Política mezquina

En el PP vasco saben que la pelea que originó ataques a la Ertzaintza durante la Aste Nagusia ni se originó en Gogorregi, ni tiene nada que ver con esa txosna. Saben, también que, de hecho, quienes empezaron la discusión venían desde la zona en la que está Kaioak, la txosna por la que han pasado, sin mancharse los zapatos, varios representantes del PP. Pero esto da igual: Javier de Andrés sigue empeñado en ser la copia mala de Isabel Díaz Ayuso, e intenta mitigar que la irrelevancia palpable del PP llamando la atención y vinculando esa pelea con la txosna de EGI, por medio de una política mezquina, muy española, y emponzoñadora.

Más protestas culturales así

El gaitero Ricardo Oficialdegui se plantó en las oficinas del departamento navarro de Educación porque, según su denuncia, el consejero Carlos Gimeno “continúa sin firmar la Orden Foral imprescindible para incorporar la especialidad de Dulzaina-Gaita Navarra a los conservatorios” (Pamplona Actual) del territorio. Ante la nueva negativa de Gimeno, el gaitero se puso manos a la obra, literalmente, con lo que mejor sabe hacer, y empezó a tocar la gaita dentro de las oficinas, hasta que fue instado por la policía foral a abandonar las instalaciones y fue acompañado hasta la puerta, instrumento en mano.

Sigue el desconcierto

El desconcierto, la vergüenza o la falta absoluta de ella, la cosa es que siguen, de eso estoy seguro, y es lo peor, las mentiras: “La Policía informa a la Audiencia Nacional de que agentes marroquíes guiaron a los inmigrantes que pasaron a Ceuta”, titulan en El Periódico de España. Lo que no sabemos y deberíamos conocer es qué información tenía y el ministerio de Interior y, por extensión, qué sabía Pedro Sánchez cuando aseguró que detrás del asalto a Ceuta de miles de personas estaban Rusia e Israel. Y seguimos con lo que no sabemos: ¿por qué actúa así el gobierno español, encubriendo al reino de Mohamed VI?

¡Claro!

Es evidente que cuando Pedro Sánchez señaló a Rusia e Israel buscaba librar de la culpa a Marruecos pero también a sí mismo. Es evidente que no mencionó a EE.UU. porque, entonces, sí, tendría que implicar a la dictadura de Mohamed VI. Y es evidente que si echas balones fuera alguno te puede venir devuelto, también, de un balonazo: “Rusia pide a España pruebas sobre su supuesta implicación en la crisis migratoria de Ceuta” (EFE). No es Rusia el régimen más fiable, ni el más limpio, ni el menos sospechoso de desestabilizar las democracias occidentales, pero sí es un país que puede complicar más la situación si quiere hacerlo.

Ya ha ganado la derecha

Pase lo que pase en Ceuta, la derecha española y la mundial ya han ganado la batalla del relato: todo lo que gritan, lo que denuncian, lo que utilizan para meter miedo, está siendo confirmado: “Detenido un marroquí de 17 años por agresión sexual a tres menores de entre 10 y 11 años en un centro tras la avalancha de Ceuta”, denuncian en Abc. Lo que publican en Vocento, evidentemente, refuerza el argumentario de PP y Vox, igual que lo hace la preocupación de la izquierda por las quinientas niñas que siguen en la ciudad. ¿De qué se preocupan? ¿Por qué tengo la sensación de que unos y otros nos toman por tontos?

La oferta

En El Periódico de España han preguntado a dos académicas y tres académicos sobre la situación de la vivienda “en Madrid y otras capitales”, porque el Madridcentrismo no se hace solo. En el quinteto está Ibon Tellería, de la EHU, y hay cierto consenso: “La oferta es insuficiente y, además, inasequible”. Así que cualquier política de vivienda tiene que tener como objetivo incentivar que las viviendas salgan al mercado de las familias que las quieren para vivir, penalizando a los inversores y dando garantías a los propietarios (en vez de señalarlos como los culpables). Solo así empezaremos a avanzar de una vez.

Yo probaría a prohibir Airbnb

No tengo ni idea de macroeconomía, pero me hago la siguiente pregunta: ¿y si todas las viviendas que hay en Airbnb se dedicasen al alquiler habitual o se pusieran a la venta para familias que las necesitan para vivir? Yo estaría dispuesto a prohibir Airbnb o los alquileres que oferta Booking y que “disparan su negocio mientras miles de anuncios ilegales siguen activos” (Público). Prohibirlo, sí, en mi ciudad… y también en las que quiero visitar, claro, porque esto es muy vasco: igual que llevamos décadas pensando que podemos veranear en Cádiz pero nos molestan los turistas en Bilbao, no queremos pisos turísticos en Donostia pero sí en París.

No, no una casa no es una vaca lechera

Rafa Mora, aquel personaje de la televisión que parecía más guapo que listo, es el que afirma en un podcast que un piso “es una vaca lechera”. Tiene nueve casas y las alquila, y aunque quiere llegar a veinte, asegura: “No soy avaricioso” porque quiere el dinero para estar tranquilo. Lo más importante para mí del podcast y del personaje, es constatar que hemos creado una sociedad en la que cualquiera con cara dura puede ganar mucho dinero, comprar casas y especular, mientras el resto, los que somos un poco educamos, pagamos los alquileres y reímos las gracias. “Temed la ira de los pacíficos”, solía decirme un amigo mío.

Nos informamos en las redes

Ya sé que mi país no es perfecto, que la sociedad actual es extraordinariamente egoísta y no quiere sentir culpa por nada, como cualquier adolescente, pero es lo que tenemos. Así, hacer una Euskadi un poco mejor cada día es un poco más complejo, pero no podemos rendirnos porque, si no, ganarán los malvados, los que son tan malos que necesitan que nada vaya bien para poder vivir muy bien. Y si toca informar por medio de redes, lo haremos: en España “el 49% recurre a redes como Instagram (47%) y TikTok (39 %) para informarse, frente al 44 % que opta por la televisión” (Xavier Tomàs, en Threads). Estas son las cartas y hay que jugarlas.

Lo que es indefendible

Mientras buscamos culpables de las consecuencias del calentamiento global en el gobierno vasco, dejamos pasar nuestra responsabilidad: cómo usamos la inteligencia artificial o cómo cogemos aviones como si esto no afectase directamente a ese incremento de la temperatura. Un ejemplo clarísimo: Alexandria Ocasio-Cortez denunciaba en la cámara de representantes de EE.UU. que un nuevo data center de Meta en Georgia estaba generando una bajada considerable de la calidad del agua, mostrando un frasco de un líquido turbio preocupante. Andrés Trasado ironiza en Bluesky con lo que estamos permitiendo mientras vemos reels.

Los pobres votan a la extrema derecha

Pueden ponerse los que se autoproclaman de izquierdas tan estupendos como quieran, pero el caladero de los partidos de extrema derecha son las personas con menos recursos. Xavier Tomàs lo muestra con claridad en Threads: los gráficos dejan claro que en las secciones censales andaluzas con la renta más baja han penetrado bien Vox y Alvise Pérez. También el PSOE, por cierto. Adelante Andalucía y Por Andalucía (IU, Sumar y Podemos) son las opciones de las zonas que viven un poco mejor (porque la izquierda, hoy, en España y en Euskadi, está acomodada). Y el PP es el partido de los censos más pudientes, para sorpresa de nadie.

Es duro, pero es así

No estoy de acuerdo con la última columna de Antonio Agredano: no creo que este gobierno español haya sido más fértil para la corrupción que otros que le precedieron. Pero sí me ha gustado cómo define “la blandura de la militancia socialista, activistas ciegos, insultadores profesionales, habitantes de un ‘Good Bye, Lenin’ emocional, donde el Gran Wyoming sigue haciendo humor contra José María Aznar y la TVE, también pagada por nosotros, se dedica a aguar los escándalos” (The Objective). “Como los puestos y los cargos van menguando por los últimos descalabros electorales, empezaremos a ver una ética de hienas”, advierte.

El caso del ignorante y el experto

Marcos Llorente es hoy el mejor ejemplo de cómo hemos llegado a un punto en el que la opinión de un ignorante vale lo mismo que la de un experto, si no más. “Un dermatólogo desmonta a Marcos Llorente: ‘Lo único que hace es generar bulos, usar crema solar es lo más importante’”. Este desmentido en El Periódico de España es posterior a que Pablo Motos en El Hormiguero pusiera el micro al futbolista para decir que no hay que echarse crema solar, que hay que andar por la vida con gafas amarillas y que las calorías no existen. Y no lo sacaron para reírse de él: simplemente, le dejaron hablar porque hoy cualquiera puede hacerlo.

Un ejercicio de reconexión

Nerea Rodríguez y Alba Jiménez están haciendo un viaje a la antigua: sin móvil. Que es lo mismo que decir con mapa de papel, sin referencias de hoteles o restaurantes, ni cámara del móvil (de hecho, se graban con una videocámara). Yo, que he hecho todo eso, pienso: ¿para qué? Pero es muy significativo: igual que se ha vuelto a poner de moda el vinilo y el carrete fotográfico, la chavalada (y los viejos como yo) quiere experiencias irrepetibles, quiere descubrir por sí misma (y no por lo que digan influencers o cazadores de tendencias), quiere dejarse sorprender y quiere que ningún reel les distraiga. No es desconexión: es reconexión.

Sí, juego

Sí, aunque soy un viejo sigo jugando. Y de igual manera que no saco fotos con el móvil (llevo conmigo una camarita), no juego con ese dispositivo: tengo una pequeña consola en la que tengo instalados solo dos programas. Ambos, con las características de los “cozy games”, denominación que desconocía hasta que la he leído en Euronews: “Ritmo pausado, estética amable y ausencia deliberada de presión” que “llevan años creciendo en silencio” con “un mercado global que ya roza los 171.000 millones de euros”. “El perfil mayoritario del jugador” es el de un “adulto de entre 25 y 44 años”, y ojo porque un 60% son jugadoras.

Es serio

El problema no lo tiene François Bayrou o Emmanuel Macron, el problema lo tienen Iparralde y Francia: en DW hablan de un “gigantesco endeudamiento del país” y de unas proyecciones económicas preocupantes para 2030. Francia “gasta 67 000 millones de euros anuales solo en intereses”. Eso asfixia cualquier desarrollo. La situación es seria, grave, y lo que proponía Bayrou no era caprichoso y, menos, ideológico: los partidos (descartada la ultraderecha, por supuesto) tienen que ser responsables y gestionar, juntos, un ajuste inaplazable. “Francia ya figura entre los países con mayor presión fiscal” por lo que necesita “reducir el gasto público”.

¿Dónde está Hamás?

Lo dije ayer y lo digo hoy: estoy de acuerdo con Pedro Sánchez de que es el momento de dar “un paso más” contra el gobierno y el ejército israelíes, pero que me indigne lo que hace y lo que dice Netanyahu con vergonzante impunidad no implica que deje de preguntarme: ¿y Hamás? ¿Por qué no vemos los pasamontañas negros en las imágenes de los bombardeos y sí los vimos durante el fallido alto el fuego? ¿Por qué retiene a las personas secuestradas? Si, como yo, Hamás “celebra las nuevas medidas españolas contra Israel e insta a otros países a que sigan el ejemplo” (El Imparcial), ¿debo de preocuparme? ¿Por qué? ¿Por qué no?

Cuando vas con ultras

Cuando la fascistada (y en Euskadi tenemos la nuestra, disfrazada de solidaria) crece los países se envilecen. Estamos rodeados de pruebas. Por eso no podemos normalizarla, como Ismael García Villarejo en Economía Digital: “PP y Vox rozan los 210 escaños: un bloque capaz de borrar el legado de Sánchez”. En su blanqueo a los ultras señala datos interesantes: hasta un 20% del voto del PP que se fuga a Vox lo hace “por cómo Miguel Tellado conduce la oposición”. Otro 40%, “por la percepción sobre el liderazgo de Feijóo”. En resumen, ya hay un “desgaste cuando el PP se encuentra en máximos de expectativas”.

No es broma

El crecimiento de la extrema derecha genera un peligro real: “Ultraderechistas instan a comprar pistolas y actuar como ‘lobos solitarios’ contra migrantes en un foro con 400 miembros”, cuenta Danilo Albin en Público. “El chat de Democracia Nacional en Telegram difunde mensajes de odio racista e instrucciones para quienes ‘se vayan a enfrentar a un moro, negro o cualquier musulmán’”. Respecto a las armas de fuego, un usuario chateaba: “Se pueden conseguir fácil desde Andorra comprando con prepago y tal sin registrar a tu nombre”. Otro miembro del grupo advertía: “Nos tomaremos la justicia por nuestra mano”.

Otro problema de verdad

Le gestión, o mejor dicho, la mala gestión, también genera problemas sociales, no hace falta mencionar todo el día a la fascistada de allí y de aquí: “Compartir vivienda en Madrid cuesta un 10% más que hace un año y un 54% que hace cinco”. Hablan en El Periódico de España solo de los alquileres compartidos que “se encarece a un ritmo vertiginoso, reflejando la fuerte tensión que atraviesa el mercado del arrendamiento”. Ojo, que el problema no lo tienen solo en Madrid: en la CAV, que sí cumple con la ley española de vivienda, “el precio de las habitaciones se ha disparado por encima de un 40%”.

El curso de ChatGPT

“No solo los alumnos, crecen los profesores que recurren a ChatGPT”, titulan en El Diario. “Me ahorra tiempo en muchas tareas”, justifican los docentes que han hablado para el digital. Pero da igual a quien preguntes en el sector y entre la chavalada: sin duda, este es el curso de ChatGPT. Su uso se ha normalizado rápidamente a ambos lados del iPad con material educativo, y da igual lo que opinemos sobre su uso. ¿Alguien se imagina hoy aprender algo nuevo sin Google o YouTube? Solo espero que seamos conscientes (y los profesores transmitan a su alumnado) del impacto que la IA tiene en el medio ambiente.

En beneficio propio

Los partidos con la ideología política más alejada a mí los forman personas honestas, unidas por un modo de ver y entender el mundo, y que intentan mejor la sociedad en la que viven. Los fachas, no (ni los de aquí, ni los de allí). Los ultras son esas malas personas que forman partidos para aprovecharse de un sistema que aborrecen, y para lucrarse personalmente. No solo no tengo dudas, es que tengo pruebas: “El Parlamento Europeo denuncia a la ultraderecha por malversación de fondos de la UE” (Euronews). “El grupo Patriotas por Europa podría verse obligado a devolver más de cuatro millones de euros”.

Solo perjudica

Airbnb solo beneficia a quien especula con viviendas y a los propietarios de la plataforma, una banda de ávaros insensibles. Al resto, como sociedad, como personas, incluso como usuarios y usuarias, nos perjudica: “El impacto de los pisos turísticos lastra la reputación del turismo en Madrid pese al éxito en la internacionalización de la ciudad” (El Periódico de España). ¿De qué te sirve desgañitarte en campañas para atraer tanto turismo como talento para sumarse a proyectos profesionales (¿dónde pueden alquilar un piso quienes van a trabajar?) si no puedes ofrecer ni un alojamiento razonable?

Dos noticias que se entienden mejor juntas

Leo en El Periódico que “el precio de la vivienda se dispara un 12,7% en el último año, la segunda subida más alta desde que hay registros”, y pienso que la ley española de Vivienda, esa que sacaron adelante el gobierno, Bildu y ERC (que luego se retractó). Pero luego leo en la web de LaSexta esto otro: “Las cifras de la vivienda: el 85% de las nuevas hipotecas son de personas que ya tienen al menos una”, y pienso que la estafa inmobiliaria continúa, que los inversores, pequeños, medianos o grandes, siguen aprovechándose del discurso de izquierdas favorable al alquiler, mientras la mencionada ley lleva dos años implementándose.

Que se vayan

Los ultrarricos son un pastiche perfecto de lo que describo en mis párrafos anteriores: sobran como los ultras y como los especuladores. A los hechos me remito: “El superyate de Roman Abramovich es una ruina incluso amarrado a puerto: 1.000 litros de gasoil al día solo para el aire acondicionado” (Xataka). El sistema de refrigeración estaba puesto permanentemente “para evitar daños en sus lujosos interiores”. Lo alucinante es que ese yate está embargado como otras propiedades de los oligarcas rusos cercanos a Putin, y que en nombre de qué se que ya, ha estado consumiendo y contaminándonos.