De lunes

En Economía Digital hacen una suma fácil: En España hay 9,5 millones de pensionistas, 2,63 millones de desempleados y 3,6 millones de funcionarias y funcionarios que cobran de lo público. En total, 15,7 millones de personas. Si de las 21,85 millones de personas que trabajan restamos el mismo número de funcionarios y funcionarias, tenemos 18,25 millones empleadas y empleados que trabajan en el sector privado y que pagan la fiesta. Claro que hay otros impuestos que aportamos todas y todos, y claro que hay actividad empresarial (privada), pero los sistemas no solo tienen que ampliarse, también deben ser sostenibles.

Récord en el funcionariado

En The Objective corrigen uno de los sumandos que contaban en Economía Digital: 3.043.024, ese es el número de funcionarias y funcionarios en España, “la mayor cifra de la historia”. A mí esta me parece una estupenda noticia: más servicios públicos es vivir mejor, y estoy seguro de que en la CAV no andaremos lejos de romper nuestro techo de cristal. Pero creo que la gestión del capital humano y el creciente gasto de recursos tiene que ser muy precisa. No se trata de tener cada vez más, sino de tener el funcionariado que necesitamos y que nos podemos permitir. Insistiré siempre en que lo primero que debe ser un sistema es sostenible.

¿Merece la pena estudiar?

El sistema, precisamente, castiga las carreras largas: estudiar una de las duras, un posgrado e incluso un doctorado, hace que te incorpores más tarde al mercado laboral y, por lo tanto, a cotizar (quienes tuvieron becas de investigación en mi generación no pudieron o pudimos hacerlo), y que ahora estés viendo cómo la jubilación se aleja. Además, no parece que merezca la pena: “En los últimos diez años los únicos que han incrementado su salario por encima del IPC son los analfabetos y los que no terminaron primaria” (El Blog Salmón). Y me parece muy bien, pero la sostenibilidad no puede venir siempre de quien más esfuerzo hace.

Mal

Del mismo modo que más funcionariado (siempre que el sistema sea sostenible, he dicho que insistiré en ello y lo hago) supone una mejor calidad de vida, menos supone una merma de los servicios públicos y, por lo tanto, vivir peor. Es de Perogrullo, lo sé, pero parece que no todo el mundo lo sabe, y cuando digo “todo el mundo” me refiero a EE.UU. en primer lugar: “Trump y Musk prometen ‘miles de millones en recortes’” (EPE). Lo rescato porque quiero que quede claro, de todas las maneras posibles, que exigir al gobierno que sea extremadamente diligente con la sostenibilidad de nuestro sistema no es lo mismo que exigir recortes perjudiciales.

A ver si así…

La gente no es tonta: se informa de lo que le interesa del modo más cómodo que encuentra y está atenta a las oportunidades. Pero tampoco es coherente: el medio ambiente preocupa en las encuestas pero los hábitos de consumo son despreocupados, empezando por las vacaciones de Semana Santa que ya estamos planificando, y siguiendo por el uso de la inteligencia artificial para chorradas o las criptomonedas. Muchas y muchos sabían que el ascenso de Trump subía su cotización, pero no esperaban que la volatilidad con la que actúa afectara de un modo tan directo y rápido a su inversión. Alguien sí habrá estado a la espera.

Claro que es la oferta

No me cansaré de decir que la aprobación de la Ley Española de Vivienda tuvo más que ver con el ciclo de campañas electorales que se echaban encima a PSOE, Sumar, Bildu, Podemos y ERC (que luego denunció invasión competencial) que con querer arreglar realmente el problema. Esa ley ha generado una crisis de oferta de viviendas, y eso solo provoca su encarecimiento. Es superfácil entenderlo. Pero también es fácil hacer populismo, y en eso estuvieron y están los mencionados. No proteger también a las personas propietarias “puede estar desincentivando todavía más la escasa oferta”, según El Blog Salmón.

La vida era mejor cuando había quioscos

Los quioscos mejoran la vida de las personas. No es el resultado de ninguna investigación, sino de mi propia experiencia y, estoy seguro, de la de cualquiera. Cuando empezaron a desaparecer empezaron nuestros problemas: más móvil, nuevos riesgos para la juventud, mucho más tiempo conectados al trabajo y, por supuesto, la pandemia. Ahora que los quioscos han desaparecido de nuestras calles, salvo raras excepciones como la que han encontrado en EPE, el mundo ha enloquecido con la dupla Trump-Musk, con Putin, Netanyahu… Que se han aprovechado de la protección que nos ofrecían los quioscos en nuestras calles.

No nos rasguemos la camisa todavía

Leemos que “Jeff Bezos anuncia que ‘The Washington Post’ no publicará opiniones contrarias al libre mercado” (Público) y algunos se vuelven un poco locos porque ese diario, que el dueño de Amazon compró como inversión, puede dejar de ser progresista. Pongamos los hechos noticiosos en su contexto, por favor: por muy “progre” que sea un diario que forma parte del establishment estadounidense, dudo mucho que este haya publicado alguna vez opiniones contrarias a ese libre mercado, la propiedad o el sistema capitalista. La noticia, de hecho, es que Bezos ha querido dejar claro a Trump y Musk que no va a salirse del carril.

Vamos ganando

“La fuga de diseñadores clave y la caída libre de las ventas empujan a Tesla al precipicio”, leemos en El Confidencial, donde enumeran la colección de problemas de la marca: “Crisis de modelos, tecnología anticuada, mala calidad y reducción de la lealtad a la marca”, y por supuesto, “la tóxica actividad política del jefe”. Eso, sin hablar de la competencia, que se ha movido rápido y mejor de lo que esperaba un Musk que fía todo siempre a su infinita capacidad. Voy a ser directo: ¿qué pensamos cuando vemos un Tesla por la calle? Aquí, sí, vamos ganando. Ojalá que sea solo la primera batalla.

Hay que leerlo

Hace solo unos días estábamos profundamente preocupados por Europa. Quienes sufrieron viendo a Trump y Putin repartirse el mundo tienen que leer el texto: “Tres ‘gyozas’ a diez euros” en The Objective sobre “la vieja Europa anestesiada”. En él, Antonio Agredano llama a las cosas por su nombre: “El triunfo del trumpismo es el fracaso de todo lo demás”, “Podemos y Vox podrían contener trazas de trumpismo”, “sociedades pueriles eligen líderes pueriles y la nuestra hace ya muchos años que llenó de Funkos las estanterías, ocupando el espacio de los libros”. Por suerte, termina arriba: “Europa es una aspiración, pero no debería ser una utopía”.

Dos noticias juntas

No discuto la subida del SMI, que solo puede ser positiva. Pero sí me gustaría recordar que no solo van a pagarlo los dueños de Iberdrola, BBVA o Petronor: las y los autónomos con pequeños negocios, esas y esos a los que podemos poner cara, también lo abonarán. Y ojo, porque esta subida en España, además, conlleva la novedad de la tributación, por lo que al que meten otro impuesto es al de siempre. Lo venían avisando en Pymes y Autónomos, donde también podemos leer esta noticia que apunta al mismo target: “Adiós a la promesa que nos vendieron de no declarar el IVA si no facturas 85.000 euros”. Una más.

¡Sorpresa!

El gobierno de España está vendiendo muchos triunfos… Que pagan otros, y con su correspondiente tributación. Insisto: no discuto esa tributación ni lo positivo que resulta la subida del SMI. Pero creo que el relato de que pague el gran empresario es más fácil de vender que el de que lo haga la pequeña autónoma, por eso nadie se acuerda de la segunda. Pero España, pese a los grandes anuncios, continúa con sus problemas estructurales sin resolver: “La factura de la luz ha subido bastante. Y no va a bajar en el corto plazo” (El Blog Salmón). Ha subido (y no va a bajar) también porque el Gobierno ha eliminado “la fiscalidad reducida”.

No me parece lo peor

Estas son las cartas: la fiesta la pagan las y los autónomos (lo de siempre) y el gobierno sigue con sus anuncios mientras los problemas se enquistan, desde la vivienda (con esa ley aprobada solo para una campaña electoral) a la factura de la luz. ¿Qué hace el PSOE para mejorar sus opciones en la partida? Esto: “El jefe de gabinete de Pedro Sánchez ficha al agitador Idafe Martín como asesor en Moncloa” (The Objective). Cualquiera que haya seguido temas políticos en Twitter y X le conoce: es un agitador, sí, pero nada tiene que ver con Alvise Pérez. No me parece lo peor. Es más: la apuesta me parece interesantísima e intentaré seguirla de cerca.

Correcto

No me gustan los ministros de Sumar (mi mala opinión sobre Urtasun ha quedado reflejada en esta columna varias veces), pero el enfrentamiento de Pablo Bustinduy a Michael O’Leary, el jefazo de Ryanair, solo habla bien del ex de Podemos. Por supuesto, este enfrentamiento está sirviéndole para subir: “Dispara su presencia en medios”, “700 menciones en una semana” (El Confidencial Digital). Pero también sirve para que recordemos la mierda de sistema que hemos montado: buscando un beneficio propio (vuelos baratos) hemos hecho muy ricos a personajes de mierda que abusan de las personas. Bustinduy lo ha hecho bien.

La alternativa

Recapitulo otra vez: el gobierno español no resuelve los problemas, propone medidas que pagan otros y tira de populismo sin rubor. Pero no es menos cierto que la alternativa es peor: “Abascal exige a los presidentes del PP ‘un gesto expreso’ contra la inmigración y las políticas verdes” (EPE). Es decir: la extrema derecha hace lo único que sabe, que es romper consensos y proponer soluciones ligeras a cuestiones muy complejas. La responsabilidad, que nadie lo dude, es del PP, que tiene que decidir si cede o mantiene mínimamente el nivel de la democracia española respetando acuerdos y dando relevancia a lo que importa de verdad.

«La industria de la guerra»

Joseba Permach puede tuitear sobre la industria de la guerra porque sabe del tema. Quienes tenemos memoria le recordamos justificando los asesinatos a personas no pensaban como él. Hoy en X, cómo no, ha encontrado el altavoz de los fascistas y en la UPV/EHU un lugar que le acoge y premia, qué desgracia. Pero debemos marcarle de cerca: quien ríe (en forma de retuit, no hace falta ir más allá) sus gracias es idiota o estaba de acuerdo con lo que dijo e hizo Joseba Permach cuando ETA disponía del plomo y la plata en Euskadi. Por cierto, la inversión europea en armamento ha servido para defendernos de Putin. ¿En qué lado está él?

Fascismo

Me mojo, alguien tiene que hacerlo: no hay diferencia entre la Euskadi idílica que planteaban esos a los que justificaba Permach después de asesinar y la Gaza idílica que plantea Trump. Una Riviera lograda con la eliminación del adversario y al que no le guste que se vaya del pueblo. Así son los fascismos, que no importan que sean de derechas o de izquierdas, de un pueblo pequeño o de un enorme estado de estados: buscan la «“»liquidación» (EPE). «¿Y si dejamos de imaginar, los mandamos a casa y empezamos a hacer algo diferente?», termina su hilo el profesor de Economía Aplicada. Algo parecido piensa Trump sobre Gaza.

¿Qué puede salir mal?

Después de conocer el plan de Donald Trump para Gaza leí esto en Euronews: “EE.UU. podría revelar el plan de paz de Trump para Ucrania la próxima semana”. Zelenski tiene que estar preocupado. Yo lo estoy, desde luego, porque la invasión rusa sobre Ucrania es un ataque en el borde exterior de la Unión Europea, y lo que pase allí aumenta o reduce nuestro riesgo. En plata: cuanto más lejos esté Putin (ese al que ni condenan ni rechazan en una parte muy importante de las izquierdas vasca y española), mejor. Pero Trump es capaz de cualquier cosa y aprovechará esta oportunidad para perjudicar a la Unión Europea.

Son sus decisiones (y las mías)

Donald Trump ha demostrado, vía decreto, su transfobia. También lo han hecho en Iusport, el digital sobre la industria del deporte, en el que han titulado: “Trump firma una orden para vetar a los hombres en las categorías femeninas”. Son sus decisiones (las de Trump y las de quien redacta, aprueba y publica la noticia citada) y yo tomo las mías: aborrecer al político ultra y poner por última vez, al menos por un tiempo, un pantallazo de ese medio. De lo suyo gastan y mi atención y mi cariño suman poco, lo sé. Pero cuantos más seamos los que tengamos claro quién es el enemigo, más daño haremos.

Cuidado con la pureza

Yo soy antifascista en todo momento y lugar. Esa es la única manera de ser antifascista. Pero no soy puro: me equivoco, juzgo, señalo e intento comprender. No va conmigo ni guardar las esencias ni los linchamientos: en el digital de Pablo Iglesias les parece fatal que Pedro Vallín vaya al programa de Antonio García Ferreras. Señalan al ex de La Vanguardia (que tiene que seguir facturando) como próximo a Yolanda Díaz y le echan en cara que se jactara de los errores de Al Rojo Vivo. Recuerdan la amistad entre Vallín e Iglesias pero no que el líder de los morados también participó en el mismo programa.

Bluesky es aburrido

No tengo nada contra Maruja Torres, por supuesto. Solo he cogido su mensaje en Bluesky como ejemplo del traslado que están haciendo a esta red social desde X muchas y muchos que, como ella, siempre se han ubicado en la izquierda política. Me parece muy bien, por supuesto. Pero es necesario decirlo: Bluesky es aburrido, una sosez. X es lo puto peor, siempre lo he dicho: un pozo de guano interminable. Pero la nueva red (cuyo modelo de negocio desconocemos, es necesario recordarlo) me da mucha pereza, llena de buenismo y, sobre todo, a una altura moral que yo, con mi normalidad, nunca alcanzaré.

¡“Contraélite”, dice!

En la página web Voz.us, que es la voz, nunca mejor dicho, del trumpismo en España, han publicado un “análisis” firmado por Karina Mariani (ex de La Gaceta, para más señas) en el que glosa la figura de Elon Musk que personifica “la contraélite plebeya”. Vamos a ver, quien considera a Musk “contraélite” y “pebleyo” tiene un problema de apreciación evidente. Pero hay más: según la autora, es el ejemplo de cómo se avanza del progresismo al trumpismo luchando contra el wokismo (ese mantra que funciona muy bien como detector de tontos). Y obvia, por supuesto, todos los intereses económicos que Trump le permite mantener.

“Hamás emerge”

El gobierno ultra liderado por Benjamín Netanyahu ha cometido un genocidio en Gaza. No lo digo yo, lo dice Amnistía Internacional. Lo que yo sí he reclamado en numerosas ocasiones en esta columna es que detengan y juzguen cuanto antes a este asesino. No me corto, no puedo hacerlo: el mal debe ser señalado y erradicado. De la misma manera, me repugna ver cómo “Hamás emerge de los túneles tras 15 meses de bombardeos israelíes” (El Independiente) con “desfiles militares y patrullas en las calles”. ¿Quién dio la excusa a Netanyahu para comenzar los ataques? ¿Qué papel han jugado esos hombres armados durante los bombardeos?

La atrocidad de Ucrania

Las bombas han dejado de caer, por lo menos, de momento, sobre Gaza. Pero, en Ucrania, Rusia sigue golpeando, con soldados norcoreanos en la actualidad. Habíamos leído sobre ellos que flipan con Internet, el porno y el alcohol, y se vuelven indisciplinados, que desertan cuando pueden, y, ahora, que tienen la orden de suicidarse si son apresados (El Periódico de España). Sí, esto sigue pasando en Ucrania. Sí, sigue una guerra abierta en Europa que sangra. Sí, nos estamos olvidando de ella. Y sí, los de siempre siguen justificando a Putin porque Rusia les debe recordar a algo bonito, aunque sea el culpable de todo.

Las piedras contra tu tejado

Escribí sobre esto hace tiempo, cuando en X (otra vez) se puso de moda despreciar la gastronomía o el paisaje gallego y asturiano, principalmente. Lo hacían las y los oriundos, con sorna y, según ellas y ellos, para mantener a los turistas alejados (nunca salen de sus pueblos ni hacen turismo, por lo que parecen). En El Blog Salmón explican algunas acciones fallidas implementadas en el Reino Unido, como las reseñas buenas para restaurantes malos y o estrambóticos. Eso tampoco ha salido bien: el turismo no ha disminuido y quien se lo curra de verdad se ha visto perjudicado por su “comunidad”.