Por Santa Lucía… ¿empieza a alargar el día?

POR SANTA LUCÍA…
…no habrá baserritarra que el 13 de diciembre, festividad de Santa Lucía, pase sin decirnos aquello de “Por Santa Lucía, comienza a alargar el día” o cualquiera de las muchas variantes de la frase en cuestión. Porque les gusta poner en práctica y exhibir su capacidad de memorización con este tipo de eventos del calendario. Gozosos porque ven que así suben un pequeño escalón más de sus ciclos anuales, de sus vidas, como siempre han hecho porque vieron hacer. Gente que durante siglos observó el cielo sin tener más que aportar que esa tradicional frase y creencia popular. Creencia falsa pero cierta a la vez.

Tampoco hay que ir muy allá para intuir que en esas fechas de cambio solar se celebrarían con arraigados ritos de carácter pagano y que la Iglesia la integraría en sus creencias remodelándola y atribuyéndola nada menos que a Santa Lucía, la patrona de las luces y la visión por excelencia.Tanto que hubo que inventar posteriormente la leyenda de que se le arrancaron los ojos, algo de lo que no existe noticia alguna, para sí reforzar esa unión con la luz, cuyo mismo nombre sugiere.

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Pero vayamos al calendario…

En principio, todos sabemos ya que la fecha en empezará a alargar el día será el solsticio de invierno, que puede caernos entre el 20 y el 23 de diciembre. Aunque el más reconocido y celebrado es el día 21, que casualmente es el que nos toca este año. Pues bien: por eso precisamente hacemos el cambio de estación, porque empieza a alargar el día. Así es que no le demos más vueltas y no os embarulléis con lo que os echo encima ahora.

LA DE CAL
Realmente el error en la fecha «popular» y la «científica» proviene de un reajuste hecho entre calendarios en 1582 y que hizo que ese año se pasase directamente del 4 al 15 de noviembre, comiéndose varios días. Y de ahí el desajuste que no ha sido capaz de actualizar el refranero popular.

LA DE ARENA
Pero igual de cierto es que la realidad del solsticio es mucho más compleja de lo que nos cuentan ya que existe un liante de aúpa llamado «perihelio». Huid de él porque cuando más sepáis de él más os va a complicar la existencia.

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¿Y en qué nos afecta el «perihelio» ese? Pues que mientras por las fechas de Santa Lucía ya comienza a alargar un poco la puesta del sol, la tarde, el amanecer sigue atrasándose y restando horas de luz totales. Sólo comenzará a amanecer antes ya pasadas las Navidades y sus Reyes Magos. Y el cómputo total de horas de luz, la suma de todo, ese sí, empezará a alargar a partir del 21. Así es que es un lío. Pero la tarde ya avanza como bien nos desvelan nuestros baserritarras…

Sin más, que Santa Lucía nos conserve la vista… porque seguro que no os habéis enterado de nada de lo que os he contado. Si es que hay veces que no hay como la fe para creer sin entender…

La concejala mundiala

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Ganando en el primer tiempo

Los que apostábamos desde hace tiempo por la igualdad y el lenguaje no sexista, nos frotábamos las manos con el euskera ya que, por norma general, no hacía distinción de género en sus palabras. Por fin estábamos mejor posicionados que el castellano en esa parrilla de salida para una supuesta conquista del futuro.

Y es cierto que esa virtud del euskera es así. Pero igual de innegable es que ni todas las palabras del euskera son neutras ni todas las del castellano tienen carga femenina o masculina: hay algunas, muchas, en el castellano que son ambivalentes.

Buena alineación

Una de ellas, y que me afecta a diario por trabajar en una administración local, es la palabra CONCEJAL que sin más significa ‘del concejo’. Lo mismo que terrenal es lo de la tierra, celestial lo del cielo, animal lo que tiene ánima o vida, municipal del municipio, provincial de la provincia o mundial del mundo. Sin distinción entre hombre y mujer, hembra o macho. Por no hablar de arrozal, menstrual, audiovisual, manual, postal, neutral, catastral, central, invernal y dos mil trescientos ejemplos más. Con el redondeo al alza, dos mil quinientos.

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Balón pinchado
Y eso que a priori por carecer de distinción de género nos parecía hasta hoy el gran comodín para afrontar el lenguaje no sexista, se convierte ahora en el arma lingüística más absurda e irreverente con el lenguaje que uno pueda imaginar. Pero mandan las corrientes de lo quizá irracional… y hay que mostrar sumisión y no resistencia para que te den.

Ahora hay que usar “concejala” cuando te refieras a una mujer. Sí o sí. Y si explicas lo que estoy contando ahora te caerá, como me ha caído ya, la pedrada estigmatizadora de machista intransigente. Toma esa…

Parar el juego

¿Y no será mejor reflexionar un poco? Digo yo que si el término “concejal” representa indistintamente a los miembros del concejo o ayuntamiento, al margen de que sean hombres o mujeres, el hecho de forzarnos a hacer una distinción, el marcándonos la consigna o mandamiento de usar en la Administración pública “concejal” diferenciado de “concejala” es realmente el mayor acto de machismo imaginable. Porque da a entender que “per ese” los concejales han de ser hombres, machos. Una majadería en toda regla y lo más alejado de la lucha por la igualdad.

Y lo mismo sucede con palabras como “alcalde” de origen árabe y con significado de ‘juez’ que no contiene por sí misma distinción de género: alcalde puede ser una mujer o un hombre. De ahí que Euskaltzaindia se haya negado a admitir la palabra “alkatesa” porque con “alkate” se ha denominado y denomina el cargo sin problema alguno. No con pocas presiones y atribuciones de machismo solapado al no claudicar a aceptar una palabra de moderno cuño artificioso… Como el que veía brujas volar en los aquelarres de Trangatx, se ven desigualdades léxicas en donde no las hay.

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Fichaje de extranjeros

Hace poco hubieron de recurrir a un uso marginal de algunas zonas de América de la palabra “lideresa” para forzarnos a desdoblar el “líder” que tan bien nos servía para todos los casos. Y se han aferrado a ello como quien se agarra al peldaño de una escalera que te va a llevar a los cielos. Con gran gozo, múltiple orgasmo y inconmensurable satisfacción. Siendo todo así de ideal, supongo que caerán en breve palabras ambivalentes como astronauta, albañil o ciclista…

Remontada del adversario

Así es que, en el estado actual de las cosas, parece que el euskera pierde una batalla más, ahora en lo más hondo, en lo estructural, desarmado de su mejor recurso. Porque aquel ideal de palabras ambivalentes parece que ya no sirve. Ahora se llevan otros principios. Y yo me encuentro desorientado. No sé si tengo que luchar por la igualdad, contra la desigualdad o, sin más, hacerme abanderado de la rebeldía contra la imbecilidad. Es que ya no cabe tanta…

No sienten los colores

Y el resto del mundo, los “normales”, ya sabéis: concejal y concejala. Mundial y mundiala.

Me viene al pelo el lema de Emakunde:

«LA DESIGUALDAD NO NACE, SE HACE» /
«BERDINTASUN EZA EZ DA BEREZ SORTZEN, EGIN EGITEN DUGU»

Ninguna frase lo podría definir mejor.

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PS: Eso sí, sin olvidarnos de luchar día a día y en cuerpo y alma contra la desigualdad. Sin mezclar churras con churros, ni merinas con merinos.

Una de artaburus

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El vocablo de euskera “artaburu” es y sigue siendo muy usado en nuestra tierra. Pero no con el significado primigenio, sino con otro secundario. ¿Por qué decimos esto?

Pues porque en principio “artaburu” es la ‘mazorca del maíz’, resultado de la fusión de dos palabras diferentes como “arto” ‘maíz’ y “buru”, ‘cabeza’. Es decir, se trata del ‘fruto en espiga densa, con granos muy juntos, de ciertas plantas gramíneas como el maíz’ que es la definición correcta, con traje de gala.

Pero, de modo colateral, quizá por su aspecto, el nombre de la mazorca se ha usado a modo de insulto entre las personas. Así, decir a alguien “artaburu” es como llamarle “necio, bobalicón”. El aspecto burlesco de la espiga ha generado incluso expresiones como “Joan artaburuak urkultzera!!”, muy propia del occidente vasco al que pertenezco, una especie de “¡vete a freír espárragos!” y que, traducido literalmente es ‘¡vete a desgranar mazorcas!’.

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El equivalente al despectivo “artaburu” es “borono” cuando hablamos en el castellano de nuestra zona. Sin duda viene de “borona”, que significa también ‘maíz’. Es curioso, porque el uso de “borono” como ‘persona corta de entendimiento’ se usa solamente en el ámbito vasco, por lo que podemos suponer que es la traducción o el paralelo de la palabra en euskera “artaburu”. “Borono” se ha usado para indicar ‘rudo, tosco’ y, desgraciadamente también para ridiculizar y humillar a los que eran de caserío y no se manejaban bien en castellano por hablar euskera. Duele el publicar esto casualmente un 3 de diciembre, Día Internacional del Euskera. Por cierto y como inciso, que de “Internacional” nada, porque no está ni registrado ni admitido como tal en Naciones Unidas, que es quien gestiona estas concesiones. Ya puestos a inventar, nos podíamos poner “Mundial” o “Universal” que tiene más empaque. Si es que somos unos artaburus de agárrate… Pero no me lieis… Volvamos a nuestra “artoa”, la de comer.

Como curiosidad histórica, digamos que “arto” no era en origen “maíz” sino “mijo”, un cultivo local. Pero con la llegada del maíz desde América, fue tan repentina su propagación y generalización en los cultivos, que no hubo prácticamente tiempo para darle un nombre nuevo. Había por aquel entonces más hambre que necesidades léxicas.

Así, por la similitud entre los granos de ambas plantas, se conformaron con una simple diferenciación que no alteraba sus “diccionarios locales”: el mijo pasó a ser “arto txiki” y el maíz “arto handia”, ya que el grano de esta última es algo mayor que el del mijo. En la imagen, granos de mijo cayendo de una cuchara.
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Pero como el maíz llegó a imponerse como cultivo principal de los caseríos, por comodidad al hablar, se empezó a denominar de un modo más abreviado, diciéndole “artoa”, a secas, quedando el “arto txiki” relegado a denominar el “mijo”. Y como este último cultivo prácticamente desapareció, “artoa” se identifica en la actualidad sólo con “maíz”. Toda una usurpación de identidad como vemos.

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Exactamente lo mismo sucedió con la palabra “borona”, de origen céltico, y que se usaba para denominar el “mijo”. Con la traída del maíz americano, sirvió para nombrar el mijo y el maíz simultáneamente y, al final, se quedó como “maíz”. “Borona” es curiosamente la palabra del castellano que se usa en en nuestra zona para denominar el “maíz”.

Para finalizar, añadiremos que “maíz” proviene del taíno “mahís”, una antigua lengua hablada en las Antillas (Cuba, Haití, República Dominicana, Puerto Rico…).

Arkastas, las sensuales vírgenes del Gorbeia

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA Por falta de escucharlo no será. Pero yo nunca me he llegado a creer aquello de que se daban noches de desenfreno pastoril con las ovejas. Siempre salía a relucir en aquel momento de la noche en que el coñac, que es como lo llamábamos, superaba al personaje. Y risas y mofas y fanfarronadas restaban a la historia la poca credibilidad que tenía.

Pero cierto es que las ovejas tienen su punto encantador, sugestivo. Por una parte, es lo más parecido a un harén soñado, ya que los machos son sacrificados al poco de nacer. Un estorbo menos… Y no me vengáis con milongas porque si no, no tendríamos leche y quesos con denominación de origen.

Por otra parte, las ovejas son tan bonitas que destacan entre todos los animales. A mí en concreto me apasionan las que en mi casa hemos conocido como ARKASTAS. Son el estado intermedio entre corderas y ovejas: la perfección.
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Las corderas, aun las entradas en edad fértil, se apartaban por ser aún muy inocentes para sufrir el ímpetu insaciable del fogoso carnero. En el otro extremo, las ovejas, que ya estaban de vuelta de todo tras haberse pasado por la piedra al semental todos los septiembres que habían querido y uno más, para apuntarse un buen orgasmo anual y para darnos corderitos como beneficio colateral.

Pero en el medio estaban las “arkastas”, las mejores, las doncellas, las puras… Significa ‘oveja joven’ en euskera (ardi + gaztea), esas que estaban en plenitud corporal pero que no habían sido madres aún. Porque no habían catado… Todo en su sitio, ni una lana fuera de lugar. Un vicio…

También eran llamadas “balderas” aunque ahí se englobaban todas las no mamás, jovenzuelas o viejas estériles… pero hace especial referencia a estas últimas. Nada menos que del árabe surge esa palabra y comparte raíz con otras como “baldío”, terreno sin preparar para cultivar, o con expresiones tan nuestras como “de balde” o “en balde” que es lo que hacía el carnero, desfondándose y cuestionándose a sí mismo sin saber que aquellas ovejas nunca iban a ser “la madre del cordero”. Es decir, “la madre que los parió”.

Ya no hay pastores como los de antes, ni Gorbeia es lo que era. Ya sabía yo que nos los iban a joder cuando nos obligaron a llamar “brandy” al “coñac” de toda la vida. Se perdió todo ya… todo menos las “arkastas”, las sugerentes y sexys doncellas con que soñaban cada noche, cada día, los zagales de Gorbeia…

No les toquéis los huevos

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Hay costumbres en las tradiciones rurales que nadie sabe a ciencia cierta a qué responden. Pero son incuestionables y axiomáticas en el universo ritual de quienes la practican. Y que nadie quiera ir más allá porque ya le adelanto yo mismo la respuesta que va a recibir: «porque siempre ha sido así». Y punto…

Vayamos a uno de esos casos… uno de cuando les tocan los huevos a las gallinas.

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Si pregunto a mis padres, me dirán sin dudar que para que una puesta de gallinas llegue a buen puerto, para que las condiciones de la incubación sean las óptimas, para que el beneficio del proceso sea el adecuado, el número de huevos puestos por las gallinas habrá de ser impar. Porque yo qué sé. Y, si no, empezamos mal…

No creáis que es creencia local sino que ha estado muy extendida entre nuestros baserritarras. O sea, que de devaneo de algún enajenado, nada. En fin… pongamonos serios, que habiendo huevos delante, la etiqueta lo requiere.

Rizando el rizo del costumbrismo popular, no sólo se conformaban con que fuese impar sino que cada comarca tenía sus preferencias. Por algunas zonas de Uribe-Kosta servía con que fuese número impar entre siete y quince, cifra que se acotaba más en Gernika siendo el número de huevos ideal o trece o quince (ni más ni menos), similar a la creencia de Karrantza en donde, con gran generosidad, además de las cantidades anteriores, también daban por bueno un número tan extraño y patán como es el once.

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Pero también entre las creencias rurales ha habido pueblos atravesados y díscolos. Si no cómo puede entenderse que en Elgoibar tuviesen por número ideal el dieciocho y en Ajanguiz y Orozko la docena. Si se enterasen mis padres… ¡vaya ofensa al buen hacer!

Así es que para atinar con tanta precisión en ese número mágico que garantizase una próspera pollada había algún que otro infame pervertido que hacía trampas y andaba todas las veces tocando los huevos a las pobres gallinas. Pero era una práctica que nunca ha estado bien vista.

Y a estas alturas ya no hay baserritarra que no sepa que para que te sonría la suerte no hay nada en la vida como el tener los huevos bien puestos. Pero, por dios, que nunca sean «un par de».

Arrodillaos, tejeros del mundo

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El 22 de octubre tuve la suerte de hacer una visita en la tejera de Arearrieta (Orozko, Bizkaia), dentro de las Jornadas Europeas de Patrimonio. Y allí me quejaba sin consuelo posible, confesando a los pacientes participantes que me gustaría tener un «formal», una pieza artesanal de madera que se usaba en las tejeras como molde para dar la característica curva a las tejas. Para el que lo desconozca, me encanta el tema y he hecho alguna que otra investigación y divulgación al respecto. Es decir, que lo de hoy no es una locura transitoria sino crónica.

El formal es, si cabe, el elemento más identificativo de la labor de los tejeros, una pieza que obsesivamente he buscado durante años por círculos de coleccionistas o anticuarios virtuales y reales habidos y por haber… sin éxito alguno.

Pero en aquella visita estaba escuchando, silencioso, Kepa Untzaga Aretxederra cuyo precioso segundo apellido (‘roble hermoso’) nos entronca con los propietarios de la tejera de Zaldu (Gordexola), una de las últimas en apagar su horno en Bizkaia.

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Pues bien. Ni corto ni perezoso ayer acudió a otra salida de montaña que habíamos organizado en Orozko para hablar de leyendas y mitología locales. Y al final, apenas sin testigos, me hizo entrega de este par de formales que os muestro, así como otra pieza tosca (un «pisón») y un molde de hacer ladrillos, con sus vástagos para practicar los agujeros. Muerte súbita…

«Llevaban 60 años esperando que alguien se fijase en ellos…» me ha dicho mientras nos cruzábamos las miradas. «Y –ha continuado diciendo– precisamente gracias a ese olvido se han librado de acabar en la basura o fuego». Y me los ha dado para que yo los viva…

Para disgusto de mi pareja o de mi madre o de mi suegra (no es machismo: es así, tal cual), van a ocupar un lugar destacado en el salón de mi casa. Un salón que tiene mucho de museo y bastante más de preocupante «síndrome de Diógenes patrimonial». Un salón que haría enfermar de estrés al más inalterable ladrón.

Pero quiero que esos formales estén ahí, enaltecidos en ese altar doméstico, majestuosos, dignos, para verlos todos los días de mi vida. Para observar sus imperfecciones y esos agrietamientos de la madera que magistralmente supieron reforzar con unas partes metálicas que aún les añaden más encanto. Para sentir de continuo el pulso de aquellos tejeros parlanchines de xíriga (lenguaje de los tejeros asturianos con muchas palabras en euskera), aquellos temporeros que llenaban con sudor los días y con lágrimas las noches. Porque quiero que su simple visionado diario se convierta en un homenaje hacia aquellas humildes gentes.

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Así es que soy en estos momentos un ser muy dichoso. Plenamente feliz con algo que no son sino unos trozos viejos de madera, algo inservible para el resto de la humanidad pero importante para mí. Ayer, precisamente, que fuimos a las nieblas de Trangatx para decir que según la leyenda hay allí enterrado un tesoro…

Mila esker, bihotz-bihotzez a la familia Aretxederra. Y al resto espero mostrároslos siempre que visitemos una tejera o nos animemos a hacer unas tejas. Izan ondo edo, ahal dela, ni bezain zoriontsu bizi.

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IMÁGENES. En la foto antigua, dos de los tejeros muestran su formal, con tanto o más orgullo que con el que os los muestro yo. En las nuevas, captura del instante en que los dos formales y demás elementos se reencuentran con la vida en las otoñales riveras del Nervión.

Este domingo, akelarre

AQUELARRE

Mañana domingo, mientras los lugareños estén celebrando la fiesta de San Martín en torno a su iglesia parroquial, 75 personas (más quien todavía quiera sumarse) pasaremos a su lado. Aunque sin caer en la tentación ya que continuaremos en nuestros vehículos hasta el barrio superior de Arrugaeta, en la zona más humanamente intrincada de Orozko (Bizkaia). Porque nos vamos de akelarre… Por cierto, una aberración por nuestra parte ya que según las creencias locales, los akelarres se celebraban en viernes: jamás un domingo, el día del Señor.

No pretende ser ninguna muestra de irreverencia hacia nadie ni hacia ningún credo pero desde luego que nuestra visita (6 km andando en total) va a ser bastante más interesante y sugerente que la misa que en honor al santo titular de la parroquia se va a celebrar a las 11:00 h. Y es que ese precioso entorno de montaña recoge como en ningún otro lugar infinidad de extrañas creencias. Todo en un mínimo espacio: la peña de Trangatx y su collado inferior, Aibelaga, histórico paso entre Orozko y Zeberio.

Garaigorta

ANBOTOKO SEÑOREA
Está anunciado mal tiempo, además. Algo que suele atribuirse por estos lares a la diosa Mari, aquí conocida como Anbotoko Señorea. No en vano, ya se sabe de su presencia en estos barrios y cumbres, tal y como publicó en 1989 el añorado irundarra Luis Pedro Peña Santiago: “Según nos contaron, unos hombres del barrio de Arrugaeta de Orozko fueron a por helecho a los montes próximos del Valle. Estando en esta tarea se levantó un viento muy fuerte y el cielo se ensombreció. Fue entonces cuando mirando a lo alto, vieron cruzar por el cielo una enorme bola de fuego que se desplazaba a gran velocidad. El de más edad de entre ellos les dijo que esa bola era Anbotoko Señorea que iba de su morada en las proximidades de la cima de Anboto a su cueva de Gorbea. Quienes vivieron estos momentos contaban todavía muchos años después que aquella visión les dejó paralizados, asombrados, hasta el punto de que no pudieron recoger el helecho que habían ido a buscar, y que incluso los bueyes se asustaron y no los pudieron dominar durante largo rato”.

Dejaremos los coches en ese elevado y precioso barrio para partir por un camino que recorre, desde hace siglos, su ladera con gran suavidad, haciendo que apenas percibamos los desniveles: se trata de la carretera (camino de carros) de Komentsola, ruta otrora mercantil entre Orozko y Zeberio. Su punto culminante es el collado de Aibelaga, un altivo lugar consistente en una exigua planicie que rápido se desparrama de nuevo camino a los valles septentrionales.

GENTILES VIOLADORES
Inundan este paso de Aibelaga diversas de leyendas de gentiles (gigantes mitológicos) a los que se les atribuye todo tipo de fechorías. La más destacada sea quizá el rapto de una muchacha a la que supuestamente violaron. No sería de extrañar que estos relatos nos estén en realidad describiendo sucesos ocurridos con los soldados del cercano castillo de Untzueta. Es decir, un salto en el tiempo de 800 años. Ya lo detallaremos con más precisión in situ.

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KATALIN, KATALIN
Aún más sobrecogedor es, si cabe, el relato de lo sucedido a un vecino oriundo de Zeberio pero que vivía en Arrugaeta. Fue a visitar a la familia en su casa natal y, para cuando se dio cuenta, ya había se había echado la noche. Preocupado, emprendió el regreso por Aibelaga, como tantas veces había hecho. Ya en el collado se escuchó una voz sobrenatural que gritaba “Katalin!, Katalin!!”. Sobresaltado, preguntó nuestro personaje a ver qué pasaba. Ya se había apoderado el miedo de él porque, a la luz de la luna, veía que realmente no tenía a nadie a su lado. Entonces un fuerte alarido gritó de nuevo “Katalin!” en su mismo oído. Presa del pavor corrió alocadamente y sin mirar hacia atrás hasta el caserío, a donde llegó agonizante de espanto.

LA DENUNCIA DE KATALINTXE
“Katalin” gritaba aquella voz del más allá… Curioso nombre porque Katalintxe (Katalintxa, un diminutivo arcaico de Katalin, como neska > neskatxa) fue una niña que con ocho años declaró que ella conocía brujas, haciendo una descripción de los akelarres y método empleados por aquellos siniestros seres. Tanto que todo ello acabó en un proceso judicial (1555-1558) conocido como el “proceso de Zeberio” en el que se enjuiciaron diecisiete mujeres”. Por cierto, una de ellas, de nuestro barrio de Arrugaeta. Y habló Katalintxe en su relato de los encuentros brujeriles… Encuentros brujeriles que fueron también afamados en Aibelaga-Trangatx.

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Y es que aún hoy en día es bien conocido en la tradición popular que ese collado y anexa peña de Trangatx (también conocida por peña de Garaigorta en referencia al nombre del barrio inmediatamente inferior) es el lugar de los aquelarres en el municipio de Orozko.

GIZOTSO, EL HOMBRE LOBO
Por si fuera poco, es creencia que ese entorno de Aibelaga era el lugar preferido de Goizotso para hacer sus fechorías. Era un terrorífico ser, mezcla entre humano y lobo. Un ser cruel del cual se rememora cómo persiguió a una muchacha que pasaba por aquel collado y le arrancó a mordiscos los pechos… por mucho que intentó huir corriendo y varias personas fueran testigos impotentes del trágico suceso.

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ALMAS ERRANTES
Quizá algo tenga que ver todo ello en esa tradición que dice que de noche, se escuchan en ese collado ruidos de cadenas, probablemente de almas errantes que no consiguen encontrar el descanso eterno.

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INEXPLICABLES LUCES AZULES
Y por qué no atribuir también a esos espíritus en pena las luces azules que en diversas ocasiones y durante generaciones han avistado los lugareños en la ladera norte de Trangatx (hacia Zeberio) y el mismo Aibelaga. Tan conocidas que hasta tienen nombre propio: “intzentsu-argiak”. Incienso… similar al olor a aceite que inequívocamente nos indica, según la creencia popular de estas aldeas, la presencia de almas errantes.

CAMPANA RELLENA DE URREGORRI
Cómo no, tan extraordinario entorno no podía quedar privado de su leyenda de tesoros. Pues bien: se cuenta que en Trangatx existe escondida en una pequeña cavidad de la peña una campana repleta de objetos de oro. El oro, “urregorria”, omnipresente en las más bellas leyendas de Gorbeia… A pesar de los diversos intentos, aún no lo ha localizado nadie. Por si alguno se anima, la referencia popular es clara e inequívoca: se encuentra en el lugar en donde primero pegan los rayos de sol al amanecer.

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EN DONDE PEGA EL SOL
Como interpretación personal opino que, probablemente, una vez más, esta leyenda haga referencia a un yacimiento o a ajuares de enterramientos prehistóricos. Y ya contaremos algo porque en una pequeña cuevecita del lugar se han encontrado restos humanos. Todavía es algo sin comunicar y que no puedo adelantar pero… allí están desde hace miles de años… En donde primero pega el sol…

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Existen aún más relatos que hacen de ese lugar de Aibelaga-Trangatx algo sobrecogedor, extraordinario y único para nuestro patrimonio cultural. Sin embargo ya es un bagaje desconocido, a punto de desaparecer, algo que no se enseña en ninguna escuela ni lo conocen los jóvenes del municipio: se rompe la cadena.

Por eso queremos luchar contra su olvido. Y allí estaremos mañana, domingo 13 de noviembre, 75 guerrilleros de la resistencia cultural. Aunque llueva, porque el compromiso es ya firme e irreversible: vamos a por ello. Si te quieres sumar a esa columna humana estás a tiempo: mañana a las 9:30 h en el Museo de Orozko, Zubiaur, plaza del pueblo. Recuerda además que las humildes fiestas de San Martin, al bajar de Arrugaeta, nos curarán todas las heridas de guerra. Y, para las 14:00 h. cada mochuelo a su olivo, felices de haber sido partícipes en una causa tan justa y enriquecedora.

EDICIÓN FINAL, POSTERIOR A LA SALIDA:
Sabor agridilce. El respaldo de ese numeroso grupo humano (70 aprox, los mejores, el cuerpo de élite de la cultura vasca) que ha acudido con el día inclemente que hacía es lo que más dichoso y bendecido puede hacerle sentir al que está en medio del fregado. Y así me he sentido…
Sin embargo, la cerrada niebla (peor que el agua) ha impedido mostrar lo que yo prentendía contar hoy. No quería dejar datos de leyendas sino sensaciones. Quería que la gente volase con sus ojos los recorridos que delató Katalintxe, las fechorías del perverso Gizotso que nos unía los dos puntos de akelarres, los familiares de Aspuru, los gentiles de Untzueta y… hasta los personajes oscense-pirenaicos unidos por la hipótesis a Trangatx…
Pero ni la misma peña, a pocos metros, se ha podido visualizar. Ha sido como el cuento del ciego en Granada (el más desdichado del mundo por no poder ver las grandezas que delante tenía).
Para compensar, puedo prometer y por eso he prometido, que iba a poner aquí el relato del proceso inquisitorial de Katalintxe («Las brujas de Ceberio», Dario de Areitio, RIEV 1927), para que la gente imagine con su lectura lo que desde Aibelaga no han podido soñar. Va por vosotros/as, valientes!!! Maite zaituztet.
http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/riev/18/18654664.pdf