ATXULO vs ATXULAUR – Nombres de Gorbeia

Uno de los enclaves más emblemáticos del macizo y Parque de Gorbeia es la “peña horadada de Itzina” (así se denomina por primera vez en la documentación, en 1520), un orificio natural por el que una senda nos introduce al interior del universo kárstico de Itzina, atravesando la inexpugnable muralla de piedra caliza que lo flanquea. El nombre genuino de ese paso es Atxulo y no Atxulaur como tantas y tantas veces escuchamos. Pero no comencemos la casa por el tejado…

El paso de Atxulo es el lugar por donde se atraviesa la muralla rocosa que flanquea Itzina (Gorbeia)

Pues bien, vayamos a ello. Cuando la Diputación encargó por primera vez un trabajo de cartografía y recogida de toponimia (Mapa Topográfico de Vizcaya, 1923-1928, el primer mapa de Gorbeia), el geógrafo madrileño Eladio Romero no tuvo duda alguna para llamar Atxulo a esa «peña horadada» y Atxulaur a la ladera que se encuentra frente al mismo. Adjuntamos el fragmento en una imagen. Sobra decir que el nombre del primer término procede de haitz + zulo ‘agujero en la peña’ y el otro de Atxulo + aurre, ‘frente a Atxulo’.

Mapa Topográfico de Vizcaya, 1923-1928, el primer mapa de Gorbeia, encargado al geógrafo Eladio Romero por la Diputación Foral de Bizkaia. En él distingue perfectamente el paso de Atxulo, la «senda de Atxulo«, el entorno de Atxulaur y su manantial.

Pero ya sabíamos de ese nombre desde bastante antes, al menos desde cuando Orozko comenzó a usar cavidades naturales de su territorio para el próspero negocio de la venta de hielo. En efecto, a la sima cercana a nuestro pintoresco túnel rocoso, que se usó como nevera, se refieren las autoridades administrativas como «…el arrendamiento de las neberas que llaman de Zaratate, Usateguieta, Arraba y Achulo, sitas en término concejil de este enunciado valle, por lo que, para la prosecución de lo sucesibo, se auían sacado a remate en la forma y solemnidad acostumbrada…” (año 1747, Archivo del notariado de Bizkaia, Juan Fº de Rotaeche). Atxulo, porque no conocían otra forma para denominarla.

La misma percepción tuvo el sacerdote José Miguel Barandiaran, el patriarca de la etnografía vasca, cuando recogió y publicó (Eusko folklore, 1922) una leyenda local contada por el orozkoarra Pedro Mª de Sautua y que decía que «Refieren en Orozko (Vizcaya) que en una cueva que se abre en aquella parte de la peña Itzine conocida con el nombre de Atxulaur, en el lado oriental del boquete Atxulo, vivió antiguamente un famoso ladrón…» [se trata de una cueva de Atxulo hacia peña Lekanda].

Cuando unos años después publicó nuestro cura ataundarra (1924, Revista Internacional de los Estudios Vascos) la reseña de aquel viaje, de nuevo hace referencia a Atxulo: «El día 22 de mayo de 1922 exploré parte de aquellas laderas y estribaciones del monte Gorbea que dan frente al valle de Orozko. En aquella expedición me acompañó el culto presbítero D. Juan José de Bastegieta, cura de Olarte de Orozko, a cuya colaboración debo no pocos datos en estos y otros trabajos que he realizado. Pasando por la anteiglesia de Urigoiti, subimos a la loma de Odieta. Después, rodeando por el lado de Oriente las peñas llamadas Astapekatu, Atxulo y Lekanda, subimos a la campa de Araba y de allí a...».

Asimismo es nombrado ese paso como Atxulo en la cartografía del Instituto Geográfico y Catastral elaborado por el Servicio Geográfico del Ejército (1950) y lo recoge como tal.

Mapa del Instituto Geográfico y Catastral elaborado por el Servicio Geográfico del Ejército en 1950. Distingue perfectamente Atxulo y Atxulaur

Pero no hace falta viajar al pasado ya que si, entre otros informantes locales, preguntamos, por ejemplo, al legendario último pastor de Lexardi (Itzina) Jose Mari Olabarria «el Rubio» —antes también lo fueron su padre Juanico y su abuelo— nos contestará que ese paso natural por el que ha pasado cientos de veces camino a su chabola, se llama Atxulo. Y lo hará con cierta indignación porque a sus 85 años está ya cansado de explicar tantas veces que Atxulaur es la ladera, no «la ventana», siempre de nombre Atxulo. Igual resultado obtendremos si preguntamos a otro de los pastores míticos de Gorbeia, el octogenario Luis Larrea, de Zaloa (Orozko), y que cuida su chabola y rebaño en Austegiarmin: «Atxulo, Itzineko bentanea» será su respuesta.

Atxulo, al fondo, atravesando la pared rocosa. Imagen tomada desde Atxulaur.

Como cabía esperar, José Santos de la Iglesia Ugarte recogió la denominación Atxulo en su libro Itxina: toponimia, paisaje, vivencia (2001).

Y, por supuesto, en la actualidad con la toponimia del macizo recopilada, normativizada y estandarizada se propone Atxulo para nombrar ese lugar. Así está recogida en, por ejemplo, el mapa municipal de Orozko (2011), en el «Nomenclátor de Nombres Geográficos Oficiales de la Comunidad Autónoma del País Vasco”, como registro público, adscrito al Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, en GeoEuskadi del Gobierno Vasco, en Euskaltzaindia… Parece que, a excepción de la figura del Parque Natural de Gorbeia que gestiona ese espacio natural, todo el mundo tiene constancia inequívoca de ello.

Atxulo y Atxulaur en el mapa municipal de Orozko (2011)

Atxulo y Atxulaur bien diferenciados en la Guía Cartográfica de Bizkaia (2004) publicada por la misma Diputación Foral de Bizkaia copartícipe del Parque Natural de Gorbeia.

En cualquier caso, no es reciente la confusión entre los nombres Atxulo y Atxulaur a la hora de nombrar el pintoresco túnel en la roca ya que es con este segundo nombre como prácticamente todos los montañeros foráneos lo conocimos y usábamos en su momento, desde hace ya bastantes décadas. Todo me hace sospechar que el salto entre aquel ineludible Atxulo hacia el nombre Atxulaur y la casi desaparición del primero tiene su origen en una mala interpretación de lo que alguien escuchó y malinterpretó. Y lo divulgaría posteriormente a través de mapas o publicaciones montañeras hasta haber convertido Atxulo en «el ojo de Atxulaur» tan extendido hoy en día. Un poco más tarde hablaremos de ello.

PEOR QUE MAL. Siendo como es la toponimia un patrimonio cultural reconocido como tal, corresponde su vigilancia y salvaguarda al Parque de Gorbeia o, subsidiariamente en este caso, a la Diputación Foral de Bizkaia. No hablamos de voluntades sino de obligatoriedad.

Por ello, nadie mejor para corregir el agrandado error que arrastramos con ese cambio de nombre. Con sus indicaciones de caminos, mapas y otras publicaciones pronto podríamos devolver todo este embrollo a su estado original, natural y legítimo. Bastaría que los mapas y las señalizaciones de los senderos producidos por el Parque indicasen hacia Atxulo para en una o dos décadas tener solventado el error.

Pero ni por esas. Ni el genuino Atxulo ni el equívoco Atxulaur: el Parque ha rotulado a diestro y siniestro con el nombre Atxular, una tercera pata para el banco, otra opción errónea más y, encima, probablemente confundidos con el nombre de Axular, sobrenombre del escritor clásico vasco (1556–1644) que dominó como nadie la prosa en euskera. Pues bien, consecuencia de ello, son ya centenares los errores que en redes y noticias encontramos, dando por Atxular o Axular lo que debiera ser Atxulo o, al menos, Atxulaur. ¿Se puede hacer peor?

Desafortunadas señales del Parque en las que se indica hacia Atxular para referirse en realidad a Atxulo que está frente a Atxulaur. Peor, imposible.
El nombre erróneo del Parque Atxular, reflejado en una comunicación de SOS Deiak
De Atxulo a Atxulaur y, por la señalización errónea, a Atxular e incluso a Axular, en realidad éste apodo de un escritor vasco. Uso de nuestro topónimo en plataformas digitales.

PERO… ¿CÓMO SE CONFUNDIERON ATXULO Y ATXULAUR? Al margen de estos infortunios toponímicos de rabiosa actualidad y de la desesperación que produce que no se ponga el mínimo cariño con nuestra cultura, vamos a intentar explicar por qué se confundieron en un momento de nuestra historia Atxulo con Atxulaur. Es una interpretación de cosecha propia sin, claro está, documentación que lo soporte. Pero, a su vez, la intuición y la experiencia personal en el campo de la toponimia me dice que fue así con casi total seguridad. Situémonos mentalmente en las praderas pendientes de Atxulaur…

En dicho entorno, hay tan solo dos enclaves reseñables —»con nombre»— por ser referencia muy nítida para los pastores, carboneros, etc. del lugar. Uno, el bolaleku (‘la bolera’) Atxulaurgo bolalekua, una especie de hondonada al comienzo de la senda pedregosa hacia Atxulo. Allí jugaban a los bolos los carboneros y pastores. La segunda referencia es Atxulaurgo ubegia, la surgencia de agua que aflora y divide con su casi imperceptible corriente en dos el terreno.

Como hemos adelantado, las surgencias o afloramientos acuosos son conocidas en el lugar como ubegi, literalmente ‘ojo de agua’, de ur + begi, con el paso evolutivo ur– > u- como ya tratamos al hablar del topónimo Ubizieta. Adelantamos que el sustantivo ubegi es relativamente normal en Gorbeia —en donde hay varios lugares denominados así— pero desconocido fuera de este entorno geográfico. Es decir, no identificable para alguien venido de fuera aunque fuese vascohablante, algo clave para poder entender nuestra historia.

Atxulo, Atxulaur eta Atxulaurgo ubegia.

Así, supongo que algún avezado montañero que en su día recogió notas para elaborar un mapa o relato del macizo de Gorbeia en compañía de algún lugareño, al preguntarle sobre los nombres del lugar, escucharía el «Atxulaurgo ubegia«, (‘manantial de Atxulaur’, como lo refleja Eladio Romero en el primer mapa del lugar, 1923-1928) término que, por una relación mental errónea del visitante, con el orificio de la roca superior a la vista, interpretaría erróneamente como «Atxulaurgo begia«. Porque conocería el término begia pero no ubegia. Y ya teníamos así, como por arte de birlibirloque, el archiconocido Ojo de Atxulaur (begi, ‘ojo’ en euskera) que nunca antes había existido. Para más inri y tormento, lo encontraremos muchas veces en sus versiones en euskera actuales como Atxulaur(go) begia, término que jamás usarían los locales, ya que siempre se refieren al paso de sus andanzas como bentanea ‘la ventana’ y nunca como ‘ojo’.

Y así se recogería en algunas notas o mapas y el anecdótico error se ha ido multiplicando hasta el infinito.

También está bastante extendida entre montañeros la denominación Atxulaur atea. Creo que debemos su invención y difusión a Javier Malo Icíar y sus mapas de cordales que fueron la guía de todo gorbeista. El hecho de que término Atxulaur no esté declinado (Atxulaurgo) nos refuerza esa idea de topónimo de nueva creación. Por cierto, en su mapa recogió como nombre de la fuente del lugar Atxulaur, a la que da como topónimo de segunda opción Ubegi, por no conocer el significado de ese vocablo.

LA FUENTE ORDEKOITURRI. Pero eso de interpretar algo diferente a lo escuchado no es nada extraordinario. Lo he sufrido en mis propias carnes.

Cuando caminamos desde Urigoiti hacia Atxulo una magnifica fuente nos espera para refrescarnos. Yo siempre la había conocido como la de Egilezaburu (Egalesaburu en dicción local) pero, cuando estaba recogiendo la toponimia del lugar para elaborar el mapa de Orozko (2001-2011), alguien había colocado una placa metálica en ella con el nombre Ordekoiturri. Me pareció una estupenda aportación y la presencia de aquella placa me hizo creer que el nombre contaba con toda la legitimidad del mundo. Y así lo recogí y se publicó en el mapa porque nadie, en las diversas exposiciones al público previas, se había percatado del error.

Al parecer, según me contaron después, un lugareño había dicho a un entusiasta de los nombres «Hor dok iturrie» o algo similar, ‘ahí está la fuente’, mientras estaba con él en aquellos parajes. Y, emocionado con el nuevo topónimo que creía haber descubierto, lo grabó en una placa para colocarlo en la fuente y así darlo a conocer. Para más desbarajuste, se sumó el error por mi parte de recogerlo y publicarlo sin haberlo contrastado. Un desastre. Afortunadamente, ya se encargó de arrancar la placa un vecino, indignado porque le habían cambiado con una chapita y un mapa el nombre de «su» fuente. El caso del error por mi parte, con su punto cómico pero con moraleja en lo que a metodología se refiere, se ha tratado en diversos congresos sobre toponimia y lingüística. Al fin y al cabo, un malentendido humano similar a lo que seguramente sucedió cuando convirtieron nuestro Atxulo en nada menos que un ojo y, encima, de Atxulaur.

Y así están las cosas, esperando en esta iniciativa personal el cambiar desastres que poco parecen inquietar a quienes ni siquiera se molestan en mirar un mapa antes de colocar unas señales. Dejadez o falta de amor a la tierra que se pisa. No sé… pero me duele.

Así es que nos toca una vez más exponernos para hacer una denuncia, con los perjuicios personales que ello conlleva. Otra lucha inútil contra los molinos que mueve con arrebato el viento de la desidia. Pero todo sea por el amor a ese bendito lugar al que entre todos tenemos que devolver su nombre y porque no sea el pastor José Mari el último que llame Atxulo a esa ventana. Que sea «la peña horadada» (1520) pero por nada del mundo, 500 años después, «la peña deshonrada».

Nombres de Gorbeia: Ubixeta vs Egilleor

El desorden toponímico que existe en el Parque Natural de Gorbeia es, quizá, de mayor volumen que el mismo macizo. Pero la mayoría de las veces no es un caos natural producto del uso popular, sino basado en errores impulsados (paneles, folletos, señales…) por las mismas instituciones, diputaciones forales de Bizkaia y Álava, que son quienes gestionan el parque desde que se declaró como tal en 1994.

A la vista del resultado, está claro que esos entes nunca han considerado la toponimia como un elemento patrimonial más del Parque y las cosas se han hecho «como sea», sin invertir un minuto en ello, el mínimo cariño exigible, y con una falta de sensibilidad que hace que a algunos nos duela hasta el alma. Así es que, vamos a intentar ordenar algo el estado de las cosas, dando un recorrido por varios de esos topónimos, aun sabiendo que a estos artículos les espera un futuro poco halagüeño, ya que han de luchar, en notable desventaja, contra la difusión de los errores, multiplicados hasta el infinito por los usuarios y las redes sociales. Pero por la verdad, siempre hemos de arriesgar, aunque ello conlleve dejarse un puñado de pelos en la gatera.

Majada y valle de Ubizieta (Gorbeia), con los rebaños gozando de los últimos pastos otoñales

Ayer ascendí hasta una de las cumbres más reseñables del macizo, en el cordal que desde la cima de Oderiaga desciende hacia el río Altube. Según reza la placa del buzón cimero, se trata de «Egileor-Ubieta«, aunque la mayoría la conozcamos más como Ubixeta y que, para rizar el rizo, el Parque, en las señalizaciones de las rutas para llegar hasta allí, denomina Ubitxeta. Pero, todas y cada una de estos nombres precedentes son inadecuados y no se corresponden con la realidad de su uso histórico y natural. Vayamos por partes.

Buzón de la cumbre de Egilleor, más escrita como «Egileor» y con el uso no correspondiente del nombre «Ubieta» que, por otra parte, nunca ha existido.

EGILLEOR. Basta preguntar a cualquiera de los pastores del lugar para que nos aclaren que el nombre de esa montaña es y solo es EGILLEOR. Nada de Ubieta o sus variantes. Al tratarse de un nombre de lugar (no sucede lo mismo con el uso genérico de la palabra) hay que escribirlo con «ll» y no con «il» —como aparece en la placa del buzón— pues, al pronunciarse con sonido «ll» hay que reflejarlo tal cual en la toponimia.

Por cierto, egileor (que podremos escucharla con las variantes egillor, eileor, eillor, ellor, illor…) es un vocablo en notable retroceso y que significa ‘redil‘ o ‘cabaña para el ganado’, (no creo que debamos confundirla con hegi lehor, ‘ladera o cumbre seca’, ya que aquí no daría «ll«) algo muy apropiado para este enclave pastoril que nos ocupa.

En la primera guía montañera del Gorbea (Sierra de Aralar y Macizo del Gorbea, Apraiz, 1950) se describe en textos y en gráficos tan solo el monte Egilleor (escrito es su variante Egillior): todavía no había irrumpido la forma Ubixeta que más tarde se generalizaría.

UBIXETA. Ubixeta es un nombre que nunca ha existido como tal, inventado. Su generalización se debe a una intervención foránea y por vía culta, no popular. Nada tiene que ver con el uso local y menos para nombrar esa cumbre. La equivocación surge porque esa denominación es la que se da a la majada y pequeño vallecito cercanos a esa montaña. En la placa del buzón ponen Ubieta pero tampoco es correcto ni nunca ha existido como tal.

Esta confusión parece surgir de los montañeros foráneos. Aparece como Ubilleta en los primeros catálogos de cimas para los concursos montañeros. La primera referencia que conozco del Ubixeta más generalizado, procede del mapa elaborado (1975) por el montañero Javier Malo Icíar (1929-2013), aquellos mapas de cordales que fueron el vademécum de nuestras andanzas montañeras. Lo da como Ubixeta y, entre paréntesis, la segunda forma Eguillior (transcrito literalmente).

La variante Ubieta la propone como correcta mi colega y amigo Patxi Galé en su obra Catálogo de Cimas de Bizkaia (Diputación Foral de Bizkaia, 2000), partiendo del extendido Ubixeta precedente, al confundir esa «x» (que en realidad era un invento y no algo natural propio del lugar) con un sonido protético para evitar los diptongos, similar a lo que sucede en Elorrio > Elorrixo, trikitia > trikitixa, ogia > ogixa, etc. Pero ese fenómeno fonético del sonido «x» tan común en otras zonas, es inexistente en el occidente vizcaíno, en el entorno que nos ocupa de Gorbeia u Orozko.

UBIZIETA. Esa es la denominación correcta que corresponde a la majada cercana. Insistimos, no a la cumbre. Es el plural toponímico de ur bizi, literalmente ‘aguas vivas’ y ‘manantial’ a efectos prácticos. Un nombre perfecto para nuestro enclave, con diversos y abundantes afloramientos de agua. Ubizieta significaría, por tanto, ‘(los) manantiales’. Como es sabido, en este entorno geográfico, el término ur ‘agua’ pasa a transformarse en u- (ur > u-) , al entrar en contacto con otra palabra cuyo comienzo es una consonante. Es lo mismo que sucede en Ubidea (de ur + bidea ‘canal de agua’), ubegi ‘surgencia’ (ur + begi)… De ahí que nuestro topónimo seaUbizieta y no Urbizieta.

Una babosa o limaco, se enfrenta a las «aguas vivas» de Ubizieta

Es la forma a priorizar, decíamos, porque es lo que realmente usan los lugareños e informantes locales. Ellos, en dicción popular y rápida, lo pronuncian «ubisíta» pues, como sabemos, en el occidente vasco no se distinguen la «s» de la «z«. Además, en las composiciones acabadas en vocal a la que se añade el sufijo abundancial «-eta«, por economía a la hora de articularlo, hacen desaparecer la «-e-» intermedia que sí hemos de escribir pero podemos perdonar que no se pronuncie. Como cabría esperar ese fenómeno de perder la «-e-» interior se manifiesta también en otros topónimos del municipio: Sintzieta > Sintzita, Pagoeta > Pagota, Arearrieta > Arearrita / Alarrita, Aretximinieta > Aretximinita, Mintegieta > Mintigita

Por si hubiera dudas, la documentación histórica que hemos podido localizar, no deja lugar a dudas: «un monte arbolar nombrado Oquelugorta-Ubisieta» (1866, Registro de la Propiedad, pertenencia del caserío Ugartebengoa de Orozko), así como un jaral en «Ubicieta» (también 1866, Registro de la Propiedad, pertenencia del ya desaparecido caserío Uribarri de Orozko).

Valle y agua corriente de uno de los manantiales de Ubizieta recogida en abrevadero del lugar conocido como Arabariturrieta. En la parte superior se ven las chabolas pastoriles de la majada de Ubizieta, en el collado superior el enclave del dolmen del mismo nombre y, a la izquierda, las rampas que culminan en la cumbre de Egilleor.

UBITXETA. Solamente la desidia y la falta de interés por lo que se hace pueden haber dado como fruto el nombre Ubitxeta, algo que no como tal ni parecido ha existido jamás. Para mayor dolor, también con ese engendro toponímico de Ubitxeta está catalogado el dolmen situado en el collado superior de Ubizieta. Lo tenéis calificado como «Bien Cultural, con la categoría de Conjunto Monumental, las Estaciones y Monumentos Megalíticos relacionados en el anexo I, que se hallan en el Territorio Histórico de Bizkaia» (Decreto 25/2009, de 3 de febrero en el BOPV de 6 de marzo de 2009).

Cumbre de Egilleor. En el collado del primer término, se encuentra el dolmen de la parte superior de la majada de Ubizieta (en el vallecito de la izquierda), catalogada con el nombre erróneo de Ubitxeta.
Restos del dolmen de Ubizieta (mal catalogado con el nombre de Ubitxeta): Mira al macizo de Itzina, quizá buscando la mirada de su legendaria Señora de Anboto (aquí se conoce como Anbotoko Señorea) o Mari.

Tampoco es de recibo que esa aberración toponímica la que priorice e impulse el Parque en sus señalizaciones. Porque frente a las dudas que podían existir en el pasado, en la actualidad ya está recopilada, normativizada y estandarizada la toponimia del macizo. Y disponible en, por ejemplo, el mapa municipal de Orozko, en el Nomenclátor de Nombres Geográficos Oficiales de la Comunidad Autónoma del País Vasco, como registro público, adscrito al Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, en la aplicación GeoEuskadi del Gobierno Vasco, en el Catálogo de Cimas de Euskal Herria (Federación Vasca de Montaña), en la mismísima Guía Cartográfica de Bizkaia (publicada en 2004 por la propia Diputación y en donde, con acierto, se dio para la cumbre el nombre correcto Egilleor), en Euskaltzaindia, valiéndose del mismo contacto con los pastores del lugar, consultando a quien pudiera saber al respecto… Parece prácticamente imposible hacerlo mal. Pero se hace, como veremos en tantos y tantos casos más.

Uso y promoción de la forma inexistente Ubitxeta para hacer referencia a la cumbre de Egilleor y, quizá, su cercana majada de Ubizieta.

Para finalizar quisiera justificar este desasosiego difícil de disimular. Y es que, por principios propios, soy la persona más clemente y comprensiva frente a cualquier error humano que pudiera cometerse, porque de esos somos todos partícipes, yo el que más. Pero a su vez soy intransigente con la dejadez, con el no intentar hacer las cosas lo mejor posible por no perder un minuto, con la desidia, con el «qué más da», tan común en las administraciones públicas, en las que tomo parte: quizá por eso me duela aún más.

Uso correcto de los topónimos Egilleor (cumbre) y Ubizieta (majada y valle) en el mapa publicado por el Ayuntamiento de Orozko (2011), subvencionado por el Gobierno Vasco y con revisión toponímica por parte de Euskaltzaindia

EN RESUMEN:

EGILLEOR es la forma correcta y única para nombrar la cumbre. Es la denominación inequívoca que me facilitaron los informantes cuando, entre 2000 y 2011, estuve recopilando la toponimia de Orozko por aquellos parajes. No sirve por tanto valerse del mantra de que la toponimia y las lenguas son algo vivo que evolucionan, porque no es este el caso: su nombre sigue siendo Egilleor y así lo usan sus naturales.

UBIZIETA es la forma adecuada de escribir el topónimo que hace referencia a la majada pastoril y el valle lleno de manantiales sobre el que se asienta. No sirve para denominar la cumbre, que ya tiene su denominación específica. En la dicción local, la forma usada es Ubisita. Coincide con las formas históricas documentadas, siempre Ubizieta. Su significado es el de «manantiales».

UBIXETA, UBIETA y UBITXETA son variantes inadecuadas, que ni han existido ni existen en el uso local. Son formas introducidas por vía artificial y culta, producto de montañeros, cartografía, gestión por parte del Parque, redes sociales, publicaciones… engendradas fuera de ese municipio de Orozko y del macizo, consecuencia de no haber contrastado el uso local del topónimo. No es, por tanto, una evolución toponímica o lingüística. El uso equívoco de esos nombres es algo comprensible en otras épocas pero incomprensible e inaceptable hoy en día, menos por entes públicos.

Hagamos pues entre todos, un último esfuerzo de fidelidad y cariño a nuestra tierra, para devolver a esos altivos parajes sus nombres genuinos, fuera de denominaciones extrañas e invasoras que no hacen sino dañar el patrimonio cultural local.

Los primeros pastores de Gorbeia

En Gorbeia al pastor se le llama pastore y no artzain, término este último desconocido en la zona. No se trata de una carencia lingüística, como pudiera pensarse, sino la descripción de una realidad histórica. Porque en esa montaña, a pesar de lo que durante décadas mamamos de los gurús de la antropología, las ovejas son relativamente recientes. Tanto que incluso nos atrevemos a poner nombre y apellidos a sus primeros pastores de ovejas de Orozko, siendo esa la principal aportación de este artículo.

Por eso, porque no se pastoreaban ovejas, aquí no hay artzain (‘ardi + zain, cuidador de ovejas’) sino pastore, es decir, el que gestiona los pastos. Pero con la cabaña vacuna, caballar e incluso porcina, lo habitual antes de la irrupción de las ovejas. No es ninguna hipótesis nueva sino algo ya constatado incluso arqueológicamente en diferentes investigaciones (Alfredo Moraza, Joxean Mujika…). Pero no nos extendamos.

Tampoco puedo olvidarme, porque se lo debo, de cómo el padre de mi ex cuñado —José Ramón Uzkiano Larrieta (1929-2007) de Delika, ganadero de vacas— me discutía que las ovejas eran «nuevas» en «la sierra» (Gibillo / Guibijo) y que, ilegítimamente casi, habían ocupado los pastos que siempre habían sido para vacas. Yo se lo rebatía —de esto hace ya unos 30 años— hablándole del incuestionable Barandiaran y su teoría de la coincidencia de las majadas de ovejas con los monumentos megalíticos. Es decir, que los rebaños de ovejas estaban ahí desde la Prehistoria. Y es ahora cuando, aunque sea a título póstumo, he de humillarme y darle la razón: estábamos equivocados. Algo incomprensible ya que no hay más que dar un repaso por la documentación para cerciorarse que eso era así y solo así.

El pastor Luis Larrea en su chabola de la majada de Austegiarmin

Pero, centremonos de nuevo en Gorbeia. Si nos fijamos en la primera referencia documental del pastoreo en ese macizo (un pleito por los pastos y aguas de Arraba, Gorbeia, en 1520) se habla de «…que los ganados vacunos e rosines [caballar], así de dicho valle de Orozco como de la dicha anteiglesia de Ceánuri, puedan andar libre de los seles antiguos...». Nada de ovejas. Luego, en el mismo documento, se citan «…los ganados e puercos del dicho valle de Orozco«, pues, además del vacuno, grandes piaras de cerdos se alimentaban con los frutos de las hayas, en montanera. Pero, de nuevo, nada de ovejas. Tan solo al final y de manera casi testimonial se citan los echapastos ‘rebaños de ovejas’ que eran tan insignificantes que no podían considerarse como tal: «En cuanto toca a los echapastos, asentaron que, si algún vecino o vecinos de los dichos pueblos trajeren algunos ganados hasta tres o cuatro cabezas para provisión y mantenimiento de su casa, no se entienda ser echapasto«. Es decir, tres o cuatro ovejas para autoconsumo, no un rebaño.

En efecto, el pastoreo de ovejas como hoy lo conocemos irrumpe en Gorbeia a principios del XIX, hace en torno a 200 años. Ello genera no pocos conflictos y desencuentros con los pastores tradicionales de ganado mayor. En Zeanuri existen varios expedientes al respecto que ya analizaremos en otro momento. Las disputas residían principalmente en la edificación de nuevas chabolas y en que la oveja necesitaba de praderías limpias de arbolado, algo que por el contrario venía bien para el sesteo del ganado mayor tradicional.

El más joven pastor de Gorbeia, Iker Goti en la txabola de Luis Larrea. De Urigoiti y de Zaloa respectivamente, como Antonio y Miguel, aquellos primeros pastores revividos en este artículo, hasta ahora anónimos

Pero por una epidemia en el ganado vacuno y, sobre todo, por el ansia insaciable de los propietarios de ferrerías, se facilitó la «ocupación» a la chita callando de la montaña por parte de ovejeros y sus rebaños. Y es que en esas épocas las ferrerías agonizaban por falta de madera que convertir en carbón: se trataba del bien más preciado del momento y eran sus potentados propietarios, la mayoría titulares de mayorazgos, los que ocupaban los cargos políticos. Así es que no dejaron escapar aquella oportunidad para hacerse con un bien común —los árboles públicos— en beneficio de sus intereses particulares. Ellos conseguían madera y los pastores de ovejas pastizales. Y los demás, a callar y resignarse. Así es como se creó gran parte de ese paisaje deforestado de Gorbeia que hoy tan secular nos parece.

Con todo, a mediados del XIX (1845) las ovejas eran aún algo minoritario y no ocupaban todavía la parte alta del macizo. Así nos las describe Pascual Madoz con la información que le envían de los pueblos cuya demarcación territorial ocupa el macizo: «Criase en este monte, cuyos pastos son lo más substancioso de Vizcaya, mucho ganado vacuno y caballar y alguno, aunque poco, lanar en lo más bajo de su falda«. No deja lugar a dudas. Poco y en las zonas bajas de la montaña.

Austegiarmin (Gorbeia). La ocupación de los altos pastos por rebaños de ovejas no se produciría hasta el último tercio del siglo XIX

Pero la sorpresa es que, además y como ya hemos adelantado, tenemos echado el ojo a aquellos pioneros pastores de ovejas en Orozko, extraños al municipio y suponemos que nada bien vistos en el pueblo. Los conocemos gracias al primer censo de estadística del municipio (1825) en el que, de entre sus 2.867 habitantes, tan solo dos matrimonios se declaran «pastores» de oficio, como ocupación distintiva frente al ganadero normal que tenía su explotación agropecuaria integrada en el caserío y que se recogen con «labrador».

MIGUEL Y MANUELA. El primero de ellos es Miguel de Basoa que llega al barrio de Zaloa procedente de Zeanuri con 16 años —probablemente para servir— y se casa con la muchacha local Mª Manuela de Zaballa, dos años mayor que él. Cuando se recogen en el censo estadístico (1825) tienen tres hijos y vive con ellos la madre de Miguel, viuda de 60 años, María de Leiza, en el caserío Bixiola, hoy más conocido como Bekoetxe.

Al citar la profesión, el matrimonio se declara como «labrador» igual que el resto de los numerosos vecinos del barrio pero añaden el oficio de «y pastor«, algo inaudito e inexistente en aquel Orozko de principios del XIX. Sin duda, este matrimonio, quizá acuciado por la necesidad —estamos en una época de dura posguerra— se arriesga a jugársela con aquella novedosa oportunidad laboral.

ANTONIO Y TERESA. El otro de los dos pastores es Antonio de Garmendia que, a la hora de tomarle sus datos (1825) contaba con 42 años. Había llegado desde Zaldibia diez años atrás junto a su esposa Teresa de Alberdi, un año más joven, natural de Zegama y su hijo ahora ya (1825) con 18 años. Vivían en la hoy desaparecida casa de Uria o Urikoa. Pero no en la principal, sino en una vivienda «accesoria» —lo que denota su pobreza— y que en la fogueración de 1796 se describe de este modo: «…tiene también esa casa [la principal de Uria] otra antigua en su inmediación, con destino a albergue de ganados y pajar«. Bajo el mismo techo dormía también un criado de 16 años, Aniceto de Añibarro, natural de Orozko y que con seguridad haría los papeles de zagal en el cuidado del rebaño.

Este matrimonio, al contrario que el anterior, se declara nítidamente como «pastor«, es decir, el oficio en estado puro.

El pastor octogenario Luis Larrea, natural de Zaloa (Orozko)

Hablando con el historiador Alberto Santana sobre estos pastores guipuzcoanos de Zaldibia y Zegama y sobre la extrañeza de que no fuesen locales, me comentó que entre la guerra de la Independencia (1807-1813) y la primera guerra carlista (1833-1840) hubo una gran migración de pastores pobres del Goierri de Gipuzkoa hacia Bizkaia para, acuciados por el hambre, establecerse en este territorio. En algunos lugares se generaron grandes conflictos, planteándose incluso en algunos municipios la prohibición de que se avecindasen, ya que con su pastoreo de rebaños de ovejas desforestaban los bosques para crear pasto. Todo nos coincide… Añadía este historiador de conocimientos insondables que en esas fechas es aún una especialización laboral rara, como sucede con nuestros nuevos pastores inmigrantes de Orozko y que, en casos como en el ayuntamiento de Bermeo, los describen en los documentos con cierto pavor al percibir su irrupción como una auténtica invasión humana.

En origen, sus destinos son pastizales más bajos —Bermeo, Larrabetzu, Amorebieta…— por lo que intuimos que el acceso a las faldas de Gorbeia —barrios de Zaloa y Urigoiti de Orozko en nuestro caso— sería un poco más tardía y bastante más aún la ocupación de las alturas del macizo montañoso.

Por eso a mi compañero Juanjo Hidalgo y a mí nos extrañaba que todas las chabolas de pastores tuviesen apariencia de relativamente nueva y no prehistórica cuando las andábamos catalogando semana tras semana en aquellos jóvenes años de 1984-1987. Como, con cierta pena y a regañadientes, acatábamos que no se llamasen artzain sino aquel poco lucido pastore. Quién nos lo iba a decir. No neolíticos sino de hace cuatro días y encima llegados de Gipuzkoa. La que hemos liado: si José Miguel Barandiaran levantase la cabeza…

Arantzbaltz, la nevera olvidada de Gorbeia

De entre los pueblos de Gorbeia, Zeanuri fue el gran perdedor en el negocio de la explotación de la nieve. De ahí quizá que, hasta su más emblemática y monumental nevera haya quedado en olvido, incluso para sus habitantes. Rescatémosla…

UN PUEBLO SIN SIMAS. La mala suerte hizo que, al contrario que los pueblos de Areatza u Orozko, no contase Zeanuri con simas adecuadas para acumular nieve en invierno y venderla en verano, el gran negocio del momento. Y así, a duras penas podía competir por suministrar al gran cliente: Bilbao.

ORAITURRI. Así, mientras los demás municipios contaban ya con prósperos pozos de nieve, Zeanuri hubo de buscarlo muy alejado —un gran impedimento para el negocio— del punto de venta e incluso de la residencia de los empleados. Por ello comenzó a suministrar desde una nevera en Oraiturri, muy próxima a Gorbeiagana —la cruz— pero no sin problemas pues se litigó durante tiempo por estar enclavada en Zuia. Por ello, por su explotación, hubo pagar cuantiosas cantidades de dinero.

Tras las casas del barrio de Undurraga (Zeanuri) y la posterior cumbre rocosa de Aldamin, se aprecian las nieves cercanas a Gorbeiagana, lugar en donde estaba la nevera de Oraiturri que, a pesar de estar en Zuia, explotaba Zeanuri.
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LA FATÍDICA NEVERA DE ARRABATXU. Por lo alejado y costoso de aquella, también lo intentó habilitando otra nevera en otra sima llamada Arrabatxu, Arrabakoatxa o Aginenbekoa ubicada en las conocidas campas de Arraba. Pero pronto percibió Orozko (1744) que aquello era una competencia para su negocio de suministro de hielo y litigó por ella durante años, por entender que se encontraba dentro de su jurisdicción. Y así se entendió (1749), dando los jueces la razón a Orozko. Rabiosos, viendo que se les esfumaba aquel productivo negocio, los zeanuriztarras siguieron explotándola e incluso recurrieron al corregidor de Bizkaia para hacer una nueva delimitación entre municipios. Y se hizo (1756) pero, una vez más, se les negó la razón.

Pero, en honor a la verdad, hemos de decir que aquella sentencia quizá no fuese justa ya que por Orozko pleiteaba el potentado Tomás Epalza Olarte, ilustrado que llegó incluso a ser gobernador de Bizkaia y que era un eslabón de aquellas cadenas personales con las que la Corona controlaba y administraba su reino.

Así es que, no conformes con el fallo judicial y aferrándose a la que entendían que era «su» nevera, debieron darse diversos conflictos, pues el juez recurre a una solución drástica nunca vista hasta entonces: «no ha de tener jamás uso, ni de ella se ha de aprovechar ni usar una ni otra comunidad [en referencia a Orozko y Zeanuri] y se ha de cegar y terraplenar a costa de ambas repúblicas [ambos municipios] y ni nunca jamás ha de poder hacer, ni tener, ni usar de nevera alguna dicha república de Zeanuri en toda la dicha campa y sel de Arraba» (1751).

El mazazo debió ser tremendo para los zeanuriztarras ya que no solo se les imposibilitaba usar aquella nevera sino que se les impedía construir otra en todo su terreno de Arraba. Injusto y abusivo, sin duda… Por ello se negaron a acatarlo y se les insiste un año sí y otro también hasta que, por fin, veinticuatro años después (1775) se cumple y se rellena toda la sima. Curiosamente en el mismo año en que la nevera de Zaratate —la más grande nevera de Orozko y de Euskal Herria— se moderniza y se hacen obras con nuevo tejado, etc.

NUEVA NEVERA DE ARANTZBALTZ. Y así es como las autoridades de Zeanuri debieron buscar desesperados otra posible nevera y, aunque alejada, incómoda y por ello poco competitiva, la localizaron en la sima de Arantzbaltz, sobre Igiriñao y elevada en las laderas hacia Gorbeiagana.


En verde, el recorrido para llegar hasta la espectacular nevera de Arantzbaltz (UTM: ED50 30T 517361 / 4765858), partiendo desde las campas de Arraba y por Igiriñao
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No sabemos de la fecha de la construcción porque no contamos con documentos al respecto en Zeanuri. Pero, como decimos, debió ser inmediatamente posterior a la orden de cierre de aquella nevera de Arraba y que, por la descripción que se hacen de los apeos, sospecho que estaba bajo el escarpe vertical que de Gorosteta cae sobre Arraba.

De ese modo, debieron acometer las obras para acceder a aquella alejada sima, con la adecuación de un camino de herradura que atraviesa el paraje y que culmina con cuatro grandes curvas construidas en mampostería y así poder salvar el desnivel hasta el fondo de la dolina.

El descenso a la dolina en cuyo fondo se haya la sima-nevera se hace por un camino en zig-zag, construido en mampostería. Grupo de la visita de 10 de octubre de 2019, dentro de las Jornadas Europeas de Patrimonio ____________________________________________________________________________

En el exiguo archivo histórico de Zeanuri, contamos con muy pocos —poquísimos— documentos antiguos. Ninguno que hable de esa nueva nevera o su construcción. Pero sí con un escrito del síndico procurador general de la villa de Bilbao dirigido a la anteiglesia de Zeanuri para tratar del precio de la nieve que comprarán a dicha anteiglesia porque «…necesitará esta dicha villa por los cuatro días de corridas que se esperan hacer el próximo mes de agosto para su consumo». Nada menos que 2.736 kilos de hielo han de entregarse cada uno de los cuatro días en Bilbao, por lo que debemos entender que la nueva nevera ya funcionaría.

Pero siempre será una incógnita pues hasta 1852 no se documenta como tal y con certeza. A partir de ahí continuamente se acuerdan y publican las condiciones para la explotación del negocio de la nieve, con los dos pozos municipales que una y otra vez se repetirán en la documentación: Arantzbaltz (Aranz Balz) y Oraiturri (Ora Yturri).

Arantzbaltz y Oraiturri eran las dos neveras que explotaba mediante concesión el ayuntamiento de Zeanuri ____________________________________________________________________________

EL SERVICIO DE LA NIEVE. La adjudicación se hacía mediante una puja pública, un remate
«a vela muerta» y así, «encendida […] la velilla de costumbre para la admisión de las pujas cada uno de las que bajaría dos reales en libra [hasta que] se apagó naturalmente».

El ganador se comprometía a tener sin falta de hielo «…en todos los días de romería de ermitas de esta anteiglesia, que serán San Juan, San Pedro, San Pablo, Santiago, Santa Ana, San Justo, San Lorenzo y los días primero, segundo, catorce, quince, diez y seis, diez y siete, veinticuatro, veinticinco y veintiséis de agosto y ocho, veinte y nueve y treinta de septiembre».

La entrega siempre se haría, como recogen insistentemente las cláusulas, en «una casa de la plaza de Ibarguen» sobre la que luego volveremos.

POR TRECE KILOS. Al margen de las festividades citadas, el contratista «tiene asimismo obligación el rematante de proveer la nieve a cualquier vecino que en cualquier día de la semana lo solicite siempre que para el pedido avise al rematante con veinticuatro horas de anticipación y la cantidad que se pida sea mayor de trece kilogramos de nieve». Siempre, eso sí, entregada en «el barrio de la plaza, en una de las casas del núcleo del mismo para la mayor comodidad del consumidor».

Operarios transportando a sus espaldas sendos bloques de hielo, en una nevera de montaña en Gipuzkoa ___________________________________________________________________________

La nieve, claro está, «ha de ser bien apisonada y en las condiciones que es de costumbre para el aprovechamiento que generalmente se hace de ella en la época de los calores». Sabemos por otros lugares que el hielo se pesaba en destino —había que evitar por tanto que se derritiese en el transporte— en unas «balanzas abujereadas para que se escorra el agua» (Iruñea, 1664).

EXCLUSIVIDAD. La concesión de la explotación de las neveras de Zeanuri implicaba que nadie más pudiese apilar ni comercializar con la nieve en todo el municipio. Ni siquiera con la disculpa de regalarla, para evitar fraudes. Y si alguien lo incumplía era sancionado con una multa que embolsaría el contratista. Pero también sería sancionado éste si alguna fiesta o vecino se quedase sin su suministro. En este caso la multa se utilizaría para reparar caminos públicos.

DECADENCIA Y ABANDONO. Nunca fue la explotación de las neveras de Zeanuri de gran interés comercial al margen del ámbito local. Los vecinos municipios de Areatza y sobre todo Orozko contaban con más y mayores neveras, con las que monopolizaban el comercio del hielo y sus precios. Poco podían hacer aquellas neveras de Zeanuri, tan alejadas y con unas dimensiones tan limitadas.

La instalación de la primera fábrica de hielo artificial en Bilbao (1880) supuso por otra parte el comienzo del fin de nuestras neveras.

Así, se percibe un menor gusto y detalle en la redacción de las condiciones para pujar por la exclusividad del negocio de la nieve en Zeanuri. Incluso, para acortar distancias en el transporte —el principal defecto de las dos neveras tradicionales— y suponemos que por la disminución del volumen de hielo solicitado, Zeanuri oferta junto a las otras una nueva «nevera de Lekanda» (1897) que hasta entonces no había existido. Y ya en 1902 se recoge la última oferta pública para la explotación de los pozos, insistiendo como en los últimos años en que «el rematante, al cesar el remate, dejará completamente limpia la nevera llamada de Lecanda». Hasta el punto de entrega ya es vacilante en este último año, pues indica que «la venta ha de tenerla en el término de la Plaza o en una de las casas del núcleo de la misma» no en la que siempre habío sido exclusiva para ello.

EL NOMBRE. La primera referencia moderna de esta nevera la tenemos en el estudio de Salbidegoitia y Barinaga (Kobie, 1974) pero ni la visitan ni describen sino que la citan de oídas como «Nevera de Gorbea«. Posteriormente, en el catálogo Neveras de Bizkaia publicado por la Diputación Foral de Bizkaia (1994) se cita como Arratebaltz en el título pero como «nevera de Egiriñao» [Igiriñao es la forma más correcta de este topónimo]. Y en mis antiguas anotaciones de campo (1985) tomadas junto a mi amigo Juanjo como «sobre Zastegi«. Al margen de ello, se ha usado Neberatx —por el nombre de una peña cercana— o Aranbaltza o Aranbaltz.

Su nombre es en realidad Arantzbaltz pues así es como aparece sin excepción alguna en la documentación hasta hace apenas un siglo. En referencia a «espinos» y no a «valle» como habíamos pensado. A ellos se les añade el término «baltz» ‘negro, oscuro’.

LA NEVERA. Consiste en una sima vertical de unos 10 m de profundidad con una boca de 3 x 5 m aprox. Se encuentra en el extremo de una gran dolina a la que se desciende por un camino construido en zig-zag de cuatro curvas y con un desarrollo de 110 m de larga. En la parte superior de la dolina y de dicho camino se aprecian los restos de una cabaña que, por el grosor de sus muros, no ha sido obra ni de carboneros ni de pastores, por lo que entendemos que era la que daba servicio a la nevera.

Asomadas a la profunda sima de la nevera, en un entorno húmedo y fresco en donde nunca alcanza el sol ____________________________________________________________________________

Grupo de la visita de 10 de octubre de 2019 (Jornadas Europeas de Patrimonio) en el fondo de la dolina. A su espalda, la sima de la nevera ____________________________________________________________________________

CASA DE IBARGUEN. Tal y como se repite insistentemente en toda la documentación, la nieve se entregaba y vendía de modo indefectible en una casa concreta de la plaza de Ibarguen. Nada ni nadie sabe hoy en día de esa casa en Zeanuri ni ha oído hablar de dicha función, a pesar de que, como hemos visto, se usó con tal fin hasta al menos 1902.

Herriko Etxea, casa pública (s XVIII) en donde se encontraban la alhóndiga, matadero, balanzas… Con seguridad, este era el lugar en donde las condiciones de la concesión obligaban a entregar los bloques de hielo bajados de las neveras. En primer plano, una antigua garrafa vasca, para hacer las limonadas de las fiestas ____________________________________________________________________________

Haciendo pesquisas en la documentación de las fogueraciones del XVIII —gracias, Galé y Gorrotxategi— habíamos localizado una casa. Y en efecto parece que fue ella, hoy en día Casa de Cultura, muy próxima a la casa consistorial. Era conocida como «Herriko Etxea» —gracias de nuevo, Ander Manterola— y sin duda es una aportación de aquellas décadas de la Ilustración, pues su función era la de alhóndiga, matadero, pesajes, etc. públicos. Todavía son apreciables las diversas estancias y este gran portal, solucionado por una bella columna, tan típico de lugares de compraventa, tratos y similares. Sin duda, hablamos del mismo lugar.

Casa consistorial de Zeanuri y, al fondo, la casa alhóndiga en donde supuestamente se entregaba la nieve. Hoy hace las funciones de Casa de Cultura ____________________________________________________________________________

EL SALTO A INTERNET. Así es como damos por fin una referencia de esta nevera que, inaudito, no contaba hasta hoy con una sola referencia en Internet. A pesar de estar en el macizo de Gorbeia, cercano al punto culminante, uno de los lugares más visitados de nuestro país. Ni ninguna publicación sobre su historia. Se dejo olvidar, morir, quizá avergonzados porque aquella fue la nevera que quiso y no pudo ser, la solución a una resolución judicial que humilló al pueblo de Zeanuri. En cualquier caso, es la gran olvidada en nuestra historia. Y por ello, en mi personal cruzada quijotesca contra el olvido, en el mes de octubre pasado organizamos una concurrida visita al lugar, dentro de las Jornadas Europeas de Patrimonio para darla a conocer y ponerla en valor. Dentro del numeroso grupo, curiosamente, nadie había de Zeanuri. La gran olvidada… sin duda.

Durante todas estas décadas de soledad nuestra monumental nevera ha permanecido derrumbada, desgarrada, abandonada. Tan solo se ha acordado de visitarla, acariciarla y quererla la nieve que, con sus mejores blancas galas, acude cada año para yacer junto a ella en el lecho de la historia. Nunca se ha interrumpido entre ellas el vínculo de amor que las ha mantenido unidas. Caminemos pues con sigilo que ya es invierno y la dama nívea estará a punto de aparecer.

Cuando baila el sol

Es creencia popular que el sol, rebosante de alegría por ser su festividad, aparece bailando en la madrugada del día de San Juan. Un sol femenino, como corresponde a la cultura vasca, y que se empodera(ba) hoy más que nunca sobre el mundo de lo maligno, siempre acechante desde la noche y oscuridad. Por eso hoy es la fecha con docenas de rituales ofrecidos al sol, porque hoy vence el bien sobre el mal, la luz sobre las tinieblas, el firmamento divino sobre los avernos demoníacos… Y en esas estamos.

Posiblemente se trate de una costumbre cuyo origen se remonte a la prehistoria y a las celebraciones relacionadas con el solsticio de verano. Y sería de tal arraigo que consiguió sobrevivir al raseo de la cristianización, a pesar de haber usado para su suplantación su artillería más pesada, nada menos que san Juan Bautista, el antecesor de Jesucristo, no con ciertas coincidencias con lo que hasta aquí nos ha traído: es él precursor que purifica el alma y el cuerpo con el agua del bautismo. Lo mismo que se hacía —y hace— con el sol, fuego, agua, rocío, plantas… del día de San Juan.

 

Eguzkia dantzan, pozik San Joan eguna bere eguna delako

A GORBEIA
Una de dichas costumbres, ya olvidada, era la de ascender a la cumbre de Gorbeia (1.481 m), punto culminante de los territorios vascos de Bizkaia y Araba, para admirar cuán grande era ese día el amanecer. Es sobrecogedora e inequívoca la descripción que da Pascual Madoz al hacer su Diccionario Geográfico que elaboró entre los años 1845 y 1850, con las respuestas a sus preguntas, remitidas desde todos los pueblos. Dice así en la entrada «Gorbea»: «Principalmente el día de San Juan Bautista suele ser extraordinaria la concurrencia que para los primeros albores del día se halla ya en la cima, esperando la magnífica salida del sol».

He escuchado a algunos pastores mayores el recuerdo del baile que luego hacían en el entorno de Igiriñao —majada previa a las grandes rampas que nos llevan a la cumbre— aquellos que descendían de la cumbre junto a los más remolones que habían optado por quedarse allí, con peores vistas del amanecer.

Casualmente también el poeta y músico laudioarra Ruperto Urquijo (1875-1970), que tan bien describe escenas de los primeros años del siglo XX en sus canciones, es quien nos habla de aquella cándida romería en las alturas, aprovechando las excursiones en sus estancias veraniegas en el balneario de Areatza:

«Pañuelo al cuello, faja de seda, pantalón blanco limpio y plancha[d]o. Hala Ana Mari, a cuándo esperas, los txistularis ya han empezado, en todo el valle los txistus suenan, toda la gente va hacia Iturriotz. Van a la fuente, van de verbena, aúpa Ana Mari vamos los dos.
Vamos todos hoy de madrugada a la fuente clara, cantando a un compás, allí haremos chocolatada, cantando canciones de amor y paz.
Vamos todos a la bella fuente donde los pastores apagan su sed. Vamos todos como fueron siempre, vamos a la fuente porque San Juan es.
Levanta Ana Mari no tengas galbana que ya apunta el alba y las cuatro son. Levanta Ana Mari que en esta mañana es lo más grandioso ver salir el sol».

La fuente a la que hace referencia esta extraordinaria descripción es la de Igiriñao, la última en el ascenso hacia la cumbre, cercana al lugar del baile, y que se conoce como Iturriotz o incluso Lekuotz, porque —insisten todos los pastores más mayores— es su agua tan fría que a mucha gente le ha dado un pasmo al beberla. Por ello hay que extremar las precauciones…

También es reseñable la referencia de Juan Manuel Etxebarria Aiesta en su obra Gorbeia inguruko etno-ipuin eta esaundak-II (2016) relatando una vivencia [usando la traducción que ofrece el autor] de uno de sus entrevistados: «Ahora él va siempre que puede a la cruz del Gorbeia a dormir bajo la cruz en la víspera de San Juan. En la mañana de San Juan, se levanta, pisa descalzo el rocío matutino, observa la salida del sol, saca unas fotos y desciende. Dice que desde la cruz del Gorbeia aparece el sol por encima del Anboto, un poco hacia el Oiz, justo por encima del llamado “el paso del diablo”, el famoso paso peligroso del Anboto».

 

Anboto eta munduko mendiak, eguzki berria besarkatzen

EL BAILE DEL SOL
Los más dados a la ciencia opinan que, en efecto, sí se producen unas refracciones en los rayos solares que aparentan cierto movimiento del astro. Por tanto no va del todo descaminada esa creencia extendida por toda Europa y es que, una vez más, tampoco la idea del baile del sol es exclusiva nuestra.

 

Ardiak, bazkan pozarren, egun berria heldu delako

Especial arraigo goza, aún hoy en día, en las zonas rurales de Galicia: «No día de San Xoán, baila o sol pola mañán» dice su celebrado refrán. Allí lucharon inútilmente durante décadas contra esta creencia un gran número de ilustrados y eruditos. Con poco éxito…

Es llamativa la desesperada reflexión del fraile predicador Benito Jerónimo Feijoo que, en 1740, la tildó de creencia ridícula: «Lo que baila el sol esos días, es lo que baila todos los demás del año en las mañanas claras y serenas; y es que al salir se representan sus rayos como en movimiento, o como jugando unos con otros, y esto quiso el vulgo que fuese bailar el sol».

DESDE GORBEIA
Al publicarse estas notas estoy en la cumbre de Gorbeia, pasando la noche previa a San Juan en su cumbre, para ver desde este púlpito el grandioso amanecer sobre el macizo de Anboto. Hay algún que otro nostálgico más que aún mantiene la tradición…

Porque a las costumbres, creencias y tradiciones, es decir, a lo que en esencia somos, hay que velarlas en dura vigilia para poder sentirlas, interiorizarlas y fundirnos con ellas, del mismo modo que los caballeros habían de hacer con sus armas antes del nombramiento o el cetrero con su nuevo halcón.

Y aquí estoy, locamente enamorado, esperando que la simpar doncella Eguzki me haga perder el sentido al concederme uno de sus milenarios bailes…

 

Kurtzegan: cuando descubres el menhir más grande de Euskal Herria

Dicen algunos que hace ya más de treinta años –el 4 de diciembre de 1987– descubrí el que hoy en día es el mayor menhir vasco (5,4 m) y de los que están en el estado español. Un hallazgo con pocas alegrías en su momento porque nadie me hizo ni caso e, incluso hoy en día, poco placer aporta el atribuirme el “descubrimiento” de algo que, en principio, “descubrirían” sus creadores varios milenios atrás (Neolítico). Mejor hablemos de “reencuentro” por tanto…

Y la verdad es que no le he dado importancia alguna y ni siquiera lo había hecho público. Pero como mi buen amigo I. García Uribe, un verdadero terremoto de las comunicaciones exclusivas y primicias, lo publicó para todo el mundo esta semana pasada, creo que me veo obligado a saltar a la arena para contarlo en versión original.

Mi compañero de batallas Juanjo Hidalgo y yo éramos unos jóvenes atípicos. Y mientras la gente de nuestra edad se ponía bien los fines de semana y andaban desaforados en el noble arte del aquí te pillo aquí te mato, nosotros pasamos (nunca mejor dicho lo de “pasábamos”) en los años 1985, 1986 y 1987 todos los fines de semana o tardes que podíamos escudriñando Gorbeia. Mirando cada piedra, anotando cada carbonera y midiendo los restos de cualquier chabola.

Pero aquel 4 de diciembre de 1987 era viernes y había salido de trabajar en el recién estrenado polideportivo de Laudio. Supongo que no había plan especial conjunto por lo que fui solo. Comí y sin parar un instante salí disparado hacia Gorbeia para poder hacer una incursión con la que repasar alguna zona cercana. Y es que las horas de luz eran muy escasas por esas fechas. Allí estaba yo. Buscando piedras especiales…

El menhir, aún estaba tumbado, gozando de los primeros rayos del día

Pronto me llamaron la atención dos colosales bloques que todos conocíamos de las escapadas montañeras pero que ahora miraba con otros ojos, llegando a una deducción rompedora.

Por una parte estaban ligeramente separados, reposando sobre la tierra y hierba, sin contacto alguno con otros afloramientos rocosos, lo que indicaba que no era una ubicación original sino que habían sido acarreadas hasta allí. Eran miles de kilos, por tanto un transporte impensable para ningún capricho de pastor. Estaba frente al primer indicio inequívoco.

LA CLAVE. El segundo fue un detalle que me puso los pelos de punta en aquel helador anochecer: los dos fragmentos parecían coincidir entre sí. Es más: uno estaba virado con respecto al otro y habría que girarlo sobre su eje para poder hacerlos encajar. Por eso, totalmente embriagado y emocionado por lo que tenía enfrente, supe que aquella piedra había estado en pie y, por las razones que fuesen, se derrumbó en un momento de la historia, fracturándose en dos en la caída y, con el gran impacto, volteándose una de las piezas y alejándose ligeramente de la otra.

Apuntes de campo y el informe posterior que se envió al Museo Vasco.

La emoción pudo más que la sensatez y por eso alargué tanto la comprobación que, una vez más, hizo que me atrapase la noche allí arriba. Y, de nuevo, con la linterna olvidada en casa. Descendí como pude por aquellas laderas, sorteando los obstáculos con los que la oscuridad parecía mofarse de mis ilusiones. Iba eufórico, loco, riéndome en mi interior de todos aquellos desdichados que necesitaban comprar drogas para tener subidones…

Creo que dos días después, con una buena helada, ascendí de nuevo con libreta, cinta métrica y una buena brújula con la que tomar diversos ángulos para ubicarla con precisión en el mapa. Se hacía por triangulación, ni soñar con los GPS que nos trajo el futuro. También subí la modesta cámara fotográfica y un carrete de diapositivas de aquella bendita marca Perutzchrome que, a pesar de ser la más barata, nos daba imágenes dignas y con gran saturación en los colores. Tanto que en ocasiones el resultado era incluso más bonito que la realidad: eso era lo que necesitaba en aquellos momentos de pasión.

Carta-informe en la que se daba cuenta del hallazgo en 1987

LA CARTA. Ya en casa, redacté el oportuno informe a modo de carta, mecanografiado y en un euskera escrito propio de aquella época, enviándola para a su ver pedir una cita que llegaría días después.

Así, acudí al Museo de Arqueología –entonces Euskal Arkeologia, Etnografía eta Kondaira Museoa– en donde me había citado con su director, uno de los gurús de la arqueología, uno de los padres de su modernización, alguien por quien tanta admiración y agradecimiento yo tenía: el bilbotarra Juan María Apellaniz (1932).

CAJA DE GALLETAS. Ante un grande así, me jugaba todo a una carta. Por ello, para seducirle con mi propuesta de que aquello era un menhir, además de las diapositivas preparé una reproducción de los dos bloques a escala, pegando sucesivas capas de cartón de cajas de galletas y así poder reproducir aquellos resaltes de la línea de la fractura para demostrar que uno de los bloques se había girado consecuencia de una caída desde una posición en vertical.

Notas del hallazgo en 1987.

LA CIENCIA SIN CIENCIA. Enseguida debió percibir que aquel chaval tan apasionado en sus explicaciones no era sino un pobre charlatán con pocos conocimientos en la materia. Y pronto me aclaró que, en lugares como Gorbeia era en teoría imposible que apareciesen menhires, pues eran propios de otras tierras.

Además, mientras miraba las diapositivas a través de un visor que también le llevé, comentaba altanero y poco condescendiente que, a simple vista, por el tipo de canteado y forma, se apreciaba que no era lo que yo pretendía, porque no tenía ningún aparente trabajo de talla ni hechura antropomorfa —con similitud a la figura humana— que le permitiese darlo por válido. Lo cierto es que no dedicó mucho tiempo a examinar lo que yo le mostraba. Y la maqueta hecha con tanta ilusión y cartón, sólo probaba que era algo que yo había fabricado –quizá a mi antojo– para justificar mis ensoñaciones. Por eso no creyó en ello, no creyó en alguien que no estaba respaldado por una mínima trayectoria en la materia.

Al contrario que yo que, despechado y apesadumbrado por la respuesta, le insistía que, bien como mojón, bien como un simple bloque o lo que fuese, aquella piedra había estado en pie y unida en una sola pieza. Ninguna obra de la naturaleza sino algo tan humano como colosal. Y seguía insistiendo que era demasiado grande para un fin pastoril o el que fuese.

El menhir en la actualidad, con su refuerzo metálico.

Allí le dejé diapositivas, el informe –del que afortunadamente conservo una copia– y la réplica en cartón. Y regresé de Bilbao cabizbajo en aquel tren que casi no podía arrastrar mi inmensa desilusión. Afligido por no haber dado la talla y haberme sentido mirado como quien te dice “a dónde irá este pobre iluminado...”.

Pasados los años he escuchado que el mismo Apellaniz ya había visitado aquellas piedras en los 60, descartándolo como monumento megalítico. Sin duda por no haberse percatado del encaje entre piezas que yo sí que había visto.

Por eso soy ahora el primero que lo dio como menhir, con pruebas fehacientes y con un estudio planteado con un mínimo de método.

En Bretaña, intentando robar el menhir mayor del mundo (Locmariaquer) para traerlo a Gorbeia y ponerlo junto al más grande de Euskal Herria.

LA CIENCIA DE VERDAD. Sea como fuere, mucho tiempo después –22 años– de mis desventuras, el arqueólogo y amigo Juan Carlos López Quintana, en un estudio que realizó para el parque natural de Gorbeia, catalogó como menhir dicho elemento que, por cierto, alguien había movido de su estado original con una máquina para –dicen– comprobar si había algún “tesoro” debajo y haciendo de aquellos dos bloques, tres.

EL MENHIR. Declarado “bien cultural” por el Decreto 25/2009 del Gobierno Vasco (BOPV 6-3-2009) se encuentra catalogado y difundido por todo el mundo gracias a la labor y difusión del citado arqueólogo y todo el equipo de entusiastas que allí trabajó.

El menhir da Meada (Portugal) es con sus 7,15 m el más alto de la Península

En las excavaciones arqueológicas se acreditó la existencia de una nítida estructura constructiva en el subsuelo para encajar y fijar en vertical aquel descomunal bloque. Era un monolito además que, al contrario de lo que me alegó en su día Apellániz, estaba tallado para darle más esbeltez, por lo que no había duda: sus conocimientos habían demostrado lo que mis cartones de la caja de galletas no pudieron en su día. Las dataciones también ofrecían varios milenios de antigüedad. No había duda.

Ubicación del menhir en el macizo de Gorbeia

Viendo el potencial que aquel elemento arqueológico podía proyectar, se elaboró en 2010 un complejo proyecto de restauración y erección del menhir que se materializó en mayo de 2011, ahora ayudado por un corsé metálico que une las piezas.

EL SEÑOR DE LA MONTAÑA. Y desde entonces vive enseñoreado de nuevo en aquellos inhóspitos parajes. Porque los nobles siempre han de mostrarse en pie frente a sus súbditos. Y corta vientos y, con su arrogante verticalidad, humilla a las celosas líneas de los horizontes a las que ha robado todo el protagonismo.

Se dice también que pasa las noches contando estrellas, una por cada admirador que lo ha visitado en estos milenios de su prolongada vida. Y, pecando de vanidad, estoy seguro de que, entre ellos, se acuerda con especial simpatía a aquel chaval que, vestido con un libertario de lona amarilla y unos pantalones de peto de mahón, supo escuchar los lamentos de angustia que lanzaban aquellas piedras, lamentos que pedían desesperados ayuda para se le devolviese la esbeltez que en su origen había gozado.

Por lo que me toca, estoy orgulloso de él porque me eligió entre tantos pretendientes para desvelar sus intimidades ocultas durante siglos y siglos. Supongo que él también estará encantado conmigo, por haberle creído desde el primer día. Aunque he de reconocer que tuvo más suerte que yo: jugaba con la ventaja de no ser tan joven

Agur eta ohore, handi horri…

Agur eta ohore, handi horri… hace un año en un homenaje íntimo al gran menhir, intentando transmitir emociones al siguiente eslabón familiar. Porque, cubierto ese campo, los conocimientos llegan luego solos y sin esfuerzo.

Dedicado, a pesar de todo, con respeto a J. M. Apellaniz, por toda su aportación a nuestra cultura. Y con mucho amor a J. C. López Quintana y Amagoia Guenaga, los magos que resucitaron al gigante caído.

Ez adarrik jo


Montes bocineros… Asteburu honetan ere berriz ikusi izan dugu hainbat lagun mendi zehatz batzuetan elkartzen, asmo onenarekin, euripean errebindikazio nazional bat egiteko. Ez edozein menditan, sinboloak ondo hautatuta zeudelako, kondairak zehazten dituenetan baizik: Bizkaiko Kolitxa, Ganekogorta, Gorbeia, Oiz eta Sollube gailurretan hain zuzen ere.

Erdaraz “montes bocineros” ditugun horiek “mendi turututzaileak” edo, azken garaiotan eta gustu linguistiko hobeaz, “deiadar mendiak” deitu izan dira.

Deiadar mendiak, bai… Horrela esaten zaie, herritar askoren ustez, bertatik jotzen zirelako adarrak eta suak piztu, Gernikako batzarretara joateko deialdia egiten zenean. Baina… hori Gorbeiako artzain bati kontatzen badiozu barrez lehertuko zaizu badakielako praktikan Gorbeiaganan sua piztea ezinezkoa dela egun gehienetan. Eta piztuko bagenu, ia seguru, kea barreiatuko litzaiguke lainoen artean, misioa porrokatzen. Bestetik, egizue proba eta jo, bertan zaudetela, adar bat: 200 metrora ere ez da entzungo hain paisaia zabal eta haizetsuan… ez du ez hankarik ez bururik. Zergatik?

ASMAKIZUN bat delako hori guztia, nahiz eta hamaika tokitan eta wikipedian bertan horrelakorik topatuko dugun oraindik…

Foruak kendu zizkigutenean, euskal gizartean –ez soilik Bizkaian– depresio orokor bat egon zen, sentimenduen hutsunea, borrokatutako idealak eta lurraldea galduak zeudelako. Noraezean zebilen herria ginen, itxaropena akitua.

Horregatik, idazle, margolari, musikari, historialari eta abarren joera erromantiko bat hasi zen XIX-XX. mendeen bitartean eta joandako iragana inoiz baino gehiago goraipatu, irudikatu, jantzi eta idealizatu zen. Ad hoc asmatzen zelako. Dena zen loria eta dena epika gure iraganaz ari ginenean. Hori zen behar genuen salbazioa eta horri heldu genion indar handiz, egiazkotzat hartuta ipuina baino ez zena.

 

Idazle erromantiko horietako bat, Antonio Trueba idazle galdamestarra (1819-1889) izan zen, garai hartako Bizkaiko kronista entzutetsua. Eta hari zor diogu deiadar-mendien mito modernoa, bera izan baitzen lehenbiziz abiatu zuena. Horra arte ez zen existitzen eta hori eta gero mundu osora hedatu zen, emozionalki behar genuelako gure zauriak sendatzeko. Mito berria eraikitzeko, oinarritzat hartu zuen beti aipatzen zen esapide bat eta, bost zirenez bertan aipatzen ziren bozinak , primeran zetorkion bost eskualdeei erreferentzia egiteko.

Amboise (Frantzia) herriko errege-gazteluko xehetasun bat.

Alberto Santana historialariaren esanetan, batzarretako aktetan sarritan aipatzen den “tañidas las cinco bocinas y consintiendo en ellos todos los vizcainos se dio comienzo a la junta” esapidea, 1452. urtekoa da eta erreferentzia egiten die garaiko Batzar Nagusietako bost arduradunei, bertan zeuden funtzionario moduko batzuei.

Baina ez da inon mendiez eta mendi horietaz ezer aipatzen… ez dago beraz Erdi Aroko adar-deialdi fabulosorik… asmakizun berria delako.

Beraz, ospakizunetarako edo errebindikazioetarako nahi den guztia eta gehiago oraindik. Baina ez nahasi mesedez egiazko historiarekin. Bestela esanda, adarrak jo, bai, baina… ez adarrik jo!!