No, la «zona tensionada» no soluciona nada

La ley española de Vivienda que EH Bildu y ERC le aprobaron al gobierno español solo para poder decirlo en una campaña electoral es una pésima ley que no ha arreglado nada. Más bien, al contrario. Y que no vengan con la vieja milonga de que lo que pasa es que no se aplica, porque en Barcelona, donde los del PSC se apresuraron a poner en marcha eso de las “zonas tensionadas”, hoy tienen esta realidad: “La presión sobre los alquileres en Barcelona es cuatro veces mayor que en Madrid tras la ley de vivienda” porque “la oferta de vivienda se ha contraído” tanto que por cada anuncio hay 462 contactos en Barcelona, y en Madrid, 103.

Población y censo

Precisamente sobre Barcelona, Xavier Tomàs publicaba hace unos días un hilo muy interesante en Threads: “Desde 1979, la diferencia entre el número de ciudadanos con derecho a voto (en las elecciones municipales), y el de habitantes, ha pasado de las 300.000 a las 600.000 personas”. Así, “el ‘gap’ entre el censo electoral (que no para de bajar) y de la población (que no para de crecer) es cada vez más grande”. La curva de la gráfica que muestra Tomàs es fascinante y provoca una paradoja igual de magnética: ¿a quién lanzan mensajes o para quién toman decisiones las y los políticos, para quienes viven o para quienes votan?

Totalmente irrelevante

Pensando también en la próxima campaña, este subtítulo en Público me ha parecido maravilloso: “La pugna entre Lara Hernández y Verónica Martínez Barbero ha acaparado los focos tras la dimisión de la secretaria de Organización del partido, entre críticas a la actual coordinadora por acoso laboral”. Y estas, ¿quiénes son? Pues nada menos que la secretaria general de Sumar y la coordinadora de la misma formación. ¿Qué diferencia hay entre esos roles? Pues ellas sabrán. O no. Lo que yo tengo clarísimo es que fuera de Yolanda Díaz, Sumar es una formación absolutamente irrelevante, para regocijo de EH Bildu.

Una nueva normalidad

La famosa “nueva normalidad” postpandemia ha llegado para quedarse: las altísimas temperaturas que hemos sufrido en mayo y estamos sufriendo en junio, “según advirtió el Servicio de Cambio Climático de Copernicus de la UE, se está convirtiendo en la ‘nueva normalidad’” (Euronews). En concreto, en mayo, “la sensación térmica alcanzó valores de entre 35 y 40 grados en amplias zonas de Europa” y “la temperatura media de la superficie del mar fue también la segunda más alta jamás registrada, solo por detrás de la de mayo de 2024”. Y en 2027, las temperaturas globales llegarán “a máximos históricos”. Otra vez.

Soy un viejo pero disfruto más que tú

Leyendo el post en Linkedin Noticias sobre los nuevos consumos de fútbol que se esperan para el Mundial (resúmenes, highlights, recopilaciones de goles, pantallas múltiples, narradores en redes sociales, etc.), me he dado cuenta de que soy un viejo. También he pensado que gracias a eso voy a disfrutar más y mejor de lo poco que pueda ver del Mundial porque voy a ver partidos enteros, sin saber si serán una castaña o entretenidos, descubriendo a jugadores y entrenadores, y animando de manera aleatoria a una selección u otra (porque a la mía no le han dejado intentar clasificarse, por lo que sea).

«Trump entiende lo que entiende»

La frase no es mía, el periodista Michael Wolff se la atribuye a Steve Bannon en el libro “Fuego y furia: En las entrañas de la Casa Blanca de Trump”, sobre la primera legislatura del republicano: “Trump entiende lo que entiende”. Mucho me temo que esto no va a entenderlo: “Dinamarca pide respeto a su integridad territorial después de que Trump nombre enviado a Groenlandia” (Independent). No lo entenderá porque no querrá hacerlo (y no completaré el dicho popular) y porque para él el respeto no importa. Importa solo lo difícil que se lo pongas, por lo que creo que Europa tiene que empezar a ser un rival fuerte para Trump.

Y no le importa el conocimiento

Visto lo visto, Trump parece que es de esos que desprecian lo que no son capaces de entender. Lo digo porque su menosprecio por el conocimiento es alarmante: “Trump destituye a casi 30 diplomáticos de carrera en una reconfiguración de la política exterior” (Voz.us). “África es la región más impactada, con embajadores destituidos en 13 países, entre ellos Nigeria, Senegal, Somalia y Uganda” también han caído los de Filipinas, Vietnam, Guatemala o Surinam, entre otros. La idea de Trump es “reorientar la política exterior del país hacia funcionarios plenamente alineados con la agenda de ‘Estados Unidos Primero’”.

Los planes de la derecha

Por todo lo escrito (hoy y todos los días), parece lógico que si opinas lo contrario a lo que piensa Trump haces lo correcto. Por extensión, opinar lo contrario a lo que piensan sus tentáculos más cercanos también lo será: “Vox recupera su plan de reducir el número de diputados en la Asamblea de Madrid de 136 a 91” (Vozpópuli). Puede parecerme exagerado que una comunidad como la de Madrid tenga 136 parlamentarias y parlamentarios, cuando la CAV solo tiene 75, pero si Vox quiere reducir el número será por algún interés perverso, empezando por el de reducir la democracia, que es el más evidente, claro.

¿Alguien se acuerda de Alvise?

El partido de Alvise Pérez consiguió tres europarlamentarios en las últimas elecciones. Pues bien, los dos que no son él, “Diego Adrián y Nora Junco, se integraron en el grupo parlamentario Conservadores y Reformistas Europeos y poco después se querellaron contra Alvise al denunciar no solo una campaña de hostigamiento en redes como consecuencia de los mensajes que Alvise había publicado sobre ellos sino que, incluso, habían llegado a temer por su integridad física al revelar también el lugar en el que se encontraban o al que se dirigían” (InfoLibre). La pregunta es: ¿qué tipo de seguidores y votantes tenían?

¿Cómo convivirán?

Una pregunta parecida podríamos hacernos con el partido de Yolanda Díaz: ¿alguien se acuerda de Sumar? Yo hablo de “partido” porque estoy chapado a la antigua. También podemos referirnos a Sumar como “movimiento” o “marca” porque da igual: ¿quién lo tiene en cuenta? ¿Cuándo ha sido el último acto político que han organizado con simpatizantes y líderes orgánicos? ¿Qué es Sumar hoy? Lo que tengo claro es que es una gran paradoja, porque quienes saltaron de Podemos a ese espacio, ¿qué van a hacer? No hay ejemplo más claro que el de Alba García en Euskadi, así que podremos seguir el proceso de cerca.

El tonto del pueblo

El tonto de su pueblo puede llegar muy lejos. He aquí la prueba: “Hoy me siento mujer, me llamo Francisca Javiera y soy mujer. No me lo discutan, que les llevo por delito de odio a un tribunal”, esto decía (y lo recogía El Periódico, entre otros medios) el exmagistrado del Tribunal Superior y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Francisco Javier Borrego, en las jornadas para la negación de la violencia de género organizadas por Vox (el socio preferente del PP, que conste) en el Congreso. Dicho de otro modo: la peor idea puede dar la vuelta al mundo rebotando de tonto en tonto. Alguno, muy bien pagado con dinero público.

No te enteras, Miguel Ángel

Miguel Ángel Idigoras no se ha enterado de qué va la manipulación que hace la izquierda abertzale del genocidio en Palestina, y sigue abrazado al pensamiento de Mayor Oreja. Pero con esos mimbres hizo buen cesto: director de ETB con Patxi López, nada menos. Dice en Economía Digital el también ex corresponsal de TVE que el boicot del pasado miércoles fue la vuelta ciclista a España, y yo me río, claro. La izquierda abertzale no ha dicho nada de una competición que muchos votantes suyos aplauden en la carretera. El boicot fue a las instituciones vascas: ayuntamiento, diputación, Ertzaintza… Solo hay que tener ojos (y voluntad) para verlo.

Bildu lidera la izquierda española

En su camino al éxito, Bildu ha logrado otro hito: liderar sin esfuerzo la izquierda española. Con ERC ocupado en sus luchas intestinas, los de Otegi no han dudado en mostrarse, en su safari fotográfico estival, como el faro, la guía, la argamasa que compacta y el modelo que hay que seguir entre los que se autoproclaman más progresistas que tú. Y ha funcionado: “Podemos y otros grupos políticos se suman al boicot a La Vuelta para expulsar al equipo israelí” (El Independiente). ¡Ay, los complejos tradicionales de la izquierda! Por supuesto, “el socio minoritario del Gobierno, Sumar, se muestra más moderado”.

Pero, ¿qué censura?

Nadie firma la pieza en El Imparcial con la que se quejan airadamente de los nuevos criterios en el Congreso de los Diputados para acreditar a periodistas. La verdad es que de nuevos no tienen nada, es una vuelta a los orígenes en toda regla: “No acreditará a medios con menos de 10 trabajadores, ‘youtubers’ o tv digitales”. A esto, en el digital que preside Luis María Ansón, lo llaman “censura”. Pues muy bien. Pero el Congreso tapona por fin (y tarde) la vía de agua que se le había abierto acreditando a webs de desinformación, agitación y propagación de bulos, disfrazadas de medios de comunicación. Todo correcto.

Todos han leído un montón

Estoy seguro de que Francisco Javier Borrego, Miguel Ángel Idigoras, las y los líderes de izquierdas, y quien ha escrito la piecita en El Imparcial liándose con la palabra “censura”, han leído un chingo de libros. Leer no te hace más listo ni mejor persona, tiene razón María Pombo, que se ha atrevido a decir a quienes nos gusta leer: “No sois mejores” (Ara). Si vamos uno por uno puede que no, es cierto. Pero también es verdad que nunca como hoy se exhibe sin rubor la ignorancia, la mediocridad, la creación de atajos o la falta de principios claros, esos que anclas a tu vida cuando aprendes a leer de modo crítico, precisamente.

No son los contratos, son los empleos

“La reforma laboral de 2021 ha sido un fracaso: a pesar de que ya no existen ciertos tipos de contratos temporales, las empresas usan los indefinidos como si lo fueran”. Más claro que este titular en El Blog Salmón, difícil. Hacer modificaciones legislativas para eliminar una palabra (“temporal”) pero, al mismo tiempo, flexibilizar el fin del contrato indefinido, es pulir la forma pero no entrar en el fondo. Así, Yolanda Díaz sonreía ayer y aplaudía en Bluesky su éxito: más contratos y todos indefinidos. “En 2023, el 52 % de los contratos indefinidos tenía una duración inferior a 180 días” y “los fijos discontinuos han crecido”. Esto un éxito no es.

Una reunión, ¿para qué?

En Sumar tienen un problema: cuando este gobierno se acabe la carrera política de la mayoría de sus integrantes también lo hará. Quien no salte al PSOE (el regreso a Podemos es impensable) tendrá que buscar su acceso a la vida civil, algo que parece que no les gusta porque dan pasos como pollos sin cabeza: la rueda de prensa coral de la mañana del miércoles, sin la líder, y la reunión larguísima con el PSOE por la tarde, sin soluciones ni conclusiones, son la nada. ¿Para qué? Nadie se cree sus amenazas porque nadie se cree su fuerza. El invento (Sumar no es un partido, es una marca) ha salido mal y acabará peor.

Se benefician

De la intrascendencia de Sumar y el cainismo inapetecible de Podemos se beneficia directamente la izquierda abertzale. La de siempre transmutada ahora en Bildu. La misma izquierda abertzale que no logra desligarse de esto: “Euskadi y Navarra registraron 168 actos de apoyo a ETA y sus presos entre enero y junio de este año” (El Independiente). “Actos registrados en la vía pública y que se han materializado en forma de manifestaciones de apoyo a los presos de la banda terrorista, en pintadas y pancartas exhibidas en el espacio público”. Actos, pintadas y pancartas que cada día más agotan a la ciudadanía.

Los republicanos son los otros

Retomo una idea, la de que Yolanda Díaz renunció a formar un partido para lanzar una marca que ahora se le escurre entre los dedos. Los partidos son importantes porque compactan, aglutinan, reúnen. Y despreciarlos es un error siempre. Ahora lo hace Trump, en su red social, Truth, en la que habla de “los republicanos” (en referencia a sus representantes) como si fueran los otros, les llama “ridículos” y les exhorta a votar “sí” a su plan para cercenar el gasto público. Trump comete un error también con esto, un error político. Y ese matiz es importante porque solo con la política (que no comprende) le podremos vencer.

¿Cuántas fotografías se hacen cada día en el mundo?

5.300 millones, según un estudio de Phototutorial que cogen al vuelo en Photolari. “Un total de, atención, 2,1 billones de fotos a lo largo de todo 2025”. Según el mismo estudio, “más del 94% de ellas se toman con smartphones”. ¿Para qué? ¿Revisamos esas fotos? ¿Las editamos para dejarlas bonitas? ¿Las conservamos en discos duros bien guardados? ¿Las imprimimos para revisitarlas de vez en cuando? ¿Para qué ocupamos tanta memoria en nuestros teléfonos, nuestras tarjetas y “la nube”? Una foto cumple una función: retener momentos que nos evocan recuerdos, nombres, sensaciones… Solo sacarlas no sirve de nada.

¿Negacionistas o idiotas?

Hace poco vi en alguna red social un mensaje que, palabras más, palabras menos, decía que sabes que necesitas unas vacaciones cuando todo el mundo empieza a caerte mal. Pues bien: todo el mundo me cae mal. Tanto que empiezo la columna lanzando esta pregunta al aire: ¿debemos seguir hablando de negacionistas del cambio climático o podemos empezar a llamarles tontos esféricos fosforescentes? Sin perder mucho tiempo en Google he encontrado este titular en 20 Minutos: “El aviso de Martín Barreiro sobre la ola de calor en España: ‘Es una anomalía térmica de más de 10 grados, es un calor extremo’”. Para mí la respuesta está clara.

También por esto

Empezando por los viajes espaciales para los ultrarricos, siguiendo por los jets privados y terminando por el uso que hacemos de la inteligencia artificial para gilipolleces, abrasamos el planeta. Y lo abrasamos, además, para que nada mejore, porque solo estos tres elementos (a los que podemos sumar la minoría de criptomonedas, refugio de quienes necesitan blanquear dinero). Porque en el caso del uso de la IA a nivel usuario (no podemos culpar a otros de nuestras mierdas), ¿qué hemos mejorado? Un ejemplo: “Dinamarca lucha contra los deepfakes creados con IA otorgando a las personas el derecho de autor de sus rasgos y voces” (El Diario).

¿Cuál es el negocio?

Vamos a tratarnos como adultos funcionales: si “el partido de Alvise pierde el derecho a la subvención electoral por no presentar la contabilidad de las europeas” (RTVE), ¿cuál ha sido el volumen de negocio e ingresos que ha recibido Alvise, por medio de su partido, que prefiere no mostrar las cuentas que agarrar la subvención que le corresponde como partido con tres eurodiputados? En total, tendría que recibir un millón de euros que rechaza mientras esconde las cuentas de “Se Acabó La Fiesta”. Insisto: ¿a cuánto ascendió la factura de la fiesta para que Alvise prefiera perder ese dinero antes de que fiscalicen sus cuentas?

Ideaza

Yolanda Díaz y los defensores de Sumar cuando esta lanzó la marca, intentando superar la estructura de los partidos, nos vendieron la ocurrencia como una ideaza. Hoy, “los socios de Yolanda Díaz dan por muerta la marca Sumar” y no hay donde apuntalar. Otra muestra más de que los partidos son necesarios porque compactan en torno a una ideología, y de que las ocurrencias salen mal. Pero la realidad es que lo de Sumar va a salir peor: ¿dónde van a ir quienes abandonaron airadamente Podemos (el caso de Alba García o Lander Martínez en Euskadi son paradigmáticos), persiguiendo la ideaza? ¿Y con qué argumentos?

Los viejos rockeros

Cuando Leo Messi ganó el Mundial me alegré. El vínculo emocional era, en mi caso, generacional: me sentí representado por aquel que iba a salir a ofrecer su último baile con ganas de triunfar. Y triunfó. Luego, como antes, me ha dado igual: bastante tenemos las y los del Athletic con lo nuestro. Hasta esta semana, en la que he encontrado esta noticia precisamente cuando Messi, con un equipo que no está a la altura de los europeos, ha quedado fuera del mundial de clubes: “Messi lidera por tercer año consecutivo la lista de camisetas más vendidas de la MLS” (Palco 23). Un brindis por los viejos rockeros.