Nadie está haciendo test masivos

Quien pide a estas alturas que se haga test masivos en Euskadi para detectar el coronavirus como en otros países sabe que está pidiendo un imposible o necesita cambiar de fuentes de información: ningún país los está haciendo. Tampoco Islandia, Alemania o Corea del Sur. Los científicos y divulgadores llevan semanas insistiendo en que es imposible acometerlos porque no hay recursos (“no es dar a un botón”, recordaba Nekane Murga en rueda de prensa) y porque tampoco ofrecerían una información tan valiosa. Sufrimos dos pandemias: la vírica y la desinformativa, y tenemos que acabar con las dos.

Y a todos se la están colando

Otra crítica recurrente a los gobiernos es sobre la adquisición de material sanitario que, en su mayoría, viene desde China. Los expertos en pandemias y confinamientos ahora mutan, como un virus, a expertos en exportaciones. Como si comprar un par de fruslerías en Aliexpress diese el título de importador. La verdad es que encontrar proveedores de confianza en un momento como este tiene que estar siendo complicadísimo, y que a todos los gobiernos se la están colando: el material es escaso y no cumple los estándares de calidad a Euskadi, a España, a Madrid… A Alemania y a Canadá. Por supuesto.

Y el material sigue siendo escaso

Hago una mención más a Alemania porque algunos médicos de este país han decidido posar desnudos para denunciar la escasez de equipos para hacer frente al coronavirus, según Business Insider. Sí, esto está sucediendo también en Alemania. La verdad incómoda es que todos los países con cierta liquidez compiten por el material sanitario porque escasea. Por eso estamos ante una crisis sanitaria mundial. ¿Y qué hacen los gobiernos con menos recursos? ¿A qué precio se van a encontrar los países en vías de desarrollo las mascarillas, los EPI, los desinfectantes? Eso también está sucediendo.

Hasta en Japón se equivocan

Hasta el gobierno de Japón está cometiendo errores y enfrentándose al escarnio: las mascarillas que se comprometió a enviar a los hogares han recibido multitud de críticas públicas por su calidad, por el estado en el que llegan a los hogares, por el sistema (dos por hogar, a modo generalizado) y por la idoneidad de la medida (pese a que ha habido momentos de escasez, la japonesa es una sociedad previsora que pudo hacer acopio). Este es el contexto mundial, el mismo que pone en ridículo, sobre todo, a los que aseguran aquí, muy cerca, que lo vieron venir y que ellos sí saben qué hay que hacer.

El caso sueco

En Xataka han escrito un extenso e interesante post sobre cómo va el experimento sueco de permitir que el coronavirus campe a sus anchas por el país para que la ciudadanía se inmunice, pase lo que pase. Pues bien, son el octavo país del mundo en fallecidos por porcentaje de población y multiplica por diez los decesos en Noruega, donde sí se ha aplicado un confinamiento. El gobierno sueco decidió no arriesgar su economía y es muy restrictivo haciendo test, “un bien escaso”. La falta de inversión es la mayor crítica de los medios, pero la popularidad de su presidente parece que aumenta.

Cuando Urkullu mira a cámara

El contenido político del vídeo ya lo conocen. Yo me quedo con el gesto Iñigo Urkullu, que se ha puesto delante de la cámara en Lehendakaritza y, mirando al objetivo, ha pedido a Sánchez que colabore, que no se imponga, que deje de llamar “coordinación” a un ordeno y mando que solo se explica porque Sánchez pretende acotar su miedo acotando a otros. Y eso solo lleva al desastre. La capacidad del lehendakari para dirigirse a Sánchez y a la ciudadanía está suponiendo para muchos una sorpresa. Quien lo conoce sabe que la humildad que muestra exponiéndose es genuina y que no es una pose: dice lo que piensa.

Cuando la pandemia vuelva

Yo no estoy haciendo planes para la desescalada, yo estoy haciendo planes para el próximo confinamiento. Primero, porque cuando el gobierno español logre ponerse de acuerdo consigo mismo y con los demás ya se habrá desdicho un par de veces. Después, porque estoy seguro de que el propio desconfinamiento y la estacionalidad nos devolverán a casa. Tal vez no durante tanto tiempo, pero sí en varias ocasiones. Lo del repunte de otoño con la vuelta a las ikastolas lo tiene claro ya casi todo el mundo, así que más vale que vayamos haciendo planes, personales pero también políticos, para aprovechar julio y agosto.

Con listos como estos…

Estamos abocados a repetir errores porque somos humanos y, sobre todo, porque algunos son idiotas. Generalmente, al idiota se le distingue porque es el único que se cree que es más listo que los demás. Esto es lo que piensan quienes han activado una campaña para salir mañana a las calles de un modo masivo, desafiando el confinamiento. En El Periódico apuntan a la extrema derecha y no me extrañaría: en EE.UU. esta facción es la que se manifiesta luciendo sus armas y, siguiendo sus propios pasos, no sería extraño que haya activado el efecto imitación en sus ramificaciones en todo el mundo.

¿Qué oculta China?

Las teorías conspirativas siempre me han parecido cuentos chinos. Al final, las explicaciones más sencillas suelen ser las razonables. Las conspiraciones solo son invenciones complejas que, sobre todo, sirven para aliviarnos porque hay un culpable malintencionado. Así que, sí, me creo que este coronavirus se haya creado accidentalmente aunque llame mi atención las presiones diplomáticas y económicas de la dictadura china contra Australia, que quiere investigar el origen del virus. ¿Qué oculta China? Supongo que unas cifras de mortalidad y unos riesgos sanitarios terribles que nunca querrán admitir.

La caverna no descansa

Ni siquiera en medio de una pandemia descansa la caverna. La caverna de siempre, sí, esa que necesita al enemigo vasco. Hemos visto recientemente en los digitales noticias a personajes que echan la culpa de sus males de hoy a enfrentamientos pasados o, como denuncia con retranca Egoitz Moreno, cómo algunos han aprovechado una noticia sobre Carlos Sobera para criticar que no tuviera una oportunidad en ETB por no hablar euskera: “‘Señorío de Larrea’, ‘Mi Querido Klikowsky’, ‘Ciudadanos’, ‘Arde la Tarde’, ‘Consumidores’, ‘Cien x Cien’… ¿Me dejo algo? Ah, sí… siete años presentando ‘Date el Bote’”.

El caos nuestro de cada día

Pedro Sánchez lleva una racha muy mala: si lo suyo claramente era su porte y su voz (además de su capacidad de resistencia) y falla en cada intervención pública que hace, malo. Muy malo. Pero es lo que vemos: el plan de desescalada, si es que se puede llamar “plan”, es una llamada al desastre que solo invita a pensar que volveremos a confinarnos. Sánchez y su equipo de gobierno intentan contentar a todo el mundo: a las personas que seguimos confinadas, a los empresarios que se desesperan cada día y a todas las facciones del PSOE y Podemos. Y, claro, como cantaba Iván Ferreiro, el equilibrio es imposible.

Lo que nos viene

Me temo que, hoy más que nunca, ser realista es ser pesimista. Si en Alemania un confinamiento suave está llevando a un repunte de la pandemia y a medidas más restrictivas, según la web especializada DW.com, el caos español, que afectará sin salvedad a Euskadi, nos devolverá a la cuarentena. Las barbas alemanas señalan el remojo de las nuestras no tanto por Alemania como por país que avanza un poco más rápido. En resumen: si eso pasa allí me temo lo peor aquí, sobre todo, porque cada día es más difícil defender que se deje actuar al gobierno español ante una situación inesperada y terrible.

Noticias que igual no lo son

Siempre he preferido un medio honesto, que deje claro de qué parte está, que uno que vaya de objetivo (y al final resulta el más tendencioso). Pero lo que mina la credibilidad del periodismo es convertir en noticia lo que se explica como contexto: puede ser normal que el gobierno socialista cuente con proveedores de afiliación socialista como importadores de China. Primero, porque un importador puede tener afiliación. Después, porque en esta situación es normal llamar a quien ya conoces. Lo raro sería contratar a importadores sin experiencia que se arriman al ascua del negocio rápido.

Política que no lo es

Lo que seguro que no es política es lo que hace el portavoz parlamentario del PP, Rafael Hernando. Lo suyo es activismo, agitación, lo suyo es vivir como un hooligan de derechas. No solo tuitea mentiras: cuando le pillan tiene una forma muy particular de pedir perdón, acusando a los demás de hechos más graves, como las “miles de vidas” que, según él, son responsabilidad del gobierno español. Hernando no tiene vergüenza, eso está claro. Por sus actos cabe pensar que carece de ética y valores. Desde luego, los partidos que alientan a estos personajes no son los que recibirán mi voto.

El futbolista que abrió la puerta a las historias

Estoy seguro de que Michael Robinson tuvo sus sombras: nadie puede ser tan universalmente querido. Yo lo conocí como espectador de sus programas, no me dio tiempo a verlo como futbolista. Y en lo mío, que fue lo suyo, solo puedo darle las gracias: Michael Robinson nos mostró que había otra manera de informar sobre el fútbol, que este deporte que tanto amamos tantos es algo más que crónicas escritas rápidamente y ruedas de prensa insustanciales, que hay historias de jugadores, de clubes y de aficionados, que el análisis táctico se puede explicar, que lo más bello del fútbol se puede contar.

Los «expertos» de Twitter (y de otros sitios)

Por suerte, va calando la idea de que los test masivos y constantes son inviables. Digo “por suerte” porque esa falacia está haciendo mucho daño al ánimo general y a la gestión de los diferentes gobiernos. En Twitter, precisamente, empieza a haber cierta corriente que apuesta por ser precisos y señalar a quien solo intenta desestabilizar: “Por lo que leo de los expertos de Twitter se necesitan 46 millones de test fiables solo para empezar, luego otros 46 millones cada 15 días para asegurarse de que seguimos todos sanos. Eso y personal sanitario para hacerlos. Y bajar los impuestos, claro. Yo, con ellos a muerte”.

No solo en sentido irónico

Es fácil encontrar información sobre por qué no es posible hacer tantos test ni tampoco es recomendable: básicamente, porque los recursos necesarios para analizar los resultados son ingentes y porque tampoco aportan nada más que la foto de un día e importa la evolución, para lo que serían necesarios más test y más recursos, claro. Mucha culpa de que se haya generalizado la idea es de que pocos escuchan a Simón o Murga, y muchos leen fragmentos cortados (y comentados) con evidentes intereses electorales. Porque lo de Casado y lo de Otegi, y sus respectivos entornos, va de elecciones, no de salud.

No, no tenemos ni idea

Me sorprende lo rápido que aprenden algunos sobre pandemias, sobre confinamientos como nunca habíamos vivido y sobre cómo tienen que finalizar estos. Pero ni siquiera los más espabilados entre los que más rápido aprenden demuestran tener ni idea de gestión de lo público. Algunos de los osados, significativamente, viven de la política e incluso han tenido responsabilidades de gobierno. Colette lo resume perfectamente: “El que nunca ha trabajado dirigiendo nada siempre dice que lo que hace el que lo dirige, lo hace él con la punta de la polla. Y no, queridos, no”. La gestión es dificilísima. Y durante una pandemia, más.

“Si no lo creo, no lo veo”

La frase del usuario Jess Meliton es redonda y muestra, sin duda, la forma de actuar de muchos durante esta pandemia: “Si no lo creo, no lo veo”. Hay muy pocas opiniones que no tengan que ver con una posición de partida: toda la oposición ha criticado todo, en Euskadi y en España, aunque sean de naturalezas políticas distintas, en principio. Y todos los entornos de esas oposiciones (sindicatos o medios) han ido a la contra sistemáticamente. Solo han visto aquello en lo que ya creían: que el rival político tiene que ser desplazado, suceda lo que suceda y al coste que sea, literalmente. Y, sí, es reprobable.

Explicándonos la vida

Lo que hacen esos que, en medio de una pandemia, no tienen problemas en generar incertidumbre y cabreo en una sociedad cansada y con miedo, en Euskadi y en España, saben que tienen que hacer un esfuerzo extra: sus agitadores en redes están muy activos intentando que estemos seguros de que estamos haciendo mal las cosas y, por supuesto, que estamos pensando mal si no vemos el desastre en el que vivimos por culpa de quienes gestionan, claro. Como siempre, Antonio Agredano ironiza mejor que yo: “Explicadme cómo es la vida, que estoy viviendo mi vida equivocadamente palmo a palmo”.

Ganas de discutir

Cada vez hay más coches en la carretera, cada vez hay más adultos que salen a pasear solos y el domingo hubo familias que salieron al completo a la calle en vez de respetar la norma de un adulto hasta con tres menores. Si la mayoría mantenemos la disciplina hasta esos que se creen más listos que los demás estarán a salvo. Pero si a esos sumamos los que desde Instagram, Facebook y Twitter muestran su ira ante las y los jetas, la situación se acerca a lo insoportable. Todos vemos lo que hay, no necesitamos gruñones ni gruñonas ni agitadores de WhatsApp. ¿Cómo pueden algunos tener ganas de discutir a estas alturas?

Siempre presente

Esto no va a ir a menos cada día de que pasa. Al contrario: habrá repuntes y estoy dispuesto a apostar a que volveremos a estar confinados, a más tardar, el próximo otoño. Así que la recomendación del gobierno español el día en el que los niños podían volver a salir a la calle me pareció, para variar, tremendamente acertada: “Sanidad pide a las CC.AA. que dispongan del doble de camas de UCI para poder iniciar la desescalada” (República.com). Esto es lo que ni podemos ni debemos olvidar: el virus sigue ahí fuera, hemos estado confinados solo para no enfermar todos a la vez, pero aún podemos contagiarnos.

Falsos debates

Tengo que escribir esta columna y estar atento a la actualidad política en mis horas de trabajo que, cada día más, intento tasar y respetar. A eso, sumo el Teleberri. Pero a partir de ahí, cada día más, siento que solo tengo ganas de refugiarme en series intrascendentes, novelas pendientes o algún videojuego. Paso de debates inútiles que solo buscan hacer daño a personas, como a Pablo Iglesias, que ha ido al supermercado con escolta y sin mascarillas. ¿Y qué? Claro que tiene escolta, es un vicepresidente del gobierno. No, no es necesaria la mascarilla. Y por supuesto que compra en el súper. Como todos los políticos.

No, no todo está fatal

A los que del “todo está fatal”, los del “los que tienen que tomar decisiones no tienen ni idea”, los del “no nos hacen test a todos y todos los días porque no quieren”, no les deseo ningún mal en esta pandemia. Pero sí espero que la mayoría acabe harto de ellos y les dé a espalda. Estar mal en medio de una pandemia no es lo nuestro, con gobernantes que cometen errores porque son humanos y una sanidad que puede saturarse pero está ahí para todos. Estar mal en medio de una pandemia es tener que pagar “hasta 73.000 dólares por entrar en la UCI: el coste de contagiarse del virus en EEUU” (La Información).

Doble rasero

Ante la evidencia de que hacer test masivos a diario es inviable, digan lo que digan algunos, la mejor manera de controlar a la ciudadanía va a ser a través de su móvil conectado a Internet, se pongan como se pongan algunos (curiosamente, los que quieren test a la puerta de casa y móviles opacos suelen ser los mismos). Siempre lo recuerdo: ya cedemos toda nuestra información, ahora solo hay que aceptar que lo hagamos por nuestra salud. Un buen ejemplo lo hemos encontrado en Público (y no me lo esperaba, la verdad): David Bollero nos recuerda la tremenda cesión de datos que hacemos en las aplicaciones para ligar.