Las mujeres y los ajos del Berakatz Egun

Con el nombre de Berakatz Egun o el de su equivalente en castellano Día de Ajos, se conocen unas curiosas fiestas restringidas a tres municipios muy cercanos entre sí: Arrankudiaga y Orozko en Bizkaia y Laudio en Araba.

La aportación de este artículo pretende ser el rescate del papel preponderante de la mujer en ese día, un día en el que, como si de autoridades locales se tratasen, lideraban las danzas ceremoniales propias de la jornada.

Devolvamos a la actualidad el prestigio social femenino, ese que los estudiosos del folclore intentaron ocultar hasta hacerlo casi desaparecer de la memoria colectiva.


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con el aurresku del baile (personaje delantero) ataviado con ajos, en Orozko.

Solamente por esa concreción geográfica y su exclusiva denominación los Berakatz Egun merecen ser considerados como unos elementos patrimoniales de interés. Pero además, como veremos, su valor es mucho más rico que lo que nos muestran los vestigios que han llegado hasta nosotros, los últimos rescoldos de una gran hoguera cultural que ardía en honor a la mujer y que, desgraciadamente, los tiempos modernos se empeñaron en extinguir o devaluar.

PARA QUÉ. La finalidad del Berakatz Egun siempre ha sido la de poner fin a un ciclo festivo, la de ser la jornada de cierre de unos días dedicados a la celebración y a la diversión. Y, a pesar de su carácter postrero y de relajación frente a los días más grandes que le preceden, quizá por aliviarse de la carga de tanta solemnidad que pesaba sobre los días especiales, con el paso de los siglos se convirtió en el día popular por excelencia. En Arrankudiaga y Orozko sigue siendo así.

No en Laudio en donde el refuerzo de otras fechas, especialmente en el último siglo, hizo que
el Berakatz Egun quedase paulatinamente relegado, hasta casi desaparecer. Sin embargo, es significativo que cuando el sacerdote e investigador José Miguel Barandiaran (1889-1991) encuesta a gente de Laudio en 1935 para preguntar sobre las fiestas locales de carácter popular, éstos tan solo reseñen el Berakatz Egun de entre todo el ciclo de los sanroques. No es casualidad.

FECHAS. Como ya hemos citado, el Berakatz Egun o Día de Ajos siempre ha de poner fin a un conjunto festivo. En el caso de Arrankudiaga las fiestas se celebran desde la Asunción —15 de agosto— hasta el domingo siguiente, que es el día de la Cofradía, con comida en el pórtico de su iglesia. Es en el día posterior, siempre lunes, cuando celebran el concurrido Berakatz Egun, hoy identificado por la ingesta popular de morcillas. El caso es calcado al «lunes de Cofradías«en Ugao—lunes siguiente a la Cofradía original y que ya no se celebra como tal—, fiesta popular donde las haya y, desde hace unas décadas, se identificada con las alubiadas que llenan cada rincón del municipio.

Cuadro Sokadantza (1915) de Javier Ziga

En Orozko, su día grande es el de San Antolín —2 de septiembre— un santo que siendo secundario en la también secundaria iglesia de Sta. María (la principal está advocada a San Juan Bautista), concertó las mayores devociones, quizá por la presunción milagrera de sus reliquias. Así nos lo contaba Pascual Madoz (1845) con la información que le enviaron desde el Valle: «…en la [iglesia] de Santa María se halla la efigie y reliquia del dedo índice del glorioso mártir San Antolín a cuya festividad concurre en corporación el ayuntamiento pleno con el clero». Suponemos que al ambiente festivo ayudaría también el que «en los primeros días del mes de septiembre se celebra anualmente feria de ropas, lienzos y linos, que es de bastante concurrencia» (Diccionario geográfico, 1802).


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con el aurresku del baile (personaje delantero) y músico ataviados con ajos, en Orozko.

Como en tantos lugares sucede, el período festivo se compone de tres jornadas: el día del santo, el de su repetición y el siguiente y postrero, nuestro Berakatz Eguna que, en este caso de Orozko, coincide por tanto siempre con el 4 de septiembre.

Algo similar sucede en Laudio que, en su conjunto de tres días de festividad, celebraba San Roque, su repetición —llamada San Rokezar (‘San Roque (el) viejo’)— y el día final, Berakatz Eguna, siempre el 18 de agosto. De nuevo tres días, algo que choca con la estructura actual de fiestas, más extensas, que todos hemos conocido. Por ello hemos de aclarar que, tal y como publicamos en otra ocasión, el día 15 de agosto se incorporó al conjunto festivo en 1909 y es debido a la inauguración de una controvertida estatua. Por otra parte, la Cofradía y su jornada previa aparecen siempre desligadas del conjunto festivo y con carácter absolutamente independiente respecto al mismo.


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con el aurresku del baile (personaje delantero) ataviado con ajos, en Orozko.

DÍA DE LAS MUJERES. Especialmente en Laudio se recuerda el Día de Ajos como uno de los más participativos en el primer tercio del siglo pasado, previo a la guerra fratricida (1936-39). Era el día de asueto de la servidumbre —femenina— del palacio del marqués y de las casas pudientes y, en alegres cadenetas o soka-dantzas, iban a buscarlas los muchachos, ávidos de encender la chispa del amor en sus corazones. El recuerdo de aquella fiesta la recogió el grupo Untzueta Dantza Taldea en el trabajo “Berakatz Eguneko Aurreskua” dentro de la revista local Bai (1996). La referencia a la palabra clave —aurresku— la tomaron de un antiguo programa de fiestas en que aparecía citada.

AURRESKU DE MUJERES. Y no iban desacertados al enfocarlo desde el prisma del aurresku, el baile de los vascos por excelencia y que era mucho más complejo de lo que hoy en día estamos acostumbrados a presenciar. Una de las partes principales del baile eran aquellas cadenetas o soka-dantzas que recorrían calles y plazas.

El puesto más honorífico de aquel baile colectivo, el de más reconocimiento social, era el del dantzari que encabezaba la cadeneta. Era la ‘mano delantera’, el que da nombre al mismo aurresku (aurre + esku), en contraposición al bailarín que la cerraba, el atzesku (atze + esku) o ‘mano trasera’, el segundo en del rango de honores.

OCULTACIÓN DE LA MUJER. A pesar de la infinidad de trabajos etnográficos y de investigación profunda del folclore realizados entre el XIX y XX, la presencia de la mujer quedaba restringida a un papel irrelevante en el aurresku, siempre para engrandecer el rol brillante del hombre (obras de Labayru, Aita Donostia…). Sirva como muestra esta contundente aseveración del gran estudioso Aita Donostia (1886-1956), probablemente a sabiendas de que no reflejaba la realidad que él había de conocer: «El hecho es que la mujer vasca no baila en el verdadero sentido que la palabra tiene entre nosotros. Asiste al baile y toma parte en él; pero como bien se ha dicho, es para «ser bailada», para que ante ella muestre el varón sus habilidades». Y en base a aquellos autores está tan arraigada esa creencia errónea que aún hoy en día leemos en la wikipedia que «…era costumbre sacar por pareja del aurreskulari (bailarín de aurresku) a la señora o hija del alcalde, la que no hacía más que presenciar la fiesta, ya que en este baile la mujer no baila, sino que es bailada»

Pero no puede ser mero fruto del despiste o la casualidad que se pasasen por alto y de refilón todas aquellas referencias en las que la mujer lideraba, con todos los honores sociales correspondientes, el baile del aurresku. Quizá se deba esa ocultación a la condición religiosa de la mayoría de estudiosos de nuestros bailes como ya se ha apuntado en algunas ocasiones o, sin más, al machismo que con más fuerza que nunca llegaba de la mano del mundo obrero fabril, en el que el hombre adquiría el papel predominante al llevar un sueldo a casa, dejando a la mujer un cometido doméstico y devaluado al no aportar a la economía doméstica riqueza en metálico.

En realidad, son muchísimos ya los documentos históricos conocidos que desde las épocas más antiguas nos hablan de aquellos bailes o días especiales en los que la mujer disponía de toda la relevancia y reconocimiento social imaginable, quedando su papel en el baile diferenciado del masculino y no supeditado a este. Al respecto clarificadora por concisa es la obra Así bailan las mujeres en Bizkaya (sic) de Iñaki Irigoien publicada recientemente (2019) por el Museo Vasco de Bilbao junto a Bizkaiko Dantzarien Biltzarra.

Grabado de Christoph Weiditz (c. 1529) en el que representa cómo «bailan las mujeres en Bizkaia«. Su pose es la característica del aurresku o aurreskulari, el papel m´ás estimado por relevante. Es la primera constatación de que, a pesar de lo que tantas veces se ha publicado, las mujeres no participan solo «para ser bailadas por los hombres» sino que ellas lideran también unas ceremoniosas danzas en las que «bailan a los hombres».

Es ahí — además de en otras varias publicaciones especializadas— en donde se habla de cómo en diversas poblaciones, el tercer día festivo es el propio de las mujeres y su aurresku. Unas mujeres que en absoluto se limita a la servidumbre doméstica como se recordaba en sus últimos rescoldos en Laudio sino por la mera condición de ser mujer, eso que se pretendió luego ocultar. Es en épocas anteriores a la omisión de la presencia histórica femenina en las danzas cuando ya tenemos noticia de ellas. Por ejemplo, Ignacio Iztueta nos dice ya en 1824 que, generalmente, las señoras casadas bailan a sus maridos el tercer día de las fiestas patronales, fecha dedicada en aquella época particularmente a las mujeres y que, en diversos pueblos, todavía recordaban o practicaban. Las mujeres a los maridos, el orden tradicional invertido. Sin duda, ahí hemos de entroncar nuestro Berakatz Eguna.

Otro ejemplo cercano de fiesta con el aurresku (soka-dantza) presidido por señoritas de categoría social destacada es el que, de casualidad, recogemos en la romería del santuario de La Blanca, en la cercana población de Llanteno, Ayala. Algo que a priori podría parecer impensable. Nada menos que inmersos ya en el siglo XX. E insistimos en el «de casualidad» porque aquello que parecía ser costumbre hace un siglo ya no se recuerda entre sus habitantes. Decía así el corresponsal de El Noticiero Bilbaino (09-08-1905) enviado a Artziniega:

«Un incidente que no había podido prever hízome abandonar la romería cuando esta daba señales de verse más animada. Así es que no presencie el famosísimo aurresku hecho por muchachas acerca del cual me han informado en medio de los mayores elogios…».

Noticia del aurresku liderado por mujeres, «famosísimo» por aquel entonces en la romería del santuario de La Blanca, en la montaña de Llanteno, Ayala (Álava). Noticia de 1905.

POR QUÉ AJOS Y MUJERES. En la obra Así bailan las mujeres en Bizkaia antes citada se nos habla del tercer día festivo, de Ubidea y Otxandio, con el aurresku, su solemnidad y honores reservado a las mujeres: «En la década de 1940, en el pueblo de Ubidea, no habiendo tamborilero en el lugar, se contrataba al de Otxandiano, y a su son, el tercer día de las fiestas de San Juan, se bailaban aurreskus dirigidos por las mujeres, ya que el uso de la plaza les pertenecía a ellas. En aquel tiempo, también se daba este hecho en la villa de Otxandiano, bailando dicho tercer día de sus fiestas,al cual denominaban «Koziñera egune»». Y esta última denominación puede ser el indicio que nos sustente la hipótesis que a continuación planteamos.

La mujer, al margen de su función o clase social, era la encargada de recibir invitados en los grandes días festivos así como de supervisar o cocinar las abundantes viandas que se iban a disfrutar en los banquetes. Por eso eran días de tensión que, supuestamente, desaparecerían al día siguiente y final, el Día de Ajos, apto para liberarse del trabajo y centrarse en disfrutar de la fiesta.

Por otra parte, es de creencia popular general que la sopa de ajo es el mejor depurativo tras los excesos de las comilonas y, sobre todo, de la excesiva ingesta de alcohol. De ahí que aún en muchas fiestas populares se prepare al amanecer, para ir a la cama en un estado lo más sobrio posible. Y, como ya he publicado en más de una ocasión, es fácil que ese fuese el menú del «día después» y que de ahí adquieran su símbolo del ajo, los Berakatz Egun que aquí tratamos. Era además un plato fácil de preparar y que dejaba el tiempo libre necesario a las mujeres para celebrar su día por excelencia. Pero insistimos, no debió ser algo limitado a las servidumbres sino a toda la estructura social que sustentaba la mujer.

Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, en Orozko. Dos hombres, aparentemente ebrios, rompen la armonía del baile. Era tal la solemnidad e importancia social de la danza que solía haber un alguacil o persona encargada de expulsar a los personajes que no danzaban con el decoro adecuado

ADORNOS DE AJOS. Esa exaltación del ajo como elemento festivo, se convirtió en una especie de adorno inexcusable y simbólico al menos en casos como el de Laudio. Aunque en la actualidad nadie lo recuerde, disponemos de una preciosa información que se recoge en 1935, en unas notas en las que un informante de Laudio —D. de Isusi— responde a las cuestiones hechas por José Miguel Barandiaran sobre las fiestas populares y sus rituales populares. Como antes hemos apuntado, es curioso que de todos los sanroques, el informante sólo haga mención al Berakatz Egun, seguramente por ser la jornada festiva con más arraigo popular. Son datos inéditos, desconocidos hasta hoy, ya que aunque se conservaron las notas manuscritas en Ataun, el conocido sacerdote no las publicó jamás. Con todos los ingredientes deseados dentro de ellas, dicen así:

«Día 18 de agosto. Día de Berakatza. El día 18 de agosto desde tiempo inmemorial se viene celebrando en Laudio la fiesta de Berakatza, llamada en general, «día Berakatzeun (sic) o de los ajos«.

Actualmente la fiesta se halla muy reformada y solo se observa que las señoritas que presiden la verbena, corrida de toros por la noche, etc. vayan adornadas con grandes collares de ajos; pero dicen mis padres que, en su juventud, se celebraba dicha fiesta en el mismo día que actualmente pero que los números de la fiesta tan solo consistían en un gran número de bailes baskos [sin duda en referencia al aurresku]. Los bailarines debían presentarse al público, completamente adornados con ajos así como el balcón del ayuntamiento, etc. Se puede decir que actualmente no se conserva de la fiesta más que el nombre».

Notas sobre el Berakatz Egun de Laudio, recogidas por J. M. Barandiaran aunque sin reflejo en sus publicaciones (1935)

Hoy no se conoce referencia alguna de aquellos ajos que se usaban como adorno característico de dicha fiesta y, de no ser por esta nota, se habría perdido para siempre. Algo similar sucedería con el caso de Arrankudiaga, del que no tenemos ninguna referencia a los ajos aunque, no lo dudo, existiría.

«…las señoritas que presiden la verbena, corrida de toros por la noche, etc. vayan adornadas con grandes collares de ajos...» Laudio, 1935.

Tan sólo en Orozko es costumbre aún hoy en día el mostrar un diente de ajo colgado del pañuelo festivo o prendido de la camisa en su día de Berakatz Eguna. Debe de ser el recuerdo residual de algo más complejo y de lo que ya hoya nada sabemos.

Por otra parte, una vez más, debemos a José Arrue (1885-1977) el documento gráfico de aquellas fiestas. En un cuadro titulado Berakatz Eguna y que expone en 1914, refleja el Orozko de hace un siglo. Muestra en él a unos muchachos que adornan sus sombreros —elemento imprescindible en los aurreskus descritos en el XVIII — y trajes con ajos y acompañan en la soka-dantza las jóvenes muchachas, aparentemente de diversa condición social, por el centro del pueblo.

En este caso, el aurresku o dantzari que encabeza el baile, el puesto más honorífico, corresponde a un varón ataviado con los ajos. Se echa en falta que sea una mujer, como todo parece indicar que fue. Sin embargo sí es mujer la atzesku —el puesto final— el segundo en importancia tras el aurresku delantero, lo que ya nos da una pista. Parece una muchacha distinguida, no una aldeana al uso de las que tantas veces dibuja.


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con la atzesku del baile (personaje que cierra la cadeneta) femenina, en Orozko. Aparenta ser una muchacha distinguida, digna de ocupar el honroso puesto.

Quiero pensar que unas décadas atrás ocupaba también el puesto delantero una mujer honorable. Pero para cuando se pintó el cuadro ya estábamos en el siglo XX y nada era lo que había sido. La modernidad había llegado para quedarse y un mundo lleno de novedosas cámaras fotográficas, fábricas, vapores, carbones, ferrocarril, bancos, altos hornos, coches… devoraba compulsivamente el recuerdo de todo el pasado hasta relegarlo al olvido. Así abandonamos también a la mujer, su baile y sus ajos. Por mi parte os aseguro que será un placer comenzar a recuperar el tiempo perdido…

NOTAS:
= Por adecuación al calendario festivo, desde 1999 el Berakatz Egun de Laudio se celebra el miércoles previo al último domingo de agosto. Es decir no en el tradicional 18 de agosto sino en una fecha que fluctúa entre el 21 y el 27 del mes.

= El baile vasco es muy complejo y lo que hoy conocemos como aurresku (un dantzari mostrando los respetos a un personaje homenajeado) es la mínima expresión de un baile con diferentes partes y códigos de funcionamiento. Por ello, cuando hablamos del aurresku histórico, hacemos más referencia a la soka-dantza y bailes entre hombres y mujeres. Para más información, léase esta nota de la enciclopedia Auñamendi.

= La gente mayor de Laudio, ya no euskaldunes, usan en castellano la denominación Día de Ajos pero también Beracacégun, un término eusquérico pero con una pronunciación castellanizante. En cualquier caso, su uso está ya muy restringido.

= El ajo ha sido considerado como un elemento con poderes sobrenaturales y muy válido para hacer frente a los maleficios que acechan desde el exterior. No sólo en Euskal Herria sino, al menos, en gran parte de Europa. Por ello, los collares de ajos han sido usados a modo de talismán protector. Sin embargo, por simple intuición, no creo que sea el camino a explorar a la hora de interpretar nuestro Berakatz Eguna.

Artzainak eta azkura uxatzeko lorea

Azpelar lorea, Gorobelgo La Solanan.

Guztiok mendietan noizbait ikusi ditugun azafrai itxurako lore ezagun batzuez zeuden beterik bide ondoko bazterrak. Larunbatean izan zen, Gorobel mendilerroko saroi handienean ospatzen zelako abeltzainen jai nagusia, Kobata izeneko tokian eta San Vitores egunaren aitzakiarekin. Hara gindoazen, pozarren, larre eta pagadi artean, Angulo mendatetik abiatuta.

Pagaditik larretera irtenda, deigarri suertatu zitzaidan lore ugaritasuna, inoiz baino gehiago zeudelako, batez ere Euskadi eta Gaztela-Leon lurralde eztabaidatuko eremuan, ezaguna ez bada ere, Aiarako biztanleek ez dituztelako muga ofizialak onartzen, trikimailu administratibo batez, mendiko hainbat hektarea galdu omen zelako.

Loreak Euskadi eta Gaztela-Leon autonomia erkidegoen arteko lur eztabaidatuan zeuden, La Solana izeneko aldean. Mapan, muga aukera biak

Nolanahi ere, leku aproposena zen denboraldiko lore horietaz hausnartzeko, hor hizkuntza eta kultura biren arteko ukipen gunean geundelako. Hortaz, La Solanako aldapa neketsutik gora gindoazela lore horien ikuspegi kultural bikoitzaz –gaztelaniaren eta euskararen kulturakoak– zenbait ohar solte idaztea otu zitzaidan. Eta hemen nago irudikatutakoa gauzatzen.

Merendera montana da bere izen zientifikoa. Bigarren atalak argi erakusten digu  bere agerpena mendiari lotua dagoela eta, aurrena, «así llamado seguramente porque esta planta aparece en otoño, cuando el campesino deja de merendar, por oscurecer más temprano y anticiparse la cena» zioten Corominas eta Pascual hizkuntzalari ezagunek.

Bestalde, gaztelaniaz, merendera izen nagusiarekin batera, alzameriendas, aventapastores,  colchico, despedida de verano, despidegañanes, echapastores, espachapastores, espantapastor eta antzeko goitizenak baliatzen dira identifikatzeko orduan. Beti ikuspegi ezkorraz, azken finean, udaren amaieraren adierazlea zelako eta, hain lur garaietan hazten denez, bazekiten abeltzainek hura ikusiz gero mendiko txabolan bizi izateko garaia amaitzen zela eta berehala helduko zirela hotzak eta estualdiak, hots, haranera jaisteko premia eta beharra.

Kobatarako sarbidea eta Aro izeneko haitz ederra, ibilitako bidetik ikusita

Behinola, gota eta erreumaren kontrako sendagai gisa erabili izan da lorea bera edo, batik bat, lur-azpian duen tipula itxurako bulboa. Kopurua handitan hartuta, heriotza eragin zezakeen pozoia –colchicina– zen. Berezia da landare hori beraz.

Euskaldunon kulturan, bestalde, bestelako funtziorako erabili izan da herri-medikuntzan: azkura gutxitzekoa. Horregatik azpelar esaten zaio, hau da, (h)atz + belar. Baina familia bereko colquicum landareekin bereizteko, euskara modernoan, askari-belar esaten zaio, gaztelaniazkoaren itzulpen zuzena, nahiz eta herri-erabilera tradizionalik ez duen adiera honek, azpelar delako landare horren aldaki guztiak gure eskualdean izendatzeko modu bakarra.

Zorriek eragindako ziztaden azkura eztitzeko edota zorriak beraiek akabatzeko ere baliatu egiten zen.

Baina gure arbasoen arteko erabilera ezagunena sarnaren kontrakoa izan zen.
Horretarako landarearen lur-azpiko bulbo-erroa hartu, zehatu eta hura txizarekin eta gatzarekin nahastu behar zen ore bat lortu arte. Harekin igurtzi behar zen larru erasana. Ez zegoen hoberik…

Ederra R. M. Azkuek Zeanurin jaso zuen erabilera haren testigantza zaharra:

«Sarnea kentzeko azpedar-sustarra yo yo egin ta gatzetara ta txizatara bota ta aragia ogera orduan igurdi bear da. Egun gitxi barru sarnea badoa»

[‘sarna kentzeko azpelar-sustraia jo eta jo egin eta gatzetara eta txizatara bota eta haragia, ohera joate orduan, igurtzi behar da. Egun gutxi barru, sarna badoa’].

Gaztelaniaz, espantapastores, quitameriendas… bezalako izenak hartzen ditu, udaren amaiera iragartzen duelako

Pozosnuevos izeneko lekura igarota, txaboletaraino doan beheranzko aldapa hasi zen. Eta ez genuen geroztiko ibilian azbelar gehiagorik topatu. Han, Kobatan, oraindik nagusi zirelako jaia, uda eta artzainen algara. Ez zen alde egiteko beharrik sumatzen. Baina berehala helduko zaizkie, bai, artzainak herrira uxatzeko lore eder horiek

Sexo, ermitas y rock and roll: San Lorenzo de Luiaondo

= «EL CHIQUI-CHIQUI MOLA MOGOLLÓN» =
Cuando hace casi 23 años vine a Luiaondo (nací y hasta entonces viví en el cercano Laudio) aún resonaba mucho aquello de que hasta hacía bien poco había sido un pueblo con los cascos más bien ligeros en lo que a aventuras sexuales extramatrimoniales se refiere. Me lo contaban los mismos vecinos. Al parecer, algunos años atrás se le daba al roce de lo lindo y no quedaba prácticamente orificio sin tapar. «Al parecer» digo, porque yo no lo he visto, porque doy por hecho que tenían mucho de habladurías y porque no sé hasta qué punto muchas de esas leyendas locales fueron bulos malintencionados de vecinos envidiosos o de mentes depravadas por su puritanismo (estos dos conceptos, opuestos en principio, son curiosamente compatibles entre sí).

También ayudaría la existencia de aquel legendario puticlub de los 80, «El nido», el único de la comarca y en el que alimentaban la leyenda aquellos infieles tan desdichados que no tenían arte suficiente como para pillar cacho fuera del matrimonio sin pagar. Unos fracasados, vamos…

Sea como fuere, todo parece indicar que, efectivamente, en Luiaondo se follaba de lo lindo o, al menos, con más entusiasmo y afán que en los pueblos próximos. Y no parece que era cosa de hace cuatro días no, que en esto de la jodienda «a lo suelto» la Historia nos indica que en Luiaondo han sido diestros desde siglos atrás.

= LUIAONDO, PUEBLO DE CAMINO =
Luiaondo es una población surgida para dar servicio al gran camino que desde Castilla buscaba la salida al mar por Bilbao. Un camino en el que se topaban la vida y la muerte, el negocio y la ruina, la opulencia y la necesidad.

La más antigua documentación ya nos habla del trajín incesante de arrieros, soldados, mulas cargadas con sacas, carros chirriantes o pordioseros (gente que vivía de la caridad, «por Dios»). Tanto que hasta había un hospital para transeúntes necesitados. O que, por efectos prácticos, se trató de reubicar la cárcel de la Tierra de Ayala que estaba en Amurrio (torre de Mendixur) a Luiaondo, alegando que éste era «lugar muy poblado, de doscientos vecinos, muy proveído y abastecido y muy frecuentado por gentes, donde vivían y habitaban escribanos, en el camino real y pasajeros de la villa de Bilbao y otras partes del Señorío».

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= PROSTITUCIÓN Y LUJURIA =
Y como en donde se corta el pan siempre caen migas, no es de extrañar que con tanta afluencia de viajeros extraños, alguna desdichada ejerciese el oficio que se presupone más antiguo del mundo. Hasta la titular de la parroquia del pueblo parece estar elegida a posta: Santa María Magdalena, teóricamente patrona de las «prostitutas arrepentidas»; aunque probablemente frente a su figura, más que orar, llorarían desconsoladas unas pobres chavalas, forzadas a hacer algo repulsivo para poder sacar adelante su miserable vida.

No es nada nuevo eso de la venta de sexo en las grandes rutas comerciales: algo similar a todos esos siniestros clubs instalados en los bordes de nuestras principales carreteras. Pero, sin duda, en otros muchos casos, esos cambios de pareja y cruces no serían con interés económico sino por pura «afición y devoción». Por dar un poco de alegría al cuerpo.

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= POBRES VIUDAS JÓVENES =
Si no, difícilmente podría entenderse la contundencia del edicto emitido por el alcalde de Ayala en 1848, de aplicación en Luiaondo, y en el que para evitar males mayores dictamina «…que no permitan vivir en bodegas y pisos bajos a mozas solteras o viudas que no tengan cuarenta años». Un alcalde aguafiestas, se mire como se mire…

Sólo permitía vivir en esas circunstancias a aquellas mozas o viudas jóvenes que estuviesen con sus respectivas familias o sirviendo en una familia «respetable». Parece que a las de más de cuarenta años ya se les había perdido esa lozanía que las hacía tan peligrosas y quedaban «fuera de la ley» por falta de interés. Pues eso: que las chicas a las que les afectaba la norma, al margen de que se cepillasen a todo bicho viviente o que fuesen las más recatadas y meapilas del lugar, sin distinción, sufrirían las «penas de ser expulsadas de la tierra como perjudiciales a las buenas costumbres…». Pobres muchachas, pobres mujeres: sexo para dos, castigo para una. Siempre… Una vez más…

= CON MUJERES «DE LUYANDO» =
Asfixiada por la libidinosa atmósfera de este pueblo, desesperaba la laudioarra María Teresa de Urquijo cuando en 1777 era incapaz de contener el ímpetu desaforado de su infiel marido, totalmente entregado a la lujuria “…con mujeres de Luyando…” tal y como declara ella. Tanto que lo denuncia. Con mujeres de Luyando… no había lugar en el mundo más atractivo para los sinvergüenzas y los aficionados al amor libre.

Con este ambiente tan subido de tono, no es de extrañar que las autoridades civiles y eclesiásticas del pueblo anduviesen de cabeza para poder controlar a aquella panda de salidos que no parecía pensar en más que en darle al fornicio en cuanto tenían ocasión. Intentaban vigilar y controlar cada rincón y situación para que no se descarriase ningún alma más y que se actuase siempre guardando la moralidad. En el pueblo era relativamente fácil la supervisión pero en las romerías de las ermitas, ayudados por la oscuridad y el bosque, aquello era misión imposible.

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= HAY QUE DERRIBAR LA ERMITA DE SAN LORENTZO =
El caso más emblemático es el de la romería de San Lorenzo, en un idílico paraje en el monte y en el que cada 10 de agosto jóvenes de ambos sexos se encontraban y daban inicio en muchas ocasiones a una bella historia de amor. Y por eso odiaban tanto los curas esa ermita y romería: porque no la podían controlar; y por eso amaban los luiaondoarras tanto esa ermita y romería: porque escapaba al control absolutista y enfermizo el clero, convirtiéndose en un enclave idealizado de libertad. Y, no lo olvidemos, de amor…

Decían las autoridades eclesiásticas que la ermita de San Lorenzo estaba «…en terreno despoblado y fragoso…» y que por ello las romerías de cada 10 de agosto atentaban contra «…la moralidad y buenas costumbres…». O sea, que el que no corría con los pantalones caídos volaba con las faldas levantadas.

No sabemos si esas percepciones eran fruto de las calenturientas mentes sacerdotales o que realmente allí se jugaba al hinque más de la media. Pero la cuestión parece tan insostenible que en 1789 los sacerdotes plantean la demolición de la ermita para, muerto el perro, acabar con la rabia. Pero el pueblo lo rechazó de plano y hubo numerosos y serios desencuentros, una auténtica revolución social: defendieron su ermita y romería a capa y espada y el clero hubo de comulgar con sus propias ruedas de molino. La ermita sigue allí en pie 227 años después.

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= A PEDRADA LIMPIA =
En otra ocasión, casi sesenta años después (en 1848), las autoridades locales habían impuesto un toque de queda con motivo de las guerras carlistas. Pero algunos se negaron a cumplir la orden en el día de la romería y estuvieron hasta que les vino en gana. Y se generó tanta tensión que hasta algunos exaltados, amparados por la más cerrada oscuridad, atentaron contra los cargos electos (montanero y regidor, equivalente al alcalde actual), emboscándolos y apedreándolos de lo lindo «…a las doce o más de la misma noche…» contraviniendo aún más la orden dictada «…a fin de que no saliesen a la calle después de una hora regular…». No pudieron identificar a los fiesteros agresores por lo que la rabia y agravio aún fue mayor para los que habían impuesto la norma.

= 10 DE AGOSTO, ROMERÍA DE SAN LORENZO =
Jamás se ha podido ni se puede contra esta celebración que los luiaondoarras sienten por encima de todo. Y el 10 de agosto se celebrará un año más la romería de San Lorenzo en aquel bello rincón, la fiesta más importante del año. Y un año más el pueblo quedará totalmente deshabitado porque toda la población acudirá en masa. Porque siempre ha sido así…

Nadie sabe ya de aquellas viejas historias pero sí es cierto que se tiene muy-muy interiorizada la fecha de esa romería que se espera con ansia todo el año. Y desde la mañana hasta altas horas de la noche habrá gente allí, en medio de la nada, haciendo lo que a cada uno le plazca pero eso sí: todo en exceso.

Ahora ya nada es lo que era. Y al igual que desparecieron de Luiaondo los carros de lana de sus caminos, también lo hicieron aquellas jóvenes de respetable ocupación. Dicen que en esta población del siglo XXI se folla menos que antes pero se jode como nunca (a los vecinos, compañeros de trabajo, etc.). Tampoco hay prostitución pero los raros y envidiosos «putean» al prójimo como en todo el resto del mundo.

Debe ser que otra vez no me ha tocado porque a mí todos me tratan de maravilla y vivo plenamente feliz. Y respecto a lo otro, al roce, cuando y como se puede, sin penas ni glorias. Pero desde luego que con menos esplendor que en aquellas épocas doradas para la lujuria. Salud y no os quedéis sin acudir a la romería: igual hasta pilláis…

San Lorentzo