La estatua que cambió las fiestas de Laudio

Mañana, 15 de agosto, arrancan las fiestas de Laudio con un estruendoso chupinazo, en un día en el que, hasta hace poco más de un siglo, no se consideraba parte de los sanroques. Y, aunque hoy se desconozca, el cambio de fecha se debe a un monumento: “la estatua del Marqués”, como en el pueblo se conoce.

Y lo traemos al recuerdo porque mañana, se cumplen 110 años del cambio festivo, 110 años desde que se inaugurara una estatua erigida en honor del primero de la saga de los marqueses de Urquijo: Estanislao Urquijo Landaluze (1816-1889), pretendiéndose así conmemorar el 20 aniversario de su fallecimiento. La mandó erigir su sucesor, su sobrino, para ensalzar y dar a conocer las grandes aportaciones que al pueblo de Laudio había hecho aquel hombre de origen campesino y humilde pero que había alcanzado las mayores cotas de poder y riqueza.

No sería casualidad la elección de la fecha ya que Estanislao, aquel primer marques, era de profundísimas convicciones religiosas y había elegido esa jornada en otras ocasiones para inauguraciones de relevancia. Qué día más reseñable y esplendoroso que el de la ascensión de la Virgen María a los cielos…

Estanislao Urquijo Landaluze (1816-1889), primer marqués de Urquijo a quien su sucesor le dedicó la polémica estatua.

Para la inauguración de la estatua, no se escatimó en recursos, con música, actos religiosos y hasta una carrera ciclista. Así se pretendió dar realce a la nueva efigie y al nuevo paseo a lo parisino que presidía, denominándose a partir de ese instante como “el Paseo del Marqués de Urquijo”.

Si bien el 15 de agosto era por su importancia religiosa una fiesta de renombre y celebrada, no será hasta ese año cuando, con la disculpa de la inauguración del monumento, aquella servil corporación presidida por el alcalde Jerónimo Ibarrola —el mismo que diseñó y ordenó construir la actual ermita de San Juan de Larrazabal— incorporase por primera vez dicha fecha como parte del programa de los sanroques. En cualquier caso, todo parecía indicar que era una inclusión coyuntural, provisional.

Pero… entre la población local, no todo eran simpatías con la saga de los marqueses. Parte de aquel Laudio, de gran corte tradicional y carlista, veía en las injerencias del acaudalado personaje una incomodidad que no estaba dispuesta a aguantar. Así, en la Nochevieja de ese mismo año, la estatua sufrió un atentado y, amparados por la oscuridad, algunos le arrancaron la cabeza y la arrojaron a las frías aguas del Nervión. No faltaron las notas de repulsa, la concurrencia de la servil prensa y, cómo no, el voluntario que se prestó a introducirse en la helada corriente para recuperarla.

Tras varios cambios de ubicación, la estatua está hoy en día en el ruinoso edificio del asilo para ancianos que el marqués regaló al pueblo

Buscando la concordia entre los bandos de opinión vecinales (pro y anti marqués) y la del mismo aristócrata con su desapegado pueblo, al año siguiente se invirtió aún más en la fiesta, volviendo a incluirlo en el programa y añadiendo además una esplendorosa comida de hermandad en el Paseo del Marqués de Urquijo, presidida por la estatua ya reparada, y regada por las tradicionales limonadas de garrafa. No faltaron un gran baile y fuegos de artificio. Otro regalo más del magnánimo personaje.

Como parecía surtir el efecto buscado, el marqués siguió apostando por esa celebración, concebida como una dádiva de marca aristocrática hacia el pueblo llano para, sutilmente, ir disipando el rechazo de algunos sectores poblacionales. Y arraigó y se repitió año tras año.

Así es como la fiesta verdadera del día de San Roque y su repetición de Sanrokezar —17 de agosto, incorporada en el XVIII— quedan hoy en un segundo lugar, desplazados. Detalles residuales de aquel desfase de calendario respecto al pasado tradicional es el del grupo Los Arlotes cantando la alborada por las calles del pueblo en la madrugada del día 16, avisando de que empiezan las fiestas… fiestas que para esas alturas ya han provocado más de una dura resaca…

Lo mismo sucede con el grupo Rakatapla, que baja su carroza festiva ese día, el de San Roque, desde barrio de Gardea al centro del pueblo. O, la costumbre aún sostenida por bastantes mayores, de no ponerse el pañuelo festivo hasta ese día 16.

Pero ese recuerdo es algo cada vez más anecdótico y relegado a unas pocas personas. Por eso, desde hace 110 años ya, las fiestas empezarán mañana, día 15 de agosto. Todo por la estatua de un cacique que algunos exaltados decapitaron y arrojaron al río…



Como si de un retablo se tratase, la estatua hace un repaso a las grandes obras realizadas por el marqués. En este caso, la escuela (hoy centro de Formación Profesional Laudioalde Eskola) pública.
Otra de sus grandes obras benéficas fue el Asilo, la residencia para los mayores más desprotegidos del valle. Es en ese edificio, abandonado, en donde en la actualidad se encuentra la estatua.

La Mala Vecina de Menèrba

La bautizaron como «la Malvoisine«, ‘la Mala Vecina’, porque la habían concebido para hacer el mal, para atormentar a la asustada población que huía de una muerte segura. La Mala Vecina era la más grande de las cuatro catapultas instaladas en Menèrba y, a pesar de encontrarse a casi 600 km de donde vivimos, no cabe duda de que cambió nuestra historia. Sin aquella Mala Vecina, probablemente,también Euskal Herria sería diferente. Quizá mejor…

A la izquierda y en primer término, el aljibe. Al fondo, a la derecha, destaca sobre el cielo la verga de la réplica del trabuquete (catapulta) de la Malvoisine. A pesar de la cercanía, entre ambos se abre un escarpado y profundo barranco.

Menèrba —Minerve en francés— es una pequeña y pintoresca población encaramada en un risco, flanqueada y protegida por grandes farallones rocosos. Tanto que la hacían prácticamente inexpugnable para aquellos envites medievales que a continuación vamos a relatar. Pero comencemos por el principio.

Iglesia y riqueza. Un período de más de mil años desde la existencia de Cristo había sido tiempo más que suficiente para que la Iglesia católica oficial, como institución, descuidase la pobreza ejemplarizante que predicaba su líder Jesús y se hallase totalmente entregada a la acumulación de riquezas, al servicio del poderoso y al castigo del diferente. En contraposición a esos excesos, en el Languedoc francés —donde se encuentra Menèrba— surgió una corriente ideológica diferente que propugnaba retornar a las raíces, a la esencia del mensaje cristiano para predicando con el ejemplo, servir más a la salvación del alma que a la acumulación de riquezas, etc. Fueron los que conocemos como cátaros, aquellos que promulgaban el rechazo del mundo material, algo que en su credo se percibía como una concepción de Satán, algo que echaba a perder a toda la cristiandad.

La Iglesia «oficial», muy apegada a las comodidades y excesos del poder, pronto vio en aquella variante ideológica una gran amenaza. Y no dudó en declararla como herejía, a pesar de ser en sí una reivindicación para retornar a la pureza del mensaje de Cristo, a la esencia de la fe, a la palabra transmitida por la Biblia.

Pero tanto los nobles feudales como la Iglesia preferían la holgura que mutuamente se ofrecían, para taparse y justificarse recíprocamente todas las atrocidades que cometían con los débiles.

Así se entiende que el papa Inocencio III no titubease para emprender una cruzada de exterminio contra aquellos incómodos «nuevos» religiosos y que contase desde el principio de la persecución con el férreo apoyo militar de la dinastía de los Capetos, reyes de «aquella Francia» de la época. Una vez más, al poder no le interesaba el cambio. Es más: lo temía.

El primer gran ataque se produjo en Besièrs —Béziers en francés— y de allí huyeron como pudieron aquellos despavoridos cátaros, hasta la cercana Menèrba, en donde confiaron su suerte a las potentes defensas naturales del lugar.

Asedio de un castillo medieval mediante un trabuquete

Es tras comprobar que aquella defensa de la fortaleza era inquebrantable cuando el ejército perseguidor decidió apostar por el paciente pero implacable asedio. Y nada mejor para ello que hostigar con el martilleo insistente de piedras lanzadas por trabuquetes, una especie de catapultas.

Con gran instinto militar, pronto se percataron de que el aljibe que suministraba de agua a la población quedaba en la parte baja y ligeramente exterior de la fortaleza. A la vista. El agua… en un lugar tan caluroso y en pleno verano sabían que era cuestión de insistencia.

Y por ello fabricaron y colocaron al otro lado del barranco la «Malvoisine«, ‘la Mala Vecina’, la más grande de las máquinas, para atacarlo y destrozarlo con el lanzamiento de bolaños de piedra. Las otras tres catapultas, menores, centrarían sus estruendosos impactos en la puerta de acceso a la fortaleza.

Al comienzo del verano comenzó su perversa actividad la Mala Vecina y, tras siete semanas de incesantes golpes, consiguió destrozar el estratégico pozo, el hilo de vida para los que habitaban en su interior. Inmediatamente, con la suerte ya echada, el vizconde de la ciudadela negoció la rendición de la fortaleza.

Él logró salvar su vida así como la de sus conciudadanos. Pero no había misericordia posible para los 150 mujeres, niños y hombres cátaros, aquellos que habían apostado por la no acumulación de riquezas por la Iglesia.

Allí fueron quemados en una gigantesca fogata, el 22 de julio de 1210, un día de Sta. María Magdalena, casualmente otro personaje repudiado por la Iglesia oficial. Fue la primera gran hoguera homicida entre semejantes. Y 34 años más tarde, la última, a los pies del castillo de Montsegur, donde fueron convertidos a cenizas los últimos cátaros que existían. Una persecución y exterminio implacables, sin ningún superviviente.

Siguió a partir de entonces la Iglesia bien arrimada a la riqueza y al poder, lejos del pueblo pobre y llano que la vio nacer. Nadie osó a protestar de nuevo.

Quizá por ello tengamos hoy la historia y el patrimonio artístico que tenemos. Por una mala vecina y sus atroces consecuencias.

Nota: Minerve no queda lejos de Carcassonne y debería ser inexcusable su visita si, como en mi caso, se está por allí de vacaciones. Hoy una réplica de la gran catapulta preside el lugar. En frente, el perseguido aljibe, en reconstrucción dentro de unas intervenciones arqueológicas. Sin embargo no hay ni un panel ni una nota explicativa que relate cómo allí mismo eliminó la Iglesia a 150 cristianos en nombre del mismo Dios. Quizá porque bien podría tratarse del mayor de los pecados imaginables, la verdadera herejía: la peor de las vecinas para exterminar una práctica basada en practicar la bondad.

Otzerinmendi: donde se escondió la Historia

Quizá atemorizada por los cambios con los que la amenazaban los tiempos modernos, la Historia de nuestro pueblo vasco decidió refugiarse en el lugar más recóndito del país, en las húmedas laderas septentrionales del Gorbeia. Allí, fuera de injerencias extrañas, ha conseguido sobrevivir una auténtica reliquia de la historia, algo que desde hace siglos no podía existir en ningún otro lugar: la cofradía de Otzerinmendi, en Zeanuri.

Y me brota hoy todo ello porque ayer estuve en aquel recóndito lugar, bajo la sombra de unos hermosos robles, propiedad de esa arcaica organización vecinal. Estábamos en la romería de la ermita advocada a los santos Justo y Pastor. Sin salir de mi incontrolable asombro, tomé parte en el barauskarria y en la posterior comida de la cofradía. Pero vayamos por partes.

Otzerinmendiko Kofradiaren haritz-basoa eta ermitea

Ermita. Kofradiaren jabetzakoa den harizti eder batean dago. Ondoan, karobi ezaguna, lanaldiari lotua eta, beste bazterrean, bolaleku eder bat, aisiari txanda emateko.

Baselizaren barrualdea

Baseliza ez da aparteko eraikina, errektangeluarra eta alde bat irekia duena. Kanpoaldearekiko muga bakarra zurezko barrote batzuk dira, ondo torneatuak eta, bere “santutxu” itxuragatik, XVIII. mendean sailkatuko dugu. Irekia izateak bidaiarien kultua errazten zuen, bere aurretik Gorbeiara doan bide zaharra dagoelako. Erretaularik gabekoa, santu titular bien irudi bat dago, modernoa, jatorrizkoa, kanpaia legez, ohostu zutelako aspaldi.

Meza amaiera. Barru eta kanpoaldea bereizteko zurezko barroteak. Andra batekin berbatan, Jose Mari Kortazar apaiza

Hain zuzen ere, tradizioak dio ermita eraiki zela kanpai-hotsaz uxatzeko ingurua bizi ziren laminak. Aitzitik, egun jakin badakigu, baseliza horiek giza-taldeak antolatzeko guneak direla, lur basatiak kolonizatzen hasi ziren garaikoak. Nolanahi, gure kofradiaren barruan, beste tenplu bat dugu, San Lorentzori eskainia, zaharragoa eta hark izan lezake kolonizazio berrien papera. Bestalde, hor, San Lorentzoko eleiza-atarian egiten ziren Kofradiaren batzarrak, baita Uribe kofradiakoekin, tenplu partekatua delako.

Mandak. La misa comienza con una cita a cada uno de los fallecidos ese año. Para ello, las familias hacen una pequeña aportación económica que servirá para el mantenimiento de la ermita y cofradía. Ohitura hau, udalerriko beste ermita batzuetan ere egiten da / zen.

Como su nombre indica se trata de las “mandas”, ‘testamentos de últimas voluntades’.

Barauskarria. Meza amaitutakoan, bertaratutakoei ardo zuria eskaintzen zaie, gaileta batzuekin. Horri, Gorbeia inguruko beste herrietan bezala, “barauskarria” esaten zaio eta, izatez, barau + hautsi + garri da, ‘baraualdia apurtzeko jana’, gaztelaniaz ere “desayuno” (des + ayuno) hitzean duen egitura bera.

Juantxu Ozerinjauregi, barauskarria zerbitzatzen

Cofradía. Zeanuri mantiene su división en aquellas antiguas cofradías, probablemente de origen medieval y que, según creencia arraigada en el valle, son las instituciones político-administrativas previas a la aparición de los ayuntamientos. Y no van descaminados.

En las laderas que miran al Gorbeia, están la cofradía de Altzua, la de Uribe y, entre ambas, la de Otzerinmendi, Otzerimendi o, en dicción popular, Otzemendi. Abarca esta última el núcleo central del pueblo, en el fondo del valle, así como las aldeas o caserías de Zabala, Urizar, Otzerin, Ortuzar, Iturburua, Jauregi (Yauri), Pagai, Elexa, Orbetzu, Azkarraga, Angoitia y Egileor, ésta última la más cercana a nuestra ermita.

Ángel Larrea kofradea, bazkaria antolatzeaz arduratu zena eta, ondoan, Jesus Mari Ozerin, aurtengo mayordomo-a, diru-kontuez berban.

Veintitrés son en la actualidad los cofrades partícipes. Y el derecho, en cierto modo consuetudinario e inalterable, lo da el ser propietario de “foguera” estable. Quedan excluidos por tanto los inquilinos aunque lleven varias generaciones en esos caseríos, en esa visión social tan propia del Antiguo Régimen.

La cofradía consta de un mayordomo, por turnos anuales y un “basazain” ‘montanero, encargado de montes’. Esta de la explotación de la madera, del reparto de suertes de leña y suponemos que de la gestión del exiguo bosque para convertirlo en carbón en la época de las ferrerías fue la más relevante de sus funciones, hoy reducida a su mínima expresión.

Para dar cuenta de los gastos de la fiesta, maderas, etc. hacen anualmente su junta, llamada “batzarra” en la parte baja de su territorialidad, en el domingo siguiente de la virgen de septiembre.

Bazkaria. Erromeria eguna izanda, bazkaria egiten da hor. Hori baino lehen, lehenagoko basoko zerrategi bat ikusi genuen, zeanuriztar batzuek egindako erakustaldi ederrean. Aurreko urteetan, ezaguna den bezala, karobia isiotu egiten zen, ikuskizun aparta eta arrakastatsua zena. Baina azkeneko urteetan ez eta aitortu behar da altxor hori abandonatu samar dagoela. Ez litzateke txarra izango erakundeak horretan inplikatzea, buru-belarri, ez dadin inoiz ere piztu barik gera.

Bazkari a aurretik, zeanuriztar batzuek (Oier eta Ibai Arana eta Igor Intxaurraga) lehenagoko zerratoki bat eraiki zuten eta lana erakutsi. Mikrofono bategaz, Jon Urutxurtu ikertzailearen azalpen aberatsek osatu zuten ikuskizuna.

Bazkaria, beheko jatetxe batean prestatzen da. Edonork har dezake parte izena aurretik ematen bada. Kofradeak gutxienak dira eta haietako asko, etxean bazkaltzen du. Ez da beraz, euren pertzepzioan, barneratua duten zerbait, kontu modernoa ei delako bazkaria.

Bazkaria, kofradiaren haritzen gerizpean

Amaitzeko, falta izan nuen bakarra garrafa-limonada izan zen. Oraindik familia batzuetan egiten dena eta Barandiaranek bere lanetan Zeanurin jaso zuena. Egun, jende gehienari ezezagun suertatzen zaio eta, agian, ni bezalako kanpotar arrotz bati egokituko zaio datorren urtean egitea. Modu ederra izango litzateke konpentsatzeko atzoko egunez jaso nituen atentzio eta tratu on guztiak.

San Justoko bolalekua

Isil-isilik itzuli nintzen etxera, jaian arnastutakoarekin miretsita. Han, Gorbeiako goiko maldetan, utzi nuen Historiak modernitatetik babesteko erabilitako ezkutalekua

Eskerrik asko ni bezalako kanpotar bati hain tratu ona eskaintzeagatik

La «fora» del vino

Por su propensión a la inalterabilidad, la Cofradía de “Sant” Roque de Laudio (desde 1599) muestra en la actualidad diversas costumbres que dejaron de existir hace mucho entre nosotros. Es por ello una ventana al pasado, una muestra continua de pequeños detalles fosilizados en el devenir tiempo que hacen que adquieran un valor en conjunto netamente patrimonial.

Una de esas perlas es la “fora del vino”, un acto previo a la fiesta, en el que diversos bodegueros presentan sus mejores caldos. A continuación, reunidos en el pórtico de la iglesia, varios catadores voluntarios —el que lo desee— se encargan de catar y puntuarlos. Así, el vino ganador será el que se consuma en la comida de la cofradía y se venda a los cofrades que lo soliciten, suponiendo además un reconocido galardón para el orgulloso productor de vinos que tomará parte en la comida como invitado de honor. Pero, ¿qué es exactamente la “fora?

Una vez más todo el mundo habla o opina vagamente de la ella pero sin saber realmente de qué se trata o de dónde surge ese nombre tan “exclusivo de nuestro pueblo”. Pero que, una vez más, poco tiene de exclusivo…

La fora. Se trata de un término usado solo en Laudio porque es una palabra que no existe y que, por razones que desconocemos, alguien la puso en uso normalizado. En realidad es la simplificación popular de una supuesta “la afora” —que tampoco existe como tal— pero que el pueblo llano debió asumir para denominar el ῾acto de aforar el vino῾. Y esto sí que existe. Aforar no es otra cosa que ῾determinar o calcular la cantidad, el valor o la capacidad [de algo]῾. Y no lo dice un tarambana cualquiera como yo sino que es la definición que ofrece la Real Academia Española. Se trata de someter “a fuero, regularlo con la reglamentación oportuna.

Desde el Antiguo Régimen y reglamentado por diversas ordenanzas, el ayuntamiento tenía el control y monopolio sobre el comercio y consumo de algunos productos, que usaba como fuente de financiación gravándolos con impuestos. Así, volviendo a nuestro caso, regulaba por medio de un cargo municipal denominado regidor el control de medidas así como el consumo y abasto —suministro— del vino en el pueblo, sacando a subasta anual la capacidad de negociar con ello, a cambio de recibir el consistorio dinero y otros pagos en especies, como posteriormente veremos.

Condiciones. Varias e interesantes son las condiciones de aquellos remates —subastas— que constan en la documentación de Laudio, siempre dirimidos en inquietas pujas “a candela encendida”. Cojamos al azar un pliego de aquellas estipulaciones para hacerse con el suministro del vino del pueblo, la de 1861, pues prácticamente son idénticas y no varían de un año para otro.

En ella se obliga a tener surtido de vino “de Rioja o Navarra” al Valle durante todo el año, una vez “reconocido y aforado por los señores regidores”. Tras el transporte desde el lugar de origen había que presentarlo en la alhóndiga local para “su aforo y peso” desde donde se llevaría “a las tabernas, tan pronto como aquel haya tenido efecto, haciéndolo cada vez lo menos de cuatro pellejos”.

Para evitar fraudes y rebajes ilícitos con agua, se obligaba a los taberneros a no tener “más que un pellejo empezado, con su canilla, en su correspondiente burro de madera”.

Su venta estaba muy vigilada y limitada a ciertas tabernas establecidas por el consistorio, para evitar el fraude y la fuga de ingresos para el pueblo.

Cofradías. La excepción, la venta fuera de aquellos lugares señalados, la suponen las fiestas del pueblo. Por eso, en una de las cláusulas habla de que “todo el que pusiere choza [txosna] en las festividades de San Roque será obligado a llevar el vino del Peso Real [de la alhóndiga] y declara que tanto su cofradía como la de San Antonio del Yermo están exentas del pago del arbitrio [el impuesto]”. Es decir, se vendía más barato, sin el recargo del impuesto habitual.

Quiero suponer que desde aquel entonces bebemos con tanta avidez el vino el día de la comida de la Cofradía, como si no hubiera un mañana. Porque si algo se adora en esa celebración no es la vida del bueno de San Roque, sino las grandes jarras de dos azumbres que, como altivos altares, presiden cada una de las cerca de 100 mesas.

Día sin impuestos. Pero volvamos al tema. Por si aquel paraíso fiscal de los bebedores en el día de las dos cofradías —la de San Antonio no existe en la actualidad— nos parece poco, además, los “mayordomos o sus encargados, pueden vender libre de ellos durante las veinticuatro horas de costumbre, no solo a los hermanos [miembros de aquellas cofradías] sino a cualquier otra persona sin que el rematante pueda impedirlo”.

Es decir, que en aquellas dos jornadas el codiciado vino se vendía obligadamente a un precio notablemente inferior, suponemos que con alborozo para los sedientos y regañadientes para el que había adelantado un dinero para hacerse con el abasto de todo el vino del año.

Romerías. También estaban obligados a poner a disposición de los laudioarras buen caldo de uva —aunque esta vez sin exención de impuestos— “en las romerías que se celebran en el Valle”, un vino “puesto para las nueve de la mañana del día de la festividad” y así atender a los más madrugadores y a todos los que durante la jornada acudiesen a la fiesta.

Carreteros. También se fijan en las exigencias para el remate del suministro anual de vinos, el precio estipulado para el transporte en función de que el producto se condujese en carro tirado por mulas desde “Briñas, Labastida y Ollauri” (6,50 reales por cántara), «San Vicente y Briones» (7,00 reales), «Samaniego y Villabuena» (7,50 reales), «Elciego y Laguardia» (8,00 reales) y las navarras «Mañeru, Puente la Reina y Allo«, a 8,50 reales. Así nos da información precisa de la procedencia y gustos de aquellos elixires que por aquel entonces tragábamos. Al margen de ello, se añadía un coste suplementario al transporte para suministrar a la taberna del Yermo, “por la cuesta”, como refleja la documentación.

Ruperto Urquijo. Al leer estos documentos cuesta no tener presente la canción Roque el Carretero de la Rioja de Ruperto Urquijo (1875-1970), en la que describe a las mil maravillas a aquel carretero llamado Roque que acudía a la Rioja para regresar cargado de vino para los sanroques locales. Y cómo eran recibidas en su retorno con cánticos, guitarras, gaitas y alborozo por la gente del pueblo aquellas tres mulas —Leona, Carbonera y Tordilla— que, engalanadas con alegres cascabeles, traían el carro lleno de pipas —barricas— de vino “para traer para fiestas lo mejor de las bodegas”.

Toros. Pero quizá lo que más curioso nos resulta de aquellas condiciones sea la exigencia impuesta al ganador del monopolio del vino en el pueblo, de tener que suministrar “cuatro toros del país a disposición del ayuntamiento para las funciones de San Roque y día que se le designe”. Es decir, corrían a cuenta del vinatero.

Fora, 2019

Clérigos. En otra de las cláusulas que año tras año se repiten, aparece la exención del recargo impuesto general, no sólo limitada como se ha dicho antes a “los hermanos y demás que compraren el vino durante las veinticuatro horas de la función de las cofradías de San Roque y San Antonio del Yermo […] sino que “son igualmente exceptuados de estos impuestos en el todo respecto a media azumbre diaria por cada individuo eclesiástico”. Un litro de vino diario para los sacerdotes…

Pues sin más, aquí lo dejamos porque me enrollo: que sea de calidad el vino que nos “aforen” este año y que viva siempre el vino por lo que nos hermana. Por los siglos de los siglos, amén.

NOTA: las imágenes antiguas se exponen en la plaza de Haro (La Rioja) y en origen corresponden a diversas bodegas del lugar.

El viaje de despedida del kuku

Dice la tradición popular que el kuku —cuco, cuculus canorus— es el único animal que sabe pronunciar su nombre. Un don que lo hace destacar de entre el resto de bestias de la Tierra y que ya nos ofrece una pista sobre su carácter casi humano o, yendo más allá, casi divino.

Sin ir más lejos, en mi entorno familiar (Laudio, Álava) siempre se ha creído que nos abandona el día de hoy, 29 de junio, San Pedro. Y para ello, acude primero a Murueta (un cercano barrio de Orozko, Bizkaia, de fiesta en esta fecha) en donde da cuenta de una opípara merienda antes de acometer el gran viaje a no se sabe dónde. Hay quien asegura que vuela a la misma Roma para escuchar misa en este día del titular del Vaticano.

Su deseada llegada se produjo supuestamente el 25 de marzo, coincidente con la simbólica fecha del embarazo de la Virgen, y nos abandona hoy, tras impregnarnos de buena suerte, tres meses después. El euskera recuerda bien esa exactitud de fechas con el refrán Sanjoanetan kuku, sanpedroetan mutu ῾cu-cu por fiestas de San Juan pero mudo por las de San Pedro῾.

Al sur de la península ibérica, fuera ya del ámbito de la cultura vasca, se comenta que es por San Juan cuando emprende su partida: Por San Juan, el cuco se vuelve gavilán. Y es que ha sido creencia generalizada que el cuco en realidad no migra sino que se metamorfosea para, haciendo uso de sus poderes casi mágicos, convertirse en gavilán durante el resto del año.

No es una creencia nueva sino ya constatada hace más de dos milenios por Plinio el Viejo. O cuando lo cita el griego Aristóteles para explicar desesperadamente que aquella superstición tan generalizada en su tiempo era falsa ya que, a pesar del parecido entre ambas especies, el cuco tenía las garras mucho menores y el pico sin curvar: no era una especie sino dos. Pero no parece que tuvo mucho éxito porque, a pesar de lo evidente de su razonamiento, aquella creencia pagana en lo sobrenatural del cuco ha superado siglos, religiones y diversas culturas para continuar aún arraigada en el ámbito rural popular. Todo un milagro…

En realidad, aquella semejanza entre el cuco y el gavilán que tanto desconcertaba a nuestros antepasados, no es sino es una estratagema de la evolución de las especies ya que, al poner los cucos los huevos en los nidos de otras aves (no hacen su nido sino que parasitan otros de otras especies menores), ganan con ese “disfraz” el tiempo necesario para hacer su puesta, pues las avecillas titulares huyen espantadas creyendo que se trata la rapaz depredadora y así no se percatan de la fechoría que el astuto cuco les acaba de hacer.

Pero, de vuelta a las creencias, quizá la más asombrosa y sobrecogedora que se ha asociado a esta ave casi divina, es la capacidad para dar o quitar vida.

En efecto, dentro de las creencias célticas europeas y en las que tanto tenemos para hurgar si pretendemos conocer en profundidad nuestra cultura, se creía que el cuco era un animal al servicio de hadas y otros númenes mitológicos. Y que tenían la capacidad exclusiva para volar entre el mundo de los muertos y el de los vivos tantas veces como quisieran. Disponían incluso de la capacidad de para profetizar y adivinar la duración de la vida de una persona o animal, cuando serían padres, etc. Era por tanto un ser que enlazaba el presente con el futuro como ningún otro animal.

No es extraño por tanto que, tras un salto de varios milenios, observemos aún actualmente que es suficiente con que un enfermo escuche el primer canto del cuco para librarle del riesgo de fallecimiento. Al igual que cualquier animal doméstico moribundo sanará si tiene la fortuna de escuchar el característico canto del ku-ku. Son estas creencias aún corrientes y que, sin ir más lejos, escucho en mi entorno habitualmente.

Tampoco creo que sea casualidad que, esa ave que porta la vida y la buena suerte, aparezca entre nosotros, según las conjeturas populares, el día del embarazo de María, el 25 de marzo. El comienzo de la vida, el arrancar de la naturaleza, el inicio de la primavera… aquello que traían las aves migratorias, txori onak, y que se convertía en prosperidad y felicidad, zoriona.

Por otra parte sabemos que en las Hébridas —archipiélago en la costa occidental de Escocia— cuando alguien escuchaba el cuco sintiendo hambre era un mal augurio y los problemas y desgracias recaerían uno tras otro sobre él. Pero sucedía lo contrario si se escuchaba con la tripa llena, saciado. Sin duda alguna es la misma superstición, tan extendida entre nosotros, de la necesidad de disponer dinero en el bolsillo cuando se le escucha por primera vez. Por cierto, no podemos dejar de hablar de Escocia sin citar las grandes piedras rituales cuyo origen se atribuye a un culto a la llegada del kuku.

Para finalizar, es su partida la que marca la entrada al verano, el fin de las estrecheces para dar paso a la abundancia que la naturaleza ya ofrece a raudales. Kukua etorri, gosea etorri; kukua joan, gosea joan decían nuestros antepasados vascos: ῾venir el cuco y viene el hambre; marchar el cuco y marcha el hambre῾. Por eso el verano y el posterior otoño son dos estaciones sin apenas rituales populares, porque no hay que pedir al destino una buena suerte que ahora campa por sí sola.

Y poco más que añadir. Tan solo el deseo de que nuestro kuku se esté dando ahora un buen banquete en Murueta de Orozko. También voy yo dentro de un rato a aquella romería, con la ilusión de verlo antes de convertirse en gavilán, antes de que emprenda el vuelo al mundo de los muertos, el de nuestros antepasados, esos que tanto añoramos y a los que tanto debemos en este tipo de creencias y supersticiones populares que no podemos olvidar. La vida o la muerte… el ser o no ser: esa es la cuestión.

Zergatik «SAN JOAN» udako solstiziorako

Sobera ezaguna da antzinako hainbat errito pagano burutzen dugula egunotan, eguzki andrearen egun ahaltsuena ospatzeko. Landareak, ura, sua… dena bihurtzen da magiko bere egunean. Eta hain da handia bere poza ezen dantzan ere azaltzen baita zerumugatik San Joan egunaren egunsentian.

Baina, zergatik hautatu zuen Elizak done Joanes, San Joan, ohitura pagano horiek ordezteko? Sarri egin didaten galdera eta erantzun eskasa duena, lilura gutxikoa. Hala ere, ezagutu beharrekoa.

Erantzuna Biblian dago eta horretatik tiraka, hitzez hitzeko irakurketa bat eginez, erabaki zuten behinolako teologoek San Joan besterik ezin zitekeela izan egun horretako protagonista.

Erlijio aditu haiek lehendik zuten erabakia Jesus izango zela, bai ala bai, kosta neguko solstizioaren ordezkari eztabaidaezina. Bera zelako «argia mundura ekarriko zuena» eta, gainera, dibinitatea zegoen tartean: bere sorreran Jaungoiko nagusiaren beraren parte-hartzea izan zelako, Maria bere amak mundura ekarri zuelako gizonik gabe, sexu harremanik gabe. Hortaz «amabirjina» izena, beste garai batzuetan «neskuts» (neska + huts) izenez ere ezagutu zena.

Baina ez zen Maria izan gizonik ukitu gabeko lehenbiziko ama. Eta hor dago koska. Lehendik —horrela diote testu sakratuek— tratu bera jaso zuen Isabel (Elisabet) izeneko emakume antzu batek. Antzua bera edo Zakarias bere senarra, biak adinduak: nolanahi izanda, kontua da ezin zutela seme-alabarik sortu.

Orduan, oso fededunak zirela ikustean, Jaungoiko nagusiak esku hartu zuen eta, Gabriel goiaingeruaren abisua tartean, haurdun geratu zen Isabel, Zakariasen parte-hartzerik gabe. Mirari hartatik, Joan izeneko mutiko bat jaio zen, gure pertsonaia, gerora Jesusen gidaria izango zen.

Ikusita konponbide hura oso praktiko eta egokia zela, Mariaren aurrean agertu zen Gabriel goiaingerua hari esateko Jaungoikoaren bitartez haurdun utziko zutela, Jesus munduratzeko. Maria, espero bezala, harritu egin zen proposamenarekin eta, esandakoa kolokan jarri barik, bere zalantza edo sinesteko zailtasuna adierazi zizkion. Orduan, goiaingeruak erantzun zion sinesteko eta baita horretarako arrazoia eman ere. Hori dena Lukasi esker dakigu, Bibliako bere ebanjelioan horrela idatzi zuelako. Hau da pasartea:

«Mariak esan zion aingeruari:

Baina nola gerta daiteke hori, ez bainaiz gizon batekin bizi?

Aingeruak erantzun zion:

Espiritu Santua etorriko da zuregana, Goi-goikoaren indarrak hodeiak bezala estaliko zaitu; horregatik, zuregandik jaioko dena santua izango da eta Jainkoaren Seme deituko diote. Begira, Elisabet zure lehengusina ere haurdun gertatu da bere zaharrean eta SEI HILABETEKO DAGO HAURDUN antzua omen zena; Jainkoarentzat ez baita ezer ezinezkorik»

Sei hilabeteren aipua… ez zuten hoberik behar izan Erdi Aroko teologoek: Jesusen jaiotza ospatzen den egunetik, urte erdi atzera, San Joanen jaiotzarena. Neurrian eginda ere ez zen hain doitua geratuko. Nor eta Joan gainera, Jesusekin batera pertsonaia esanguratsuenetakoa kristau doktrinan. Herri paganoetan dogma txertatzeko eta gizarteratzeko artilleria astuna.

Geroztik, Jesusen bataiatzailearen izenaren pean ospatu ohi dugu neguko solstizioa eta Joanenean udakoa. On dagizuela.

Txomin Lili: La última leyenda

Hoy acudiremos a un funeral, el de Domingo Lili “Txomin” (Olarte, Laudio). Y despediremos a una gran persona en lo humano pero, sobre todo, a un inmenso museo en lo que a rituales, leyendas, costumbres, palabras… se refiere.

El mismo sábado pasé por su caserío –hacía mucho que no salía de él– por si sonaba la flauta: él había hecho mucha sidra de joven en su caserío y quería preguntarle al respecto. Sobre eso o cualquier cosa, pues nunca dejaba de sorprender en sus respuestas. Pero no hubo suerte: la casa estaba vacía. Luego he sabido que ya agonizaba en el hospital…

NADIE COMO ÉL atesoró las últimas creencias, palabras, leyendas… de aquel Laudio que hace muchas décadas ya perdieron el resto de vecinos. Relatos vivos de aquellas épocas en las que los cambios se cocinaban a fuego lento, nada que ver con las actuales ollas rápidas que nos hacen galopar sobre la historia vertiginosamente.

Txomin Lili, Olarte auzuneko bere etxearen aurrean (2005)

ÚLTIMO EUSKALDUN MONOLINGÜE. Quizá toda aquella sabiduría le vino de la mano de su padre, Segundo Lili Urquijo (1880-1968), el último euskaldun monolingüe del municipio de Laudio: nacido en el cercano caserío Zenagorta de Olarte, cuando acudió a las escuelas en Luiaondo no sabía nada de castellano, algo que ya en su día resultó llamativo en el entorno. Y es que el bagaje cultural y las formas de interpretar el universo que nos rodea son un gran baúl que viaja a lomos de la lengua que lo transmite. Y perdiéndose ésta también malogramos aquello.

Al ser mi madre del mismo barrio que Txomin, en la más tierna infancia acudíamos al caserío a pasar unos períodos veraniegos, ayudados por una burra que transportaba las maletas desde la Venta bañada por el Nervión hasta aquel altivo lugar. Y allí me dieron cariño vecinal Segundo y, sobre todo, Txomin, al que recuerdo mejor: nos columpiaba pacientemente en sus piernas y nos cantaba y contaba mil cuentos. No tuvo esposa ni hijos y por ello quizá disfrutaba tanto con los ajenos, como con aquel Felisín –así me llamó hasta el último de sus días– que ahora tanto le añora.

Como homenaje, no se me ocurre nada mejor que acercaros el extracto de unas líneas que sobre él y “sus brujas” publiqué hace catorce años ya (“Koipetsu: el capricho de las brujas”, Aunia 10, 2005).

Nunca dejaré de quererte y mucho menos de admirarte. Donde estés, descansa en paz. Felisín.

CUEVA DE LAS BRUJAS. «Menos dudas ofrece el relato que [sobre brujas] Domingo Lili Urraza nos refiere. Txomin, que es como cariñosamente se le conoce, es una persona afectuosa, cordial y que no duda en ofrecer su inmenso cúmulo de conocimientos a quien necesite de su ayuda. Duda entre el interés suscitado por la temática de las preguntas y el miedo a que esos «cuentos de atrás» puedan suponer una mofa para con él. Sólo desde el calor del fuego de su caserío Bekoetxe, en el barrio de Olarte, se siente seguro para contarnos, pausada pero rítmicamente, esos relatos que tanta emoción producen al ser escuchados.

La mayoría de los habitantes de Olarte han oído hablar de la cueva, desaparecida al hacer la presa del mismo nombre, que existió frente al caserío Lekuona. El sólo hecho de escuchar su tenebroso nombre era suficiente para aterrorizar a los niños y algún que otro mayor del lugar. Se conocía como la «Cueva de las Brujas».

BRUJAS Y PERRO DE LEKUBATXE. Pero lo que ya nadie parece recordar es lo que Txomin nos narra. Dice que, en infinidad de ocasiones, su difunto padre le contó cómo en las cercanías de la cueva y próximas al regato que bajo ella trascurría, solían estar peinándose unas brujas. Éste elemento distintivo nos acerca, sin duda alguna, al antiguo mito de las lamias. Comenta también que dicha cavidad se unía subterráneamente con otra que existía en Lekubatxe, en un remanso del Nervión a la altura de la zona céntrica de Luiaondo [hoy pasa sobre el lugar el parque lineal del Nervión]. De este pueblo es Felipe Markuartu, otro de nuestros informantes, y recuerda haber oído a su madre que las brujas salían a peinarse al lugar conocido como La Era, una pequeña elevación frente al citado lugar y muy próxima al caserío donde se ubica la «Taberna Urriztia» [cerrada desde diciembre de 2004].

Incluso –continúa el siempre sorprendente Txomin– se comenta que una vez entró un perro por la cueva de Olarte y que apareció allí, en Lekubatxe, prueba popular, irrefutable y repetida en infinidad de localidades, para tratar de explicar algo que la lógica nos dice que es imposible. Pero no perdamos de vista a las lamias.

Dicen los estudiosos de la mitología vasca que una de sus características es el hecho de alimentarse con lo que pedían a los humanos, especialmente pan, sidra o tocino, alimento éste por el que sentían una especial debilidad.

QUERÍAN KOIPETSU: OTRA COSA NO. Nos sorprende Txomin cuando, continuando con el relato, nos refiere lo siguiente: «Salían a peinarse fuera y a Mari, la del caserío aquel de Lekuna, que le pedían koipetsu, tocino. Que querían tocino, koipetsu: otra cosa no»

El haber conocido personalmente en su infancia a la entonces ya mayor Mari, la de Lekuona, le hacer dudar durante un instante sobre la credibilidad de su propio relato. Pero pronto pone los pies en el suelo y nos deja claro que lo que tantos miedos le produjo en la niñez, no puede ser en ningún modo cierto: «¡Allí van a estar las brujas, en invierno, con el frío que hace! ¡En un agujero…!»

EL SACERDOTE SALOMÓNICO. Probablemente, lo que en su día más hizo tambalear la seguridad de sus planteamientos fueron las palabras de aquel sacerdote que acudió a visitar a su abuelo enfermo, en el vetusto caserío de Zenagorta. Dice que, ante la extremada gravedad del asunto y por ir descartando posibilidades, el padre de Txomin, Segundo, preguntó al sacerdote sobre algo que le venía perturbando desde tiempo atrás: la existencia o no de las brujas. El religioso, ni corto ni perezoso, evitando meterse en camisas de once varas, le contestó sin dudarlo que, efectivamente, las brujas existían aunque no se debía creer en ellas. […]

Txomin Lili, con su hoz

CONVERTIRSE EN BRUJA. Pero lo realmente emocionante de lo que nos relata este baserritarra de Laudio llega cuando deja caer en la entrevista unas vagas alusiones a los aquelarres y que, casi con seguridad, sean las únicas y últimas que podamos recoger en este municipio. Por lo excepcional que supone el hecho de haberse transmitido hasta el siglo XXI, estas referencias merecen ser transcritas literalmente, con la sencillez y parquedad en detalles del relato pero con su indudable valor documental. Dice así Txomin: «…Yo al padre le solía decir: ¿y brujas, cómo se hacían brujas pues? Y dice que iban a una campa, se ponían en pelota, con el culo para arriba y que decían «yo quiero ser bruja, yo quiero ser bruja». Y venía el demonio, les besaba el culo y, sin más, se hacían brujas«.

En este asombroso relato parecen entremezclarse dos cosas. Por un lado está el acceso carnal que el diablo tenía con las brujas y brujos que acudían al aquelarre, y por otro la referencia de las creencias vascas a la manera de convertirse en bruja. La más conocida es la de besar el trasero al diablo.

Txomin luchaba en cuerpo y alma contra las epetxas (chochín) pues, según la creencia popular local, portaban la mala suerte y llamaban a la muerte. Probablemente una de ellas, la última, pasó desapercibida para él y le ganó la vida

[…]

ÚLTIMOS TRSTIMONIOS. Hemos recogido en apremiantes encuestas etnográficas los últimos coletazos, la mínima expresión de lo que debieron ser hasta no hace demasiado tiempo las diferentes manifestaciones mitológicas de Laudio. Unos relatos especialmente salvaguardados en los barrios más olvidados de Laudio, Olarte e Izardui (Isardio) y que aún generan recelos entre los informantes ante la posibilidad de que puedan verse publicados. Quizá no sepan nuestros protagonistas que esto ya no sirve para ridiculizar a nadie, que es algo que no genera ningún interés en una sociedad embalada exclusivamente hacia aquello que pueda rentabilizar. Es la agonía de una mitología que ha sido dogma respetado durante siglos y que ahora la gente desprecia por su infantilismo. Pero estas creencias populares son mucho más; son la memoria colectiva de un pueblo sin la cual no podríamos saber cómo somos realmente»