Santa Cruz de Gardea

Hoy, 3 de mayo, se celebra la Santa Cruz. Se trata en realidad del supuesto descubrimiento de los restos de la cruz en la que se ejecutó a Jesús, en la primera intervención arqueológica de la historia. Puedes leer la historia, con cierto tono de humor y sorna pinchando aquí: Santa Helena, cada día más buena.

Y es que Santa Elena (o Helena) tendrá que ver mucho en la historia de la ermita, advocada a Santa Cruz o a Santa Elena, que a continuación vamos a desgranar. Son notas rápidas y sueltas sobre la historia de una humilde ermita, desde hace más de medio siglo desacralizada, pero que sigue siendo un símbolo de identidad para todo el pueblo de Laudio y más si cabe para su pintoresco barrio de Gardea. Así es que vamos a por ello, que la fecha lo merece.

Se cree que es en el entorno de la actual ermita de Santa Cruz en donde se articuló la primera comunidad aldeana que dio origen a Gardea en la Edad Media. Lo sabemos gracias a un documento testamentario fechado en el año 964 por el que los hermanos Jimeno y Marina donaron al monasterio de San Esteban de Salcedo la propiedad y derechos de su monasterio “San Víctor y Santiago, con sus tierras, viñas, molinos, manzanales y pertenencias» [el original en latín] en el lugar llamado Gardea.

Es la primera cita histórica conocida del barrio y del municipio de Llodio y, por su antigüedad, podemos suponer que es en torno al pequeño templo en donde se gestó aquella pequeña población altomedieval.

Aspecto que muestra hoy mismo el edificio de la antigua ermita, rehabilitado hace unos años.

Podríamos suponer asimismo que, como suele ser habitual, las diferentes edificaciones religiosas que han existido a través del tiempo, con sus diversas advocaciones, ocuparon el mismo lugar, superponiéndose una sobre otra. Así es que solo una intervención arqueológica podría arrojar más luz sobre el origen incierto del lugar y sobre la potencialidad para la historia de ese enclave, sin duda una operación de gran interés estratégico para el municipio.

Fuera de esas especulaciones y retornando al edificio que nos ocupa, queremos de nuevo suponer que en 1564 ya existía, pues se cita como testigo de un bautizo a «Urtuño, fraile de Santa Cruz«. Y decimos que suponemos pues con esa advocación no la documentaremos hasta mucho más tarde: en el año 1818, según el Catálogo Monumental. Diócesis de Vitoria (Tomo VI. Micaela Portilla, 1988). Por la información que citamos a continuación, bien pudiera ser que la advocación de la Santa Cruz fuese secundaria o, probablemente, compartida.

Efectivamente, con anterioridad a esa fecha de 1818, se cita siempre en la documentación como «la ermita de Santa Elena» por la figura que presidía el retablo. Pero de una estética tan medieval y arcaizante que, en una visita, el obispo ordenó que se retirase, destruyese y enterrase la «efigie de Santa Elena colocada en el altar mayor de la ermita de su título, por la ridiculez en la que se halla» (1791).

Se trataría una imagen gótica o, más probablemente, románica, una estética que detestaban las autoridades eclesiásticas del XVIII: es muy corriente que las manden destruir por resultarles irreverentes y ridículas. Pero ello a su vez nos habla de la antigüedad del templo originario, medieval. En 1792 ya constatamos el pago al escultor Manuel de Acebedo por una nueva imagen de Santa Elena, más acorde con los gustos estéticos del barroco. Como veremos más abajo, cuatro décadas atrás se había remozado todo el templo y quizá no se consideraría digna de él la imagen antigua, de aspecto arcaizante: todo debía ser modernidad en aquel Siglo de las Luces.

Antigua imagen de la ermita publicada por Mª Josefa Ochoa en su obra Estudio geográfico del Valle de Llodio (1965)

Respecto a la doble advocación, cabe recordar que según la hagiografía cristiana y como hemos citado al inicio de este post, se le atribuye a Santa Elena la “invención” de la Santa Cruz, es decir, su hallazgo, en la primera cita histórica de una excavación arqueológica, por lo que podríamos estar hablando de lo mismo y hacer compatibles y coetáneos los cultos a Santa Elena y a la Santa Cruz en dicha ermita, quizá representando en la talla que presidía el altar a la santa portando una cruz.

El emplazamiento de la ermita, aprovechando un rellano a media ladera, también nos apunta a una génesis en el Medioevo. Cuesta rememorar aquel paisaje que nos llegó casi intacto hasta no hace tanto, ya que, según contaban los mayores que colaboraron en el proyecto Recuperación de la Memoria Colectiva de Laudio / Llodio (Fundación Amalur, 2007), la ermita se encontraba junto a una estrada que partía desde la torre y ferrería de Katuxa y que en la ermita se dividía en dos opciones para avanzar hacia Santa Marina o hacia Kukutza (Elorritxugana). Hoy, pegante a un polígono industrial, tiene ya imperceptibles aquellos encantos y caminos que la engalanaban en otros tiempos.

También sabemos gracias a la documentación (aportada principalmente por Micaela Portilla en el Catálogo de la Diócesis de Vitoria, 1988) que la ermita contaba con diversas propiedades como era habitual, para ayudar a su mantenimiento. Constaba de una casa para la fraila o serora, unas heredades para sembrar trigo, nogales, castañares y otros diversos árboles (1705).

Aquel bucólico entorno se complementaba con una fuente ferruginosa de gran aprecio por parte de los lugareños —hoy desaparecida tras las obras de circunvalación— y allí se llevaba a cabo una afamada romería, fiesta de la que tenemos constancia documental desde 1748 pues se contrata “un músico tamborilero” —txistulari— para la ocasión. Mi madre (n. 1941) recuerda desde la lejanía de su infancia cómo aquella fiesta a la que la llevaba de la mano su abuela Bernaba (n. 1878) era muy llamativa por la misa que se hacía, grandilocuente, cantada a muchas voces perfectamente armonizadas así como por la romería posterior.

Ermita en 2006, en plena decadencia y deterioro.

INTERVENCIONES EN EL EDIFICIO. La primera referencia a unas obras la encontramos en 1716, con el edificio en estado de gran deterioro, y que obliga a una reparación de cantería en la “portalada della parte de la calzada”.

Unas décadas después, en 1752, se daba cuenta del estado ruinoso del tejado en la parte del coro, con gran peligro de derrumbe. Achacaban los problemas a una torre del templo situada en el oeste del edificio y que, sin ser necesaria, era la causa de la ruina del conjunto.

Así, se acometió la restauración y remodelación íntegra del edificio, con el derribo de la torre campanario y la construcción de la espadaña que todos conocemos, tan característica de esta ermita.

EL ABANDONO. Pero llegaron los tiempos modernos y la ermita se abandonó y comenzó su degradación tras construirse una iglesia de nueva planta en la carretera principal (1957), esta vez con rango de parroquia para poder adecuarse a las nuevas necesidades demográficas provocadas por la industrialización del Valle. Fue en el año 1957 y el trasvase se simbolizó con el traslado de las dos campanas de la vieja ermita —que a su vez procedía(n) de la antigua ermita de San Roque— a la nueva parroquia, así como las reliquias encastradas en un óculo del altar, un lignum crucis, es decir, un fragmento de madera de la supuesta cruz en la que falleció martirizado Jesús.

El traslado se hizo con todo el boato que la ocasión merecía. Cuenta el lugareño Manolo Luja, que lo presenció con sus mismos ojos, que las campanas iban sobre un carro tirado por una yunta de bueyes. Las acompañaban otros enseres y las tallas de los santos, embutidos en unos sacos y sujetos dentro de un cesto grande, para que no sufriesen mucho con aquel cansino traqueteo que los mudaba para siempre hacia aquella nueva casa de Dios.

Desde aquel día, nuestra ermita permanece desacralizada. Pero nadie pareció añorar el pasado perdido, especialmente los vecinos de los barrios alejados como Olarte o Izardui, que sufrían bajando cada domingo y festividad desde aquellas montañas para recibir el servicio espiritual o para trasladar sobre sus hombros los cadáveres hasta la parroquia central de Lamuza. «Los anderos, los pobres, llegaban reventados» recuerda mi madre. Con esta nueva parroquia a mitad de camino respiraron aliviados por la comodidad que les aportaba.

Imagen de la nueva parroquia en el fondo del valle, que supuso el abandono de la ermita tradicional. Foto de Luis Dabouza para la obra, antes citada, Estudio geográfico del Valle de Llodio (1965)

Así, en aquel ambiente de olvido que parecía convenir a todas las partes, aquella edificación fue paulatinamente degradándose, acabando con un uso como almacén de paja y otros enseres. Hasta que, gracias a la iniciativa vecinal de algunos entusiastas del barrio, se actuó para recuperar el edificio. También la romería se reactivó en 2011 y el antiguo templo se sometió a una rehabilitación en 2018 para evitar su ruina definitiva.

Hasta que llego la Covid y, por segundo año consecutivo, nos ha dejado sin romería en el día de hoy. Pero, a mí al menos, poco me importa el presente del lugar y mucho su futuro. Esperemos que le persiga una próspera popularidad entre las generaciones venideras y que la arqueología, en honor a Santa Elena, nos permita desvelar cuanto antes sus secretos más íntimos y ocultos.

ATXULO vs ATXULAUR – Nombres de Gorbeia

Uno de los enclaves más emblemáticos del macizo y Parque de Gorbeia es la “peña horadada de Itzina” (así se denomina por primera vez en la documentación, en 1520), un orificio natural por el que una senda nos introduce al interior del universo kárstico de Itzina, atravesando la inexpugnable muralla de piedra caliza que lo flanquea. El nombre genuino de ese paso es Atxulo y no Atxulaur como tantas y tantas veces escuchamos. Pero no comencemos la casa por el tejado…

El paso de Atxulo es el lugar por donde se atraviesa la muralla rocosa que flanquea Itzina (Gorbeia)

Pues bien, vayamos a ello. Cuando la Diputación encargó por primera vez un trabajo de cartografía y recogida de toponimia (Mapa Topográfico de Vizcaya, 1923-1928, el primer mapa de Gorbeia), el geógrafo madrileño Eladio Romero no tuvo duda alguna para llamar Atxulo a esa «peña horadada» y Atxulaur a la ladera que se encuentra frente al mismo. Adjuntamos el fragmento en una imagen. Sobra decir que el nombre del primer término procede de haitz + zulo ‘agujero en la peña’ y el otro de Atxulo + aurre, ‘frente a Atxulo’.

Mapa Topográfico de Vizcaya, 1923-1928, el primer mapa de Gorbeia, encargado al geógrafo Eladio Romero por la Diputación Foral de Bizkaia. En él distingue perfectamente el paso de Atxulo, la «senda de Atxulo«, el entorno de Atxulaur y su manantial.

Pero ya sabíamos de ese nombre desde bastante antes, al menos desde cuando Orozko comenzó a usar cavidades naturales de su territorio para el próspero negocio de la venta de hielo. En efecto, a la sima cercana a nuestro pintoresco túnel rocoso, que se usó como nevera, se refieren las autoridades administrativas como «…el arrendamiento de las neberas que llaman de Zaratate, Usateguieta, Arraba y Achulo, sitas en término concejil de este enunciado valle, por lo que, para la prosecución de lo sucesibo, se auían sacado a remate en la forma y solemnidad acostumbrada…” (año 1747, Archivo del notariado de Bizkaia, Juan Fº de Rotaeche). Atxulo, porque no conocían otra forma para denominarla.

La misma percepción tuvo el sacerdote José Miguel Barandiaran, el patriarca de la etnografía vasca, cuando recogió y publicó (Eusko folklore, 1922) una leyenda local contada por el orozkoarra Pedro Mª de Sautua y que decía que «Refieren en Orozko (Vizcaya) que en una cueva que se abre en aquella parte de la peña Itzine conocida con el nombre de Atxulaur, en el lado oriental del boquete Atxulo, vivió antiguamente un famoso ladrón…» [se trata de una cueva de Atxulo hacia peña Lekanda].

Cuando unos años después publicó nuestro cura ataundarra (1924, Revista Internacional de los Estudios Vascos) la reseña de aquel viaje, de nuevo hace referencia a Atxulo: «El día 22 de mayo de 1922 exploré parte de aquellas laderas y estribaciones del monte Gorbea que dan frente al valle de Orozko. En aquella expedición me acompañó el culto presbítero D. Juan José de Bastegieta, cura de Olarte de Orozko, a cuya colaboración debo no pocos datos en estos y otros trabajos que he realizado. Pasando por la anteiglesia de Urigoiti, subimos a la loma de Odieta. Después, rodeando por el lado de Oriente las peñas llamadas Astapekatu, Atxulo y Lekanda, subimos a la campa de Araba y de allí a...».

Asimismo es nombrado ese paso como Atxulo en la cartografía del Instituto Geográfico y Catastral elaborado por el Servicio Geográfico del Ejército (1950) y lo recoge como tal.

Mapa del Instituto Geográfico y Catastral elaborado por el Servicio Geográfico del Ejército en 1950. Distingue perfectamente Atxulo y Atxulaur

Pero no hace falta viajar al pasado ya que si, entre otros informantes locales, preguntamos, por ejemplo, al legendario último pastor de Lexardi (Itzina) Jose Mari Olabarria «el Rubio» —antes también lo fueron su padre Juanico y su abuelo— nos contestará que ese paso natural por el que ha pasado cientos de veces camino a su chabola, se llama Atxulo. Y lo hará con cierta indignación porque a sus 85 años está ya cansado de explicar tantas veces que Atxulaur es la ladera, no «la ventana», siempre de nombre Atxulo. Igual resultado obtendremos si preguntamos a otro de los pastores míticos de Gorbeia, el octogenario Luis Larrea, de Zaloa (Orozko), y que cuida su chabola y rebaño en Austegiarmin: «Atxulo, Itzineko bentanea» será su respuesta.

Atxulo, al fondo, atravesando la pared rocosa. Imagen tomada desde Atxulaur.

Como cabía esperar, José Santos de la Iglesia Ugarte recogió la denominación Atxulo en su libro Itxina: toponimia, paisaje, vivencia (2001).

Y, por supuesto, en la actualidad con la toponimia del macizo recopilada, normativizada y estandarizada se propone Atxulo para nombrar ese lugar. Así está recogida en, por ejemplo, el mapa municipal de Orozko (2011), en el «Nomenclátor de Nombres Geográficos Oficiales de la Comunidad Autónoma del País Vasco”, como registro público, adscrito al Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, en GeoEuskadi del Gobierno Vasco, en Euskaltzaindia… Parece que, a excepción de la figura del Parque Natural de Gorbeia que gestiona ese espacio natural, todo el mundo tiene constancia inequívoca de ello.

Atxulo y Atxulaur en el mapa municipal de Orozko (2011)

Atxulo y Atxulaur bien diferenciados en la Guía Cartográfica de Bizkaia (2004) publicada por la misma Diputación Foral de Bizkaia copartícipe del Parque Natural de Gorbeia.

En cualquier caso, no es reciente la confusión entre los nombres Atxulo y Atxulaur a la hora de nombrar el pintoresco túnel en la roca ya que es con este segundo nombre como prácticamente todos los montañeros foráneos lo conocimos y usábamos en su momento, desde hace ya bastantes décadas. Todo me hace sospechar que el salto entre aquel ineludible Atxulo hacia el nombre Atxulaur y la casi desaparición del primero tiene su origen en una mala interpretación de lo que alguien escuchó y malinterpretó. Y lo divulgaría posteriormente a través de mapas o publicaciones montañeras hasta haber convertido Atxulo en «el ojo de Atxulaur» tan extendido hoy en día. Un poco más tarde hablaremos de ello.

PEOR QUE MAL. Siendo como es la toponimia un patrimonio cultural reconocido como tal, corresponde su vigilancia y salvaguarda al Parque de Gorbeia o, subsidiariamente en este caso, a la Diputación Foral de Bizkaia. No hablamos de voluntades sino de obligatoriedad.

Por ello, nadie mejor para corregir el agrandado error que arrastramos con ese cambio de nombre. Con sus indicaciones de caminos, mapas y otras publicaciones pronto podríamos devolver todo este embrollo a su estado original, natural y legítimo. Bastaría que los mapas y las señalizaciones de los senderos producidos por el Parque indicasen hacia Atxulo para en una o dos décadas tener solventado el error.

Pero ni por esas. Ni el genuino Atxulo ni el equívoco Atxulaur: el Parque ha rotulado a diestro y siniestro con el nombre Atxular, una tercera pata para el banco, otra opción errónea más y, encima, probablemente confundidos con el nombre de Axular, sobrenombre del escritor clásico vasco (1556–1644) que dominó como nadie la prosa en euskera. Pues bien, consecuencia de ello, son ya centenares los errores que en redes y noticias encontramos, dando por Atxular o Axular lo que debiera ser Atxulo o, al menos, Atxulaur. ¿Se puede hacer peor?

Desafortunadas señales del Parque en las que se indica hacia Atxular para referirse en realidad a Atxulo que está frente a Atxulaur. Peor, imposible.
El nombre erróneo del Parque Atxular, reflejado en una comunicación de SOS Deiak
De Atxulo a Atxulaur y, por la señalización errónea, a Atxular e incluso a Axular, en realidad éste apodo de un escritor vasco. Uso de nuestro topónimo en plataformas digitales.

PERO… ¿CÓMO SE CONFUNDIERON ATXULO Y ATXULAUR? Al margen de estos infortunios toponímicos de rabiosa actualidad y de la desesperación que produce que no se ponga el mínimo cariño con nuestra cultura, vamos a intentar explicar por qué se confundieron en un momento de nuestra historia Atxulo con Atxulaur. Es una interpretación de cosecha propia sin, claro está, documentación que lo soporte. Pero, a su vez, la intuición y la experiencia personal en el campo de la toponimia me dice que fue así con casi total seguridad. Situémonos mentalmente en las praderas pendientes de Atxulaur…

En dicho entorno, hay tan solo dos enclaves reseñables —»con nombre»— por ser referencia muy nítida para los pastores, carboneros, etc. del lugar. Uno, el bolaleku (‘la bolera’) Atxulaurgo bolalekua, una especie de hondonada al comienzo de la senda pedregosa hacia Atxulo. Allí jugaban a los bolos los carboneros y pastores. La segunda referencia es Atxulaurgo ubegia, la surgencia de agua que aflora y divide con su casi imperceptible corriente en dos el terreno.

Como hemos adelantado, las surgencias o afloramientos acuosos son conocidas en el lugar como ubegi, literalmente ‘ojo de agua’, de ur + begi, con el paso evolutivo ur– > u- como ya tratamos al hablar del topónimo Ubizieta. Adelantamos que el sustantivo ubegi es relativamente normal en Gorbeia —en donde hay varios lugares denominados así— pero desconocido fuera de este entorno geográfico. Es decir, no identificable para alguien venido de fuera aunque fuese vascohablante, algo clave para poder entender nuestra historia.

Atxulo, Atxulaur eta Atxulaurgo ubegia.

Así, supongo que algún avezado montañero que en su día recogió notas para elaborar un mapa o relato del macizo de Gorbeia en compañía de algún lugareño, al preguntarle sobre los nombres del lugar, escucharía el «Atxulaurgo ubegia«, (‘manantial de Atxulaur’, como lo refleja Eladio Romero en el primer mapa del lugar, 1923-1928) término que, por una relación mental errónea del visitante, con el orificio de la roca superior a la vista, interpretaría erróneamente como «Atxulaurgo begia«. Porque conocería el término begia pero no ubegia. Y ya teníamos así, como por arte de birlibirloque, el archiconocido Ojo de Atxulaur (begi, ‘ojo’ en euskera) que nunca antes había existido. Para más inri y tormento, lo encontraremos muchas veces en sus versiones en euskera actuales como Atxulaur(go) begia, término que jamás usarían los locales, ya que siempre se refieren al paso de sus andanzas como bentanea ‘la ventana’ y nunca como ‘ojo’.

Y así se recogería en algunas notas o mapas y el anecdótico error se ha ido multiplicando hasta el infinito.

También está bastante extendida entre montañeros la denominación Atxulaur atea. Creo que debemos su invención y difusión a Javier Malo Icíar y sus mapas de cordales que fueron la guía de todo gorbeista. El hecho de que término Atxulaur no esté declinado (Atxulaurgo) nos refuerza esa idea de topónimo de nueva creación. Por cierto, en su mapa recogió como nombre de la fuente del lugar Atxulaur, a la que da como topónimo de segunda opción Ubegi, por no conocer el significado de ese vocablo.

LA FUENTE ORDEKOITURRI. Pero eso de interpretar algo diferente a lo escuchado no es nada extraordinario. Lo he sufrido en mis propias carnes.

Cuando caminamos desde Urigoiti hacia Atxulo una magnifica fuente nos espera para refrescarnos. Yo siempre la había conocido como la de Egilezaburu (Egalesaburu en dicción local) pero, cuando estaba recogiendo la toponimia del lugar para elaborar el mapa de Orozko (2001-2011), alguien había colocado una placa metálica en ella con el nombre Ordekoiturri. Me pareció una estupenda aportación y la presencia de aquella placa me hizo creer que el nombre contaba con toda la legitimidad del mundo. Y así lo recogí y se publicó en el mapa porque nadie, en las diversas exposiciones al público previas, se había percatado del error.

Al parecer, según me contaron después, un lugareño había dicho a un entusiasta de los nombres «Hor dok iturrie» o algo similar, ‘ahí está la fuente’, mientras estaba con él en aquellos parajes. Y, emocionado con el nuevo topónimo que creía haber descubierto, lo grabó en una placa para colocarlo en la fuente y así darlo a conocer. Para más desbarajuste, se sumó el error por mi parte de recogerlo y publicarlo sin haberlo contrastado. Un desastre. Afortunadamente, ya se encargó de arrancar la placa un vecino, indignado porque le habían cambiado con una chapita y un mapa el nombre de «su» fuente. El caso del error por mi parte, con su punto cómico pero con moraleja en lo que a metodología se refiere, se ha tratado en diversos congresos sobre toponimia y lingüística. Al fin y al cabo, un malentendido humano similar a lo que seguramente sucedió cuando convirtieron nuestro Atxulo en nada menos que un ojo y, encima, de Atxulaur.

Y así están las cosas, esperando en esta iniciativa personal el cambiar desastres que poco parecen inquietar a quienes ni siquiera se molestan en mirar un mapa antes de colocar unas señales. Dejadez o falta de amor a la tierra que se pisa. No sé… pero me duele.

Así es que nos toca una vez más exponernos para hacer una denuncia, con los perjuicios personales que ello conlleva. Otra lucha inútil contra los molinos que mueve con arrebato el viento de la desidia. Pero todo sea por el amor a ese bendito lugar al que entre todos tenemos que devolver su nombre y porque no sea el pastor José Mari el último que llame Atxulo a esa ventana. Que sea «la peña horadada» (1520) pero por nada del mundo, 500 años después, «la peña deshonrada».

Nombres de Gorbeia: Ubixeta vs Egilleor

El desorden toponímico que existe en el Parque Natural de Gorbeia es, quizá, de mayor volumen que el mismo macizo. Pero la mayoría de las veces no es un caos natural producto del uso popular, sino basado en errores impulsados (paneles, folletos, señales…) por las mismas instituciones, diputaciones forales de Bizkaia y Álava, que son quienes gestionan el parque desde que se declaró como tal en 1994.

A la vista del resultado, está claro que esos entes nunca han considerado la toponimia como un elemento patrimonial más del Parque y las cosas se han hecho «como sea», sin invertir un minuto en ello, el mínimo cariño exigible, y con una falta de sensibilidad que hace que a algunos nos duela hasta el alma. Así es que, vamos a intentar ordenar algo el estado de las cosas, dando un recorrido por varios de esos topónimos, aun sabiendo que a estos artículos les espera un futuro poco halagüeño, ya que han de luchar, en notable desventaja, contra la difusión de los errores, multiplicados hasta el infinito por los usuarios y las redes sociales. Pero por la verdad, siempre hemos de arriesgar, aunque ello conlleve dejarse un puñado de pelos en la gatera.

Majada y valle de Ubizieta (Gorbeia), con los rebaños gozando de los últimos pastos otoñales

Ayer ascendí hasta una de las cumbres más reseñables del macizo, en el cordal que desde la cima de Oderiaga desciende hacia el río Altube. Según reza la placa del buzón cimero, se trata de «Egileor-Ubieta«, aunque la mayoría la conozcamos más como Ubixeta y que, para rizar el rizo, el Parque, en las señalizaciones de las rutas para llegar hasta allí, denomina Ubitxeta. Pero, todas y cada una de estos nombres precedentes son inadecuados y no se corresponden con la realidad de su uso histórico y natural. Vayamos por partes.

Buzón de la cumbre de Egilleor, más escrita como «Egileor» y con el uso no correspondiente del nombre «Ubieta» que, por otra parte, nunca ha existido.

EGILLEOR. Basta preguntar a cualquiera de los pastores del lugar para que nos aclaren que el nombre de esa montaña es y solo es EGILLEOR. Nada de Ubieta o sus variantes. Al tratarse de un nombre de lugar (no sucede lo mismo con el uso genérico de la palabra) hay que escribirlo con «ll» y no con «il» —como aparece en la placa del buzón— pues, al pronunciarse con sonido «ll» hay que reflejarlo tal cual en la toponimia.

Por cierto, egileor (que podremos escucharla con las variantes egillor, eileor, eillor, ellor, illor…) es un vocablo en notable retroceso y que significa ‘redil‘ o ‘cabaña para el ganado’, (no creo que debamos confundirla con hegi lehor, ‘ladera o cumbre seca’, ya que aquí no daría «ll«) algo muy apropiado para este enclave pastoril que nos ocupa.

En la primera guía montañera del Gorbea (Sierra de Aralar y Macizo del Gorbea, Apraiz, 1950) se describe en textos y en gráficos tan solo el monte Egilleor (escrito es su variante Egillior): todavía no había irrumpido la forma Ubixeta que más tarde se generalizaría.

UBIXETA. Ubixeta es un nombre que nunca ha existido como tal, inventado. Su generalización se debe a una intervención foránea y por vía culta, no popular. Nada tiene que ver con el uso local y menos para nombrar esa cumbre. La equivocación surge porque esa denominación es la que se da a la majada y pequeño vallecito cercanos a esa montaña. En la placa del buzón ponen Ubieta pero tampoco es correcto ni nunca ha existido como tal.

Esta confusión parece surgir de los montañeros foráneos. Aparece como Ubilleta en los primeros catálogos de cimas para los concursos montañeros. La primera referencia que conozco del Ubixeta más generalizado, procede del mapa elaborado (1975) por el montañero Javier Malo Icíar (1929-2013), aquellos mapas de cordales que fueron el vademécum de nuestras andanzas montañeras. Lo da como Ubixeta y, entre paréntesis, la segunda forma Eguillior (transcrito literalmente).

La variante Ubieta la propone como correcta mi colega y amigo Patxi Galé en su obra Catálogo de Cimas de Bizkaia (Diputación Foral de Bizkaia, 2000), partiendo del extendido Ubixeta precedente, al confundir esa «x» (que en realidad era un invento y no algo natural propio del lugar) con un sonido protético para evitar los diptongos, similar a lo que sucede en Elorrio > Elorrixo, trikitia > trikitixa, ogia > ogixa, etc. Pero ese fenómeno fonético del sonido «x» tan común en otras zonas, es inexistente en el occidente vizcaíno, en el entorno que nos ocupa de Gorbeia u Orozko.

UBIZIETA. Esa es la denominación correcta que corresponde a la majada cercana. Insistimos, no a la cumbre. Es el plural toponímico de ur bizi, literalmente ‘aguas vivas’ y ‘manantial’ a efectos prácticos. Un nombre perfecto para nuestro enclave, con diversos y abundantes afloramientos de agua. Ubizieta significaría, por tanto, ‘(los) manantiales’. Como es sabido, en este entorno geográfico, el término ur ‘agua’ pasa a transformarse en u- (ur > u-) , al entrar en contacto con otra palabra cuyo comienzo es una consonante. Es lo mismo que sucede en Ubidea (de ur + bidea ‘canal de agua’), ubegi ‘surgencia’ (ur + begi)… De ahí que nuestro topónimo seaUbizieta y no Urbizieta.

Una babosa o limaco, se enfrenta a las «aguas vivas» de Ubizieta

Es la forma a priorizar, decíamos, porque es lo que realmente usan los lugareños e informantes locales. Ellos, en dicción popular y rápida, lo pronuncian «ubisíta» pues, como sabemos, en el occidente vasco no se distinguen la «s» de la «z«. Además, en las composiciones acabadas en vocal a la que se añade el sufijo abundancial «-eta«, por economía a la hora de articularlo, hacen desaparecer la «-e-» intermedia que sí hemos de escribir pero podemos perdonar que no se pronuncie. Como cabría esperar ese fenómeno de perder la «-e-» interior se manifiesta también en otros topónimos del municipio: Sintzieta > Sintzita, Pagoeta > Pagota, Arearrieta > Arearrita / Alarrita, Aretximinieta > Aretximinita, Mintegieta > Mintigita

Por si hubiera dudas, la documentación histórica que hemos podido localizar, no deja lugar a dudas: «un monte arbolar nombrado Oquelugorta-Ubisieta» (1866, Registro de la Propiedad, pertenencia del caserío Ugartebengoa de Orozko), así como un jaral en «Ubicieta» (también 1866, Registro de la Propiedad, pertenencia del ya desaparecido caserío Uribarri de Orozko).

Valle y agua corriente de uno de los manantiales de Ubizieta recogida en abrevadero del lugar conocido como Arabariturrieta. En la parte superior se ven las chabolas pastoriles de la majada de Ubizieta, en el collado superior el enclave del dolmen del mismo nombre y, a la izquierda, las rampas que culminan en la cumbre de Egilleor.

UBITXETA. Solamente la desidia y la falta de interés por lo que se hace pueden haber dado como fruto el nombre Ubitxeta, algo que no como tal ni parecido ha existido jamás. Para mayor dolor, también con ese engendro toponímico de Ubitxeta está catalogado el dolmen situado en el collado superior de Ubizieta. Lo tenéis calificado como «Bien Cultural, con la categoría de Conjunto Monumental, las Estaciones y Monumentos Megalíticos relacionados en el anexo I, que se hallan en el Territorio Histórico de Bizkaia» (Decreto 25/2009, de 3 de febrero en el BOPV de 6 de marzo de 2009).

Cumbre de Egilleor. En el collado del primer término, se encuentra el dolmen de la parte superior de la majada de Ubizieta (en el vallecito de la izquierda), catalogada con el nombre erróneo de Ubitxeta.
Restos del dolmen de Ubizieta (mal catalogado con el nombre de Ubitxeta): Mira al macizo de Itzina, quizá buscando la mirada de su legendaria Señora de Anboto (aquí se conoce como Anbotoko Señorea) o Mari.

Tampoco es de recibo que esa aberración toponímica la que priorice e impulse el Parque en sus señalizaciones. Porque frente a las dudas que podían existir en el pasado, en la actualidad ya está recopilada, normativizada y estandarizada la toponimia del macizo. Y disponible en, por ejemplo, el mapa municipal de Orozko, en el Nomenclátor de Nombres Geográficos Oficiales de la Comunidad Autónoma del País Vasco, como registro público, adscrito al Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, en la aplicación GeoEuskadi del Gobierno Vasco, en el Catálogo de Cimas de Euskal Herria (Federación Vasca de Montaña), en la mismísima Guía Cartográfica de Bizkaia (publicada en 2004 por la propia Diputación y en donde, con acierto, se dio para la cumbre el nombre correcto Egilleor), en Euskaltzaindia, valiéndose del mismo contacto con los pastores del lugar, consultando a quien pudiera saber al respecto… Parece prácticamente imposible hacerlo mal. Pero se hace, como veremos en tantos y tantos casos más.

Uso y promoción de la forma inexistente Ubitxeta para hacer referencia a la cumbre de Egilleor y, quizá, su cercana majada de Ubizieta.

Para finalizar quisiera justificar este desasosiego difícil de disimular. Y es que, por principios propios, soy la persona más clemente y comprensiva frente a cualquier error humano que pudiera cometerse, porque de esos somos todos partícipes, yo el que más. Pero a su vez soy intransigente con la dejadez, con el no intentar hacer las cosas lo mejor posible por no perder un minuto, con la desidia, con el «qué más da», tan común en las administraciones públicas, en las que tomo parte: quizá por eso me duela aún más.

Uso correcto de los topónimos Egilleor (cumbre) y Ubizieta (majada y valle) en el mapa publicado por el Ayuntamiento de Orozko (2011), subvencionado por el Gobierno Vasco y con revisión toponímica por parte de Euskaltzaindia

EN RESUMEN:

EGILLEOR es la forma correcta y única para nombrar la cumbre. Es la denominación inequívoca que me facilitaron los informantes cuando, entre 2000 y 2011, estuve recopilando la toponimia de Orozko por aquellos parajes. No sirve por tanto valerse del mantra de que la toponimia y las lenguas son algo vivo que evolucionan, porque no es este el caso: su nombre sigue siendo Egilleor y así lo usan sus naturales.

UBIZIETA es la forma adecuada de escribir el topónimo que hace referencia a la majada pastoril y el valle lleno de manantiales sobre el que se asienta. No sirve para denominar la cumbre, que ya tiene su denominación específica. En la dicción local, la forma usada es Ubisita. Coincide con las formas históricas documentadas, siempre Ubizieta. Su significado es el de «manantiales».

UBIXETA, UBIETA y UBITXETA son variantes inadecuadas, que ni han existido ni existen en el uso local. Son formas introducidas por vía artificial y culta, producto de montañeros, cartografía, gestión por parte del Parque, redes sociales, publicaciones… engendradas fuera de ese municipio de Orozko y del macizo, consecuencia de no haber contrastado el uso local del topónimo. No es, por tanto, una evolución toponímica o lingüística. El uso equívoco de esos nombres es algo comprensible en otras épocas pero incomprensible e inaceptable hoy en día, menos por entes públicos.

Hagamos pues entre todos, un último esfuerzo de fidelidad y cariño a nuestra tierra, para devolver a esos altivos parajes sus nombres genuinos, fuera de denominaciones extrañas e invasoras que no hacen sino dañar el patrimonio cultural local.

LAUDIOKO BERBAK / Palabras de Llodio

Aquí tenéis un humilde regalo, fruto de alguna que otra hora de entrañables conversaciones: el libro, para que podáis descargarlo, usarlo y difundirlo. Eso sí, sed elegantes y citad siempre la fuente.

Laudioko berbak, palabras de llodio, Albarka, Agur, Aida, Aita, Aitite, Aizkolari, Akullu, Alda, Altzo, Altxa, Ama, Amama, Amarrako, Amilotxa, Anda, Aranza, Arbigera, Ardura, Arkasta, Arlote, Arrana, Arraño, Arrecho, Arrekutxus, Arrumaco, Artaburu, Aska, Aspaldiko, Astako, Asten, Astotxu, Aurresku, Azpigarri, Baldera, Arkasta, Bargasta, Barregarri, Basaurda, Baskotxar, Batan, Begitxindor, Berakatzegun, Betagarri, Bihotzerre, Biriki, Birrotxa, Birrotxo, Birrisgada, Bitarte, Boina, Bolaleku, Bolatoki, Borona, Butarga, Bustina, Cascarria, Castañiza, Corada, Derroñar, Desconortar, Dindirri, Enánago, Ene, Epetxa, Frakestu, Galga, Gallur, Gangarra, Ganorabako, Gara, Garar, Garrazta, Garriko, Gaztanbera, Gibelurdin, Giharra, Gingilla, 
Goitibehera, Gorringo, Gurpilada, Guzur-zaku, Halda, Hamaiketako, Hamarreko, Hamarretako, Hanka, Hondakin, Horcacha, Hordago, Huesque, Intxaur-saltsa, Iñarra, Jaiko, Kaiku, Kakanarro, Kako, Kankallo, Kankarro, Kaparra, Kapirutxu, Karramarro, Kartola, Kartolada, Kaskallu, Kastañiza, Kili-kili, Kili-Kolo, Kima, Kiñar, Kiskete, Kizkallu, Koipe, Koipetsu, Kokolo, Kolko, Kortina, Koskol, Koskollo, Koskorra, Kuku, Laia, Laratzu, Larri, Lata, Latón, Latxa, Laztana, Legaña, Lolo, Lukainka, Lupetza, Lupo, Makera, Maladar, Hondakin, Mallugi, Malte, Mamarro, Mamau, Mami, Mancar, Marmear, Marmeón, Marmeona, Marmujear, Matxin, Maus, Meheko, Merro, Memelo, Millu, Minza, Mirrizki, Mokotza, Molintxin, Mollina, Morokil, Morrosko, Mozkorra, Mozollo, Mukurre, Muna, Murko, Musiero, Mustrukear, Mustrukear, Mutiko, Mutil, Mutilzahar, Narra, Nastado, Nastar, Neke, Neska, Neskazahar, Nogada, Okotx, Orcacha, Órdago, Orpo, Otaka, Pa, Paparra, Papau, Paspi, Patin, Patxaran, Txarrikoron, Perneta, Pernile, Perretxiko, Pigaza, Pikarlin, Pil-pil, Pir-pir, Pirrilera, Pista, Pistojo, Pitarra, Pitiki, Pitilin, Plisti-plasta, Porrusalda, Potolo, Potxolo, Putxa, Putxi, Putxiga, Quima, Quiñar, Sagutxu, Saguzar, Saltamatxin, Sanso, Santiritu, Sapaburu, Sarda, Sarda-kako, Sarra, Sarrantxa, Sarteneko, Saskel, Saskeleria, Segulinda, Sekulebedar, Seruga, Sespal, Sigulinda, Sil, Sinsorgada, Sinsorgo, 
Sirau, Sirimiri, Sirri, Sorki, Sosolo, Suku, Suskiñar, Susunbako, Talaburrin, Talo, Tontorra, Traku, Trauski, Trauskileria, Tripandi, Tripisurri, Txa, Txahala, Txakoli, Txakurre, Txalo, Txamarra, Txapela, Txapeldun, Txapela, Txapilo, Txarba, Txarpila, Txarri, Txarriboda, Txarrikoron, Txarrikorron, Txarri-korta, Txarrikuma, Txarri-pata, Txarriki-pata, Txatarra, Txilina, Txin, Txinbera, Txinbo, Txipli-txapla, Txintxorta, Txiribuelta, Txirinbolo, Txirlo, Txirlora, Txirpia, Txirri, Txirrinplin, Txirta, Txistu, Txistulari, Txita, Txito, Txitxi, Txitxiki, Txitxiburruntzi, Txitxiki, Txondorra, Txonta, Txontarreal, Txori, Txoriburu, Txoritoki, Txorroborro, Txosna, Txotxolada, Txotxolo, Urkelear, Urretxa, Usiar, Zaborra, Zanbergas, Zapaburu, Zezpal, Zil, Zirau, Zirimiri, Zirri, Zortziko, Zuku, Zumelar, Zurito, Zurru, Zurrut

[EUSK] Abenduaren 22an, Eguberrien atarian geundela, «Laudioko berbak/Palabras de Llodio» liburua aurkeztu zen. Eta bertan aurreratu zen liburuaren bertsio digitala nahi zuenaren eskura jarriko zela udalaren webgunean. Horretarako laudioarrentzat data esanguratsua den bat hautatu zen, Dolumin Barikua, eskualdeko nekazari eta abeltzaintza azoka, herriko jai egun handia.

Bestalde, nahiz eta jende gehienak liburuaren paperezko alea jaso badu ere, beti eskatu ahal izango da, edizio digitalaren eskaintzarekin bat eginda.

Euskarri digitalari dagokionez, liburuaren bigarren edizio bat ere atontzen ari dira, bertsio digitalean soilik eskainiko dena eta, jasotako ekarpenei esker, lehenengoa handitu eta biribilduko duena. Horrela, berba-bilduma bitxi hau burutu egingo da. Eta denbora igaro ahala, etorkizuneko belaunaldientzat benetako altxor bihurtuko da. Izan ere, harriduraz eta miresmenaz irakurriko dituzte 2020. urte inguruan oraindik erabiltzen ziren hitz bitxi horiek, berezko nortasun-ikur diren euren herria identifikatzeko: Laudio.

Liburuaren bertsio digitala (bai lehenengo ediziokoa, bai hurrengo bigarren edizio handitua) ikusi edo deskargatu ahal izango duzu esteka honetan sakatuta:

http://www.laudio.eus/eu/herritarrak/beste-argitalpenak/laudioko-berbak


Albarka, Agur, Aida, Aita, Aitite, Aizkolari, Akullu, Alda, Altzo, Altxa, Ama, Amama, Amarrako, Amilotxa, Anda, Aranza, Arbigera, Ardura, Arkasta, Arlote, Arrana, Arraño, Arrecho, Arrekutxus, Arrumaco, Artaburu, Aska, Aspaldiko, Astako, Asten, Astotxu, Aurresku, Azpigarri, Baldera, Arkasta, Bargasta, Barregarri, Basaurda, Baskotxar, Batan, Begitxindor, Berakatzegun, Betagarri, Bihotzerre, Biriki, Birrotxa, Birrotxo, Birrisgada, Bitarte, Boina, Bolaleku, Bolatoki, Borona, Butarga, Bustina, Cascarria, Castañiza, Corada, Derroñar, Desconortar, Dindirri, Enánago, Ene, Epetxa, Frakestu, Galga, Gallur, Gangarra, Ganorabako, Gara, Garar, Garrazta, Garriko, Gaztanbera, Gibelurdin, Giharra, Gingilla, Goitibehera, Gorringo, Gurpilada, Guzur-zaku, Halda, Hamaiketako, Hamarreko, Hamarretako, Hanka, Hondakin, Horcacha, Hordago, Huesque, Intxaur-saltsa, Iñarra, Jaiko, Kaiku, Kakanarro, Kako, Kankallo, Kankarro, Kaparra, Kapirutxu, Karramarro, Kartola, Kartolada, Kaskallu, Kastañiza, Kili-kili, Kili-Kolo, Kima, Kiñar, Kiskete, Kizkallu, Koipe, Koipetsu, Kokolo, Kolko, Kortina, Koskol, Koskollo, Koskorra, Kuku, Laia, Laratzu, Larri, Lata, Latón, Latxa, Laztana, Legaña, Lolo, Lukainka, Lupetza, Lupo, Makera, Maladar, Hondakin, Mallugi, Malte, Mamarro, Mamau, Mami, Mancar, Marmear, Marmeón, Marmeona, Marmujear, Matxin, Maus, Meheko, Merro, Memelo, Millu, Minza, Mirrizki, Mokotza, Molintxin, Mollina, Morokil, Morrosko, Mozkorra, Mozollo, Mukurre, Muna, Murko, Musiero, Mustrukear, Mustrukear, Mutiko, Mutil, Mutilzahar, Narra, Nastado, Nastar, Neke, Neska, Neskazahar, Nogada, Okotx, Orcacha, Órdago, Orpo, Otaka, Pa, Paparra, Papau, Paspi, Patin, Patxaran, Txarrikoron, Perneta, Pernile, Perretxiko, Pigaza, Pikarlin, Pil-pil, Pir-pir, Pirrilera, Pista, Pistojo, Pitarra, Pitiki, Pitilin, Plisti-plasta, Porrusalda, Potolo, Potxolo, Putxa, Putxi, Putxiga, Quima, Quiñar, Sagutxu, Saguzar, Saltamatxin, Sanso, Santiritu, Sapaburu, Sarda, Sarda-kako, Sarra, Sarrantxa, Sarteneko, Saskel, Saskeleria, Segulinda, Sekulebedar, Seruga, Sespal, Sigulinda, Sil, Sinsorgada, Sinsorgo, Sirau, Sirimiri, Sirri, Sorki, Sosolo, Suku, Suskiñar, Susunbako, Talaburrin, Talo, Tontorra, Traku, Trauski, Trauskileria, Tripandi, Tripisurri, Txa, Txahala, Txakoli, Txakurre, Txalo, Txamarra, Txapela, Txapeldun, Txapela, Txapilo, Txarba, Txarpila, Txarri, Txarriboda, Txarrikoron, Txarrikorron, Txarri-korta, Txarrikuma, Txarri-pata, Txarriki-pata, Txatarra, Txilina, Txin, Txinbera, Txinbo, Txipli-txapla, Txintxorta, Txiribuelta, Txirinbolo, Txirlo, Txirlora, Txirpia, Txirri, Txirrinplin, Txirta, Txistu, Txistulari, Txita, Txito, Txitxi, Txitxiki, Txitxiburruntzi, Txitxiki, Txondorra, Txonta, Txontarreal, Txori, Txoriburu, Txoritoki, Txorroborro, Txosna, Txotxolada, Txotxolo, Urkelear, Urretxa, Usiar, Zaborra, Zanbergas, Zapaburu, Zezpal, Zil, Zirau, Zirimiri, Zirri, Zortziko, Zuku, Zumelar, Zurito, Zurru, Zurrut

DISPONIBLE LA VERSIÓN DIGITAL DEL LIBRO “LAUDIOKO BERBAK / PALABRAS DE LLODIO”

[CAST] Cuando 22 de diciembre, a las puertas de la Navidad, se presentó el libro “Laudioko berbak / Palabras de Llodio” ya se adelantó que la versión digital del libro se pondría a disposición de quien la quisiese en la web municipal. Para ello se eligió una fecha emblemática para los laudioarras, el Viernes de Dolores, feria agrícola ganadera comarcal, gran día de fiesta en el pueblo.

Por otra parte, a pesar de que la mayoría de la gente ya ha recogido su ejemplar en papel, en todo momento podrá solicitarse, al margen de exista la edición digital.

Respecto a esta última, se está perfilando una segunda edición del libro, que solo se ofrecerá en versión digital, y que aumentará y redondeará más la primera, gracias a las diversas aportaciones recibidas. De ese modo, se culminará esta precisa recopilación que, pasado el tiempo, se convertirá en un verdadero tesoro para las generaciones del futuro. Porque gozarán, entre la sorpresa y la admiración, de aquellas curiosas palabras que se usaban aún en torno a 2020 y que son una inherente seña identitaria de su pueblo: Llodio.

La versión digital del libro (tanto de la primera edición como de la segunda aumentada) la podrás ver o descargar pinchando en el siguiente enlace:

http://www.laudio.eus/es/otras-publicaciones/palabras-de-llodio

Albarka, Agur, Aida, Aita, Aitite, Aizkolari, Akullu, Alda, Altzo, Altxa, Ama, Amama, Amarrako, Amilotxa, Anda, Aranza, Arbigera, Ardura, Arkasta, Arlote, Arrana, Arraño, Arrecho, Arrekutxus, Arrumaco, Artaburu, Aska, Aspaldiko, Astako, Asten, Astotxu, Aurresku, Azpigarri, Baldera, Arkasta, Bargasta, Barregarri, Basaurda, Baskotxar, Batan, Begitxindor, Berakatzegun, Betagarri, Bihotzerre, Biriki, Birrotxa, Birrotxo, Birrisgada, Bitarte, Boina, Bolaleku, Bolatoki, Borona, Butarga, Bustina, Cascarria, Castañiza, Corada, Derroñar, Desconortar, Dindirri, Enánago, Ene, Epetxa, Frakestu, Galga, Gallur, Gangarra, Ganorabako, Gara, Garar, Garrazta, Garriko, Gaztanbera, Gibelurdin, Giharra, Gingilla, Goitibehera, Gorringo, Gurpilada, Guzur-zaku, Halda, Hamaiketako, Hamarreko, Hamarretako, Hanka, Hondakin, Horcacha, Hordago, Huesque, Intxaur-saltsa, Iñarra, Jaiko, Kaiku, Kakanarro, Kako, Kankallo, Kankarro, Kaparra, Kapirutxu, Karramarro, Kartola, Kartolada, Kaskallu, Kastañiza, Kili-kili, Kili-Kolo, Kima, Kiñar, Kiskete, Kizkallu, Koipe, Koipetsu, Kokolo, Kolko, Kortina, Koskol, Koskollo, Koskorra, Kuku, Laia, Laratzu, Larri, Lata, Latón, Latxa, Laztana, Legaña, Lolo, Lukainka, Lupetza, Lupo, Makera, Maladar, Hondakin, Mallugi, Malte, Mamarro, Mamau, Mami, Mancar, Marmear, Marmeón, Marmeona, Marmujear, Matxin, Maus, Meheko, Merro, Memelo, Millu, Minza, Mirrizki, Mokotza, Molintxin, Mollina, Morokil, Morrosko, Mozkorra, Mozollo, Mukurre, Muna, Murko, Musiero, Mustrukear, Mustrukear, Mutiko, Mutil, Mutilzahar, Narra, Nastado, Nastar, Neke, Neska, Neskazahar, Nogada, Okotx, Orcacha, Órdago, Orpo, Otaka, Pa, Paparra, Papau, Paspi, Patin, Patxaran, Txarrikoron, Perneta, Pernile, Perretxiko, Pigaza, Pikarlin, Pil-pil, Pir-pir, Pirrilera, Pista, Pistojo, Pitarra, Pitiki, Pitilin, Plisti-plasta, Porrusalda, Potolo, Potxolo, Putxa, Putxi, Putxiga, Quima, Quiñar, Sagutxu, Saguzar, Saltamatxin, Sanso, Santiritu, Sapaburu, Sarda, Sarda-kako, Sarra, Sarrantxa, Sarteneko, Saskel, Saskeleria, Segulinda, Sekulebedar, Seruga, Sespal, Sigulinda, Sil, Sinsorgada, Sinsorgo, Sirau, Sirimiri, Sirri, Sorki, Sosolo, Suku, Suskiñar, Susunbako, Talaburrin, Talo, Tontorra, Traku, Trauski, Trauskileria, Tripandi, Tripisurri, Txa, Txahala, Txakoli, Txakurre, Txalo, Txamarra, Txapela, Txapeldun, Txapela, Txapilo, Txarba, Txarpila, Txarri, Txarriboda, Txarrikoron, Txarrikorron, Txarri-korta, Txarrikuma, Txarri-pata, Txarriki-pata, Txatarra, Txilina, Txin, Txinbera, Txinbo, Txipli-txapla, Txintxorta, Txiribuelta, Txirinbolo, Txirlo, Txirlora, Txirpia, Txirri, Txirrinplin, Txirta, Txistu, Txistulari, Txita, Txito, Txitxi, Txitxiki, Txitxiburruntzi, Txitxiki, Txondorra, Txonta, Txontarreal, Txori, Txoriburu, Txoritoki, Txorroborro, Txosna, Txotxolada, Txotxolo, Urkelear, Urretxa, Usiar, Zaborra, Zanbergas, Zapaburu, Zezpal, Zil, Zirau, Zirimiri, Zirri, Zortziko, Zuku, Zumelar, Zurito, Zurru, Zurrut




El enigmático «aitelope»

Aprovechando que ayer estuve en Okeluri —caserío de Laudio— en una jornada más de sus txarribodas —matanza del cerdo— me parece oportuno escribir unas letras sobre el «morcillón» que allí estaban elaborando junto al resto de morcillas.

lope, aitelope, morcillón, aiteeterno, jaungoiko, jaungoiko nagusi, txarriboda, txerria, matanza, costumbres vascas
El enigmático lope o aitelope recién cocido, junto a otras morcillas

El morcillón es en realidad cualquier morcilla de dimensiones mucho mayores que las habituales. Para ello se embute la masa de sangre, verduras y arroz en el estómago del animal —como se ha practicado en la Montaña Alavesa—, en la vejiga o, lo más extendido y habitual, en el intestino ciego.

El embutido así elaborado era uno de los manjares más apreciados y codiciados de la matanza y solía reservarse para celebraciones con un carácter de proyección social: a veces se consumía la semana siguiente a la matanza entre todos los que habían colaborado o la llevaba el hombre de la casa a la taberna para compartirla como acto de socialización o se entregaba como regalo muy apreciado o… No descuidemos tampoco la costumbre «de obligada vecindad» de regalar alguna morcilla a cada una de las familias próximas, incluso cuando el trato entre ambas no era muy cordial.

Pero, volviendo a nuestro morcillón, lo que realmente me llama la atención de él es que, ese producto tan «entrañable» —elaborado con las entrañas—, haya recogido gran parte de su importancia simbólica en sus denominaciones.

En el entorno en donde me ha tocado nacer y vivir ese producto se conoce mayormente como lope y, a pesar de que la imaginación nos invita a relacionarlo con el apellido del antiguo señor de Bizkaia, parece ser, por unas referencias de Juan Ignacio Iztueta (1767-1845) en su obra Guipuzcoaco provinciaren condaira edo historia, que hace referencia sin más a todo aquello ‘grueso, gordo’: «Lope orobat da euskarazkoa, eta adierazten du dala lodia, gizena, lotua edo sortatua«.

Pero también conocemos y utilizamos en Laudio —en mi familia sin ir más lejos—, quizá por contacto con Orozko y Arrankudiaga en donde se usa con más profusión, el nombre aitelope para denominar el preciado embutido. Es decir, una denominación que nos deja a las claras que aquel estimado manjar estaba reservado al padre, al cabeza de familia para lo que él dispusiera: aita + lope, el ‘morcillón del padre’.

En la misma línea parecen ir otras denominaciones como guitalope de la zona minera vizcaína, cuyo primer elemento no llego a identificar pero, sobre todo, me llama poderosamente la atención el enigmático aite eterno ‘padre eterno’ usado en Zeanuri, Basauri o Begoña-Bilbao y que parece aportar otras connotaciones más sacralizantes a nuestro morcillón.

Toda esa excelsitud que va in crescendo en sus nombres, parece consumarse con la denominación jaungoiko ‘dios’ con la que, ni cortos ni perezosos, dan a ese manjar en la comarca de Busturia. Y, rizando el rizo y para finalizar, tenemos el jaungoiko nagusi ‘el dios principal’ de Durango. No sé si estamos ante un vocablo reverencial o ante la mayor herejía que se ha escuchado en el interior de nuestros caseríos. No: no lo creo…

Es más, sospecho que oculto bajo ese trato lingüístico tan diferenciado y grandilocuente debe yacer alguna creencia que hacía del morcillón un alimento casi sagrado, sobrenatural o rodeado de rituales. Lástima que no lo podamos saber ya. Pero sin duda todos los indicios de esos enigmáticos nombres apuntan hacia ello.

Es que la historia y todas nuestras lejanas tradiciones parece que brotan desde el interior de la misma tierra para salir a saludarnos. Estemos en donde estemos. También en el caserío Okeluri en una tarde de matanza en pleno carnaval…

Tarde de carnaval, pidiendo la mano del desdichado cerdo. Caserío Okeluri, Laudio.

Guk, barikuen, makallaoa yan gendun

Laminak edo lamiak euskal mitologiako izaki batzuk dira, eskuarki emakume itxurarekin eta, herri-usteen arabera, beste atribuzioen artean, pertsonak bahitzea ere egokitzen zaie, zorigaitzezkoak euren mundura eramateko.

Ez da harritzekoa beraz, tradizioaren arabera laminak bizi ziren lekuetara —normalean erreka inguruetan— hurbiltzean beldur izetea.

Kasu horietako bat, Memiño izeneko trokan dugu, Undurragako urtegitik (Zeanuri) hurbil edo bere uren azpian.

Ondoko Altzusta auzuneko (Zeanuri) neska-mutilak handik igarotzean, sudurra estaltzen zuten, laminen hats maltzurretatik babestu nahian. Aldi berean, behin eta berriz errezitatzen zuten «guk barikuen, makallaoa yan gendun» esaldia babes gisa, «guk ostiralean bakailaoa jan genuen», haragia jatea debekatuta zegoen ostiraletako bijiliak aipatuz, haiek benetako kristauak zirela eta Elizaren eskakizun guztiak betetzen zituztela jakinarazteko izaki mitologiko haiei.


Beldurrak estutzen gaituenean, edozein baliabide da egokia gure buruak defendatzeko.

Nik ere, badaezpada, aurreko bariku honetan bakailaoa jan nuen, urte jaioberria gaiztakeriez libratzeko.



El tronco navideño de Goirizabal

Uno de los actos navideños más significativos de nuestra cultura vasca consistía en quemar un gran tronco en el fuego del hogar. Era un madero que se consumía durante días y adquiría a partir de ese acto cualidades sobrenaturales, mágicas. Ya escribimos sobre él hace un tiempo. Pincha encima si deseas leerlo: Olentzero es un madero.

Pero es una tradición ya desaparecida e incluso su lejano recuerdo, inexistente o muy limitado. Por ello quiero centrarme en Laudio, el pueblo que me vio nacer, y dar unas referencias de aquel rito. Para mí es un hallazgo extraordinario, ya que he andado muchos años persiguiéndolo.

TAMBIÉN EN LAUDIO. En su día me había llamado la atención que el sacerdote antropólogo José Miguel Barandiaran (1889-1991) publicase que ese ritual del gran tronco navideño también era conocido en Laudio, pues en la actualidad es algo totalmente desconocido. Decía en 1956 que «El tronco que en Trespuentes ardía por Nochebuena en el hogar lo traía hasta la cocina una pareja de bueyes y allí estaba en el fogón durante todo el año. En […] Llodio [ardía] hasta la última noche del
año
»

Pero, como decimos, aquella curiosidad era totalmente desconocida en el Laudio industrial que yo conocía. Sabía que su dato partía de una información mucho más anterior ya que en 1922 publicó en su anuario de Eusko Folklore. Decía que «Se halla muy extendida en al país vasco la costumbre de quemar por Nochebuena en el hogar un tronco que recibe diversos nombres, según los pueblos. Lo mencionan los informes—que tengo a la vista—de Santa Lucía de Llodio […] En Santa Lucía de Llodio dicen que ha de durar hasta la noche vieja». Siendo una información recogida in extremis hace un siglo, de mano de la escasa gente que aún se recordaba aquella costumbre y encima muy mayores en aquel momento, parecía misión imposible conseguir más información local.

Espoleado por aquellos únicos indicios, en 2005, hace ya quince años, fui a entrevistar a poca gente mayor de aquel entorno de «Santa Lucía de Llodio» que citaba Barandiaran, para acotar la fuente de información ya que ni mi padre ni mi madre —buenos informantes en estos temas etnográficos— nada sabían de ello. Ya «en Santa Lucía» el primero en ser preguntado fue Mateo Eskuza (1944), otro excelente informante en estos temas, y nada supo contarme de aquel mágico madero de Navidad. Era lo más cercano a Santa Lucía disponible, así es que probé con los enclaves cercanos.

Pero los resultados fueron igual de frustrantes. Primero lo intenté con Mª Teresa Sojo Sojo (1921-2013) y Jesus Zubiaur Urkijo (1921-2007) del alto de Garate —límite de Laudio y Okondo— así como con Jose Egia (1930-2018) y su esposa Carmen González (1933) de la cercana aldea de Dubiriz. No conseguí nada en concreto del asunto que nos ocupa. Pero dado que a varios de ellos se los llevó el inexorable trascurrir del tiempo, me ha parecido bonito recordarles con estas letras y las fotografías tomadas aquellas frías tardes de grabación.

Jesús Zubiaur Urkijo (1921-2007) y Mª Teresa Sojo Sojo (1921-2013), en su caserío del alto de Garate, el día de la entrevista, el 13 de enero de 2005. In memoriam.
Jose Egia (1930-2018, goian bego) y su esposa Carmen González (1933) en la aldea de Dubiriz, el día de la entrevista, el 1 de febrero de 2005.

EL TRONCO Y GOIRIZABAL. A pesar de estar convencido de que aquella información recogida por Barandiaran era cierta, lo dejé por imposible creyendo que su recuerdo se había perdido para siempre.

Pero hay ocasiones en las que obran los milagros. Así, tras publicar aquel artículo Olentzero es un madero más arriba citado, se puso en contacto conmigo una vieja amiga —que no es lo mismo que «amiga vieja», pues somos de la misma edad— Lourdes Barbara Barbara, porque le había sorprendido que, aquello que ella había escuchado en casa y le parecía tan extraño, tenía por fin una razón de ser. Así es que, ella y su madre Juanita Barbara Arrazuria (1932), han traído la luz a ese apartado tan oscuro de nuestras costumbres.

Lourdes Barbara, acompañada de su madre Juanita Barbara, en el frente de su caserío Goirizabal

Ellas relatan lo que contaba su padre y marido, Enrique Barbara Perea (1918-2004) y a lo que no habían dado excesiva importancia. Tampoco el bueno de Enrique había practicado aquella costumbre del tronco pero sí lo sabía de mano de su padre Emeterio Barbara Marañón (1883-1946).

El vago recuerdo consiste en que en la mañana del día de Navidad, se traía un tronco muy grande del bosque. Intuyen Lourdes y su madre que era un tronco seleccionado y cortado —para conseguir un mínimo secado— de antemano.

Lo arrastraban con una pareja de bueyes y unas cadenas y, lo que mejor recuerdan, para introducirlo hasta el fuego del hogar, los bueyes se disponían para empujar hacia atrás. Dicen que atado el tronco en el «sogueo» de la yunta, es decir, en el yugo, entre los cuellos de los animales, en el lugar en donde se introducía la pértiga del carro. Pero también hablamos que quizá allí se trabase una larga pértica hasta la parte delantera del tronco o que el tronco descansase sobre un «carro mako» (dos ruedas con un eje usado para transporte de grandes troncos).

Sea como fuere, yendo hacia atrás, era como más podía acercarse el descomunal madero al fuego.

Recuerdan también, de modo muy vago, que allí ardía durante toda la Navidad, consumiéndose lentamente.

Enrique Barbara (1918-2004) con una yunta de bueyes en una imagen del archivo familiar. Era él quien recordaba los relatos del tronco de Navidad que le contaba su padre Emeterio (1883-1946), el último que lo había practicado.

¿POR QUÉ DEJARON DE HACERLO? La razón parece ser bien simple. Toda aquella maniobra era posible cuando la cocina de Goirizabal estaba en la planta baja —aún se reconoce la antigua ubicación en el extremo suroeste del caserío— y no en la primera planta, como está en la actualidad, porque era ya inviable el acercar el grandioso madero.

El caserío Goirizabal era un establecimiento (parada) oficial de toros sementales. Juanita Barbara nos muestra a sus 88 años la argolla a la que se ataban las vacas a cubrir… en aquella puerta que, en su día, vio pasar el tronco de Navidad empujado hacia atrás por bueyes

Sin duda esa es la razón de que haya desaparecido aquella costumbre que era tan apreciada entre los vascos. En origen, y tratándolo con todas las generalizaciones y licencias del mundo, los caseríos más antiguos (XVI) tenían la cocina en la cuadra, separada de los animales e incluso con unas pequeñas ventanillas a través de las cuales vigilaban de vez en cuando al ganado vacuno.

La cocina, como sucede en Goirizabal, estaba próxima a la entrada, en el ángulo delantero del edificio. Durante aquellos siglos XVI y XVII, el fuego se encendía sobre una losa colocada en el centro de la estancia, tan solo elevada unos centímetros del suelo. Es probablemente cuando más difusión tuvo el ritual de nuestro madero, que se dispondría cruzado sobre aquella losa, algo que iría desapareciendo a medida que el caserío vasco evolucionó. Y es que, a lo largo del XVIII y el XIX, se generalizaron las chimeneas de fuego bajo con campana adosada al muro, con unos hogares bastante más elevados del suelo y ya, a menudo, reubicadas en las plantas superiores del edificio. Es el «fuego bajo» tan rústico y típico a nuestros ojos pero que en realidad fue una modernización en aquellas épocas. Sería entonces cuando, por la imposibilidad de colocar allí el gran tronco, se iría paulatinamente perdiendo la costumbre. Y tan solo se mantendría en aquellos caseríos que disponían aún de aquellas cocinas en la planta baja, aquellas que eran el verdadero corazón y pulmón de la cultura vasca.

Antigua foto perteneciente al archivo familiar en la que se ve en Goirizabal,
un toro semental mostrado por el joven Enrique Barbara (1918-2004, esposo y padre de Juanita y Lourdes) que fue quien transmitió el recuerdo del rito del tronco navideño que había practicado su padre, Emeterio Barbara (1883-1946), en el centro de la imagen. A la derecha, Miguel Urquijo Maruri, alcalde de Laudio y hermano del compositor Ruperto Urquijo.

MUTACIÓN DE LA TRADICIÓN. Quizá, al ser imposible continuar con aquella tradición por la nueva ubicación de los fuegos, se mutase la forma de actuar con aquel. Lo comento porque de nuevo Barandiaran recoge en Laudio (notas manuscritas, sin publicar, de 1935) una desconcertante costumbre que por aquel entonces la da como muy generalizada pero de la que nada se recuerda en la actualidad: «Día 24 de diciembre, Noche Buena. Este día acostumbran gran cantidad de caseros hacer astillas de un palo gordo y grueso y luego meterlo al horno donde hacen los panes y, hecha esta operación, luego que está bien seco, lo guardan hasta el día de San Juan, quemándolo en la fogata del día». Información recogida de «D. de Isusi» (1935).

MUKURRA. Para finalizar me gustaría aportar un dato más. Al ser aquel tronco tan emblemático y celebrado tenía nombre propio, diferente según las comarcas. Una referencia que nos resulta cercana es la recogida en unas tímidas y primerizas encuestas etnográficas llevadas a cabo por Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos y publicadas en su boletín anuario Eusko Folklore de 1922. Se cita nuestro madero en las referencias de Bedia (Bizkaia) como Gabon-mukur: «La noche de Gabón se coloca en el fuego un tronco de roble (gabonmukuŕa). […] El gabon-mukuŕ tiene la virtud de bendecir toda la casa».

Intuyo, aunque nunca podremos demostrarlo, que así se denominaba nuestro tronco navideño en Laudio. Y así lo creo porque, a pesar de haber desaparecido hace mucho el euskera tradicional en este municipio, se usan aún diversas palabras vascas insertadas en el castellano local. Una de ellas es mukurre, recogida a mi padre y que usa para denominar los troncos mayores que se colocan en el fuego bajo y que hacen se soporte para otros menores y ramas varias: «…esos maderos se denominan por igual «mukurre» o «mokotza» si bien se tiene el concepto de que el «mukurre» es algo mayor que la «mokotza». También se conocen ambos como «arrimaderos»» (Laudioko berbak / Palabras de Llodio, 2020).

CUANDO TE TOCA EL GORDO. Nada más que añadir salvo que para mí el mayor y mejor regalo navideño va a ser haber conseguido salvar este rito, aunque sea tan in extremis, de la hoguera del olvido eterno. Son cosas que no sirven para nada pero que a mí me emocionan y llenan de gozo, porque algo zarandean en mis entrañas. Quizá sea por el retorno a lo pretérito, por el contacto entrañable con todos nuestros antepasados y con la tierra que pisamos sin saber escucharla. Por eso yo no juego a la lotería. Porque para mí el premio gordo va a ser este año el poder cenar pensando en el gabon-mukur, aquel que va a dar sentido y calidez al hogar. Eguberri on guztioi.

Eskerrik asko, a Juanita y en especial a Lourdes, por esas deliciosas tardes que me habéis regalado en vuestra cocina y que no tienen precio. Bihotz-bihotzez.