El drama es que es legal

Tiene razón Manuel Jabois: “Un sistema que echa a una anciana tiene muchas preguntas que hacerse” (lo ha dicho en la SER y lo recogen en el Huffington Post). “¿Qué clase de sistema produce un resultado legal que es humanamente absurdo?”, se pregunta con razón. Ese es el drama: que a quienes elegimos para el legislativo (y el PSOE lleva ocho años con mayorías suficientes para investir a Pedro Sánchez) no han hecho lo que debían para evitar que un fondo buitre ponga el alquiler que le dé la gana a una anciana con incapacidad, sin atender a su subsidio ni a que lleva viviendo setenta años viviendo en esa casa.

Necesitamos que nos digan la verdad

Para solucionar el problema de la vivienda necesitamos, evidentemente, soluciones, y no tuits. Decir que, si ganas las elecciones, “el primer día de gobierno” vas a aprobar “un Real Decreto” para “bajar los alquileres por ley, así de sencillo”, es una chorrada. ¿Cuántos pisos quedarán disponibles para ser alquilados si topas la mensualidad en 500 euros? Lo ha dicho Irene Montero, que se presenta a unas primarias a las que nadie más acude. Quienes defienden a los fondos buitres y quienes no les hacen daño poniendo por delante el populismo (porque esto no es idealismo: es populismo), no van a arreglar nada. Lo harán otros, como siempre.

Munición para le extrema derecha

Tengo clarísimo que la mayoría de migrantes que han llegado a Euskadi quieren trabajar, prosperar, traer o formar familias, asentarse y aportar para disfrutar de nuestro sistema. Quieren integrarse, en una palabra. Y también tengo clarísimo que quienes no quieran hacerlo (unos pocos) deben ser expulsados rápidamente. Dicho esto: aunque las 36 violaciones denunciadas en los últimos 46 días en Ceuta son pocas (y muchísimo para quienes las han sufrido), si han pasado miles de personas, la extrema derecha va a utilizarlas para criminalizarlas. “En todo 2025, el máximo histórico de la serie anual, hubo nueve violaciones”, según The Objective.

La losa de Trump

Quienes votaron a Trump no van a dejar de votar a los republicanos por el desprecio por la vida que ha demostrado el peor presidente de la historia de EE.UU., pero igual sí que dejan de apoyar al partido conservador por esto: “El diésel alcanzó un precio récord en Estados Unidos y ya encarece el transporte, la agricultura y las operaciones de miles de empresas” (La Opinión). El dato concreto asusta: “La subida equivale a cerca de un 55% frente al valor que tenía a finales de febrero, cuando comenzó el conflicto militar entre Estados Unidos e Irán”. La gasolina, por cierto, subió casi lo mismo: pagan el litro un 40% más caro que en febrero.

¿Y más cerca?

Pedro Sánchez quiere convertirse en el líder que hace frente a Trump en el mundo. Yo lo tengo claro: solo es otra pose para desviar la atención. Sánchez (como Trump, por cierto) tiene problemas de corrupción en su entorno (su hermano, su mujer, Zapatero) que no parecen erosionarle, pero, ¿y esto (en lo que también coincide con el republicano)? “Todas las formas en que la subida del diésel encarecerá la vida: desde hacer la compra hasta ir a trabajar” (La Información Económica). Porque el incremento salta “del surtidor al IPC” de muchas maneras: “Alimentos, ropa, electrodomésticos, materiales de construcción, medicamentos o pedidos”.

Una ley de vivienda mala

La ley española de Vivienda que EH Bildu le aprobó al gobierno español es una ley mala, y no lo digo yo: lo dice Gabriel Rufián. Y lo dice también cualquier cifra que comprobemos: en La Información Económica se refieren a ella como “la ley que ha encarecido los alquileres más de un 30% en tres años”, citando a Idealista. Más consecuencias de aquella ley que se aprobó justo antes de una campaña electoral: “La oferta de alquileres permanentes es especialmente dura en los mercados considerados tensionados”, se ha producido una “fuerte reducción de oferta” y una “elitización del mercado”. Y para rematar, “el alquiler temporal gana terreno”.

Y para la compra, también

En Público citan al INE para hablar del mercado de compra-venta de vivienda, que como el alquiler, se ha encarecido pese a la existencia de esa ley: “El precio de la vivienda se disparó un 12,9% en el primer trimestre de 2026, acumulando 44 trimestres al alza y los cinco últimos con aumentos superiores al 12%”. La alta demanda “sigue presionando al alza los precios y agravando las dificultades de acceso, especialmente de jóvenes y aquellos con menos recursos”. El precio de la vivienda “crece a doble dígito en todas las comunidades”, curiosamente, “los menores aumentos se localizaron en Euskadi, Navarra y Catalunya”.

Yo fui a ver a Pantomima Full

Quiso la casualidad que yo tuviera entradas para el teatro Capitol de Madrid el mismo fin de semana que León XIV visitaba Madrid. Curiosamente, supuso que pudimos pasear por las principales vías como si fueran peatonales y nuestra preocupación sobre si podríamos comer en Madrid con cierta normalidad se disipó rápidamente. Los datos confirman hoy nuestras sensaciones: “Hosteleros de Madrid desmontan las previsiones de la Conferencia Episcopal por la visita del Papa y notan un ‘bajón’” (El Diario). Eso contrasta con “las estimaciones más halagüeñas” que “hablaban de beneficios de 150 millones de euros”.

Sorpresa

Estoy completamente convencido de que viajamos por encima de nuestras posibilidades, empezando por mí. Y el impacto que estamos dejando en el planeta y en los barrios solo me da la razón. Así que celebro (aunque lamine mis planes vacacionales) noticias como esta en El Confidencial: “Islandia no sabía qué hacer para frenar el turismo, pero ha encontrado una solución: los impuestos”. “Al ajustar las tarifas y regular el acceso a los destinos más populares, el gobierno pretende proteger” los entornos naturales y a la ciudadanía. Me parece bien, insisto, aunque eso me excluya como turista pobre, que es lo que soy, sin ínfulas.

¡Pero si no podemos permitírnoslo ya!

La verdad es que estamos autonegañándonos o dejándonos engañar por quien tiene intereses económicos directos en hacernos creer que podemos pagar lo que no nos podemos permitir ni como personas, ni como familias, ni como sociedad, ni como civilización. España como destino turístico es “tan caro que los españoles no pueden pagar” (El Ecosistema Startup). ¿Y en Euskadi podríamos las y los vascos vacacionar como una o un visitante? ¿Cuántos días? ¿Dónde comeríamos? Pues toda esta escalada turística tiene un impacto, pero la culpa no es de quienes vienen, sino de quienes vamos. Eso lo tengo clarísimo.