Txomin Lili: La última leyenda

Hoy acudiremos a un funeral, el de Domingo Lili “Txomin” (Olarte, Laudio). Y despediremos a una gran persona en lo humano pero, sobre todo, a un inmenso museo en lo que a rituales, leyendas, costumbres, palabras… se refiere.

El mismo sábado pasé por su caserío –hacía mucho que no salía de él– por si sonaba la flauta: él había hecho mucha sidra de joven en su caserío y quería preguntarle al respecto. Sobre eso o cualquier cosa, pues nunca dejaba de sorprender en sus respuestas. Pero no hubo suerte: la casa estaba vacía. Luego he sabido que ya agonizaba en el hospital…

NADIE COMO ÉL atesoró las últimas creencias, palabras, leyendas… de aquel Laudio que hace muchas décadas ya perdieron el resto de vecinos. Relatos vivos de aquellas épocas en las que los cambios se cocinaban a fuego lento, nada que ver con las actuales ollas rápidas que nos hacen galopar sobre la historia vertiginosamente.

Txomin Lili, Olarte auzuneko bere etxearen aurrean (2005)

ÚLTIMO EUSKALDUN MONOLINGÜE. Quizá toda aquella sabiduría le vino de la mano de su padre, Segundo Lili Urquijo (1880-1968), el último euskaldun monolingüe del municipio de Laudio: nacido en el cercano caserío Zenagorta de Olarte, cuando acudió a las escuelas en Luiaondo no sabía nada de castellano, algo que ya en su día resultó llamativo en el entorno. Y es que el bagaje cultural y las formas de interpretar el universo que nos rodea son un gran baúl que viaja a lomos de la lengua que lo transmite. Y perdiéndose ésta también malogramos aquello.

Al ser mi madre del mismo barrio que Txomin, en la más tierna infancia acudíamos al caserío a pasar unos períodos veraniegos, ayudados por una burra que transportaba las maletas desde la Venta bañada por el Nervión hasta aquel altivo lugar. Y allí me dieron cariño vecinal Segundo y, sobre todo, Txomin, al que recuerdo mejor: nos columpiaba pacientemente en sus piernas y nos cantaba y contaba mil cuentos. No tuvo esposa ni hijos y por ello quizá disfrutaba tanto con los ajenos, como con aquel Felisín –así me llamó hasta el último de sus días– que ahora tanto le añora.

Como homenaje, no se me ocurre nada mejor que acercaros el extracto de unas líneas que sobre él y “sus brujas” publiqué hace catorce años ya (“Koipetsu: el capricho de las brujas”, Aunia 10, 2005).

Nunca dejaré de quererte y mucho menos de admirarte. Donde estés, descansa en paz. Felisín.

CUEVA DE LAS BRUJAS. «Menos dudas ofrece el relato que [sobre brujas] Domingo Lili Urraza nos refiere. Txomin, que es como cariñosamente se le conoce, es una persona afectuosa, cordial y que no duda en ofrecer su inmenso cúmulo de conocimientos a quien necesite de su ayuda. Duda entre el interés suscitado por la temática de las preguntas y el miedo a que esos «cuentos de atrás» puedan suponer una mofa para con él. Sólo desde el calor del fuego de su caserío Bekoetxe, en el barrio de Olarte, se siente seguro para contarnos, pausada pero rítmicamente, esos relatos que tanta emoción producen al ser escuchados.

La mayoría de los habitantes de Olarte han oído hablar de la cueva, desaparecida al hacer la presa del mismo nombre, que existió frente al caserío Lekuona. El sólo hecho de escuchar su tenebroso nombre era suficiente para aterrorizar a los niños y algún que otro mayor del lugar. Se conocía como la «Cueva de las Brujas».

BRUJAS Y PERRO DE LEKUBATXE. Pero lo que ya nadie parece recordar es lo que Txomin nos narra. Dice que, en infinidad de ocasiones, su difunto padre le contó cómo en las cercanías de la cueva y próximas al regato que bajo ella trascurría, solían estar peinándose unas brujas. Éste elemento distintivo nos acerca, sin duda alguna, al antiguo mito de las lamias. Comenta también que dicha cavidad se unía subterráneamente con otra que existía en Lekubatxe, en un remanso del Nervión a la altura de la zona céntrica de Luiaondo [hoy pasa sobre el lugar el parque lineal del Nervión]. De este pueblo es Felipe Markuartu, otro de nuestros informantes, y recuerda haber oído a su madre que las brujas salían a peinarse al lugar conocido como La Era, una pequeña elevación frente al citado lugar y muy próxima al caserío donde se ubica la «Taberna Urriztia» [cerrada desde diciembre de 2004].

Incluso –continúa el siempre sorprendente Txomin– se comenta que una vez entró un perro por la cueva de Olarte y que apareció allí, en Lekubatxe, prueba popular, irrefutable y repetida en infinidad de localidades, para tratar de explicar algo que la lógica nos dice que es imposible. Pero no perdamos de vista a las lamias.

Dicen los estudiosos de la mitología vasca que una de sus características es el hecho de alimentarse con lo que pedían a los humanos, especialmente pan, sidra o tocino, alimento éste por el que sentían una especial debilidad.

QUERÍAN KOIPETSU: OTRA COSA NO. Nos sorprende Txomin cuando, continuando con el relato, nos refiere lo siguiente: «Salían a peinarse fuera y a Mari, la del caserío aquel de Lekuna, que le pedían koipetsu, tocino. Que querían tocino, koipetsu: otra cosa no»

El haber conocido personalmente en su infancia a la entonces ya mayor Mari, la de Lekuona, le hacer dudar durante un instante sobre la credibilidad de su propio relato. Pero pronto pone los pies en el suelo y nos deja claro que lo que tantos miedos le produjo en la niñez, no puede ser en ningún modo cierto: «¡Allí van a estar las brujas, en invierno, con el frío que hace! ¡En un agujero…!»

EL SACERDOTE SALOMÓNICO. Probablemente, lo que en su día más hizo tambalear la seguridad de sus planteamientos fueron las palabras de aquel sacerdote que acudió a visitar a su abuelo enfermo, en el vetusto caserío de Zenagorta. Dice que, ante la extremada gravedad del asunto y por ir descartando posibilidades, el padre de Txomin, Segundo, preguntó al sacerdote sobre algo que le venía perturbando desde tiempo atrás: la existencia o no de las brujas. El religioso, ni corto ni perezoso, evitando meterse en camisas de once varas, le contestó sin dudarlo que, efectivamente, las brujas existían aunque no se debía creer en ellas. […]

Txomin Lili, con su hoz

CONVERTIRSE EN BRUJA. Pero lo realmente emocionante de lo que nos relata este baserritarra de Laudio llega cuando deja caer en la entrevista unas vagas alusiones a los aquelarres y que, casi con seguridad, sean las únicas y últimas que podamos recoger en este municipio. Por lo excepcional que supone el hecho de haberse transmitido hasta el siglo XXI, estas referencias merecen ser transcritas literalmente, con la sencillez y parquedad en detalles del relato pero con su indudable valor documental. Dice así Txomin: «…Yo al padre le solía decir: ¿y brujas, cómo se hacían brujas pues? Y dice que iban a una campa, se ponían en pelota, con el culo para arriba y que decían «yo quiero ser bruja, yo quiero ser bruja». Y venía el demonio, les besaba el culo y, sin más, se hacían brujas«.

En este asombroso relato parecen entremezclarse dos cosas. Por un lado está el acceso carnal que el diablo tenía con las brujas y brujos que acudían al aquelarre, y por otro la referencia de las creencias vascas a la manera de convertirse en bruja. La más conocida es la de besar el trasero al diablo.

Txomin luchaba en cuerpo y alma contra las epetxas (chochín) pues, según la creencia popular local, portaban la mala suerte y llamaban a la muerte. Probablemente una de ellas, la última, pasó desapercibida para él y le ganó la vida

[…]

ÚLTIMOS TRSTIMONIOS. Hemos recogido en apremiantes encuestas etnográficas los últimos coletazos, la mínima expresión de lo que debieron ser hasta no hace demasiado tiempo las diferentes manifestaciones mitológicas de Laudio. Unos relatos especialmente salvaguardados en los barrios más olvidados de Laudio, Olarte e Izardui (Isardio) y que aún generan recelos entre los informantes ante la posibilidad de que puedan verse publicados. Quizá no sepan nuestros protagonistas que esto ya no sirve para ridiculizar a nadie, que es algo que no genera ningún interés en una sociedad embalada exclusivamente hacia aquello que pueda rentabilizar. Es la agonía de una mitología que ha sido dogma respetado durante siglos y que ahora la gente desprecia por su infantilismo. Pero estas creencias populares son mucho más; son la memoria colectiva de un pueblo sin la cual no podríamos saber cómo somos realmente»

Sobre nuestras TOSTADAS

Nos encontramos en fechas de culminar los encuentros familiares con tostadas, sin duda el postre emblemático de nuestro Carnaval. Pero en lo tocante a nuestro entorno cultural, poco –o más bien nada– se ha hurgado en ello. Así es que vayamos directos al postre.

Desde luego que no vamos a atribuirnos los vascos la creación del postre tal y como, en una cortedad de miras, algunos intentan creer. Al contrario, es un postre ya conocido desde hace dos milenios, gracias a Marcus Gavius Apicius, un gastrónomo romano del siglo I d. C., al que se le atribuye la obra “De re coquinaria”, una de las principales fuentes para conocer la gastronomía en el mundo romano. En su versión más actual, nos llega a fines de la Edad Media vía Francia, según lo comúnmente aceptado.

Pero lo que sí es vasco, en lo que a especificidades se refiere, es en el nombre que las denomina, “tostadas”, (también en Cantabria) pero radicalmente diferente a Castilla, etc., en donde se conocen como “torrijas”.

Tostadas de crema

EN CARNAVAL Y NO EN CUARESMA. También hay otra especificidad propia vasca. A pesar de encontrarnos con un postre de origen común para todos, en lo general, se trata de un dulce típico de la Cuaresma, para hacer frente con un mínimo placer a las estrecheces de la impuesta penitencia eclesiástica. Pero, no sé si por llevar la contraria o porque somos unos vivalavirgen, en Euskal Herria es un postre típico del Carnaval, período en el que el exceso y desorden alimenticio campan a sus anchas, justo lo opuesto a las costumbres que nos rodean.

En la zona en donde nací, respiro y siento –Laudio, Aiaraldea, zona a caballo entre Bizkaia y Álava–, se consumían casi inexcusablemente el domingo y, sobre todo, el martes de Carnaval, el día grande por excelencia. Sin embargo, como sucede hoy en día, es un postre que no desentona en un período más amplio, en el del carnaval entendido como aquel de purificación y despertar de la naturaleza y que arranca desde más atrás. Así, se da como pistoletazo de salida a la temporada de tostadas en la mesa a partir del 2 de febrero, día de Candelaria. Tengamos en cuenta que el período apto puede ser muy largo o corto dependiendo de los años, ya que el martes de Carnaval –último día para comer tostadas– fluctúa entre el 3 de febrero y el 9 de marzo.

TXARRIPATAS. Una disposición de fechas idéntica las tienen las orejas y, sobre todo, las patas de cerdo, también identificadas con el carnaval y, hasta no hace tanto, cena obligada en la noche del martes, el día de Aratuste propiamente dicho y que daba inicio a la dura travesía de la Cuaresma. Y algo creo que tienen que ver aquellas patas y nuestras tostadas.

Las carnavalescas patas y orejas –éstas cada vez menos– se consumen hoy mayoritariamente en salsa vizcaína. Pero es, a pesar de las apariencias, algo moderno y que escasamente supera el siglo. Previamente las patas se consumían rebozadas en harina y huevo tras haberlas tenido a remojo en leche y a las que, al servirlas, se le añadía abundante azúcar. Es una costumbre que aún se mantiene en muchos pueblos de Navarra y, creo, en algunos de Gipuzkoa. No parece por tanto descabellado que la receta de nuestras tostadas y el hecho de que los vascos las gocemos en Carnaval –y no en Cuaresma, como hacen el resto de pueblos vecinos– tengan algo que ver con ello, con la identificación a las txarripatak.

También hay quien justifica su presencia en estas fechas primaverales a la costumbre de hacer una ofrenda con un pan o torta especial en las sepulturas, el día de Candelaria. Unas tortas o panes característicos que se compartían después entre todos los niños y que tenían un carácter festivo. Sin ir más lejos, tanto mi padre como mi madre, baserritarras castellanohablantes de Laudio, lo conocían como “pan jaiko”, sin duda ‘pan de fiesta, festivo’. Hablaremos en otra ocasión de él.

LA RECETA. Hay dos mundos irreconciliables a la hora de decantarse por los tipos principales de tostadas, atendiendo a su receta. Por una parte están las elaboradas con pan, denominadas en euskera “fotezkoak” [de «fot(a)», una especie de pan de bollo] y que, sin duda, son más antiguas y se asemejan a la receta original aquella de hace dos milenios. Por otra disponemos de las de crema, seguramente fruto del ingenio de alguna buena repostera y que se conocen en euskera como “ahiezkoak”, proveniente del término “ahi(a)”, ‘papilla de harina y leche’. Las de este tipo son las que más hemos degustado en casa, porque se tenían por más dignas, distinguidas y excelsas que las de pan. Pero, en lo que a sabores se refiere, no creo que haya mejor o peor.

PARTURIENTAS. Como curiosidades o extrañezas podemos añadir que, fuera de nuestro territorio, la torrija –tal y como la llaman– era un alimento que se ofrecía a las recién paridas, a modo de reconstituyente. Incluso era costumbre normalizada aportar la leche de sus pechos para la elaboración, ya que se tenía como la más adecuada y saludable para su estado convaleciente. También, pensando en la pronta recuperación de la parturienta, las tostadas se ofrecían con vino.

VINO. Algo similar sucedía en los caseríos vascos. No había nada más característico de la última noche de Carnaval, la del martes precedente al Miércoles de Ceniza, que la cena a base de patas y orejas, culminada con una buena fuente de sabrosas tostadas, todo ello bien regado con ansiado vino, uno de los pocos días del año en los que, por lo exiguo de las economías familiares, se consumía. Con qué poco eran inmensamente felices… Y nosotros hoy ternamente insatisfechos e incapaces de satisfacción con nada. Cuándo aprenderemos que la felicidad de la persona la moldea más la conformidad con el poco que el hastío con el exceso… Sed felices.

A mi amigo Andoni del Río (Arrankudiaga), en el día de su cumpleaños, pues fue él quien me pidió que publicase unas notas sobre las tostadas. Por los “txirlis, mirlis y zorroklonkos” compartidos y por la fuerte amistad que nos une. Que sea por muchos años más.

Kanporamartxoa eta etxeramartxoa

Eliza bera izan zen karnabal hitzerako carne levare ‘haragia kendu’ etimologia Erdi Aroan proposatu zuena, egoki zitzaiolako justifikatzeko inauterien osteko Garizuma penitentzia-epea. Azalpen berekoa dateke Aratuste hitza, ‘haragi uzte’ esanahiarekin, Garizuma aurreko hiru egunak izendatzeko.

Urdaia da kanporamartxo jaian jan ohi dena. Ontzia, talo-aska bat da, Gorbeiako txaboletan oso elementu preziatua


Halarik ere, geroz eta gehiago dira bestelako ikuspegia duten antropologo eta ikertzaileak. Esate baterako, hainbat herritan ospatzen den aratuste-epea nekez murriztu liteke Elizak agindutako hiru egun zehatz horietara eta bai urte berriaren hasierara, naturaren iratzartzera. Euskal Herriko ahozko tradizioan ondo gorde izan da egutegi malguagoaren ustea: «En pasando San Antón, Carnestolendas son» esaera ezaguna da Nafarroan. San Anton, dakigunez, urtarrilaren 17an da. Euskarazko antzeko erreferentziak ere, baditugu: «Deitzen diogu onela urte berritik austerrerañoko denborari, eta beste leku batzuetan deritza: iñoteriak, iauteriak, aratuzteak, zanpanzartak» (Juan Bautista Agirre, 1803). Bestalde, gure geografiako herri-aratuste tradizionalen datei baino ez zaie begiratu behar. Harago oraindik, sasoi horren barruan kokatu beharko genituzke negu-udaberri bitarteko egun erritual guztiak: San Anton, Kandelaria, San Blas, Santa Agata, Inauteriak…

KARNA JAINKOSA. Karnabal hitzerako bestelako azalpenak proposatzen dituzten antropologoen artean, bada beste aukera etimologiko bat, geroz eta pisu gehiago hartzen ari dena: karnabal hitza Carna jainkosa zeltaren izenean errotzen dena eta, atzerago joanda, eguzkiaren semea zen Karna jainko indoeuroparrarekin. Carna zen naturaren iratzartzeari loturiko jainkosa eta bere ezaugarriak… babak eta urdaia ziren.

Herri zeltikoen kulturan, basoak erlijio eta sinesmenei lotuak zeuden


Urdaia da, hain zuzen ere, gure kanporamartxo neguko ospakizun zaharrean, basoan jaten dena. Neuk behintzat, ez dut uste kasualitate hutsa denik. Bestelako izenak ere baditu ospakizun berezi honek: sasikoipetsu, sasimartxo, kanporamartxo edo, beste barik, txitxi-burruntzi, okela-zatiak prestatzeko moduagatik. Hala ere, niretzat ospakizun horren izen adierazgarriena “Basaratustea” da, “basoan egiten den aratustea [inauteria]’.

Euskal Herriko Atlas Etnografikoan ondo dago jasoa eta irudikatua gure herri-usadio hau: «…el domingo anterior al del Carnaval tiene lugar una salida al monte en la que participan niños, jóvenes e incluso adultos formando grupos. Una vez escogido el lugar se enciende una fogata. […] Cuando el fuego ha producido brasa suficiente, se asan al calor de ella trozos de chorizo o de tocino. Para ello se introducen estos trozos en largas varillas, generalmente de avellano, a las que se ha afilado la punta a modo de un asador, burruntzi». Gogora ekarri behar da basaratustea ospatzen den datetan, basoan, biziberrituta agertzen den zuhaizka bakarra hurritza dela, loratzen den lehena delako. Berriro ere, ez dut uste kasualitatea denik.

Urdaia erretzen basaratuste jai batean, hurritza-makila batzuetan


Aratusteak, bestalde eta beste aditu askoren iritziz, lotura dute erromatarren Saturnal jai solstizialekin. Eta ezetz asmatu zein animalia sakrifikatzen zen haietan, Saturno jainkoaren mesedean? Ba… txerria. Beste behin, gure jaiko txerria.

TXERRI SAKRIFIKATUA. Txerria zelako –zaldia eta zezenarekin batera– Europa zaharrean, animalia sakratua, totemikoa. Horregatik agertzen da hainbestetan era sinbolikoan penintsulako esparru zeltikoan. Eta Bibliak gaitzesten bazuen ere –juduen pentsaerari jarraiki– ezin izan zuen ordeztu europarrok hari genion miresmena. Zergatik, bada, hain zeregin esanguratsua zen baserrietako txerri-hiltzea, gure inguruan txarriboda izen handinahikoa ere hartzera iritsi zen? Zergatik txerria, pertsonak bezala “hil” egiten dira? Zergatik txerriari eta ez beste animaliei hiltzearen garrantzia eta ospakizuna?

Txerria eta basurdea (eta galdu genuen bien arteko urdea), heriotzari, ezezagunari eta iluntasunari lotutako izakiak ziren erromanizatu gabeko Europako herrietan, animalia arruntak izatetik haragokoak.

Urdearen «sakrifizioa». Oloron (Biarno) hiriko katedralean, XII. mendean egina


Ez da kasualitatea, Demeter nekazariaren jainkosa erromatarra (gure Kandelario egunaren aitzindaria), basurdeez inguratuta islatzea ikonografietan. Edo Negua bera ikonografietan islatzen denean. Edo Erromanizaioaren aurreko Mikeldi bezalako idoloak txerri gisara interpretatu izana. Emankortasuna, berpiztea

Txerriak sakrifikatzen ei ziren behinolako kultura haietan, basoari eta naturari eskaintzan, mesedea itzul ziezaguten. Eta ez dezagun “sakrifikatu” berba “hiltze” esanahi soilarekin ulertu, sakrifikatu askoz gehiago delako: sakrifikatu “sacrum facere” delako, ‘sakratu bihurtu’. Horixe da gure basaratuste jaki koipetsuaren esanahia.

ETXERAMARTXOA. Gorbeia inguruko haranetan, bestalde, Kanporamartxoa basoan eginda, ondoko igandean Etxeramartxoa ospatzen zen –gaur egun ia galdurik dago– etxean jate-liturgia bera errepikatuta. Hau da, erritualaren bitartez lortutako “zorte ona” oihanetik etxera eramaten zen, esparru basatitik domestikora, bestelako izakien unibertsotik gu gizakionera. Eta etxeramartxoak ematen zion hasiera hiru eguneko Aratusteari.

MARTXOA. “Martxo” hitz hori zer den ez dakigu zehazki. Batzuek “aratuste” esanahi zuzena duela diote, intuizioan oinarrituta. Azkuek (1905), interpretazioetan arriskurik hartu gabe, ‘Domingo anterior a Carnaval’ zela jaso zuen Arrankudiaga eta Orozko inguruetan. Nik, aitzitik, lasai asko proposatuko nuke Enkarterrin, Kantabrian eta Burgosko iparraldeko hainbat herri txikitan mantendu den Las Marzas udaberri hasierako jaiarekin, bere izenarekin: gure Santa Agata bezperako koruen eta joaldunen inauterien arteko nahasketa da. Bat letorke, horrela balitz, basaratuste, “aratuste” osagarriagatik, zerbait baldin badira “marza” horiek, herri inauteriak dira.

Basaratusteak dira, azken finean, basoari egindako eskaintzak


Nolanahi, edozein azalpen emanda, susmoa dut gure basaratustea, kanporamartxoa, sasikoipetsua, sasimartxoa… oso kontu sakona dela. Jai egun batean umeekin urdai edo txorizo zati bat jatea baino askoz haragokoa. Ezingo dugu sekula ere egiaztatu, “zibilizatu gabekoen ohitura basati” horiek ez zirelako inoiz idatzian jartzen. Bai ordea ahozko transmisioan. Baina hori ere lapurtu zigun modernitateak, basoarekiko errespetu eta mirespena bezala. Geroztik, txerriak hil egiten ditugu eta ez, merezi bezala, “sakrifikatu”…

2 de febrero: más que bendecir velas

Acabo de regresar de bendecir unas velas porque hoy, 2 de febrero, es su día: Día de Candelas o Candelaria. Y no unas velas cualquiera sino unas expresamente compradas para la ocasión en la cerería Donezar de Iruñea, el último establecimiento artesanal que se dedica a aquella labor gremial que conoció mayores glorias que hoy. Porque en días especiales como hoy todo capricho parece poco.

Las velas bendecidas en esta fecha tan señalada adquirían un poder mágico, sobrenatural y se usaban –junto al agua bendita– como desesperado último auxilio frente a aquellas situaciones que superaban lo humanamente alcanzable y que, por ello, necesitaban de la intercesión divina.

Velas artesanas de Donezar, en plena actuación milagrosa contra la tormenta de viento y granizo que hemos vivido en el mismo día de ser bendecidas

Encender una vela que se había bendecido un 2 de febrero era la mejor de las soluciones para hacer que una tormenta se aplacase, para que no descargasen su temible fuerza los rayos, para retornar al cauce habitual un desbordado río o aminorar la fuerza del mar que amenazaba a los marineros, para ayudar a los moribundos agonizantes a poner fin a su existencia corporal, para orientar a las almas de nuestros difuntos a la hora de regresar a casa en fechas como Todos los Santos o Navidad u otras que andaban penando, errantes en cruces y rincones, por no haber cumplido una promesa en vida o cualesquiera otra razón. Igual que para ahuyentar brujas y otros seres maléficos cuando crujía el caserío, temblaban las tejas o se mostraba especialmente inquieto el ganado. Porque las velas y la cera en sí estaban consideradas como el más apropiado vínculo material para enlazar los humano con lo divino, lo terrenal con lo celestial.

Bendición de las velas en la parroquia de San Padro de Lamuza (Laudio)

 

RITOS PREVIOS. Pero en el fondo, como siempre suele suceder con nuestros ritos y creencias, bajo esta fiesta cristiana –que por otra parte conmemora la presentación de Jesús en el templo tras cumplir los 40 preceptivos días de purificación tras el parto– subyacen otros símbolos de creencias más arcaicas, ancestrales si se quiere, previas a la cristianización y que nos transportan a lo más intenso, puro y esencial de nuestra cultura y existencia. Vamos a repasarlas aunque sea someramente.

Realmente las velas que algunos madrugadores hemos bendecido hoy representan la victoria de la luz frente a las tinieblas, de lo humano frente a lo no humano y mitológico, de la primavera frente al invierno, del bien frente al mal o, por simplificarlo, de la vida frente a la muerte.

No es casualidad que el 2 de febrero coincida en una concatenación de días rebosantes de rituales con los que buscamos una vida mejor o la misma la supervivencia: Candelaria,  San Blas, Santa Águeda, carnavales rurales, basaratuste (ofrendas al bosque)… Sin duda estamos en el epicentro del calendario de nuestra simbología tradicional, en ese punto de inflexión en el que hay que dar paso a la vida frente al mal y la oscuridad.

EL OSO. En toda Europa existe la creencia popular de que el día de hoy es la fecha en la que el oso abandona su hibernación para salir de la madriguera (la marmota en las Américas).

Nuestros antepasados, sin duda, lo percibirían como la reaparición del mal, no solo por los daños que como alimaña les causaba, sino porque surgía de las cavernas, de las entrañas de la tierra, de la oscuridad en donde reina el mal y los seres mitológicos no humanos. Hay por ello quien apunta que quizá muchos de nuestros gentiles o basajaun avistados en los bosques serían en realidad osos, interpretados por aquellos atemorizados personajes que les tocó vivir tan duras condiciones.

Tampoco es casualidad que la misma doctrina cristiana ubicase el infierno, el diablo… en un idealizado interior de la tierra, readecuando para su beneficio las antiguas creencias previas. El mal, por ello, reaparecía estos días desde los avernos de nuestro mundo.

Apresamiento del oso en carnaval rural de Ituren, carnaval 2019

 

CARNAVALES. De ahí que las representaciones populares de los carnavales rurales, los de verdad, culminen en muchas ocasiones con el apresamiento y muerte del oso, tras una purificación del entorno con el sagrado sonido de los grandes cencerros: Vijanera, joaldunak de Ituren y Zubieta, Markina… Simbolizan así la victoria del bien sobre el mal, de lo humano sobre lo divino… de la vida sobre la muerte. Así es que disfrutad de esta fecha que nos transporta mucho más allá de la bendición de unas simples velas: es el fin del invierno y a partir de estas fechas renace una vez más la naturaleza que nos mece en nuestra existencia. No es pequeño motivo para una celebración

 

 

 

Basoetako olio usainaz

Berehala ohartu nintzen zerbait bereziren aurrean geundela eta ez nuela une hori bizi bitartean ahaztuko. Bat-batean, ustekabean eta baso baten erdian egotearen babesgabetasunean, deskubritu nuen usaimenak antzemandako hats hura eta gure arbasoengandik iritsitako istorioak gauza bera zirela funtsean.

Iragan diren Gabonetan izan zen, ateri zegoen egun euritsu baten arratsaldean. Menditik gindoazen familian, nekatuta baina alaiki ibilbidearen amaiera sumatzen genuelako: Oleta (Aramaio, Araba) atzean utzita, Otxandiora (Bizkaia) gindoazen Limitado izeneko baso liluragarriaren erditik.

Limitadoa, Araba eta Bizkaia artean eztabaidatutako basoa

Han ez dago ezer: ez etxerik, ez fabrikarik, ez antzekorik. Horregatik ezin zitekeen oker bat izan: eliza-usaina zen nagusi. Sendoa, gainera. Olio eta argizari nahaste bereizgarri hori, guztiok errazki identifikatzen duguna. Orduan ulertu nuen, umilduta, gure arbasoek basoetako olio-usainez kontatzen zizkiguten gertaerek azalpen arrazoitu bat zutela eta, hein batean, egiazkoak zirela.

Ez dakit orbelaren usteltze prozesua izango ote den edo hezetasunaren ondorioa –euria izan zen egon osoz– edo… baina errealitate eztabaidaezin baten lekukoak ginen: han, baso bazter hartan, gurekin zen olio-usain beldurgarri bezain ospetsua. Sorgin edota arimen hatsa ei zen behinolako herri-usteen arabera.

Olio-usain misteriotsua sumatu genuen lekua

Entzuna nuen nola behin batean ikatz-lanetan ziharduen behargin talde bat iheska joan zen, korrika, izuak hartuta, noraezean jauzika. Bazekitelako olio-usaina basoan arnasteak, nahitaez, ondore txarra zekarrela.

Ezaguna da –oraindik ere Orozko bezalako herrietan– nola bakerik lortu ezin dezaketen arimak agertzen zaizkien bizidunei su-itxura edota olio-usaina hartuta. Olio-usaina, askoren ustez, horixe izan zelako beste partera joan aurretik gizajo haiek jaso zuten azken igurtzia, azken sakramentua.

Basoetan eta bidegurutzetan izaten da nabaria kirats hori, ezaguna denez, horiexek direlako arima herratuen gordeleku gogokoenak.

Jose Mari Satrustegi (1930-2003) ikertzailea bere azken urteetan izan nuen lagun. Hark argitaratu zuen luzifer hatsa zela bidegurutzetan, olio-usainari erreferentzia eginaz. Eta hau gehitu zuen, argigarri: «Sorgin-usaina es el nombre con que se designa en Beasain y en Asteasu el olor que se siente a veces hacia la madrugada. (…) Este olor recibe el nombre de sorgin-putza en Etxalar. (…) En Bermeo dicen que es olor del aceite con que las brujas untan su cabello al peinarse. (…) Este olor es atribuido a las almas del Purgatorio en Placencia. (…) En Zerain y en Anoeta decían que es animen usaina; en Ataun es olor producido por el paso del diablo y, según otra versión, es debido al argitalume, “lámpara” de Dios. En Soravilla dicen que es Satanasen putza; en Segura lumera-usaia u olor de aceite de lámpara que los búhos roban en las ermitas».

Gautxoriak, ustezko olio lapurrak

Bitxia da, bestalde, azken herri-uste hori: olio-hatsa ez zutela arimek edo sorginek eragiten, gautxoriek baizik. Ez da kontu txikia eta badirudi zerbait sakonagoa eta arkanoagoa dagoela sineste horren atzean. Honela azaldu zuen bere tesian Anuntxi Arana luiaondoarrak, hontzuriei buruz hitz eginda:

«Hontzak kriseiluetako olioa edaten duela sinesten da eskuarki. Eta herioaren hegaztia da hontza, baita sorginena ere. Laudioko gizon batek adierazi zidan zergatik esaten duten olio usainak sorginen presentzia salatzen duela; haren ustez sorginik ez da, eta olio usaina ez dute sorginek ematen baizik eta hontzek, horiek kriseiluetako olioa edaten dute-eta.

Mitoaren interpretazio arrazionala eman nahiz, mitoan kokatu da berriemailea bete-betean, sorginen eta hontzen arteko lotura bezain mitikoa baita haien olio-zaletasuna.

Gaztelan sineste bera bada eta Okzitanian hontzaren izenean islatzen da: “En Languedoc les enfants donnent au chat-huant le nom de Jan l’Oli, Jean de l’Huile, et Béu l’Oli, l’Huile, parce qu’ils l’accusent de boire celle des lampes (Sébillot, 1968…)».

Gautxoriei leporatuta elizetako olioa edan izana, usain berezi haren sorburua…

Zein sinesmen-mundu konplexua honen guztiaren atzean. Zein ahaztu eta zein galdua gutako gehienontzat. Zelakoa izango zen nire bizitza Oleta eta Otxandio bitarteko baso bazter hartan arimen olio-kiratsa usaindu izan ez banu. Arimak edo… arima… gure herriak modernitatearen trukean saldu zuen arima bera.

 

 

El Árbol Malato

No sabemos a ciencia cierta desde cuándo era considerado el Árbol Malato de Luiaondo como el más celebre, simbólico y renombrado hito fronterizo de Bizkaia.

La explicación más recurrida y que más retrocede en el tiempo es la de la legendaria batalla de Padura, en la cual se cuenta cómo, tras haber vencido los vizcaínos al ejército compuesto por asturianos y leoneses, persiguieron a éstos en su fuga hasta el árbol Malato de Luiaondo, árbol que, desde aquel mismo instante, pasaría a ser la muga más reconocida de Bizkaia.

Pero dejemos a un lado los detalles de una batalla sobre la que tendremos ocasión de volver más tarde.

La historiografía legendaria, más basada en sucesos maravillosos que históricos o verdaderos, hace concurrir en un momento concreto varios elementos: la batalla de Padura, el origen del Señorío de Bizkaia, la aceptación del cargo por parte del primer Señor de Bizkaia, Jaun Zuria, y cómo no, la aparición del Árbol Malato a modo de un indiscutible símbolo de limitación territorial. Desde entonces y hasta nuestros días, no hay duda de que dicho elemento se ha convertido en el icono que más proyección ha dado a Luiaondo, resistiendo como ningún otro todos los envites del tiempo.

Aparte de la cita en la batalla de Padura, la otra gran referencia que la historia hace del árbol en cuestión, es la que se constata en el Fuero de Bizkaia.

El Fuero parece tener su origen en una serie de sistemas de ordenamiento y convivencia y que, similar a lo que sucedía en otros lugares, se basaba en unas costumbres asumidas por la comunidad y que venían aplicándose desde tiempos atrás.

Dichas normas no fueron recopiladas por escrito hasta 1342, en una especie de esbozo que luego daría lugar, tras las ampliaciones y desarrollos correspondientes, al llamado Fuero Viejo de Bizkaia, redactado en 1452. Es ahí donde se cita, en su ley quinta, la obligatoriedad de defender con las armas el territorio que tenían todos los vizcaínos, obligación que finalizaba en el Árbol Malato. A partir de ahí, irían a guerrear con un pago por su servicio, como simples asalariados, pero no sin compensación económica, tal y como debían hacer dentro del territorio vizcaíno. Es la misma disposición del Fuero la que más explícitamente detalla tales aspectos:

«Otrosí dixieron que los caualleros e escuderos e fijosdalgo, así de las uillas como de la Tierra Llana de el dicho Condado de Vizcaia, siempre vsaron e acostumbraron de yr cada e quando el Sennor de Vizcaya los llamase, sin sueldo alguno, por cosas que a su seruicio los llamase, fasta el árbol Malato que es en Lujaondo; e si el Sennor con su sennoría les mandase yr allende de el dicho logar de el árbol Malato, que el Sennor deue el sueldo de dos meses si ouieren de yr aquende los puertos, e para allende los puertos de tres meses. E si dando el dicho sueldo en el dicho lugar que los caualleros, escuderos y fijosdalgo de el dicho Condado acostumbraron e acostumbran de yr con el Sennor a su seruiçio, a do quier que los man/dase. E si el dicho Sennor no les diese el dicho sueldo, en aquel lo/gar de el dicho robre Malato, dende adelante nunca vsaron ni acostumbraron yr con el Sennor sin reçiuir el dicho sueldo. E que los dichos caualleros e escuderos, fijosdalgo así vsaron e acostumbraron, e siempre así les fue goardado por los Sennores de Vizcaya»

Al citar «los puertos», se refiere al comienzo de la Meseta, a los territorios sobre Orduña y más allá.

Monumento del Árbol Malato en torno a 1910

 

Esta disposición del Fuero –por otra parte, gracias a la cual sabemos que el árbol era un roble– ha hecho correr ríos de tinta aunque, en la mayoría de los casos, acompañando a una carga de idealismo tal que prácticamente ha desfigurado la realidad. Ésta, como siempre sucede, es menos fabulosa que lo que las apariencias nos muestran.

¿POR QUÉ EL ÁRBOL MALATO? En realidad, sucede que en torno al 1200 se producen en Europa una serie de cambios sociales, económicos y estructurales. Éstos se reflejan en muchos aspectos de la vida y, entre ellos, en la codificación que de los desperdigados derechos feudales existentes se hace, como decimos, en toda Europa. No impermeable a dichas corrientes, también esa tendencia general afecta a nuestro ordenamiento legal. De ahí la redacción del Fuero Viejo.

Al igual que sucede con el Fuero, también la existencia del famoso icono de Luiaondo responde a unas razones más pragmáticas que las que nos han llegado durante siglos a través de las fantasiosas explicaciones.

La interpretación más coherente para aclarar la existencia del Árbol Malato es que durante la Edad Media, por simple subordinación, los aristócratas y nobles acompañaban a los reyes o señores de rango superior en las diferentes aventuras militares que aquellos planteasen, aceptando la misión con la más absoluta obediencia y sin llegar jamás a ponerla en tela de juicio.

Pero con el paso de los siglos, la nobleza va paulatinamente alcanzando cotas más altas de poder y, cada vez asume con más incomodidad el tener que obedecer a los caprichos del Señor, que a partir de las últimas décadas del siglo XIV será el rey de Castilla. Un mandatario que en infinidad de ocasiones les aboca, gratuitamente, a auténticos desastres económicos y humanos. Son éstos unos peajes que la pujante nueva nobleza no está dispuesta ya a asumir. Es más, es tal el poderío que ha alcanzado que llega a desafiar el orden establecido y a negarse a un vasallaje incondicional.

Ante la nueva relación de fuerzas, son pactadas las obligaciones militares con los reyes, señores, etc., así como las condiciones de las mismas.

De hecho, lo que anteriormente hemos visto en el Fuero, no es sino un contrato por servicios militares, una especie de convenio colectivo, con todos los aspectos económicos claramente especificados.

Es éste y no otro el origen del Árbol Malato: una limitación en lo geográfico, una referencia nítida para acotar hasta dónde correspondía el servicio por subordinación y a partir de qué punto comenzaban aquellos encaprichamientos del Señor y cuyas funestas consecuencias no se estaba dispuesto a asumir. No al menos gratuitamente.

EL MONUMENTO. Refiere Iturriza al hablar del Árbol Malato que «…después que por su antigüedad se secó, se colocó en sus raíces una cruz de piedra, costeada por el Señorío, el año 1730, para perpetuar su memoria«. Pero, insistentemente, una vez más, la realidad se nos muestra laberíntica.

Por ello, si pretendiéramos ubicar en el tiempo la existencia del famoso hito, nos percataríamos de que en el momento de la redacción del Fuero Viejo de Bizkaia, en el año 1452, se certifica claramente la presencia física del árbol. Podemos además suponer que, por el simbolismo que se le otorga, sería para aquel entonces un ejemplar de cierta envergadura y edad.

Siglo y medio después, más concretamente en 1603, sabemos que llevaba un largo período desaparecido ya que se expresa la preocupación de que su recuerdo pudiera perderse.

Sabemos este último dato por el acuerdo tomado en las Juntas Generales del Señorío celebradas en mayo de dicho año. El acta dice así:

«Otrossi, atento que el árbol malato que dispone el Fuero de este Señorío, por el trascurso del tiempo se havía perdido y es necesario se buelva en poner en el propio lugar donde antes solía estar y lo dispone el dicho Fuero, se acordó y mandó quel dicho señor Hortuño de Alçaybar y Francisco de Urquiça bayan al valle y Tierra de Ayala y aga poner el dicho arbol con una cruz de piedra con su letrero en que se declara que es el dicho arbol, y cerca dello agan si fuere necessario las diligencias necessarias, que para ello les dio poder en forma»

«Otrossí, atento que el árbol malato…» documento de 1603, primera constatación de la desaparición del árbol y de la preocupación de las Juntas por erigir un monumento que perpetuase su memoria

 

Pero todo parece sugerir que dicha resolución no se llevó a cabo ya que, en un nuevo acuerdo de 14 de junio de 1609, seis años después, se insiste en la necesidad de perpetuar la memoria del glorioso árbol:

«Así mismo propuso el dicho síndico que si estubiere hecho algún decreto en razón del árbol malato, se guarde y cunpla; y si no hubiere, que al alcalde que es o fuere de la çiudad de Hurduña, se le comete para que plante un árbol en el puesto donde antes solía estar, para que se sepa donde hes el dicho lugar del dicho árbol malato, para en conservaçion de las franquezas y libertades deste dicho Señorío, y que se bea el decreto que se hizo sobre ello en tiempo del licenciado Villabeta y Montoya, corregidor, y el dicho alcalde cunpla como en él se contiene, y aga el dicho alcalde poner en dicho sitio una cruz de piedra con su letrero que diga: «aquy es el sitio del arbol malato«.

Desconocemos si este segundo acuerdo fue ejecutado y se arruinó posteriormente o, lo más probable, que nunca se cumpliese. Decimos esto a tenor de lo recogido en el nuevo acuerdo de las Juntas Generales celebradas en Bilbao en 4 de noviembre de 1723 y que insiste, una vez más, en la necesidad de eternizar el recuerdo del «Arbol Malato quees en el lugar de Luyaondo«. Dice así:

«…en decreto de Regimiento General de diez y siette de Junio año de mill seiscientos y nuebe para que no perdiese la memoria de la sittuacion que ttubo y se conservase la zittada franqueza y exención, se acordó que se plantase otro Arbol en el sitio antiguo y se pusiese una Cruz de Piedra con letrero que dijese: Aqui es el sitio del Arbol Malato. Lo cual parece no haverse executado por omision de la persona a quien se comendo, por tanto Decrettaron y Mandaron sus Señorias queel Señor Sindico General, Don Juan Joseph de Aranguren y Sobrado haga cumplir y que se cumpla el referido Decreto fixando la Cruz de Piedra con la referida inscripcion y lettrero y plantando el arbol en el propio sittio antiguo baliendose para ello de los medios y personas que fuesen designadas«.

Aún así, hasta el año 1730 no se puso por fin la piedra. Casi tres siglos después de su instalación, recordamos aquella fecha al leer la inscripción  que observamos en el pétreo monumento:

«Éste es el sitio donde estaba el memorable Árbol de Malato, de que hablan las historias y la Ley quinta del Título primero del Fuero del Muy Noble y Leal Señorío de Vizcaya. Año 1730

De sobre si se cumplió la parte del acuerdo que ordenaba también plantar un árbol, no sabemos nada pero es probable que no se llevase a cabo.

Encabezamiento del acuerdo de 1723, instando a poner el monumento

 

El monumento que hoy disfrutamos consiste en una base de piedra cuadrada en la que, en dos de sus caras y a renglón corrido, se encuentra grabado el texto más arriba citado. El material parece ser roca caliza de la zona de Ayala, blanda y quebradiza, por lo que su estado de conservación no es del todo óptimo.

Sobre dicha base se levanta la cruz de piedra, elaborada en mejor roca –probablemente extraída de las canteras de Bitorika (Laudio), antaño famosas por la extraordinaria calidad de sus materiales– y en apariencia bastante más moderna.

No sabemos nada al respecto pero la tradición oral recogida en Luiaondo nos habla de que la parte superior se cayó y rompió en algún vendaval y que por ello fue reparada posteriormente, eso sí, con mejor material.

Igualmente se comenta que dicho monumento estuvo en otra ubicación, justamente en el lado opuesto de la carretera rayante ya que el primitivo camino real pasaba, al parecer, entre las actuales carretera interior y circunvalación del pueblo.

Pero no todo han sido glorias para el famoso monumento. Prácticamente hasta hace dos décadas, se encontraba en un total estado de abandono, entre zarzas y descuidado. Afortunadamente para todos, alguien debió sufrir viendo el lamentable estado y se acometieron unas mejoras del entorno que han contribuido a dignificar del lugar. Para ello se acondicionaron los alrededores y se colocó una nueva placa con el siguiente texto explicativo: «Árbol Malato, hoy cruz, ayer libertad recuperada. Aquí el vasco abandona el arma» y su versión en euskera: «Malato Zuhaitza, gaur egun gurutzea, antzinean zuhaitza, askatasun berreskuratua. Hemen euskaldunak arma uzten du«.

También se plantó un retoño del solemne roble de Gernika aunque, cosas incomprensibles de la vida, fue atacado y destruido –al parecer por motivos políticos– en una noche de irracionalidad. Hoy otro árbol cualquiera, sin pedigree para que la intransigencia no se ensañe de nuevo contra él, da sombra y decoro a la cruz conmemorativa.

Imagen (cedida por Kuki Gregorio Seoane) del homenaje de 19 de enero de 2019. Se observa cómo la parte inferior de la cruz, en donde se encuentran las inscripciones, es de otro material diferente a la cruz superior. El árbol posterior sustituyó de urgencia a un retoño del árbol de Gernika que, en los años más convulsos (década de los 80), fue destruido en un acto vandálico con motivaciones políticas antivascas.

 

EL NOMBRE. El nombre de dicho árbol, malato, ha dado juego para las más variopintas explicaciones. Las más conocidas son las dos que propuso el insigne Antonio de Trueba (1819-1889). Para la primera de ellas la hace derivar de malastu, que él traduce como «lozano». Su segunda hipótesis nos lleva a unos términos diametralmente opuestos al primero: sería a través de mallatu, «macerado», «golpeado». Esta ha sido la etimología que más se ha divulgado, probablemente motivada por aquel gesto de clavar las armas en el árbol que las leyendas nos han acercado.

Por nuestra parte preferimos pensar en el término «malato», como «leproso». Recordemos que de la misma raíz surgen los italianos malato «enfermo» o, por ejemplo, malade «enfermedad» en francés.

A favor de dicha hipótesis tendríamos la otra denominación con la que Lope García Salazar designa el célebre árbol en el siglo XV: «árbol gafo«. Con el término «gafo» se denominaban a aquellas personas que por enfermedad degenerativa, solían tener encorvados, en permanente contracción, los dedos de la mano. Era una de las consecuencias más palpables de la lepra. El mismo García Salazar usa el término “malato” para referirse a un enfermo de lepra: «E después fue malato este Constantino. E bautizolo San silvestre e salió del agua del bautismo sano de aquella gafedad…»

Podría, así, sin más, hacer referencia a la disposición o forma del árbol y sus ramas, aunque esta vía daría perfecta cabida a cualquier otro planteamiento.

A pesar de que todo parece indicarnos que ésa debe ser la vía etimológica a seguir, no hemos de perder de vista, sin embargo, que a lo largo de la geografía vasca existen varios topónimos como Malatua, Malatuaga o Malatu y que nos obligarían a buscar en otros espacios idiomáticos.

Monumento a principio de los años 80, en notable grado de abandono

 

NOSTALGIAS. Tras la derrota sufrida en las Guerras Carlistas y con la consecuente abolición de los Fueros en 1876, una oleada de pesimismo y nostalgia se instala en el País Vasco. Las referencias a la pérdida de algo que se tenía como pilar estructural de la sociedad vasca y que es arrebatado bruscamente, por la fuerza, son continuas. Ello hace que los Fueros, las libertades vascas y, cómo no, incluso nuestro Árbol Malato, queden idealizados como nunca antes lo habían estado.

Irrumpen así una serie de escritores, pintores, etc. que intentan acercarnos por medio de sus obras a la perfección que, al parecer, se había dado hasta la ley de la abolición foral.

Sin duda la literatura neo-medievalista de Antonio Trueba, Juan Araquistain o Vicente Arana, creó un caldo de cultivo perfecto para inspirar infinidad de obras pictóricas con alusión mítica a los viejos fueros, Jaun Zuria, etc. Este tipo de obras son especialmente abundantes en la década posterior a 1880.

Uno de ellos será el cuadro titulado El árbol malato y que su autor, Mamerto Seguí Arechabala (1862-1908) realizó en 1882 en Roma. El óleo le reportó, además, el segundo premio de la Exposición Provincial del mismo año y que habían organizado conjuntamente la Diputación de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao.

Cuadro El Árbol Malato (1882) pintado por Mamerto Seguí en Roma. Muestra la exaltación romántica del mito, con Jaun Zuria mostrando el Árbol Malato a los soldados vascos supervivientes en la batalla de Padura (Arrigorriaga)

En él se representa en grandes dimensiones –la imagen supera los dos metros de altura– a Jaun Zuria en el Árbol Malato, tras la batalla de Padura, adoctrinando a sus aguerridos soldados sobre cuál es el punto que deben guardar para siempre en sus memorias. Por ello en el cuadro, por querer exclusivamente realzar el mito, el paisaje parece no tener importancia alguna. Por el contrario, toda nuestra atención es acaparada por la inevitable nos impone la figura de Jaun Zuria, ligeramente elevado sobre las gruesas raíces del recio roble, el árbol sagrado de los vascos.

Sobra decir que las armas y vestimentas representadas están lejos de cualquier rigor historicista pero no tiene demasiada importancia ya que el autor busca tan sólo recrear un paisaje de gran carga política, henchido de tanta mitología que hiciese superar la depresión anímica provocada, como hemos dicho, por la pérdida de los Fueros y mantener viva la esperanza de poder recuperarlos algún día.

Lo que está fuera de duda es la fuerza del conjunto, de la composición, con una intensidad expresiva tal que llega a sobrecoger. Hoy es una de las piezas más seductoras del Museo de Euskal Herria, ubicado en el Palacio Allendesalazar de Gernika y en donde puede disfrutarse en toda su plenitud.

También como muestra de idealización ante el legendario origen del Árbol Malato, existen unos versos de corte épico medieval y que dicen

«Odoldurik heldu ginian / mallatu arbola onetara / eta urren datozenak bere / alan ikusiko gaitubela» // «Cubiertos de sangre llegamos a este Árbol Malato, y los que osen a volver nos verán del mismo modo«, en clara alusión a la batalla de Padura.

No hemos conseguido dar con el autor de dicha poesía si bien sabemos que Juan Gorostiaga la recoge, en su versión romance, en la obra Épica y lírica vizcaína antigua  publicada en 1952. En ella dice que, en las alegaciones que el Padre Henao (1611-1704) hizo para tratar de resolver si el árbol del escudo de Bizkaia era el roble de Gernika o el de Luiaondo, cita además de las crónicas de Lope García Salazar, una «copla vulgar en Vizcaya y no de muy buen romance» y que refiere así:

Llegamos ensangrentados /  en el árbol donde veis / porque nos pinten con armas / los venideros después

A pesar de la discordancia, no cabe duda de que estamos hablando de la misma poesía.

Homenaje que las Juntas Generales de Bizkaia ofrecieron al ärbol Malato el 23 de octubre de 2016

 

LA BATALLA DE PADURA (ARRIGORRIAGA). Existe una leyenda en Bizkaia que ha sido transmitida a través de los siglos y que sin duda es la más conocida de entre todas las que han surgido en su territorio.

Según la misma, en las últimas décadas del siglo IX y en una fecha sin mayor precisión, hubo una gran batalla en Arrigorriaga y que fue de vital importancia para el nacimiento de Señorío de Bizkaia.

Al parecer, habiéndose dado ciertas desavenencias y disturbios entre don Zenón –heredero de las tierras de Bizkaia– y el rey de Asturias Alfonso el Magno, retuvo éste cautivo al primero en Oviedo. Tras varios años de padecimientos, exhausto, falleció don Zenón.

Humillados y dolidos los vizcaínos por la pérdida de su caudillo, se sublevaron contra el rey Alfonso. Éste, para poner orden en aquella incómoda situación, envió sus ejércitos a Bizkaia, capitaneados nada menos que por su hijo, el príncipe Ordoño.

Al campo de batalla salieron los vizcaínos, guiados por un personaje llamado Jaun Zuria y que a la sazón se convertiría en el primer Señor de Bizkaia algo que, como veremos más adelante, choca con la documentación conocida.

Vencieron los vizcaínos y persiguieron a los asturianos y leoneses hasta el Árbol Malato de Luiaondo, dejándoseles huir a partir de dicho lugar.

Al parecer, fue tan cruenta la batalla, tanta la sangre derramada, que las piedras del lugar quedaron totalmente rojas. De ahí que al lugar se le llamase a partir de entonces Arrigorriaga, de harri («piedra») y gorri («roja(s)»), denominación hoy que se corresponde con el conocido municipio vizcaíno.

Dice también la tradición que los muchos vizcaínos fallecidos fueron enterrados, a modo de honor, en el mismo campo de batalla. También falleció el príncipe enemigo Ordoño, al que se le reservó, por decencia, un enterramiento digno de su categoría. Así fue creado un gran sepulcro de piedra, con una hermosa cruz de piedra tallada en su tapa, y que aún puede verse en la entrada de la iglesia parroquial de Sta. Mª Magdalena de Arrigorriaga. Los expertos en este tipo de elementos no dudan al datarlo en el siglo XV algo que, como veremos, pone en duda el origen mitológico atribuido.

A pesar de ello, la creencia de que dicho elemento ha pertenecido al hijo del rey Alfonso, parece constatarse ya desde épocas notablemente antiguas. Así, en la partida bautismal de una criatura abandonada en la puerta de la iglesia y fechada a 20 de abril de 1621 se dice que «…se halló una criatura junto a la puerta principal en el cementerio de la iglesia de La Magdalena de Arrigorriaga, sobre la piedra del sepulcro del príncipe de León que está sita junto a la dicha puerta…».

Al parecer el sepulcro fue expoliado durante las invasiones napoleónicas de principios del XIX. Lo recoge perfectamente el catalán Mañé y Flaquer en su libro El Oasis (1880):

«…El cadáver permaneció intacto hasta que los franceses invadieron Vizcaya. Al saber los invasores que aquel era el sepulcro de un príncipe, tentados sin duda por la codicia, creyeron hallar alhajas de oro y plata, levantaron la tapa, arrojaron al suelo las cenizas y se llevaron una enorme espada que se conservaba dentro. Cerca de este sepulcro existe un disco de piedra, evidentemente muy antiguo, que fue traído de otro punto del mismo valle«.

Hace referencia a una estela funeraria medieval que aún puede verse junto al sepulcro y que procede de la cercana necrópolis de Finaga. Por su tipología debió ser realizada en el siglo IX o X, es decir, fechas que en esta ocasión sí son más cercanas a la mítica confrontación bélica.

Retomando de nuevo la leyenda de la batalla de Padura, al parecer, en los momentos más cruentos del enfrentamiento, vio Jaun Zuria –el dirigente de los vizcaínos– cómo atravesaron el campo dos lobos con sendos corderos en sus fauces. Por eso, y por inmortalizar el momento más eminentemente histórico del Señorío, se incorporaron como iconos al escudo de Bizkaia. En realidad, los lobos de Bizkaia proceden del apellido de los Haro, Lope (‘lobo’).

También existen vagas referencias a un par de cuadros de óleo que existieron en el salón de sesiones de la casa consistorial de Arrigorriaga y que debieron hacer referencia a la batalla del lugar. Uno de ellos, según nos refieren las noticias que de ello nos han llegado, se encontraba muy deteriorado. En el otro había «una curiosa inscripción» alusiva a los hechos de Jaun Zuria. Pero no sabemos nada más; nadie recuerda ya referencia alguna de aquellos cuadros. El historiador local Juan José Agirre nos sugiere que debieron perderse en el incendio que arruinó la casa consistorial hace más de medio siglo.

ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD. La noticia de la batalla de Padura nos llega por dos vías. La primera es del conde Barcelos, escrita en el siglo XIV. La misma leyenda pero con algún aditamento más la publica posteriormente Lope García Salazar en el siglo XV. Es ésta la segunda constatación de la leyenda y a su vez la más conocida y sobre la que se han creado otras muchas versiones posteriores, eso sí, cada vez con mayor aporte de elementos fantasiosos.

Por su belleza e interés reproducimos a continuación la cita de las Bienandanzas y fortunas, obra escrita en el período 1471-1475 por Lope García Salazar. Para facilitar su comprensión se han realizado ciertas adecuaciones lingüísticas, especialmente ortográficas. Dice así:

«Siendo este don Zuria hombre esforzado e valiente con su madre allí cavo Mondaca, en edad de XXII años entró un fijo del Rey de León con poderosa gente en Vizcaya, quemando e robando e matando en ella porque se quitaran del señorío de León. E llegó hasta Baquio. E juntados todos los vizcaínos en las cinco merindades, tañendo las cinco bocinas en las cinco merindades según su costumbre en Gernjca. E habiendo acuerdo de ir pelear con él para lo matar o morir todos allí. E enviáronle decir que querían poner este hecho en el juicio de Dios e de la batalla aplazada a donde él quisiese.

E por él les fue respondido que él no aplazaría batalla, sino con Rey o con hombre de sangre real y que les quería hacer su guerra como mejor pudiese. E sobre esto acordaron de tomar por mayor e capitán de esta batalla a aquel don Zuria que era nieto del rey de Escocia. E fueron a él sobre ello e halláronlo bien presto para ello. E enviando sus mensajeros, aplazaron batalla para en Padura, cerca de donde es Vilvao. E llamaron a don Sancho Astegis, señor de Durango, que los viniese a ayudar a defender su tierra. E vino de voluntad e juntose con todos ellos en uno. E habiendo fuerte batalla e mucho porfiada e después de muchos muertos de ambas partes, fueron vencidos los leoneses e muerto aquel hijo del Rey e muchos de los suyos. E murió aquel Sancho Astegis señor de Durango e otros muchos vizcaínos.

E siguieron el alcance matando en ellos, que no dejaban ninguno a vida, hasta el árbol de Luyaondo. E porque se tornaron de allí pesándoles, llamaron el árbol gafo. E los leoneses que escapar pudieron, salieron por la peña de Gorobel que es sobre Ayala. E como encima de la sierra dijeron ‘a salvo somos’, e por eso la llaman Salvada. E porque en Padura fue derramada tanta sangre, llamaron Arrigorriaga, que dice en vascuence peña viciada de sangre, como la llaman ahora«.

En realidad no existe constancia documental alguna de aquella batalla de Padura por lo que, a pesar de que sí que sabemos que se dieron una serie de rebeliones y levantamientos contra los afanes expansionistas de aquellos nuevos reinos occidentales de Asturias y León, no podemos, por cautela, ubicar la épica batalla fuera del terreno de las leyendas fabulosas.

Tampoco tiene lugar en la documentación histórica el referido Jaun Zuria porque, como sabemos, el primer Señor de Bizkaia constatado es Eneko López.

A ello debemos añadir que, según los estudios realizados parece ser que la leyenda de la batalla de Padura se crea en torno al siglo XIV, casi quinientos años después de los hechos descritos y que, por la cronología de los personajes referidos, debieron suceder en las últimas décadas del IX.

Quienes conocen con más profundidad la época medieval, opinan que la leyenda no es sino una invención para explicar la situación política de la Baja Edad Media, marcada por la necesidad de fijar por escrito las relaciones entre el Señor de Bizkaia y el Señorío y los derechos, obligaciones, impuestos o rentas que a cada uno correspondía. Es decir, surge para dar credibilidad y estabilidad a una situación que, siendo novedosa, pretende presentarse como netamente tradicional y perteneciente a la personalidad misma del Señorío. Es, por así decirlo, una voluntad de explicarse a sí mismos su propia identidad.

Como una bola de nieve, la leyenda va cargándose de más y más elementos según pasa el tiempo y así se convierte en el mejor oráculo para poder explicar, basándose en una tradición como decimos inexistente, cualquier aspecto referido al Señorío.

Esto se produce fundamentalmente a partir de la abolición foral, cuando la leyenda había dejado ya de ser un instrumento útil para explicar la situación del momento, y pasa a convertirse en un mecanismo de autodefensa frente a las agresiones del centralismo borbónico.

Inmersos ya como estamos en el siglo XXI, tan sólo nos queda luchar para que esa cruz que encontraremos cada vez que pasemos por Luiaondo, un pueblecillo ayalés entre Laudio y Amurrio, vuelva a convertirse en elemento mítico, no ya para justificar ningún aspecto histórico, sino para gozarlo, ahora que lo conocemos un poco más, con toda la intensidad que se merece.

OHARRA: gaurko egunean, omenaldi xume bat egin dio Luiaondo herriak bere sinbolorik  esanguratsuenari. Eskerrik asko bertaratu zareten guztiei.

 

La fiesta de los animales

Inmerso en mis ingenuas ensoñaciones, hace unos años acudí al santuario de Urkiola para intentar rememorar allí alguna de nuestras costumbres populares vascas, pensando que así aportaba mi granito de arena contra su desaparición. Pronto me encontré con la cruda realidad y con la certeza de que nada es lo que era y que aquel mundo tradicional de coexistencia con el medio, tan lleno de símbolos y rituales en otras épocas, no era ya más que la simple quimera de un txotxolo. Era el 17 de enero, San Antonio Abad, el patrón de los animales.

El acto estaba rebosante de urbanitas que mostraban sus emperifolladas mascotas como si fuesen los únicos seres vivos sobre la faz de la tierra, quedando desligado todo ello del contexto rural que otro tiempo dio sentido a la fiesta. Yo mismo —otro urbanita, aunque más nostálgico en lo estético— estaba allí para bendecir nada menos que unos cencerros, costumbre practicada antiguamente en aquel templo de montaña pero que ya nadie lleva a cabo. De hecho, por lo novedoso e inusual, la ocurrencia causó gran admiración y me costó explicar a televisiones, fotógrafos y radios que yo no era un buen pastor sino un mal impostor . Una vez más, nada era lo que aparentaba ser.

Mis cencerros, en plena pugna por la bendición de Urkiola, frente a mascotas y periodistas.

Pero antiguamente sí que acudían para ello ganaderos de toda Bizkaia, con cestas llenas de sus mejores arranak, los cantarines cencerros, que actuarían a partir de aquella bendición como un talismán contra rayos, enfermedades, despeñamientos, etc. del rebaño. Con idéntico fin, encargaban los pastores alguna ocasional misa en Urkiola. Eso sí, previo pago, porque a los sacerdotes les sonaba tanto o mejor que los cencerros aquel dinero contante y «sonante».

Sabemos asimismo que en esa fecha, el 17 de enero, no se hacía trabajar a mulas, burros y otros animales de carga. Era su día de fiesta. Y se respetaba rigurosamente, no fuese a caer una maldición por quebrantarla. Idéntico trato privilegiado recibían bueyes y vacas que, para colmo de regocijos, pastaban libres por las campas en vez de estar encerrados en la cuadra.

También nos consta que el 17 de enero se daba en los caseríos una comida especial a los animales domésticos, a modo de banquete festivo. En algunos casos el ágape —un trozo de pan generalmente— se compartía entre animales y humanos generando así un vínculo afectivo especial entre ellos. Por cierto, en la bendición de Urkiola se hace entrega de un panecillo bendecido a cada uno de los asistentes.

La bendición de panecillos se lleva a cabo en el interior del santuario de Urkiola y, en el exterior, la de los animales y… cencerros

También ese día se echaba en la entrada de la cuadra la ceniza mágica en que se había convertido el tronco de Navidad. Y se hacía pasar sobre ella al ganado para que quedase impregnado de la bondad y prosperidad que aquel bendito residuo emanaba.

Tampoco faltaba en los caseríos la clásica estampa protectora de San Antón clavada en alguna columna de la cuadra, para así proteger aquel entorno de cualquier desdicha que pudiese afectar a los animales.

En algunos lugares se encendían —y se encienden— unas hogueras rituales en la víspera de esa festividad y queremos suponer que, una vez más, son la representación del sol en la Tierra. Por medio de la llamada magia simpática —actos rituales con la esperanza de que el destino los imitase— se incitaría al astro rey a que calentase como lo hacía esa gran fogata. Tampoco es casual que en torno a esta fecha se celebren mascaradas carnavalescas con las que purificar el ciclo natural que ya arranca.

Y es que, ese pequeño avance de las horas de luz, ya era suficiente para incitar la actividad animal. Los gatos entraban en celo y qué decir del comienzo de la puesta compulsiva de las gallinas, inmortalizada con el dicho popular «Por San Antón, huevos al montón» que tanto repiten nuestros baserritarras. Por no hablar de nuestros txoritxus, los pájaros que a partir de estas fechas, enloquecidos de amor, van a convertir en primorosa algarabía cada uno de los amaneceres.

Sabemos además que, por la misma razón, se acariciaban y sobaban con gran mimo la tripa y ubres de las cerdas madre, las makeras, mientras se les hablaba con gran cariño, sin duda para que continuasen trayendo prosperidad a aquellos necesitados hogares.

Conocemos también por otras referencias que era costumbre acudir a la misa de ese día acompañados del ganado principal de la casa. Esperaban los asombrados animales fuera del templo, pacientes, hasta finalizar la liturgia, momento en que el sacerdote lanzaba la bendición protectora sobre todos ellos.

Éste es el origen de esa nueva costumbre en la que, hoy por hoy, tan sólo acuden ñoños y txotxolas a bendecir a sus acicaladas mascotas. Los más trastornados, pueden incluso llevar cencerros. Es el fin… pero al menos dentro de un ciclo vital que renace una vez más.

[euskaraz nahi baduzu: https://blogs.deia.eus/arca-de-no-se/2018/01/17/txoriak-zain-ditugunean/]