100 días

El hilo de Ricardo Marquina es tan breve como duro y es tan duro como bueno. Este periodista que vive en Rusia y cubrió el inicio de la invasión sobre Ucrania habla, claramente, de un mundo peor que hace 100 días (hoy, 101), cuando comenzó la guerra que solo quería Putin. “El mal ya ha ganado. Todos hemos perdido”, concluye. Antes, manda recaditos a quienes, desde la distancia, justifican a Rusia, a la que no puede criticar abiertamente porque “me pueden caer 15 años de cárcel, pero los nazis son siempre otros”. Me quedo con esta abrumadora frase que Marquina tuitea casi sin querer: “La historia no perdonará este episodio”.

También es un club-estado

La extensa pieza de Carlos Prieto en El Confidencial sobre cómo el Real Madrid hoy es un club económicamente saneado que no necesita los millones de un jeque o un oligarca ruso para ganar una Copa de Europa, ni tiene que endeudarse como ha hecho impunemente el Barça, es imprescindible. Básicamente, Prieto muestra a un club favorecido por el estado español que, primero, le cede terrenos (en época franquista) y, después, le permite quedarse con el beneficio (con el parabién hasta de IU). Un beneficio que, además, salpica felizmente a ACS, que preside también Florentino Pérez, cuyas relaciones posibilitaron la lluvia de millones.

Yo haría caso al BCE

Para una vez que “el BCE pide subidas de salarios para compensar la inflación y no aumentar el riesgo de impago de hipotecas”, yo haría caso al BCE. Aunque, claro, yo pinto poco en patronales varias. El titular de Eldiario.es, no obstante, es de los que hay que guardar porque desmonta, una vez más, las tesis más conservadoras (como su propio nombre indica, pretenden conservar el dinero y la desigualdad) a favor de que se reparta un poco el circulante. Porque los ricos lo son cada vez más y los márgenes de beneficio (véanse las gasolineras) son los culpables de esa subida de precios desbocada.

Pues no me parece bien

Cuanto más lo pienso peor me parece que Pablo Casado no reclame la indemnización por cese de actividad que le corresponde. Lo siento, pero entiendo lo de “ser ejemplar” de otra manera, es decir, ejerciendo tus derechos para que cuando otra persona más desfavorecida también los ejerza lo haga con legitimidad plena. Porque, insisto, ya sabemos cómo funciona la derecha conservadora: no va a poner nunca el foco en que el PP está siempre dirigido por millonarios (y Núñez Feijóo también lo es), sino en que prescindir de derechos es de valientes, de personas comprometidas con su trabajo y servicio, y de buenos españoles.

Por ejemplo

Si hasta ahora las y los defensores de Elon Musk, quienes nos lo presentaban como una especie de Da Vinci contemporáneo con conciencia social que iba a salvar el planeta junto a Jeff Bezos y Steve Jobs, no se han dado cuenta de lo equivocadas y equivocados que estaban, espero que hoy den el paso: el de Tesla ha cortado de raíz el teletrabajo y ha impuesto en su empresa una jornada presencial de 40 horas semanales. Sí permitirá teletrabajar más allá de ese horario, en un derroche de generosidad y latiguerismo. Y se pone de ejemplo a sí mismo, que vive en las oficinas de Tesla, como paladín de nuestro tiempo que, según algunos, es.

Cinco historias de domingo

La primera no es precisamente reciente, pero la actualidad política preocupante y la crónica negra del mundo tienen otro efecto negativo: nos obligan a recudir el espacio de las buenas noticias. Por ejemplo, esta: quienes se sienten “solo escoceses o escocesas” o “más escoceses o escocesas que británicos o británicas” ha crecido hasta el 72% cuando en 2012 era del 57% (un resultado significativamente bueno ya entonces). El de quienes se siente principalmente británico o británicas al norte de Gran Bretaña es hoy un porcentaje residual. Esta es la consecuencia lógica del Brexit pero también de un Johnson que genera desafección a paladas.

La que no queremos escribir

La crónica negra y el resumen de la semana traen el mismo tema: el asesinato de 19 niñas y niños, y de dos profesoras, por arma de fuego. Esa es la tragedia. El drama es que estamos llamados a revivirla con senadores como el de Texas, Ted Cruz, cuyas palabras llevaba Dori Toribio a Twitter: “Inevitablemente cuando hay un asesinato de este tipo, intentan politizarlo, demócratas y gente en los medios, cuya solución inmediata es intentar restringir los derechos constitucionales… Eso no funciona. No evita el crimen”. Sí, cuando Cruz se refiere a “derechos constitucionales” se refiere a comprar, tener y usar rifles de asalto.

La recurrente

Por desgracia desde hace tres meses, sobre todo para la ciudadanía ucraniana, la crónica semanal siempre trae un párrafo sobre la invasión rusa. Después de los acontecimientos de la semana (Putin chantajea con las cosechas ucranianas y afirma programas de estudios prorrusos a niñas y niños en territorios ocupados), y de ver quién defiende todavía al invasor, creo que este tuit de Ricardo Marquina resume muy bien la situación: “Una da las cosas más fascinantes que nos ha traído el conflicto en Ucrania es ver confluir a radicales vascos de extrema izquierda con fachas de Vox en su apoyo al imperialismo ruso”.

La lección que no debemos olvidar

Las elecciones andaluzas se están convirtiendo en otro episodio de colaboracionismo, de jabón a la imagen de Macarena Olona y Santiago Abascal. Al respecto, Julio Lleonart, que viene de UPYD (es decir, no es un aviejado columnista de un periódico en el que puedes escribir “Euzkadi”), tuiteaba entre la sorna y la tristeza: “Nenes, dejad de justificar a la ultraderecha. Tampoco la pongáis en igualdad de condiciones a ningún otro partido político español. Ahora mismo solo hay uno que propone acabar con la sanidad universal y gratuita en España, y a la vez que haya terapias de conversión LGTBI públicas”.

Quinta y última

Con todo lo que llevamos vivido los últimos años, no se me ocurre mejor manera que terminar esta columna y casi mayo que con este tuit del guionista Manu Martínez: “A ver cuándo se vuelve a poner de moda ser buena persona”. No pido mucho más, la verdad. Y soy consciente de que (casi) todo el mundo es bueno, como sugería David Summers. Tiene que resultar difícil ser una persona normal, consciente de lo que es el dolor, en EE.UU., en los medios que enjabonan a Vox y, especialmente, en la Ucrania martilleada misil tras misil. Pero no podemos dejar de intentarlo ni de impulsar que se ponga de moda hacer las cosas bien.

Sigo sin creerme nada

Roberto García clavaba en Twitter la secuencia sobre cómo ha ido lo del espionaje en España, Catalunya y Euskadi: “(1) No hubo escuchas. Ni sé qué es New Yorker. (2) Sí, hemos espiado, pero es lo normal cuando quieren romper España. (3) No hemos espiado, han sido los bárbaros”. En serio, ¿nos toman por tontas y tontos? Yo sigo sin creerme a ninguno, ni a Bolaños (que denuncia ahora hechos de 2021), ni a Rufián (sobreactuado en su afectación), ni a Iglesias (que no cuenta qué sabe de cuando tenía acceso al CNI como vicepresidente), ni a Díaz (que heredó ese acceso de Iglesias y no dice absolutamente nada del tema).

Es política, no es Telecinco

Es cierto que quienes nos dedicamos a la comunicación político o a observarla tenemos algo de culpa en haber convertido el ejercicio de la gestión de lo común en una especie de show entre televisivo y tuitero. Es decir, que tiene lo peor de la televisión y lo peor de Twitter. Pero las y los políticos, o por lo menos la mayoría de ellas y ellos, saben que sigue tratándose de política, esto es, de mejorar la vida de la ciudadanía por medio de acuerdos y negociaciones. Y luego está la minoría ruidosa que hoy tiene una líder en Isabel Díaz Ayuso, que “aboga por un PP ‘callejero y pandillero’ para ‘pelear’ contra Sánchez” (El Independiente).

Pero no les va mal

Las encuestas que muestran una victoria holgada de Juanma Moreno en Andalucía me sorprenden. Me sorprende que el PSOE no haya sabido rearmarse allí y me sorprende que Vox no parta con una posición similar a la de Castilla y León (que luego se materializó). Pero parece que esa doble cara de una moneda que lleva la jeta de Díaz Ayuso y la cruz de una especie de monaguillo crecidito (y lo describo así para bien porque prefiero mil veces este perfil) funciona de momento al PP de Núñez Feijóo. También sé que son solo encuestas que no recogen el efecto Olona que, entre otras cosas, rearmará a la izquierda.

Suma y sigue

Pocas veces vendrá será más apropiada la expresión “suma y sigue” que después de leer este titular en Xataka: “El diésel y la gasolina llevan un mes subvencionados. Ya estamos pagando más de 1,80 € céntimos otra vez”. La explicación me da igual, sinceramente: seguro que las gasolineras la tienen preparada pero no quiero ni saberla porque igual me cabreo aún más. Solo sé que estamos pagando dos veces esos 20 céntimos pese a que sabíamos que iba a suceder. Lo único que me impide comprarme un lanzallamas es saber que si se ponen de moda habrá un Medina o un Luceño llevándose comisiones injustificables por importarlos.

Y habrá quien le dé la razón

Entre los listos como Medina, Luceño y los dueños de las gasolineras, y los tontos que siempre están ahí para justificar lo injustificable, estamos rodeados. Igual ya ha llegado la hora de abrir una brecha en el cerco y salir, dejándoles discutiendo en Twitter, la barra del bar, la máquina del café o donde se instalen con sus opiniones de mierda. Por ejemplo, no me cabe duda de que podemos contar con quien justifique a Vyacheslav Volodin, al que que traducía Ricardo Marquina: “Dice el presidente del Parlamento ruso que los jefes de Estado que suministran armas a Ucrania han de rendir cuentas cómo ‘criminales de guerra’”.

La guerra sigue

La guerra sigue en Ucrania. La muerte, el sufrimiento, continúan servidos por Rusia, que no se ha retirado del país que decidió invadir por el morro. Las fotos de las grandes agencias siguen llegando, las crónicas de las y los periodistas que se juegan el pellejo siguen difundiéndose, con menos atención por nuestra parte cada día que pasa. Ya ni nos sorprende que la visita del secretario general de Naciones Unidas a Kiev haya sido saludada por Putin con dos misilazos sobre la ciudad cuyo asedio, en teoría, ya cesó. La ciudadanía de Ucrania, masacrada y desplazada a millones, sigue malviviendo mientras nosotros seguimos con nuestras vidas.

Y lo que nos queda

Zelenski sigue siendo el presidente de un país invadido y su día a día consiste en intentar sobrevivir, en visitar zonas arrasadas, asoladas por la violencia, y en prepararse y preparar a su país para una guerra larga y una invasión sin fin: “Hay que pensar en cómo hacer más insoportable a Rusia la ocupación”. Este titular en República.com vale para estas semanas, pero también para los años de infinito drama que vendrán. La resistencia ucraniana ya ha demostrado de qué es capaz, y el Kremlin tendrá que prepararse para seguir enviando soldados a las zonas conquistadas a fuego mientras devuelve féretros a sus familias.

¿Pueden defenderse?

Ha caído la atención que le dedicamos a la invasión rusa sobre Ucrania pero quienes no han dejado de manifestarse son las y los equidistantes, quienes señalan a la OTAN como culpable de que Vladímir Putin haya ordenado ocupar militarmente un país y quienes insisten en que enviar armas a Ucrania e instar a su ciudadanía a que se defienda es un error. Pero ya no son solo lanzagranadas, chalecos antibalas y drones con explosivo lo que piden para las líneas de defensa: “Envían píldoras del ‘día después’ a Ucrania ante el aumento de denuncias de violaciones” (Nius). ¿Qué es mejor, una píldora del día después o un fusil?

Pues esto sí es muy comunista

Hablan más de la invasión de Rusia sobre Ucrania quienes creen equivocadamente que tiene algo que ver con el pasado socialista del país que quienes nos sorprendemos de que la OTAN haya reverdecido laureles en 2022 por culpa de Putin, que ha “dopado” a las y los candidatos de extrema derecha del mundo, Trump, incluido. Sin embargo, Rusia sí mantiene algunas tradiciones muy comunistas, como la homofobia (quien dude de esto hable con alguna persona homosexual en Cuba): “Tribunal de Moscú multa a TikTok con dos millones de rublos por promover la homosexualidad entre menores”, traducía Ricardo Maquina en Twitter.

Cada vez somos menos

La autocracia de Putin no es ningún accidente, que nadie se sorprenda: “Cada vez menos porcentaje de la población global vive en una democracia”. ¿Cómo es esto posible? Evidentemente, que el gobierno de India haya dejado de ser calificado como demócrata hace variar los datos, pero la respuesta que sobrevuela en Magnet tiene mucho que ver con quienes sí elegimos a nuestras y nuestros representantes: el modelo liberal y consumista ha empoderado a dictaduras proveedoras de materias primas al resto del mundo, y nos ha hecho dependientes de sus suministros para satisfacer nuestras demandas.

Los partidos de Estado

EAJ-PNV y Bildu se comportaron ayer con más altura política que el PP. Esto es así y nadie puede discutirlo. Es más: el PP votó en contra de las medidas anticrisis del gobierno porque miraba a Vox y Bildu lo hizo porque miraba al PNV. Esto también es indiscutible y habla de quién es el influyente y en qué sentido. Pero de cualquier manera, insisto: ante una situación difícil en lo económico y en lo político, fueron dos partidos nacionalistas y de la tan denostada Euskadi los que mostraron más implicación y más sentido de la responsabilidad para con la ciudadanía de España entera. Que tomen nota todas y todos. También en Catalunya, sí.

Los que chantajean al Estado

Esta vorágine parlamentaria está resultando muy útil a Pedro Sánchez, que bordea el caos con más habilidad que nadie, para desviar la atención de una crisis internacional que ha provocado, sostenido y ampliado él mismo con su equipo: “Argelia eleva el tono y amenaza con cortar el suministro de gas a España. El país árabe rescindirá el contrato si parte de lo que envía a España se deriva a Marruecos” (República.com). Mientras esto sucede, en las webs españolas y en Twitter, donde todos son más listos que yo pero menos que Elon Musk, dedican más atención al corte de gas ruso a Polonia y Bulgaria. Pues nada, a lo suyo.

Los dueños del Estado

España es propiedad del Banco Santander. También de empresas como Iberdrola, que ha declarado un beneficio milmillonario en el primer trimestre del año. En definitiva, España tiene varios dueños y todos ejercen como tal exprimiendo a la ciudadanía que, claro, es suya: “Banco Santander gana 2.543 millones de euros hasta marzo y reitera sus objetivos para 2022”. Es más: “La cifra supera los 2.306 millones esperados por el consenso de analistas” (Finanzas.com). Es decir: en una situación de crisis e incertidumbre brutal todos esperaban grandes beneficios para el banco que, además, los ha mejorado. ¿Cuál es la lógica de esto?

Los que se ríen del Estado

En el capítulo de hoy protagonizado por Alberto Luceño y Luis Medina podemos ver que el contrato de la Cámara de Comercio Internacional que enviaron al ayuntamiento de Madrid y en el que el primero aparecía como agente es falso. Es la propia Cámara la que explica que no se corresponde ni con el modelo actual, ni con los estándares en vigor, ni siquiera con el logotipo vigente. El serial también podría llamarse: Pepe Gotera y Otilio en versión brokers de materias primas, importadores de material sanitario, propietario de yate, coleccionista de relojes caros y de coches aún más caros, y chulitos del barrio.

Los tontos del pueblo

No hay estado que los cobije porque viven en todos los países y naciones: son las y los tontos del pueblo que se montan una película en su cabeza y les mola tanto que no salen de ella. A partir de los 15 años, ese rollo deja de tener gracia salvo para quien vive de él. Pero, oye, allá ellos y sus movidas. Yo prefiero leer a quien conoce el terreno que pisa, como Ricardo Marquina: “Trasnistria no es de izquierdas, por más que conserve la hoz y el martillo en su escudo y bandera, así como tampoco Rusia tiene absolutamente nada de izquierdas, al contrario, ambos Estados dejan a Vox a nivel de socialdemócratas escandinavos”.