Arantzbaltz, la nevera olvidada de Gorbeia

De entre los pueblos de Gorbeia, Zeanuri fue el gran perdedor en el negocio de la explotación de la nieve. De ahí quizá que, hasta su más emblemática y monumental nevera haya quedado en olvido, incluso para sus habitantes. Rescatémosla…

UN PUEBLO SIN SIMAS. La mala suerte hizo que, al contrario que los pueblos de Areatza u Orozko, no contase Zeanuri con simas adecuadas para acumular nieve en invierno y venderla en verano, el gran negocio del momento. Y así, a duras penas podía competir por suministrar al gran cliente: Bilbao.

ORAITURRI. Así, mientras los demás municipios contaban ya con prósperos pozos de nieve, Zeanuri hubo de buscarlo muy alejado —un gran impedimento para el negocio— del punto de venta e incluso de la residencia de los empleados. Por ello comenzó a suministrar desde una nevera en Oraiturri, muy próxima a Gorbeiagana —la cruz— pero no sin problemas pues se litigó durante tiempo por estar enclavada en Zuia. Por ello, por su explotación, hubo pagar cuantiosas cantidades de dinero.

Tras las casas del barrio de Undurraga (Zeanuri) y la posterior cumbre rocosa de Aldamin, se aprecian las nieves cercanas a Gorbeiagana, lugar en donde estaba la nevera de Oraiturri que, a pesar de estar en Zuia, explotaba Zeanuri.
____________________________________________________________________________

LA FATÍDICA NEVERA DE ARRABATXU. Por lo alejado y costoso de aquella, también lo intentó habilitando otra nevera en otra sima llamada Arrabatxu, Arrabakoatxa o Aginenbekoa ubicada en las conocidas campas de Arraba. Pero pronto percibió Orozko (1744) que aquello era una competencia para su negocio de suministro de hielo y litigó por ella durante años, por entender que se encontraba dentro de su jurisdicción. Y así se entendió (1749), dando los jueces la razón a Orozko. Rabiosos, viendo que se les esfumaba aquel productivo negocio, los zeanuriztarras siguieron explotándola e incluso recurrieron al corregidor de Bizkaia para hacer una nueva delimitación entre municipios. Y se hizo (1756) pero, una vez más, se les negó la razón.

Pero, en honor a la verdad, hemos de decir que aquella sentencia quizá no fuese justa ya que por Orozko pleiteaba el potentado Tomás Epalza Olarte, ilustrado que llegó incluso a ser gobernador de Bizkaia y que era un eslabón de aquellas cadenas personales con las que la Corona controlaba y administraba su reino.

Así es que, no conformes con el fallo judicial y aferrándose a la que entendían que era «su» nevera, debieron darse diversos conflictos, pues el juez recurre a una solución drástica nunca vista hasta entonces: «no ha de tener jamás uso, ni de ella se ha de aprovechar ni usar una ni otra comunidad [en referencia a Orozko y Zeanuri] y se ha de cegar y terraplenar a costa de ambas repúblicas [ambos municipios] y ni nunca jamás ha de poder hacer, ni tener, ni usar de nevera alguna dicha república de Zeanuri en toda la dicha campa y sel de Arraba» (1751).

El mazazo debió ser tremendo para los zeanuriztarras ya que no solo se les imposibilitaba usar aquella nevera sino que se les impedía construir otra en todo su terreno de Arraba. Injusto y abusivo, sin duda… Por ello se negaron a acatarlo y se les insiste un año sí y otro también hasta que, por fin, veinticuatro años después (1775) se cumple y se rellena toda la sima. Curiosamente en el mismo año en que la nevera de Zaratate —la más grande nevera de Orozko y de Euskal Herria— se moderniza y se hacen obras con nuevo tejado, etc.

NUEVA NEVERA DE ARANTZBALTZ. Y así es como las autoridades de Zeanuri debieron buscar desesperados otra posible nevera y, aunque alejada, incómoda y por ello poco competitiva, la localizaron en la sima de Arantzbaltz, sobre Igiriñao y elevada en las laderas hacia Gorbeiagana.


En verde, el recorrido para llegar hasta la espectacular nevera de Arantzbaltz, partiendo desde las campas de Arraba y por Igiriñao
____________________________________________________________________________

No sabemos de la fecha de la construcción porque no contamos con documentos al respecto en Zeanuri. Pero, como decimos, debió ser inmediatamente posterior a la orden de cierre de aquella nevera de Arraba y que, por la descripción que se hacen de los apeos, sospecho que estaba bajo el escarpe vertical que de Gorosteta cae sobre Arraba.

De ese modo, debieron acometer las obras para acceder a aquella alejada sima, con la adecuación de un camino de herradura que atraviesa el paraje y que culmina con cuatro grandes curvas construidas en mampostería y así poder salvar el desnivel hasta el fondo de la dolina.

El descenso a la dolina en cuyo fondo se haya la sima-nevera se hace por un camino en zig-zag, construido en mampostería. Grupo de la visita de 10 de octubre de 2019, dentro de las Jornadas Europeas de Patrimonio ____________________________________________________________________________

En el exiguo archivo histórico de Zeanuri, contamos con muy pocos —poquísimos— documentos antiguos. Ninguno que hable de esa nueva nevera o su construcción. Pero sí con un escrito del síndico procurador general de la villa de Bilbao dirigido a la anteiglesia de Zeanuri para tratar del precio de la nieve que comprarán a dicha anteiglesia porque «…necesitará esta dicha villa por los cuatro días de corridas que se esperan hacer el próximo mes de agosto para su consumo». Nada menos que 2.736 kilos de hielo han de entregarse cada uno de los cuatro días en Bilbao, por lo que debemos entender que la nueva nevera ya funcionaría.

Pero siempre será una incógnita pues hasta 1852 no se documenta como tal y con certeza. A partir de ahí continuamente se acuerdan y publican las condiciones para la explotación del negocio de la nieve, con los dos pozos municipales que una y otra vez se repetirán en la documentación: Arantzbaltz (Aranz Balz) y Oraiturri (Ora Yturri).

Arantzbaltz y Oraiturri eran las dos neveras que explotaba mediante concesión el ayuntamiento de Zeanuri ____________________________________________________________________________

EL SERVICIO DE LA NIEVE. La adjudicación se hacía mediante una puja pública, un remate
«a vela muerta» y así, «encendida […] la velilla de costumbre para la admisión de las pujas cada uno de las que bajaría dos reales en libra [hasta que] se apagó naturalmente».

El ganador se comprometía a tener sin falta de hielo «…en todos los días de romería de ermitas de esta anteiglesia, que serán San Juan, San Pedro, San Pablo, Santiago, Santa Ana, San Justo, San Lorenzo y los días primero, segundo, catorce, quince, diez y seis, diez y siete, veinticuatro, veinticinco y veintiséis de agosto y ocho, veinte y nueve y treinta de septiembre».

La entrega siempre se haría, como recogen insistentemente las cláusulas, en «una casa de la plaza de Ibarguen» sobre la que luego volveremos.

POR TRECE KILOS. Al margen de las festividades citadas, el contratista «tiene asimismo obligación el rematante de proveer la nieve a cualquier vecino que en cualquier día de la semana lo solicite siempre que para el pedido avise al rematante con veinticuatro horas de anticipación y la cantidad que se pida sea mayor de trece kilogramos de nieve». Siempre, eso sí, entregada en «el barrio de la plaza, en una de las casas del núcleo del mismo para la mayor comodidad del consumidor».

Operarios transportando a sus espaldas sendos bloques de hielo, en una nevera de montaña en Gipuzkoa ___________________________________________________________________________

La nieve, claro está, «ha de ser bien apisonada y en las condiciones que es de costumbre para el aprovechamiento que generalmente se hace de ella en la época de los calores». Sabemos por otros lugares que el hielo se pesaba en destino —había que evitar por tanto que se derritiese en el transporte— en unas «balanzas abujereadas para que se escorra el agua» (Iruñea, 1664).

EXCLUSIVIDAD. La concesión de la explotación de las neveras de Zeanuri implicaba que nadie más pudiese apilar ni comercializar con la nieve en todo el municipio. Ni siquiera con la disculpa de regalarla, para evitar fraudes. Y si alguien lo incumplía era sancionado con una multa que embolsaría el contratista. Pero también sería sancionado éste si alguna fiesta o vecino se quedase sin su suministro. En este caso la multa se utilizaría para reparar caminos públicos.

DECADENCIA Y ABANDONO. Nunca fue la explotación de las neveras de Zeanuri de gran interés comercial al margen del ámbito local. Los vecinos municipios de Areatza y sobre todo Orozko contaban con más y mayores neveras, con las que monopolizaban el comercio del hielo y sus precios. Poco podían hacer aquellas neveras de Zeanuri, tan alejadas y con unas dimensiones tan limitadas.

La instalación de la primera fábrica de hielo artificial en Bilbao (1880) supuso por otra parte el comienzo del fin de nuestras neveras.

Así, se percibe un menor gusto y detalle en la redacción de las condiciones para pujar por la exclusividad del negocio de la nieve en Zeanuri. Incluso, para acortar distancias en el transporte —el principal defecto de las dos neveras tradicionales— y suponemos que por la disminución del volumen de hielo solicitado, Zeanuri oferta junto a las otras una nueva «nevera de Lekanda» (1897) que hasta entonces no había existido. Y ya en 1902 se recoge la última oferta pública para la explotación de los pozos, insistiendo como en los últimos años en que «el rematante, al cesar el remate, dejará completamente limpia la nevera llamada de Lecanda». Hasta el punto de entrega ya es vacilante en este último año, pues indica que «la venta ha de tenerla en el término de la Plaza o en una de las casas del núcleo de la misma» no en la que siempre habío sido exclusiva para ello.

EL NOMBRE. La primera referencia moderna de esta nevera la tenemos en el estudio de Salbidegoitia y Barinaga (Kobie, 1974) pero ni la visitan ni describen sino que la citan de oídas como «Nevera de Gorbea«. Posteriormente, en el catálogo Neveras de Bizkaia publicado por la Diputación Foral de Bizkaia (1994) se cita como Arratebaltz en el título pero como «nevera de Egiriñao» [Igiriñao es la forma más correcta de este topónimo]. Y en mis antiguas anotaciones de campo (1985) tomadas junto a mi amigo Juanjo como «sobre Zastegi«. Al margen de ello, se ha usado Neberatx —por el nombre de una peña cercana— o Aranbaltza o Aranbaltz.

Su nombre es en realidad Arantzbaltz pues así es como aparece sin excepción alguna en la documentación hasta hace apenas un siglo. En referencia a «espinos» y no a «valle» como habíamos pensado. A ellos se les añade el término «baltz» ‘negro, oscuro’.

LA NEVERA. Consiste en una sima vertical de unos 10 m de profundidad con una boca de 3 x 5 m aprox. Se encuentra en el extremo de una gran dolina a la que se desciende por un camino construido en zig-zag de cuatro curvas y con un desarrollo de 110 m de larga. En la parte superior de la dolina y de dicho camino se aprecian los restos de una cabaña que, por el grosor de sus muros, no ha sido obra ni de carboneros ni de pastores, por lo que entendemos que era la que daba servicio a la nevera.

Asomadas a la profunda sima de la nevera, en un entorno húmedo y fresco en donde nunca alcanza el sol ____________________________________________________________________________

Grupo de la visita de 10 de octubre de 2019 (Jornadas Europeas de Patrimonio) en el fondo de la dolina. A su espalda, la sima de la nevera ____________________________________________________________________________

CASA DE IBARGUEN. Tal y como se repite insistentemente en toda la documentación, la nieve se entregaba y vendía de modo indefectible en una casa concreta de la plaza de Ibarguen. Nada ni nadie sabe hoy en día de esa casa en Zeanuri ni ha oído hablar de dicha función, a pesar de que, como hemos visto, se usó con tal fin hasta al menos 1902.

Herriko Etxea, casa pública (s XVIII) en donde se encontraban la alhóndiga, matadero, balanzas… Con seguridad, este era el lugar en donde las condiciones de la concesión obligaban a entregar los bloques de hielo bajados de las neveras. En primer plano, una antigua garrafa vasca, para hacer las limonadas de las fiestas ____________________________________________________________________________

Haciendo pesquisas en la documentación de las fogueraciones del XVIII —gracias, Galé y Gorrotxategi— habíamos localizado una casa. Y en efecto parece que fue ella, hoy en día Casa de Cultura, muy próxima a la casa consistorial. Era conocida como «Herriko Etxea» —gracias de nuevo, Ander Manterola— y sin duda es una aportación de aquellas décadas de la Ilustración, pues su función era la de alhóndiga, matadero, pesajes, etc. públicos. Todavía son apreciables las diversas estancias y este gran portal, solucionado por una bella columna, tan típico de lugares de compraventa, tratos y similares. Sin duda, hablamos del mismo lugar.

Casa consistorial de Zeanuri y, al fondo, la casa alhóndiga en donde supuestamente se entregaba la nieve. Hoy hace las funciones de Casa de Cultura ____________________________________________________________________________

EL SALTO A INTERNET. Así es como damos por fin una referencia de esta nevera que, inaudito, no contaba hasta hoy con una sola referencia en Internet. A pesar de estar en el macizo de Gorbeia, cercano al punto culminante, uno de los lugares más visitados de nuestro país. Ni ninguna publicación sobre su historia. Se dejo olvidar, morir, quizá avergonzados porque aquella fue la nevera que quiso y no pudo ser, la solución a una resolución judicial que humilló al pueblo de Zeanuri. En cualquier caso, es la gran olvidada en nuestra historia. Y por ello, en mi personal cruzada quijotesca contra el olvido, en el mes de octubre pasado organizamos una concurrida visita al lugar, dentro de las Jornadas Europeas de Patrimonio para darla a conocer y ponerla en valor. Dentro del numeroso grupo, curiosamente, nadie había de Zeanuri. La gran olvidada… sin duda.

Durante todas estas décadas de soledad nuestra monumental nevera ha permanecido derrumbada, desgarrada, abandonada. Tan solo se ha acordado de visitarla, acariciarla y quererla la nieve que, con sus mejores blancas galas, acude cada año para yacer junto a ella en el lecho de la historia. Nunca se ha interrumpido entre ellas el vínculo de amor que las ha mantenido unidas. Caminemos pues con sigilo que ya es invierno y la dama nívea estará a punto de aparecer.

Cuando baila el sol

Es creencia popular que el sol, rebosante de alegría por ser su festividad, aparece bailando en la madrugada del día de San Juan. Un sol femenino, como corresponde a la cultura vasca, y que se empodera(ba) hoy más que nunca sobre el mundo de lo maligno, siempre acechante desde la noche y oscuridad. Por eso hoy es la fecha con docenas de rituales ofrecidos al sol, porque hoy vence el bien sobre el mal, la luz sobre las tinieblas, el firmamento divino sobre los avernos demoníacos… Y en esas estamos.

Posiblemente se trate de una costumbre cuyo origen se remonte a la prehistoria y a las celebraciones relacionadas con el solsticio de verano. Y sería de tal arraigo que consiguió sobrevivir al raseo de la cristianización, a pesar de haber usado para su suplantación su artillería más pesada, nada menos que san Juan Bautista, el antecesor de Jesucristo, no con ciertas coincidencias con lo que hasta aquí nos ha traído: es él precursor que purifica el alma y el cuerpo con el agua del bautismo. Lo mismo que se hacía —y hace— con el sol, fuego, agua, rocío, plantas… del día de San Juan.

 

Eguzkia dantzan, pozik San Joan eguna bere eguna delako

A GORBEIA
Una de dichas costumbres, ya olvidada, era la de ascender a la cumbre de Gorbeia (1.481 m), punto culminante de los territorios vascos de Bizkaia y Araba, para admirar cuán grande era ese día el amanecer. Es sobrecogedora e inequívoca la descripción que da Pascual Madoz al hacer su Diccionario Geográfico que elaboró entre los años 1845 y 1850, con las respuestas a sus preguntas, remitidas desde todos los pueblos. Dice así en la entrada «Gorbea»: «Principalmente el día de San Juan Bautista suele ser extraordinaria la concurrencia que para los primeros albores del día se halla ya en la cima, esperando la magnífica salida del sol».

He escuchado a algunos pastores mayores el recuerdo del baile que luego hacían en el entorno de Igiriñao —majada previa a las grandes rampas que nos llevan a la cumbre— aquellos que descendían de la cumbre junto a los más remolones que habían optado por quedarse allí, con peores vistas del amanecer.

Casualmente también el poeta y músico laudioarra Ruperto Urquijo (1875-1970), que tan bien describe escenas de los primeros años del siglo XX en sus canciones, es quien nos habla de aquella cándida romería en las alturas, aprovechando las excursiones en sus estancias veraniegas en el balneario de Areatza:

«Pañuelo al cuello, faja de seda, pantalón blanco limpio y plancha[d]o. Hala Ana Mari, a cuándo esperas, los txistularis ya han empezado, en todo el valle los txistus suenan, toda la gente va hacia Iturriotz. Van a la fuente, van de verbena, aúpa Ana Mari vamos los dos.
Vamos todos hoy de madrugada a la fuente clara, cantando a un compás, allí haremos chocolatada, cantando canciones de amor y paz.
Vamos todos a la bella fuente donde los pastores apagan su sed. Vamos todos como fueron siempre, vamos a la fuente porque San Juan es.
Levanta Ana Mari no tengas galbana que ya apunta el alba y las cuatro son. Levanta Ana Mari que en esta mañana es lo más grandioso ver salir el sol».

La fuente a la que hace referencia esta extraordinaria descripción es la de Igiriñao, la última en el ascenso hacia la cumbre, cercana al lugar del baile, y que se conoce como Iturriotz o incluso Lekuotz, porque —insisten todos los pastores más mayores— es su agua tan fría que a mucha gente le ha dado un pasmo al beberla. Por ello hay que extremar las precauciones…

También es reseñable la referencia de Juan Manuel Etxebarria Aiesta en su obra Gorbeia inguruko etno-ipuin eta esaundak-II (2016) relatando una vivencia [usando la traducción que ofrece el autor] de uno de sus entrevistados: «Ahora él va siempre que puede a la cruz del Gorbeia a dormir bajo la cruz en la víspera de San Juan. En la mañana de San Juan, se levanta, pisa descalzo el rocío matutino, observa la salida del sol, saca unas fotos y desciende. Dice que desde la cruz del Gorbeia aparece el sol por encima del Anboto, un poco hacia el Oiz, justo por encima del llamado “el paso del diablo”, el famoso paso peligroso del Anboto».

 

Anboto eta munduko mendiak, eguzki berria besarkatzen

EL BAILE DEL SOL
Los más dados a la ciencia opinan que, en efecto, sí se producen unas refracciones en los rayos solares que aparentan cierto movimiento del astro. Por tanto no va del todo descaminada esa creencia extendida por toda Europa y es que, una vez más, tampoco la idea del baile del sol es exclusiva nuestra.

 

Ardiak, bazkan pozarren, egun berria heldu delako

Especial arraigo goza, aún hoy en día, en las zonas rurales de Galicia: «No día de San Xoán, baila o sol pola mañán» dice su celebrado refrán. Allí lucharon inútilmente durante décadas contra esta creencia un gran número de ilustrados y eruditos. Con poco éxito…

Es llamativa la desesperada reflexión del fraile predicador Benito Jerónimo Feijoo que, en 1740, la tildó de creencia ridícula: «Lo que baila el sol esos días, es lo que baila todos los demás del año en las mañanas claras y serenas; y es que al salir se representan sus rayos como en movimiento, o como jugando unos con otros, y esto quiso el vulgo que fuese bailar el sol».

DESDE GORBEIA
Al publicarse estas notas estoy en la cumbre de Gorbeia, pasando la noche previa a San Juan en su cumbre, para ver desde este púlpito el grandioso amanecer sobre el macizo de Anboto. Hay algún que otro nostálgico más que aún mantiene la tradición…

Porque a las costumbres, creencias y tradiciones, es decir, a lo que en esencia somos, hay que velarlas en dura vigilia para poder sentirlas, interiorizarlas y fundirnos con ellas, del mismo modo que los caballeros habían de hacer con sus armas antes del nombramiento o el cetrero con su nuevo halcón.

Y aquí estoy, locamente enamorado, esperando que la simpar doncella Eguzki me haga perder el sentido al concederme uno de sus milenarios bailes…