
La actualidad no nos da veinticuatro horas de tregua desde la pandemia, así que tenemos que abrazarnos a las buenas noticias, como la derrota del partido republicano de esta semana. “Votad como si mi nombre estuviera en la papeleta”, pidió Trump, y parece que EE.UU. le hizo caso. Pero su derrota es también la de las grandes empresas tecnológicas y sus dueños despiadados: “La lista final del New York Times con los grandes donantes en estas midterms. A la cabeza y a distancia está Elon Musk con 445 millones de dólares para los republicanos”, llevaba Dori Toribio a X.
¿A qué han dicho que no las y los estadounidenses?
Enrique Dans ha hecho la lectura tecnológica de las elecciones, una lectura muy acertada: “Parece que los votantes no cabían en los planes de negocio de las big tech. Vaya con la democracia”. Y sigue: “La irresponsabilidad de los CEOs era evidente”, “la emergencia climática no figuraba en sus presupuestos” y, ahora, “el cambio político podría afectar hasta al 45% de la expansión prevista”. Dans los define como “gentuza capaz de vender no solo sus principios, sino la salud del planeta que habitan”. “Hay que ver, tanto comprar influencia para terminar perdiendo las elecciones”, concluye.
La nueva piratería… de abordajes
Esta carrera tecnológica que no podemos permitirnos ni climática ni moralmente, lleva relacionada un nuevo tipo de piratería. Pero no hablo de hackers intentando entrar en programas: “Bandas organizadas roban camiones cargados de componentes para centros de datos: ya suman 100 millones de dólares” (Xataka). “El nuevo botín son servidores, cables de cobre para las instalaciones y chips de memoria. Y los ladrones no improvisan: eligen la carga premeditadamente mucho antes de que el camión salga de su almacén y lo interceptan antes de llegar a su destino”, aseguran.
Cupaires pero poco
Me ha hecho gracia (dentro del respeto, por supuesto) el “fichaje” que a hecho EH Bildu: David Fernàndez, el miembro de la CUP que se incorpora al “equipo de Relaciones Políticas”. Un tío de izquierdas con su camiseta negra apretada, su sudadera de subir al monte y sus pendientes de aro. Uno en cada oreja. Tiene su gracia, insisto, que esta izquierda abertzale de abrigo largo y gafas de pasta, tenga que importar de Catalunya su conexión con lo que han sido siempre. Son cupaires, pero poco. Son los de Ternua, pero no mucho. Son vascos, pero más de izquierdas. Joder, son el PSOE.
En mi equipo
No incorporaría a David Fernàndez ni a Arnaldo Otegi a mi equipo. Sí incorporaría a Antonio Agredano porque alguien que escribe como él, en este caso, sobre Óscar Puente, siempre es necesario: “Llegará el día, estoy seguro, de que nos miraremos sorprendidos unos a otros y diremos: ‘¿Cómo fue posible un ministro como él?’”. Escribe también el columnista de The Objective sobre “la semilla que hombres como Puente sembraron en nuestra convivencia”, esto es, “dar por bueno que un ciudadano insulte a otro ciudadano por dar su opinión”.