La pregunta

En Agenda Pública explican “cómo entender la presencia de Repsol en la Casa Blanca y por qué tomó la mejor decisión posible”. Pero la cuestión, en esencia, es muy sencilla y se resume en una pregunta: ¿prefieres que el petróleo que va a gestionar Repsol (una empresa española conectada directamente con la vasca Petronor) siga siendo explotado por China o Rusia, y siga siendo regalado a la dictadura cubana para sostener el castrismo? Ojo, es perfectamente legítimo preferir que ese petróleo siga en manos de dictaduras y oligarquías, pero no vale disfrazarlo como muestra de sensibilidad social porque de ninguna manera lo es.

La realidad

Nada justifica lo que ha hecho Trump: no lo hace que la Venezuela chavista fuese el sostén de la dictadura cubana, ni que colaborase directamente con los imperialismos de China o Rusia. Pero no debemos perder de vista lo que posibilitaba Maduro (ni debemos obviar sus cuentas en Suiza, por si acaso tienen algo que ver) ni lo que ejecutan sus principales socios internacionales: “Buenos días desde Kiev. Cuarto día sin electricidad ni calefacción. Casi toda la infraestructura energética está destruida. Los próximos 10 días serán muy duros”, escribe Alberto Sicilia en X, que lleva en Ucrania desde el principio del conflicto.

La incompetencia

Tampoco podemos ni debemos olvidarnos de las conexiones que en Euskadi y en España tienen estos países. En esta misma columna ayer comentábamos la denuncia del Brussels Watch sobre la defensa que hace de Rusia Pernando Barrena, que levanta suspicacias hasta en su grupo en el Parlamento Europeo, The Left. En España, Vox ha podido estar vinculado a Putin como toda la extrema derecha europea, cebada por el Kremlin como factor de desestabilización y, al mismo tiempo, “se reconoce ‘incompetente’ sobre las amenazas de Trump de anexionarse Groenlandia” (El Diario). “Incompetente”, dicen.

El feísmo

Iba a escribir sobre lo mal comunicado que estaba el anuncio de Jordi Sevilla para arrancar un proceso de reflexión en el PSOE, pero Xavier Tomàs lo ha hecho antes y mejor: “Un ejemplo práctico de cómo, descuidar la comunicación, puede arruinar tu mensaje: presentar un ‘manifiesto’ (concepto ya de entrada más propio de hace medio siglo) leyendo un papel que te sujeta alguien ubicado al lado del smartphone que te graba, con un micro donde destaca más el cable que otra cosa, en un fondo indescriptible, con un color y calidad propios de hace 20 años… No parece, de entrada, nada alentador”.

La vergüenza

El fenómeno de las y los influencers es, para que nos entendamos, una puta mierda. Una moda profundamente españolista y, por si fuera poco, cada vez más a la extrema derecha: los Army Awards “premian a Vito Quiles mientras corean insultos a Pedro Sánchez”. Los organizaba Ceciarmy (un tipo enmascarado, eso ya sugería algo), los presentaba Santiago Segura (si no sospechó nada, se merece toda la toxicidad con la que se ha asociado) y que, en su anterior edición, uno de los premiados, Dandy de Barcelona, ya gritó un “viva Franco” cuando recogió su reconocimiento. Algunos (pocos) se marcharon de la gala. Hicieron bien.

Los medios importan

Es evidente que el gran momento que vive la extrema derecha en todo el mundo no es una suma de casualidades y que el efecto contagio tampoco explica una disposición tan bien estructurada y replicada. Hay un plan, un plan que beneficia a los ultrarricos y perjudica a la inmensa mayoría del planeta, y en el que esto que denuncia Diario Red tiene un papel: “Las siete personas más ricas del mundo se han adueñado de algún medio de comunicación global”. Hablamos de medios tradicionales (Warner, Paramount, CNN, CBS, Nickelodeon) pero también de nuevos medios (¿quién va a quedarse con la división estadounidense de TikTok?).

También forma parte del plan

Los ultrarricos compran medios tradicionales y nuevos medios y, al mismo tiempo, “Trump cumple su amenaza y reclama a la BBC hasta 5.000 millones de dólares” (El Imparcial). Esto también forma parte del plan: debilitar los medios que no pueden controlar (empezando los medios públicos) y fortalecer los que pueden comprar y convertir en sus altavoces. Tenemos que defender las otras voces: los medios públicos pero también los más pequeños y outsiders, como DEIA. No hay que ir más lejos, en el día a día podemos hacer mucho para fastidiar a quienes quieren uniformizarnos: abandonar X o leer medios que no son de grandes grupos.

A su minúscula escala

Invertir en agitación es rentable. Para ellos, claro. Y ellos son los ultrarricos y ultraderechistas. Lo hacen los que tienen miles de millones (enriquecidos por modelos de negocio que requieren de una legión de gilipollas que les admiran) y los que ejercen de ultras a una escala minúscula (comparada con los Trump, los Putin y los Musk): “Alvise Pérez habría pagado 13.140 euros a Vito Quiles en plena gira del agitador ultra por las universidades públicas” (La Sexta). Vamos, que aquella gira fue patrocinada y los que iban de antifascistas (que aprovecharon para romper algo, como siempre) fueron los extras de aquel sainete.

Que quede claro

Escribe Juan Tortosa en Público que “son cobardes y menos de los que creemos”. Sí, se refiere a quienes “hacen mucho ruido y cuentan con instrumentos potentes”. En el caso español, son las “las doscientas familias” que se ubican “en la parte de arriba de la pirámide” y “reúnen la mayor parte del dinero y el poder”. También recuerda que “esta Europa que ahora se desmorona nos ha salvado de unas cuantas arremetidas”, y manda un recado: “¿Cómo es posible que el Partido Socialista se haya empeñado en ponérselo tan sencillo a sus adversarios, en facilitarle tanto la tarea de acoso y derribo?”.

El último ingrediente

“Una docena de evaluadores de IA, trabajadores que verifican la precisión y fundamento de las respuestas de estos sistemas, dijeron a The Guardian que, tras ser conscientes de cómo funcionan los chatbots y los generadores de imágenes, así como lo erróneos que pueden ser sus resultados, han comenzado a instar a sus amigos y familiares a no usar IA generativa en absoluto”. Este párrafo en El Diario es solo un ejemplo de los que publican en su reportaje sobre cómo los expertos (desarrolladores o usuarios avanzados) no recomiendan el uso de la inteligencia artificial: “Es un ‘no’ rotundo” al último ingrediente del mix mediático ultra.

Hablemos de Iruñea

Los ayuntamientos gobernados por EH Bildu se caracterizan por la inacción: quien nada toca, nada rompe. El de Iruñea, además, tiene el rasgo añadido de un acuerdo de investidura opaco entre el partido de Joseba Asirón y el PSOE. Hoy, el enfrentamiento entre “borregos de extremos” (Andoni Serrano, en X) ha puesto de manifiesto, además, una enorme contradicción: Asiron, como Bingen Zupiria después de lo de Gasteiz, puso al mismo nivel al provocador fascista y a los reaccionarios (“el hambre y las ganas de comer”, según Serrano), pero el desgarro de la “equidistancia” no ha jironado esta vez ninguna vestidura.

Cuidado

Las declaraciones de Asiron para la galería que no han soliviantado ni a un solo activista o propagandista de la izquierda abertzale (no como cuando Zupiria se manifestó casi con las mismas palabras), no deben desviarnos de lo importante: “Cuidado con los retrocesos, que son contagiosos”, advertía Jesús Barcos en X. “La involución es una mancha de aceite tendente a extender su pringue”, explica el periodista, que lanza un aviso más: “Cuidado con aplaudirlo bajo el barniz del antifascismo”. Porque lo que hicieron los de la cara tapada (no lo digo yo, ni Barcos, lo dejaba claro Asirón) no fue antifascismo.

Activismo de sofá

El populismo vasco de base fascista pretende capitalizar el falso antifascismo (para eso es populismo, para eso fue y es fascista) y blanquearse, una vez más (la mancha es tan grande que nunca dejan de enjabonarla). Y otros movimientos españoles de izquierdas, descaradamente a rueda de EH Bildu, no quieren quedarse atrás: Irene Montero, en X y desde su sofá, aplaudía ese antifascismo halloweenero. Joseba Eceolaza le respondía: “La violencia embrutece a quien la ejerce pero también a quien la defiende e idealiza” y “cuando aparece provoca una contaminación cruzada que lo llena todo de algo tóxico”.

La respuesta

Unas cuantas horas antes del desfile de sudaderas Lonsdale negras y pasamontañas del mismo color, ya había leído la mejor respuesta desde Iruñea a Vito Quiles, la de Rafael Domingo, docente de la Universidad de Navarra, que, curiosamente, vale también para los disfrazados de antifascistas: “El acto político no es el acto en el que están presentes los políticos, como tú defiendes, sino aquel que busca influir en la toma de decisiones, promover una ideología o ganar apoyo público”. En el mismo tuit, Domingo recordaba: “He visto con mis propios ojos los seis atentados perpetrados por ETA en ese centro académico”.

Volvamos al ayuntamiento

Sería injusto, especialmente con la víctima, hablar sobre Iruñea durante dos mil quinientos caracteres sin mencionar a “los 4 miembros de la nueva manada de Pamplona”. Más allá del titular amarillo de Euronews hay un relato estremecedor que deja al aire mucho de lo que va mal en la capital histórica de nuestro país, Euskadi: campamentos ilegales, hacinamiento de personas inmigrantes, reincidencia, áreas públicas en las que las mujeres no están seguras, y por supuesto, la inacción generalizada de EH Bildu allá donde gobierna. La del partido y la de las asociaciones feministas que, esta vez, no dicen nada. ¿Por qué?

El dolor que no cesa

“Israel mata a 100 personas, incluidos 35 niños, en nuevos bombardeos contra la Franja de Gaza”. Este titular de Público debería de ser suficiente para que lo que se remueve a los dirigentes del resto del mundo (sí, doy por hecho que esto a ellas y ellos también les duele), haga que se muevan de una vez y que impidan a Netanyahu seguir asesinando. Este dolor es insoportable y, con el alto el fuego vulnerado por esa banda de fascistas, se hace más intenso. Hasta la palabra “genocidio” se queda corta y parece manida ante el sufrimiento que ejecuta sin piedad el presidente ultra de un gobierno ultra.

Sin juicio, sin justicia

Vamos con otro que asesina por el morro: “EE.UU. mata a 14 personas tras atacar cuatro supuestas narcolanchas en el Pacífico” (RPP). Sin juicio, sin pruebas palpables, por el morro. “El secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, informó que ocho ‘narcoterroristas’ murieron en el primer ataque, cuatro en el segundo y dos en el tercero. Sobre la cuarta embarcación, no brindó detalles”. Y así estamos, con Israel saltándose el alto el fuego y con EE.UU. hundiendo a misilazos supuestas narcolanchas que las autoridades estadounidenses podrían esperar en su propia costa para iniciar un proceso justo.

Mientras tanto, en Ucrania…

Cada día podemos contar muertos por fuego israelí, estadounidense y ruso. También por el fuego de las milicias sudanesas contra su propia ciudadanía, pero de esa guerra no quiere hablar nadie. Me centro en otras más fácilmente cuantificables: “España es la gran economía que menos ayuda ha dado a Ucrania desde la invasión de Rusia” (The Objective). En una búsqueda en Google de cinco segundos, encontramos esta otra noticia en Renovables, de enero de este año: “España importa hoy desde Rusia el doble de gas que antes de la guerra”. Por desgracia, las conclusiones salen solas y no son nada alentadoras.

Lo que le importa

No creo que Pedro Sánchez vaya a convocar rápidamente elecciones generales, sobre todo, porque cuanto más tiempo pasa más se come Vox al PP y más se come el PSOE a Podemos y Sumar (salvo en Hegoalde, donde se lo come Bildu, el nuevo partido líder de la izquierda española). El secretario general del PSOE está cerca de su situación electoral ideal, pero esta aún no ha llegado: “O Sánchez o Abascal” (Javier García en Nueva Tribuna). La amenaza con la que Sánchez sueña la define el autor perfectamente: “Un Gobierno de derechas dominado, en todo caso, por Vox, que impondrá el programa y la agenda”.

Un año

A Vox no le debilita al PP (más bien, al contrario) ni le debilitará el partido de Alvise Pérez, que está haciendo un ridículo veloz y voraz. En el aniversario de la tragedia de la DANA también tiene su hueco de la vergüenza: “Un año después de la DANA se ha hecho pública la llamada completa de Alvise y Vito Quiles, y no manipulada, que idearon un bulo sobre ropa tirada al vertedero en perfectas condiciones. Mentir aprovechando cientos de muertes para generar odio debería conllevar penas gravísimas”. Así presentaba Julián Macías en Bluesky la pieza en LaSexta sobre el bulo de ropa despreciada. ¿Qué tienen en el alma?

¿A favor de qué?

Escribe Pello Otxandiano en su blog que él está “a favor de que el salario mínimo se decida aquí”. ¿Quién no va a estarlo cuando ese “aquí” significa un país mucho más próspero y sostenible que los de su entorno, al sur y también al norte? Pero la clave, como en todo, es precisamente el cómo, el modelo, las piezas que tenemos que poner una delante de otra para lograrlo. Y la iniciativa popular en el Parlamento (de Gasteiz, no de Iruñea), esa que avalan Otxandiano y ELA, no es el camino reglamentario. Lo saben (y si no lo saben, que se aparten, pero lo saben), como saben que el populismo y la política no son lo mismo.

A favor de la autoridad

Estoy a favor de que a la gente le suban el sueldo, de decidir en Euskadi todo lo que podamos, y también estoy a favor de señalar enseñar a respetar a la autoridad. La adaptación de todas las normas a los intereses propios y la puñetera manía de puntuar servicios y personas, están destrozándonos como sociedad. “Voy a trabajar con ganas de llorar”, dice Ana Lirio, profesora de secundaria, y recoge El Periódico en una pieza dura pero necesaria: “Voy al instituto con ropa lo más neutral posible para no darles motivos para que se rían de mí”, continúa. En el origen del problema: lo poco que valora el esfuerzo el propio sistema educativo.

Hasta a Vito Quiles le pareció demasiado

El acoso al que Bertrand Ndongo sometió a Gabriel Rufián fue tan excesivo e innecesario que hasta a otro propagador de mierdas de extrema derecha, Vito Quiles, le pareció “lamentable”. “Esto no puedo apoyarlo nunca”, concluía Quiles en su tuit que, por supuesto, fue respondido por Ndongo, porque la polémica en X es su gasolina. La de los dos. No negaré que ese reply es lo más sensato que le he leído nunca a su autor. Tampoco negaré que le leo y veo poco porque cada vez que lo hago me sube la tensión. Es lo que tienen los gilipollas, que aportan a la salud colectiva lo mismo chupar un salero.

Para lo que va a servir…

Europa tiene un problema de foco: la imagen de la rendición recurrente ante Trump es una pesada mochila, y la sensación de inacción, de una ligereza insoportable, al mismo tiempo. Ahora la Unión anuncia “otro paquete de sanciones a Rusia a las puertas de la cumbre con Zelenski” (France 24). Pues muy bien, pero en la misma nota leemos que será el decimonoveno paquete sancionador. ¿Qué tal han ido los otros dieciocho? Porque Sánchez, el mismo que busca el cuerpo a cuerpo con Netanyahu y Trump, ha convertido a España en un buen cliente de Rusia mientras caían las sanciones. Por comentar.

¿No se salva nadie?

A veces pienso que esta civilización merece colapsar. Esto en Xataka no es indignante, es desesperanzador: “Tres años y medio después del inicio de la invasión, Ucrania sigue desguazando los últimos misiles y drones rusos y encontrando dentro decenas de miles de piezas fabricadas en Occidente, la mayoría de sus ‘aliados’ (microcontroladores, sensores, conectores, conversores) procedentes de países que en teoría han embargado el suministro: EE.UU., Reino Unido, Alemania, Suiza, Países Bajos, Corea del Sur, Japón, Taiwan”. Rusia compra los componentes a Irán y Corea del Norte, que los importan pese a los embargos.