Otsein gosetuak

Ugazaba zital eta ankerrenak ere errespetatzen zien Gabonetan etxera itzultzeko baimena.

Otseinak ziren, duela gutxira arte figura arruntak, egun eskandaluzkoak izango liratekeenak. Zehatzago azalduta, otseinak baliabide urriko familietan jaiotako umeak ziren, gehienetan eskasiagatik behar bezala elikatu ezin zitezkeenak eta, beharrak bultzatuta, mantenu soilaren edo ogerleko batzuen trukean dirudunen etxeetara zerbitzatzera zihoazenak.

Otsein izena Euskal Herriaren mendebaldekoa zen, bizkaierakoa. Eta geroago kridu edo krida [‘criado’ / ‘criada’] entzun baditugu ere, behinola berba orokortua izan zen. Ogi eta sein hitzen batuketa krudeletik datorkigu eta agerian uzten digu norainoko miseria duen bere barnean: ogiaren truke lan egiten zuten ume txikiak. Bai, seinak “umeak” zirelako.

Arrotz zuten etxe batean urte osoan beharrean zeuden sabela betetzearen trukean. Dirudunekiko morrontza, gurasoek eskaini ez ziezaieketen biziraupena bermatzeko. Eta denboran ez da hain kontu urruna…

Gaztelaniaz ere, paniaguado antzeko hitza dugu, morroi zihoana pan y aguaz ateratzeko bizibidea.

OTSEIN. Bikain asmatu zuen izena Bergarako lantegi hark 1941. urtean jaio zenean, baldintzarik gabeko zerbitzariak ekoiztea zutelako helburu, etxetresnak ez zirelako lan-zamaz kexatzen, ez zutelako opor beharrik. Benetako otseinak ziren.

Otsein ikuzkailua iragartzeko publizitatea. Lava sola leloa adierazgarria da ulertzeko zer zen otsein bat

 

Obra gorena, enpresa sortu eta hamar urtera (1955) kaleratu zuten: etxeetarako lehenengo ikuzgailu automatikoa Estatu osoan, sekulako iraultza ekarri zuena eta geroko Balay, Newpool, Fagor… markei bidea ireki ziena.

Otsein markako ikuzkailua

Orain Amerikako Hoover empresa-taldearekin bat eginda dago gure marka komertziala. Eta ezer ez da lehen zena. Etxetresnak ere ez dira gaur asmatzen inoren otsein izateko, ia senitartekoak direlako. Baina bai ditugu gordeak agertu ziren garaietako oroitzapen kolektiboak, begirunez gainera. Gabonetan etxera irribarretsu eta “eguberri on” esaka itzultzen ziren ume lander haiek bezala… egun bereziak ziren, goserik gabekoak: agian gaztain erreak ere egongo ziren sutondoko mahai oparoan.

 

Olentzero es un madero

El personaje de Olentzero que tan incuestionable nos parece hoy, poco o nada tiene de tradicional entre nosotros y sí mucho de una necesidad ideológica de un momento concreto, siendo luego bien espoleado por el comercio, siempre ansioso de mover las cajas registradoras. Y no está mal del todo y de hecho me encanta para celebrarlo. Pero no soporto que ello conlleve una matarrasa de todo lo anterior, de lo propio y genuino. Tanto que lleguemos a olvidar quiénes somos y de dónde venimos. Así es que vamos a revolver un poco, como un modo de lucha revolucionaria y antisistema contra el olvido generalizado.

Olentzero en Bilbo, todo un espectáculo. Pero espectáculo dicho en todos los sentidos: pobres criaturas, pobre país…

 

EL SOL Y EL FUEGO. Nuestra celebración navideña se debe —como a estas alturas todos sabemos— no a la rememoración del nacimiento de Jesucristo sino a unos antiquísimos ritos paganos previos consistentes en la adoración al sol, costumbres que el cristianismo enmascarará posteriormente con esa efeméride natalicia inventada ad hoc para adueñarse de ellos.

En estas fechas tan entrañables celebramos el inicio del invierno en nuestros calendarios actuales o, quizá mejor, tal como se percibe en los países del norte de Europa, el día central del invierno, ya que es ahora cuando menos fuerza tiene el sol.

También sabemos que aquellos ancestrales ritos de adoración al sol se materializan entre nosotros por medio del fuego, una especie de delegación simbólica de aquel astro en la Tierra. Un fuego que en las fechas señaladas del ciclo solar adquiere siempre un carácter mágico, purificador, benefactor y protector para sus súbditos los humanos. Es el sol el que da y quita la vida a esa naturaleza de la que nos sustentamos.

La especulación sobre la posible antigüedad de esos ritos del fuego solar es algo que estremece. Pero prueba de ello es que, de un modo u otro, se llevan a cabo en prácticamente todas las culturas del mundo. Es decir, es algo en apariencia inherente a nuestra existencia como seres humanos.

EL TRONCO PRODIGIOSO. Con los nombres de eguberri, gabon, gabonzuzi, gabon-subil, gabon-mukur, olentzero-enbor, onontzoro-mokor, subilaro-egur, suklaro-egur, sukubela, porrondoko... recogió Barandiaran en toda la geografía vasca la costumbre de traer desde el bosque hasta el hogar un gran tronco cuyo destino era el ser “sacrificado” en el fuego, quizá ofrendado al sol para así atraer su protección y prosperidad en el futuro más cercano. Debía de arder durante esa noche solsticial —Nochebuena— y así poder convertirse en algo mágico, dotado de poderes sobrenaturales.

«El tronco que en Trespuentes ardía por Nochebuena en el hogar lo traía hasta la cocina una pareja de bueyes y allí estaba en el fogón durante todo el año». Imagen de leñadores vascos

«El tronco que en Trespuentes ardía por Nochebuena en el hogar lo traía hasta la cocina una pareja de bueyes y allí estaba en el fogón durante todo el año. En Larraun, como en la mayoría de los pueblos, ardía en el hogar sólo durante Nochebuena; en Llodio y en Salvatierra hasta la última noche del año...» contaba el sacerdote de Ataun en unas densas notas que, por su interés, reproducimos completas al final de este post.

De la gente entrevistada en Laudio —mi pueblo de nacimiento—, nadie lo recuerda hoy. Aunque sí milagrosamente algunas personas mayores de Luiaondo u Okondo. Su ceniza bendecía los campos  y ayudaba a mantener la buena salud del ganado.

OLENTZERO. Curiosamente ese madero mágico de Nochebuena recibe el nombre de Olentzero en algunos rincones de nuestra geografía, en referencia a la bondad de los augurios de esa noche, al instante estrictamente navideño, nada que ver con el personaje que hoy conocemos. Sí tenemos referencias, claro está, de un complejo personaje mitológico que simboliza estas fechas solsticiales o al menos actualmente comparte su nombre. En cualquier caso, nada tiene que ver con un carbonero, el mito moderno actual. Por no extendernos, dejamos para otra ocasión la profundización en la metamorfosis histórica de ese personaje.

Concuerda con el hecho de que no se hable de ningún carbonero ni personaje ni nada similar en la primera referencia de esa palabra, como es sabido, a manos de Lope Martínez de Isasti (Lezo, 1565-1626). Su explicación no deja lugar a dudas: «A la noche de Navidad [llamamos] onenzaro, ‘la sazón [la época] de los buenos’». Tampoco en las siguientes citas documentadas, limitadas a describir con ese término el período de tiempo de esas fechas mágicas. Lo aclara a las mil maravillas un dicho popular mucho más tardío recogido por R. Mª Azkue (Euskalerriaren Yakintza) de un Almanaque bilbaíno de 1897: «Onezaroz leihoan, Pazkoetan sua» [‘Por Navidades en la ventana, en Pascua junto al fuego’]. Es decir, que ha de hacer invierno cuando toca porque, si se trastoca el orden natural, nos golpeará su crudeza en primavera, cuando más perjudicial es para las cosechas. Algo similar al «Cuando marzo mayea, mayo marcea» con el que mi madre sentencia el firmamento cada vez que mira por la ventana. Una y otra vez. Año tras año. Con la pasión además de quien cree estar desvelando algo hasta entonces desconocido.

Nunca encontramos en los registros mínimamente clásicos de nuestra lengua carbonero alguno bajo en nombre de Olentzero. Sospecho por ello que lo inventaríamos a fines del XIX o, quizá incluso, a principios del XX.

En cualquier caso, no es difícil de hacer una extrapolación para sugerir que podrían identificarse perfectamente la extracción de un llamativo tronco del bosque y la labor de los carboneros en las más apartadas montañas, la idealización moderna del concepto de Olentzero.

Olentzero con Mari Domingi en Mungialde, bien cargados de regalos para los peques

 

TIÓ DE NADAL, TIZON DE NABIDAT. La misma concepción de ese tronco navideño que conlleva la prosperidad y la bondad lo tenemos en el Tió de Nadal, –también llamado tronc(a), soca, xoca, cachafuòc o soc de Nadal…– de las culturas circumpirenaicas de Cataluña, Andorra, Occitania y Aragón, un tronco al que se cuida y “alimenta” en casa hasta que en Nochebuena se le hace “defecar” todos los alimentos, regalos, etc. poniendo un fin simbólico al hambre y las penurias.

Tió Nadal, el tronco mágico navideño pirenaico, que cuenta con especial relevancia en Cataluña

Una referencia con un mayor valor etnográfico si cabe podemos observarla en una plegaria ritual recogida en Escalona (Huesca) y en donde, en el momento de prenderle fuego, el más viejo o dueño de la casa solicita al madero navideño todo tipo de favores con los que, prácticamente, se hace una definición de lo que se considera felicidad:

«Tizon de Nabidat tu yes o tronco d’a casa por ixo yo bendizco con bin esta troncada en nombre de Dios y o nino que baxa ta la tierra ta que ta ista casa traigas a felizidat más plena. O primer trallo ta tu, porque tu tot lo nabegas. O segundo por nusatros que nos des salut a espuertas. O terzero ta que niebe y se críen as cosechas. O cuarto ta que as arreses no se disgrazien ni mueran. Y o quinto ta que a Paz nos espante toda guerra».

Fiesta rural de los Tonis en Taradell (Barcelona), con un claro carácter de ritual de invierno. Transporte del gran tronco en las tres tombs (paseo compuesto de tres vueltas por el pueblo). Año de 2016.
Felicitación navideña con alegoría al transporte del Yule Log, el tronco de Navidad. 1870 aprox.

 

YULE LOG EUROPEO. Nuestras ancestrales costumbres han sido compartidas por los países del norte de Europa, con el nombre de Yule log –hoy reducido en muchas ocasiones a una tarta con forma de madero–, el Christklotz… unos grandes troncos, símbolos por excelencia de la Navidad, y que se acarreaban hasta el hogar para que éste quedase bendecido con su simple presencia. Es exactamente lo mismo que tan arraigado aparece en nuestras costumbres locales vascas.

Antiquísima cultura europea común basada en una religión de adoración del bosque… Una vez más, otro camino diferente nos conduce hasta la misma piedra angular.

ÁRBOL DE NAVIDAD. Curiosamente, en estos días que ahora nos toca vivir, muchos de nuestros hogares, calles y plazas se encuentran decoradas con el árbol de Navidad. Es una costumbre moderna entre nosotros pero que a su vez, con su importación, cerramos el círculo del culto al árbol que nuestros antepasados practicaron: recogemos de fuera lo que perdimos aquí.

En efecto, la moda del árbol adornado en nuestros hogares la importamos en su día de Francia y ésta, a su vez, a mediados del XIX, de los países germánicos. En su lugar de origen –Alemania y Escandinavia– con él se adoraba al dios Frey, el responsable del sol, la prosperidad y la lluvia: mitología en su estado más esencial.

De ahí que se adorne con regalos, comida, felicidad… colgando de sus ramas como reclamo y preludio de esa prosperidad que con él auguramos. Hablamos sin duda de lo mismo, de aquel árbol que con gran esfuerzo arrastraban desde el bosque hasta nuestros hogares para que portase la abundancia, fecundidad y felicidad a la comunidad que allí vivía. Idéntico fin y origen que esa expresión de “próspero año nuevo” que una y otra vez repetimos casi sin ser conscientes de ella.

Cortando el árbol de Navidad en el bosque. Franz Krüger. 1857

Estremece asimismo pensar cómo también nuestros antepasados eligieron un solemne árbol en torno al cual hacer las juntas vecinales para determinar los designios del pueblo, el embrión de los actuales ayuntamientos. El árbol, siempre el árbol… el idolatrado bosque, reminiscencias de aquellos pueblos a los que los romanos llamaron bárbaros. 

Ahora hemos de conformarnos con un personaje de diseño idealizado para las fiestas solsticiales y que por su complejidad ya trataremos en otra ocasión. Nada que ver ni siquiera con aquel último gentil, el único que no se inmoló al ver nacer a Jesucristo y que —cuenta la leyenda— descendió al valle a dar la noticia de que empezaba una nueva era.

Un afinado Olentzero el actual, recién casado con esposa impuesta por conveniencia –último grito en modernidad–, que ya no se emborracha ni puede mostrar su pipa porque incitaría a fumar a los más pequeños. Un personaje, para más deshonra y ofensa, hemos añadido un saco repleto de regalos a la espalda que nunca hasta entonces había llevado. Unas dádivas que los niños reciben tras haber escrito una carta con sus infantiles deseos y que puntualmente recoge un emisario de nuestro orondo Olentzero. Y si se le puede poner un zapato para que identifique a cada uno de la familia, perfecto. Eso sí, como es carbonero, entrega carbón a quien se ha portado mal. ¿Nos suena de algún otro lugar, verdad?

En resumen, lo único cierto de esta historia es que hemos creado un San Nicolás o Santa Claus “a la vasca”, diseñado a medida hace unas pocas décadas: ya tenemos el Euskal Papa Noël, el sustituto perfecto para los Reyes Magos. Cuando no lo hacemos posar junto a una mula y un buey…

LOS REGALOS. Por cierto, personaje éste de Santa Claus que comenzó a hacer regalos de juguetes, etc. a los más pequeños en torno a 1820, auspiciado por el comercio. O la réplica comercial de aquél, nuestros Reyes Magos cuyos “regalos de siempre” comenzaron en 1850… Dicho de otro modo: ayer. Y de ahí nuestra también “ancestral tradición” de los regalos de Olentzero que nunca hasta estas últimas décadas lo había hecho.

Imagen de hoy mismo, con el fuego que convierte en hogar la casa que me vio nacer

LA INFELICIDAD DEL OLVIDO. Y no es que esté en contra de la actualización, readecuación de nuestras costumbres, porque en el fondo siempre han sido cambiantes en el tiempo y porque, bienvenidos sean los cambios si ellos ayudan a su perduración. Pero a su vez, mientras alentamos esos nuevos mitos y leyendas, dejamos escapar sin ningún guiño de añoranza aquello que durante siglos o milenios fue nuestra esencia, el alma de nuestra cultura. Ni una sola referencia en ninguna publicación ni una breve explicación sobre nuestro tronco navideño en la más remota escuela infantil. Nada de nada.

No parece posible que sea cierto lo que estoy contando ¿verdad? Con lo celosos que somos los vascos para nuestras tradiciones…

Así es que os deseo mucha felicidad a todos/as y un “próspero” año nuevo. Comprad lotería para ver si os toca, que yo me quedo conforme pegado al tronco de árbol que arderá, más mágico y atávico que nunca, en el fuego de Nochebuena. Porque bien es sabido que es el fuego el que da nombre al hogar. Eso ya es suerte de por sí. Eguberri on.

Viejo tronco junto a la Ventilla de Okondogoiena (Okondo) paulatinamente fundiéndose con la tierra de la que surgió

 

ANEXO: TEXTO DE J. M. BARANDIARAN SOBRE EL TRONCO DE NAVIDAD (1956)

«El tronco que en Trespuentes ardía por Nochebuena en el hogar lo traía hasta la cocina una pareja de bueyes y allí estaba en el fogón durante todo el año. En Larraun, como en la mayoría de los pueblos, ardía en el hogar sólo durante Nochebuena; en Llodio y en Salvatierra hasta la última noche del año. En Esquiroz y en Elcano ponen al fuego tres troncos: el primero para Dios, el segundo para Nuestra Señora, el tercero para la familia. En Eraso y en Araquil ponen, además, un madero para cada uno de los miembros de la familia y otro para el pordiosero. En Olaeta encienden en el hogar un tronco de haya durante la última noche del año y queman a su lado todo lo que queda del tronco del año anterior. Por haber estado al fuego durante la Nochebuena o en el último día del año, Gabonzuzi tiene virtud especial. Con su fuego preparan la cena de Nochebuena en Oyarzun.

En Abadiano y en Anzuola hacen lo mismo; además, después de la cena, la familia se agrupa en su derredor para calentarse. En Elduayen procuran hacerle arder a gran fuego, a fin de evitar, según se lo dicen a los niños, que descienda de la chimenea el personaje Olentzaro, armado con una hoz, a quitar la vida a cuantos viven en la casa.

En Esquiroz colocan el tronco o Gabonzuzi consagrado a Dios en el umbral de la puerta principal de la casa el primer día del año, o el día de San Antón, y hacen pasar por encima a todos los animales domésticos. Creen que así los animales no morirán por accidente durante el año. La misma costumbre existía también en Oyarzun y en Araquil. En Salvatierra creen que Gabonzuzi tiene la virtud de alejar las tempestades y lo ponen al fuego cada vez que se acerca una tormenta.

En las casas donde hay toro semental practican lo siguiente: colocan al fuego en el hogar dos palos durante la cena de Nochebuena; ambos se queman algo por un extremo; hienden luego el más largo de los dos por el extremo quemado y colocan el segundo atravesado en la hendedura del primero de modo que ambos formen una cruz; ésta es llevada al establo donde se halla el toro y clavada o colgada de un muro o poste. Con esto creen que el toro no tendrá durante el año el mal conocido con el nombre maminpartidu.

En Aezcoa recogen el carbón y la ceniza producidos por la combustión de Gabonzuzi. Cuando una vaca tiene endurecida la ubre, ponen al fuego tales residuos y aplican su sahumerio a la ubre enferma. En Amorebieta dicen que el nochebueno o Gabonzuzi evita que la comadreja perjudique a quienes viven en la casa o a sus animales. No dejan que se apague el fuego del hogar durante la Nochebuena para evitar que alguno de la familia muera durante el año.

En Bedia conservan el tronco o sus carbones, pues piensan que asi continúa bendecida la casa. La ceniza producida al quemarse ese tronco en el hogar es conservada hasta el día de San Esteban en Ibárruri. Ese día la llevan a las piezas de cultivo y es esparcida en forma de cruz en la tierra. Así piensan que los animales dañinos morirán.

Según creencia de Liguinaga el nochebueno influye en que sean hembras los corderos que nazcan en el rebaño. Cuando muere una persona le ponen al lado Gabonzuzi en Eraso. En Olaeta ese tronco, que allí arde en la última noche del año, es retirado después de la cena y colocado en el establo a fin de preservar de enfermedades a los animales allí recogidos».

 

Lampas, 13 urteko prostituta

Eguerdian ikusi nuenetik banekien garai batez lur jota utziko ninduela. Eta hala izan zen: arratsalde osoan neska harengan egon nintzen pentsatzen eta, esan diezazueket, loak hartu aurretik azken pentsamendua eta itzarri berriko lehena hari eskaini dizkiodala. Goibel utzi ninduen, bai.

Dena eguerdian hasi zen, Euskaltzaindiko Azkue biblioteka paregabean egon eta gero, Bilboko Arkeologi Museora hurbildu nintzenean. Badakizue Unamuno plazan, Mallonako eskaileretatik igotzen hasia.

ERAKUSKETA. Han eta otsailaren 3a arte, ikusgai jarri dute Erromanizazio garaiko “Mulieres” Emakumeak Augusta Emeritan izeneko erakusketa zoragarria, primerako materialekin. Duela bi mila urteko andre haien bizitzaren ikuspegi domestiko, soziala, funerarioa, estetikoa eta abar erakusten ditu bikainki. Euskal Herriko pieza batzuk dauden arren, ikusgarrienak dira Merida hiritik ekarri dituztenak.

Eta ikusitakoen artean, bazen plaka bat luxuzko marmolean zizelkatua, ume eder baten irudiarekin. Nagusiago izatearen itxurak zituen umea, bizitza arinegi erre ziotelako dirudienagatik. Jarrera sentsual-erotikoan dago, aldare batean eserita, lurtarren eta zerutiarren mundu bateraezinak mihise fin batez banatuak. Hilobi-ingurune batean agertu omen zen plaka hori, esan bezala, Meridan.

Baina piezaren edertasuna alde batera utzita, zer pentsatu eman zidan, haren ederrak gure frustrazioa dakarrelako aldi berean, islatzen duen historia gordinegia delako: Lampas (‘argitsuena’) izeneko neskatxa bati eskaini zitzaion oroitarria eta, herioak hartu zuenean, 13 urteko prostituta zen.

II. mendeko irudia. Goiko inskripzioan, grekeraz, LAMPAS. 13 URTE. Bere hilobia zenaren zati bat. Bertan neska bat dago, biluzik, edertasun betean, orrazketa dotoreaz eta, bularren azpian, txirikorda bat jartzen ari dela, agian, bularraren forma liraintzeko: fascia pectoralis bat da, garaiko bularretako sentsuala.

 

ZAKILAK LEPOKOAN. Museoko erakusketan ikusgai daude, bestetik, emakume dotoreenek idunekoetan eskegitzen zituzten urrezko “bitxi bitxiak”: zakil eta barrabilak, piezatxo txiki batzuetan, soineko-eskoteetan luzitzeko, begirada bekaiztiak sumintzeko.

Egiatan, faloak nonahi margotzen eta erakusten ziren: etxeetan, harresien kanpoaldean… Baina ez bertako emakumeak oso sexuzaleak zirelako, aseezinak gaur pentsa genezakeen bezala: emankortasun edo ugalkortasunaren ikurrak dira zakil horiek, oparotasuna eta ondasuna erakartzeko. Baina, halere, bai: sexuaz lokabe praktikatzen zuten eromataren garai hartan.

Zakil bat alu batzuetan sartzeko prest, etxe bateko mosaiko batean. Ugalkortasuna lortzeko irudia da eta ez sexurako deia

 

PROSTITUZIOA. Baina guztiek ez zuten etxean bilatzen zutena aurkitzen. Eta bai kalean. Maiz. Horregatik gure neskatoak praktikatzen zuen prostituzioa ez zegoen hain gaizki ikusita bezeroa –gizonezkoa– izanda, behintzat noiz edo noiz egiten bazen edo maila sozial behereko –eta ez “bereko”– batekin praktikatzen bazen. Baina sarritan plazer erraz horretara joz gero, behin ohitura bihurtuta, berehala gaitzesten zuen komunitateak, horra arte txalotzen zuen berak. Duela bi mila urteko bizigiro hartan txarrago zegoelako baloratuta jendaurreko irudi txarra, etxetik kanpo eta txortan ibiltzea baino.

Ospe txarra, txarrena, prostitutarentzat zen. Orain bezala, nonahi zeuden baina, aldiberean, ikusezinak ziren sistemarako. Orain bezala, atzerritarrak ziren sarritan. horren adibide, gure neskatoa: hortaz harria grekeraz idatzita egotea.

Putetxeak lupanar deitzen ziren, ‘otseme-tegia’. Otsemeak, lupa-k, ‘las lobas’, prostitutak… zirelako gazte haiek, nahiz eta beraiek ziren eraildako ehiza-piezak. Lupanareak iragartzen ziren etxeen kanpoaldean eta baliteke gure harri-xafla hori, barruan zegoen zerbitzuaren iragarkia izatea.

Baina egiatan ez dakigu zein izan zen Lampas gure neskatxaren kasua. Agian, bere negoziorako etxerik ez bazuen, kalean egingo zuen lan, arkuperen batean, horiek baitziren dohakabe haientzat lantokirik onenak, epelak bezain ezkutatuak. Hortaz forn hitza (`bobeda’) –“horno”-k (‘labea’) duen bera– gerora gaztelaniazko “fornicar” aditza eman duena, jatorrian, ‘ezkontidetik kanpoko sexu harremanak izatea’, ‘adulterioa’.

LAMPAS UMEA. Estremoz (Portugal) aldeko marmolaz egindako oroitarri hori, eder baino ederragoa da, iradokitzailea, fina, sentsibilitatez betea, artistikoa, gorena… arkeologian pieza ezaguna bere tipologia eta kalitateagatik. eta, aldi berean, aparta bezain garestia. Garestiegia…

Horregatik pentsatu nahi dut bere bezero dirudun batek agindu eta ordainduko zuela. Agian aingerutxo hari egindako zatarkeriekin damututa, kontzientziarik bazuen, errukitua hilotza umetu hura nola zurbiltzen ari zitzaion ikustean. Ala, beste barik, jainko eta jainkosen mendekuaren beldur. Otso zahar lizun madarikatua… maltzurkeriaz urratu zuela, behin eta berriz, gazte errugabe haren haragi berri, bizi, garden eta leuna. Txanpon batzuen trukean, txaponik kobratu baldin bazuen…

Antzeko adineko alaba baten aita izan behar da Museon bizi izandako samindura hura ulertzeko. Nik, Lampas… nik ez zaitut inoiz ahaztuko

Siti tibi terra levis (‘Arin izan dakizula lurra’)

 

 

 

Kanpaia min dagoenean

Bizien eta hildakoen arteko mugaketa zorrotza kontzepzio modernoa da gure artean, duela gutxira arte, ez zirelako mundu bi horiek zerbait estankoa, erabat irekiak eta elkarrekiko iragazkorrak baizik.

Gai horretaz jardun behar nuen joan den zapatuan, Orozkoko Olarte auzuneko eliza zoragarriaren elizpean, halaxe egitea enkargatu zidatelako betako museoan. Gau ilunean eta argizari baten laguntza bakarraz… Baina ez zen asmoa erabat bete, ilargia ere harro azaldu zitzaigulako bertan geunden guztioi, inoiz baino distiratsuago, akaso zakar zebilen hego haizeari protagonismoa kendu nahian. Baina argizariko argiak, duin bete zuen bere eginbeharra, uneoro sugarra kulunka ibili bazen ere. Ezin zitekeen giro aproposagorik asma, heriotzari buruz eta euskaldunok haren inguruan eraiki genuen unibertso sinbolikoari buruz aritzeko.

Han botatako kontu guztien artetik, bat bereziki dut gogoko, gure etxean gertutik bizi izan dugulako: herioak bizidunak bere mundu ilunera eraman aurretik, helarazten dizkigun zantzuak, helduko denaren abisu modukoak.

Horretarako, soberan nekiena beste behin entzutera hurbildu nintzen gurasoen etxera, denborak iraganik eta etorkizunik gabekoa dirudien sutondo hartara. Barikua zen, diru-gose ustelak “ostiral beltza” izendatutakoa. Eta hantxe zeuden gurasoak, elkarri begira, tarteka sua hauspotzen, denbora eta bizia bera igarotzen uzten. Haritik tiraka, gogoz hasi ziren bilatzen nuena kontatzen.

Txakurraren gaueko ulua, heriotzaren iragarlea da

 

TXAKURREN ULUA. Txakurren bat uluka ari bazen gauean, berehala hilko zen auzuneko pertsona bat. Amak berretsi zidan esanez seinale hori hutsezinezkoa zela: hala jazoko zen, nahitaez. Antza, txakurrek usaimena sano garatua dute eta herioaren presentzia usnatzeko gauza dira. Badakigu, bestetik, herioa gauez dabilela, iluna delako bere mundua. Etxe-abereak ere artega zeuden ukuiluan, berehalako ezbeharraren seinale ziren une berezi horietan.

Txepetxa, etxe inguruetan dabilen zoritxarreko txoria da, herioa erakartzen duelako

 

TXEPETXA. Zoritxarrekoa zen ere txepetxa txoria —gure inguruan epetxa deitua: chochín gaztelaniaz eta troglodytes troglodytes izendapen zientifikoan— eta, ikusiz gero, ahalik eta azkarren tragatu behar zen. Edota bere habia suntsitu. Ha etxe inguruan ibilita, norbait hilko baitzen.

HONTZ ZURIA. Eta zer esan hontz zuriaz, bere aiene beldurgarriak entzuten zirenean etxeko leihoan… gizakion argiak dituztelako gogoko eta bentanetara hurbiltzen direlako ahal duten guztietan, beste aldekoak diruditen garrasiak botatzera.

OILARRA. Bestalde, ezagun dute ez zela auzokoontzat zantzu lasaigarria oilarrak “ordu txarrean” kukurruka entzutea, hau da, ilundu berritan edo, behintzat, ez espero zitekeen egunsentian.

Badirudi nire gurasoek dakizkiten heriotzaren zantzuen zerrenda animalietara mugatzen dela. Eta seguru asko aurretik izan ziren beste batzuk ahaztuak dituzte betiko. Horien artetik aipatzekoak dira hitzaldia eman nuen Orozkoko Olarte auzunean Jose Miguel Barandiaranek berak jaso zituena 1923. urtean, garai hartarako oso zaharra zen Pedro Mª Sautua auzokoaren ahotik.

Aurretik aipatu ditudan nire etxeko sinesmenez gain, hauek jaso zituen Ataungo apaizak, elizako kanpai-hotsei lotuak.

KANPAI-HOTSA MEZAN. Haietako bat da mezako kontsagrazioaren unean kanpaiek jotzen baldin badute: “…es señal de muerte próxima si el alzar de la hostia o del cáliz coincide con el toque de la hora del reloj de la misma iglesia“.

KANPAI MINA. Bestalde, eta niri gehien gustatzen zaidana, herioaren bisitaren zantzua zen kanpai-hotsa normala baino gehiago luzatzen zenean, oihartzun moduko batez. Horri, kanpaia min egotea esaten zaio bertan. Min, triste, goibel, etsituta, penaturik… omen du soinua, antzematen delako bere seme-alabetako bat iluntasuna nagusi den bizilekura bidali behar izanagatik.

«Cuando, después del toque de las campanas, se oye resonancia prolongada (kanpaia min dagonian=cuando la campana está dolorida), es señal de que alguno de la vecindad morirá pronto». Kanpaia min dagoenean… zein esapide eder, zein humanoa, zein goxo… Sano ederra, beste barik.

Olarte (Orozko) auzuneko eliza. Bertan jaso zuen ohitura hau J. M. Barandiaranek 1923. urtean. Atzean, Itzina (Gorbeia), Mari jainkosaren bizilekua. Argazkia: Indalezio Ojanguren, 1952

 

Gaur astelehena da. Eta lehengo zapatuko hego-haizea, euri eta hotz bihurtu zaigu gaur. Beti delako horrela. Hego haizeak, ezinbestez dakarrelako euria atzetik. Bata bestearen hutsezinezko antzua delako. Gorago aipatutako heriotzari buruzko gure uste tradizional horiek bezalaxe…

Letra hauek argitaratu eta gurasoenera joango naiz berriz, argia lehenbiziz ikusi nuen etxera. Eta esango diet zein esker onekoak diren kontatzen dizkidaten bizipen horiek guztiak. Eta zenbat maite eta behar ditudan. Trukean neu arduratuko naiz, basorantz uxatuz, etxe inguruan epetxik ibili ez dadin. Nirekin batera luzaroan nahi ditudalako ama eta aita, aita eta ama.

Eta kanpaiak… ez min ez alai: gure etxean ez dira entzuten. Guztion onerako…

 

 

Euskaraldia y mi concejal del PP

Solamente analizando el primer día de campaña ya podemos augurar que el Euskaraldia va a marcar un hito histórico en la historia del euskera, algo de lo que se hablará en la historia incluso después de muchos años. Porque, al menos a mí, al margen del uso y del bombo y el platillo de todo ello, me da a entender que comienza la normalización. No la del euskera, sino la del mundo en el que coexistimos alrededor del euskera. Eta gaztelaniaz idatzi dut, nahita, ikusita zein gizarte esparruri zuzentzen zaion nire mezu hau.

Por una parte es de agradecer el ver las instituciones y el mundo del euskera ir de la mano y no, “en contra de...” como sistemáticamente hemos sufrido durante décadas. Porque sin duda ha habido mucho de “gobernatzen ari denaren araberako euskalgintza”, de demostrar quién la tenía más grande –la lengua– en ese campo, de convertir en un arma arrojadiza y meramente política el uso y la promoción de euskera.

Pero en esta ocasión me refiero a otro asunto. La semana pasada me llamó la atención el ver cómo el concejal del PP de mi ayuntamiento –un único representante de un total de diecisiete– había puesto en su perfil de Facebook el símbolo de Belarriprest. Me chocó porque por nada lo esperaba. Y tras hablar con él me comentó que, efectivamente, se había dado de alta en la campaña y que iba a intentar hacer pinitos dentro de lo poco que él sabía. Y doy fe de que, al menos conmigo, está cumpliendo su palabra.

Perfil de Facebook del concejal Íñigo Pedruzo, identificado como Belarriprest del Euskaraldia, y que ha dado pie a esta reflexión

Probablemente, por su capacitación lingüística, se limitará a ser algo muy testimonial. Pero me quedo con lo beneficioso de su simple decisión, por lo que supone el que su gente y la de su partido vea el paso que ha dado y que demostrará a muchos que el euskera no es algo a lo que tenerle miedo o un idioma para convertirlo en algo repudiable “per se”.

Sé que ahora, al leer mis palabras, saltarán en masa los que, tanto de dentro como de fuera de su ideología, le pongan verde por ser incoherente con su línea política: que si eso se nota en los acuerdos del día día, que si son ellos los que prohibieron el euskera, que si a dónde vas Íñigo dando alas a esos “borrokas” y bla, bla, bla.

Críticas todas y desde todos los frentes. Pero no deja de ser un gesto político loable. Pero que, aunque parezca mentira, también levantará recelos dentro del mundo que promociona el uso del euskera: pero ni haciendo esto ni su quíntuple. Porque para muchos simpre siempre va a ser un intruso en ese mundo, alguien al que vigilar, una ideología a la que vetar. Porque nosotros, los euskaltzales puros, los de raza, somos más de vivir en el amargor, negándonos a ver lo positivo de cualquier avance. Como esos los hongos del bosque que necesitan de las tinieblas nocturnas para poder brotar.

Pero para mí, que aclaro que estoy alejado en lo político del partido del personaje en cuestión, la decisión y postura de este concejal del PP, ese pequeño gesto, me parece oro fino, un gesto de generosidad por su parte —poco va a ganar con su gesto y quizá sí perder— y un basamento maravilloso sobre el que comenzar a edificar el nuevo futuro para nuestra lengua, una especie de augurio de la prosperidad venidera; una auténtica suerte por lo que en lo simbólico ganamos con él y por ser la prueba incuestionable de que algo está cambiando en nuestra sociedad.

No en vano, otro joven que le precedió como concejal del PP en la anterior legislatura (A. R. C.) era perfectamente euskaldun y, para más inri u honra, tenía a sus hijos matriculados en la ikastola de Laudio, no lo olvidemos, provincia de Álava. Pero no lo vayáis contando por ahí, no vaya a ser que la gente se entere de cómo el pueblo normal y sus nuevas generaciones no entienden ya de maniqueísmos. Y de que cómo no todo lo blanco es siempre blanco ni lo negro negro.

Laudio udaleko alderdi guztietako ordezkariak, Euskaraldiari babesa emateko argazki batez. Ezkerretik eskuinera, Amets, Natxo, Isabel, Ander, Izaskun, Maider, Jakinda, Nerea, Loli, Íñigo eta Txaro. Guztiak elkarrekin, Euskaraldiarekin bat

 

Por eso me ha encantado y le he dado las gracias personalmente a Íñigo. Porque el uso del euskera no puede depender de “militancias polítizantes” sino de normalidad social. Hay que sacar el euskera no sólo a la calle sino a la más amplia de nuestras avenidas, por donde pasee todo tipo de gente. Nada de relegarlo a catacumbas o auténticas reservas indias y, menos aún, al rechazo o negación sistemática de cuatro carcas inadaptados. De ambos bandos…

Y es que cualquier paso minúsculo en este campo es un avance gigante. Porque, pongamos los puntos sobre las íes, el uso euskera necesita desligarse de la identificación con el nacionalismo vasco y más aún con la izquierda abertzale si pretende normalizarse y volar en plenitud. Porque si no, no hay futuro y nunca va a sobrepasar el umbral de uso en el que nos encontramos. Es el momento de olvidarnos de reproches mutuos para que todos tengamos cabida y nos sintamos cómodos. Y creo que esto lo está consiguiendo desde el primer día Euskaraldia.

Beraz, esker mila bihotz-bihotzez Iñigo Pedruzo eta ekimen honetara “igo” zareten gainerako 200.000 lagunei ere. Eta senti gaitezen eroso euskara erabiltzeko aukera hauetako bat –ahobizi zein belarriprest– hautatu dugun guztiok, kanpoan dagoenari eskua luzatuz beti, irribarretsu eta ez muzin.
Gero eta euskaldun gehiago izan gaitezen gure gizartean eta ondoren, maitasun kontu batengatik, euskara erraietan sentiarazi mihian loratu dadin. Ondo dakizun bezala, Iñigo, ondoan duzulako, zure inguruan biraka, Ulibarri abizeneko bat.

Eta bere arbaso batek, Jose Paulo Ulibarri Galindez (1775-1847) okondoarrak hain zuzen ere, ondo baino hobeto asmatu zuen zein zen euskara planik sinpleen eta eraginkorrena:

Euskeldunak euskeldunari, euskeraz

Ez dugu besterik asmatu behar.

Ondo izan eta goza dezagun euskaraz egiten Euskaraldia itxaropentsuari esker.

ERRALDOI hitzaren jatorri ederra

Hainbat modu genuen euskaldunok adierazteko gauza bat ohikoa baino askoz tamaina handiagokoa zela: oso, biziki, txit, arras, zeharo… handia.

Baina gure historiaren une batean, noizbait, ez ginen horrekin ase. Eta zerbait apartagoa adierazteko premia linguistikoa hasi ginen pairatzen, nahi eta ezinean genbiltzalako herraturik, mihiak ez zuelako burutzen bihotzak eskatzen ziona.

Orduantxe, ikusita ez genuela hitz egokirik, mitoetara jo genuen berba berri bat sortzeko. Hor asmatu zen, azkenik, aspalditik irrikatzen genuen handikeria: ERRALDOI hitza.

Donostiako erraldoi eta buruhandiak, José Luis García de Madinabeitiaren argazki ederrean

Gaur egun, pentsaezina litzateke hitz hori erabili barik euskaraz egitea. Zer nolako ipuinak kontatuko genizkieke umeei? Nola adierazi jaialdi bat aparta izango dela?

Gezurra dirudi… gezurra, bai, XIX. erdialdera arte ez ginelako hitz hori erabiltzen hasi. Atzo goizean, beraz. Eta Gipuzkoa eta Bizkaiko autore batzuen eskutik abiatu zen, gaurko egunera arte, Euskal Herri osora hedatu dela.

Kirikiño, Azkue eta abarrek, erraldoe erabiltzen zuten, bere jatorritik hurbilago dagoena. Izatez, herri-metatesi [hitz bereko bokalen arteko trukaketa, leku aldaketa] baten ondorioa delako erraldoi < erraldon < erroldan. Eta zer da hori? Erroldan, pertsonaia baten izena.

Errolan, Roland, Orlando, Roldan, Rotllá… izen ezberdinekin ezagutzen da pertsonaia historiko-legendario bat, ustez Carlomagnoren iloba zena, hau da, Gisela bere arrebaren semea. Errolan  da, hain zuzen ere, Orreagako Gatazkaren kondairan (edo historian), adar-deiadar etsiak egin bitartean, euskaldunok garaitu eta hil genuen arerioa eta Chanson de Roland (1100. urtearen inguruan idatzia) obra epikoan betikotu zena.

Erroland, bere olifantea (adarra) jotzen Orreagako guduan hil aurretik. Eskuineko eskuan, Durandarte ezpata miresgarria

Pertsonaiaren eta Durandarte izeneko bere ezpata miresgarriaren inguruan, hainbat mito sortu zen: han-hemen ditugu hari egozten zaizkion harri handien jaurtiketak, edo mendien urraketak edo bestelako neurriz kanpoko indarren ondorioa. Hain zuzen ere, gure hizkuntzak behar zuena…

Orreagako guduaren irudi erromantizista bat, Errolanen heriotzarekin, 778. urtean

Bestalde, eta kondairatik atera gabe, esan ohi da bere izenaren jatorrian rodant dagoela, jaiotzean biraka erori zelako zorutik. Eta… oraindik ere biraka dabil bere izena gure kulturan, hitz potolo eta handinahikorik asmatu badugu inoiz, hori, erraldoi delako. Beste barik, zoriontsu izan.

Brecha de Roland. Espainia eta Frantzia arteko igarogune ezaguna. Kondairaren arabera, Orreagatik iheska zihoan Errolan, bere Durandarte ezpataren kolpe batez ireki zuen, beste aldera pasatu ahal izateko

 

Errolan Harria, Aralargo bazter batean. Antza, harri astun hori mendi batetik bestera botatzean, bere hatzen markak utzi zituen betikotuak

 

Errolan Harria, Urrotz herriko plazan. Seguru asko, bere jatorri misteriotsuagatik, ttatu berezia izan du bete: bere gainean adosten ziren plazako salerosketen tratuak. Historiaurrean jatorria duen megalito bat omen da, zutarria hain zuzen ere

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carros con castañas y gloria

Una vez más, la coincidencia de fechas es la disculpa ideal para hurgar en la historia y rescatar para la memoria del siglo XXI aquellos hechos olvidados de nuestro pasado.

En efecto, hoy hace 138 años, se publicó en el diario Noticiero Bilbaíno la curiosa noticia que relata un suceso acaecido la víspera –13 de noviembre de 1880– y que llamó en sobremanera la atención «en el Arenal de Bilbao vimos ayer de 25 a 30 carros de castaña destinada al embarque para la isla de Cuba y procedente, si no estamos equivocados, de los castañares de Balentza que median entre el valle de Oquendo y los de Llodio y Luyando. No recordamos haber visto hace muchos años embarque de este fruto y por eso ha llamado mucho nuestra atención y la del público en general…»

Hace referencia al barranco de Markuartu, conocido como Balenchana en castellano y Balentxa en euskera, actualmente derivado a Balintxa. Pero, al citar Okondo o Luiaondo incluso, podemos pensar que por extensión se refiere a todo el monte Pagolar, rebosante de castaños en otra época y con abundantes kortinas (cortinas: cercados para proteger del ganado la cosecha de castañas apilada en el monte). A mí, tirando del cordón umbilical y del recuerdo de mis antepasados, estas historias me conectan con la kortina situada en el paraje conocido como Mendi, del citado monte Pagolar por parte paterna y con la de Ubieta (Olarte) por la materna.

Y es que también mis abuelos –paternos y maternos–, como la mayoría de los baserritarras del lugar, vendían las castañas de las kortinas para Bilbao, procurándose así unos jugosos ingresos dinerarios que pronto invertirían al adquirir productos de primera necesidad. Su entrega se negociaba los domingos en la plaza de Laudio, a donde acudían vendejeras bilbaínas que luego llevarían los sacos en el tren. Otros laudioarras como José Izagirre, cosechaban y compraban en grandes cantidades para bajarlas ellos mismos en carros al potentado Bilbao y así evitar intermediarios. Lo mismo que un tal Evaristo Murga Gorbea (1865) de Luiaondo, que enviaba a la villa “varios vagones llenos de castañas” para su venta.

En cualquier caso, no era necesario contar con kortinas en el monte para ello ya que, en cantidades tan inconmensurables, era en ocasiones inviable. De ahí que también se apilasen las castañas en los caseríos, almacenadas bajo cubierta cuando había espacio, o amontonadas y tapadas en cualquier era frente a la casa. Recuerdo asimismo cómo el pastor Fernando Ibarrola (Larrazabal, Laudio) me contó en cierta ocasión que su abuelo –asimismo llamado Fernando Ibarrola y nacido en 1870– contaba que iban a la cama y por todas las dependencias del caserío sobre miles de castañas que habían almacenado dentro de casa, pues eran unos de los grandes comerciantes del lugar.

Pero esas cantidades que nos parecen hoy inmensas y de las que aún tenemos referencias orales no eran sino la punta del iceberg de un pasado más esplendido en cosechas de castaña. Nos referimos a cuando el preciado fruto vasco se exportaba en grandes barcos que partían desde Atxuri (Bilbao) hacia Flandes y Países Bajos. ¿Para qué? Pues, al margen del evidente destino comestible, se demandaba por su cáscara, usada en el tinte de bayetas tipo gamuza.

Así es que se cosechaba «…exportándose ya en aquella época una gran parte al extranjero, aplicando su pellejo para teñir los paños» (Iturriza, 1787).

También nos lo recuerda con más concreción y en referencia a Laudio el escritor catalán Mañé i Flaquer en su obra El Oasis (1878):

«A fines del último siglo se cosechaban en el Señorío anualmente unas cien mil fanegas de castaña, y aun en el primer tercio del siglo presente casi todos los pueblos de Vizcaya tenían en sus cercanías bosques de castaños de aprovechamiento común y la echada de la castaña era ocasión de fiesta y regocijo para los aldeanos, pues llevaba a sus hogares un importante elemento de su existencia. La cosecha de castaña servía no solamente para el consumo de la casa, sino que también proporcionaba un auxilio pecuniario no despreciable, pues se enviaba en gran cantidad á países extranjeros, donde se utilizaba en el doble concepto de alimento muy nutritivo y sano y de materia tintórea en la fabricación de paños y bayetas, así como hoy se aprovecha para hacer con ella una pasta con la cual se fabrican los muñecos que aquí pagamos muy caros»

Sobre Laudio añade que «En Vizcaya hay castañares muy buenos, tanto por su lozanía, como por la abundancia y buena calidad del fruto, […] Los que hay en Belenchano, entre Llodio y Oquendo, que atravesaremos luego, son muy extensos y lozanos y aunque se hallan en territorio de Álava están situados en la zona de Vizcaya» en referencia una vez más a nuestra zona de recolección.

A falta de un buen trabajo de investigación en los registros de mercancías portuarias de Bilbao, sabemos sin embargo que la exportación de la castaña a Flandes tuvo su mayor esplendor antes de fines del siglo XVII, ya que los franceses, a la vista del potencial negocio que ello suponía, plantaron bosques extensísimos de un nuevo castaño –el castaño de Indias– que fue llevado desde Constantinopla a Francia en 1615. Al ser más voluminoso su fruto, poseía más cáscara que las castañas vascas por lo que eran más interesantes. Además, la duración y el coste del porte en barco se reducían en gran manera. Así es como, sin desaparecer, sí comienzan a declinar aquellas exportaciones del preciado fruto vasco.

Hasta ese punto de inflexión que marca el paulatino descenso fue tal magnitud la exportación que, a fines del XVII, «la villa de Bermeo se había opuesto a la extracción de la castaña para reinos extraños. Pero el Señorío la había defendido alegando que era la cosecha muy superior al consumo interior y de su exportación resultaba al país el doble beneficio de lo que lucraba con su venta y de que los buques que la llevaban al extranjero se comprometían a traer de retorno trigo y otros alimentos de que carecía el país, con lo que aquí se moderaba mucho el precio de los cereales»

También en 1703 se acordó imponer un real a cada fanega exportada «…con destino al pago de réditos de censos contraídos para la fortificación y defensa de la costa el mismo Señorío: constituía un arbitrio de mucha entidad» tal y como recuerda el diario que da pie a esta reflexión.

Pero ya para 1787 nos recuerda Iturriza lo decadente del negocio usando un “apenas” que parece añorar tiempos pasados mejores: «en la actualidad apenas se cogerán en Vizcaya setenta mil fanegas anuales, de las cuales se exporta una gran parte al extranjero: en el año en que escribo este libro (1787) vale la fanega de castaña once reales».

Asimismo es digno de atención el documento facilitado en su día por el investigador Alberto Santana (eskerrik asko!) en el que se relata un plantón y bronca de unos comerciantes de castañas orozkoarras acaecido en un lluvioso 23 de noviembre de 1780. Todo sucedió porque al entregar en la lonja del embarcadero de Atxuri las 1.200 fanegas de castaña –unas 50 toneladas– el comprador quiso forzar a la baja el precio de compra acordado en 15 reales por fanega a 11, acabando la operación mercantil en un gran tumulto.

El kirikino-hesi o kortina de Irukusigieta, en Orozko, es el mayor de los conservados en Euskal Herria. Excepcional en sus medidas y aparejo, denotan un uso protoindustrial del bosque de castaños

Pero lo curioso del documento es la información añadida que aporta ya que la transacción económica se había negociado por Joachim Roussellet, mercader de Nancy –ciudad de Francia próxima a Luxemburgo– que contaba con su despacho con despacho en Bilbao y su agente local el laudioarra Manuel de Goikoetxea, quien había subcontratado con aquellos jóvenes orozkoarras la apreciada mercancía de sus castañares.

Al margen del puerto de Bilbao, también se embarcaban exorbitantes volúmenes de castaña procedentes de Enkarterri en Zubileta, punto del río Cadagua hasta donde ascienden las mareas de la ría para hacerlo navegable. Porque también esta comarca era una muy gran productora.

No en vano, es en el Fuero de las Encartaciones (1503) en donde encontramos la primera referencia a las kortinas o kirikino-hesis, aquellos cercos de almacenamiento de castañas con sus erizos, indicando además qué condiciones técnicas habían de reunir:

«…la senbradura que es hecha en monte de concejo e castannos e cortina e vivero se han de defender con seto suffiçiente […] segun costunbre antigua, ha de estar mas çerrado e mas defendido/ e ha de aber ocho palmos de ençeas en largo e vn palmo so tierra e ha de aber tres hiladas de verdugas texidas con las ençeas e/ ençima sus escajos; e si desta manera no estan çerradas, no han/ pena los ganados que entraren e fezieren danno».

Es decir, cierres de entrelazado vegetal reforzados con espinos. Y es que muchísimas han sido las kortinas vegetales de ese tipo y que por tanto no han dejado rastro en nuestro paisaje. En su momento debieron ser las más comunes ya que cuentan con numerosas referencias orales y, sin ir más lejos, mi padre mismo las ha conocido.

Un pasado glorioso para Laudio que pivota en torno a aquellos bosques de castaños de los que nadie actual parece querer acordarse: «Los castaños [de Laudio] son muy numerosos y corpulentos; así es que en ciertas estaciones del año, como por ejemplo la primavera, éste es uno de los valles más hermosos de estas provincias» como recogió entusiasmado Mañe i Flaquer (1878).

Porque a pesar de decaer el comercio con Flandes, no dejó de tener salida la castaña en otros mercados como, por ejemplo, la villa de Bilbao, cada vez más poblada. Así se entiende que en pleno siglo XIX, casi cuando aquellos muchachos aparecieron con los carros por el embarcadero de Atxuri-San Antón, la demanda hiciese que continuamente se plantasen más y más castaños que traían la riqueza al valle: «Los montes más famosos son el Yermo, Mostacha y Tardamente, poblados en su mayor parte de robles y castaños, cuya plantación aumenta diariamente y es una gran riqueza en el país» (Pascual Madoz, 1845-50).

El ocaso de toda aquella ensoñación llegó a fines del XIX, en la década entre los años 1880-1889, con la irrupción de enfermedad de la tinta del castaño que prácticamente los exterminó. Dicen que decía mi abuela (1900-1956), “apañadora” de castañas y a quien no conocí, que la enfermedad apareció en Laudio en el cruce de Barbara –entre Larrazabal y Markuartu– y que de ahí se extendió por todos los montes. Justo en el lugar en donde comienza el barranco de Balintxa, Balenchana, aquel que tanta fama había adquirido por sus ingentes cosechas. Principio y fin de una fecunda historia, cuya relevancia, ante todo, no podemos ni debemos olvidar.

Con apariencia de ser partes de madera quemada en nuestros viejos castaños, se trata en realidad la “tinta” que los llevó hasta su desaparición

 

Así es que comencemos hoy mismo por rememorar aquellos alegres muchachos que, para enviar castañas a las colonias cubanas de ultramar, no dudaron hace 138 años en avanzar hasta Bilbao con un espectacular y anacrónico convoy de 25-30 carros que causaron gran admiración entre los que tuvieron la fortuna de presenciarlo. ¡Lo que daría yo por verlo!

 

A la abuela Dominga Mendiguren Solaun (1900-1956) quien, también un 14 de noviembre como hoy, decidió dejarnos como antes lo habían hecho los castaños.  Seguro que en ese espacio para eternidad y el recuerdo andará aún colmando su kortina de Mendi, aquella que –decía– por nada del mundo podíamos olvidar