Una política sin chistes

Entre un discurso político sin chistes y otro con chistes de cualquier tipo, me quedo con el primero. El sentido del humor y la creatividad nunca han sido dos de mis fuertes, de hecho, soy bastante conservador en casi todo, pero, miren, aquí sigo. Los que espero que no sigan son los aspirantes a humoristas, como bien tuitea Diego E. Barros, que están empleados como community managers de los partidos políticos o de algunas marcas comerciales. Que sí, que soy tan soso que hasta me parecen mal los emoticonos. Pero son Twitter y los chistes en Twitter los principales desencadenantes de la degradación de la política actual.

Políticos serios

Un buen amigo mío hace ya años que me advirtió: “Iker, divertido no es lo contrario de serio, es lo contrario de aburrido”, y solo he podido darle la razón en todo este tiempo. Es posible ser divertido: hemos visto a algunos políticos, empezando por Ortuzar y terminando por Rajoy, que con socarronería rebajan cierta tensión. Pero lo que no podemos permitirnos es políticos que no sean serios, como Girauta, que pide también menos chistes en política. Me parece bien, pero no que lo haga él, que no fue nada serio en su exigencia reiterada con los Peones Negros de que ETA participó en el 11-M.

¿Qué niños, Pablo?

Solo un ratito antes de que el PP lanzara el maloliente tuit con un niño pidiendo a los Reyes Magos que se llevaran a Pedro Sánchez como se habían llevado a Amy Winehouse, Pablo Casado clamaba en Twitter porque en Catalunya se usaba la cabalgata real, un evento destinado a niños, para repartir lazos amarillos. “Dejen en paz a los niños, dejen de adoctrinarles”, pedía el responsable del PP mientras alguien descargaba y el vídeo y lo cargaba en el espacio multimedia de Twitter pensando que ese niño, esa carta a los reyes y ese letal deseo eran una buena idea.

Nadie tiene la culpa

No quiero cargar las tintas contra el que tuitea aunque, por supuesto, tiene responsabilidad. Pero no más que Pablo Casado, que ha dado el OK a este estilo de comunicación, o que Isabel Díaz Ayuso, la responsable de Comunicación, que entiendo que será quien se la ha propuesto. La cadena de responsabilidad es importante, y echar balones fuera una canallada para con quien pica tecla y, al final, con quien lee. Si nadie quiere decir “esto es cosa mía” es que a nadie le importa lo que se escribe, lo que se lee ni quien lo hace. Comunicar es un medio, no el fin en sí mismo.

Igual hacen bien

Tengo claro que difundir ese vídeo en la cuenta de un partido político, por la forma chusca y el fondo intolerable, es un error. Un error que viene de una cadena de mando irresponsable y de una tendencia, la del “a ver quién es más bruto”, incomprensible. Pero no tengo tan claro que ese error, porque lo comete un partido político, tiene que encuadrarse en la libertad de expresión y no es denunciable jurídicamente. Así que, de saque, me parece bien que el gobierno emprenda medidas legales porque alguien tiene que parar esto. No podemos dejarlo correr otra vez.

No, no es el día de Navidad

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Según El Español: “El PSOE estudia proponer una reforma legal para que no se vote el día de Navidad. (…) Plantea presentar una iniciativa para reformar el artículo 51 de la LOREG y adelantar unas hipotéticas terceras elecciones al 18 de diciembre”. También plantean que, esta vez sí, la campaña sea más corta (¿y por si PSOE, PP, Podemos o Ciudadanos alcanzaron el techo de gasto el 26-J ya nadie pregunta?). Pero no se trata de la fecha, sino de la certeza de que volveremos a votar en diciembre para quedarnos exactamente igual.

El pecado de no ser del partido “correcto”

Ruth Beitia ha ganado una medalla de oro. Me levanto y aplaudo. Además, es diputada en el Parlamento de Cantabria por el PP. Y por supuesto, en los medios digitales y en las redes sociales hemos hablado de su logro deportivo esta semana… A lo que algunos han añadido su “fracaso” (que no es tal) político. Isabel Díaz Ayuso, periodista y diputada del PP en Madrid, denunciaba los comentarios que recibía Beitia por su actividad política, motivo por el que muchos despreciaban miserablemente su oro olímpico.

¿Internet fomenta el odio?

En Time no se lo preguntan, lo dan por hecho. Lo que se preguntan es por qué Internet está fomentando la cultura del odio. La respuesta me parece complejísima, pero empezamos a barruntar posibilidades: el “empoderamiento” que algunos han “evangelizado” ha dado un sitio en el que decir algo a quien no tenía nada que decir, y ante la falta de argumentos, el insulto o el improperio ganan. Es así de fácil: no todo el mundo tiene una opinión sobre todo, pero sí la tentación de negarlo de las peores formas en todo momento.

La victoria del machismo

Es un tema delicado pero leyendo opiniones formadas como la de Aina Díaz en InfoLibre parece que uno no está tan equivocado cuando piensa que una mujer es más libre cuando se pone un bikini que cuando se pone un “burkini”. Sin embargo, en Twitter parece que la opinión más ruidosa es la contraria: la verdadera libertad es llevar un “burkini” a la playa, y la opresión, lucir bikini. Díaz hace un recorrido por las diferentes prendas islamistas y explica cómo el machismo influye en su uso.

¡Que llegue ya el 2020!

Creo que vamos a pasar de unos Juegos Olímpicos, cuando menos, cuestionables, a los más frikis y bien organizados de la historia. El audiovisual con el que Japón sirvió el aperitivo de su Olimpiada es de diez y, como me comentaba José López-Bilbao después de verlo, muestra un cambio de paradigma. Los videojuegos y los dibujos animados son referentes culturales actuales, y el buen humor que mostró Shinzo Abe, disfrazándose de Mario Bros, anticipan un espectáculo organizativo.