Un «azkonarra» en Laudio

Lo bonito de los tesoros es que siempre aparecen por sorpresa, cuando menos se los espera. Es entonces cuando la alegría producida por el hallazgo se multiplica hasta el infinito.

Uno de esos descubrimientos lo hemos tenido hace unas semanas en Laudio cuando, al acometer las obras de reparación del tejado en un antiguo caserío de Isusi, su propietario localizó bajo el alero un extraño elemento que no llegaba a identificar y del que no sabía nada. Tras la consulta realizada, y facilitada su correspondiente respuesta, hemos pensado que era oportuna la publicación de unas notas al respecto, para el conocimiento general, dado el gran interés cultural del objeto localizado.

Laudioko azkonarra. Aurreko aldea

Se trata de un objeto precioso, escaso y con la doble vertiente del patrimonio material —el objeto en sí— y el inmaterial, porque nos enlaza con antiquísimas creencias y supersticiones populares que ya habíamos perdido. Asimismo, a pesar de que estos elementos han sido muy comunes en nuestra cultura, son pocos los que se han conservado. Y los que perduran, se exponen en museos. No sería merecedor de menos nuestro ejemplar de Laudio ya que, a pesar de contar con una vejez de un cuarto de milenio, se conserva en buen estado.

Es un artefacto que suele conocerse en la cultura vasca con el término «azkonarra«. El nombre le viene dado porque es una pieza metálica adornada normalmente con una piel de “tejón” —azkonarra en euskera—, animal comúnmente conocido entre nosotros como «tasugo».

La denominación de «azkonarra» para nuestro artilugio la recoge ya R. M. Azkue en su celebrado Diccionario (1905), como palabra propia del occidente vasco: «Collada, melena, adornos que se ponen al yugo de los bueyes y que se hacen con la piel de tejón».

Y es que para nuestros antepasados laudioarras que utilizaban aquel aparato, no había nada más deseado y fastuoso que culminar el yugo de una yunta de bueyes con una piel de tasugo. Ante su escasez, también llegaron a usarse pellejos de perros o, como todos hemos conocido, unas pieles de oveja o carnero, con buena lana. Pero nuestra pieza es algo más que una piel.

Laudioko azkonarra. Atzeko aldea

La pieza metálica que la soportaba se amarraba con fuerza a la zona intermedia del yugo, elevándose sobre él, para así aportar más grandiosidad y presencia a la comitiva que encabezaba la pareja de bueyes. Por si ello fuera poco, el conjunto se complementaba con campanillas, cintas de colores y, como hemos dicho, la inexcusable piel de tejón que en nuestro caso va elegantemente cosida al aparejo.

La yunta se adornaba así para las ocasiones especiales, sobre todo para transportar el arreo con el que la mujer contribuía a su casamiento. Muebles, tejidos varios de lino, calderas, herradas, cerámicas… acumulados durante años eran la aportación para cerrar el matrimonio, acarreándose hasta el nuevo hogar, del que la muchacha comenzaba a ser parte inherente e indisoluble. Todavía se recuerda en Laudio alguna de aquellas comitivas.

Azkonarra, Bilboko Euskal Museoan

La función de nuestro «azkonarra» era la de purificar el entorno de maleficios, malas suertes o sortilegios para posibilitar que todo fuese próspero y venturoso en aquel nuevo enlace. Por ello, el conjunto iba culminado con una cruz que todo bendecía a su paso, marcando además la superioridad del dogma católico sobre el resto de elementos del conjunto, mágicos pero paganos, vulgares pero tan arraigados en la mentalidad popular que era impensable no incluirlos. Entre ellos, siempre había unas campanillas que tintineaban con el traqueteo de los bueyes.

Según las creencias de la época, con su sonido purificaban de malas influencias el entorno, especialmente de sortilegios brujeriles y males de ojo. Algo similar a los grandes cencerros con los que se depura el ambiente en algunos carnavales rurales. Al igual que las cintas de colores que ondeaban al viento.

A ello se sumaba el sonido chirriante de las ruedas del carro, cuanto más estridente mejor, pues en nuestra cultura aquel sonido agudo tenía la función de anunciar el paso de la comitiva pero, sobre todo, otra función muy estimada, ya que una vez más se creía que su sonido espantaba a las brujas y anulaba sus malas artes.

Azkonar bat

La preciada piel del tasugo cumplía la misma función. El hecho de tratarse de un animal muy común pero a su vez raramente avistado por los baserritarras—dados sus hábitos nocturnos— así como la creencia de que era un animal que procedía de las entrañas de la tierra, conviviendo con los seres “de la otra parte”, del más allá, le confirió desde épocas muy antiguas unos valores sobrenaturales, mágicos, en las supersticiones populares. Así, se pensaba que su presencia era el mejor remedio para ahuyentar el mal, en especial el temido «begizko» o «mal de ojo». Y es que todo en el tejón parecía tener poderes prodigiosos.

De ahí que las garras de tejón —algunas engarzadas en plata— colgadas al cuello de bebés o personas débiles fuesen un amuleto habitual entre los siglos XV-XVII. O que, de nuevo usado como talismán benefactor, encontremos sus cueros en cuadras o sus garras clavadas en las puertas de caseríos o usada su grasa en los remedios infalibles de los tratamientos de nuestra antigua medicina popular.

Garra de tejón engarzada para llevarla colgada al cuello como amuleto

Por eso, por sus grandes poderes mágicos, era por lo que tanto se ambicionaba la piel de tasugo colocada en elementos como el de nuestro nuevo tesoro. Ya recogieron hace un siglo los etnógrafos Azkue y Barandiaran, diciendo que los boyeros solían cubrir sus animales con piel de tejón, y «en zonas de Bizkaia y Gipuzkoa se consideraba un gran lujo el poner pieles de tejón sobre el yugo en los arreos de boda». Nada menos que para protegernos del mal de ojo, una influencia negativa que ejercen algunas personas, fundamentalmente las brujas, sobre otras personas, animales, cosas y actividades, por diversas caudas, en especial las envidias. Y no es extraño que hasta no hace tanto se atribuyesen las muertes de ganado, enfermedades, plagas en las cosechas y calamidades varias a un maleficio que no se sabía de dónde venía.

Azkonarra, tejón o tasugo.

Y nada más efectivo conocían nuestros antepasados para protegerse de tal amenaza como aquellos azkonarras, como el que casi milagrosamente hemos conservado en el siempre hechizante entorno del Yermo. Dos siglos y medio después, ya está con nosotros, bien protegido, estudiado y a buen recaudo: el azkonarra ha funcionado y una vez más nos ha sonreído la buena suerte.

El artículo, en versión bilingüe, se encuentra publicado en papel en la revista bimensual ZUIN (octubre 2019) del Ayuntamiento de Laudio.

El viaje de despedida del kuku

Dice la tradición popular que el kuku —cuco, cuculus canorus— es el único animal que sabe pronunciar su nombre. Un don que lo hace destacar de entre el resto de bestias de la Tierra y que ya nos ofrece una pista sobre su carácter casi humano o, yendo más allá, casi divino.

Sin ir más lejos, en mi entorno familiar (Laudio, Álava) siempre se ha creído que nos abandona el día de hoy, 29 de junio, San Pedro. Y para ello, acude primero a Murueta (un cercano barrio de Orozko, Bizkaia, de fiesta en esta fecha) en donde da cuenta de una opípara merienda antes de acometer el gran viaje a no se sabe dónde. Hay quien asegura que vuela a la misma Roma para escuchar misa en este día del titular del Vaticano.

Su deseada llegada se produjo supuestamente el 25 de marzo, coincidente con la simbólica fecha del embarazo de la Virgen, y nos abandona hoy, tras impregnarnos de buena suerte, tres meses después. El euskera recuerda bien esa exactitud de fechas con el refrán Sanjoanetan kuku, sanpedroetan mutu ῾cu-cu por fiestas de San Juan pero mudo por las de San Pedro῾.

Al sur de la península ibérica, fuera ya del ámbito de la cultura vasca, se comenta que es por San Juan cuando emprende su partida: Por San Juan, el cuco se vuelve gavilán. Y es que ha sido creencia generalizada que el cuco en realidad no migra sino que se metamorfosea para, haciendo uso de sus poderes casi mágicos, convertirse en gavilán durante el resto del año.

No es una creencia nueva sino ya constatada hace más de dos milenios por Plinio el Viejo. O cuando lo cita el griego Aristóteles para explicar desesperadamente que aquella superstición tan generalizada en su tiempo era falsa ya que, a pesar del parecido entre ambas especies, el cuco tenía las garras mucho menores y el pico sin curvar: no era una especie sino dos. Pero no parece que tuvo mucho éxito porque, a pesar de lo evidente de su razonamiento, aquella creencia pagana en lo sobrenatural del cuco ha superado siglos, religiones y diversas culturas para continuar aún arraigada en el ámbito rural popular. Todo un milagro…

En realidad, aquella semejanza entre el cuco y el gavilán que tanto desconcertaba a nuestros antepasados, no es sino es una estratagema de la evolución de las especies ya que, al poner los cucos los huevos en los nidos de otras aves (no hacen su nido sino que parasitan otros de otras especies menores), ganan con ese “disfraz” el tiempo necesario para hacer su puesta, pues las avecillas titulares huyen espantadas creyendo que se trata la rapaz depredadora y así no se percatan de la fechoría que el astuto cuco les acaba de hacer.

Pero, de vuelta a las creencias, quizá la más asombrosa y sobrecogedora que se ha asociado a esta ave casi divina, es la capacidad para dar o quitar vida.

En efecto, dentro de las creencias célticas europeas y en las que tanto tenemos para hurgar si pretendemos conocer en profundidad nuestra cultura, se creía que el cuco era un animal al servicio de hadas y otros númenes mitológicos. Y que tenían la capacidad exclusiva para volar entre el mundo de los muertos y el de los vivos tantas veces como quisieran. Disponían incluso de la capacidad de para profetizar y adivinar la duración de la vida de una persona o animal, cuando serían padres, etc. Era por tanto un ser que enlazaba el presente con el futuro como ningún otro animal.

No es extraño por tanto que, tras un salto de varios milenios, observemos aún actualmente que es suficiente con que un enfermo escuche el primer canto del cuco para librarle del riesgo de fallecimiento. Al igual que cualquier animal doméstico moribundo sanará si tiene la fortuna de escuchar el característico canto del ku-ku. Son estas creencias aún corrientes y que, sin ir más lejos, escucho en mi entorno habitualmente.

Tampoco creo que sea casualidad que, esa ave que porta la vida y la buena suerte, aparezca entre nosotros, según las conjeturas populares, el día del embarazo de María, el 25 de marzo. El comienzo de la vida, el arrancar de la naturaleza, el inicio de la primavera… aquello que traían las aves migratorias, txori onak, y que se convertía en prosperidad y felicidad, zoriona.

Por otra parte sabemos que en las Hébridas —archipiélago en la costa occidental de Escocia— cuando alguien escuchaba el cuco sintiendo hambre era un mal augurio y los problemas y desgracias recaerían uno tras otro sobre él. Pero sucedía lo contrario si se escuchaba con la tripa llena, saciado. Sin duda alguna es la misma superstición, tan extendida entre nosotros, de la necesidad de disponer dinero en el bolsillo cuando se le escucha por primera vez. Por cierto, no podemos dejar de hablar de Escocia sin citar las grandes piedras rituales cuyo origen se atribuye a un culto a la llegada del kuku.

Para finalizar, es su partida la que marca la entrada al verano, el fin de las estrecheces para dar paso a la abundancia que la naturaleza ya ofrece a raudales. Kukua etorri, gosea etorri; kukua joan, gosea joan decían nuestros antepasados vascos: ῾venir el cuco y viene el hambre; marchar el cuco y marcha el hambre῾. Por eso el verano y el posterior otoño son dos estaciones sin apenas rituales populares, porque no hay que pedir al destino una buena suerte que ahora campa por sí sola.

Y poco más que añadir. Tan solo el deseo de que nuestro kuku se esté dando ahora un buen banquete en Murueta de Orozko. También voy yo dentro de un rato a aquella romería, con la ilusión de verlo antes de convertirse en gavilán, antes de que emprenda el vuelo al mundo de los muertos, el de nuestros antepasados, esos que tanto añoramos y a los que tanto debemos en este tipo de creencias y supersticiones populares que no podemos olvidar. La vida o la muerte… el ser o no ser: esa es la cuestión.

Kanporamartxoa eta etxeramartxoa

Eliza bera izan zen karnabal hitzerako carne levare ‘haragia kendu’ etimologia Erdi Aroan proposatu zuena, egoki zitzaiolako justifikatzeko inauterien osteko Garizuma penitentzia-epea. Azalpen berekoa dateke Aratuste hitza, ‘haragi uzte’ esanahiarekin, Garizuma aurreko hiru egunak izendatzeko.

Urdaia da kanporamartxo jaian jan ohi dena. Ontzia, talo-aska bat da, Gorbeiako txaboletan oso elementu preziatua


Halarik ere, geroz eta gehiago dira bestelako ikuspegia duten antropologo eta ikertzaileak. Esate baterako, hainbat herritan ospatzen den aratuste-epea nekez murriztu liteke Elizak agindutako hiru egun zehatz horietara eta bai urte berriaren hasierara, naturaren iratzartzera. Euskal Herriko ahozko tradizioan ondo gorde izan da egutegi malguagoaren ustea: «En pasando San Antón, Carnestolendas son» esaera ezaguna da Nafarroan. San Anton, dakigunez, urtarrilaren 17an da. Euskarazko antzeko erreferentziak ere, baditugu: «Deitzen diogu onela urte berritik austerrerañoko denborari, eta beste leku batzuetan deritza: iñoteriak, iauteriak, aratuzteak, zanpanzartak» (Juan Bautista Agirre, 1803). Bestalde, gure geografiako herri-aratuste tradizionalen datei baino ez zaie begiratu behar. Harago oraindik, sasoi horren barruan kokatu beharko genituzke negu-udaberri bitarteko egun erritual guztiak: San Anton, Kandelaria, San Blas, Santa Agata, Inauteriak…

KARNA JAINKOSA. Karnabal hitzerako bestelako azalpenak proposatzen dituzten antropologoen artean, bada beste aukera etimologiko bat, geroz eta pisu gehiago hartzen ari dena: karnabal hitza Carna jainkosa zeltaren izenean errotzen dena eta, atzerago joanda, eguzkiaren semea zen Karna jainko indoeuroparrarekin. Carna zen naturaren iratzartzeari loturiko jainkosa eta bere ezaugarriak… babak eta urdaia ziren.

Herri zeltikoen kulturan, basoak erlijio eta sinesmenei lotuak zeuden


Urdaia da, hain zuzen ere, gure kanporamartxo neguko ospakizun zaharrean, basoan jaten dena. Neuk behintzat, ez dut uste kasualitate hutsa denik. Bestelako izenak ere baditu ospakizun berezi honek: sasikoipetsu, sasimartxo, kanporamartxo edo, beste barik, txitxi-burruntzi, okela-zatiak prestatzeko moduagatik. Hala ere, niretzat ospakizun horren izen adierazgarriena “Basaratustea” da, “basoan egiten den aratustea [inauteria]’.

Euskal Herriko Atlas Etnografikoan ondo dago jasoa eta irudikatua gure herri-usadio hau: «…el domingo anterior al del Carnaval tiene lugar una salida al monte en la que participan niños, jóvenes e incluso adultos formando grupos. Una vez escogido el lugar se enciende una fogata. […] Cuando el fuego ha producido brasa suficiente, se asan al calor de ella trozos de chorizo o de tocino. Para ello se introducen estos trozos en largas varillas, generalmente de avellano, a las que se ha afilado la punta a modo de un asador, burruntzi». Gogora ekarri behar da basaratustea ospatzen den datetan, basoan, biziberrituta agertzen den zuhaizka bakarra hurritza dela, loratzen den lehena delako. Berriro ere, ez dut uste kasualitatea denik.

Urdaia erretzen basaratuste jai batean, hurritza-makila batzuetan


Aratusteak, bestalde eta beste aditu askoren iritziz, lotura dute erromatarren Saturnal jai solstizialekin. Eta ezetz asmatu zein animalia sakrifikatzen zen haietan, Saturno jainkoaren mesedean? Ba… txerria. Beste behin, gure jaiko txerria.

TXERRI SAKRIFIKATUA. Txerria zelako –zaldia eta zezenarekin batera– Europa zaharrean, animalia sakratua, totemikoa. Horregatik agertzen da hainbestetan era sinbolikoan penintsulako esparru zeltikoan. Eta Bibliak gaitzesten bazuen ere –juduen pentsaerari jarraiki– ezin izan zuen ordeztu europarrok hari genion miresmena. Zergatik, bada, hain zeregin esanguratsua zen baserrietako txerri-hiltzea, gure inguruan txarriboda izen handinahikoa ere hartzera iritsi zen? Zergatik txerria, pertsonak bezala “hil” egiten dira? Zergatik txerriari eta ez beste animaliei hiltzearen garrantzia eta ospakizuna?

Txerria eta basurdea (eta galdu genuen bien arteko urdea), heriotzari, ezezagunari eta iluntasunari lotutako izakiak ziren erromanizatu gabeko Europako herrietan, animalia arruntak izatetik haragokoak.

Urdearen «sakrifizioa». Oloron (Biarno) hiriko katedralean, XII. mendean egina


Ez da kasualitatea, Demeter nekazariaren jainkosa erromatarra (gure Kandelario egunaren aitzindaria), basurdeez inguratuta islatzea ikonografietan. Edo Negua bera ikonografietan islatzen denean. Edo Erromanizaioaren aurreko Mikeldi bezalako idoloak txerri gisara interpretatu izana. Emankortasuna, berpiztea

Txerriak sakrifikatzen ei ziren behinolako kultura haietan, basoari eta naturari eskaintzan, mesedea itzul ziezaguten. Eta ez dezagun “sakrifikatu” berba “hiltze” esanahi soilarekin ulertu, sakrifikatu askoz gehiago delako: sakrifikatu “sacrum facere” delako, ‘sakratu bihurtu’. Horixe da gure basaratuste jaki koipetsuaren esanahia.

ETXERAMARTXOA. Gorbeia inguruko haranetan, bestalde, Kanporamartxoa basoan eginda, ondoko igandean Etxeramartxoa ospatzen zen –gaur egun ia galdurik dago– etxean jate-liturgia bera errepikatuta. Hau da, erritualaren bitartez lortutako “zorte ona” oihanetik etxera eramaten zen, esparru basatitik domestikora, bestelako izakien unibertsotik gu gizakionera. Eta etxeramartxoak ematen zion hasiera hiru eguneko Aratusteari.

MARTXOA. “Martxo” hitz hori zer den ez dakigu zehazki. Batzuek “aratuste” esanahi zuzena duela diote, intuizioan oinarrituta. Azkuek (1905), interpretazioetan arriskurik hartu gabe, ‘Domingo anterior a Carnaval’ zela jaso zuen Arrankudiaga eta Orozko inguruetan. Nik, aitzitik, lasai asko proposatuko nuke Enkarterrin, Kantabrian eta Burgosko iparraldeko hainbat herri txikitan mantendu den Las Marzas udaberri hasierako jaiarekin, bere izenarekin: gure Santa Agata bezperako koruen eta joaldunen inauterien arteko nahasketa da. Bat letorke, horrela balitz, basaratuste, “aratuste” osagarriagatik, zerbait baldin badira “marza” horiek, herri inauteriak dira.

Basaratusteak dira, azken finean, basoari egindako eskaintzak


Nolanahi, edozein azalpen emanda, susmoa dut gure basaratustea, kanporamartxoa, sasikoipetsua, sasimartxoa… oso kontu sakona dela. Jai egun batean umeekin urdai edo txorizo zati bat jatea baino askoz haragokoa. Ezingo dugu sekula ere egiaztatu, “zibilizatu gabekoen ohitura basati” horiek ez zirelako inoiz idatzian jartzen. Bai ordea ahozko transmisioan. Baina hori ere lapurtu zigun modernitateak, basoarekiko errespetu eta mirespena bezala. Geroztik, txerriak hil egiten ditugu eta ez, merezi bezala, “sakrifikatu”…

2 de febrero: más que bendecir velas

Acabo de regresar de bendecir unas velas porque hoy, 2 de febrero, es su día: Día de Candelas o Candelaria. Y no unas velas cualquiera sino unas expresamente compradas para la ocasión en la cerería Donezar de Iruñea, el último establecimiento artesanal que se dedica a aquella labor gremial que conoció mayores glorias que hoy. Porque en días especiales como hoy todo capricho parece poco.

Las velas bendecidas en esta fecha tan señalada adquirían un poder mágico, sobrenatural y se usaban –junto al agua bendita– como desesperado último auxilio frente a aquellas situaciones que superaban lo humanamente alcanzable y que, por ello, necesitaban de la intercesión divina.

Velas artesanas de Donezar, en plena actuación milagrosa contra la tormenta de viento y granizo que hemos vivido en el mismo día de ser bendecidas

Encender una vela que se había bendecido un 2 de febrero era la mejor de las soluciones para hacer que una tormenta se aplacase, para que no descargasen su temible fuerza los rayos, para retornar al cauce habitual un desbordado río o aminorar la fuerza del mar que amenazaba a los marineros, para ayudar a los moribundos agonizantes a poner fin a su existencia corporal, para orientar a las almas de nuestros difuntos a la hora de regresar a casa en fechas como Todos los Santos o Navidad u otras que andaban penando, errantes en cruces y rincones, por no haber cumplido una promesa en vida o cualesquiera otra razón. Igual que para ahuyentar brujas y otros seres maléficos cuando crujía el caserío, temblaban las tejas o se mostraba especialmente inquieto el ganado. Porque las velas y la cera en sí estaban consideradas como el más apropiado vínculo material para enlazar los humano con lo divino, lo terrenal con lo celestial.

Bendición de las velas en la parroquia de San Padro de Lamuza (Laudio)

 

RITOS PREVIOS. Pero en el fondo, como siempre suele suceder con nuestros ritos y creencias, bajo esta fiesta cristiana –que por otra parte conmemora la presentación de Jesús en el templo tras cumplir los 40 preceptivos días de purificación tras el parto– subyacen otros símbolos de creencias más arcaicas, ancestrales si se quiere, previas a la cristianización y que nos transportan a lo más intenso, puro y esencial de nuestra cultura y existencia. Vamos a repasarlas aunque sea someramente.

Realmente las velas que algunos madrugadores hemos bendecido hoy representan la victoria de la luz frente a las tinieblas, de lo humano frente a lo no humano y mitológico, de la primavera frente al invierno, del bien frente al mal o, por simplificarlo, de la vida frente a la muerte.

No es casualidad que el 2 de febrero coincida en una concatenación de días rebosantes de rituales con los que buscamos una vida mejor o la misma la supervivencia: Candelaria,  San Blas, Santa Águeda, carnavales rurales, basaratuste (ofrendas al bosque)… Sin duda estamos en el epicentro del calendario de nuestra simbología tradicional, en ese punto de inflexión en el que hay que dar paso a la vida frente al mal y la oscuridad.

EL OSO. En toda Europa existe la creencia popular de que el día de hoy es la fecha en la que el oso abandona su hibernación para salir de la madriguera (la marmota en las Américas).

Nuestros antepasados, sin duda, lo percibirían como la reaparición del mal, no solo por los daños que como alimaña les causaba, sino porque surgía de las cavernas, de las entrañas de la tierra, de la oscuridad en donde reina el mal y los seres mitológicos no humanos. Hay por ello quien apunta que quizá muchos de nuestros gentiles o basajaun avistados en los bosques serían en realidad osos, interpretados por aquellos atemorizados personajes que les tocó vivir tan duras condiciones.

Tampoco es casualidad que la misma doctrina cristiana ubicase el infierno, el diablo… en un idealizado interior de la tierra, readecuando para su beneficio las antiguas creencias previas. El mal, por ello, reaparecía estos días desde los avernos de nuestro mundo.

Apresamiento del oso en carnaval rural de Ituren, carnaval 2019

 

CARNAVALES. De ahí que las representaciones populares de los carnavales rurales, los de verdad, culminen en muchas ocasiones con el apresamiento y muerte del oso, tras una purificación del entorno con el sagrado sonido de los grandes cencerros: Vijanera, joaldunak de Ituren y Zubieta, Markina… Simbolizan así la victoria del bien sobre el mal, de lo humano sobre lo divino… de la vida sobre la muerte. Así es que disfrutad de esta fecha que nos transporta mucho más allá de la bendición de unas simples velas: es el fin del invierno y a partir de estas fechas renace una vez más la naturaleza que nos mece en nuestra existencia. No es pequeño motivo para una celebración

 

 

 

Otsein gosetuak

Ugazaba zital eta ankerrenak ere errespetatzen zien Gabonetan etxera itzultzeko baimena.

Otseinak ziren, duela gutxira arte figura arruntak, egun eskandaluzkoak izango liratekeenak. Zehatzago azalduta, otseinak baliabide urriko familietan jaiotako umeak ziren, gehienetan eskasiagatik behar bezala elikatu ezin zitezkeenak eta, beharrak bultzatuta, mantenu soilaren edo ogerleko batzuen trukean dirudunen etxeetara zerbitzatzera zihoazenak.

Otsein izena Euskal Herriaren mendebaldekoa zen, bizkaierakoa. Eta geroago kridu edo krida [‘criado’ / ‘criada’] entzun baditugu ere, behinola berba orokortua izan zen. Ogi eta sein hitzen batuketa krudeletik datorkigu eta agerian uzten digu norainoko miseria duen bere barnean: ogiaren truke lan egiten zuten ume txikiak. Bai, seinak «umeak» zirelako.

Arrotz zuten etxe batean urte osoan beharrean zeuden sabela betetzearen trukean. Dirudunekiko morrontza, gurasoek eskaini ez ziezaieketen biziraupena bermatzeko. Eta denboran ez da hain kontu urruna…

Gaztelaniaz ere, paniaguado antzeko hitza dugu, morroi zihoana pan y aguaz ateratzeko bizibidea.

OTSEIN. Bikain asmatu zuen izena Bergarako lantegi hark 1941. urtean jaio zenean, baldintzarik gabeko zerbitzariak ekoiztea zutelako helburu, etxetresnak ez zirelako lan-zamaz kexatzen, ez zutelako opor beharrik. Benetako otseinak ziren.

Otsein ikuzkailua iragartzeko publizitatea. Lava sola leloa adierazgarria da ulertzeko zer zen otsein bat

 

Obra gorena, enpresa sortu eta hamar urtera (1955) kaleratu zuten: etxeetarako lehenengo ikuzgailu automatikoa Estatu osoan, sekulako iraultza ekarri zuena eta geroko Balay, Newpool, Fagor… markei bidea ireki ziena.

Otsein markako ikuzkailua

Orain Amerikako Hoover empresa-taldearekin bat eginda dago gure marka komertziala. Eta ezer ez da lehen zena. Etxetresnak ere ez dira gaur asmatzen inoren otsein izateko, ia senitartekoak direlako. Baina bai ditugu gordeak agertu ziren garaietako oroitzapen kolektiboak, begirunez gainera. Gabonetan etxera irribarretsu eta “eguberri on” esaka itzultzen ziren ume lander haiek bezala… egun bereziak ziren, goserik gabekoak: agian gaztain erreak ere egongo ziren sutondoko mahai oparoan.

 

Kanpaia min dagoenean

Bizien eta hildakoen arteko mugaketa zorrotza kontzepzio modernoa da gure artean, duela gutxira arte, ez zirelako mundu bi horiek zerbait estankoa, erabat irekiak eta elkarrekiko iragazkorrak baizik.

Gai horretaz jardun behar nuen joan den zapatuan, Orozkoko Olarte auzuneko eliza zoragarriaren elizpean, halaxe egitea enkargatu zidatelako betako museoan. Gau ilunean eta argizari baten laguntza bakarraz… Baina ez zen asmoa erabat bete, ilargia ere harro azaldu zitzaigulako bertan geunden guztioi, inoiz baino distiratsuago, akaso zakar zebilen hego haizeari protagonismoa kendu nahian. Baina argizariko argiak, duin bete zuen bere eginbeharra, uneoro sugarra kulunka ibili bazen ere. Ezin zitekeen giro aproposagorik asma, heriotzari buruz eta euskaldunok haren inguruan eraiki genuen unibertso sinbolikoari buruz aritzeko.

Han botatako kontu guztien artetik, bat bereziki dut gogoko, gure etxean gertutik bizi izan dugulako: herioak bizidunak bere mundu ilunera eraman aurretik, helarazten dizkigun zantzuak, helduko denaren abisu modukoak.

Horretarako, soberan nekiena beste behin entzutera hurbildu nintzen gurasoen etxera, denborak iraganik eta etorkizunik gabekoa dirudien sutondo hartara. Barikua zen, diru-gose ustelak «ostiral beltza» izendatutakoa. Eta hantxe zeuden gurasoak, elkarri begira, tarteka sua hauspotzen, denbora eta bizia bera igarotzen uzten. Haritik tiraka, gogoz hasi ziren bilatzen nuena kontatzen.

Txakurraren gaueko ulua, heriotzaren iragarlea da

 

TXAKURREN ULUA. Txakurren bat uluka ari bazen gauean, berehala hilko zen auzuneko pertsona bat. Amak berretsi zidan esanez seinale hori hutsezinezkoa zela: hala jazoko zen, nahitaez. Antza, txakurrek usaimena sano garatua dute eta herioaren presentzia usnatzeko gauza dira. Badakigu, bestetik, herioa gauez dabilela, iluna delako bere mundua. Etxe-abereak ere artega zeuden ukuiluan, berehalako ezbeharraren seinale ziren une berezi horietan.

Txepetxa, etxe inguruetan dabilen zoritxarreko txoria da, herioa erakartzen duelako

 

TXEPETXA. Zoritxarrekoa zen ere txepetxa txoria —gure inguruan epetxa deitua: chochín gaztelaniaz eta troglodytes troglodytes izendapen zientifikoan— eta, ikusiz gero, ahalik eta azkarren tragatu behar zen. Edota bere habia suntsitu. Ha etxe inguruan ibilita, norbait hilko baitzen.

HONTZ ZURIA. Eta zer esan hontz zuriaz, bere aiene beldurgarriak entzuten zirenean etxeko leihoan… gizakion argiak dituztelako gogoko eta bentanetara hurbiltzen direlako ahal duten guztietan, beste aldekoak diruditen garrasiak botatzera.

OILARRA. Bestalde, ezagun dute ez zela auzokoontzat zantzu lasaigarria oilarrak «ordu txarrean» kukurruka entzutea, hau da, ilundu berritan edo, behintzat, ez espero zitekeen egunsentian.

Badirudi nire gurasoek dakizkiten heriotzaren zantzuen zerrenda animalietara mugatzen dela. Eta seguru asko aurretik izan ziren beste batzuk ahaztuak dituzte betiko. Horien artetik aipatzekoak dira hitzaldia eman nuen Orozkoko Olarte auzunean Jose Miguel Barandiaranek berak jaso zituena 1923. urtean, garai hartarako oso zaharra zen Pedro Mª Sautua auzokoaren ahotik.

Aurretik aipatu ditudan nire etxeko sinesmenez gain, hauek jaso zituen Ataungo apaizak, elizako kanpai-hotsei lotuak.

KANPAI-HOTSA MEZAN. Haietako bat da mezako kontsagrazioaren unean kanpaiek jotzen baldin badute: «…es señal de muerte próxima si el alzar de la hostia o del cáliz coincide con el toque de la hora del reloj de la misma iglesia«.

KANPAI MINA. Bestalde, eta niri gehien gustatzen zaidana, herioaren bisitaren zantzua zen kanpai-hotsa normala baino gehiago luzatzen zenean, oihartzun moduko batez. Horri, kanpaia min egotea esaten zaio bertan. Min, triste, goibel, etsituta, penaturik… omen du soinua, antzematen delako bere seme-alabetako bat iluntasuna nagusi den bizilekura bidali behar izanagatik.

«Cuando, después del toque de las campanas, se oye resonancia prolongada (kanpaia min dagonian=cuando la campana está dolorida), es señal de que alguno de la vecindad morirá pronto». Kanpaia min dagoenean… zein esapide eder, zein humanoa, zein goxo… Sano ederra, beste barik.

Olarte (Orozko) auzuneko eliza. Bertan jaso zuen ohitura hau J. M. Barandiaranek 1923. urtean. Atzean, Itzina (Gorbeia), Mari jainkosaren bizilekua. Argazkia: Indalezio Ojanguren, 1952

 

Gaur astelehena da. Eta lehengo zapatuko hego-haizea, euri eta hotz bihurtu zaigu gaur. Beti delako horrela. Hego haizeak, ezinbestez dakarrelako euria atzetik. Bata bestearen hutsezinezko antzua delako. Gorago aipatutako heriotzari buruzko gure uste tradizional horiek bezalaxe…

Letra hauek argitaratu eta gurasoenera joango naiz berriz, argia lehenbiziz ikusi nuen etxera. Eta esango diet zein esker onekoak diren kontatzen dizkidaten bizipen horiek guztiak. Eta zenbat maite eta behar ditudan. Trukean neu arduratuko naiz, basorantz uxatuz, etxe inguruan epetxik ibili ez dadin. Nirekin batera luzaroan nahi ditudalako ama eta aita, aita eta ama.

Eta kanpaiak… ez min ez alai: gure etxean ez dira entzuten. Guztion onerako…

 

 

Zizak eta sorginkeriak

Ez dakit gaur gauean sorgin-akelarreren bat egon ote den gure etxe ondoko lorategian. Edo, egunari erreparatuta –Domu Saindu eguna–, arima herratu eta sumindu batzuen batzarra. Baina zerbait berezi jazo da: ziza batzuk ageri dira bat-batean eta ustekabean, biribil moduko batean jarriak.

Etxe ondoko lorategian agertu zaigun zizez osaturiko sorgin-biribila

 

Gure antzinako sinesmenen arabera –baita ni jaio nintzen Laudio herrian ere–, horrelakoetan uste izaten zen sorginen bileraren bat egona zela aurreko gauean. Edo arimena… Zizek eta onddoek beti izan dutelako misterio kutsua gure tradizioan. Zergatik? Basoa hiltzearekin batera –udagoienean– ugaltzen direlako, basoko hilotzetan dutelako bizi-substratua, gizakiak hiltzeko ahalmena dutelako, berezko haluzinogenoen bitartez beste mundua bisitatu zitekeelako edo, beste barik eta nire gaurko kasuan bezala, erein gabe eta bat-batean agertzen direlako. Gauetik egunera… Magia hutsa, lilura… sorginkeria.

ZIZAK ETA HERIOTZA
Zizek zituzten heriotzaren zantzu horiek berehala bihurtu zituen naturaz gaindiko izaki, era guztietako ahalmen bereziekin apaindua.
Horregatik egiptiar kultura zaharrean, jaungoikoentzako janaritzat hartzen zen. Edo Grezia eta Erroma klasikoan, soldaduei ematen zitzaizkien borroketan hil ez zitezen, arestian aipatu bezala, hilezkortasuna zelako zizen ezaugarria, beraiek zirelako herioa eta biziaren arteko zubia. Arrazoi hagatik, hutsik gabeko afrodisiakotzat jo zuten, betiko gaztetasunaren eramaileak zirelako.

Phallus impudicus izeneko ziza. Grezia eta Erroma klasikoan afrodiziakotzat zituzten zizak

 

ZIZAK ETA DEABRUKERIAK
Aurrekari horiekin, Kristautasunak ez zituen zizak begirunez ikusten. Eta berehala egotzi zien deabrukeriekiko harremana. Horrela, Erdi Aro osoan, ziza eta onddoei buruzko era guztietako azalpen bitxi eta harrigarri zabaldu ziren. Ez da arraroa, bada, gure ume garaiko ipuinetan naturaz gaindiko izakiak –sorginak, ipotxak…– zizez beteriko ingurunetan bizitzea: Erdi aroko uste haietatik datorkigun ondorea da.

Etxe ondoko biribileko zizak

 

Nolanahiko azalpenak zeuden, zein baino zein harrigarriagoa. Batzuek zioten Deabruak sortutako izakiak zirela. Eta bere existentzia maltzur herratuan, atsedena hartzeko esertzen zen tokietan hazten zirela zizak. Baina Txerren ikusezina zenez, gizakion artean inork ez zuen ikusten. Hala ere, zenbaitetan apo itxura hartzen zuen eta jauzi-jauzika zebilen basoan barrena. Eta lurra ukitu bakoitzean, bere igarotzearen lekuko, hazten zen ziza bat. Bestalde, jainko haserretuek lurrera botatako oinaztarriek eragiten zituztela uste izaten zen: tximistak jotzen zuen lekuan bertantxe azaltzen ziren.

Erlijio gehiegikeria haietan girotua, garaiko teologo batek (san Alberto Magno, XIII. mendean) argudiatu zuen zizak eta onddoak Lurraren arnasketa zirela, beherago zegoen infernuaren hatsa hain zuzen ere.

ZIZAK EUSKAL KULTURAN
Aurretik aipatutako sinesmen orokor horiek alde batera utzita, badira bestelakoak, han-hemenka egindako ikerketa etnografikoetan azaldu direnak eta, guretzat bitxiak direnak Euskal Herrikoak direlako.

Haietako batek esaten digu nola, eskuarki, zizak eta onddoak biltzea gizonon ardura izan den… Nafarroa Behereko hainbat herritan izan ezik. Han emakumeek eta umeek batzen zituzten eta gizonek eginez gero, igande arratsaldean izan behar zen, behin meza entzunda. Seguruenik, zizak izaki madarikatutzat hartzen zirelako.

Gaur goizeko etxe ondoko ziza-borobila. Gaztelaniaz ere corro de brujas edo corro de hadas esaten zaie

 

Luzaide (Nafarroa) aldean, halaber, oso sinesmen polita dago: “beste aldeko landareak” zirenez, behin gizaki batek ikusita, lilura galtzen zuten eta harrituta moduan geratzen ziren. Horregatik hobe zen lehenbailehen jasotzea, ikusiak izan eta gero, ez zirelako gehiago hazten.

Bestalde, Facebook-eko lagun batek kontatu zigun lehengo egunean bere aititari (Ibarra, Gipuzkoa) entzuna ziola basoan ez zirela ziza guztiak jaso behar, bestela bertako zuhaitzak gaixotu egiten zirelako ezinbestean. Galeraren bihozminak jota seguru…

Zira-biribilak eta sorginkeriak. Irudiak: otrodiaperfecto.com webgunea

 

Eta oso gustatu zitzaidan ohitura hau, beste behin gogora dakarkigulako basoekiko eta, oro har, naturarekiko euskaldunok izan dugun maitasunezko eta hartu-emanezko tratua. Noiz eta nork madarikatu gintuen hain aberasgarri eta atsegingarriak ziren gure existentziaren kontzepzio eta balore haiek galtzen uzteko…

Ez nau harritzen sorginak edo, batek daki, arima herratuak ere haserre agertzea gure etxe ondoko lorategiko ziza-biribilean…