«Es grave»

Estoy de acuerdo con Oskar Matute cuando dice que “es grave” lo que sucede con la vivienda desalojada en Atxuri, Bilbao. A mí me parece gravísimo que un diputado y, seguramente, candidato dictado por Sortu, tome por tonta a la ciudadanía. Quiere hacernos creer que ese desahucio es terrible, solo por señalar al gobierno vasco, pese a que lo haya dictado un juez que considera injusto que una mujer que podía pagarse el alquile no lo hiciese y ocupase una vivienda social, de todas y todos, con miles de familias a la espera. El populismo es algo grave. Es innegable.

La misma vibra

Seguro que en la cabeza de Oskar Matute su tuit sobre el desahucio en Bilbao sonaba espectacular, pero la realidad es que es igual de capcioso y populista que este de Miguel Tellado: “Hacienda desbloquearía cuentas de criminales a cambio de matar a la jueza de Badajoz. Este es el trato macabro que la cloaca del PSOE ofreció a un clan de delincuentes. ¿Quién lo sabía? ¿Quién lo autorizó? ¿Quiénes son cómplices?”. Pero mientras lo del PP es un desbarre que roza la estupidez, la del de Bildu es un sobeteo poco explicable a un drama real.

Solo un dato

Cuando leí el tuit de Pedro Ugarte busqué la información en Internet y, vaya, varias fuentes lo confirman: “El Gobierno de España a favor de la gente y en contra de la especulación. Vende la sede de Correos en Bilbao por 14.500.000 a una sociedad de inversión inmobiliaria. En vez de hacer viviendas: hotel de lujo y gentrificación. Pero tu tía es asquerosa por tener un piso en alquiler”. ¡Cómo puede ser esto posible! ¿No era este el gobierno más preocupado por la gente y esta la legislatura de la vivienda? Igual el ladrillo es el material del que están hechas algunas caras.

¿De quién son las casas?

Hemos dedicado muchas líneas a cómo la extrema derecha utiliza las redes sociales para intoxicar, pero me resulta incomprensible que haya encuestas que digan que la gran mayoría de las personas preguntadas aprueban medidas e intervenciones gubernamentales en materia de vivienda que, claramente, perjudicarán a la oferta a medio plazo, agravándolo. Sorprendentemente, esta desinformación convive con infografías con cientos de retuits como la de Kiko Llaneras que explica que los pisos son, sobre todo, de pequeños propietarios.

Tienen todos los cromos

Al Pedro Sánchez no le falta nada para lanzar su campaña: tiene un tema, tiene a los malvados, tiene a su izquierda desguazada, tiene la polarización, tiene una mártir y hasta tendrá una televisión nueva. La Séptima llega justo para la campaña, para irrumpir con su progresismo oficialista y para repartir carnés de buena persona a sus espectadoras y espectadores. En redes ya muestran su tono pretendidamente desenfadado, escribiendo como la chavalada que baja la media en el informe PISA, y con un montón de caras femeninas. Guapas. Pero femeninas.

¡Qué bien han vivido!

El diputado de Vox, Jacobo Robatto, defendía en X a su compañero, José María Sánchez García, que había aparecido con un puraco en el Congreso, como última muestra de sus gónadas morenas. Decía Robatto que se trata de “la persona más formada del Congreso”: doctor en Derecho en la universidad de Bolonia, diplomado en Letras por la de Toulouse, Máster en derecho notarial por la de Niza y Diplomado Superior de Notariado por la Universidad de Nantes, entre otras cosas. Yo lo que he notado es a otro señor muy de derechas, de toda la vida, con un gran vivir, y con mucho tiempo y dinero para formarse gracias a su familia.

Experiencia: contertulio

No lo desprecio, ojo: Pablo Iglesias saltó de las tertulias y su canal en YouTube al parlamento europeo, y levantó una ola de indignación gracias a su participación en televisión. No parece el caso de Pablo Fernández, la verdad, que representaba a esa autodenominada “verdadera izquierda” en Telecinco, asumiendo cómodamente su rol de elemento exótico. Rafa Cabeleira resumía su trayectoria así: “Procurador en las Cortes de Castilla y León, tertuliano en Mediaset, candidato a la alcaldía de Madrid, el proceso es impecable”. Parece que Podemos va a quemar sus últimas naves, simplemente, con caras conocidas.

Dicho de otro modo

Elías Fraguas es de los pocos motivos por los que sigo entrando en Bluesky, una red social tomada por “el bloque progresista” y, como consecuencia inevitable, aburridísima. Escribe Fraguas, con su mordacidad bien destilada: “A estas alturas entiendo que Podemos son cuatro personas”. Siempre he dicho que Podemos va a acabar como Euskadiko Ezkerra: da igual lo que pase que, durante décadas, veremos en la tele a uno de Podemos explicándonoslo como si hubiesen tenido un papel importante. Y desde luego se empeñan en darme la razón con Montero, Fernández o Belarra: solo les queda la tele.

Es que es una mala ley

La ley española de vivienda que EH Bildu le aprobó al gobierno español por puro cálculo electoral es una mala ley. Esto tenemos que tenerlo todos claro: topar los alquileres puede regalar el dato de que el incremento de precio se modera, pero la realidad es que la muestra es mucho menor porque saca pisos del mercado. Y debemos recordarlo cada vez que Oskar Matute habla de ello en el Congreso porque para el corte en redes queda fetén. Parece que les importa mucho más ese tuit, ese reel, ese impacto en los medios progres como Público, que aliviar realmente el problema de la vivienda, con el que conviven políticamente muy bien.

Pura poesía

Me reconfortó la posición inicial de Jon Rahm, cuando despreció inicialmente el circuito que habían impulsado los jeques árabes con sus millones, tanto como me decepcionó que lo abrazase después, cuando la oferta le pareció lo suficientemente buena. Con la autogestión de esa decepción escribo estas líneas, lo reconozco, después de ver en Threads que ese consorcio le debe cien millones de dólares después de que los ricachones árabes se hayan retirado. Esa deuda no va a provocar que Ram pase hambre, eso no me preocupa, la verdad. Pero me parece una buena noticia, sin rencor, que los árabes dejen de interferir en el deporte mundial.

La mejor campaña de marketing

UPN y Vox han regalado al Athletic la mejor campaña de promoción: su cortísima y obtusa mirada les lleva a pedir la retirada de una camiseta porque lleva una ikurrina con la forma del mapa de Euskal Herria o Euzkadi (que es el nombre del país de los vascos). ¿Qué han logrado las derechas ultras navarra y española? Una reacción clarísima en sentido contrario: ese mapa y esa camiseta ya es un símbolo de resistencia made in Bilbao. Lo de la Ikurrina como bandera de la resistencia, como todos sabemos, no es nuevo. Así que, que insistan, que empujen, que señalen. A quienes defendemos ese mapa y esa bandera siempre nos tendrán enfrente.

Lo que viene

Con José Luis Rodríguez Zapatero señalado y con Pedro Sánchez cosiendo su futuro al del ex presidente, “Feijóo asegura que va ‘a hacer todo lo posible para que haya un cambio de Gobierno’” (The Objective). Y esto debe preocuparnos. No me gusta Sánchez. No me gusta este socialismo, especialmente el socialismo vasco que vemos en los últimos meses. Pero menos me gusta lo que puede venir: Feijóo y Abascal de la mano pueden ser devastadores para Euskadi, para su autogobierno (lo que nos diferencia política y socioeconómicamente), y hasta para su representación en Europa (¿alguien duda de que subirán el umbral?).

¿Y si Zapatero se marcó un Urdangarín?

Lo que el juez está investigando sobre José Luis Rodríguez Zapatero es si utilizó su posición para mediar entre el gobierno español y las empresas que se lo pedían a cambio de comisiones que cobraba por medio de estructuras para no pagar impuestos, incluida la empresa de marketing de sus hijas, supuestamente. En el Huffington Post afirman: “No hay presidente del Gobierno (español) que se libre de la sombra de la corrupción”, y yo confieso que esta semana me he acordado de José María Aznar, de sus negocios y de los de sus familiares directos. O de la fortuna de Felipe González. A ver si Zapatero, como Urdangarín, solo hizo lo que vio hacer.

Solo quedan Bildu y Pablo Iglesias

Según El Independiente, EH Bildu y Pablo Iglesias son “los irreductibles” que siguen apoyando al gobierno español en su defensa de José Luis Rodríguez Zapatero. Los de Otegi, Otxandiano y Matute son “el socio más fiable de Moncloa, aferrado todavía a la tesis de lawfare”. El líder morado, por su parte, “se dejó ver por distintas cadenas para lanzarle puyas a Rufián y volver a sus habituales andanadas contra los medios de comunicación”. Mientras tanto, “Moncloa ha enterrado la socorrida tesis de la conspiración” y, lo más estrambótico, “Yolanda Díaz sigue en China”. Lo que está claro, cristalino, diáfano, es que este sainete es profundamente español.

Malas personas

Reconozco que me he rendido: he acabado por explicar el mundo a mi hija y mi hijo que en el mundo hay malas personas y que ante ellas tenemos que hacer dos cosas. La primera, no ser una de ellas. La segunda, saber distinguirlas y saber actuar, no eligiéndolas para presidir gobiernos, por ejemplo. Itamar Ben Gvir, el ministro israelí de Seguridad Nacional, es un ejemplo perfecto de mala persona que ha llegado a un puesto de poder porque quienes no somos así de perversos no hemos hecho lo suficiente. Sus “burlas”, más bien, humillaciones, “contra activistas de la flotilla de Gaza que estaban esposados” (BBC) deben indignarnos.

El troleo

Fue Gabriel Rufián, que votó a favor, el que reconoció que la ley española de vivienda del PSOE, Sumar, Podemos y EH Bildu (después ERC se descabalgó) no funciona. Que es una ley mala y que la situación de la vivienda ha empeorado desde que está en vigor. Pero como la cara dura también hay que trabajársela, EH Bildu lanzó ayer un streaming en X para presentar “la campaña nacional en favor de las políticas públicas de vivienda”. Primero, ¿nacional… español? ¿Vasco? ¿Que cada uno entienda lo que quiera? Lo segundo: ¿políticas públicas de vivienda de quien ha errado, no lo ha reconocido e insiste en dar lecciones?

Y el hackeo

El hackeo que ha sufrido la vicelehendakari Ibone Bengoetxea tiene que servirnos a todas y todos de aviso. Sí, nuestras cuentas pueden ser sustraídas, te cambian la contraseña, publican lo que quieren (en este caso, un tema de inversiones) y el daño ya está hecho. También debe recordarnos que ellas y ellos, los políticos, las personas con altísima responsabilidad en el gobierno, son humanos y tan vulnerables como cualquiera. Pero sobre todas las cosas, llama la atención lo bien que están hechos el texto en euskera y los pantallazos falsos. Al final, la “inteligencia” artificial sirve para hacer el mal, para sorpresa de nadie.

La intención importa

Me preocupa la sociedad que estamos construyendo entre todas y todos, sin excepción, y que dejaremos en herencia a nuestras hijas e hijos. Me preocupa el egoísmo, algo tan sencillo como preguntarnos: “¿Qué pasaría si todos hiciésemos esto que estoy haciendo yo?”. Y veo casos muy próximos que agrandan esa preocupación, como el del club de rugby de Igorre. Desconozco los entresijos, pero creo que si los gestores del club han sido honestos la solidaridad de quienes han cobrado y tienen que hacerlo es lo único que puede salvar la situación. La solidaridad, sí, y la empatía como motores de cambio, ¡qué revolución!

No sobreviviríamos a un Chernóbil

Tenemos que hacer caso a los indicadores. El caso del barco en el que ha surgido un brote de hantavirus no puede pasar como si nada: igual nadie necesita cruzar el océano en mayo para ver pingüinos por afición. Pero ya que los ricos han hecho lo que han querido, a los demás nos toca actuar (como siempre). Hacerlo con seguridad, con derechos, con responsabilidad… pero hacerlo. El “bloqueo” (El Debate) que proponían algunos trabajadores del puerto en Canarias me dejó ojiplático e hizo que me preguntase: si sucediese una tragedia como la de Chernóbil, ¿quién arrimaría el hombro? ¿Qué harían los sindicatos en las horas críticas? ¿Y por qué?

Lo escribo porque puedo

Ernesto Valverde no se merecía el partido que jugó el Athletic el día en el que el club quiso homenajearle, y su trayectoria en el club no merece estas sensaciones finales. Pero la afición, las y los socios no merecemos tampoco ver partidos como el del domingo. No es permisible, no es justificable. Y tampoco lo es, por cierto, que los jugadores que pueden ser convocados para un mundial pidan el cambio con cada punzada de dolor por si acaso y como si las nóminas (las más altas) las pagaran la RFEF. Y menos cuando estamos jugándonos entrar en Europa, que es lo que hará viables esos sueldos. Alguien tiene que poder hacer algo.

La juventud vasca

Las miles de personas que GKS reunió el sábado en Bilbao e Iruñea (hasta 10.000, según Diario Socialista) no pueden pasar como si nada. El monstruo cebado por la izquierda abertzale da tanto miedo, por sus formas fascistas, como el que se sitúa en el otro extremo del arco, entre la derecha y la pared. Las banderas rojas y la apropiación del antifascismo, además, preocupan porque ese movimiento ha convencido a muchísimas y muchísimos jóvenes vascos que han decidido despreciar la memoria para enfrentarse a un presente que no les agrada (misma gasolina que suministra Vox, por cierto). Y ahora, ¿qué va hacer la izquierda abertzale?

La memoria

En la misma izquierda abertzale no se dan cuenta pero la gente en Euskadi cada día está más cansada de ver sus carteles (y luego van de ecologistas), sus murales y sus reivindicaciones. La imagen de la plaza Consistorial el pasado 6 de julio o la de la plaza de la Constitución durante el inicio de la tamborrada fueron bastante asqueantes (sí, esa es la palabra). Pero aún hay más: Balbino Sáenz Olarra, condenado a 108 años de prisión, fue homenajeado durante las fiestas de Donostia “en torno a la una y media de la madrugada, aprovechando el bullicio y la aglomeración” (El Confidencial Digital). Justo así es como ceban a GKS. Y lo saben.

La hipocresía

El discurso de toda la vida de la izquierda abertzale, el de las pancartas, el de los ongi-etorris de tapadillo, choca frontalmente con su afición a la moqueta y a ciertas decisiones que EH Bildu está tomando: “El Ayuntamiento de Tolosa vuelve a desalojar a varias personas sin hogar. Es la segunda vez en las últimas dos semanas que el consistorio gobernado por EH Bildu expulsa a personas sin techo de edificios públicos” (Diario Socialista, otra vez). ¿Dónde están SOS Racismo y similares? Esta hipocresía, como los carteles agotadores, las vemos todas y todos, y también espolean a algunos de la línea dura (esa que ceba a GKS, precisamente).

El victimismo

Aunque salta a la vista, aunque a muchos nos mueve por dentro ver a los que siempre han estado vigilando desde las Herriko Tabernas dar lecciones ahora de política social, nadie como la izquierda abertzale maneja el victimismo. Así que la de ayer fue una buena jornada para EH Bildu, donde estaban encantadas y encantados de que les venga igual de bien que al PP jugar la carta de ETA: “Más de 20 minutos sin conclusiones y acusaciones cruzadas que el PP aprovecho conscientemente para cambiar el foco hacia otros asuntos”, entre Núñez Feijóo y Oskar Matute. Para ambos no hay nada mejor que no hablar de la realidad.

El asco

He mencionado varias veces el asco en esta columna, eso que sentimos cuando nos enteramos de lo que hacían (y documentaba pasmosamente) Jeffrey Epstein y los invitados a sus fiestas. Pero también da asco conocer las conexiones posteriores entre los citados en la documentación: “Brett Ratnet, director del documental de Melania. Protagonista en las nuevas revelaciones del caso Epstein”. Este tuit de Sandro Pozzi es muy significativo porque convierte a la propia Melania Trump y a Jeff Bezos (que ha pagado a una y otro, y emite el documental en Amazon Prime) en participantes del pozo de mierda que estamos descubriendo.