No des crédito a bulos

Podemos discutir si esta política de mierda empezó con Pablo Iglesias y Albert Rivera, pero no me voy a ir tan lejos: solo unas horas antes de la carta-bomba de Pedro Sánchez, Cuca Gamarra y el PP le exigían en X explicaciones por la denuncia aceptada contra Begoña Gómez. Realmente, no importa cuándo ni quién lo empezó, lo que importa es que partidos con responsabilidad de gobierno como el PP (pero también el PSOE y en Euskadi, Bildu, hablemos como personas adultas) han consolidado esta política basada en la difamación, en la intoxicación y en el ventilador contra el que echar puñados de guano para que se disperse.

Tampoco lo tiene Sánchez

Virginia P. Alonso recordaba en Público que “Pedro Sánchez no da puntada sin hilo”, y estoy totalmente de acuerdo. Así que, lo reconozco, la carta del presidente del gobierno y secretario general del PSOE no me ha conmovido en absoluto. De hecho, no he podido evitar pensar que forma parte de algún plan, que cuenta con una cuestión de confianza, o que maneja un pull de encuestas que le dicen que si convoca ya las elecciones y en estas circunstancias, puede mantenerse en el gobierno sin depender de Junts, por ejemplo. Y me baso solo en los pasos que ha dado el propio Sánchez hasta llegar a esta situación insólita.

No solo los medios de derechas

En El Salto también recordaban que “los gobiernos de derechas llevan años alimentando con dinero público a sus medios afines que esparcen bulos y manipulan sin que el Gobierno haya hecho nada para evitarlo”. No hizo nada por evitarlo porque Sánchez ha vivido siempre mucho mejor contra Vox que contra un PP centrado. A Sánchez la presencia de lo ultras no le importa, al contrario: ser el contrapunto a Abascal le otorga liderazgo. Por eso ni en el Congreso ni desde el gobierno han atajado el avance de la extrema derecha en las cámaras y los medios. Y este paso, esa carta, puede ser solo un paso más, uno destacado, para mantenerse como faro.

No solo a los partidos de izquierdas

Este titular en Infobae: “Podemos muestra su empatía a Sánchez pero subraya que se debió parar el ‘lawfare’ cuando lo sufrió Iglesias”, es mucho más amable que la intervención de Pablo Iglesias en la Cadena SER, en la que simplemente le pasó una factura más al PSOE, dejando claro de qué madera está hecho el líder de las y los morados. La realidad es que Podemos debería de empezar por una autocrítica por habernos traído esta política con la sombra de la duda permanente, y debería de seguir por asumir que con ellos no empezó ni la política ni la utilización de la justicia para obtener resultados, que eso ya lo conocíamos en Euskadi.

Irresponsabilidad máxima

Pase lo que pase, Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar que es un irresponsable. Y si finalmente convoca elecciones, el nivel de irresponsabilidad se dispararía hasta niveles que no podíamos ni sospechar: la ciudadanía está harta, quiere que su decisión, en forma de voto, sea respetada, quiere que las y los políticos hagan su trabajo y se pongan de acuerdo para avanzar, no quiere sentirse interpelada cada año o dos años, como mucho, para conocer a su presidente del gobierno español en elecciones que se solapan con las que van tocando. Este carrusel electoral, que sepamos, solo beneficia al PP en España y a Bildu en Euskadi.

La culpa solo fue de ETA

A la izquierda abertzale le está saliendo muy bien la jugada: Bildu es una herramienta inmejorable para su blanqueo. Al colaboracionismo de quienes pusieron sus escaños por delante de su moral se han sumado las urgencias del PSOE. Y con eso y una sociedad que ha decidido olvidar, la desmemoria va. Pero ni con todo lo mencionado está bien que Arnaldo Otegi nos tome por tontas y tontos: la responsabilidad de que ETA empezara a matar y tardara 40 años en dejar de hacerlo es solo de ETA. Usar Bateragune para echar balones fuera es muy útil, sobre todo, para que retratemos a quienes le compran el argumentario.

No, gracias

La cara dura de quien intenta cargar a otros sus propios errores que muestra la izquierda abertzale en general, y Arnaldo Otegi en particular, es solo comparable a su capacidad para victimizarse: “¿No es el momento de que los sectores que han causado sufrimientos reflexionen? Reconozcan que han hecho todo: tortura, guerra sucia, encarcelamientos injustos, lawfare judicial… Háganlo para asentar una convivencia justa, estable y duradera”. Sin negar lo que dijo Otegi en rueda de prensa, sí pongo el acento en que lo dijo, precisamente, él, al que Sortu colocó como coordinador general de Bildu.

Estoy de acuerdo

Antes del desbarre de Arnaldo Otegi (porque no tiene otro nombre, y allá quien se lo ponga), Iñaki García Arrizabalaga, víctima de ETA, había tuiteado: “Lo dije hace tiempo y lo repito: las grandes perdedoras de toda esta historia ‘de superar las consecuencias del conflicto’ van a ser las víctimas del terrorismo”. Debemos tener memoria, debemos saber quién causó el daño, en nombre de quién (sí, tenemos que recordar que mataban en nuestro nombre aunque les decíamos en manifestaciones multitudinarias que dejaran de hacerlo), debemos recordar quién les justificó, quién les dejo mandar y quién les integró en las cúpulas de sus partidos.

Idiotas hay en todas las partes

Seguimos con razonamientos gilipollas: a Alejandro López, que ha estudiado derecho y filosofía, y es el joven alcalde Orkoien, en la denominada “zona mixta” de Nafarroa, le parece injusto que las y los niños del municipio que saben euskera puedan acudir a las actividades culturales en ese idioma y a las que se realizan en castellano, y quienes saben solo castellano, puedan acudir únicamente a las segundas. Un planteamiento muy sano, claro que sí. Si es que esto de los idiomas es un lío: mejor hablamos solo inglés todas y todos, de una vez, y dejamos de gastar dinero en producir cualquier material en castellano, euskera o francés.

En plata

A veces pienso que algunas políticas y algunos políticos han confundido eso de dirigirse a la juventud con dirigirse a la infancia, y hablan como si la sociedad no estuviese compuesta por personas maduras, con memoria, con capacidad de razonamiento, y con ojos en la cara, simplemente. Así que correctivos como el de Àngels Barceló, aunque dice obviedades, siguen siendo necesarios: “Si el PP no puede tejer mayorías por casarse con la ultraderecha es su problema, no el de los españoles. Cuestionar el papel del Congreso sitúa a Feijóo muy cerca, demasiado cerca, de los discursos populistas y reaccionarios que recorren el planeta”.

Abascal es el que menos importa

Leo en Público que “Abascal blinda su poder en Vox en una huida hacia adelante para capear la oposición interna. Su férreo control del aparato del partido es también un síntoma de las dificultades para dirigir una formación en declive”. Y realmente me importa poco: entiendo que Abascal quiera seguir viviendo bien, como hizo cuando Vox era una banda de frikis a la que todavía no conocía nadie, no tenía ingresos pero sí tenía sueldo y, por lo que parece, generoso. Lo importante es quién está detrás, quién pagaba, quién manda, quién permite a Abascal liderar la formación, quién maneja los hilos de la extrema derecha en España.

Un partido es el futuro

Si algo trajo lo que conocimos como “nueva política” es la falta de explicaciones: las y los representantes o los partidos no tienen que justificar cambios de opinión que en algunos casos son de 180 grados. Por ejemplo: la formación que aseguró que la fórmula de los partidos estaba demodé y que iba a lidera una transformación, puso el pasado fin de semana fecha para su constitución como partido político, de los de toda la vida. Yolanda Díaz eclipsó así el décimo aniversario de Podemos (que sí acertó creando un partido), anunciando una especie de congreso fundacional en marzo. Eso, sí, no se desdijo de sus aseveraciones previas.

Más decretos que leyes

Por supuesto, soy plenamente consciente de que Pedro Sánchez le tocó gobernar durante la pandemia, y que buena parte de esos decretos que suma son de aquella época. Pero ni eso justifica el dato que ha puesto encima de la mesa The Objective: “Sánchez es el único presidente del Gobierno que ha aprobado más decretos que leyes. El 54% de las iniciativas legislativas aprobadas desde verano de 2018 son imposiciones del Ejecutivo del PSOE”. Ni siquiera Rajoy, que fue el que convirtió el decreto ley en una herramienta de uso habitual, firmó esos números que muestran a un Sánchez muy inseguro.

Para qué sirve Europa

“Microsoft no transferirá datos personales fuera de la Unión Europea para evitar multas”. Solo este titular de Hipertextual explica mucho mejor qué hace Europa y las bondades de la Unión, que muchas crónicas farragosas. No echo la culpa a las y los cronistas, por supuesto: la información que damos de la Unión siempre es compleja y parece lejana. Pero a veces la aplicación de sus políticas nos regala titulares como el referido. Titulares que son mucho más: la garantía de que una gran tecnológica cumplirá una normativa que protege a la ciudadanía europea. Ahora, que cumplan las demás que, además, son más peligrosas.

Pero también llega tarde

Europa hace cosas bien pero las hace con cierta lentitud. Eso es indiscutible. Esto que hemos encontrado en El Independiente es, como la noticia en Hipertextual del párrafo anterior, muy elocuente y explicativo: “China lleva 20 años invirtiendo en minerales críticos y, por eso, construyen prácticamente todas las baterías del mundo”. “Lo que ha hecho Europa y también Estados Unidos es darse cuenta de la necesidad que tienen y lo han puesto en su legislación, pero no han incentivado de la misma forma a sus industrias y a los inversores, porque tienen prejuicios con respecto a la minería”.

Es fascismo

Ni son “las derechas”, ni “la derecha trasnochada”, ni los “nostálgicos” o las “nostálgicas”: son fascistas. Con todas las letras. Con todo el sentido de la palabra. Y campan a sus anchas por Europa, como antes de caer Hitler y, con él, la losa de la vergüenza que hemos dejado que levanten. Y los hemos visto claramente en Roma, el pasado fin de semana, haciendo el saludo fascista en una acto en memoria del asesinato de tres jóvenes simpatizantes del Movimiento Social Italiano (MSI), “en el que también militó en juventud Giorgia Meloni, la hoy primera ministra de Italia” (EPE). O los paramos ahora o tendremos que hacerlo como entonces.

Y empieza con estas gilipolleces

Si el ministerio español de Sanidad ha aprobado el uso de mascarillas en centros médicos, lo acataremos, como medida de salud pública que es. Y si alguien lo pone en duda nuestra obligación es señalar la gilipollez. Porque en lo políticamente correcto, en el respeto a la libertad de decir chorradas, ha encontrado un caldo de cultivo precisamente el fascismo. No, esa mascarilla en el centro en el que se juntan personas enfermas no es una “limitación de las libertades ciudadanas”, como escribe Guadalupe Sánchez y publican en The Objective. Y señalar la tontería como tal tampoco limita su libertad, pero sí puede limitar la confusión.

Una más

Es digno de estudio que Santiago Abascal, en plena campaña para su reelección entre los suyos, en vez de atacar al presidente español del gobierno por sus acciones o declaraciones, suelte bobadas genéricas como: “El PSOE es vulnerable a la corrupción, a los crímenes de Estado y a la traición”. Y deberíamos de estudiarlo porque el discurso es una mierda y pese a que lo es, a todas luces, funciona (por eso lo dice). ¿Qué mecanismos mentales hemos activado para que a alguien le muevan tres estupideces en vez de una crítica bien construida y constructiva, valorable? ¿Quiénes son las personas responsables?

Con normalidad

El fútbol español se va llevar la hostia en la cara esta semana, pero la culpa la tienen otros, principalmente los gobiernos: el blanqueamiento a Arabia Saudí y a otras dictaduras millonarias gracias a los combustibles fósiles es una de nuestras mayores vergüenzas como civilización. Y ni siquiera nos escandalizamos, de hecho, hemos normalizado que el FC Barcelona, entre las recomendaciones a sus aficionadas y aficionados que se desplacen a ver la Supercopa, incluya el consejo de no mantener relaciones con personas del mismo sexo. Sin sonrojarse. Sin discutir que el dinero lo pongan los homófobos. Y todo negociado por Piqué.

La novela es Neymar

Entiendo a Neymar, que está acostumbrado a cobrar mucho y jugar poco, cada vez menos, por culpa de las lesiones y su vida intensa: si le pagan lo que pide, sabiendo los clubes cómo es y cuál es su estado físico, ¿qué va a hacer? ¿Rechazarlo? ¿Cambiar al final de su carrera? ¿Para qué? La novela que llevamos algunos buscando durante años es la de su vida. Un Neymar que fue noticia porque se embarcó lesionado en su crucero, para participar en una fiesta sin interrupción durante días, y que ahora lo es porque un youtuber, Carlos Candreva, saltó por la borda desde la planta más alta, desapareció y ha sido dado por fallecido.

2.0

Ser candidato a lehendakari no es fácil. Serlo con alguna posibilidad de gobernar, aunque necesites tres carambolas, es aún más difícil. Y el número de personas que se prestan a ello es muy reducido. Así que reconozco a Pello Otxandiano su valentía, pero me pareció que quien tenía miedo con la designación era Bildu y no solo por la voz temblorosa de Otegi. Otxandiano no es una apuesta ganadora: demasiado joven y demasiado de Sortu (estuvo en la dirección que dio paso a la actual, con David Pla y Elena Beloki). Y que sea demasiado de Sortu invita a pensar que la nueva deriva de americana sobre camiseta no satisface plenamente.

No pueden esconderse

Las y los fascistas pueden disfrazarse pero nunca dejan de serlo: Santiago Abascal alertaba de que “en un momento dado el pueblo querrá de colgar de los pies a Pedro Sánchez”. Su conocimiento de la historia y su fundamento político puede resumirse en ese entrecomillado de El Independiente. En el mismo digital destacan que “el PP critica a Abascal” (con cuyos votos cuenta para alcanzar al gobierno de España) y que “acusa” a Sánchez “de buscar polémicas”. Porque Abascal tiene delito (si no lo es, debería de serlo), pero quien le critica con la boca pequeña y señala a la víctima tiene también lo suyo.

¿En qué lado estás?

Esto es muy fácil: ¿estás con Ucrania o estás con Rusia? ¿Estás con Gaza o estás con Israel? ¿Estás con la población civil agredida y masacrada o estás con la potencia militar que lanza misiles contra edificios civiles? EE.UU. está contra Rusia y con Israel. Para el gobierno del país (demócrata, no lo olvidemos) tendrá su coherencia, pero para el resto del mundo es una puta (sí, he escrito “puta”) vergüenza. No hablo del veto en la ONU a una resolución formal, es que manda 14.000 proyectiles para tanques y sin aprobación del Congreso. Ya, ni las formas. “Show must go on”, tuitea Mikel Ayestarán sobre la noticia de El País.

18.000 personas muertas

18.000 personas muertas. Lo escribo con horror, con dolor, pero no puedo dejar de hacerlo: 18.000 personas muertas. Solo en Gaza. A manos de Israel. Bomba tras bomba. Disparo tras disparo. 18.000 personas muertas. Por mucho que Hamás controle la comunicación que sale de la franja, hemos visto lo que hemos visto: niñas y niños asesinados por una maquinaria de matar liderada por un gobierno extremista que cuenta con el primo del Zumosol, ahora llamado Joe Biden. Nadie puede justificar este ataque atroz, y quien lo haga formará parte de un nuevo colaboracionismo, esta vez, sionista, sorprendentemente.

¿Esto está bien?

Me lo pregunto de verdad porque yo para estas cosas soy extremadamente cuidadoso y a veces me paso de precavido. Me refiero a la presentación del libro de Pedro Sánchez, ‘Tierra Firme’, en horario laboral de mañana, con el nombre de la editorial bien visible, presentada por Jorge Javier Vázquez y retransmitida por streaming por “la cuenta oficial del Gobierno de España”. ¿Quién saca beneficio de este sarao? ¿Podemos pensar que hay elementos de esta presentación pagados con dinero público, es decir, nosotras y nosotros, o cómo se nos ocurre hacerlo? ¿Podemos criticar lo desacertado de todo lo anterior?