “gurtu” para referimos a ‘adorar, venerar’ algo en su máxima intensidad, referido a divinidades, santos, etc. Es una vez más, un derivado de “agurtu”, es decir, ‘hacer agur”, porque nuestros antepasados no quisieron renunciar a ese extraordinario punto de partida para edificar aquella nueva palabra, aquel nuevo altar con el que ofrendar a los dioses. Un auténtico tesoro, insisto…

USO CLASISTA
No es que en sí el saludo “agur” fuese clasista sino que en su antiguo uso quedaba reflejada la estratificación social de otras épocas. ¿Y por qué decimos esto?

Pues porque no sabemos cómo eran los tratos sociales habituales, simples, diarios. Pero sí tenemos constancia de que la palabra “agur”, por ser tan grandiosa, reverente y solemne sólo podía usarse para dirigirla a gente de un estatus igual o superior: «…en tiempo antiguo se encaminaba e dirigía por los inferiores solamente a sus superiores y parientes mayores e no a otros ningunos de menos autoridad y dignidad» tal y como se recoge en torno al año 1588 (Ibargüen-Cachopín).

Debía ser una expresión muy común pero a su vez añadiéndoles grandes dosis de veneración cada vez que se usaba, sentido que hoy hemos perdido: «Bien sabéis que el modo y explicación ordinaria de nuestra salutación es “agur, jauna”. Y con ser tan usada entre los nuestros, como el “beso las manos” en los romancistas» (año 1607, Balthasar de Etxabe).

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ADIO, AIO, KAIXO…
Desde luego que “agur” era una palabra con fuerza, de raza, la mayor ostentación léxica que podían hacer nuestros antepasados. Nada que ver con ese “adio” (pronunciado a menudo “aio”), más común en los dialectos centrales, y que no es sino el castellano “A Dios” (‘a Dios te encomiendo’). Por no hablar del “kaixo” de chirigota ese, relativamente nuevo y que es en realidad la contracción de la expresión mezcla de castellano y euskera “¿qué hay txo?”, una especie de ‘¿qué pasa, tío?’. Tal cual.

Desde luego que, ni uno ni otro llegan ni de lejos a lo que fue, a cómo se percibió o se sintió nuestro “agur”.

AGUR, ABUR
Y tal fue la robustez de nuestro saludo que marcó tendencia y fuimos capaces de embelesar con ella a otras comunidades lingüísticas cercanas, porque soñaban con poder gozar ellos también de una palabra así, tan perfecta. Por ello el castellano, aún hoy en día, usa y admite como propias las palabras “agur” y su interjección derivada “abur”, reconociéndolas como préstamos lingüísticos cogidos del euskera.

ORIGEN DE AGUR
Pero donde las dan las toman. Y es muy probable que esa palabra-saludo que hoy usan millones de hablantes (tanto a través del euskera como del español) también la fraguásemos en su día los vascos valiéndonos de influencias externas. Su origen está probablemente inspirado en el latín vulgar “agurium” de donde también surge la palabra castellana “agüero”. Y ese “agurium” procede, claro está, del latín clásico “augurium” ‘presagio, anuncio, indicio de algo futuro’ o, la palabra castellana “augurio”. Ahí actuamos con inteligencia y supimos sacar lo mejor de aquellos siglos de convivencia con los romanos. En cualquier caso, que nadie dude que la palabra “agur” es vasca entre las vascas y nuestra seña de identidad.

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ATRAER LA SUERTE
Al regalar un “agur” a alguien, en realidad le estamos deseando lo mejor. Incluso podríamos ir más allí y afirmar que, en esas épocas en que se forja el término, el citar esa palabra mágica suponía hacer un llamamiento para intentar atraer con ella a aquellas buena suerte y prosperidad tan necesarias.

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AGUR ETA OHORE
Para acabar, me gustaría traer hasta estas líneas la expresión clásica vasca, “agur eta ohore”, ‘agur y honor’, el mayor homenaje que a algo o a alguien se le puede ofrecer por medio de unas palabras. Y quiero dedicárselo a esa bendita palabra “agur”. De pasado ilustre y glorioso, cabalga ya para batallar por la conquista de nuevos territorios, los del futuro. Pero no necesita de artilugios belicosos para ello, porque ella en sí es la mejor de las armas que han defendido esta tierra y pueblo: el arma del saber dar la bienvenida, la de la hermandad, la de desear lo mejor al que tenemos al lado, la del abrazo al extraño, la del llanto de los que se van… Hay que sentirla y llevarla con orgullo por el mundo como siempre se ha hecho. Porque agur es nosotros y nosotros somos agur. Agur, agur eta agur…

NOTA: la imagen de portada procede del blog “violetaestademoda” en el que hicieron esta reinterpretación de un retrato renacentista.