A los de Ugao se les fue la olla

Pobre pueblo de Ugao, que se le fue la olla y ni siquiera saben cuándo…

Si os fijáis, el escudo municipal de Ugao-Miraballes ostenta una marmita como símbolo distintivo. Pero es una olla concreta, tangible, una olla que como cada año sacarán a la calle este lunes, en el mal llamado día de la Cofradía o, peor aún, el Día de las Alubias. Es una perola antigua, memorable pero que, al igual que la celebración actual, poco tiene de genuina. Porque parece un puchero mindundi, pusilánime y descorreado si lo comparamos con el antiguo… Pero vayamos por partes.

La olla de Udiarraga, en la comida (alubiada) celebrada junto a su ermita en 2012. Es el elemento que, junto a la torre de Ugao, conforma el escudo municipal de Ugao-Miraballes, a la izquierda de la imagen.

LA FIESTA. La Cofradía de Udiarraga, de gran arraigo y fama en otros siglos, se celebraba el domingo siguiente al 8 de septiembre. La fiesta comenzaba con los previos el sábado, para explotar en gran concurrencia de visitantes y banquete el domingo —la Cofradía propiamente dicha—, finalizando en el día siguiente, lunes, cumpliendo así con el típico ciclo de tres días, un día que podemos presuponer que correspondería a la mujer, como ya lo comentamos al hablar de los Berakatz Egun o Días de Ajos de los pueblos cercanos. Una vez más, este último día, el lunes, el más informal, es el que más arraigo popular ha adquirido con el paso del tiempo. Era el día después, la última oportunidad… el que los documentos denominan “el lunes de Cofradías”. Pero no la Cofradía en sí, como hoy erróneamente se cree.

Detalle del retablo de la ermita de Udiarraga, con el que se cree fue el antiguo escudo local, mostrando la torre de Ugao y un árbol -quizá el que generó el nombre de Udiarraga- , pero sin el gran puchero, hoy parte intrínseca del mismo. El retablo fue tallado por Laynez y Biadero (1680), para la antigua ermita ubicada en una montaña cercana. Se reaprovechó para el templo actual, que se comenzó a construir en 1778 en el casco urbano de la villa.

LA OLLA. Algo bochornoso debió suceder con la inconmensurable olla antigua, ya que no se habla de su pérdida en ningún documento. Porque sí: hubo una anterior, venerable y venerada, magnífica por dentro y magnificente por fuera. Pero, ante todo, con muchísima más capacidad, algo fuera de lo normal. Quizá fuese requisada en alguna guerra para fundir su metal, sin que nada sepamos ya: ¡Vaya usted a saber!

Pero salta a la vista que lo que ahora vemos, la que se muestra en el escudo municipal, es un elemento moderno para su época, el último grito de las modas que vinieron de Francia, las conocidas como “ollas de Burdeos” de hierro colado, furor en los menajes del XIX. Fueron la primera gran aportación material de la Revolución Industrial al caserío rural vasco. Y su expansión fue tal que las encontraremos en cualquier lugar de Europa o América, con una morfología similar. ¿No nos recuerdan a los potes gallegos? Pues eso mismo son…

Detalle de la venerada olla, con el nombre UDYERRAGA inscrito en letras de molde

De nuevo con nuestra olla de Ugao, sí la hace extraordinaria la inscripción con letras de molde que muestra en su panza: “Udyerraga 1848”, con el 4 totalmente girado, desplazado, y que nos deja a las claras que el taller que la fabricó estaba aún experimentando con el novedoso hierro colado. Y no atinaron con el molde por lo que les apareció desplazado el número de aquella década.

Era tan deslumbrante aquel nuevo sistema de trabajar el metal, parecía tan irreal, que los receptores quedarían hechizados con el resultado, sin dar importancia a aquella tara que era un mal menor e insignificante. Y es que una virguería así era imposible de lograr a mazazos sobre una masa viscosa, como hasta entonces se había trabajado en nuestras ferrerías.

No sería extraño que nuestro esbelto perolo fuese una donación de los, para aquel entonces, recién nacidos Altos Hornos de Santa Ana de Bolueta, la punta tecnológica del momento, lo que acarreó la clausura definitiva de todas las tradicionales ferrerías. Todo un hito…

Por ello pronto se debió perder el recuerdo de la anterior olla gigante, fabricada con toscos golpes, un elemento vetusto que ya no parecía ni siquiera digno de aquella gran mesa de la Cofradía. Una Cofradía que, a la vez que su marmita, desaparecería para siempre unos años después. Y se olvidaron de ella y, desde entonces, la memoria popular de Ugao quedó huérfana de su mayor símbolo de hermandad y convivencia social…

El núm. 4 del año 1848 se encuentra girado, por un error o accidente en la fabricación del molde

LAS ALUBIAS. Tampoco tienen nada de históricas o tradicionales esas alubias que hoy parecería herejía el ponerlas en tela de juicio. El menú tradicional de la Cofradía, como luego veremos, era de carne de vacuno, tocino, garbanzos… y mucho vino, como solía ser habitual. O, anteriormente, tal y como recogen por primera vez los documentos históricos, con grandes dosis de «pan, vino tinto y claro, gallina, queso, especias, mostaza, cebolla y fruta de manzana y castaña» (1570).

¿Y cómo llegamos hasta las alubias actuales? La cofradía de Udiarraga hacía muchísimo que se había dejado de celebrar, en torno a 1890. Por ello, unos amigos entusiastas, románticos amantes de su villa, acordaron hacer una comida popular con la disculpa de rememorar aquella histórica cofradía. Era el 1959, hace ahora 60 años, en pleno franquismo e inmigración motivada por las boyantes fábricas locales.

Con más jovialidad que fidelidad histórica —de hecho la celebraron un 21 de septiembre en vez del 14 «que tocaba»—  no se les ocurrió mejor idea que poner alubias como menú, lo más normal en una comida popular de la época. No eran conscientes que aquel pequeño detalle estaba cambiando la historia local para siempre… Porque, aunque posteriormente hicieron algún experimento con sopa, bacalao, pollo y pera (1965) aquel recuerdo de la comida inicial había arraigado como “la histórica” en el recuerdo de los más jóvenes.

Imagen de la primera comida popular (1959) hecha en memoria de la histórica Cofradía de Udiarraga. Es la primera vez que se comen las alubias, tan incuestionables hoy, 60 años después. Preside el evento la famosa olla de 1848.
Fotografía de Javier García Rodrigo (d.e.p.), uno de los promotores de la recuperación de la Cofradía.

Tras un nuevo parón en la comida popular, en 1985 renace aquella celebración —emulando la histórica cofradía— de sus enésimas cenizas y, ahora sí, se apuesta definitivamente por las alubias. Fruto de ello, hoy en día no hay hogar, restaurante, lonja o txoko alguno que en ese lunes no tenga en Ugao su gran perola de alubias.

LA HISTORIA. Soy de los asiduos a esas alubiadas de Ugao y las gozo con toda mi alma. Pero, a su vez, no me gusta descuidar la perspectiva histórica, esa que tantos o mayores placeres que los rebosantes platos me da. Y, mientras voy dando paletadas con la cuchara, pienso en aquella romántica fiesta de la Cofradía de Udiarraga, aquella que para siempre se perdió. Y no creo que para ello pueda concebirse una descripción más bonita que la que hizo el periodista catalán Mañé i Flaquer (1823-1901) — obra El Oasis que tan buenas lecturas me ha dado— sobre una referencia del impresor Delmas (1820-1892). Encima, es la única descripción que conocemos. No perdáis detalle porque cada frase encierra un auténtico museo y es el único y último testimonio de aquella reunión humana. Ahí es donde nos aparece la, textual, «famosa olla enorme por su magnitud»:

«Miravalles, dice el Señor Delmas, es renombrada por la famosa romería que se celebra en el campo de Udiarraga el primer domingo del mes de octubre [es una errata y se refiere a septiembre: ver nota al final] inmediato a la fiesta de la Natividad de la Virgen María. Esta romería […] en un sitio ameno poblado de árboles […]. Esta ermita […] está servida por dos sacerdotes de la villa y una cofradía formada por la mayor parte de los vecinos. Los cofrades se congregan el sábado víspera de la popular diversión y en su presencia y en el campo de Udiarraga matan un becerro, con que sacian su apetito al día siguiente.

Poco después del sacrificio se saca del templo una famosa olla, enorme por su magnitud, como que ha de contener toda la res hecha pedazos. Ésta se cuelga al aire libre en el campo que se extiende al lado de la ermita y al amanecer del domingo se coloca la olla, repleta ya con carne del becerro, de tocino, de garbanzos y de otras vituallas nutritivas y sabrosas sobre un hogar formado con crecidos troncos de árbol.

Los cofrades van llegando, provistos de un plato, una taza y un vaso, toman asiento que tienen preparado bajo una tejavana construida aquí cerca y a las doce del mediodía del domingo se les sirve la parte que a cada uno le corresponde a la vista de millares de personas que acuden a la romería.

Es curioso el espectáculo que presenta la interminable mesa, cubierta de enormes trozos de carne y otros manjares y circuida [rodeada] de venerables ancianos y gallardos mancebos del campo, dispuestos a engullirse aquellas raciones que cada una sola bastaría para mantener a una familia entera.

Y es por demás agradable observar el orden que reina durante la comida hasta que cuando ya toca a su término desaparecen como por ensalmo los jóvenes congregados para ir a tomar parte en los animados aurrescus, fandangos y arin-arin que se bailan en la romería, permaneciendo los ancianos sentados en sus bancos, muchos de ellos sin poderse mover por los efectos que en su cabeza ha producido la libación. Entre tanto, el encargado de la comida de la cofradía, que generalmente suele ser una mujer, famosa en los fastos de la culinaria vizcaína, recoge la venerable olla… y la deposita en el lugar que tiene destinado en el templo y no la deja ver la luz durante los 365 días de cada año».

Precioso, sublime… ¡Nos vemos el lunes en Ugao, en torno al plato de gozosas alubias que cumplirán 60 años de tradición. Y, claro está, en recuerdo y honor de siempre gloriosa y memorable Cofradía de Udiarraga y su descomunal olla.

NOTA: quiero pensar que el lapsus de la cita histórica al describir la fiesta como «de octubre» —en vez de como «de septiembre«— no es casualidad y en realidad se debe a que la referencia sería recogida de alguien euskaldun ya que, en estos valles más occidentales del territorio del euskera, tanto septiembre como octubre se denominan «urria» (diferenciados entre ellos como «urri lehen» y «urri bigarren» cuando es necesario). De hecho, esta fiesta de la natividad de la Virgen se conoce por estos valles como «Urriko Andra Maria«. Sin duda, alguien que no fuese del entorno lo traduciría como «Nuestra Sra. de octubre» aunque hace referencia a septiembre.

Las mujeres y los ajos del Berakatz Egun

Con el nombre de Berakatz Egun o el de su equivalente en castellano Día de Ajos, se conocen unas curiosas fiestas restringidas a tres municipios muy cercanos entre sí: Arrankudiaga y Orozko en Bizkaia y Laudio en Araba.

La aportación de este artículo pretende ser el rescate del papel preponderante de la mujer en ese día, un día en el que, como si de autoridades locales se tratasen, lideraban las danzas ceremoniales propias de la jornada.

Devolvamos a la actualidad el prestigio social femenino, ese que los estudiosos del folclore intentaron ocultar hasta hacerlo casi desaparecer de la memoria colectiva.


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con el aurresku del baile (personaje delantero) ataviado con ajos, en Orozko.

Solamente por esa concreción geográfica y su exclusiva denominación los Berakatz Egun merecen ser considerados como unos elementos patrimoniales de interés. Pero además, como veremos, su valor es mucho más rico que lo que nos muestran los vestigios que han llegado hasta nosotros, los últimos rescoldos de una gran hoguera cultural que ardía en honor a la mujer y que, desgraciadamente, los tiempos modernos se empeñaron en extinguir o devaluar.

PARA QUÉ. La finalidad del Berakatz Egun siempre ha sido la de poner fin a un ciclo festivo, la de ser la jornada de cierre de unos días dedicados a la celebración y a la diversión. Y, a pesar de su carácter postrero y de relajación frente a los días más grandes que le preceden, quizá por aliviarse de la carga de tanta solemnidad que pesaba sobre los días especiales, con el paso de los siglos se convirtió en el día popular por excelencia. En Arrankudiaga y Orozko sigue siendo así.

No en Laudio en donde el refuerzo de otras fechas, especialmente en el último siglo, hizo que
el Berakatz Egun quedase paulatinamente relegado, hasta casi desaparecer. Sin embargo, es significativo que cuando el sacerdote e investigador José Miguel Barandiaran (1889-1991) encuesta a gente de Laudio en 1935 para preguntar sobre las fiestas locales de carácter popular, éstos tan solo reseñen el Berakatz Egun de entre todo el ciclo de los sanroques. No es casualidad.

FECHAS. Como ya hemos citado, el Berakatz Egun o Día de Ajos siempre ha de poner fin a un conjunto festivo. En el caso de Arrankudiaga las fiestas se celebran desde la Asunción —15 de agosto— hasta el domingo siguiente, que es el día de la Cofradía, con comida en el pórtico de su iglesia. Es en el día posterior, siempre lunes, cuando celebran el concurrido Berakatz Egun, hoy identificado por la ingesta popular de morcillas. El caso es calcado al «lunes de Cofradías«en Ugao—lunes siguiente a la Cofradía original y que ya no se celebra como tal—, fiesta popular donde las haya y, desde hace unas décadas, se identificada con las alubiadas que llenan cada rincón del municipio.

Cuadro Sokadantza (1915) de Javier Ziga

En Orozko, su día grande es el de San Antolín —2 de septiembre— un santo que siendo secundario en la también secundaria iglesia de Sta. María (la principal está advocada a San Juan Bautista), concertó las mayores devociones, quizá por la presunción milagrera de sus reliquias. Así nos lo contaba Pascual Madoz (1845) con la información que le enviaron desde el Valle: «…en la [iglesia] de Santa María se halla la efigie y reliquia del dedo índice del glorioso mártir San Antolín a cuya festividad concurre en corporación el ayuntamiento pleno con el clero». Suponemos que al ambiente festivo ayudaría también el que «en los primeros días del mes de septiembre se celebra anualmente feria de ropas, lienzos y linos, que es de bastante concurrencia» (Diccionario geográfico, 1802).


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con el aurresku del baile (personaje delantero) y músico ataviados con ajos, en Orozko.

Como en tantos lugares sucede, el período festivo se compone de tres jornadas: el día del santo, el de su repetición y el siguiente y postrero, nuestro Berakatz Eguna que, en este caso de Orozko, coincide por tanto siempre con el 4 de septiembre.

Algo similar sucede en Laudio que, en su conjunto de tres días de festividad, celebraba San Roque, su repetición —llamada San Rokezar (‘San Roque (el) viejo’)— y el día final, Berakatz Eguna, siempre el 18 de agosto. De nuevo tres días, algo que choca con la estructura actual de fiestas, más extensas, que todos hemos conocido. Por ello hemos de aclarar que, tal y como publicamos en otra ocasión, el día 15 de agosto se incorporó al conjunto festivo en 1909 y es debido a la inauguración de una controvertida estatua. Por otra parte, la Cofradía y su jornada previa aparecen siempre desligadas del conjunto festivo y con carácter absolutamente independiente respecto al mismo.


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con el aurresku del baile (personaje delantero) ataviado con ajos, en Orozko.

DÍA DE LAS MUJERES. Especialmente en Laudio se recuerda el Día de Ajos como uno de los más participativos en el primer tercio del siglo pasado, previo a la guerra fratricida (1936-39). Era el día de asueto de la servidumbre —femenina— del palacio del marqués y de las casas pudientes y, en alegres cadenetas o soka-dantzas, iban a buscarlas los muchachos, ávidos de encender la chispa del amor en sus corazones. El recuerdo de aquella fiesta la recogió el grupo Untzueta Dantza Taldea en el trabajo “Berakatz Eguneko Aurreskua” dentro de la revista local Bai (1996). La referencia a la palabra clave —aurresku— la tomaron de un antiguo programa de fiestas en que aparecía citada.

AURRESKU DE MUJERES. Y no iban desacertados al enfocarlo desde el prisma del aurresku, el baile de los vascos por excelencia y que era mucho más complejo de lo que hoy en día estamos acostumbrados a presenciar. Una de las partes principales del baile eran aquellas cadenetas o soka-dantzas que recorrían calles y plazas.

El puesto más honorífico de aquel baile colectivo, el de más reconocimiento social, era el del dantzari que encabezaba la cadeneta. Era la ‘mano delantera’, el que da nombre al mismo aurresku (aurre + esku), en contraposición al bailarín que la cerraba, el atzesku (atze + esku) o ‘mano trasera’, el segundo en del rango de honores.

OCULTACIÓN DE LA MUJER. A pesar de la infinidad de trabajos etnográficos y de investigación profunda del folclore realizados entre el XIX y XX, la presencia de la mujer quedaba restringida a un papel irrelevante en el aurresku, siempre para engrandecer el rol brillante del hombre (obras de Labayru, Aita Donostia…). Sirva como muestra esta contundente aseveración del gran estudioso Aita Donostia (1886-1956), probablemente a sabiendas de que no reflejaba la realidad que él había de conocer: «El hecho es que la mujer vasca no baila en el verdadero sentido que la palabra tiene entre nosotros. Asiste al baile y toma parte en él; pero como bien se ha dicho, es para «ser bailada», para que ante ella muestre el varón sus habilidades». Y en base a aquellos autores está tan arraigada esa creencia errónea que aún hoy en día leemos en la wikipedia que «…era costumbre sacar por pareja del aurreskulari (bailarín de aurresku) a la señora o hija del alcalde, la que no hacía más que presenciar la fiesta, ya que en este baile la mujer no baila, sino que es bailada»

Pero no puede ser mero fruto del despiste o la casualidad que se pasasen por alto y de refilón todas aquellas referencias en las que la mujer lideraba, con todos los honores sociales correspondientes, el baile del aurresku. Quizá se deba esa ocultación a la condición religiosa de la mayoría de estudiosos de nuestros bailes como ya se ha apuntado en algunas ocasiones o, sin más, al machismo que con más fuerza que nunca llegaba de la mano del mundo obrero fabril, en el que el hombre adquiría el papel predominante al llevar un sueldo a casa, dejando a la mujer un cometido doméstico y devaluado al no aportar a la economía doméstica riqueza en metálico.

En realidad, son muchísimos ya los documentos históricos conocidos que desde las épocas más antiguas nos hablan de aquellos bailes o días especiales en los que la mujer disponía de toda la relevancia y reconocimiento social imaginable, quedando su papel en el baile diferenciado del masculino y no supeditado a este. Al respecto clarificadora por concisa es la obra Así bailan las mujeres en Bizkaya (sic) de Iñaki Irigoien publicada recientemente (2019) por el Museo Vasco de Bilbao junto a Bizkaiko Dantzarien Biltzarra.

Grabado de Christoph Weiditz (c. 1529) en el que representa cómo «bailan las mujeres en Bizkaia«. Su pose es la característica del aurresku o aurreskulari, el papel m´ás estimado por relevante. Es la primera constatación de que, a pesar de lo que tantas veces se ha publicado, las mujeres no participan solo «para ser bailadas por los hombres» sino que ellas lideran también unas ceremoniosas danzas en las que «bailan a los hombres».

Es ahí — además de en otras varias publicaciones especializadas— en donde se habla de cómo en diversas poblaciones, el tercer día festivo es el propio de las mujeres y su aurresku. Unas mujeres que en absoluto se limita a la servidumbre doméstica como se recordaba en sus últimos rescoldos en Laudio sino por la mera condición de ser mujer, eso que se pretendió luego ocultar. Es en épocas anteriores a la omisión de la presencia histórica femenina en las danzas cuando ya tenemos noticia de ellas. Por ejemplo, Ignacio Iztueta nos dice ya en 1824 que, generalmente, las señoras casadas bailan a sus maridos el tercer día de las fiestas patronales, fecha dedicada en aquella época particularmente a las mujeres y que, en diversos pueblos, todavía recordaban o practicaban. Las mujeres a los maridos, el orden tradicional invertido. Sin duda, ahí hemos de entroncar nuestro Berakatz Eguna.

Otro ejemplo cercano de fiesta con el aurresku (soka-dantza) presidido por señoritas de categoría social destacada es el que, de casualidad, recogemos en la romería del santuario de La Blanca, en la cercana población de Llanteno, Ayala. Algo que a priori podría parecer impensable. Nada menos que inmersos ya en el siglo XX. E insistimos en el «de casualidad» porque aquello que parecía ser costumbre hace un siglo ya no se recuerda entre sus habitantes. Decía así el corresponsal de El Noticiero Bilbaino (09-08-1905) enviado a Artziniega:

«Un incidente que no había podido prever hízome abandonar la romería cuando esta daba señales de verse más animada. Así es que no presencie el famosísimo aurresku hecho por muchachas acerca del cual me han informado en medio de los mayores elogios…».

Noticia del aurresku liderado por mujeres, «famosísimo» por aquel entonces en la romería del santuario de La Blanca, en la montaña de Llanteno, Ayala (Álava). Noticia de 1905.

POR QUÉ AJOS Y MUJERES. En la obra Así bailan las mujeres en Bizkaia antes citada se nos habla del tercer día festivo, de Ubidea y Otxandio, con el aurresku, su solemnidad y honores reservado a las mujeres: «En la década de 1940, en el pueblo de Ubidea, no habiendo tamborilero en el lugar, se contrataba al de Otxandiano, y a su son, el tercer día de las fiestas de San Juan, se bailaban aurreskus dirigidos por las mujeres, ya que el uso de la plaza les pertenecía a ellas. En aquel tiempo, también se daba este hecho en la villa de Otxandiano, bailando dicho tercer día de sus fiestas,al cual denominaban «Koziñera egune»». Y esta última denominación puede ser el indicio que nos sustente la hipótesis que a continuación planteamos.

La mujer, al margen de su función o clase social, era la encargada de recibir invitados en los grandes días festivos así como de supervisar o cocinar las abundantes viandas que se iban a disfrutar en los banquetes. Por eso eran días de tensión que, supuestamente, desaparecerían al día siguiente y final, el Día de Ajos, apto para liberarse del trabajo y centrarse en disfrutar de la fiesta.

Por otra parte, es de creencia popular general que la sopa de ajo es el mejor depurativo tras los excesos de las comilonas y, sobre todo, de la excesiva ingesta de alcohol. De ahí que aún en muchas fiestas populares se prepare al amanecer, para ir a la cama en un estado lo más sobrio posible. Y, como ya he publicado en más de una ocasión, es fácil que ese fuese el menú del «día después» y que de ahí adquieran su símbolo del ajo, los Berakatz Egun que aquí tratamos. Era además un plato fácil de preparar y que dejaba el tiempo libre necesario a las mujeres para celebrar su día por excelencia. Pero insistimos, no debió ser algo limitado a las servidumbres sino a toda la estructura social que sustentaba la mujer.

Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, en Orozko. Dos hombres, aparentemente ebrios, rompen la armonía del baile. Era tal la solemnidad e importancia social de la danza que solía haber un alguacil o persona encargada de expulsar a los personajes que no danzaban con el decoro adecuado

ADORNOS DE AJOS. Esa exaltación del ajo como elemento festivo, se convirtió en una especie de adorno inexcusable y simbólico al menos en casos como el de Laudio. Aunque en la actualidad nadie lo recuerde, disponemos de una preciosa información que se recoge en 1935, en unas notas en las que un informante de Laudio —D. de Isusi— responde a las cuestiones hechas por José Miguel Barandiaran sobre las fiestas populares y sus rituales populares. Como antes hemos apuntado, es curioso que de todos los sanroques, el informante sólo haga mención al Berakatz Egun, seguramente por ser la jornada festiva con más arraigo popular. Son datos inéditos, desconocidos hasta hoy, ya que aunque se conservaron las notas manuscritas en Ataun, el conocido sacerdote no las publicó jamás. Con todos los ingredientes deseados dentro de ellas, dicen así:

«Día 18 de agosto. Día de Berakatza. El día 18 de agosto desde tiempo inmemorial se viene celebrando en Laudio la fiesta de Berakatza, llamada en general, «día Berakatzeun (sic) o de los ajos«.

Actualmente la fiesta se halla muy reformada y solo se observa que las señoritas que presiden la verbena, corrida de toros por la noche, etc. vayan adornadas con grandes collares de ajos; pero dicen mis padres que, en su juventud, se celebraba dicha fiesta en el mismo día que actualmente pero que los números de la fiesta tan solo consistían en un gran número de bailes baskos [sin duda en referencia al aurresku]. Los bailarines debían presentarse al público, completamente adornados con ajos así como el balcón del ayuntamiento, etc. Se puede decir que actualmente no se conserva de la fiesta más que el nombre».

Notas sobre el Berakatz Egun de Laudio, recogidas por J. M. Barandiaran aunque sin reflejo en sus publicaciones (1935)

Hoy no se conoce referencia alguna de aquellos ajos que se usaban como adorno característico de dicha fiesta y, de no ser por esta nota, se habría perdido para siempre. Algo similar sucedería con el caso de Arrankudiaga, del que no tenemos ninguna referencia a los ajos aunque, no lo dudo, existiría.

«…las señoritas que presiden la verbena, corrida de toros por la noche, etc. vayan adornadas con grandes collares de ajos...» Laudio, 1935.

Tan sólo en Orozko es costumbre aún hoy en día el mostrar un diente de ajo colgado del pañuelo festivo o prendido de la camisa en su día de Berakatz Eguna. Debe de ser el recuerdo residual de algo más complejo y de lo que ya hoya nada sabemos.

Por otra parte, una vez más, debemos a José Arrue (1885-1977) el documento gráfico de aquellas fiestas. En un cuadro titulado Berakatz Eguna y que expone en 1914, refleja el Orozko de hace un siglo. Muestra en él a unos muchachos que adornan sus sombreros —elemento imprescindible en los aurreskus descritos en el XVIII — y trajes con ajos y acompañan en la soka-dantza las jóvenes muchachas, aparentemente de diversa condición social, por el centro del pueblo.

En este caso, el aurresku o dantzari que encabeza el baile, el puesto más honorífico, corresponde a un varón ataviado con los ajos. Se echa en falta que sea una mujer, como todo parece indicar que fue. Sin embargo sí es mujer la atzesku —el puesto final— el segundo en importancia tras el aurresku delantero, lo que ya nos da una pista. Parece una muchacha distinguida, no una aldeana al uso de las que tantas veces dibuja.


Detalle del cuadro Berakatz Eguna (c. 1914) de José Arrue, con la atzesku del baile (personaje que cierra la cadeneta) femenina, en Orozko. Aparenta ser una muchacha distinguida, digna de ocupar el honroso puesto.

Quiero pensar que unas décadas atrás ocupaba también el puesto delantero una mujer honorable. Pero para cuando se pintó el cuadro ya estábamos en el siglo XX y nada era lo que había sido. La modernidad había llegado para quedarse y un mundo lleno de novedosas cámaras fotográficas, fábricas, vapores, carbones, ferrocarril, bancos, altos hornos, coches… devoraba compulsivamente el recuerdo de todo el pasado hasta relegarlo al olvido. Así abandonamos también a la mujer, su baile y sus ajos. Por mi parte os aseguro que será un placer comenzar a recuperar el tiempo perdido…

NOTAS:
= Por adecuación al calendario festivo, desde 1999 el Berakatz Egun de Laudio se celebra el miércoles previo al último domingo de agosto. Es decir no en el tradicional 18 de agosto sino en una fecha que fluctúa entre el 21 y el 27 del mes.

= El baile vasco es muy complejo y lo que hoy conocemos como aurresku (un dantzari mostrando los respetos a un personaje homenajeado) es la mínima expresión de un baile con diferentes partes y códigos de funcionamiento. Por ello, cuando hablamos del aurresku histórico, hacemos más referencia a la soka-dantza y bailes entre hombres y mujeres. Para más información, léase esta nota de la enciclopedia Auñamendi.

= La gente mayor de Laudio, ya no euskaldunes, usan en castellano la denominación Día de Ajos pero también Beracacégun, un término eusquérico pero con una pronunciación castellanizante. En cualquier caso, su uso está ya muy restringido.

= El ajo ha sido considerado como un elemento con poderes sobrenaturales y muy válido para hacer frente a los maleficios que acechan desde el exterior. No sólo en Euskal Herria sino, al menos, en gran parte de Europa. Por ello, los collares de ajos han sido usados a modo de talismán protector. Sin embargo, por simple intuición, no creo que sea el camino a explorar a la hora de interpretar nuestro Berakatz Eguna.