Qué desbarre

No me gusta Arnaldo Otegi, no me gustan esos políticos con sonrisilla, con mochila pero como si no la tuviera, que aviva la rabia entre los suyos y la desmovilización en la ciudadanía… Por eso no lo votaré. En esto consiste la democracia. Pero lo que ha tuiteado Carlos García, concejal del PP en Bilbao, es un auténtico despropósito y un desbarre, al comparar a Otegi con Hitler y la ciudadanía vasca con la Alemania que impulsó a los nazis. Así, no. Otegi ni siquiera se ha presentado a las elecciones, pero no es la única falsedad del tuit: es el PP el que gobierna gracias a los acuerdos con el partido que representa a los que simpatizan con Hitler.

Blanqueando con víctimas

Apoyarse en las víctimas para levantar al líder forma parte de la historia de la democracia desde los griegos. En esencia, poco cambiado desde entonces. Las formas, sí, claro: completamente. En esencia, por eso ayer Felipe VI lideraba el homenaje a las víctimas de la pandemia. En Madrid, por cierto, donde no trasladan las cifras pese a haber sido uno de los focos más graves. En cualquier caso, la foto en muchos medios era la suya pese a que como jefe de Estado hizo mucho menos que sus homólogos y a que solo su padre, el mismo que cada día encabeza un titular escandaloso, le ha elegido para representar a la ciudadanía.

Un lince

Después de toda la semana leyendo cosas malas sobre Juan Carlos I, por fin encontramos en El Independiente una buena noticia: “El rey emérito logró una rentabilidad del 7% anual con su cuenta suiza mientras la bolsa caía un 46%”. Un lince. Qué ojo. Un crack. Un fenómeno. Un artista. Talentazo. Un sabueso. Qué olfato. Y si es cierto lo que dice un amigo suyo, se ha follado a más de 1.500 mujeres mientras Sofía hacía lo que fuera que estuviese haciendo en la Cruz Roja. Así que, los que decían que a Juan Carlos I solo le regalan el dinero, mentían: él lo multiplica porque está muy bien asesorado. El que mejor.

Bitcoin era el futuro… De la estafa

Ya sé que cuando escribo sobre las bitcoin lo hago como un ignorante o un viejo que no entiende los cambios a su alrededor y sigue aferrado a su libreta de papel en la cola de la máquina que la actualiza. Pero, vaya, cada uno tiene sus vicios. Así que cuando leo que Twitter ha sufrido un hackeo y desde las cuentas de sus principales prescriptores, como Obama o Bill Gates, han pedido aportaciones en forma de Bitcoin, pienso: “Vaya, al final las criptomonedas eran útiles para esto”. Para esto o para transacciones opacas, mientras los medianos ahorradores perdían sus ahorros entre cantos de sirena y blogs “especializados”.

¿Qué sorpresa?

No negaré que el digital que ha montado una exasesora de Pablo Iglesias y que ha promovido Podemos entre sus afiliados en sus canales oficiales, a veces, tiene noticias interesantes como esta: “Los hijos de las familias más ricas ganan hasta 16.000 euros (al año) más que los nacidos en hogares más pobres”. Sí, todos lo intuíamos, como todos intuimos que lo de la cultura del esfuerzo es una boludez: las y los grandes emprendedores tienen colchón, los de cerca y los de lejos. La pobreza se hereda, la clase media se hereda y ganar más de mil pavos más al mes, se hereda. Así es el sistema de castas occidental y usurero.

Sí, es un exceso

Ibai Llanos es, seguramente, el vasco con mayor sentido del espectáculo. Un auténtico talento creativo lleno de energía, insultantemente joven y que consigue un milagro: conectar con el público más difícil (la juventud con cierta capacidad de gasto) en sus propios canales. Primero, lo hizo como “caster” o narrador de videojuegos. Ahora, simplemente, como showman: vive en una casa que le paga su nueva empresa y se graba haciendo lo que se le pasa por la cabeza. Siete días a la semana durante seis años, sin descanso. Lo ha contado en una entrevista y a algunos nos ha parecido una exageración, también, por lo que muestra a su público.

No hay polémica: hay caso

Ibai Llanos se ha revelado contra las críticas: se considera un privilegiado (“hago literalmente lo que me da la gana”) bien pagado. Pero el mensaje me parece terrible: su joven público está viendo que el trabajo a destajo es una opción real (no, no lo es: existe el derecho al descanso), y otros “generadores de contenido” (como se autodenominan) apoyan el modelo de negocio sin privacidad y sin tregua que les posibilita Internet. ¿Esa es la liberación que nos iba a traer la gran red? ¿Así nos facilita la vida la tecnología? No hay polémica: están equivocados y ese mensaje es pernicioso. Lo que debería de haber es caso de oficio y regulación.

Teletrabajar desde un parque público

Con todas las barbaridades que estoy leyendo, a estas alturas, podría abrir una serie: “No lo llames esclavitud, llámalo ‘teletrabajo’”. Empezando por quienes nos invitan a creer que hemos teletrabajado durante el confinamiento con nuestros hijos en casa, siguiendo por quienes nos invitan a llevarnos el trabajo a la playa y terminando por quienes nos recomiendan teletrabajar desde un parque con una wifi pública. Eso no es trabajo, es una especie de mendicidad, una puta mierda, una gilipollez y un mensaje que merece una contestación en toda la cara. El trabajo es digno o es un abuso. Y punto.

No estudies: solo pelea

Trabajar a destajo, desde cualquier sitio (lo que implica, también, en cualquier momento) y haciendo que todo dependa de ti: ¿ese es el mercado laboral que queremos dejar a nuestras hijas e hijos? Pues más vale que vayamos espabilando y frenando la tendencia. En La Información leemos que, en el Reino Unido, según Linkedin, “el mercado laboral es actualmente tres veces más competitivo” con puestos de trabajo para los que no hace falta titulación, solo algo de formación: desarrollo, marketing on-line, servicio al cliente, ventas, análisis de datos… ¿Ese es el mensaje: compite y no estudies? ¿Quién gana con él?

Las fotos del verano

Dicen que Felipe VI está muy bien preparado para ser Jefe de Estado. Me gustaría verle en un entorno militar o uno laboral reales, con minúscula, y sin apellido ni contactos. Pero sé que no pasará, que toda la vida será un Borbón, con o sin trono. De momento, este año está haciendo una gran labor: un álbum de fotos precioso por la geografía española, posando cerca de la gente pero sin tocarla. Una serie de cuadros costumbristas increíbles, como el de Benidorm: ellos, impecables; el pueblo, medio metro más abajo, con sus lorzas postconfinamiento, sus bañadores del año pasado y sus móviles para inmortalizarles la espalda.

¡Cómo nos conocen… Estos de Madrid!

Unos huevos con chorizo y una botella de sidra, eso es lo que desayuna el personaje que va del verde de Bildu mientras el que viste del rojo del PSOE está adormilados y el que va de morado de Podemos avisa de que hay un malvado, Urkutron, que, claro, es Urkullu. La campaña de Podemos quiere llamar la atención y lo ha logrado, pero si nunca he aprobado eso de que “lo importante es que hablen de uno aunque sea bien”, en plena campaña lo creo todavía menos adecuado. Podemos ha ocupado las conversaciones y los grupos en WhatsApp pero para mal: fuera de contexto, fuera del momento, que es grave, y fuera de lugar.

Estaba más claro…

A nadie le sorprende a estas alturas que Rosa Díez arrope al candidato de Vox en Bizkaia, sobre todo, después de que su aproximación al PP fuera fallida. Lo único que puede llamar la atención es que haya tardado anda tanto porque la mujer esfuerzos ya ha hecho, como en sus participaciones en programas digitales de esas estrellas comunicativas (que no periodísticas) de la extrema derecha. La nueva normalidad para Rosa Díez ha consistido en quitarse la mascarilla más que en ponérsela: las cosas, claras. Del PSOE a UPyD, de UPyD al PP, y del PP a Vox. No puede decir que no tiene libertad para elegir.

Reyes visitando a pobres y peligrosos

La visita de Felipe VI y Letizia Ortiz al barrio sevillano conocido como “de las 3.000 viviendas” es un error comunicativo como una casa. Está claro que su periplo por España ha sido organizado por alguien con un nivel de caspa digno de la Casa Real. ¿Dónde van los Reyes? ¡Al barrio más pobre de España! Y, ¿cómo van? Estrenando coche blindado de 550.000 € por lo que pudiera pasar. ¿Cuál es el mensaje? No hace falta ni ponerlo en negro sobre blanco. Quien alaba este recorrido, esas fotos y aquellos gestos (el del coche blindado a estrenar de medio millonazo entre pobres y armados) tiene que estar en el ajo.

La historia de una foto. La historia de un país

El matrimonio McCloskey vive en un casoplón en San Luis, Missouri. Ambos son abogados especializados en lesiones. Él tiene un rifle de asalto y ella una pistola (igual tiene más armas, pero solo hemos visto esas). Y se vieron obligados a sacarlos para proteger su propiedad, como reconoce la ley estadounidense, ya que se vieron amenazados por unos manifestantes negros que atravesaron su propiedad para llegar hasta la casa de la alcaldesa de la ciudad, que ha filtrado los nombres de quienes reclaman mayor control sobre la policía. La historia de la ya famosa foto la cuentan bien en El Confidencial, y es la crónica de un país.

¿Qué buscan las apps?

Durante el confinamiento me abrí una cuenta en TikTok. Siempre intento comprender los mecanismos que hacen que algo guste a mucha gente, como esta app que, a mis ojos, solo es una versión concentrada de lo peor que puedes encontrar en YouTube. Pero en Magnet nos explican lo que obtiene la aplicación china: “Tu nombre y apellidos, predecir con un bajo margen de error con quién convives y quiénes son tu pareja o amigos, cuál es tu banco, cuáles son las contraseñas de otras aplicaciones, el dinero que tienes y extraer más datos sobre tus datos biométricos”. ¿Para qué? Esa es otra historia.

El hambre con las ganas de comer

Arnaldo Otegi y Cayetana Álvarez de Toledo están encantados de haberse reencontrado. Ambos saben que se están haciendo la campaña y que están logrando la notoriedad que sus propuestas para Euskadi no les dan. Su relación en los medios y en Twitter responde al viejo axioma: “Cuando no tienes nada que decir, entretenles”. Porque su diálogo es un poco de besugos o, como dirían los horteras, es un metadiálogo: solo hablan de que hablan y se responden. Pero lo cierto es que ambos se están ayudando. Y mucho. Igual alguien en Bildu debería de reflexionar si Vox y el PP son sus aliados para la campaña.

Mil “pesebreros”

¡Qué lejos queda aquel Pablo Iglesias contertulio y protagonista de decenas de entrevistas que llamaba “pesebreros” a quienes trabajaban para los partidos políticos o los gobiernos! Hoy es el vicepresidente de un ejecutivo de coalición que tiene mil cargos de confianza. No es una exageración ni una cifra al azar. Esto es lo que leemos en Vozpópuli: “El Gobierno inyecta más crédito en plena pandemia para pagar un ‘batallón’ de mil asesores. El Ejecutivo de coalición de Sánchez e Iglesias se ha gastado 18 millones en los cuatro primeros meses del año en pagar las nóminas del personal de confianza”. ¿Cómo les llamará ahora?

Cuidado

La denuncia que hace Aitor Merino en Twitter es mucho más relevante de lo que parece: no hay contenidos en euskera en unos “encuentros sobre literatura, televisión y cine ante el terrorismo” del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, dependiente del ministerio español de Interior. Pero el problema no es solo el idioma: se está construyendo un relato cultural sobre el terrorismo dominado por una parte, la que tiene el control de las industrias culturales. No hablo de equidistancia o café para todos, ni mucho menos de generar un relato que defienda a ETA. Pero sí que la producción sea plural.

Esto huele a rancio

El enfoque, la redacción, la noticia en sí es tan rancia que pienso que Paloma Barrientos está haciendo verdaderos esfuerzos para mantener el nivel. El nivel de rancio, claro. ¿Qué va a decir el Duque de Alba sobre Felipe VI? A Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, por supuesto, le gusta: cree que los españoles tienen una “inmensa suerte” al poder contar con él y que el hijo de Juan Carlos I “ha demostrado su valía, su preparación y sobre todo su humanidad”. Vamos, la misma colección de boato innecesaria de toda la vida. Esto se les acaba. Y tiene pinta de que no importa el esfuerzo que hagan.

Necesitamos otras cosas

No necesito que haya un test en la farmacia que, por 30 €, me dice en casa si tengo o no coronavirus. Lo que necesito es no contagiarme, y para eso, lo que todos necesitamos es lo mismo: que todos llevemos mascarilla, mantengamos las distancias y cumplamos las medidas higiénicas. Es decir: prevención. Es más. Ese test “casero” que vamos a poder comprar me da más miedo: los que se lo hagan y vean que lo han pasado no van a hacer caso de las medidas sanitarias, pero si los test de los hospitales fallan, ¿cómo no van a hacerlo los de las farmacias? Esto sí me invita a pensar en consumismo y negocio farmacéutico.

¿Estamos seguros?

Ni quito ni pongo comas. Tampoco rey. Solo pongo contexto. Primero, Javier Durán tuiteaba sobre el periodismo cortesano: “Los Reyes de España se gastaron en su luna de miel 500.000 dólares pagados por el Rey Emérito y un empresario. Ni una portada. Los Reyes de España se van a Canarias a hacerse fotos”, y después mostraba las agradables portadas de El País, La Razón y el 20 Minutos. Sobre este tuit, Rule se preguntaba: “¿Estamos seguros de que los medios de comunicación están guardando la distancia de seguridad cuando le lamen el culo al Preparao?”. Así las cosas, que disfruten del viaje. Alguno será el último como reyes.

La culpa será del Gobierno, claro

Mucho más prudente se muestra Fernando de Córdoba en Twitter: “Si tenemos que volver a medidas duras (restricciones de movilidad o incluso confinamientos), ¿creéis que habrá una reflexión sobre cómo ha fallado la responsabilidad colectiva o se echará la culpa a algún grupo/conspiración?”. Yo lo tengo claro: la culpa será de los gobiernos. Del vasco y del español, claro. Y no dudarán en hacer campaña con ese posible rebrote quienes basan su política en el cuanto peor, mejor. Nadie ha dudado en señalar el descontrol de quienes toman decisiones para todos, algunos, sin ser capaces antes de autoprotegerse.

Quien alimenta a las fieras que no mire a otro lado

Lo que tengo clarísimo es que la culpa de que aparezcan exaltados que en Galapagar acosan a Pablo Iglesias e Irene Montero y, en Euskadi, pintan batzokis, casas del pueblo, sedes de Podemos y hasta el domicilio de Idoia Mendia, es de quien los alimenta. Así que el expediente que Vox va a abrir a la concejala ultra que acude cada día al domicilio del vicepresidente y la ministra, es el mismo papel mojado que las declaraciones de unos y otros que, en plena vorágine de las pintadas, decían que quienes las perpetraban no eran de los suyos. ¡Vaya si lo son! No solo son de los suyos, sino que les dan de comer puntualmente.

Más claro, agua

El vídeo de un grupo de jóvenes dispuestos a marchar por España (y sobre España, diría yo), como bien decía Eider Hurtado, “resultaría cómico, si no dieran miedito”. A su tuit, Marcelino Madrigal respondía directamente: “No lo paran porque no quieren”, y mostraba un hilo en el que se vislumbra una cabeza visible con cierta proximidad a los legionarios de cristo. “Un apellido ilustre”, en palabras de Madrigal que, una vez más, en España aparece relacionado con un movimiento con reminiscencias fascistas que se mezcla en ese marasmo entre el franquismo tradicional y la nueva ola ultra y parlamentaria.

¿Y si lo dejamos todo?

Soy bastante pesimista respecto al teletrabajo: a lo que se lo estamos llamando no lo es, porque si una o un trabajador coincide con sus hijas e hijos sanos en casa, no puede trabajar, directamente. Hacemos lo que podemos, pero no teletrabajamos. Veremos si al final hay una ley, que es a lo que esperan muchas empresas, y veremos a qué obliga. Y si todo sale de la mejor manera posible (cosa que dudo) podremos responder a lo que plantean en Bolsamanía: abandonar las ciudades si no es necesario acudir al puesto de trabajo, con todos sus beneficios. Pero me temo que yo seguiré siendo pesimista.