Que sí, que esto va en serio

Tenía muy claro que no íbamos a salir de este confinamiento mejor como sociedad. Cuando veo o me cuentan cómo se toman muchos la desescalada sé que salimos peor: los que siguen vivos siguen igual y los que han fallecido no pueden cogerles de la solapa y conminarles a que respeten las puñeteras normas. Esto va en serio: este virus mata. Y si no te mata, te deja muy tocado. Y una desescalada relajada, ligerita, de poteo, solo nos puede llevar al escenario alemán, donde, como bien describen en Magent, habían “mantenido a raya el ritmo de contagios. Hasta que llegó el desconfinamiento”.

La “nueva normalidad” será larga

Ya lo dijo Juan Ignacio Pérez en el Teleberri: tenemos que aprender a llevar las mascarillas y a convivir con las medidas de distanciamiento y protección porque no podemos vivir confinados. Esas son las alternativas. Vivir como antes no es una posibilidad ni a corto ni medio plazo. El que no se haya hecho ya a la idea, que vaya poniéndose a ello con textos como este de Xataka: “Según Soumya Swaminathan, científica clínica y al frente de la OMS, pasarán cuatro o cinco años hasta que tengamos la COVID-19 bajo control”. Y todo depende de si hay una vacuna y el virus no muta. Estamos empezando una nueva vida.

No nos echemos todos a la bebida…

Del alcalde socialista de Badalona al portavoz del PP en la diputación de Cádiz: otro al que han cazado conduciendo y triplicando la tasa de alcohol permitida en sangre. No voy a decir que no entiendo que la gente se eche a la bebida porque poco a poco he ido acabando con mi fondo de armario de cervezas durante el confinamiento. Pero me cuesta más entender lo de coger el coche después. Y más si eres un representante de un partido en una institución. Pero seamos sinceros: en todos los partidos puede pasar. Todos los que se pasan años representando a un partido y unos votantes pueden cometer un error.

Un millón de euros “currando”

Sí, ya sé que se trata de un millón en patrimonio, no necesariamente en líquido, pero no sé cómo alguien puede ahorrar ese millón de euros “currando”, en palabras de Albert Rivera. Igual es que formo parte de un sector de pobres, el de los periodistas de andar por casa, pero creo que todas las personas que conozco que pueden ser millonarias ya partían con un patrimonio previo. Igual que muchos emprendedores que pueden arriesgarse a pegársela porque siempre tendrán un familiar que les ofrezca un trabajo… O los que van de rojos y pobres, y son el hijo del dueño millonario, que de esos también hay.

Me representan

Somos muchos y muchas quienes tenemos que teletrabajar con hijas e hijos pequeños en casa. Eso supone ayudarles con las fichas de la ikastola, preparar comida para todos, recoger constantemente y pasear con ellos una hora al día. Pero no me considero un héroe: al contrario, pasar el confinamiento con mis hijos me ha ayudado a mantener rutinas, a centrar mi atención u optimizar mi tiempo, y me ha dado alegrías. Pero también es cierto que muchas veces nos sentimos “al borde de un ataque de nervios” porque “queríamos teletrabajo, no esclavitud” (El Confidencial), y no es culpa de nuestros hijos, precisamente.

¡Que cumpláis las putas normas!

Visto el desastre del desconfinamiento, cómo casi todo el mundo hace lo que le sale de las gónadas y que los que cumplimos las normas parecemos los tontitos, propongo leer a la consejera catalana de Salud. Alba Vergés dio claves muy interesantes en su entrevista a RAC1 que recogió El Nacional: “La gente tendrá que aprender a vivir sin exponerse mucho. (…) No podremos hacer todo lo que querríamos. (…) En principio, 14 días entre fase y fase pero siempre teniendo en cuenta si alguna cosa nos hace avanzar o retroceder. (…) Nos podemos plantear un desconfinamiento controlado”.

Ser ministro es otra cosa

Alberto Garzón habló como solía hacerlo, como líder de un partido menor, pero en calidad de ministro, y acusó al sector hostelero de aportar poco valor añadido. Hubo otras referencias, al sector agrícola, por ejemplo, que no entiendo cómo no resultaron igual de molestas. Pero si hasta el chef José Andrés se lo afea, el ministro Garzón debería de hacérselo mirar. Porque el de la hostelería es un sector muy variado en el que también se incluyen los restaurantes con estrellas Michelín. Pero para valor añadido, el pincho de tortilla y el café con leche que solía tomar (y volveré a hacerlo) antes del confinamiento.

Pijos manifestándose

Pocas cosas habrá más graciosas que ver a un montón de pijos manifestándose. Pero no tiene ninguna gracia que lo hagan saltándose las normas del confinamiento (Madrid está en la fase cero). Podríamos hacer muchos chistes con las y los “cayetanos”, pero el tema es serio porque la poca vergüenza y demasiada impunidad, los rasgos característicos de los de la zona “bien” en Madrid, son ahora peligrosas. Pero el chiste se hace solo porque se toman demasiado en serio con su cuenta en Twitter, sus banderas, palos de golf y gritos contra un gobierno que ve sus manifestaciones como una oportunidad.

No sois tan graciosos

Después de la falsa foto de la pintada en la que puede leerse “Borjamari vive, la lucha sigue”, podemos cerrar el concurso de chistes en Twitter sobre las manifestaciones de pijos en Madrid, porque ha ganado quien mantiene la cuenta de “Aquel Coche”. El ridículo de los “borjamaris” ha abierto una espita peligrosa: la de los chistacos. La mayoría, sin gracia, por supuesto. No porque las imágenes de las manifestaciones no las tengan (que sí, y mucha) sino porque la creatividad no está tan bien repartida como la mayoría cree. Ver a diputados correr por decir lo de “los cayetanos” en el Congreso, ya, da hasta penilla.

Y Abascal, menos

En esta situación, con pijos saltándose las normas del confinamiento en Madrid para manifestarse ridículamente, el gurú de todos estos “cayetanos”, como cantaban los de Carolina Durante, presume de artimañas para saltarse las limitaciones: Santiago Abascal asistió como público a la Asamblea de Madrid con la acreditación de “asesor”. Según El Plural, “en el Twitter del partido en Madrid se jactaban de la presencia de su líder en la Cámara regional”. Un político “ejemplar” para quien considera el confinamiento una medida bolivariana y todas esas mierdas de la nueva extrema derecha.

Depende de nosotros

Estos tres titulares de República.com son de los que acojonan (esa es la expresión, ¿qué voy a hacerle?): “Corea del Sur busca a miles de personas para controlar el nuevo brote en Seúl”, “el promedio de nuevos contagios por persona infectada sube por encima de 1 en Alemania” y “China detecta un repunte de casos en la provincia nororiental de Jilin”. Eso es lo esperado con el desconfinamiento: un repunte. Pero no por esperado deja de dar miedo ni debe resignarnos a que se repita en Euskadi: depende de nosotros, de que sigamos cumpliendo o corrigiendo nuestros comportamientos si nos equivocamos como humanos.

¿Qué es “ilegal”?

Una cosa es el error humano y otra el pitorreo. El pitorreo de quien se aprovecha de la movilidad que permite la fase 1 de la desescalada para organizar en Romo una ocupación (que, por supuesto, se saltaba todo tipo de normas y recomendaciones) y para montar una manifestación para rechazar la actuación policial durante el desalojo. Pero el colmo del pitorreo, del tomar por tonta a la ciudadanía no es que hablen como “la juventud vasca” los que solo son de Ernai, que también se las trae, sino que hablen de “desalojo ilegal” los que pretendían una ocupación… ¿Legal… O milagrosa?

Otros que se manifiestan

En Romo se manifiestan los que quieren hacer del Gaztetxe el enésimo elemento de confrontación política preelectoral. En el barrio de Salamanca los que se manifiestan lo hacen por lo mismo. Unos y otros no tienen necesidades (nadie que piensa en ocupar y sostener un Gaztetxe tiene preocupaciones mayores), unos y otros se manifiestan durante un confinamiento, unos y otros quieren influir política y electoralmente. No es que los extremos se atraigan en algunos casos, es que se abrazan grotescamente, es que se mimetizan sus luchas, sus objetivos y hasta sus rasgos característicos… Fascistillas.

Y Rivera sale a bailar

¿Estará teletrabajando Albert Rivera? ¿Habrán entrado en ERTE en el despacho que lidera y por eso tiene tanto tiempo libre? ¿La hija que tiene y el que viene no le generan carga añadida de trabajo? Solo él tiene las respuestas a estas preguntas, pero está claro que el fundador de Ciudadanos ha retomado la actividad: en Twitter, en Telegram y ahora por medio de charlas por videollamada. Y este aumento de su presencia, según El Nacional, preocupa en la nueva dirección de Ciudadanos, que ha decidido ser bisagra por fin, lo que tantas veces anunció Rivera antes de convertirse en muleta del PP.

Lo que diga la tele

Doy por hecho que veremos fútbol en la tele en lo que queda de 2020… Y en 2021. Así que la final vasca de Copa retrasada sine die me sigue pareciendo una quimera que alguien rectificará. Alguien que puede ser el poseedor de los derechos de retransmisión. Porque al final todos los cubes harán lo que ese consejero delegado diga. También el Real Madrid, que pretende avanzar en sus obras en el Bernabéu jugando en campo de Valdebebas. Lo que pase, insisto, lo decidirá la tele, porque la disposición de las cámaras (y la conocida como “u” publicitaria) en los campos ya está organizada y eso es lo que importa.

¿Ellos lo hacen?

Para la nueva líder de Podemos en la CAV cada día cuenta: necesita ganar notoriedad. Por eso también arriesga en los mensajes y algunos deslizan más de lo que puede permitirse una candidata a lehendakari. Su comentario sobre que tal vez el paso a la fase 1 de la CAV se debía a un arreglo entre el PNV y al gobierno español invita a pensar que ella y su partido están dispuestos a los arreglos. Invita a pensar que en Podemos juegan a tener dos almas: la que habla con el PNV allí porque confluyen y la que ataca aquí a Urkullu por interés electoral. Esas contradicciones a lo que no invitan es a confiar.

Al final es al principio

Pese a lo mucho que ha agitado el avispero Bildu, llenando las redes y WhatsApp de “memes” sobre el lehendakari, los hechos de la semana, con bares desbordados, y las palabras del gobierno español, que recomienda a las comunidades autónomas a tomar medidas más restrictivas, como la CAV, parece que dan la razón a quien las impuso. Los chistes ya están hechos, los cabreos en los grupos de WhatsApp de quien tres semanas atrás se quejaba porque volvía a trabajar ya están deglutidos, las manifestaciones políticas de sindicatos en campaña ya están realizadas. Ahora toca responsabilidad de todos.

Encuentros en la primera fase

El lunes, los de siempre intentaron ocupar un edificio público en Romo aprovechando la movilidad por la apertura de establecimientos hosteleros. Sí, aunque las normas dictan que no puede haber reuniones en espacios cerrados, decidieron juntarse para ocupar un edifico que es de todos los getxoztarras. Evidentemente, la policía los desalojó. ¿La respuesta? Una manifestación. Con un par. Porque el confinamiento, las normas, la precaución que tanto reclama Otegi, no va con los de siempre, con los que aprovechan cada momento y resquicio para lo suyo, que ni es lo de todos ni lo de la juventud vasca. Nunca lo fue.

Todos los Javier Negre de esta pandemia

Es muy fácil: o estás con Javier Negre pidiendo más test porque es fácil de vender y difícil de explicar cómo se realizan, o estás con los que tienen que luchar contra la pandemia cada día. Porque muchos y muchas siguen pensando que hacer un test es, en palabras de la consejera vasca de Salud, como darle al botón de la lavadora. Y si saben que no es así, ¿por qué mienten? ¿Por qué buscan cabrear a una sociedad agotada? ¿Por las próximas elecciones? Esta pandemia está retratando a todos. Yo no me escondo: he sacado la cara a todos los gobiernos que la hacen frente. Y no a las y los jetas de vídeo diario.

No podía faltar Cake Minuesa

Cuando leí esta noticia en Púbico: “Ayuso adjudica a dedo un contrato de 30.000 euros para hacer vídeos sobre el coronavirus al reportero Cake Minuesa”, lo primero que pensé es que cuánto había tardado en leer su nombre durante este confinamiento. Alguien como él, que se dedica a manipular y mentir por motivos ideológicos reprobables, tenía que haber dado que hablar antes. Pero aquí está, por fin, llevándoselo crudo de la Comunidad de Madrid para “informar”, a su manera, con su punto de vista, con sus formas, con su ideología, con sus objetivos de siempre, a sueldo de Ayuso y sobre el coronavirus.

¿Quién está de campaña?

¿Quién está de campaña en la foto que tuitea Mosturotz, el lehendakari que comprueba la vuelta a la normalidad de un hospital después de meses o la representante de los trabajadores y un sindicato que le acusa de “asesinato”? “Asesinato”, sí, porque según la protesta que organizaron a Urkullu, “sin protección no son muertes, es asesinato”, en referencia a la falta, según la manifestante, de material sanitario. Cuando la OMS habla de “crisis sanitaria mundial”, ¿a qué cree que se refiere si no es a la incapacidad planetaria para hacer falta a una enfermedad desconocida? Insisto: ¿quién estaba de campaña?

Y ahora, ¿qué?

La realidad de muchos sanitarios, más allá de protestas políticas con fines electorales, es la vuelta a una normalidad poco agradable: en La Información recogen el testimonio de una médica de urgencias en Andalucía que ve cómo la ciudadanía ha perdido rápidamente el miedo a la pandemia, acudiendo a su especialidad con dolencias nada graves. Estos días también hemos visto en las redes sociales llamadas de sanitarios pidiendo que los aplausos se conviertan en respeto a quien te atienda en un hospital o ambulatorio. Quien lea esta columna con regularidad sabe que soy pesimista: no hemos aprendido nada.

Tardaremos en encontrar la vacuna

Sigo con mi pesimismo: me parece poco tiempo un año para que uno solo de los 120 laboratorios en todo el mundo que están buscando la vacuna contra el coronavirus. Sobre todo, si tenemos en cuenta los antecedentes: “Hasta ahora el récord en el desarrollo de una vacuna contra un virus lo tiene la vacuna de las paperas, que requirió ‘tan solo’ cuatro años”, leemos en Eldiario.es. Y continúa: “Nunca en la historia de la humanidad se había invertido tanto dinero en tan poco tiempo para una vacuna en particular, ni tampoco nunca tantos científicos habían trabajado conjuntamente para afrontar un reto biomédico”.

No faltan expertos sanitarios

He tardado cinco segundos en confirmar que COVID-19 es un acrónicmo que corresponde a “coronavirus disease”, que puede traducirse como “enfermedad del coronavirus”. El 19, obviamente, se refiere al año de su detección. Pues bien, Isasías Lafuente rescata unas declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid: “Dice Isabel Diaz Ayuso en Onda Cero que el COVID-19 surgió en diciembre, de ahí la D del acrónimo. Aún no se ha enterado de que esa D corresponde a ‘disease’. También ha dicho que los pacientes de IFEMA sanaron por los techos altos de la instalación. En fin…”.

Nos hemos olvidado de los otros problemas

Estas crisis sanitaria y económica derivadas del coronavirus han derivado también en un silencio muy significativo. Hay asuntos que han desaparecido de la agenda. Asuntos importantes como la ayuda al desarrollo o el ecologismo. ¿Quién se preocupa del acopio de mascarillas en los países que no son del primer mundo? ¿Y alguien nos ha indicado cómo reciclar las mascarillas o los guantes? No solo eso: generamos más papel y plástico por el embalaje de lo que pedimos en casa y el mundo se va a llenar de botes vacíos de gel hidroalcohólico. Son temas que hoy hemos “olvidado”.