Todo está mal, y Rufián, peor

Estoy absolutamente de acuerdo con Alberto Elías: en la secuencia que ya todos hemos visto protagonizada por Gabriel Rufián y Beatriz Escudero todo está mal… Empezando por un personaje como Cascos, que comparecía. Está mal el presidente de la misma, Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, que no es capaz de detener al de ERC. No está bien Escudero, que insulta, es cierto. Pero el que peor está es Rufián, que regala el calificativo de “palmera” (la que da palmas) a la del PP antes de guiñarle un ojo. Dos decisiones absolutamente equivocadas y necesariamente censurables.

Lo que consigue Rufián

Antonio Cartier y el popular Javier Gallego Crudo coinciden en su diagnóstico, que en mi opinión es acertado: no importa el motivo de la comparecencia de Cascos ni las formas del ex ministro de Aznar hasta el momento de la trifulca. Rufián ha logrado lo que siempre busca: centrar toda la atención en sí mismo, hacerse el gallo, quedar por encima de todas las personas y todos los temas. Montar un show, en definitiva, porque para hacer política de momento no ha demostrado que sirva. Algunos, sorprendentemente, están encantados con sus espectáculos.

Es machismo y, por lo tanto, da asco

Guiñar el ojo a una mujer que está trabajando y a la que unos segundos antes has sugerido que su labor es la de acompañamiento servil de un hombre mayor es machismo. De libro. Se pongan como se pongan los que, por otro lado, se pasan el día señalándonos qué es la heteronorma y el patriarcado. Luego, cuando tienen la viga en su ojo, ni se enteran o, peor, ni se quieren enterar (y en Euskadi lo hemos visto bien con el caso de aquel fotógrafo y pirata). Una mujer del PP puede sufrir a un machista que se define como de izquierdas. Y el que no lo vea está ciego porque quiere.

¿Y la causa catalana?

Con actuaciones como las del martes, y todas las anteriores en el Congreso, la tele y Twitter, uno acaba por pensar que la causa de Rufián no es la catalana, ni siquiera la de sus compañeros políticos en prisión preventiva. La causa de Rufián es Rufián. Y allá quien le soporte aquí, en Madrid o en Catalunya, donde tienen cosas peores que aguantar, como ver muñecos con la bandera estelada ahorcados de postes eléctricos. Como tuitea Jaume Asens, ¿alguien se imagina lo que hubiera pasado si los monigotes colgados llevasen la bandera española?

La normalidad es lo extraño

El Manchester City ficha a Pep Guardiola, el mejor entrenador de fútbol en la actualidad, y decide abrir una cuenta en Twitter de información en catalán. Una muestra de sensibilidad absolutamente desconocida en España, por ejemplo. Más de un año después de su funcionamiento, además, sirve para mostrar al entrenador catalán luciendo un lazo amarillo minutos antes del inicio de un partido, con total naturalidad. Una naturalidad que el Estado Español ha conseguido que se nos haga extraña, como tantas otras muestras de simple solidaridad y democracia.

Pocos, ignorantes y cobardes

Los que han dibujado el anagrama de ETA y han querido lanzar un mensaje a la juventud vasca por medio de una pancarta en la UPV/EHU son pocos, son ignorantes y son unos cobardes porque, seguro, la pusieron con la cara tapada, como han hecho siempre. Casi estoy seguro también de que, como hacían antes, todos los que participaron en la “ekintza” no eran estudiantes de la facultad. Pero ahí están, dando vergüenza, asco y motivo para que nos sigan señalando en España (y en Euskadi). Lo único reseñable del cartel es que es en blanco y negro: como ellos, de un pasado oscuro.

El caos catalán

El procés no avanza, profundiza. Pero profundiza en el caos. Lo vivido esta semana en el Parlament es una mala noticia para regocijo de los unionistas. Una noticia mala y difícil de entender que explica como pocos Iu Forn: el columnista de El Nacional y cronista parlamentario da todo tipo de detalles hasta llegar al sedimento. Y este, por desgracia, parece roca: poco maleable y difícil de superar, por mucho que los partidos que forman el Govern se hayan conjurado para que esta legislatura no caiga pronto. Lo que yo me pregunto es: ¿y el día a día de Catalunya?

Sánchez dice que resiste

No es lo mismo que Sánchez diga que resista a que finalmente lo haga. Y no es lo mismo decir que aguantará sin presupuestos antes de comprobar que, efectivamente, no tendrá presupuestos, que decirlo después de la constatación. Pero estamos en el “Sánchez dice que resiste” y, a falta de otra constatación, conocemos ya la fecha de las elecciones andaluzas, a mediados de diciembre, un momento estupendo para que Sánchez, de paso, coloque unas Generales después de decir que sin presupuesto no hay resistencia posible. El baile está a punto de empezar.

E Iglesias hace su trabajo

Con Torra dando ultimátums a Sánchez antes justo antes de que su Govern se rompa un poco más, la posición que ha escogido Pablo Iglesias le legitima: ha tendido la mano a Sánchez y, por extensión, a esa España progresista a la que dice defender y por la que, por fin, hace algo. Porque la política va de esto, de mojarse, y no de la foto en la pancarta antes de volver a casa. Negociar y apoyar un presupuesto aunque no sea el que te gustaría, dejando pelos en la gatera, es la única manera de que un país y un estado avancen. Lo demás es palabrería. Bienvenido a la acción, Pablo.

La puta foto

Hago mío el tuit indignado de Xabier Lapitz a Lagarder Danciu: “¿Este bobo de qué va? ¡Es transporte público y lo pagamos con nuestros impuestos caradura!”. El activista más famoso de Twitter, Lagarder, se había sacado una foto colándose en el topo donostiarra y afirmando que “hay que desobedecer y saltarse las normas. El transporte debe ser al alcance de todas las personas y no el negocio de unos pocos”. Lagarder, al final, es pura pose de canallita, de activista, de luchador que hacer frente a los poderosos (sean reales o no) que oculta de qué vive y ha vivido realmente.

La violencia lo rompe todo

Después de un montón de movilizaciones pacíficas, después de ver a un pueblo resistir las provocaciones de un Estado por medio de su policía, después de todas las muestras de civismo ejemplar, la reacción violenta de algunos el lunes por la noche en Catalunya es una parte muy pequeña de este procés, pero suficiente para fastidiarlo todo. Porque los enemigos se aferrarán a esa violencia y los amigos no van a saber gestionarla (¿quién sabe qué hacer cuando alguien dice que es violento en tu nombre?). Lo peor es la cantidad de pruebas que tenemos de que la violencia solo genera más violencia.

Los políticos tienen que hacer su trabajo

En Catalunya han cometido dos errores muy graves: primero, apoyarse en malas amistades; y segundo, trasladar el protagonismo político fuera de la política. Los políticos están para representarnos, para entenderse entre ellos en nuestro nombre y para liderar porque han sido elegidos para ello. Cuando los políticos prefieren que la política la hagan las asociaciones y sindicatos o, peor, comités que se autogestionan entre pocos para defendernos según ellos a todos, cometen un error imperdonable. Lo hizo Puigdemont e insiste Torra. Es tiempo de rectificar, aunque ya sea tarde.

Y los partidos son imprescindibles

Si la violencia se convierte en recurrente será necesario que el gobierno catalán asegure el orden… para que no le entré tentaciones de hacerlo al español. Y para tomar decisiones difíciles hacen falta personas fuertes en estructuras fuertes. Un president que depende de otro exiliado para evitar una injusta prisión preventiva, y un partido que tiene el mandato de disolverse en una “crida” no parecen cumplir con ese requisito, y la situación puede entrar en una espiral compleja y peligrosa, para regocijo de los enemigos de Catalunya que llevan deseándolo años.

Que los paren

“No soporto a los putos niñatos encapuchados que empozoñan todo lo que tocan. Sois mierda”, tuitaba Serralvo. Y clavaba lo que muchos pensamos: esos grupos de chavales alentados por los que luego siempre esconden la mano, que buscan hasta encontrar motivos para volcar su violencia y su sociopatía, son mierda. No merecen que perdamos un segundo en buscar otro calificativo. Y en Euskadi, por desgracia, les conocemos bien: desde cuando nos pedían dinero a cara tapada hasta cuando lo destrozaban todo, también tras la cobardía del anonimato, con una orden directa de alguien.

Ni “comandos” ni “kale borroka”

Los de la nueva política comparten un rasgo que se menciona poco: saltaron a primera línea con ETA ya derrotada. Algunos de ellos, por edad y conciencia, podían haberlo hecho antes pero, claro, te podían limpiar el forro a balazos. Los menos lo reconocen, la mayoría lo omite (y está en su derecho) y los más sinvergüenzas intentan protagonizar esa época pero a riesgo cero. Arrimadas tuiteaba sobre cómo se enfrenta a los “comandos independentistas”, y hemos oído hablar de “kale borroka” y hasta reivindicaciones catalanas con pistolas sobre la mesa. Qué poco respeto a las verdaderas víctimas.

Un año de una gran victoria

Hace un año les hablábamos de violencia policial en Catalunya y escribíamos emocionados sobre un pueblo que había hecho frente a una ilegalidad injusta con un aplomo ejemplar. Hoy, doce meses después, podemos expresar con total seguridad de que el 1 de octubre de 2017 asistimos a una victoria inapelable del pueblo catalán contra los gobernantes españoles y también los propios, que no tenían ni idea de qué hacer a partir del día dos, y así lo hemos comprobado. Nada, en cualquier caso, ni los errores de los políticos catalanes ni la vergüenza española justifican los meses de prisión o exilio.

La vergüenza de España

Ni Mariano Rajoy ni su equipo, ni el juez Llarena y sus ganas de hacer la justicia por su cuenta, supieron gestionar el 1 de octubre y las jornadas posteriores, cuando la vergüenza les invadía mientras les desbordaba en Europa. Las imágenes de una policía que maltrataba al pueblo catalán, que solo quería votar y, para hacerlo, había burlado la prohibición haciendo aparecer las urnas de tal manera que hoy sigue siendo una incógnita. Para la vergüenza española, insisto, quedarán esas imágenes de violencia directa ante una ciudadanía pacífica y de provocación policial.

La violencia sigue

Gabriel Rufián denunciaba en Twitter el acoso que recibe del que parece ser un Guardia Civil. Así, en Instagram estaría recibiendo insultos y amenazas (“te tenían que fusilar, cabrón, y tu familia de mierda que tienes, hijo de puta”) de un usuario que se hace llamar Aaron y que, en otras fotos, muestra su gorra de la Guardia Civil y a sí mismo en una manifestación por la equiparación salarial entre cuerpos policiales. No hemos podido encontrar al usuario, que podría haber cambiado su identidad porque a Rufián le seguimos muchos y se habrá sentido atosigado entre la curiosidad y los justicieros.

No cabe la equidistancia

El 1 de octubre hizo un año también de la paella que organizó Miquel Iceta. Puedo entender que el del PSC quisiera intentar entonces hacer algo simbólico, algo que significara un momento compartido mientras daba la espalda a una actuación policial desmedida y un protagonismo ciudadano inapelable. Pero entonces, y más hoy, la equidistancia no es una opción: o se está con el pueblo catalán y se exige la excarcelación de sus líderes presos, o se justifica la violencia de Estado y de una justicia desaforada. Simplemente, no hay un término medio posible.

Pero hay que leerlo todo

Que hoy haya políticos presos en Catalunya me parece de extrema gravedad, que el Estado no haya pedido perdón a los catalanes y a toda Europa por sus decisiones es una vergüenza, pero que algunos sigan estirando el chicle del proceso independentista cuando ni ellos mismos hacen se lo creen tampoco es positivo. Y esto también hay que escribirlo. Por eso creo que, aunque fastidie porque dice lo que no nos gustaría leer, hay que dedicar unos minutos a la entrevista en El Confidencial a Bernat Dedéu, que ha apoyado el independentismo pero se ha alejado de este falso procés.

Los civilizados

Borja Ventura capturó con acierto un tuit que Luis Garicano decidió borrar: el de Ciudadanos llamaba “provincianos y paletos” a quienes han decidido votar mayoritariamente en Catalunya a la candidata de Podemos o a candidatos nacionalistas. Porque los civilizados, según Garicano, son los que votan a Ciudadanos y los que votarán a Valls. El resto son (somos) personas subdesarrolladas incapaces de observar la valía de las apuestas de Rivera, el propio Garicano y, ahora, Valls. No es el único, ni el primero, ni el último, que piensa que la civilización empieza en su intención de voto.

El Nacional te explica los buenos tuits

Algún día me cansaré de advertir de las malas compañías que el independentismo catalán está frecuentando: personajes que intentan lavar su pasado con el futuro de Catalunya, o que no se han comido un colín como portavoces o simples opinadores que ahora les están regalando la oreja. Algún día, insisto, acabaré diciendo: “Allá ellos” cuando vea cómo El Nacional dedica parte de su espacio y el tiempo de los lectores señalando los tuits de Bea Talegón. A esta española iluminada por la causa catalana le reconozco una virtud: saber decir lo que la mayoría quiere oír.

Epílogo (o eso espero)

Después de una semana en la que tienen la vergüenza de pedir dimisiones quienes nunca se las han planteado por motivos similares o mayores, me gustaría cerrar este capítulo con el tuit de la periodista Rakel Markos a modo de epílogo: “Sin entrar en el asunto, ‘la opinión pública la ha condenado; es culpable’ es una de las mayores barbaridades que puede decir alguien con responsabilidad política”. Pero hoy la responsabilidad política en España es un bien muy escaso, curiosamente, entre los políticos que tienen más responsabilidades porque son los líderes de sus partidos.

¿Quién es Villarejo?

Su nombre ha salido esta semana de nuevo en los periódicos porque una grabación suya de hace años ha puesto en jaque a una ministra hoy. Pero, ¿quién es Villarejo? Un policía jubilado que, después de formar parte de la división anti ETA en Donostia en pleno franquismo, en los 80 puso en marcha una red de empresas hasta que, en los 90, le piden que se incorpore a Interior en forma de agente encubierto. Un angelito que, como empresario, facturó siete millones de euros al armador Ángel Pérez-Maura para librarle de una extradición a Guatemala, acusado de sobornos.

El castellano desaparecido en Galiza

Una pena no saber quién es el autor de esta especie de editorial en la publicación Tempos Galegos, donde, con toda la intención del mundo, intentan ridiculizar el arrinconamiento del castellano en Galiza que denunciaba Toni Cantó en el Congreso recientemente: “El castellano que ha desaparecido de Galicia encontrado borracho en un puticlub”. El relato está lleno de pequeños dardos a ese castellano que nadie maltrata, si no es él a sí mismo, que frecuenta sitios poco recomendables y que vive en A Coruña, “donde recuperará el status que se merece” ayudado sin dudarlo por la Policía española.