Un «azkonarra» en Laudio

Lo bonito de los tesoros es que siempre aparecen por sorpresa, cuando menos se los espera. Es entonces cuando la alegría producida por el hallazgo se multiplica hasta el infinito.

Uno de esos descubrimientos lo hemos tenido hace unas semanas en Laudio cuando, al acometer las obras de reparación del tejado en un antiguo caserío de Isusi, su propietario localizó bajo el alero un extraño elemento que no llegaba a identificar y del que no sabía nada. Tras la consulta realizada, y facilitada su correspondiente respuesta, hemos pensado que era oportuna la publicación de unas notas al respecto, para el conocimiento general, dado el gran interés cultural del objeto localizado.

Laudioko azkonarra. Aurreko aldea

Se trata de un objeto precioso, escaso y con la doble vertiente del patrimonio material —el objeto en sí— y el inmaterial, porque nos enlaza con antiquísimas creencias y supersticiones populares que ya habíamos perdido. Asimismo, a pesar de que estos elementos han sido muy comunes en nuestra cultura, son pocos los que se han conservado. Y los que perduran, se exponen en museos. No sería merecedor de menos nuestro ejemplar de Laudio ya que, a pesar de contar con una vejez de un cuarto de milenio, se conserva en buen estado.

Es un artefacto que suele conocerse en la cultura vasca con el término «azkonarra«. El nombre le viene dado porque es una pieza metálica adornada normalmente con una piel de “tejón” —azkonarra en euskera—, animal comúnmente conocido entre nosotros como «tasugo».

La denominación de «azkonarra» para nuestro artilugio la recoge ya R. M. Azkue en su celebrado Diccionario (1905), como palabra propia del occidente vasco: «Collada, melena, adornos que se ponen al yugo de los bueyes y que se hacen con la piel de tejón».

Y es que para nuestros antepasados laudioarras que utilizaban aquel aparato, no había nada más deseado y fastuoso que culminar el yugo de una yunta de bueyes con una piel de tasugo. Ante su escasez, también llegaron a usarse pellejos de perros o, como todos hemos conocido, unas pieles de oveja o carnero, con buena lana. Pero nuestra pieza es algo más que una piel.

Laudioko azkonarra. Atzeko aldea

La pieza metálica que la soportaba se amarraba con fuerza a la zona intermedia del yugo, elevándose sobre él, para así aportar más grandiosidad y presencia a la comitiva que encabezaba la pareja de bueyes. Por si ello fuera poco, el conjunto se complementaba con campanillas, cintas de colores y, como hemos dicho, la inexcusable piel de tejón que en nuestro caso va elegantemente cosida al aparejo.

La yunta se adornaba así para las ocasiones especiales, sobre todo para transportar el arreo con el que la mujer contribuía a su casamiento. Muebles, tejidos varios de lino, calderas, herradas, cerámicas… acumulados durante años eran la aportación para cerrar el matrimonio, acarreándose hasta el nuevo hogar, del que la muchacha comenzaba a ser parte inherente e indisoluble. Todavía se recuerda en Laudio alguna de aquellas comitivas.

Azkonarra, Bilboko Euskal Museoan

La función de nuestro «azkonarra» era la de purificar el entorno de maleficios, malas suertes o sortilegios para posibilitar que todo fuese próspero y venturoso en aquel nuevo enlace. Por ello, el conjunto iba culminado con una cruz que todo bendecía a su paso, marcando además la superioridad del dogma católico sobre el resto de elementos del conjunto, mágicos pero paganos, vulgares pero tan arraigados en la mentalidad popular que era impensable no incluirlos. Entre ellos, siempre había unas campanillas que tintineaban con el traqueteo de los bueyes.

Según las creencias de la época, con su sonido purificaban de malas influencias el entorno, especialmente de sortilegios brujeriles y males de ojo. Algo similar a los grandes cencerros con los que se depura el ambiente en algunos carnavales rurales. Al igual que las cintas de colores que ondeaban al viento.

A ello se sumaba el sonido chirriante de las ruedas del carro, cuanto más estridente mejor, pues en nuestra cultura aquel sonido agudo tenía la función de anunciar el paso de la comitiva pero, sobre todo, otra función muy estimada, ya que una vez más se creía que su sonido espantaba a las brujas y anulaba sus malas artes.

Azkonar bat

La preciada piel del tasugo cumplía la misma función. El hecho de tratarse de un animal muy común pero a su vez raramente avistado por los baserritarras—dados sus hábitos nocturnos— así como la creencia de que era un animal que procedía de las entrañas de la tierra, conviviendo con los seres “de la otra parte”, del más allá, le confirió desde épocas muy antiguas unos valores sobrenaturales, mágicos, en las supersticiones populares. Así, se pensaba que su presencia era el mejor remedio para ahuyentar el mal, en especial el temido «begizko» o «mal de ojo». Y es que todo en el tejón parecía tener poderes prodigiosos.

De ahí que las garras de tejón —algunas engarzadas en plata— colgadas al cuello de bebés o personas débiles fuesen un amuleto habitual entre los siglos XV-XVII. O que, de nuevo usado como talismán benefactor, encontremos sus cueros en cuadras o sus garras clavadas en las puertas de caseríos o usada su grasa en los remedios infalibles de los tratamientos de nuestra antigua medicina popular.

Garra de tejón engarzada para llevarla colgada al cuello como amuleto

Por eso, por sus grandes poderes mágicos, era por lo que tanto se ambicionaba la piel de tasugo colocada en elementos como el de nuestro nuevo tesoro. Ya recogieron hace un siglo los etnógrafos Azkue y Barandiaran, diciendo que los boyeros solían cubrir sus animales con piel de tejón, y «en zonas de Bizkaia y Gipuzkoa se consideraba un gran lujo el poner pieles de tejón sobre el yugo en los arreos de boda». Nada menos que para protegernos del mal de ojo, una influencia negativa que ejercen algunas personas, fundamentalmente las brujas, sobre otras personas, animales, cosas y actividades, por diversas caudas, en especial las envidias. Y no es extraño que hasta no hace tanto se atribuyesen las muertes de ganado, enfermedades, plagas en las cosechas y calamidades varias a un maleficio que no se sabía de dónde venía.

Azkonarra, tejón o tasugo.

Y nada más efectivo conocían nuestros antepasados para protegerse de tal amenaza como aquellos azkonarras, como el que casi milagrosamente hemos conservado en el siempre hechizante entorno del Yermo. Dos siglos y medio después, ya está con nosotros, bien protegido, estudiado y a buen recaudo: el azkonarra ha funcionado y una vez más nos ha sonreído la buena suerte.

El artículo, en versión bilingüe, se encuentra publicado en papel en la revista bimensual ZUIN (octubre 2019) del Ayuntamiento de Laudio.

Ritos de invierno ¿Nos acompañas?

El invierno era el período que más incertidumbre y desconcierto infundía a nuestros antepasados. Temerosos de que su frágil suerte les abocase a morir de hambre y penurias, buscaban la supervivencia a través de pequeños “regalos trampa” con los que engañar a aquella Naturaleza que regía su destino. Era el recurso desesperado a lo sobrenatural, a lo mágico, a lo extraordinario para… intentar ir superando día a día aquel largo período de frío y oscuridad.

Untzuneta

Por ello, el invierno es la estación del año con más rituales, costumbres y tradiciones. Para poner la fortuna de nuestro lado, para seducir y engañar a la suerte, para buscar la prosperidad y, al fin y al cabo, dotar de sentido al concepto “vida”.

Interpretación de las señales de la naturaleza, llegada de aves extrañas, rituales protectores de animales, dádivas a las bestias del bosque, ritos de fertilidad u ofrendas de muerte y vida a los inconmesurables bosques se alternaban y sucedían en esta época como en ninguna otra…
Sin embargo, algo que ha formado parte inexorable de nuestros gozos y miedos en el devenir de nuestra existencia… lo hemos olvidado o descuidado por completo.

Pero nos negamos a la desmemoria popular. Y queremos luchar contra ello. Así, vamos a rememorarlo en una actividad que, espero, nos haga conectar con aquella esencia que, formando parte de nosotros, ni sabíamos que la teníamos ahí, esperándonos paciente a que la redescubramos una vez más.

Saldremos de Murueta (Orozko) para, por el pintoresco barrio de Pagatzaurtundu (Pagasandu), ascender en sacrificada pendiente, hasta el sobrecogedor y mágico bosque de hayas trasmochas de Untzuneta. Allí versaremos sobre lo humano y lo divino e, incluso, representaremos (y gozaremos) una frugal ofrenda-ingesta que nos haga soñar con una vida feliz. Por las sobrecogedoras aldeas de Sagarminaga y Asteitza, con vistas a Gorbeia y alternando bosques y pastizales, retornaremos al punto de partida: el medieval poblamiento de Murueta.

En total serán 11,2 km de camino, con un desnivel acumulado de 650 m, casi en su totalidad en la parte inicial. Sábado 5 de octubre. Salida a las 10:00 h desde el Museo de Orozko (iremos hasta Murueta compartiendo vehículos) y fin en el mismo lugar en torno a las 14:00 h. Actividad enmarcada dentro de las Jornadas Europeas de Patrimonio, coordinada por la Diputación Foral de Bizkaia y organizada por ese pueblo que tanto quiero y me quiere: Orozko. Allí os espero para daros la chapa y, espero, la satisfacción de haber aprendido algo más sobre nuestro pueblo. Ah: sí o sí, es necesario apuntarse previamente (Museo de Orozko). Sed formales que si no, nos chillan las chicas majas que lo llevan.

Basabisita, historiaren danbor hotsa

Kasua aurkeztu ziotenean, harri eta zur, zur eta lur, geratu ei zen Arartekoa, aldez aurretik bazekielako ez zuela konpontzeko modurik aurkituko. LIMITADUAren auzia historikoaz ari gara, Otxandio eta Aramaio arteko lur eremu eztabaidatuaz. Eta egun ere, akordio batera iritsi ezinean, halaxe egiten da instituzio guztien adostasunarekin: Bizkaiak bere lur eremuen barruan sartzen du eta berdin Arabak. Bestela esanda, lurralde bien mapak bata bestearen gainean jarriko bagenitu ez lirateke ondo ahokatuko, ez lirateke bat etorriko.

BASABISITA.Joan den igandean, hilak 15, eta iraileko hirugarren igande guztietan egin bezala, Basabisita egin zuten otxandiarrek. Mendi ibilaldi bat da, ohitura zaharrekoa —jatorria 1754. urteko epai batean du—, eta herritar askok egiten du, agintariak buru, Limitadu eztabaidatu horren mugak egiaztatzeko eta ontzat emateko. Han ginen gu, familia arrotz bat, txikiak, isilak, herri zoragarri horen sentsazio historikoekin blaitzeko irrikaz.

Goizeko zazpietan danbor hotsaz bete ziren uriko kale guztiak, gazte batek hartua zuelako eguerdira arte iraungo zuen eguneko ardura neketsu hori. Kalez kale, bai, herritar guztiak iratzarri asmoz, hastear zegoen jaira jaitsi zitezen.

Zortziak baino lehentsuago jende andana azaldu zen herriko plazan, bide luzeari hasiera emateko eta, euren presentziaz eta ahaleginaz, zilegi bihurtzeko Basabisita ekitaldi esanguratsua. Zortziak zirenean, puntu-puntuan, abiatu egin ginen.

A las 8:00 de la mañana arranca la comitiva de la Basabisita desde el Ayuntamiento. La encabezan el alcalde portando su vara de mando y un tamborilero que tañerá su instrumente durante todo el acto.

DANBORRA ETA UDALBATZA. Danborra aurrean, bidean hasi ginen, segizio moduko batean ibilki, basoan barrena sartzeko. Aldapak, lokatza, ostoak eta ekaitza euritsu bera zain genituen. Danbolindariaren ondoan, udalburua zihoan uneoro, bere aginte-makila ederra eskuan zeramala. Eta, euren parean, basozaina, udal zaharren osaketan “montanero” izenarekin dokumentazioan agertzen zaiguna.

Alkatea eta bere aginte-makila

Muga-zuhaitzetara iritzita, basozainak zeraman aizkora berezi batez azal zati bat kentzen zien arbolei eta, jarraian, bere indar guztiekin, kolpe sendo bat eman aizkoraren atzeko aldearekin, burdinazko “OTX” [Otxandio] letrak marka zitezen zuhaitzean. Ilusioa galduta zebiltzan batzuk zenbait kolperen emaitza ikustean, lehenagoko aizkorak, “OCH” letrak zituena, hobeto markatzen zuelako.
Bide batez… ba al da herri egokiagorik burdinazko lanez hitz egiteko, Otxandio baino?
Horrela gindoazen, mugako pagoak eta haritzak banan-banan markatzen, inoiz ikusitako baso ederrenetatik aurrera eta beti danborraren soinu obsesiboa lagun.

Momento del marcado a golpe de hacha de uno de los árboles fronterizos. Lo ejecuta un guarda forestal (sustituto de los antiguos cargos de «montaneros») bajo las atentas miradas del alcalde, tamborilero y otros participantes varios.

Han nengoela ulertu nuen zer zen agiri historikoetan sarri agertzen diren herriko agintarien segizioak “danbolin” baten presentziarekin, zela jai batera hurbiltzeko, zela zeregin instituzional batera hurreratzeko. Iragana interpretatzeko arkaismo fosilizatu paregabea nuen begien aurrean.

La nueva marca con las letras OTX se añade a las de años anteriores que aún se aprecian perfectamente

BAKAILAO ETA ARDOA. Bidearen nekeak arintzeko, hiru leku zehatzetan kopau bat oparitzen die udalak bertaratutakoei: bakailao ogitarteko joriak eta nahi beste ardao. Antza, beti eskaini izan dira jaki eta edari preziatu horiek. Baina aldaketa txiki batekin. Behinola, dirudienez, bakailaoa gazitua zen, lehorra, garraiatzeko eta kontserbatzeko erabiltzen ziren haietakoak. Eta zegoen moduan jaten zen, eskuaz edo aiztoaz zati txikietan ebagita. Baina hark, gosea ase orduko, egarria ere bizitu egiten zuen. Horregatik ardo asko edan behar zen, gustura gainera, gabezien garaietan bakailaoa eta ardaoa luxkuzko produktuak zirelako, ez nolanahikoak. Eta, kontatu zidatenagatik, otamena garraiatzeko erabiltzen zen idi-gurdiak behin baino gehiagotan itzuli zituen herrira ibiltzeko gauza ez ziren gizon mozkortuekin.

Ez dakit nondik etorriko zen bakailao jatearen ohitura hori baina litekeena da zerikusi izatea Otxandiotik bertatik pasatzen zen ardoa eta arrainak garraiatzeko (Errioxa-Bermeo batik bat) bidearekin, gaur egun ibiltarientzako GR-38 bihurtuta.

En tres puntos del recorrido el consistorio regala a los participantes unos generosos bocadillos de lomo y vino. Quizá la presencia de estos dos elementos tenga que ver con el paso de la ruta del Pescado y Vino (hoy GR-38 para caminantes) por la villa de Otxandio

AURTOLA ONDOKO AKTA.Aurtola, burdinola esanguratsu bat izan zuen Aramaioko auzo bat da. Eta hor, inon baino biziago zeuden muga-eztabaidak, baso-ikatza zelako lantegi haiek probetxuzkoak izateko behar duten “urrezko erregai beltza”. Auzo horretan, baina Limitaduaren mugan, haritz sendo batek gerizatuta, udal idazkaria agertu zitzaigun bere akta liburuan jasotzeko eguneko bisitaldia eta haren ondoreak. Udalburuak lehenik eta zinegotziek ostean, sinatu egin zuten bisita-agiria. Eta jarraian, bertaratutako guztiok aukera izan genuen geure izenpeez, egunean bizi izandakoaren fede emateko. Atseden luzeena egin zen hor, eta autoz ere hurbildu zitzaizkigun adinagatik edo muga fisikoengatik basotik ibiltzeko moduan ez zegoen jendea.

El secretario municipal redacta el acta de la Basabisita bajo un corpulento roble y las gotas de la perezosa lluvia

Hortik, basoan zehar denbora guztian, laster aurkitu genuen Otxandiotik Durangora doan bidea eta amaiera hurbila antzematen zen. Apurka-apurka eta etenik gabe, bere ondotik herrigune historikora heldu ginen.

El Alcalde es quien primero certifica el acta. Luego lo harán los concejales para finalizar con todo aquel que desee dar fe con su firma.

Herriko jendeak miresmenaz begiratzen zion danborraren hotsak atzetik zekarren jende errenkadari, pozarren beste urte batez jende ugari zegoelako Basabisitan. Gazteak tabernetatik, txakolin bat eskuan eta, nagusiak, leiho eta balkoietatik harroturik agurtzen.

Gu, arrotz ginenok, isilka eta ahopeka genbiltzan, hor ez genuelako, besteek bezala, egindako bidearen euforia helarazteko inor. Baina, halere, pozez beteak geunden, jakinik Euskal Herri osoan ez dagoela iragan historikoarekin topo egiteko antzeko ekitaldirik. Eta, hor bai, seguru kanpokook liluratuago geratu ginela bertakoak baino. Ordurako, gainera, goizeko hodei eta euri-jasak eguneko anekdota besterik ez ziren eta eguzkiak dena zuen alaiturik. Baita kanpotarron gure bizipenak ere.

Basabisitako aizkora berezia, atzean letrak dituela

Basabisita
Salida desde Aurtola, Aramaio, en cuyas proximidades se ha firmado el acta. En Aurtola existía una ferrería, fuente de los conflictos por el Limitado, por la necesidad insaciable de carbón.
La Basabisita transcurre en ocasiones por entornos que dificultan el avance
Otxandio, Basabisita, Limitadoa, Limitaue, Limitado, Ochandiano, Oleta, Olaeta, Aramaio, Aramayona
Eskerrik asko, Otxandio

LIMITADUAren historia ulertzeko hainbat historia-ohar (Otxandioko udalaren webetik hartua)

Otxandiarrek XV. mendeaz geroztik beren auzokideak diren Aramaioarrekin duten muga-gatazka historikoa gaurdaino iritsi da. Oso zaila da ziurtatzea nongoa zen, jatorriz, Otxandio eta Oleta (Araba) artean kokaturik dagoen 500 hektareako lurralde hau.
Limitaduaren gatazka ulertzeko, sortu zeneko garaia aipatu behar dugu. Garai hartan, Otxandiok oso hazkunde nabarmena izan zuen komertzioari esker. Hori zela eta, bere lurraldea handitzeko beharra izan zuen.

Bestalde, egurraren eskaria ere gero eta handiagoa zen; egurra ezinbestekoa zen eraikuntzan nahiz burdinoletan, eta abereentzako zein etxeetan erabiltzeko ere egurra behar zen. Hala ere, Otxandioko lurren hedadura txikia zenez, ez zuen apenas basorik ezta egurrik eskura. Aramaioko lurraldea askoz zabalagoa zen.

Zenbait historiagileren arabera, Kondekua (Limitadua izenez ezagutzen dena) Erdi Aroan Aramaioko kondeak Otxandiori kendutako lurrak dira.

Udal biek aldarrikatzen zuten lurralde haren jabetza. 1457ko ekainaren 2an, Elvira de Leiva andereak (Juan Alfonso de Múgica Aramaioko jaunaren amak) eta Otxandioko Udalak, adostasunez, eskritura bat egin zuten ordura artekoak bezalako eztabaidak eta auziak saihesteko. Eskritura hartan, Otxandioko Udalari lurraldearen erabilera eta ustiapena onartu zitzaion, inongo kanon, zentsu edo pentsiorik eman beharrik gabe Aramaioko jaunari.

Aramaiok ez zuen parte hartu elkarganatze eskrituran, eta eskritura hura Konde jaunak eta Otxandioko Udalak sinatu zuten.

Garai hartatik gaur egunera arte gatazkan jarraitu dute bi herriek.

Konponbideak bilatzeko hainbat saiakera egin dira; XVI. eta XVII. mendeetan zehar, esaterako, Valladolideko kantzelariak eta Bizkaiko epaile nagusiak esku hartu behar izan zuten bi herrien arteko liskarrak baretzeko.

XVIII. mendetik aurrera (1754an) Otxandion gaurdaino ailegatu den ohitura ezarri zen, “Basabisitta” egitea, alegia, muga-puntuen bisita. Otxandiarrek, berena defendatu nahian, urtero-urtero egiten dute bisita hau (irailean), jai giroan.

XIX. mendean, gatazka honen konponketaren zailtasunak ikusita, Bizkaiko eta Arabako Foru Aldundiek, Udalekin batera, arbitraje bilera batera joatea erabaki zuten, Gipuzkoako Foru Aldundia bitartekari gisa jarrita.

XX. mendearen hasieran, Gipuzkoako Foru Aldundiak Berariazko Batzordea ezarri zuen, gatazka historiko hau konpontzeko. Batzorde honek eskumena Aramaio herriari ematea erabaki zuen. Baina, Bizkaiko Foru Aldundiak ez zuen onartu Batzorde honek hartutako erabakia, eta argudiatu zuen Batzordeak ez zuela hitzartutako prozedura jarraitu.

XX. mende bukaeran, jurisdikziorik ezagatik, gatazka larritu egin zen, eta arazo berriak sortu ziren ondasun higiezinen gaineko zerga-bilketan, hirigintza-eskumenean, eremu honetan ezartzen ziren etxeen jabego-erregistroan…

Hori dela eta, Arartekoaren bitartekaritzaz adostasunerako proposamen bat luzatu zen; bertan Limitadua bi zati berdinetan zatitzen zen, erdia Aramaiorentzat eta beste erdia Otxandiorentzat.

Baina arazoak berdin jarraitzen du behin behineko soluzio barik, Araba eta Bizkaiko muga denez, egungo legediaz, estatuaren esku dago soilik auzia konpontzeko ahalmena.

Gainera, gaur egun udal zerbitzu eta kirol instalazio gehienak Limitaduan daude, Otxandioko hirigunean guztiz integratuta.

A los de Ugao se les fue la olla

Pobre pueblo de Ugao, que se le fue la olla y ni siquiera saben cuándo…

Si os fijáis, el escudo municipal de Ugao-Miraballes ostenta una marmita como símbolo distintivo. Pero es una olla concreta, tangible, una olla que como cada año sacarán a la calle este lunes, en el mal llamado día de la Cofradía o, peor aún, el Día de las Alubias. Es una perola antigua, memorable pero que, al igual que la celebración actual, poco tiene de genuina. Porque parece un puchero mindundi, pusilánime y descorreado si lo comparamos con el antiguo… Pero vayamos por partes.

La olla de Udiarraga, en la comida (alubiada) celebrada junto a su ermita en 2012. Es el elemento que, junto a la torre de Ugao, conforma el escudo municipal de Ugao-Miraballes, a la izquierda de la imagen.

LA FIESTA. La Cofradía de Udiarraga, de gran arraigo y fama en otros siglos, se celebraba el domingo siguiente al 8 de septiembre. La fiesta comenzaba con los previos el sábado, para explotar en gran concurrencia de visitantes y banquete el domingo —la Cofradía propiamente dicha—, finalizando en el día siguiente, lunes, cumpliendo así con el típico ciclo de tres días, un día que podemos presuponer que correspondería a la mujer, como ya lo comentamos al hablar de los Berakatz Egun o Días de Ajos de los pueblos cercanos. Una vez más, este último día, el lunes, el más informal, es el que más arraigo popular ha adquirido con el paso del tiempo. Era el día después, la última oportunidad… el que los documentos denominan “el lunes de Cofradías”. Pero no la Cofradía en sí, como hoy erróneamente se cree.

Detalle del retablo de la ermita de Udiarraga, con el que se cree fue el antiguo escudo local, mostrando la torre de Ugao y un árbol -quizá el que generó el nombre de Udiarraga- , pero sin el gran puchero, hoy parte intrínseca del mismo. El retablo fue tallado por Laynez y Biadero (1680), para la antigua ermita ubicada en una montaña cercana. Se reaprovechó para el templo actual, que se comenzó a construir en 1778 en el casco urbano de la villa.

LA OLLA. Algo bochornoso debió suceder con la inconmensurable olla antigua, ya que no se habla de su pérdida en ningún documento. Porque sí: hubo una anterior, venerable y venerada, magnífica por dentro y magnificente por fuera. Pero, ante todo, con muchísima más capacidad, algo fuera de lo normal. Quizá fuese requisada en alguna guerra para fundir su metal, sin que nada sepamos ya: ¡Vaya usted a saber!

Pero salta a la vista que lo que ahora vemos, la que se muestra en el escudo municipal, es un elemento moderno para su época, el último grito de las modas que vinieron de Francia, las conocidas como “ollas de Burdeos” de hierro colado, furor en los menajes del XIX. Fueron la primera gran aportación material de la Revolución Industrial al caserío rural vasco. Y su expansión fue tal que las encontraremos en cualquier lugar de Europa o América, con una morfología similar. ¿No nos recuerdan a los potes gallegos? Pues eso mismo son…

Detalle de la venerada olla, con el nombre UDYERRAGA inscrito en letras de molde

De nuevo con nuestra olla de Ugao, sí la hace extraordinaria la inscripción con letras de molde que muestra en su panza: “Udyerraga 1848”, con el 4 totalmente girado, desplazado, y que nos deja a las claras que el taller que la fabricó estaba aún experimentando con el novedoso hierro colado. Y no atinaron con el molde por lo que les apareció desplazado el número de aquella década.

Era tan deslumbrante aquel nuevo sistema de trabajar el metal, parecía tan irreal, que los receptores quedarían hechizados con el resultado, sin dar importancia a aquella tara que era un mal menor e insignificante. Y es que una virguería así era imposible de lograr a mazazos sobre una masa viscosa, como hasta entonces se había trabajado en nuestras ferrerías.

No sería extraño que nuestro esbelto perolo fuese una donación de los, para aquel entonces, recién nacidos Altos Hornos de Santa Ana de Bolueta, la punta tecnológica del momento, lo que acarreó la clausura definitiva de todas las tradicionales ferrerías. Todo un hito…

Por ello pronto se debió perder el recuerdo de la anterior olla gigante, fabricada con toscos golpes, un elemento vetusto que ya no parecía ni siquiera digno de aquella gran mesa de la Cofradía. Una Cofradía que, a la vez que su marmita, desaparecería para siempre unos años después. Y se olvidaron de ella y, desde entonces, la memoria popular de Ugao quedó huérfana de su mayor símbolo de hermandad y convivencia social…

El núm. 4 del año 1848 se encuentra girado, por un error o accidente en la fabricación del molde

LAS ALUBIAS. Tampoco tienen nada de históricas o tradicionales esas alubias que hoy parecería herejía el ponerlas en tela de juicio. El menú tradicional de la Cofradía, como luego veremos, era de carne de vacuno, tocino, garbanzos… y mucho vino, como solía ser habitual. O, anteriormente, tal y como recogen por primera vez los documentos históricos, con grandes dosis de «pan, vino tinto y claro, gallina, queso, especias, mostaza, cebolla y fruta de manzana y castaña» (1570).

¿Y cómo llegamos hasta las alubias actuales? La cofradía de Udiarraga hacía muchísimo que se había dejado de celebrar, en torno a 1890. Por ello, unos amigos entusiastas, románticos amantes de su villa, acordaron hacer una comida popular con la disculpa de rememorar aquella histórica cofradía. Era el 1959, hace ahora 60 años, en pleno franquismo e inmigración motivada por las boyantes fábricas locales.

Con más jovialidad que fidelidad histórica —de hecho la celebraron un 21 de septiembre en vez del 14 «que tocaba»—  no se les ocurrió mejor idea que poner alubias como menú, lo más normal en una comida popular de la época. No eran conscientes que aquel pequeño detalle estaba cambiando la historia local para siempre… Porque, aunque posteriormente hicieron algún experimento con sopa, bacalao, pollo y pera (1965) aquel recuerdo de la comida inicial había arraigado como “la histórica” en el recuerdo de los más jóvenes.

Imagen de la primera comida popular (1959) hecha en memoria de la histórica Cofradía de Udiarraga. Es la primera vez que se comen las alubias, tan incuestionables hoy, 60 años después. Preside el evento la famosa olla de 1848.
Fotografía de Javier García Rodrigo (d.e.p.), uno de los promotores de la recuperación de la Cofradía.

Tras un nuevo parón en la comida popular, en 1985 renace aquella celebración —emulando la histórica cofradía— de sus enésimas cenizas y, ahora sí, se apuesta definitivamente por las alubias. Fruto de ello, hoy en día no hay hogar, restaurante, lonja o txoko alguno que en ese lunes no tenga en Ugao su gran perola de alubias.

LA HISTORIA. Soy de los asiduos a esas alubiadas de Ugao y las gozo con toda mi alma. Pero, a su vez, no me gusta descuidar la perspectiva histórica, esa que tantos o mayores placeres que los rebosantes platos me da. Y, mientras voy dando paletadas con la cuchara, pienso en aquella romántica fiesta de la Cofradía de Udiarraga, aquella que para siempre se perdió. Y no creo que para ello pueda concebirse una descripción más bonita que la que hizo el periodista catalán Mañé i Flaquer (1823-1901) — obra El Oasis que tan buenas lecturas me ha dado— sobre una referencia del impresor Delmas (1820-1892). Encima, es la única descripción que conocemos. No perdáis detalle porque cada frase encierra un auténtico museo y es el único y último testimonio de aquella reunión humana. Ahí es donde nos aparece la, textual, «famosa olla enorme por su magnitud»:

«Miravalles, dice el Señor Delmas, es renombrada por la famosa romería que se celebra en el campo de Udiarraga el primer domingo del mes de octubre [es una errata y se refiere a septiembre: ver nota al final] inmediato a la fiesta de la Natividad de la Virgen María. Esta romería […] en un sitio ameno poblado de árboles […]. Esta ermita […] está servida por dos sacerdotes de la villa y una cofradía formada por la mayor parte de los vecinos. Los cofrades se congregan el sábado víspera de la popular diversión y en su presencia y en el campo de Udiarraga matan un becerro, con que sacian su apetito al día siguiente.

Poco después del sacrificio se saca del templo una famosa olla, enorme por su magnitud, como que ha de contener toda la res hecha pedazos. Ésta se cuelga al aire libre en el campo que se extiende al lado de la ermita y al amanecer del domingo se coloca la olla, repleta ya con carne del becerro, de tocino, de garbanzos y de otras vituallas nutritivas y sabrosas sobre un hogar formado con crecidos troncos de árbol.

Los cofrades van llegando, provistos de un plato, una taza y un vaso, toman asiento que tienen preparado bajo una tejavana construida aquí cerca y a las doce del mediodía del domingo se les sirve la parte que a cada uno le corresponde a la vista de millares de personas que acuden a la romería.

Es curioso el espectáculo que presenta la interminable mesa, cubierta de enormes trozos de carne y otros manjares y circuida [rodeada] de venerables ancianos y gallardos mancebos del campo, dispuestos a engullirse aquellas raciones que cada una sola bastaría para mantener a una familia entera.

Y es por demás agradable observar el orden que reina durante la comida hasta que cuando ya toca a su término desaparecen como por ensalmo los jóvenes congregados para ir a tomar parte en los animados aurrescus, fandangos y arin-arin que se bailan en la romería, permaneciendo los ancianos sentados en sus bancos, muchos de ellos sin poderse mover por los efectos que en su cabeza ha producido la libación. Entre tanto, el encargado de la comida de la cofradía, que generalmente suele ser una mujer, famosa en los fastos de la culinaria vizcaína, recoge la venerable olla… y la deposita en el lugar que tiene destinado en el templo y no la deja ver la luz durante los 365 días de cada año».

Precioso, sublime… ¡Nos vemos el lunes en Ugao, en torno al plato de gozosas alubias que cumplirán 60 años de tradición. Y, claro está, en recuerdo y honor de siempre gloriosa y memorable Cofradía de Udiarraga y su descomunal olla.

NOTA: quiero pensar que el lapsus de la cita histórica al describir la fiesta como «de octubre» —en vez de como «de septiembre«— no es casualidad y en realidad se debe a que la referencia sería recogida de alguien euskaldun ya que, en estos valles más occidentales del territorio del euskera, tanto septiembre como octubre se denominan «urria» (diferenciados entre ellos como «urri lehen» y «urri bigarren» cuando es necesario). De hecho, esta fiesta de la natividad de la Virgen se conoce por estos valles como «Urriko Andra Maria«. Sin duda, alguien que no fuese del entorno lo traduciría como «Nuestra Sra. de octubre» aunque hace referencia a septiembre.

Las mujeres y los ajos del Berakatz Egun

Con el nombre de Berakatz Egun o el de su equivalente en castellano Día de Ajos, se conocen unas curiosas fiestas restringidas a tres municipios muy cercanos entre sí: Arrankudiaga y Orozko en Bizkaia y Laudio en Araba.

La aportación de este artículo pretende ser el rescate del papel preponderante de la mujer en ese día, un día en el que, como si de autoridades locales se tratasen, lideraban las danzas ceremoniales propias de la jornada.

Devolvamos a la actualidad el prestigio social femenino, ese que los estudiosos del folclore intentaron ocultar hasta hacerlo casi desaparecer de la memoria colectiva.


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con el aurresku del baile (personaje delantero) ataviado con ajos, en Orozko.

Solamente por esa concreción geográfica y su exclusiva denominación los Berakatz Egun merecen ser considerados como unos elementos patrimoniales de interés. Pero además, como veremos, su valor es mucho más rico que lo que nos muestran los vestigios que han llegado hasta nosotros, los últimos rescoldos de una gran hoguera cultural que ardía en honor a la mujer y que, desgraciadamente, los tiempos modernos se empeñaron en extinguir o devaluar.

PARA QUÉ. La finalidad del Berakatz Egun siempre ha sido la de poner fin a un ciclo festivo, la de ser la jornada de cierre de unos días dedicados a la celebración y a la diversión. Y, a pesar de su carácter postrero y de relajación frente a los días más grandes que le preceden, quizá por aliviarse de la carga de tanta solemnidad que pesaba sobre los días especiales, con el paso de los siglos se convirtió en el día popular por excelencia. En Arrankudiaga y Orozko sigue siendo así.

No en Laudio en donde el refuerzo de otras fechas, especialmente en el último siglo, hizo que
el Berakatz Egun quedase paulatinamente relegado, hasta casi desaparecer. Sin embargo, es significativo que cuando el sacerdote e investigador José Miguel Barandiaran (1889-1991) encuesta a gente de Laudio en 1935 para preguntar sobre las fiestas locales de carácter popular, éstos tan solo reseñen el Berakatz Egun de entre todo el ciclo de los sanroques. No es casualidad.

FECHAS. Como ya hemos citado, el Berakatz Egun o Día de Ajos siempre ha de poner fin a un conjunto festivo. En el caso de Arrankudiaga las fiestas se celebran desde la Asunción —15 de agosto— hasta el domingo siguiente, que es el día de la Cofradía, con comida en el pórtico de su iglesia. Es en el día posterior, siempre lunes, cuando celebran el concurrido Berakatz Egun, hoy identificado por la ingesta popular de morcillas. El caso es calcado al «lunes de Cofradías«en Ugao—lunes siguiente a la Cofradía original y que ya no se celebra como tal—, fiesta popular donde las haya y, desde hace unas décadas, se identificada con las alubiadas que llenan cada rincón del municipio.

Cuadro Sokadantza (1915) de Javier Ziga

En Orozko, su día grande es el de San Antolín —2 de septiembre— un santo que siendo secundario en la también secundaria iglesia de Sta. María (la principal está advocada a San Juan Bautista), concertó las mayores devociones, quizá por la presunción milagrera de sus reliquias. Así nos lo contaba Pascual Madoz (1845) con la información que le enviaron desde el Valle: «…en la [iglesia] de Santa María se halla la efigie y reliquia del dedo índice del glorioso mártir San Antolín a cuya festividad concurre en corporación el ayuntamiento pleno con el clero». Suponemos que al ambiente festivo ayudaría también el que «en los primeros días del mes de septiembre se celebra anualmente feria de ropas, lienzos y linos, que es de bastante concurrencia» (Diccionario geográfico, 1802).


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con el aurresku del baile (personaje delantero) y músico ataviados con ajos, en Orozko.

Como en tantos lugares sucede, el período festivo se compone de tres jornadas: el día del santo, el de su repetición y el siguiente y postrero, nuestro Berakatz Eguna que, en este caso de Orozko, coincide por tanto siempre con el 4 de septiembre.

Algo similar sucede en Laudio que, en su conjunto de tres días de festividad, celebraba San Roque, su repetición —llamada San Rokezar (‘San Roque (el) viejo’)— y el día final, Berakatz Eguna, siempre el 18 de agosto. De nuevo tres días, algo que choca con la estructura actual de fiestas, más extensas, que todos hemos conocido. Por ello hemos de aclarar que, tal y como publicamos en otra ocasión, el día 15 de agosto se incorporó al conjunto festivo en 1909 y es debido a la inauguración de una controvertida estatua. Por otra parte, la Cofradía y su jornada previa aparecen siempre desligadas del conjunto festivo y con carácter absolutamente independiente respecto al mismo.


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con el aurresku del baile (personaje delantero) ataviado con ajos, en Orozko.

DÍA DE LAS MUJERES. Especialmente en Laudio se recuerda el Día de Ajos como uno de los más participativos en el primer tercio del siglo pasado, previo a la guerra fratricida (1936-39). Era el día de asueto de la servidumbre —femenina— del palacio del marqués y de las casas pudientes y, en alegres cadenetas o soka-dantzas, iban a buscarlas los muchachos, ávidos de encender la chispa del amor en sus corazones. El recuerdo de aquella fiesta la recogió el grupo Untzueta Dantza Taldea en el trabajo “Berakatz Eguneko Aurreskua” dentro de la revista local Bai (1996). La referencia a la palabra clave —aurresku— la tomaron de un antiguo programa de fiestas en que aparecía citada.

AURRESKU DE MUJERES. Y no iban desacertados al enfocarlo desde el prisma del aurresku, el baile de los vascos por excelencia y que era mucho más complejo de lo que hoy en día estamos acostumbrados a presenciar. Una de las partes principales del baile eran aquellas cadenetas o soka-dantzas que recorrían calles y plazas.

El puesto más honorífico de aquel baile colectivo, el de más reconocimiento social, era el del dantzari que encabezaba la cadeneta. Era la ‘mano delantera’, el que da nombre al mismo aurresku (aurre + esku), en contraposición al bailarín que la cerraba, el atzesku (atze + esku) o ‘mano trasera’, el segundo en del rango de honores.

OCULTACIÓN DE LA MUJER. A pesar de la infinidad de trabajos etnográficos y de investigación profunda del folclore realizados entre el XIX y XX, la presencia de la mujer quedaba restringida a un papel irrelevante en el aurresku, siempre para engrandecer el rol brillante del hombre (obras de Labayru, Aita Donostia…). Sirva como muestra esta contundente aseveración del gran estudioso Aita Donostia (1886-1956), probablemente a sabiendas de que no reflejaba la realidad que él había de conocer: «El hecho es que la mujer vasca no baila en el verdadero sentido que la palabra tiene entre nosotros. Asiste al baile y toma parte en él; pero como bien se ha dicho, es para «ser bailada», para que ante ella muestre el varón sus habilidades». Y en base a aquellos autores está tan arraigada esa creencia errónea que aún hoy en día leemos en la wikipedia que «…era costumbre sacar por pareja del aurreskulari (bailarín de aurresku) a la señora o hija del alcalde, la que no hacía más que presenciar la fiesta, ya que en este baile la mujer no baila, sino que es bailada»

Pero no puede ser mero fruto del despiste o la casualidad que se pasasen por alto y de refilón todas aquellas referencias en las que la mujer lideraba, con todos los honores sociales correspondientes, el baile del aurresku. Quizá se deba esa ocultación a la condición religiosa de la mayoría de estudiosos de nuestros bailes como ya se ha apuntado en algunas ocasiones o, sin más, al machismo que con más fuerza que nunca llegaba de la mano del mundo obrero fabril, en el que el hombre adquiría el papel predominante al llevar un sueldo a casa, dejando a la mujer un cometido doméstico y devaluado al no aportar a la economía doméstica riqueza en metálico.

En realidad, son muchísimos ya los documentos históricos conocidos que desde las épocas más antiguas nos hablan de aquellos bailes o días especiales en los que la mujer disponía de toda la relevancia y reconocimiento social imaginable, quedando su papel en el baile diferenciado del masculino y no supeditado a este. Al respecto clarificadora por concisa es la obra Así bailan las mujeres en Bizkaya (sic) de Iñaki Irigoien publicada recientemente (2019) por el Museo Vasco de Bilbao junto a Bizkaiko Dantzarien Biltzarra.

Grabado de Christoph Weiditz (c. 1529) en el que representa cómo «bailan las mujeres en Bizkaia«. Su pose es la característica del aurresku o aurreskulari, el papel m´ás estimado por relevante. Es la primera constatación de que, a pesar de lo que tantas veces se ha publicado, las mujeres no participan solo «para ser bailadas por los hombres» sino que ellas lideran también unas ceremoniosas danzas en las que «bailan a los hombres».

Es ahí — además de en otras varias publicaciones especializadas— en donde se habla de cómo en diversas poblaciones, el tercer día festivo es el propio de las mujeres y su aurresku. Unas mujeres que en absoluto se limita a la servidumbre doméstica como se recordaba en sus últimos rescoldos en Laudio sino por la mera condición de ser mujer, eso que se pretendió luego ocultar. Es en épocas anteriores a la omisión de la presencia histórica femenina en las danzas cuando ya tenemos noticia de ellas. Por ejemplo, Ignacio Iztueta nos dice ya en 1824 que, generalmente, las señoras casadas bailan a sus maridos el tercer día de las fiestas patronales, fecha dedicada en aquella época particularmente a las mujeres y que, en diversos pueblos, todavía recordaban o practicaban. Las mujeres a los maridos, el orden tradicional invertido. Sin duda, ahí hemos de entroncar nuestro Berakatz Eguna.

Otro ejemplo cercano de fiesta con el aurresku (soka-dantza) presidido por señoritas de categoría social destacada es el que, de casualidad, recogemos en la romería del santuario de La Blanca, en la cercana población de Llanteno, Ayala. Algo que a priori podría parecer impensable. Nada menos que inmersos ya en el siglo XX. E insistimos en el «de casualidad» porque aquello que parecía ser costumbre hace un siglo ya no se recuerda entre sus habitantes. Decía así el corresponsal de El Noticiero Bilbaino (09-08-1905) enviado a Artziniega:

«Un incidente que no había podido prever hízome abandonar la romería cuando esta daba señales de verse más animada. Así es que no presencie el famosísimo aurresku hecho por muchachas acerca del cual me han informado en medio de los mayores elogios…».

Noticia del aurresku liderado por mujeres, «famosísimo» por aquel entonces en la romería del santuario de La Blanca, en la montaña de Llanteno, Ayala (Álava). Noticia de 1905.

POR QUÉ AJOS Y MUJERES. En la obra Así bailan las mujeres en Bizkaia antes citada se nos habla del tercer día festivo, de Ubidea y Otxandio, con el aurresku, su solemnidad y honores reservado a las mujeres: «En la década de 1940, en el pueblo de Ubidea, no habiendo tamborilero en el lugar, se contrataba al de Otxandiano, y a su son, el tercer día de las fiestas de San Juan, se bailaban aurreskus dirigidos por las mujeres, ya que el uso de la plaza les pertenecía a ellas. En aquel tiempo, también se daba este hecho en la villa de Otxandiano, bailando dicho tercer día de sus fiestas,al cual denominaban «Koziñera egune»». Y esta última denominación puede ser el indicio que nos sustente la hipótesis que a continuación planteamos.

La mujer, al margen de su función o clase social, era la encargada de recibir invitados en los grandes días festivos así como de supervisar o cocinar las abundantes viandas que se iban a disfrutar en los banquetes. Por eso eran días de tensión que, supuestamente, desaparecerían al día siguiente y final, el Día de Ajos, apto para liberarse del trabajo y centrarse en disfrutar de la fiesta.

Por otra parte, es de creencia popular general que la sopa de ajo es el mejor depurativo tras los excesos de las comilonas y, sobre todo, de la excesiva ingesta de alcohol. De ahí que aún en muchas fiestas populares se prepare al amanecer, para ir a la cama en un estado lo más sobrio posible. Y, como ya he publicado en más de una ocasión, es fácil que ese fuese el menú del «día después» y que de ahí adquieran su símbolo del ajo, los Berakatz Egun que aquí tratamos. Era además un plato fácil de preparar y que dejaba el tiempo libre necesario a las mujeres para celebrar su día por excelencia. Pero insistimos, no debió ser algo limitado a las servidumbres sino a toda la estructura social que sustentaba la mujer.

Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, en Orozko. Dos hombres, aparentemente ebrios, rompen la armonía del baile. Era tal la solemnidad e importancia social de la danza que solía haber un alguacil o persona encargada de expulsar a los personajes que no danzaban con el decoro adecuado

ADORNOS DE AJOS. Esa exaltación del ajo como elemento festivo, se convirtió en una especie de adorno inexcusable y simbólico al menos en casos como el de Laudio. Aunque en la actualidad nadie lo recuerde, disponemos de una preciosa información que se recoge en 1935, en unas notas en las que un informante de Laudio —D. de Isusi— responde a las cuestiones hechas por José Miguel Barandiaran sobre las fiestas populares y sus rituales populares. Como antes hemos apuntado, es curioso que de todos los sanroques, el informante sólo haga mención al Berakatz Egun, seguramente por ser la jornada festiva con más arraigo popular. Son datos inéditos, desconocidos hasta hoy, ya que aunque se conservaron las notas manuscritas en Ataun, el conocido sacerdote no las publicó jamás. Con todos los ingredientes deseados dentro de ellas, dicen así:

«Día 18 de agosto. Día de Berakatza. El día 18 de agosto desde tiempo inmemorial se viene celebrando en Laudio la fiesta de Berakatza, llamada en general, «día Berakatzeun (sic) o de los ajos«.

Actualmente la fiesta se halla muy reformada y solo se observa que las señoritas que presiden la verbena, corrida de toros por la noche, etc. vayan adornadas con grandes collares de ajos; pero dicen mis padres que, en su juventud, se celebraba dicha fiesta en el mismo día que actualmente pero que los números de la fiesta tan solo consistían en un gran número de bailes baskos [sin duda en referencia al aurresku]. Los bailarines debían presentarse al público, completamente adornados con ajos así como el balcón del ayuntamiento, etc. Se puede decir que actualmente no se conserva de la fiesta más que el nombre».

Notas sobre el Berakatz Egun de Laudio, recogidas por J. M. Barandiaran aunque sin reflejo en sus publicaciones (1935)

Hoy no se conoce referencia alguna de aquellos ajos que se usaban como adorno característico de dicha fiesta y, de no ser por esta nota, se habría perdido para siempre. Algo similar sucedería con el caso de Arrankudiaga, del que no tenemos ninguna referencia a los ajos aunque, no lo dudo, existiría.

«…las señoritas que presiden la verbena, corrida de toros por la noche, etc. vayan adornadas con grandes collares de ajos...» Laudio, 1935.

Tan sólo en Orozko es costumbre aún hoy en día el mostrar un diente de ajo colgado del pañuelo festivo o prendido de la camisa en su día de Berakatz Eguna. Debe de ser el recuerdo residual de algo más complejo y de lo que ya hoya nada sabemos.

Por otra parte, una vez más, debemos a José Arrue (1885-1977) el documento gráfico de aquellas fiestas. En un cuadro titulado Berakatz Eguna y que expone en 1914, refleja el Orozko de hace un siglo. Muestra en él a unos muchachos que adornan sus sombreros —elemento imprescindible en los aurreskus descritos en el XVIII — y trajes con ajos y acompañan en la soka-dantza las jóvenes muchachas, aparentemente de diversa condición social, por el centro del pueblo.

En este caso, el aurresku o dantzari que encabeza el baile, el puesto más honorífico, corresponde a un varón ataviado con los ajos. Se echa en falta que sea una mujer, como todo parece indicar que fue. Sin embargo sí es mujer la atzesku —el puesto final— el segundo en importancia tras el aurresku delantero, lo que ya nos da una pista. Parece una muchacha distinguida, no una aldeana al uso de las que tantas veces dibuja.


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con la atzesku del baile (personaje que cierra la cadeneta) femenina, en Orozko. Aparenta ser una muchacha distinguida, digna de ocupar el honroso puesto.

Quiero pensar que unas décadas atrás ocupaba también el puesto delantero una mujer honorable. Pero para cuando se pintó el cuadro ya estábamos en el siglo XX y nada era lo que había sido. La modernidad había llegado para quedarse y un mundo lleno de novedosas cámaras fotográficas, fábricas, vapores, carbones, ferrocarril, bancos, altos hornos, coches… devoraba compulsivamente el recuerdo de todo el pasado hasta relegarlo al olvido. Así abandonamos también a la mujer, su baile y sus ajos. Por mi parte os aseguro que será un placer comenzar a recuperar el tiempo perdido…

NOTAS:
= Por adecuación al calendario festivo, desde 1999 el Berakatz Egun de Laudio se celebra el miércoles previo al último domingo de agosto. Es decir no en el tradicional 18 de agosto sino en una fecha que fluctúa entre el 21 y el 27 del mes.

= El baile vasco es muy complejo y lo que hoy conocemos como aurresku (un dantzari mostrando los respetos a un personaje homenajeado) es la mínima expresión de un baile con diferentes partes y códigos de funcionamiento. Por ello, cuando hablamos del aurresku histórico, hacemos más referencia a la soka-dantza y bailes entre hombres y mujeres. Para más información, léase esta nota de la enciclopedia Auñamendi.

= La gente mayor de Laudio, ya no euskaldunes, usan en castellano la denominación Día de Ajos pero también Beracacégun, un término eusquérico pero con una pronunciación castellanizante. En cualquier caso, su uso está ya muy restringido.

= El ajo ha sido considerado como un elemento con poderes sobrenaturales y muy válido para hacer frente a los maleficios que acechan desde el exterior. No sólo en Euskal Herria sino, al menos, en gran parte de Europa. Por ello, los collares de ajos han sido usados a modo de talismán protector. Sin embargo, por simple intuición, no creo que sea el camino a explorar a la hora de interpretar nuestro Berakatz Eguna.

La estatua que cambió las fiestas de Laudio

Mañana, 15 de agosto, arrancan las fiestas de Laudio con un estruendoso chupinazo, en un día en el que, hasta hace poco más de un siglo, no se consideraba parte de los sanroques. Y, aunque hoy se desconozca, el cambio de fecha se debe a un monumento: “la estatua del Marqués”, como en el pueblo se conoce.

Y lo traemos al recuerdo porque mañana, se cumplen 110 años del cambio festivo, 110 años desde que se inaugurara una estatua erigida en honor del primero de la saga de los marqueses de Urquijo: Estanislao Urquijo Landaluze (1816-1889), pretendiéndose así conmemorar el 20 aniversario de su fallecimiento. La mandó erigir su sucesor, su sobrino, para ensalzar y dar a conocer las grandes aportaciones que al pueblo de Laudio había hecho aquel hombre de origen campesino y humilde pero que había alcanzado las mayores cotas de poder y riqueza.

No sería casualidad la elección de la fecha ya que Estanislao, aquel primer marques, era de profundísimas convicciones religiosas y había elegido esa jornada en otras ocasiones para inauguraciones de relevancia. Qué día más reseñable y esplendoroso que el de la ascensión de la Virgen María a los cielos…

Estanislao Urquijo Landaluze (1816-1889), primer marqués de Urquijo a quien su sucesor le dedicó la polémica estatua.

Para la inauguración de la estatua, no se escatimó en recursos, con música, actos religiosos y hasta una carrera ciclista. Así se pretendió dar realce a la nueva efigie y al nuevo paseo a lo parisino que presidía, denominándose a partir de ese instante como “el Paseo del Marqués de Urquijo”.

Si bien el 15 de agosto era por su importancia religiosa una fiesta de renombre y celebrada, no será hasta ese año cuando, con la disculpa de la inauguración del monumento, aquella servil corporación presidida por el alcalde Jerónimo Ibarrola —el mismo que diseñó y ordenó construir la actual ermita de San Juan de Larrazabal— incorporase por primera vez dicha fecha como parte del programa de los sanroques. En cualquier caso, todo parecía indicar que era una inclusión coyuntural, provisional.

Pero… entre la población local, no todo eran simpatías con la saga de los marqueses. Parte de aquel Laudio, de gran corte tradicional y carlista, veía en las injerencias del acaudalado personaje una incomodidad que no estaba dispuesta a aguantar. Así, en la Nochevieja de ese mismo año, la estatua sufrió un atentado y, amparados por la oscuridad, algunos le arrancaron la cabeza y la arrojaron a las frías aguas del Nervión. No faltaron las notas de repulsa, la concurrencia de la servil prensa y, cómo no, el voluntario que se prestó a introducirse en la helada corriente para recuperarla.

Tras varios cambios de ubicación, la estatua está hoy en día en el ruinoso edificio del asilo para ancianos que el marqués regaló al pueblo

Buscando la concordia entre los bandos de opinión vecinales (pro y anti marqués) y la del mismo aristócrata con su desapegado pueblo, al año siguiente se invirtió aún más en la fiesta, volviendo a incluirlo en el programa y añadiendo además una esplendorosa comida de hermandad en el Paseo del Marqués de Urquijo, presidida por la estatua ya reparada, y regada por las tradicionales limonadas de garrafa. No faltaron un gran baile y fuegos de artificio. Otro regalo más del magnánimo personaje.

Como parecía surtir el efecto buscado, el marqués siguió apostando por esa celebración, concebida como una dádiva de marca aristocrática hacia el pueblo llano para, sutilmente, ir disipando el rechazo de algunos sectores poblacionales. Y arraigó y se repitió año tras año.

Así es como la fiesta verdadera del día de San Roque y su repetición de Sanrokezar —17 de agosto, incorporada en el XVIII— quedan hoy en un segundo lugar, desplazados. Detalles residuales de aquel desfase de calendario respecto al pasado tradicional es el del grupo Los Arlotes cantando la alborada por las calles del pueblo en la madrugada del día 16, avisando de que empiezan las fiestas… fiestas que para esas alturas ya han provocado más de una dura resaca…

Lo mismo sucede con el grupo Rakatapla, que baja su carroza festiva ese día, el de San Roque, desde barrio de Gardea al centro del pueblo. O, la costumbre aún sostenida por bastantes mayores, de no ponerse el pañuelo festivo hasta ese día 16.

Pero ese recuerdo es algo cada vez más anecdótico y relegado a unas pocas personas. Por eso, desde hace 110 años ya, las fiestas empezarán mañana, día 15 de agosto. Todo por la estatua de un cacique que algunos exaltados decapitaron y arrojaron al río…



Como si de un retablo se tratase, la estatua hace un repaso a las grandes obras realizadas por el marqués. En este caso, la escuela (hoy centro de Formación Profesional Laudioalde Eskola) pública.
Otra de sus grandes obras benéficas fue el Asilo, la residencia para los mayores más desprotegidos del valle. Es en ese edificio, abandonado, en donde en la actualidad se encuentra la estatua.

La Mala Vecina de Menèrba

La bautizaron como «la Malvoisine«, ‘la Mala Vecina’, porque la habían concebido para hacer el mal, para atormentar a la asustada población que huía de una muerte segura. La Mala Vecina era la más grande de las cuatro catapultas instaladas en Menèrba y, a pesar de encontrarse a casi 600 km de donde vivimos, no cabe duda de que cambió nuestra historia. Sin aquella Mala Vecina, probablemente,también Euskal Herria sería diferente. Quizá mejor…

A la izquierda y en primer término, el aljibe. Al fondo, a la derecha, destaca sobre el cielo la verga de la réplica del trabuquete (catapulta) de la Malvoisine. A pesar de la cercanía, entre ambos se abre un escarpado y profundo barranco.

Menèrba —Minerve en francés— es una pequeña y pintoresca población encaramada en un risco, flanqueada y protegida por grandes farallones rocosos. Tanto que la hacían prácticamente inexpugnable para aquellos envites medievales que a continuación vamos a relatar. Pero comencemos por el principio.

Iglesia y riqueza. Un período de más de mil años desde la existencia de Cristo había sido tiempo más que suficiente para que la Iglesia católica oficial, como institución, descuidase la pobreza ejemplarizante que predicaba su líder Jesús y se hallase totalmente entregada a la acumulación de riquezas, al servicio del poderoso y al castigo del diferente. En contraposición a esos excesos, en el Languedoc francés —donde se encuentra Menèrba— surgió una corriente ideológica diferente que propugnaba retornar a las raíces, a la esencia del mensaje cristiano para predicando con el ejemplo, servir más a la salvación del alma que a la acumulación de riquezas, etc. Fueron los que conocemos como cátaros, aquellos que promulgaban el rechazo del mundo material, algo que en su credo se percibía como una concepción de Satán, algo que echaba a perder a toda la cristiandad.

La Iglesia «oficial», muy apegada a las comodidades y excesos del poder, pronto vio en aquella variante ideológica una gran amenaza. Y no dudó en declararla como herejía, a pesar de ser en sí una reivindicación para retornar a la pureza del mensaje de Cristo, a la esencia de la fe, a la palabra transmitida por la Biblia.

Pero tanto los nobles feudales como la Iglesia preferían la holgura que mutuamente se ofrecían, para taparse y justificarse recíprocamente todas las atrocidades que cometían con los débiles.

Así se entiende que el papa Inocencio III no titubease para emprender una cruzada de exterminio contra aquellos incómodos «nuevos» religiosos y que contase desde el principio de la persecución con el férreo apoyo militar de la dinastía de los Capetos, reyes de «aquella Francia» de la época. Una vez más, al poder no le interesaba el cambio. Es más: lo temía.

El primer gran ataque se produjo en Besièrs —Béziers en francés— y de allí huyeron como pudieron aquellos despavoridos cátaros, hasta la cercana Menèrba, en donde confiaron su suerte a las potentes defensas naturales del lugar.

Asedio de un castillo medieval mediante un trabuquete

Es tras comprobar que aquella defensa de la fortaleza era inquebrantable cuando el ejército perseguidor decidió apostar por el paciente pero implacable asedio. Y nada mejor para ello que hostigar con el martilleo insistente de piedras lanzadas por trabuquetes, una especie de catapultas.

Con gran instinto militar, pronto se percataron de que el aljibe que suministraba de agua a la población quedaba en la parte baja y ligeramente exterior de la fortaleza. A la vista. El agua… en un lugar tan caluroso y en pleno verano sabían que era cuestión de insistencia.

Y por ello fabricaron y colocaron al otro lado del barranco la «Malvoisine«, ‘la Mala Vecina’, la más grande de las máquinas, para atacarlo y destrozarlo con el lanzamiento de bolaños de piedra. Las otras tres catapultas, menores, centrarían sus estruendosos impactos en la puerta de acceso a la fortaleza.

Al comienzo del verano comenzó su perversa actividad la Mala Vecina y, tras siete semanas de incesantes golpes, consiguió destrozar el estratégico pozo, el hilo de vida para los que habitaban en su interior. Inmediatamente, con la suerte ya echada, el vizconde de la ciudadela negoció la rendición de la fortaleza.

Él logró salvar su vida así como la de sus conciudadanos. Pero no había misericordia posible para los 150 mujeres, niños y hombres cátaros, aquellos que habían apostado por la no acumulación de riquezas por la Iglesia.

Allí fueron quemados en una gigantesca fogata, el 22 de julio de 1210, un día de Sta. María Magdalena, casualmente otro personaje repudiado por la Iglesia oficial. Fue la primera gran hoguera homicida entre semejantes. Y 34 años más tarde, la última, a los pies del castillo de Montsegur, donde fueron convertidos a cenizas los últimos cátaros que existían. Una persecución y exterminio implacables, sin ningún superviviente.

Siguió a partir de entonces la Iglesia bien arrimada a la riqueza y al poder, lejos del pueblo pobre y llano que la vio nacer. Nadie osó a protestar de nuevo.

Quizá por ello tengamos hoy la historia y el patrimonio artístico que tenemos. Por una mala vecina y sus atroces consecuencias.

Nota: Minerve no queda lejos de Carcassonne y debería ser inexcusable su visita si, como en mi caso, se está por allí de vacaciones. Hoy una réplica de la gran catapulta preside el lugar. En frente, el perseguido aljibe, en reconstrucción dentro de unas intervenciones arqueológicas. Sin embargo no hay ni un panel ni una nota explicativa que relate cómo allí mismo eliminó la Iglesia a 150 cristianos en nombre del mismo Dios. Quizá porque bien podría tratarse del mayor de los pecados imaginables, la verdadera herejía: la peor de las vecinas para exterminar una práctica basada en practicar la bondad.