Una partida divina

Al visionar la presente partida, una de las mejores de la historia, uno padece todos los síntomas propios de hallarse frente a una genuina experiencia de divinidad, a saber: quietud, silencio, admiración y anonadamiento. En consecuencia, nada mejor puedo hacer que recomendarles su reproducción sin atreverme a comentar ni lo más mínimo.

Ivanchuk – Yusupov, Bruselas, 1991

1. c4 e5 2. g3 d6 3. Ag2 g6 4. d4 Cd7 5. Cc3 Ag7 6. Cf3 Cgf6 7. O-O O-O 8. Dc2 Te8 9. Td1 c6 10. b3 De7 11. Aa3 e4 12. Cg5 e3 13. f4 Cf8 14. b4 Af5 15. Db3 h6 16. Cf3 Cg4 17. b5 g5 18. bxc6 bxc6 19. Ce5 gxf4 20. Cxc6 Dg5 21. Axd6 Cg6 22. Cd5 Dh5 23. h4 Cxh4 24. gxh4 Dxh4 25. Cde7+ Rh8 26. Cxf5 Dh2+ 27. Rf1 Te6 28. Db7 Tg6 29. Dxa8+ Rh7 30. Dg8+ Rxg8 31. Cce7+ Rh7 32. Cxg6 fxg6 33. Cxg7 Cf2 34. Axf4 Dxf4 35. Ce6 Dh2 36. Tdb1 Ch3 37. Tb7+ Rh8 38. Tb8+ Dxb8 39. Axh3 Dg3; 0 – 1

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