«Y de todas sus consecuencias»

Este tuit te lo firma Sortu (de hecho, lo retuitó) y está lleno de falsedades: EH Bildu expresaba en la red social de Elon Musk su “firme rechazo” por el ingreso en prisión de Arantza Zulueta y Jon Enparantza. Vale. Hasta ahí, bien. Pero, ojo, porque de rondón nos colocan que la ciudadanía vasca “apuesta de manera abrumadora por la superación del conflicto político y de todas sus consecuencias”. No. Las consecuencias, como el dolor de las víctimas (aniversarios de los asesinatos o mutilaciones), no las superamos. La coalición también asevera que tenemos que recorrer “un camino que pasa” por “vaciar las cárceles”. ¿Y las condenas?

Los malvados

En uno de sus extensos tuits y, claramente, a colación del acuerdo entre PNV y PSOE esta semana, Estefanía Molina critica el relato sobre los “malvados propietarios”. “Si alguien cree que el casero medio es un millonario, un superrico, entonces el problema no es económico, sino de demagogia y de normalización del hundimiento de la clase media”. Sobre el decreto antidesahucios, tiene claro que “expulsa a muchos vulnerables del alquiler porque muchos caseros evitan tener problemas eventuales”. “El llamado ‘escudo social’ en vivienda no ha sido realmente el Estado, como a menudo se dice, sino otras familias de a pie”, resume.

¿Qué quieren?

Pablo Padilla, diputado de Más Madrid en la Asamblea de la capital, también tiene clara su postura y la manifiesta en Bluesky: “Aquí se odia el rentismo”. Vale. ¿Cuál es la solución? Porque España está muy por debajo de la media europea en inversión en VPO (y por detrás de Hegoalde). Entonces, ¿qué hacemos? Los propietarios de una vivienda, mal. Los grandes tenedores, por supuesto, muy mal. ¿Todas y todos tenemos que comprar viviendas? ¿Por qué cree Padilla que se disparan los precios actualmente? ¿Y dónde quedo toda esa milonga progre de que no hay que atarse, de que comprar un piso es de burgueses y de acomodados?

Otro millón de votos para Sánchez

Primero lo intentó con Donald Trump y no le salió bien. Pero ahora ha acertado plenamente: las respuestas de Elon Musk y Pavel Durov al acierto (esto no lo discuto) de Pedro Sánchez de limitar el acceso a las redes sociales de las y los menores de dieciséis años, son gasolina para el presidente español, que siempre viaja en reserva. Los propietarios de dos de las redes más sospechosas de todos los delitos han reaccionado airadamente a la idea del socialista, y los pretorianos del sanchismo (y él mismo, dónde y en X, claro) han salido en tromba a su defensa. Lógico: han encontrado un temazo y unos rivales casi inmejorables.

Cueste lo que cueste

Llevo alertando años de que la estrategia del PSOE de engordar a Vox para debilitar al PP no era una buena idea porque cebar a la extrema derecha siempre sale mal. Esta semana hemos leído en El Mundo que ha surgido cierta preocupación en el socialismo, que sospecha que Vox puede superar al PSOE en plazas importantes de Aragón el próximo domingo. César Calderón en The Objective también reflexiona sobre esto: “Hay un nicho de votantes que ya no busca gestión, sino impugnación”, “la estrategia de ‘que viene el lobo’ ya no asusta a un electorado”, “la política española se ha convertido en un ecosistema de trincheras”.

El juancarlismo vive, la lucha sigue

La mejor prueba de que el juancarlismo vive es que las fotos del rey emérito rozando con Bárbara ídem han sido publicadas en un medio holandés. Lo que pasa es que ahora no se llama “juancarlismo”, sino “responsabilidad para con la jefatura del Estado”, o alguna mandanga parecida. “Un medio extranjero publica fotografías de todos los directores de medios españoles besando al rey Juan Carlos I”, titulan en El Mundo Today, retratando la realidad. Así que la lucha sigue: debemos seguir señalando el business familiar. Pero con cuidado: pocas cosas encontraremos más útiles para erosionar la marca España que una o un Borbón.

Cargos, sí. Transparencia, también

No discuto que Mónica García necesite 27 asesores de confianza para su ministerio, ni el sueldo que cobran (que sea alto es una garantía democrática, que nadie lo olvide). Estoy seguro de que, salvo que caiga una o un jeta en la silla, la nómina no compensará las horas que van a meterle. La democracia es cara y la gestión nunca es rentable. No creo que debamos perder el tiempo afeando cuentas, pero sí podemos invertirlo en reclamarlas, por eso creo que en el fondo (no en las formas), hacen bien en The Objective en pedir transparencia: es su papel como medio. A la ministra le ha tocado el de responder.

El dedito, Pablo, el dedito

Solo puede parecerme bien la suspensión de 22 días sin sueldo a Pablo Padilla, parlamentario de Más Madrid que simuló “disparar mientras hablaba la presidenta Isabel Díaz Ayuso y se debatía sobre Israel y Gaza” (El Imparcial). ¿Qué ha aportado? ¿De verdad cree que su explicación en X (cómo no) es suficiente: “Lo que he hecho mientras Ayuso justificaba el genocidio es el gesto de los francotiradores de Israel asesinando a 14.000 niños”? ¿Ha ayudado en algo a la causa que sugiere defender? Lo que más me importa es que lo haya denunciado Vox, que el PSOE lo ha calificado como “un gesto” y que su partido no haya dicho aún nada.

“El narcisismo progresista”

Disfruto mucho leyendo columnas y crónicas en todos los medios. También de la trinchera de enfrente. Eso, sí, pido que escriban bien: nada peor que unas ideas equivocadas y mal expresadas. A algunas y algunos les leo con especial atención, como a Víctor Lenore, que se ha metido con un formato que, todo el mundo lo sabe, nunca me ha gustado: Salvados, que sigue haciendo “un cuidado publirreportaje del relato progresista” (Vozpópuli) y que, según Lenore, se dirige a espectadoras y espectadores “mansos e ingenuos”. En resumen: “Salvados ya no ofrece nada más allá del narcisismo progresista”. ¿Alguna vez lo hizo?

Otra realidad del fútbol

Me gusta mucho el fútbol, el juego sobre el césped y lo que le rodea: la historia de los clubes, las personales de los jugadores, la sociología de las aficiones y la habilidad de algunos cronistas para serlo de una parte de nosotros, más que de simples partidos. El fútbol es un fenómeno tan grande que aún quedan relatos, por ejemplo, el de los impagos a los entrenadores despedidos: en Iusport recogen el de Quique Setién, que ha denunciado al Villarreal, pero sabemos de sobra que no es una excepción. Sin embargo, la vergüenza y el miedo hacen que no nos enteremos de más abusos laborales de algunos clubes hacia sus ex técnicos.