Beber en bota y amar el vino

[EUSK] Ardoa ez da berez txarra, gehiegikeriaz edatea baizik. Are gutxiago zahatotik edaten baldin bada. Horra nire gogoeta afektiboa, doako tutoretza bat oparian, zahatotik gutxieneko duintasunez edateko teknikak agertzeko. Hau guztia, jakina, konfinamenduan aspertzearen ondorioa da. Beraz, umorez eta egarriz gozatu.
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[CAST] No es malo el vino sino su exceso. Menos aún si se bebe en algo tan entrañable como la bota. Reflexión afectiva que incluye un tutorial gratuito para beber en bota con un mínimo de decencia técnica. Producto todo ello del aburrimiento en el confinamiento. Para disfrutarlo por tanto con humor y sed.

Ser SINSORGO

A pesar de ser un vocablo tan nuestro, no pertenece al euskera sino que es una palabra castellana que se edifica en base a otra de euskera: no la usan los euskaldunes sino los castellano-hablantes.

Se trata de sinsorgo, tan común entre los vascos, pero extraña a oídos de alguien de fuera de nuestras fronteras, ya que también su uso en el castellano es geográficamente muy restringido.

Al utilizarla, hacemos referencia a algo o, sobre todo, a alguien ‘insustancial, de poca formalidad o fundamento’ o incluso ‘imbécil’, si bien lo común es usarlo en un modo cariñoso, no con el fin de herir o afrentar. Al ser propia del castellano, admite distinción de género: sinsorgo para masculino y sinsorga para el femenino.

Por otra parte una sinsorgada —siempre usada en femenino— es un ‘acto propio de un sinsorgo/a’. La palabra sinsorgada, común entre nosotros, no está sin embargo recogida como propia del castellano.

El origen de sinsorgo está en el euskera zent(z)urge, surgida de la suma de zentzun ‘sentido, juicio’ y ge, ‘sin’. Es decir y traducido literalmente, ‘sin sentido’.

La partícula —ge añadida a un sustantivo implica la negación de éste. Así, kolorge es ‘sin color’, indarge ‘sin fuerzas’, etc. Está relacionado con el primitivo bage de donde, por una metátesis o cruce involuntario ente consonantes, se convierte en el gabe que hoy usamos en el euskera unificado o batua. Y de la variante bage + rik proviene el bagerik o barik característico del euskera occidental o dialecto vizcaíno.

¿Y cómo pasa la —n final de zentzun a la r de zentzu-r-ge o sinso-r-go? No es nada extraño en euskera al entrar en composición con otra palabra. Es lo mismo que nos sucede con jaun ‘señor’ pero jauregi ‘palacio’, literalmente, ‘lugar del señor’.

Pues nada, que seguís siendo tan sinsorgos/as y que nunca cambiéis.

Podéis ver una explicación más a la ligera en el siguiente vídeo: https://youtu.be/QjeqBPiCNVE

El «pan jaiko»

Con el nombre de pan Jaiko se denominaba un pan especial que, con fines más allá que el simple alimento, se consumía en Laudio en día de hoy —Domingo de Resurrección en el credo católico— y mañana. Es poca, poquísima, la gente que lo recuerda y por ello queremos hablar de él, en especial por dar testimonio de esa denominación inédita jaikoy que sin duda hace referencia al carácter ‘festivo’ del mismo, a partir de jai ‘fiesta’.

En lo morfológico, era un pan más plano que lo habitual y con forma de triángulo, características que lo hacían inconfundible.

Mi padre (1934) y madre (1941) lo recuerdan de su infancia como un pan especial, muy apreciado que, de vez en cuando y sin fechas concretas, se cocía aprovechando la hornada de pan semanal. Otra tía mía —Carmen Olabarria (1938), del caserío Kastañitza— recuerda afortunadamente con más detalle cómo su madre Felisa Arza (1915-2001), les preparaba aquel pan para estos días concretos, domingo y lunes pascuales, adornándolo con un huevo en su centro. En lo personal, me ha resultado imposible recabar más información, a pesar de haberlo intentado con bastante gente.

Felisa Arza (1915-2001) preparaba el característico pan de tres puntas con un huevo para sus hijos. Era el pan jaiko, propio de las fiestas pascuales

Sabemos por informaciones de otros municipios que se trata de la Pazkopila —’torta pascual’— y que se ha conocido con otras denominaciones populares como ranzopil (San Román de San Millán), arrazobi (Agurain), arraultzopil (Ganboa), mokotza (Gorozika, Zornotza, Arratia), mokorrotea, paskopille (Bermeo y Busturia), Cornite (Santurtzi), besotakoi (Zerain), kaapaxue (Elosua-Bergara), karapaixo (Arrasate, Eskoriatza), garapaio, karrapio, Samarko opila (Oiartzun, en referencia a San Marcos, 25 de abril, día en que se repartía), morrokua (Dohozti), adar-opil (Bera)… según recoge el Atlas Etnográfico de Vasconia en todos los territorios de Euskal Herria, a través de infinidad de encuestas sistemáticamente realizadas hace varias décadas.

PADRINOS Y MADRINAS. Nombres como el de besotakoi de más arriba — de besoetako ‘padrino’ o ‘madrina’— nos advierten de otra característica, olvidada ya en Laudio, y que consiste en la costumbre de que ese pan lo regalen padrinos y madrinas — en especial las madrinas— a sus ahijados. Simboliza probablemente el hecho de que, suceda lo que suceda en la vida, se garantiza la continuidad familiar porque, como sabemos, los padrinos son los sustitutos legítimos en caso de fallecimiento de los padres.

Esta costumbre no es en absoluto exclusiva de Euskal Herria sino que es de carácter general: «pola Pascua os padriños regálanlles ós afillados ovos, roscas ou bolos de pan» (Carlos Sixirei, 1982)

Pan jaiko elaborado para la ocasión por la panadera artesanal Aida Fuentres Iza, a semejanza de las mokotza de Arratia. El de Laudio era —según los escasos testimonios disponibles— más plano y con un solo huevo central o ninguno y sin chorizo. Aunque con seguridad no existían cánones rígidos y la variedad sería amplia

TRES PUNTAS. No descartaría en absoluto que esas tres puntas que caracterizan a la mayoría de los panes pascuales citados representen la Trinidad, el sanctasanctórum irresoluble de la multiplicidad de la divinidad cristiana. Tampoco que nuestro pan esté directamente ligado a la liturgia cristiana: no olvidemos las oblatas u obladas, ofrenda que se lleva a la iglesia y se da por los difuntos, que regularmente es un pan o rosca.

Tres es asimismo el número mágico en la cultura vasca, la cantidad concreta de vueltas que no se pueden dar a una iglesia, cementerio o casa si no queremos caer en una maldición eterna. Como tres eran las vueltas que debían dar a un árbol aquellas personas que deseaban convertirse en brujas.

De todas formas, también existen estos panes con forma alargada, redonda, de rosco, etc: se trata de lo mismo.

SÍMBOLO EQUINOCCIAL. El pan es el alimento con más variedad de carga simbólica y ritual entre todos los que existen. Pero, además, en esta ocasión incluimos el huevo, famoso «huevo de Pascua» en infinidad de culturas, y que representa el nacimiento o, mejor dicho, el renacimiento, la inmortalidad o la eternidad.

Todo ello se corresponde con las primigenias fiestas de culto al equinocio que acabamos de superar, cuando la luz, una vez más, ha triunfado sobre la oscuridad y nos promete prosperidad y abundancia, bien simbolizado por el huevo.

Aquellas fiestas paganas son adoptadas para sí por la Iglesia, difuminando el sentido original, y adaptándolo a sus necesidades. Pero están íntimamente ligadas. De ahí que nuestro Domingo de Resurrección —hoy— sea el primer domingo posterior a la primera luna llena de la primavera, es decir, tras el equinoccio que da paso a la primavera.

ABERRI EGUNA. La Pascua en sí es una fiesta de origen judío y rememora en su origen el rescate y liberación que Yahveh hizo del pueblo judío que estaba en manos de los egipcios. Idea que, dicho sea de paso, sirvió como modelo a Sabino Arana para declarar este domingo como fecha del renacimiento de la patria vasca o Aberri Eguna.

Tanto el huevo como el pan jaiko simbolizan el renacer de la luz y la vida. Es ese el sentido que Sabino Arana, basado en los textos bíblicos, quiso dar (aunque nunca lo confesase expresamente) en su ideario al Aberri Eguna, día de la patria vasca, celebrado en el Domingo de Resurrección .

También aquella Pascua judía rememoraba el cuarto día de la creación del mundo y que según el Génesis, separó luces y tinieblas y organizó día y noche, luna y sol o, entre otras, las estaciones del año, dando prioridad a la luz que había de gobernar el universo.

Imagen de la celebración de la pascua judía que, además del cordero sacrificado (ritual de fertilidad), incluyen el huevo y un pan fino. Imagen: Shutterstock (tomado de la red).

Con el mismo sentido del resurgimiento de la oscuridad y muerte hacia la luz y vida eterna, plantea el cristianismo posteriormente la resurección de Cristo el día de hoy.

JAIKO. El nombre laudioarra de jaiko ‘de fiesta’ hace sin duda referencia a un aspecto olvidado hoy: la salida de un período largo de penitencia —la Cuaresma, al igual que la fiesta de salida del Ramadán musulmán — que se celebraba con el repique de campanas que han permanecido silenciadas durante la Semana Santa y, sobre todo, con el consumo de carne, normalmente cordero —o cabrito—, acompañado del vino y la alegría que se habían prohibido hasta entonces.

Tal era el gozo de este día que, en otros lugares lejanos (Arzúa-Coruña, Lugo…) documentamos cómo las mozas rompían en la calle los cacharros más viejos o deteriorados y hasta lanzaban huchas de barro por encima de la imagen de la Virgen que era sacada en procesión (Cacheda Vigide, 1989). No sería extraño que en Euskal Herria se hubiesen dado muestras de júbilo similares.

Era la liberación de las ataduras, de las penurias y renacía la vida. Sin duda, en el ámbito popular vivida como una fiesta de los placeres humanos, mucho más allá de la idealización de la resurrección de Cristo.

También somos conscientes de que, con estas líneas, rescatamos de las tinieblas del olvido el testimonio y la denominación jaiko, resucitándolos para darle una nueva vida, otra oportunidad, también ahora pensando en la prosperidad primaveral y en la eternidad de nuestra cultura tradicional.

Por qué los gitanos acentúan pápa y máma

El habla y acentuación característica de la comunidad gitana es fácilmente reconocible y muy dada a imitaciones por nuestra parte, la de los payos.

Cuando lo hacemos, pronto nos valemos de términos diferenciadores como lo son la acentuación de pápa y máma en lugar de los más aceptados papá y mamá.

Pero eso que nos hace tanta gracia, es en realidad una muestra de fidelidad que el pueblo gitano ha mantenido respecto a las formas originales, menos dados a dejarse llevar por modas que lo que hemos hecho los payos.

Bella imagen de igualmente bella gitana. Obra del farmaceútico y fotógrafo oscense Ricardo Compairé Escartín (1883–1965)

MAMA. En origen se acentuaba máma en castellano pero, en cierto momento de la historia, parecía burdo y poco refinado que se denominasen de igual mama (madre), mama (ubre) y mama (del verbo mamar), lo que daba lugar a no pocas mofas.

Por eso se recurrió a imitar el delicado estilo del francés, paradigma de la exquisitez en aquellas épocas, una lengua con tendencia a acentuar la última sílaba de las palabras. Y así se creó una mamá mucho más elegante y chic que la original máma. Aunque, todo hay que decirlo, en algunas zonas de España, de Sudamérica y en esa habla gitana, se mantiene aún la acentuación primigenia.

PAPA. Algo similar sucedió con la versión masculina, que no levantaba cabeza desde la importación de la patata desde el continente europeo, un alimento en origen para cerdos y animales, no de consumo humano. Coincidían de ese modo papa (patata) con papa (padre) y papa (mandatario de la Iglesia), lo que tampoco lo hacía muy digno. Y, por la misma razón, se pasó a papá, dándole así la excelsitud que hasta entonces parecía faltar al concepto de paternidad.

Ese cambio fue bien asimilado en la sociedad civil. Pero no en la eclesiástica que, con su raigambre, se negó a variar el acento del «santo padre», el Pápa.

PATATA. Tal el grado de influencia de la Iglesia que, para no verse mezclada su santidad el Papa con el tubérculo americano, lo celestial con lo terrenal, forzó el cambio de su denominación.

Por ello, en una mezcla entre lo que en origen y hasta entonces se llamaban papas y las batatas —otro tubérculo—, fueron rebautizadas con otros nombres que evitasen las coincidencias. De ese modo surgieron los nuevos términos patata o pataca — muy usada en Galicia— que han llegado hasta nuestros días. Y sobre la denominación del Papa del Vaticano, pues eso: podéis ir en paz. Demos gracias a Dios…

Por cierto, las acentuaciones mamá y papá, a la francesa, las introdujo en Madrid la corte borbónica en el siglo XVIII. Ya se ve que, desde su origen, los de esta estirpe poco de utilidad han aportado a la Humanidad.

Así es que… menos mofarse del habla gitana y más a aprender de ellos, que tienen mucho que enseñarnos en esto de la insumisión frente a los inútiles.

Orígenes del Dolumin Barikua de Laudio

El poderosísimo primer marqués de Urquijo (Estanislao Urquijo Landaluce, 1816-1889) ocultó en la medida de lo posible que sus orígenes estaban en una humilde familia baserritarra de Murga, Ayala. Era una realidad que deslucía el título nobiliario que, con él, había instaurado en 1871 el rey Amadeo I.

ORÍGENES HUMILDES. Un nuevo rico, pero no un noble de raza,  algo que jamás pasaría por alto la aristocracia de rancio abolengo con la que se relacionaba. Dedicó Estanislao toda su vida a cometer grandes empresas políticas y empresariales, con gran éxito, tanto que amasó una ingente fortuna económica, algo inconcebible hasta el momento. Pero… no dejaba de ser hijo de unos vulgares campesinos.

PARTIDA BAUTISMAL. Misteriosamente, su partida bautismal está arrancada del libro de registros de la parroquia de Murga, un suceso que siempre se ha relacionado con la voluntad de ocultar su raigambre humilde y campesina. Un gesto para desvincularse con un pasado que, en cierto modo, le resultaba deshonroso.

Tampoco se puede obviarse el modus operandi con el que consiguió muchas de sus innumerables propiedades y caseríos, ejerciendo de prestamista y aprovechándose de la situación de miseria de algunas familias baserritarras, dejándolas en muchos casos arruinadas y desahuciadas.

Sin embargo, no podía evitar aquella irrefrenable pasión por el cultivo de la tierra, llenando de plantas, árboles y vides sus propiedades. Porque le brotaba desde los genes ya que, desde muchas generaciones atrás, no era sino un simple agricultor.

CONCIENCIA. Ese conflicto entre el ser y el no ser le debió atormentar hasta el último de sus días, sabiendo que había repudiado algo tan noble y digno como el ser agricultor. Conocería aquella frase del clásico Cicerón (106-43 a. C.) que decía que «La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre». Y le remordería en su fuero más íntimo.

Siendo como era Estanislao una persona de fervorosas convicciones religiosas, a medida que avanzaba su vida, se vería cada vez más incomodado por esas dudas que martillearían su conciencia. Y con ellas dejó este mundo el 30 de abril de 1889.

TESTAMENTO. Toda aquella lucha interna parece reflejarse en su testamento, bien enfocado desde las primeras disposiciones no a la salvación de su ingente fortuna, que poco valía en el más allá, sino al rescate de su alma, a la redención de sus pecados. Por ello, nos habla desde un principio de encomendar su alma a Dios, de mostrar humilde y sin boatos su cuerpo en el funeral, de encargar nada menos que 20.000 misas rezadas por la salvación de su alma, así como inconmensurables donaciones a entidades religiosas y de beneficencia. Y, entre todos esos mandatos píos, nos llama la atención el encargo testamentario de ayudar, promocionar y premiar económicamente a agricultores y ganaderos de la comarca. Un reencuentro quizá entre las dos caras de una misma realidad: lo que había intentado ocultar frente a arrogante aristocracia pero que no podía esconder ante Dios. Daría así una solución post mortem a aquellos remordimientos que tanto le pesaban.

Retrato de Estanislao Urquijo Landaluce, el hijo de campesinos que llegó a ser noble, el primer Marqués de Urquijo (La Ilustración Española y Americana, 1882)

1890. Así, al año siguiente de su deceso y en cumplimiento del mandato de primer marqués, se acordó en sesión de 7 de mayo de 1890 de la Junta de Caridad del Valle [de Laudio] instaurar unos premios en diversas categorías para estimular el sector agropecuario comarcal como nunca se había hecho. Es el germen de lo que luego sería la renombrada Feria de Viernes de Dolores o Dolumin Barikua.

Quizá por su fecha de fallecimiento un 30 de abril, próxima al Viernes de Dolores — viernes previo a la Semana Santa — de aquel año y por reforzar aquella fuerte devoción cristiana, se instauró esa fecha como día de los premios. Participaban baserritarras de la comarca pero también tomaban parte en las compraventas gente de Gasteiz, Cantabria, etc. ya que la feria alcanzó gran renombre.

Hay que decir que, por las circunstancias puntuales de cada momento y dado que era una iniciativa en cierto modo privada, no se llevó a cabo todos los años. Lo mismo que nos sucede en esta ocasión, el viernes 3, con motivo de la pandemia de coronavirus.

Placa acreditativa del primer premio de 1909 expuesta en la fachada del caserío Errekakoa en el camino de Katuxa-Ibarra en Gardea. Fabricada en hierro colado, cuyo negocio controlaba el marqués. Es este caso, se trata del segundo marqués, Juan Manuel Urquijo Urrutia, sobrino del primero.

PREMIOS. Las primera edición constó, a modo de prueba, de 17 categorías consistentes en labranza, árboles frutales, toros del país, vacas del país, toros de raza suiza, vacas de raza suiza, yuntas de bueyes, terneras hasta un año, novillas, parejas de novillos de 2 a 3 años, yeguas, mulas, potros, berracos de raza extranjera, cerda con crías, cebones y, para finalizar, «recría de cebones en mayor número».

Con el paso del tiempo, la feria fue evolucionando y adquiriendo gran arraigo y éxito, tanto entre la población baserritarra que acudía al evento con sus mejores galas y productos, como en la más urbana, que gozaba de aquel encuentro con el añorado mundo rural.

Retrospectiva de la feria de Viernes de Dolores con un toro semental premiado

MUNICIPAL. Por ello, al decaer la influencia local del marquesado, fue el mismo ayuntamiento de Laudio quien se hizo cargo de la feria a partir de 1950, algo que ha llegado hasta nuestros días. Una fiesta grande, de ambiente, de las de animar el alma.

CARNE Y BULA. Aunque no tengamos pruebas documentales de ello, siempre se aseguró que el marqués había conseguido una bula especial, expedida por el mismo Papa y que permitía comer carne en esa fiesta en Laudio, a pesar de ser un viernes de Cuaresma, de rigurosa vigilia. Se aprovechaban bien de ello los que habían de cumplir con el rito de la «robla» que ponía fin a la compraventa del ganado.

DENOMINACIÓN. Para finalizar, me gustaría hacer una referencia a su nombre de Dolumin Barikua, algo que nos parece tan «de siempre» pero que en realidad no lo es. El nombre oficial de la feria fue el de Viernes de Dolores desde sus orígenes. Una referencia religiosa que, en el euskera de nuestro entorno, ha sido conocida como Doloreetako Barikua. Pero, en el renacimiento tras la dictadura franquista, se buscaba un nombre más pomposo y culto, tan brillante como el mismo evento, así es que desde el ayuntamiento se adoptó como equivalente en euskera el nombre de Dolumin Barikua en 1984, haciendo así un acertado guiño al euskera occidental popular. Desde entonces, todo es paz y gloria. Seguro que también en el alma de Estanislao.

NOTAS

A pesar de que «se hiciese desaparecer» la partida bautismal de Estanislao Urquijo Landaluce, sí entregó una copia certificada de la misma para poder formar parte del Senado, así como otra documentación diversa (pinchad sobre los enlaces).

Algunas de las informaciones dadas ya las publicó el investigador local Juan Carlos Navarro Ullés en el programa de la feria de 1990, con motivo del centenario del evento.

La propuesta de la denominación en euskera se debe a Joan Mari Iriondo Goti, uno de los grandes impulsores de la recuperación del euskera en aquellas épocas. Eskerrik asko bioi, bihotz-bihotzez.

Santa Ines, bart egin dot amets

Hasta hace un siglo todavía era habitual escuchar conversaciones en el euskera local de Laudio. Es entonces, cuando el sacerdote, etnógrafo y lingüista R. Mª Azkue recogió una expresión con la que se calmaba a la gente, especialmente a los niños, tras haber sufrido una pesadilla.

Decía así: Andra Santa Ines, bart egin dot ame(t)s: ona bada, berorren partez; txarra bada, bat bere ez. (‘Señora Santa Inés, anoche he tenido un sueño: si es bueno, gracias a su merced, si es malo, nada de nada’).

Era la fórmula popular que usaban nuestros laudioarras para depurar aquel cuerpo incomodado mientras dormía, el remedio para calmar a los asustados paisanos que habían pasado el mal trago de una pesadilla. En otras poblaciones frases casi idénticas se repetían tres veces al acostarse, a modo de protección contra los malos sueños.

Azkue da esta jaculatoria más arriba citada como propia de Laudio pero no deja de ser una de las muchas variantes que, añadiendo unas palabras o fragmentos del texto protector, circulaban por toda Euskal Herria. Daños colaterales de la transmisión oral…

LAS PESADILLAS. Los sueños y especialmente los malos, las pesadillas, eran interpretadas por aquel entonces como una intromisión de entes malignos en nuestras conciencias, una especie de ocupación corpórea, siempre aprovechando la falta de atención al dormir y el ambiente nocturno, el hábitat por excelencia de los entes diabólicos y malhechores.

SANTA INÉS. Se da por hecho que el recurso específico a Santa Inés, se debe sin más a lo adecuado de su nombre para rimar con amets ‘sueño’, ya que en otras tantas versiones frases similares se recitaban en alusión a San Andrés. O incluso a la Virgen de Codés en la zona navarra. Pero es Santa Inés la que se impone sobre todas las demás en ese uso popular contra las pesadillas.

Asimismo, lo cierto es que la figura de Santa Inés fue muy venerada en el País Vasco de otras épocas.

INÉS RUIZ DE OTALORA. Lo que es menos conocido es que esa santa es un personaje histórico real, propio de Euskal Herria: se trata de Inés Ruiz de Otalora, una piadosa arrasatearra, de clase social alta, fallecida en Valladolid en 1607 con unos 40 años de edad como han demostrado los estudios realizados por Aranzadi bajo la dirección del conocido antropólogo forense Pako Etxeberria.

Inés Ruiz de Otalora era viuda de Rodrigo de Ocáriz, también mondragonés y grefier —una especie de secretario— de la Casa Real de Felipe II en Valladolid.

Los hijos que habían tenido Inés y Rodrigo fallecieron siendo niños, por lo que no tuvieron herederos.

Sabemos además que el cuerpo de Inés recibió sepultura en el convento de San Francisco de Valladolid pero, sabiendo que su última voluntad había sido la de descansar eternamente en su villa natal de Mondragón, se exhumó el cadáver para proceder a su complejo traslado hasta la villa guipuzcoana. Desde entonces, allí reposa junto a su esposo, en la capilla que la adinerada familia construyó en el interior de la iglesia parroquial de San Juan. La conocen allí como Amandre Santa Ines.

Pero ¿de dónde su santidad? Fue al desenterrarla para el transporte, cuando observaron que su cuerpo se mantenía incorrupto, momificado, algo que se interpretó como milagroso. Pronto el rumor se extendió como la pólvora y su leyenda de santidad fue creciendo, más cuando cuanto más alejados en el espacio y el tiempo.

Imagen del cuerpo momificado de Inés Ruiz de Otalora, Santa Inés, foto del Diario Vasco de 09 11 2018, con motivo de unas visitas guiadas. El cuerpo, no visitable, se encuentra en una capilla familiar situada en el lado de la epístola de la parroquia de San Juan de Arrasate (Gipuzkoa)

CUERPO INCORRUPTO. En la mentalidad de aquella época, un cuerpo incorrupto se interpretaba como un designio celestial que, por la razón que fuese, había decidido que aquel cuerpo debía permanecer y eternizarse en la Tierra a pesar de estar su alma en el Cielo de los justos. Porque aquel resto humano había sido elegido para repartir bondad entre los humanos, para hacer de interlocutor entre la tierra y el cielo, para ser el transmisor directo del mensaje del dios cristiano.

Son las reliquias de los santos, aquellos elementos especialmente codiciados a partir de la Edad Media porque hacían «portátil» la intercesión milagrosa de Dios allí donde lo necesitásemos. Y, no lo olvidemos, porque generaban grandes riquezas a las iglesias que las custodiaban.

En el caso de Inés, suponemos que el haberse tratado de un personaje distinguido, acaudalado y especialmente bien relaccionado con la Iglesia —también en lo económico—, habría tenido mucho que ver con la leyenda de su supuesta santidad.

CORONAVIRUS. En cualquier caso, y aunque no crea en esas historias he de reconocer que, en estos días, me gustaría vivir en el Laudio de un siglo atrás para poder interpelar a Santa Inés y que nos saca ella de esta dura pesadilla que nos ha tocado vivir. Andra Santa Ines, bart egin dot ame(t)s…

NOTAS: son casi ilimitadas las variantes de la frase para tratar las pesadillas de un modo sobrenatural a través de nuestra geografía. Probablemente la mejor recopilación sea la de «Sueños y pesadillas en el devocionario popular vasco» del sacerdote José Mª Satrústegi y publicada en Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 47 (1969). También es bastante completa la recopilación de Resurrección María Azkue en Euskalerriaren Yakintza, tomo I, en el apartado dedicado al mundo de los sueños, capítulo sexto de la obra.

EUSKARAZ IRAKURTZEKO sakatu gainean

Itxialdi itxaropentsua

Erraza da, sano, bizi ari garen itxialdiari alde txarra antzematea, kalteak alde guztietatikoak direlako, ezbairik gabe.

Baina, etxeaz bestaldean jazotzen ari den hondamendia (heriotzak, beldurrak, ezintasunak…) alde batera utzita, nik egoera honetan irabazten ari garena lehenetsi nahiko nuke. Ez dadila izan baikortasun faltagatik…

Etxean honen denbora luzea emateak, norberaren buruarekin topatzea ahalbidetu digu, baita sarritan ondoan baina ez gertu genuen senitartearekin.

Natura eta bizitza udaberrian

Korrika, belu, iradu, berandu eta karraka genbiltzan beti azken hamarkadetan, existitzen ez zen helmugara heldu ezinean. Zeruak, lurrak eta urak gure mende ipinita, gure nahietara bortxatuta, lor ezin zitekeen entelekia horretara iristeko.
Aitzitik, itxialdiak, bat-bateko iraultza ekarri digu… Hausnarketarako beta —aukera— berreskuratu dugulako, egiten ari ginen guztiaren hankaz gorako itzulipurdia izan delako. Eta ekarritakoa ez da iraultza aurrerakoia, izan ginenera itzultzekoa baizik. Bestela esanda, atzearekin besarkatutako aurrerakoitasuna. Ez da makala…

Eta, nahigabean eta nahitaezean, falimiarekiko harreman estua deskubritu berri dugu. Umeei ipuinak kontatzeko ohitura lasaia berpiztu, lilura-berbak bihotz-taupaden erritmoa daramatela… Eta sukaldean elkarrekiko lana, gerora gustura jango dugun jaki konplexu eta miresgarria atontzen. Legamia bota diogu etxe barruko gure harremanei.

Leihoak irekita, aurrean bizilagunak ditugula aurkitu dugu: ez soilik etxekideak, auzokideak, herrikideak… pertsonak baizik: bizilagunak, lagunak… Ahaztua genuen zerbait.

Hor, bentanen bestaldeko eremuan, aldi berean urrutian eta aldean, txoriak, inoiz baino ozenago jarduten, txorrotxioka, ero, giza-oztopo gutxi dutelako euren bizia aurrera ateratzeko. Tartean, urak garbi-gardenak, eta zeruak hegazkin-lorratzik gabekoak. Noiztik?


Gaurko elurte iragarpena ere ez da albiste izan. Ez behintzat itxialdi aurretiko anplifikazioarekin, arruntaren barruko berezia ezohiko bihurtzeko obsesio modernoarekin.

Martxoan elur aritzea ez delako apartekoa. Bizian, tamalez, heriotza arrotza ez den bezala. Agian gu ginen itxialdi hau izan arteko munduarekiko arrotz bakarrak. Arrotzak, harrotzarrak.

Zaindu zaitezke eta bizi eta goza galdua genuen bizipoza. Baita itxialdi itxaropentsu honetan ere.