La oferta

En El Periódico de España han preguntado a dos académicas y tres académicos sobre la situación de la vivienda “en Madrid y otras capitales”, porque el Madridcentrismo no se hace solo. En el quinteto está Ibon Tellería, de la EHU, y hay cierto consenso: “La oferta es insuficiente y, además, inasequible”. Así que cualquier política de vivienda tiene que tener como objetivo incentivar que las viviendas salgan al mercado de las familias que las quieren para vivir, penalizando a los inversores y dando garantías a los propietarios (en vez de señalarlos como los culpables). Solo así empezaremos a avanzar de una vez.

Yo probaría a prohibir Airbnb

No tengo ni idea de macroeconomía, pero me hago la siguiente pregunta: ¿y si todas las viviendas que hay en Airbnb se dedicasen al alquiler habitual o se pusieran a la venta para familias que las necesitan para vivir? Yo estaría dispuesto a prohibir Airbnb o los alquileres que oferta Booking y que “disparan su negocio mientras miles de anuncios ilegales siguen activos” (Público). Prohibirlo, sí, en mi ciudad… y también en las que quiero visitar, claro, porque esto es muy vasco: igual que llevamos décadas pensando que podemos veranear en Cádiz pero nos molestan los turistas en Bilbao, no queremos pisos turísticos en Donostia pero sí en París.

No, no una casa no es una vaca lechera

Rafa Mora, aquel personaje de la televisión que parecía más guapo que listo, es el que afirma en un podcast que un piso “es una vaca lechera”. Tiene nueve casas y las alquila, y aunque quiere llegar a veinte, asegura: “No soy avaricioso” porque quiere el dinero para estar tranquilo. Lo más importante para mí del podcast y del personaje, es constatar que hemos creado una sociedad en la que cualquiera con cara dura puede ganar mucho dinero, comprar casas y especular, mientras el resto, los que somos un poco educamos, pagamos los alquileres y reímos las gracias. “Temed la ira de los pacíficos”, solía decirme un amigo mío.

Nos informamos en las redes

Ya sé que mi país no es perfecto, que la sociedad actual es extraordinariamente egoísta y no quiere sentir culpa por nada, como cualquier adolescente, pero es lo que tenemos. Así, hacer una Euskadi un poco mejor cada día es un poco más complejo, pero no podemos rendirnos porque, si no, ganarán los malvados, los que son tan malos que necesitan que nada vaya bien para poder vivir muy bien. Y si toca informar por medio de redes, lo haremos: en España “el 49% recurre a redes como Instagram (47%) y TikTok (39 %) para informarse, frente al 44 % que opta por la televisión” (Xavier Tomàs, en Threads). Estas son las cartas y hay que jugarlas.

Lo que es indefendible

Mientras buscamos culpables de las consecuencias del calentamiento global en el gobierno vasco, dejamos pasar nuestra responsabilidad: cómo usamos la inteligencia artificial o cómo cogemos aviones como si esto no afectase directamente a ese incremento de la temperatura. Un ejemplo clarísimo: Alexandria Ocasio-Cortez denunciaba en la cámara de representantes de EE.UU. que un nuevo data center de Meta en Georgia estaba generando una bajada considerable de la calidad del agua, mostrando un frasco de un líquido turbio preocupante. Andrés Trasado ironiza en Bluesky con lo que estamos permitiendo mientras vemos reels.

Un atraco a plena luz

Lo que cuenta Guillermo Fesser en Bluesky tiene su gracia, porque el humorista afincado en EE.UU. sabe contarlo bien, pero es un atraco a plena luz del día: “Trump ha llegado a un acuerdo consigo mismo para pagarse 1.800 millones del tesoro público de Estados Unidos. Se lo paga su propio gobierno como reparación por los ‘graves daños y perjuicios’ que le ocasionó la filtración de su declaración de hacienda durante el gobierno Biden”. Trump ha actuado “como fiscal y abogado de la defensa al mismo tiempo”. Fesser habla de “robo a los ciudadanos estadounidenses por parte de su presidente”.

Haz la revolución: lee el periódico

Yeyo del Bote, un clásico de X que ahora escribe en Bluesky, dejó hace unos días esta reflexión: “Estoy suscrito a 4 periódicos españoles. En 2026 eso es resistencia”. El hilo de Guillermo Fesser en Bluesky está muy bien, pero los periódicos, como el rock and roll, son la resistencia. Y tomarnos nuestro tiempo para leerlos y reflexionar, o simplemente tomarnos nuestro tiempo, como suele decir Ignatius Farray, es revolucionario. Todo eso: leer lo que escriben las y los periodistas, reflexionar con calma y lejos de las pantallas… Es justo lo que no quieren que hagamos Donald Trump, Elon Musk, los dueños de Meta, y todos sus satélites europeos.

¿De dónde saldrán?

Esto se publica en un periódico, así que no me tomo a la ligera esta noticia en El Faro de Ceuta: “Detenido en la frontera entre Ceuta y Marruecos con casi 400 teléfonos móviles”. Móviles “usados”, escondidos en los asientos de un coche y que viajaban de España al reino de Mohamed VI. Su conductor es “un ciudadano marroquí de 44 años residente en España, sospechoso de estar implicado en esta operación”. ¿Es importante el dato del origen? Yo creo que sí porque hoy no valen los consensos de hace 30 para ocultar en los medios ese origen de las personas detenidas porque ni la migración es la misma ni la extrema derecha se esconde.

“Lo poco que me quejo”

Parece un chiste pero es cierto: Ione Belarra tiene un podcast que se llama “Lo mal que estoy, lo poco que me quejo”. Ante semejante desatino por el título en un personaje como Ione Belarra, que ha hecho de la queja su política y mal no está (teniendo en cuenta que es, junto a Irene Montero, la única de Podemos que parece que siempre asegurado su escaño), me debato entre dos ideas. Simplemente es lo que parece, una pésima idea. O puede que Ione Belarra esté mandando un mensaje cifrado porque no se encuentra bien en el sándwich Iglesias-Montero, y no puede quejarse en público. Ione, si es así, haz otra señal.

Correcto

Lo sabemos: es muy barato conseguir un escaño en el parlamento europeo si eres una cara conocida (no necesariamente política) en toda España. Lo vio José María Ruiz Mateos, lo intentó Vidal-Quadras para Vox, y lo lograron Albert Rivera, Pablo Iglesias y Luis “Alvise” Pérez. Todos ellos se beneficiaron del dinero y la estructura europeas, pero al último parece que se le acabó la fiesta (curiosamente, así se llama su partido): “La Eurocámara retira la inmunidad a Alvise por la supuesta financiación ilegal de Se Acabó La Fiesta. El Parlamento Europeo ya le quitó el privilegio al eurodiputado ultra para que sea juzgado” (Público).

Un referente compartido

Que José Luis Rodríguez Zapatero no era Bambi lo sabemos bien en Euskadi: él urdió el plan para poner a Patxi López de lehendakari con el PP después de ilegalizar a la izquierda abertzale (curiosamente, de eso no se acuerda ni en Sortu ni en Bildu). Y después, en su relato sobre el fin de ETA y el riesgo de rescate a España, obvió intencionadamente por completo las aportaciones del nacionalismo vasco. De comprar las elecciones con devoluciones fiscales también hablaremos. Ahora sobre él leemos noticias que nos preocupan como demócratas y que “resquebraja uno de los últimos referentes compartidos de la izquierda”, según Público.

La pregunta clave

Parto de una base: no lo entiendo. No entiendo que un expresidente de gobierno (el expresidente que sea del gobierno que sea) se dedique al “lobbismo”. Sabe que tiene una responsabilidad con su país, con su partido, y que tiene una pensión vitalicia, un despacho, una secretaria y un chófer para hacer sus gestiones, las que sean. Pero, ¿intermediar entre empresas y gobiernos, con comisiones de por medio? No lo entiendo. Por eso creo que en el asunto de Zapatero la pregunta clave la hizo Gabriel Rufián en el Congreso (y la coge al vuelo Sandro Pozzi en X): “¿Dónde acaba el lobbismo y empieza el tráfico de influencias?”.

¿Y dónde está Eneko Andueza?

Aiur García se hacía esa pregunta en X: “¿Alguien sabe dónde está Eneko Andueza?”. Después subía un “meme” muy bien hilado: convirtió la imagen de Aitor Esteban tirándose a una piscina con traje, que lanzaron en las redes del PSE y que tanto ha dado que hablar, en otra en la que es Zapatero el que se tira a una piscina llena de billetes con Eneko Andueza, precisamente, aplaudiéndole detrás. Cuando la comunicación política es una mierda (y su referencia ayer a Sabin Etxea hablando del mundial es otra cagada), parafraseando a Gabriel Rufián, precisamente, es como un boomerang y se convierte en una mierda mayor cuando vuelve.

No fue lehendakari

Eneko Andueza estaba en un acto con la delegada del gobierno de Pedro Sánchez en la CAV, aplaudiendo. Marisol Garmendia otorgaba la “Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III a Ramón Rubial, primer lehendakari de la democracia y presidente del PSOE entre 1976 y 1999”. Rubial sería un gran socialista y un gran español, pero no fue lehendakari. El “consejo general vasco” que presidió fue un órgano transitorio, entre el 78 y el 80, años en los que el lehendakari era Jesús María de Leizaola. Por mucho que insistan y que deseen, la realidad es tozuda. Y reescribir la historia es de fachas, por cierto.

¿Es o no es un dictador?

La misma pregunta que un periodista hizo a Donald Trump en el Air Force One volviendo de China es válida para Yolanda Díaz: “¿Cree usted que Xi Jinping es un dictador?”. Lo traigo porque la vicepresidenta española ha incrustado una visita a la dictadura comunista (yo no tengo que justificarles) entre la que hizo Trump y la que está haciendo Putin. Una visita en la que no ha escatimado elogios, por lo que hemos visto en su cuenta en Bluesky (Díaz abandonó su presencia en X hace meses), y en la que, por supuesto, ha omitido el “detalle” del régimen dictatorial. Ella y todos, por supuesto, porque comerciar con China exige mirar para otro lado.

Garaikoetxea, el lehendakari

El deceso del lehendakari Carlos Garaikoetxea nos ha obligado a mirar a todas y todos hacia atrás, a aquella época en la que las vascas y los vascos tuvimos que arrancar un país y ver hasta dónde llegábamos con él, mientras ETA nos daba palos y España no lo ponía nada fácil. Hemos vuelto a ver en los medios a Uriarte y a Etxenike, dos de los nombres que han traspasado generaciones por su peso político y profesional. Hemos vuelto a hablar de autogobierno, de ikastolas y de muchas cosas que damos por hechas, pero que están en riesgo si entran unos u otros a los gobiernos de aquí y de allí. Ya que hemos hablado de todo eso, escuchémonos.

Garaikoetxea, el político

El deceso del lehendakari Carlos Garaikoetxea lo han aprovechado en EH Bildu para arrimar el ascua a su sardina. La dolorosísima escisión, la creación de EA y su integración en la coalición que lidera Sortu (con acto público de Garaikoetxea, incluido) son una oportunidad irresistible para los de Otegi, Otxandiano, Iriarte, Asiron… Todos han exhibido en X fotos junto a Garaikoetxea porque para eso le querían (somos adultos, no nos engañemos). La desintegración posterior de EA y el arrepentimiento de Garaikoetxea, que acabó abrazado al lehendakari Pradales, debe recordarnos que si perdemos la memoria ganan los malvados.

No podemos perder la memoria

Me llama la atención el modo en el que, en Euskadi, estamos acostumbrándonos a hacer omisiones significativas en la historia, nuestra historia. Necesitamos un “gimnasio cerebral”, como escribe Antonio Ortiz. Y este es la lectura en un momento en el que “mucha gente prefiere escuchar y mirar antes que leer”. Sin embargo, a la lectura podemos atribuirle “el aumento medio del coeficiente intelectual en la población” (conocido como efecto Flynn). Leer ayuda a “recuperar el equilibrio en una época de constante sobreestimulación” y, cómo no, recuperar la memoria. Además y como ya sabíamos, “la comprensión se amplía”.

Un jarrón chino muy caro

Según Público, Sofía de Grecia cobra “131.000 euros al año por asistir a actos honoríficos, familiares y benéficos”. El volumen, por supuesto, está adaptado a sus 87 años y “se reduce a apenas un evento de carácter protocolario a la semana”. Estas condiciones sitúan a la mujer de Juan Carlos I “en el top de las personas con sueldos públicos mejor pagadas del Estado”. De hecho, “solo un 1,37% de los trabajadores cobra más que Sofía” que “disfruta además de su sueldo del presupuesto dedicado a sufragar los medios técnicos y humanos que el aparato del Estado pone a su servicio”. Por supuesto y como cualquiera… de su familia.

Liderazgo mal entendido

“El Departamento de Estado ultima una remodelación limitada de sus pasaportes con una foto del segundo retrato de investidura del presidente republicano” (Euronews), esa fotografía de Daniel Torok en la que aparece malencarado. “El pasaporte con la cara de Trump ‘será el pasaporte estándar emitido por la Washington Passport Agency cuando esté disponible’”, con motivo del 250 aniversario. Por si esto nos parece poco, “Trump también intenta poner su cara en monedas y billetes”, según Mike Levin. “Esto no es patriotismo. Es vanidad”, concluye. “Este hombre no encuentra una sola superficie en la que no quiera estampar su nombre o su cara”.

Una Ikurrina dentro de otra bandera

En el blog Fronteras explicaron este fin de semana la bandera de San Pedro y Miquelón, dos pequeñas islas a pocos kilómetros de Terranova que no aceptaron incluirse en Canadá y que se mantienen como territorio francés, por lo que su bandera oficial es la tricolor. Pero sus cinco mil habitantes reconocen como suya otra que tiene el dibujo del barco en el que llegaron los primeros franceses pero que guarda un espacio para homenajear a “los primeros habitantes estables del archipiélago: de arriba abajo, vascos, normandos y bretones”. Por eso en su bandera hay una Ikurrina arriba a la izquierda. Y sale en los emoticonos del móvil, por cierto.

El rastro de la maldad

Dicen que siempre hay que seguir el rastro del dinero para explicarnos la actualidad. Pero en este tiempo tan extraño y convulso es más fácil seguir el rastro de la maldad: aunque Rusia e Israel, de saque, no parezcan aliados (y menos tras la invasión sobre Ucrania que dictó el Kremlin), nos encontramos con que “Volodímir Zelenski condenó lo que calificó como compras de grano ‘robado’ por parte de Israel a Rusia” (Escenario Mundial). Putin y su banda de oligarcas está vendiendo el grano de las tierras anexionadas a sangre y fuego, y ha encontrado en Israel a un comprador sin complejos, pese al teórico bloqueo occidental a Rusia.

Grotesco

Israel es el socio militar de EE.UU. en Irán y Rusia no es tampoco un país al que Trump considera enemigo, precisamente. Una vez más, el rastro de la maldad va estrechamente ligado al del dinero. Mucho dinero. Para desviar la atención, Trump tira de brocha gorda y de lo que llaman en Menéame “puro gamberrismo digital”, el “bucle de una hora de su líder repitiendo ‘winning’ como un disco rayado es, sencillamente, el funeral de la vergüenza institucional”. Así, “la política se convierte en un bucle infinito de narcisismo donde lo único que importa es el ruido”. “Lo ridículo se acepta como normal y lo grotesco se celebra”.

Un alumno aventajado

Llevo semanas guardando esto de Israel Merino y Donald Trump, con su política narcisista y grotesca, por fin, me ha dado pie. Escribía el columnista de Público sobre Pedro Sánchez: “Están muy bien estos devaneos estéticos y son utilísimos para movilizar a un progresismo cada vez más exhausto, pero deberíamos plantearnos si no está exhausto precisamente por tanto devaneo estético que no acaba en ninguna parte”. “Su falta de una verdadera ética se vea en sus costuras de político puro”, que definió Ortega y Gasset, “capaz de flotar por la política sin muchos convencimientos ni un amarre claro al puerto de las ideologías”.

No puede dar todo igual

Quien afirme que “Por culpa del Gobierno la gente no quiere tener casas, se las quita de encima” se retrata. Según El Plural, lo ha rebuznado Isabel Díaz Ayuso en Telemadrid. Aunque en la grabación no queda claro si se refiere a las segundas residencias o a sus viviendas habituales, ni queda claro si ella misma hace la mezcla por su conveniencia, la afirmación sigue siendo una chorrada. Pero, ojo. De la misma manera no podemos hacer como que no pasó aquella fase en la que la progresía vasca y española (que es decir lo mismo, lo estamos viendo) empujaba a mi generación a vivir de alquiler como si la propiedad fuese etérea.