Escapada galaico-portuguesa (2): GUIMARÃES (Portugal)

Continúo el relato de la cuarta escapada del año, realizada del 12 al 18 de junio que, con destino al Norte de Portugal y la gallega provincia de Ourense, dejaba la pasada semana en la portuguesa ciudad de Braga, en la que pernoctamos las tres primeras noches. El 14 de junio decidimos pasar la mañana en Guimarães, distante tan solo 26 km de nuestro hotel en Braga. Tuvimos suerte de ir por la mañana temprano, pues así encontramos sitio en un lugar muy céntrico, el aparcamiento del Parque Público Condessa Mumadona, situado a 280 m del Puesto de Turismo. Pronto empezamos a percibir que Guimarães estaba en fiestas.

Sin saberlo coincidimos con la XIV edición de la Festa Afonsina, que se celebró del 11 al 14 de junio en el centro histórico de Guimarães. Esta recreación histórica transforma el centro de la ciudad para recordar los orígenes de Portugal, siendo visible sobre todo por el mercado medieval, que cuenta con puestos de artesanos, comerciantes y tabernas. El primer fin de semana de agosto se celebran las Festas Gualterianas, destacando el domingo la procesión de San Gualter, aunque también hay un cortejo histórico, desfiles de bandas filarmónicas, feria de artesanía y conciertos al aire libre.

El centro histórico de Guimarães, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde el año 2001, así que empezamos a recorrerlo pasando ante la igreja de Nossa Senhora do Carmo y el convento de Santa Clara, construido en el siglo XVI, que alberga desde 1975 el Ayuntamiento y la Biblioteca Municipal. Estamos en una de las calles más hermosas de esta ciudad, la Rúa de Santa María, en la que se encuentra la casa del Arco y, a unos pasos, el Posto de Turismo, que abre de lunes a sábado de 10 a 17:30 y los domingos de 10 a 13:30 h. Allí nos entregaron un plano para recorrer la ciudad.

Pasamos junto a la estatua de D Affonso Henriques y, sin entretenernos mucho, lo primero que hicimos fue dirigirnos al lugar más visitado de Guimarães, el Paço dos Duques de Braganza, construido a principios del siglo XV por Afonso I para sus encuentros con una de sus amantes. Cuenta con 39 chimeneas y durante la dictadura de Salazar fue utilizado como residencia del presidente. En su interior, destacan el magnífico claustro gótico, las vidrieras de la capilla, la Sala de los Banquetes y los Tapices de Pastrana. Abre todos los días de 10 a 18 h, siendo el precio de la entrada combinada (palacio+castillo) de 8 €. Mayores de 65 años: 4 €. Desempleados: Gratis

La siguiente cita la tuvimos casi al lado. Se trata de la pequeña iglesia románica de São Miguel do Castelo, relacionada con el bautismo del rey Afonso Henriques. De acceso gratuito, abre a diario de 10 18 h. Tras un vistazo a su interior nos dirigimos al Castillo de Guimarães, construido originalmente en el siglo X y considerado el lugar de nacimiento Afonso Henriques. Tan solo se puede realizar un recorrido por la parte superior de la muralla, desde donde se tiene una vista casi aérea del Paço dos Duques de Braganza. El horario de apertura es también de 10 18 h todos los días.

Continuamos visitando el centro histórico de Guimarães, dirigiendo nuestros pasos al lugar más concurrido de la cuidad, el Largo da Oliveira, plaza a la que accedimos pasando bajo los arcos de los antiguos Paços do Concello, llamando nuestra atención las mesas corridas de madera para celebrar la Festa Afonsina y el edificio del Restaurante Hool. El edificio más notable es la igreja de Nossa Senhora da Oliveira, cuyos orígenes se remontan al siglo X. Frente a ella se encuentra el monumento Padrão do Salado, construido en 1342. Aprovechamos las mesas de un bar para hacer una “pausa de hidratación”.

Bajo un intenso calor nos desplazamos al Largo da República do Brasil. Desde una especie de ermita adosada a la antigua muralla, tenemos una espectacular vista de la amplia plaza, que tiene como telón de fondo la igreja e oratórios de Nossa Senhora da Consolação e Santos Passos. También contemplamos que en la terraza de un restaurante cercano preparan un txitxiburduntzi de cerdo. Cruzamos un pequeño parque y frente a nosotros tenemos el hermoso edificio del Convento de San Francisco, que tiene enfrente dos grandes estatuas de homenaje a São Gualter y São Francisco.

Anexa al Convento de San Francisco se encuentra la iglesia del mismo nombre, que presume de ser la más bonita de Guimarães, así que no pudimos obviar su visita. Sus orígenes se remontan al siglo XIII, aunque ha sufrido varias remodelaciones a lo largo de la historia, predominando en la actualidad el estilo barroco. Lo que más me gustó es el retablo de su capilla mayor, rodeada de azulejos y en especial la vista que se tiene de él desde el coro superior. El horario de visita es de martes a sábado de 9:30 a 12 y de 15 a 17 horas. Los domingos abre de 9:30 a 13 horas. El precio para visitar el coro alto y el claustro es de 2 €.

Bordeando el Jardim da Alameda nos dirigimos al Largo do Toural, amplia plaza a la que se asoma la Basílica de San Pedro, de estilo neoclásico, cuyos orígenes se remontan a los siglos XVII-XVIII. Poco antes de llegar vemos el famoso letrero de “Aqui Nasceu Portugal” (Aquí nació Portugal), pues se considera que en Guimarães está el origen de Portugal como reino independiente. Nuestro recorrido ha tocado a su final, iniciando el regreso a donde hemos dejado el coche, pasando por el Largo da Misericordia y la Rua da Rainha, contemplando interesantes edificios como la Casa dos Lobo Machado, la Capela de São Crespim y la Torre dos Almadas.

Veréis que pongo muchos nombres en portugués, porque es como los encontraréis. Concluida la visita a Guimarães recorrimos los 41,6 km que nos separaban de Barcelos, cuna del famoso gallo, donde comimos y pasamos la tarde, pero de ello espero hablar la próxima semana. El viaje continúa con muchísimo calor.

Escapada galaico-portuguesa (1): BRAGA (Portugal)

Realizada del 12 al 18 de junio, la cuarta escapada del año tuvo como destino el Norte de Portugal y la gallega provincia de Ourense, pasando tres noches en Braga (Portugal) y otras tres en Verín (Ourense), visitando lugares en los que no habíamos estado desde el año 2004, como las poblaciones portuguesas de Braga, Guimaraes y Barcelos y la capital de Ourense. También conocimos por primera vez Chaves, en Portugal y Verín, en Ourense. Para comenzar esta escapada tuvimos que recorrer, todo por autopistas y autovías, los 692 km que separaban Leioa de Braga. En Portugal, tanto autovías como autopistas son de peaje y el litro de gasolina cuesta 0,40 € más que aquí. Luego, en el norte, la vida es más barata.

Para las tres primeras noches de esta escapada elegimos el Mercure Braga Centro Hotel ****, confortable alojamiento con buen aire acondicionado, cosa que agradecimos pues antes de llegar a él, con 41 grados, paramos en la Oficina de Turismo, sita en la Av da Liberdade 1, donde uno de sus responsables suele venir al BEC a Expovacaciones, pues reciben muchos visitantes vascos, cosa que pudimos comprobar. El hotel se encuentra muy bien situado en la Praceta João XXI, haciendo esquina con la Av da Liberdade, profusamente adornada para las fiestas de San Juan, una de las más importantes de Portugal. En ella se encuentra el Theatro Circo, inaugurado en 1915.

Precisamente en la Avenida da Liberdade comenzó nuestro recorrido por Braga el 13 de junio, que enseguida abandonamos para acercarnos al edificio que más me ha gustado de Braga, situado a tan solo 450 metros del hotel. Se trata de la Casa do Raio, uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil barroca y rococó de Europa. Fue construido entre 1752 y 1755 por André Soares, añadiéndose en el siglo XIX los tradicionales azulejos portugueses. A unos pasos, en la plaza Carlos Amarante se encuentra el enorme cartel de Braga, con la iglesia barroca del siglo XVIII de São Marcos como telón de fondo. En uno de los lados del templo hay una farmacia y en el otro el elegante Hotel Vila Galé, construido sobre el antiguo hospital de San Marcos, de 1508.

Sin salir de la plaza Carlos Amarante y a unos pasos del cartel de Braga se encuentra nuestra siguiente cita. Se trata de la iglesia de Santa Cruz, construida entre los siglos XVII y XVIII, que cuenta con una impresionante fachada barroca, con dos torres-campanario con relojes y curiosas gárgolas. En su interior llama la atención la decoración barroca con tallas doradas, destacando el púlpito y el órgano. Se puede visitar todos los días de 9:30 a 13 y de 15 a 19 h, costando la entrada 1 €.

No tenemos que andar más que un minuto para llegar a la Praça do Artesao, presidida por la estatua de Francisco Sanches, filósofo, médico y matemático. Frente a ella se encuentran adosados dos edificios que no conocíamos, la Igreja Sao Joao do Souto y la Capela e Torre dos Coimbras. Accedimos a esta pequeña capilla que es una pequeña joya de estilo gótico manuelino, reconstruida en 1525. La entrada cuesta 3 € (mayores de 65 años: 1,50 €). Nuestra ruta continuó por la Rua de Sao Joao, pasando por notables edificios, como la Casa do Passadiço, la Casa Centenaria y la Junta de Freguesia Sao Joao do Souto.

Tuvimos que andar un poco más, 300 metros, para llegar a nuestro siguiente destino, la Sé Catedral de Santa Maria de Braga, la más antigua de Portugal, cuya construcción comenzó en el siglo XI, rivalizando en la Edad Media en importancia con la de Santiago de Compostela. Mezcla varios estilos arquitectónicos como el románico, el gótico, el manuelino y el barroco, destacan sus dos torres y las capillas de su interior. Se puede visitar todos los días de 09:30 a 12:30 y de 14:30 a 17:30 h (18:30 en verano), costando la entrada combinada (Tesoro+Catedral+Capillas) 5 €. Como solo sacamos para la Catedral, pagamos 2 €.

La siguiente visita, que tenía apuntada en rojo, estaba 300 metros más adelante. Se trató del Museu dos Biscainhos, ubicado en un antiguo palacio señorial del siglo XVIII que perteneció a la nobleza portuguesa. En su interior destacan Salón Noble, la Escadaria (escalinata) Monumental, la Sala dos Azulejos, la Sala de Música y la Sala de Jantar, que guardan una notable colección de arte de los siglos XVII y XVIII. La visita concluye en su bonito jardín barroco, uno de los mejor conservados de Portugal. Cuando sacamos la entrada, nos comentaron que el nombre Biscainhos se debe a los canteros vizcaínos que construyeron la Catedral. Se puede visitar de martes a domingo de 10 a 12:15 y de 14 a 17:30 h, previo pago de 2 € (mayores 65 años: 1 €).

Concluida la visita iniciamos un paseo de algo más de 600 metros, contemplando en la ruta la Iglesia do Pópulo y el Silo da Memoria, que conmemora la revolución de abril de 1974, la Cámara Municipal, la escultura O Casal de Moisés, la igreja dos Terceiros, barroca de 1690 y el edificio del Banco de Portugal. Nuestro destino fue la Praça da República, profusamente engalanada y centro neurálgico de la ciudad, que se caracteriza por los soportales del siglo XVIII. Ha ganado mucho espacio peatonal al cubrir la Avenida da Liberdade, que me recuerda a lo hecho en Leioa con La Avanzada. A esta plaza se asoma la Basílica de los Congregados. Con esta visita concluimos la jornada matutina, pues había ya treintaymuchos grados, optando por regresar al hotel, distante unos 700 metros, para comer y descansar un rato.

Tras descansar un rato, pasadas las 4 de la tarde nos pusimos de nuevo en marcha, pero esta vez en coche, pues nos separaban 4,5 km de nuestro destino, el Elevador do Bom Jesús, que presume de ser el funicular más antiguo de la península y el más famoso de Portugal que, tras un recorrido de 275 metros y el pago de 4 € ida y vuelta, nos situó en el Santuario del Bom Jesus do Monte, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, evitando las casi 600 escaleras que hay que subir para llegar a él. Cuando llegamos se celebraba una boda. En su interior destaca el altar mayor. Abre a diario de 8 a 20 h, siendo el acceso gratuito.

De nuevo en la base de la montaña, cogimos el coche y nos dirigimos al Santuario de Nuestra Señora de Sameiro, distante 4,4 km y situado a 566 metros de altitud. Construido en el siglo XIX en estilo neoclásico, es el segundo centro de devoción mariana más importante de Portugal, después de Fátima, destacando su gran cúpula blanca. Se encuentra en una zona bastante plana, con magníficas vistas sobre Braga, amplios aparcamientos y zonas de pic nic, por lo que es muy frecuentado por la población local dado que la temperatura es mucho más agradable que en Braga. Abre a diario de 7:30 a 17:30 h, siendo de acceso gratuito.

Por delante tuvimos 10 km para regresar al hotel, dando por concluida la segunda jornada de este viaje. La escapada continúa, pero de ello espero hablar la próxima semana. Destino: Guimaraes.

Memorias de los Balcanes (y 4): De Bosnia a Eslovenia

Continúo rememorando el primer gran viaje por los Balcanes, que realizamos del 8 al 22 de junio de 2013, que dejaba la pasada semana en Dubrovnik. El 18 de junio abandonamos Croacia contemplando un hermoso paisaje con la muralla de Ston como telón de fondo. Entramos en el cuarto país de este viaje, Bosnia y Herzegovina, siendo nuestro destino la ciudad de Mostar, que tenía muchas ganas de conocer. Nos alojamos en la Villa Anri, en el que la dueña hablaba castellano que aprendió con las telenovelas, que se emiten en la televisión sin doblar. El emblema de Mostar es el Puente Viejo, construido sobre el río Neretva y símbolo de unión entre musulmanes y católicos, cuyo entorno forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2005. Notables son varias mezquitas, entre las que destaca la de Koski Mehmed Pasha, que data de 1617.

Todavía no he comentado que la moneda de Bosnia es el bam, asociada al marco alemán, por lo que en la práctica es el euro. La dueña de la Villa Anri nos recomendó visitar un lugar del que nunca habíamos oído hablar, las Cascadas de Kravice, distantes tan solo 42 km de Mostar y que nos pillaban en nuestra ruta, así que el 19 de junio nos dirigimos allí. Las cascadas las forma el río Trebižat, superando en algunos puntos los 25 metros de altura y formando a sus pies un lago de más de 100 metros de radio. Menos mal que solo había que caminar un cuarto de hora para llegar al mirador de las cascadas, pues el calor y la humedad eran horrorosos. Para acceder a las cascadas hay que pagar 10 €.

Todavía nos quedaban por delante 354 km para llegar a uno de los destinos más esperados de este viaje, el Parque Nacional Plitvicka Jezera, para nosotros los lagos de Plitvice, que desde 1979 forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Situado en Croacia, cuenta con 16 pequeños lagos, además de múltiples cascadas y arroyos. En verano abre de 7 a 20 h, siendo el precio de la entrada 34 €, incluyendo barco eléctrico y tren panorámico. Para disfrutarlo con tranquilidad decidimos pasar dos noches en el Hotel Bellevue, situado a solo 100 metros de la Entrada 2 del Parque Nacional.

Debido a nuestra situación junto a la Entrada 2, hicimos la Ruta H, de unas 5 horas de duración, cogiendo el tren panorámico para ver los Lagos Superiores, comenzando el descenso hasta el lago Kozjak, que cruzamos en el barco, para luego seguir caminando por el cañón de los Lagos Inferiores hasta el Veliki slap. Un paseo por encima de la zona este del cañón, nos llevó a un un nuevo tren panorámico que nos devolvió al punto de partida. Caminando por un bosque de hayas y varias pasarelas, con un desnivel en descenso de 134 metros, pudimos contemplar 92 cascadas. Un lugar que siempre recordaremos.

El 21 de junio el viaje estaba tocando a su final, así que nos dispusimos a cubrir los 281 km que nos separaban de Ljubljana, la capital de Eslovenia, deteniéndonos en primer lugar en uno de sus emblemas, el puente de los Dragones. Luego fotografié varias estatuas como la del poeta y sacerdote esloveno Valentin Vodnik, “Adán y Eva” y Prometeo, para enseguida entrar en el monumental Mercado Central, situado a orillas del río Ljubljanica. Nos fotografiamos luego ante el monumento a Preseren y visitamos la hermosa Catedral de San Nicolás, de origen románico.

Continuó nuestro recorrido por Ljubljana pasando por el Palacio Mayer y el grupo escultórico Manifestantes I, del artista esloveno Drago Trsar. Llegamos al centro neurálgico de la ciudad, la plaza Preseren, a la que se asoma la iglesia franciscana de la Anunciación, de fachada barroca, que data del siglo XVII. Pasamos luego ante notables edificios, como la National Gallery, la Embajada de los Estados Unidos, el Parlamento de Eslovenia decorado con esculturas de bronce, el castillo del siglo IX y la Universidad de Ljubljana. Antes de llegar al Ayuntamiento fotografío otras esculturas como el monumento a los Ilegales, Odmev, el Mascarón de Fuente, Neptuno e Ivan Hribar, alcalde de Ljubljana entre 1896 y 1910.

De nuevo nos acercamos al Ljubljanica, el río que atraviesa Ljubljana. Junto al famoso puente de los Zapateros tiene lugar un popular mercadillo de diferentes artistas. Vuelven a llamar nuestra atención las esculturas de hierro forjado que representan dragones, símbolo de la ciudad, así como una curiosa obra consistente en una amplia variedad de calzados atados por los cordones y suspendidos sobre la calle. Antes de abandonar la ciudad nos acercamos a la Fuente Robba o Fuente de los tres ríos, el monumento barroco más famoso de Ljubljana, concluyendo nuestro recorrido accediendo de nuevo al mercado.

Me ha gustado Ljubljana, una ciudad tranquila y coqueta, que abandonamos avanzada la tarde, pues teníamos por delante 22,5 km para llegar a nuestro último alojamiento, la Penzion Jagodic, situado en la bella localidad de Vopovlje, perteneciente al municipio de Cerklje na Gorenjskem. Escogimos este lugar por tener el traslado gratuito al aeropuerto Ljubljana-Brnik, situado a poco más de 3 km, donde devolvimos el coche, ya que al día siguiente, 22 de junio, tocó madrugar, pues a las 06,50 h salía el vuelo a Múnich operado por Adria Airways. Poco más de una hora de escala en el aeropuerto alemán, de donde a las 9 h salió el vuelo de Lufthansa con destino a Bilbao y llegada a las 11:15 h.

Me gustó este viaje por los Balcanes, que hicimos con nuestros amigos y dedicado principalmente a recorrer Eslovenia y Croacia, con un “picoteo” por Montenegro y Bosnia y Herzegovina, para conocer dos lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, las ciudades de Kotor y Mostar.

Memorias de los Balcanes (3): Croacia y Montenegro

Continúo rememorando el primer gran viaje por los Balcanes, que realizamos del 8 al 22 de junio de 2013, que dejaba la pasada semana desplazándonos de Trogir a Split, ciudad en la que pernoctamos dos noches en el Hotel Bellevue, ubicado en la animada Plaza de la República. Ahora es posible volar desde Bilbao a Split con Vueling (2 h 30 min de vuelo), los martes y domingos hasta mediados de septiembre. El 14 de junio pasamos toda la jornada en Split, la mayor ciudad de Dalmacia, para poder recorrer con tranquilidad su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979. En nuestro recorrido contemplamos la Torre Veneciana, la escultura del poeta croata Marko Marulić, los Palacios Milesi y Cipriani-Benedetti, el pie izquierdo de la estatua de bronce de Gregorio de Nin, al que los visitantes frotan el dedo gordo porque dicen que da buena suerte, el campanario de la iglesia de Gospa od Zvonika, el antiguo Ayuntamiento, el Teatro, el mercado de pescado, la iglesia y convento de San Francisco ubicada en el Paseo Marítimo y un puesto de “fritule”, pequeños buñuelos dulces tradicionales croatas.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el emperador Diocleciano mandó construir su palacio entre los siglos III y IV. Hoy es el monumento más importante de Split, por lo que le dedicamos buena parte de nuestra estancia, comenzando la visita en las torres y puertas de la muralla, contemplando también el Museo de la Ciudad y el Peristilo romano, donde se encuentra el mausoleo y la esfinge egipcia de basalto negro. Tras saludar a los soldados romanos, pasamos por la Puerta de Plata y el Templo de Júpiter, para concluir la visita ante la Catedral de San Domnius y su elegante campanario medieval.

El 15 de junio tocó día de viaje, realizando la primera parada para contemplar, cerca de su desembocadura, la fértil vega del río Neretva, de 225 km de longitud, que nace en la vecina Bosnia, por cuyo territorio discurre durante 203 km. Cuando llevábamos recorridos 218 km, aparcamos el coche en el puerto de Orebic, población situada en la península de Pelješac y separada de nuestro siguiente destino, Korcula, por un estrecho que cruzamos en un ferry en tan solo 15 minutos.

Situada en una isla, Korcula es un lugar lleno de encanto. Se trata una típica villa medieval dálmata con torres de defensa, dándonos la bienvenida la Torre Revelin. Caminando por el centro histórico llegamos a la iglesia de Sveti Mihovil (San Miguel) y enseguida al principal monumento, la Catedral de San Marcos, construida por maestros locales desde el siglo XV hasta mediados del siglo XVI. Pasamos luego ante los palacios del Obispo y Gabrieli, edificio del siglo XVI que alberga el Museo de la Ciudad. Las siguientes citas fueron en la iglesia de Sveti Petar (San Pedro) y la Casa de Marco Polo, del que dicen que nació aquí. Las últimas visitas fueron a la Gran Torre del Gobernador y a la Pequeña. Luego cogimos el ferry a Orebic, donde teníamos el coche, teniendo 106 km por delante para llegar a nuestro destino, Dubrovnik.

Las tres siguientes noches las pasamos en Dubrovnik en el Hotel Adria ***, ubicado sobre la bahía de Lapad, dedicando las tardes y el 16 de junio para recorrer esta hermosa ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y que resulta agobiante por las mañanas por la presencia de cruceristas. Dubrovnik está rodeada por una gran muralla que alberga 16 torres, dándonos la bienvenida la Torre Minceta. Pronto llegamos a la Gran Fuente de Onofrio, de estructura poligonal de 16 caras, construida en 1438. En la misma plaza se encuentran la Columna de Orlando y la pequeña iglesia de San Salvador, teniendo a unos pasos la iglesia y monasterio Franciscano.

Seguimos recorriendo el centro histórico de Dubrovnik, la ciudad más monumental e interesante del viaje. deteniéndonos en la iglesia barroca de San Blas, construida a principios del siglo XVIII, visitando luego dos palacios, el Sponza (siglo XVI) y el del Rector, una de las joyas de la ciudad, reconstruido en el siglo XV y posteriormente, tras el terremoto de 1667, en estilo barroco. Nuestro recorrido llegó su final en un hermoso lugar, el Puerto Viejo, iniciando el regreso con escalas en la Catedral de Velika Gospa. Vimos la estatua del poeta barroco croata Ivan Gundulić y concluimos las visitas en la iglesia de San Ignacio, el mejor ejemplo de arquitectura barroca de Dubrovnik.

Una tarde aprovechamos para conocer la fachada costera de Dubrovnik, disfrutando de sus acantilados y de los fuertes y fortalezas construidos sobre ellos: San Lorenzo, Bokar y San Juan. También subimos en el Cable Car (Teleférico) en poco más de 3 minutos al monte Srđ. El precio actual es bastante caro, 30 € ida y vuelta, pero la vista casi aérea sobre la ciudad amurallada merece realmente la pena. Vimos la exposición sobre la Guerra de Independencia de Croacia y, de regreso al hotel, nos detuvimos en la Torre del Reloj, saliendo del recinto amurallado con los últimos rayos de sol por la Puerta de Pila. En la Torre Minceta nos despedimos del centro histórico, para luego disfrutar de una preciosa puesta de sol.

El 17 de junio, como lo teníamos muy cerca, decidimos pasar el día en el vecino Montenegro y, más en concreto, en la ciudad de Kotor, distante tan solo 79 km de nuestro hotel en Dubrovnik, comenzando un recorrido costero a bastante altura, pudiendo parar un momento para contemplar el monumental centro histórico de Dubrovnik. Accedimos a Montenegro por el fiordo de Kotor, deteniéndonos para fotografiar la isla artificial sobre la que se levanta la iglesia de Nuestra Señora de las Rocas (Gospa od Škrpjela), situada frente a la costa del pueblo de Perast. En Montenegro, pese a no pertenecer a la Unión Europea, la moneda oficial es el euro.

Con una población de poco más de 13.000 habitantes, Kotor es una preciosa ciudad amurallada que desde 1979 forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La ciudad vieja tiene tres puertas, accediendo a su interior por la Puerta Oeste, llegando a la Plaza de Armas, centro neurálgico del centro histórico, en la que se encuentra la barroca Torre del Reloj, que data del siglo XVII. Visitamos luego cuatro iglesias, la de San Miguel, del siglo XIII, convertida en Lapidarium, la de Santa Ana, joya arquitectónica del siglo XII, la de Santa María, románica del siglo XIII, pero con campanario del XVIII y la de San Lucas, de 1195. Por un momento abandonamos el centro histórico por la Puerta del Río o Puerta Norte para contemplar las murallas, con el Bastión Bembo en primer plano.

Regresamos al centro histórico para visitar otras dos iglesias, la de San Nicolás y la de Santa Clara y dos palacios, Pima y Beskuća. Un poco empachados de tanta cultura, nos acercamos a la Catedral de San Tripun, construida en 1166 pero varias veces reformada. Se echó entonces la hora de comer, cosa que hicimos, muy bien por cierto, en La Pasteria. Salimos del casco viejo por donde entramos, la Puerta Oeste, para, de regreso al coche, contemplar la muralla y el León alado de San Marcos, símbolo de la República de Venecia, situado en ella. Mucha gente va a Croacia por sus maravillosas playas, cuestión que omitimos en nuestro viaje, así que de regreso a Dubrovnik nos detuvimos en la playa de Kupari, 17 km antes de regresar a nuestro hotel, desde donde contemplamos los últimos rayos de sol.

Todavía nos quedaban varios lugares más por visitar, pero de ello espero hablar en una próxima entrega. El viaje continúa.

Memorias de los Balcanes (2): Croacia

Continúo rememorando el primer gran viaje por los Balcanes, que realizamos del 8 al 22 de junio de 2013, que dejaba la pasada semana abandonando Eslovenia con rumbo a Opatija, población situada en la parte nororiental de la Península de Istria, alojándonos las dos siguientes noches Hotel Imperial Opatija ***, establecimiento histórico en el que residieron los emperadores Francisco José I y Guillermo II. Estamos en Croacia (Republika Hrvatska), así que lo primero que hicimos fue cambiar euros (moneda oficial desde el 1 de enero de 2023) a kunas, la moneda de entonces. La tarde del 10 de junio la aprovechamos para recorrer la zona del puerto y el paseo marítimo de la Riviera del Adriático, contemplando la Ópera y diferentes esculturas: Miroslav Krleža, el Barquero de Opatija, la conocida joven de la gaviota, la bailarina Isadora Duncan y el violinista Jan Kubelik, además de fotografiarnos entre Isadora Duncan y Albert Einstein.

El 11 de junio lo dedicamos a conocer la península de Istria, la más grande del Adriático, que abarca tres países: Croacia, Italia y Eslovenia, recorriendo unos 326 km y deteniéndonos en cuatro poblaciones. Tras 114 km lo hicimos en Buje, una ciudad medieval coronada por una colina, conociendo interesantes lugares, como las iglesias de Santa María de la Misericordia y Sveta Servula. También nos detuvimos ante la Torre de San Martín, del siglo XV y la escultura Cold-Buie.

36 km más tarde realizamos la segunda parada en Poreč, el mayor centro turístico de la península de Istria, lleno de vestigios de su rico pasado, que vamos conociendo comenzando nuestra ruta en la zona portuaria, para luego continuar pasando por el Ayuntamiento, la Torre redonda de la Serenísima, el Teatro, una abstracta figura sedante, la Torre pentagonal y un palacio gótico, visitando finalmente el monumento más importante, la Basílica de Santa Eufrasia, del siglo VI, que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, por ser uno de los edificios más hermosos del arte bizantino, destacando sus mosaicos de oro en el crucero central.

Continuamos otros 36 km por la península de Istria hasta la tranquila y pintoresca ciudad de Rovinj, que recorremos pausadamente tras disfrutar de la zona portuaria y su colorista mercado. Desde el puerto contemplamos el campanario de su edificio más notable, que domina la ciudad desde sus 57 metros de altura. Se trata de la Catedral de Santa Eufemia, considerado el edificio barroco más grande de Istria. Finalmente pasamos por el Arco de Balbi, concluyendo nuestra ruta en la plaza principal, donde se encuentran la fuente del niño con el pez y la Torre del Reloj.

La última visita en la península de Istria la realizamos tras recorrer otros 40 km en su ciudad más poblada, Pula, situada en la punta sur de la península, en la que destaca un impresionante monumento, el Anfiteatro, construido entre los años 27 y 81 de nuestra era con capacidad para 20.000 espectadores. Tiene una forma elíptica con 130 metros de longitud y cuenta con 72 arcos. También contemplamos el Arco de Triunfo de los Sergios, erigido entre los años 29 y 27 aC, la estatua de James Joyce, el Templo de Augusto, construido entre los años 2 aC y 14 dC, las iglesias de San Francisco, construida en el siglo XIV en estilo románico tardío, la ortodoxa de San Nicolás y la Catedral de la Asunción de la Virgen María (1640), concluyendo nuestro recorrido en el Palacio Comunal. Por delante tuvimos 100 km para regresar al hotel en Opatija.

El 12 de junio fue un día de viaje, pues por delante tuvimos 305 km para llegar a nuestro siguiente destino, Zadar, pero antes de abandonar Opatija nos acercamos a su parte norte, donde se encuentra Volosko, un pequeño puerto pesquero más conocido por sus playas y por su hermoso paseo marítimo Lungomare, de 10 km de longitud, que recorre la cota de Opatija.

Una vez en Zadar nos instalamos en el Hotel Marinko ***, dedicando la tarde a recorrer el istmo, donde se encuentra el casco antiguo rodeado por una gruesa muralla, accediendo a su interior por la puerta del Puerto, del siglo XVI. Contemplamos el Bastión Grimani y sucesivamente pasamos por la plaza Petar Zoranić y la plaza del Pueblo, a la que se asoman la Logia de la Ciudad, la casa de la Guardia y la Torre del Reloj. Contemplamos la Torre del Capitán y nos acercamos a varias iglesias: San Simeón, San Donato, de estilo prerrománico de principios del siglo IX considerado como el más importante de su época que se conserva en Dalmacia, Santa María, la Catedral de Santa Anastasia, la más grande de Dalmacia, construida entre los siglos XII y XIV en estilo románico tardío y gótico, la de Ntra Sra de la Salud, San Crisogonus y San Francisco, concluyendo nuestra ruta en el llamado Órgano del Mar.

El 13 de junio tocó cambio de hotel. Poco antes de llegar a nuestro primer destino, distante 81 km, hicimos un alto en el camino en el área de servicio de Krka para que nos sacaran una foto a los conductores. teniendo como telón de fondo el lago Prokljan. Allí se encuentra la estatua de Nuestra Señora del Camino. Al fin de llegamos a Skradin, donde fotografío el campanario de la iglesia de la Natividad de María poco antes de embarcarnos rumbo a Skradinski buk, navegando rodeados de cisnes por el río Krka, dentro del Parque Nacional del mismo nombre, por el que efectuamos un recorrido de casi dos horas disfrutando de hermosas cascadas cársticas. Una gozada. La entrada al parque y el barco cuestan 20 €.

Tras este paréntesis natural, continuó nuestro viaje cultural desplazándonos 24 km hasta Sibenik, comenzando el recorrido urbano contemplando el Ayuntamiento y la Plaza de la República de Croacia, para centrar principalmente nuestra visita en el principal monumento de esta ciudad, la Catedral de Santiago (Katedrala sv. Jakova), rematada con una gran cúpula de 32 m de altura. Destacan en su exterior un friso adornado con 74 cabezas, las estatuas de Adán y Eva y la Puerta del León. Del interior me quedo con el altar de la Santa Cruz. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001. Concluimos la visita fotografiándonos ante la estatua de Juraj Dalmatinac, famoso escultor y arquitecto dálmata del siglo XV y contemplando el vistoso reloj de la iglesia de Santa Bárbara.

Tras recorrer otros 46 km, realizamos la última parada en una de las ciudades más encantadoras de la región Dálmata, Trogir, en el que su centro histórico, situado en una pequeña isla, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1997. En nuestra rápida visita sucesivamente fuimos contemplando laTorre de San Marcos, las puertas de la ciudad vieja de Trogir, la Catedral de San Lorenzo (siglo XIII), la estatua de San Lorenzo y la Torre del Reloj, una casa románica, el Ayuntamiento, conocido como el Palacio Ducal (siglo XIII), el techo pintado de madera de la Logia (siglo XV), la Torre Vitturi, la iglesia de Santo Domingo y, finalmente, la Fortaleza del Kamerlengo, una estructura defensiva del siglo XV con origen veneciano. Una ciudad cuya visita merece realmente la pena.

Tras recorrer en total 177 km, finalmente llegamos a Split, donde pasamos las dos siguientes noches, aunque todavía nos quedaban muchos lugares que visitar. El viaje continúa, pero de ello espero hablar en una próxima entrega.

Memorias de los Balcanes (1): Eslovenia

El 25 y 28 de junio de 2019 publiqué el relato del segundo gran viaje e los Balcanes, realizado del 8 al 19 de junio de ese año, que podéis ver en estos enlaces: https://blogs.deia.eus/de-leioa-al-mundo/2019/06/25/de-viaje-por-los-balcanes-1-de-rila-a-macedonia-del-norte/ y https://blogs.deia.eus/de-leioa-al-mundo/2019/06/28/de-viaje-por-los-balcanes-y-2-albania-montenegro-serbia-y-bulgaria/. Rememoro ahora el primer gran viaje por los Balcanes, que realizamos del 8 al 22 de junio de 2013, volando desde Bilbao a Ljubljana, la capital de Eslovenia, vía Munich, sucesivamente con Lufthansa (2 h 15 min) y Adria Airways (50 minutos). En el aeropuerto recogimos el coche que habíamos alquilado y nos trasladamos al Hotel Jelovica Bled, donde nos alojamos las dos primeras noches. La viñeta electrónica (e-viñeta) es obligatoria para circular por las autopistas de Eslovenia, con precios de 16 € (semanal) o 32 € (mensual) para turismos estándar. En este viaje recorrimos Eslovenia (Slovenija), Croacia (Hrvatska, Bosnia y Herzegovina (Bosna i Herzegovina) y Montenegro (Crna Gora).

La tarde de nuestra llegada y parte de la mañana del día siguiente los dedicamos a deambular por una población que me encanta y que visitaba por tercera vez, aunque de las dos anteriores hacía muchos años, cuando pertenecía a la antigua Yugoslavia. Bled está situada a orillas del lago del mismo nombre y ubicada en los Alpes Julianos, en el noroeste de Eslovenia. Destacan dos imágenes, la iglesia de la Asunción situada en la isla del centro del lago y el castillo construido en la cima de un acantilado.

Tras recorrer el lago de Bled nos dedicamos a cortejar a otro lago, el de Bohinj (Bohinjsko Jezero), el mayor de Eslovenia, ubicado a los pies del Triglav, el techo de los Alpes Julianos. A pocos kilómetros de Bohinj se encuentra la estación de invierno de Vogel, a la que se accede mediante un teleférico desde Žicnice, desde donde se pueden contemplar impresionantes vistas de los principales picos de los Alpes Julianos, todavía nevados. Contemplamos también un rebaño de cabras con enormes cuernos. El precio actual del teleférico es de 29,50 € ida y vuelta.

Nuestro viaje continuó hasta la cascada Savica, pagando 2,40€ para acceder a ella y teniendo que caminar unos 30 minutos para llegar a sus pies por un sendero bien señalizado, subiendo más de 500 escaleras por un frondoso bosque. Esta cascada, de 60 metros de altura, es el nacimiento del río Sava, que nutre al lago de Bohinj y desemboca en el Danubio en la capital de Serbia, Belgrado. Se llega a la cascada en coche desde Ukanc (4 km), aparcando en Koča pri Savici, junto a un restaurante.

Por la tarde volvimos a cortejar al lago de Bohinj, visitando varias curiosas iglesias situadas en su entorno, como la del Espíritu Santo, barroca del siglo XVII, en la que destacan el fresco exterior y su curioso campanario. Foto ante Zlatorog, estatua de bronce de un rebeco alpino con cuernos dorados, convertida en emblema del Parque Nacional del Triglav y nueva parada en las afueras de Ribcev Laz en otra de las iglesias más fotografiadas de la zona, la de San Juan Bautista, reconstruida en estilo gótico en el siglo XV. La siguiente parada fue en el pueblo de Stara Fužina, conocido por los secaderos de hierba, las construcciones alpinas y la iglesia de San Pablo, con su fresco exterior.

La siguiente cita la tenemos en Studor, aldea situada entre el lago Bohinj y Bled, conocida por sus pajares de madera para secar la hierba, de los siglos XVIII y XIX, llamados toplarji o kozólec. Cuenta también con una casa tradicional convertida en museo y un rancho en el que alquilan caballos. Concluimos la jornada del 9 de junio en el castillo de Bled (Blejski grad), una histórica fortaleza medieval situada sobre un acantilado de 130 metros de altura, considerado el castillo más antiguo de Eslovenia, donde asistimos a una fiesta tradicional.

Concluida la primera parte de nuestra visita a Eslovenia, el 10 de junio nos desplazamos 160 km hasta la ciudad croata de Opatija, efectuando dos paradas por el camino, siendo la primera en una de las tres ciudades medievales eslovenas más importantes, Kranj, donde dimos un agradable paseo comenzando junto a la Torre Špital (Špitalski Stolp), resto de la muralla y deteniéndonos ante pinturas murales y tres iglesias, Santo Rosartio, San Kancija y la de la Peste.

La segunda parada la efectuamos en Postojna para visitar la mayor cueva kárstika de Eslovenia y una de las más grandes del mundo, recorriendo 5 km de galerías subterráneas a bordo de un pequeño tren. Lo más característico de esta cueva es Pez Humano (Proteus anguinus), que vive únicamente en las aguas cársticas y es ciego. La media de vida de este pececillo es de 100 años. La entrada resulta bastante cara, 32,90 €. Frente a la entrada de la cueva se encuentra el castillo de Predjama, que desde hace más de 700 años se alza junto a una pared rocosa. La entrada cuesta 21 €, pero solo contemplamos su exterior.

No entramos al castillo, pues todavía nos quedaban 63 km para llegar a nuestro siguiente destino Opatija (Croacia), ciudad en la que pasamos las dos noches siguientes.

Diez días en Mallorca (y 3)

Concluyo el relato de la tercera escapada del año, realizada a Mallorca del 9 al 18 de abril, que dejaba la pasada semana tras visitar la localidad de Port de Sóller. El 15 de abril, nos desplazamos a Palma de Mallorca, distante 59 km, dejando el coche en el enorme Aparcament Parc de la Mar, situado frente a la curiosa Catedral de Santa María, construida en 1229 en estilo gótico levantino, que impresiona por sus enormes dimensiones y por tener el mayor rosetón de estilo gótico del mundo (13 metros de diámetro). El claustro, que más parece un patio, se construyó a principios del siglo XVIII, al igual que la sala capitular. La visita a la Catedral cuesta 9 € (mayores de 65 años: 7 €), pudiendo realizarse de lunes a viernes de 10 a 17:15 h y los sábados de 10 a 14:15 horas.

Al lado de la Catedral tenemos el Palacio Real de la Almudaina, residencia de verano de la familia real española, bajo el que se encuentran los jardines del s’Hort del Rei, A continuación visitamos los Baños Árabes (Banys Àrabs), pagando 3,50 € para acceder a su interior, dirigiéndonos a continuación la Sa Llotja, joya de la arquitectura gótica del siglo XV, que abre de 10:30 a 13:30 y de 17:30 a 22 h, con acceso gratuito. Hicimos luego un rápido recorrido cuesta arriba por el casco antiguo, pasando por la plaza del Cort, a la que se asoma el Ayuntamiento (s XVII), para luego pasar por la Basílica de Sant Miquel, que presume de ser la iglesia más antigua de Palma y la Plaza Mayor (Plaça Major).

Nuestro destino estaba muy cerca, en el Mercat de l’Olivar. Antes de llegar vimos una escultura viviente y la Dona de Palma, de Rosa Serra. En el exterior del mercado se encuentra la escultura de mármol “El darrer vestit a l’ampla” (El último traje ancho), creada en 1951 por el escultor mallorquín Tomàs Vila Mayol. Representa a un payés mayor vestido con la indumentaria tradicional del siglo XVIII. Construido en 1951 con arquitectura mediterránea y remodelado en 2003, el Mercat de l’Olivar comparte los puestos de un mercado tradicional, con una amplia oferta gastronómica. Nos detuvimos ante todo en los puestos más numerosos, los de pescado. Concluida la visita comimos una pizza en el Café Mool, en la misma Plaça de l’Olivar.

Caminando en descenso por el centro histórico regresamos al Aparcament Parc de la Mar, donde cogimos el coche para cubrir los algo más de 4 km que nos separaban del Castillo de Bellver, construido a principios del siglo XIV sobre una colina, a 112 metros de altitud, disfrutando de una amplia vista de la fachada marítima de Palma de Mallorca. Se trata de una fortificación de estilo gótico, que destaca por su planta circular con tres torres adosadas y una torre homenaje, también circular. Abre de martes a sábado de 10 a 19 h y los domingos y festivos de 10 a 15 h. La entrada cuesta 4 € (mayores de 65 años: 2 €). De aquí regresamos al hotel, dando por concluida la jornada.

La jornada del 16 de abril la dedicamos a recorrer la costa Sureste de Mallorca, disfrutando de hermosos paisajes, realizando la primera parada, tras recorrer algo más de 70 km, cerca de Santanyí, en el Mirador de la preciosa Cala s’Almunia. He dicho parar pues solo pude hacerlo unos momentos en un par de lugares para fotografiar la abrupta costa, pues fue imposible aparcar dado la cantidad de coches que había. Si que pude hacerlo 15,5 km después en el Far de Cap Salines, situado en el punto más meridional de la isla de Mallorca. Luego paramos a tomar algo en Ses Salines, que los jueves de de 9 a 13 h celebra el mercadillo de frutas, verduras, textil y flores.

A 6 km de Ses Salines estaba el lugar que habíamos escogido para comer, Colonia de Sant Jordi, un lugar que nos encantó por su tranquilidad, del que salen las excursiones a la isla de Cabrera, visible durante toda la jornada. Aparcamos el coche cerca del Faro de sa Puntassa y caminamos casi 1 km hasta la zona del puerto y la playa para comer en el Restaurante Marisol, muy bien por cierto, donde compartimos una riquísima y abundante ensalada y una ración se sepia. Tras la comida continuamos nuestro recorrido deteniéndonos 4 km después en las Salines des Trenc, para concluir la ruta 27 km más tarde en Cap Blanc, donde disfrutamos de otro espectacular acantilado, el faro y la torre vigía. Por delante nos quedaban 86 km para regresar al hotel y dar por concluida la jornada, sin bicis, ni atascos.

El 17 de abril iniciamos la jornada desplazándonos a un lugar muy cercano, situado a 3,5 km de Puerto de Alcudia, Alcanada, una playa de cantos rodados accesible para perros. Rodeada de pinos, cuenta con sendero muy frecuentado por la población local, por el que dimos un agradable paseo mientras contemplamos el faro de Illa d’Alcanada. De regreso a Puerto de Alcudia, nos detuvimos en Maristany,  un área de especial protección para las aves y, más tarde, en Llac Gran, un sistema de lagos y canales artificiales, ideal para la `práctica del remo.

La siguiente cita la tuvimos a poco más de 25 km del hotel en Colònia de Sant Pere, otro lugar tranquilo perteneciente al municipio de Artá, en el que dimos un agradable paseo por el Passeig de la Mar, en el que se encuentra la escultura dedicada a la Dona d’Artá. También contemplamos un antiguo búnker y, como telón de fondo, las dos Torres de Senyals Costaneres de Son Viulí, construcciones militares del siglo XX que servían tanto para maniobras como para marcadores de distancias para la marina de guerra.

Regresamos a comer al hotel y, tras la comida, me desplacé 9 km hasta un lugar en el que ya estuvimos, pero que no pude ver con tranquilidad, Can Picafort, complejo turístico perteneciente al municipio de Santa Margalida, que cuenta con un buen paseo marítimo. Caminando por él fui descubriendo los vistosos grupos escultóricos del artista de Pollença Joan Bennàssar, además de dos Torres de Enfilación. Concluida la visita regresé al Hotel, pues a las 18 h tenía que devolver el coche.

El 18 de abril, como no íbamos a ir al aeropuerto hasta media tarde, nos dirigimos a la vecina Alcúdia, donde habíamos dejado una visita pendiente, la ciudad romana de Pollentia, fundada por el cónsul Quinto Cecilio Metelo en el año 123 aC. Lo más interesante son las áreas de la Portezuela, el Foro, y, especialmente, el Teatro. Los horarios de visita son un poco curiosos: lunes de 9 a 15 h, martes a jueves de 9 a 19 h, viernes y sábados de 9 a 13 h y domingos de 9 a 15 h, cerrando los festivos. La entrada cuesta 4 € (mayores de 65 años: 2,50 €). Como ya no teníamos coche, regresamos a Platja de Muro en autobús.

Sobre las 17 h tuvimos el traslado al aeropuerto internacional Son Sant Joan, de Palma de Mallorca, donde tomamos el vuelo VY3933, de Vueling, con salida a las 20:20 y llegada prevista al aeropuerto de Bilbao a las 21:54 h, muy puntual por cierto, aunque el vuelo dura solo una hora y diez minutos. En el aeropuerto compramos un par de ensaimadas, producto muy tradicional en Mallorca y contemplamos la escultura “Mujer recostada”, obra de Fernando Botero (1992).

De esta forma concluyó nuestra estancia de diez días en la isla de Mallorca.

Diez días en Mallorca (2)

Continúo el relato de la tercera escapada del año, realizada a Mallorca del 9 al 18 de abril, que dejaba la pasada semana tras visitar la localidad de Santa Margalida. El 12 de abril, domingo, como se encuentra a tan sólo 5,5 km del hotel y las previsiones meteorológicas no eran buenas, decidimos desplazarnos a Alcudia, preciosa población rodeada por una muralla, junto a la que existe un amplio aparcamiento. No obstante, nos desplazamos en autobús (3 € el billete que baja a 1,80 € si se paga con tarjeta de crédito). El autobús deja frente a la iglesia de Sant Jaume, que estaba cerrada. Bordeamos la muralla hasta Porta del Moll, para luego recorrer el Carrer Major, la calle más comercial, en la que se encuentra el Ayuntamiento y, a unos pasos, Can Torró (siglo XVI). Caminamos hasta la Porta de Mallorca y luego recorrimos el tramo se muralla que nos faltaba.

El otro motivo para acercarnos a Alcudia es que los domingos y también los martes, se celebra, uno de los mercadillos más grandes y populares de Mallorca, que ocupa el passeig de l’Historiador Pere Ventalyol y el de la Mare de Deu de la Victoria. Es un buen lugar para comprar productos locales, artesanía, ropa y calzado. En uno de los puestos de fruta venden zumo de naranja hecho al momento. En el primero de los paseos citados, frente a la parada del autobús, se encuentra la Oficina de Turismo de Alcudia.

Como la previsión de lluvia incluía el lunes por la mañana, el 13 de abril nos desplazamos a un lugar en el que la lluvia no afecta, las Coves del Drac, distantes 49,3 km del hotel. Se trata de un conjunto de cuatro grandes cuevas situadas cerca de la población de Porto Cristo, cuyo interior se pude recorrer cada hora, entrando con un enorme grupo de 500 personas. Tras contemplar las estalactitas y estalagmitas, la visita concluye con un concierto de 10 minutos junto a uno de los mayores lagos subterráneos del mundo, que luego se puede atravesar en barca. Lo que no cuentan es que para salir hay que subir 114 escaleras. Precio: 18,50 € (online), 19,50 € (taquilla). https://www.cuevasdeldrach.com/

A tan solo 600 metros de las Coves del Drac tenemos la siguiente cita, la Torre del Serral dels Falcons, una torre de planta circular, construida en 1577, que formaba parte de la red de torres costeras que alertaban de la presencia de piratas en la costa. Lo curioso es que la puerta de acceso la tiene a unos 4 metros de altura. Esta torre debe de ser importante, pues cuando estábamos junto a ella llegó un autobús repleto de turistas. Desde sus proximidades contemplamos el Far d’es Morro de Sa Carabassa, dirigiéndonos a continuación a comer al Port de Cala Bona, cosa que hicimos en el restaurante italiano Paparazzi, tras contemplar la escultura “Sa dona de Cala Bona”, inaugurada en mayo de 2022 y dedicada a Magdalena Rigo, la primera mujer bombero de Europa.

Tras la comida y recorrer 15 km nos detuvimos para fotografiar el Castell de Capdepera, una fortaleza amurallada construida en el siglo XIV en la cima del Puig de Capdepera. No subimos al castillo cuya entrada cuesta 3 €. De regreso al hotel nos detuvimos 9 km más tarde en Artà, pueblo tradicional mallorquín sobre el que se alza la fortaleza y el Santuari de Sant Salvador (abre de 8 a 18 h), construido en el siglo XIV. Desde él se tiene una espectacular vista de Artà. Tiene carretera de acceso, y 180 escaleras si quieres subir caminando desde el pueblo.

Poco antes llegar al Santuari de Sant Salvador, en la entrada de Artà nos acercamos a un lugar del que no había oído hablar, el poblado talayótico de Ses Païses, datado en el año 850 aC. Situado en un encinar, el poblado tiene forma elíptica, con 13.500 m² de extensión y un perímetro de la muralla de 374 metros. Se trata de uno de los asentamientos más extensos y mejor conservados de Mallorca. Contó con 59 viviendas, estimándose que estuvo habitado por unas 325 personas. Nos pareció un poco flojo comparado con los que vimos en Menorca y la entrada cara, 4 €. Teníamos 30 km para regresar al hotel, dando por concluida la quinta jornada en Mallorca.

Nuestro destino principal para el 14 de abril fue Sóller, distante 64 km del hotel y uno de los pueblos de interior más bonitos de Mallorca. Cuenta con un interesante casco antiguo situado en torno a la Plaza de la Constitución, a la que se asoman el Banc de Sóller (actual Santander), el Ayuntamiento y la iglesia de San Bartolomé, que cuenta con una de las fachadas más notables del modernismo mallorquín, obra del arquitecto Joan Rubió i Bellver, discípulo de Antoni Gaudí. La entrada cuesta 2 €. En el centro de la plaza hay una fuente forrada con naranjas y limones. En la Plaça d’Espanya se encuentra la Oficina de Turismo, que abre de lunes a viernes de 10 a 16:30 h y los sábados de 9:15 a 13 h. Junto a ella sale el tranvía que se dirige al Port de Sóller. Resulta difícil aparcar en Sóller, pues el centro es zona de bajas emisiones y los aparcamientos están reservados a residentes (zona verde), así que hay quee dejar el coche en la periferia.

La siguiente cita la tuvimos en un lugar del que no había oído hablar hasta hace poco y que forma parte de los pueblos más bonitos de España. Situado a tan solo 4 km de Sóller en plena sierra Tramuntana, se trata de Fornalutx, que cuenta con pintorescas calles como el Carrer del Metge Mayol, el de l’Esglesia y el de Sant Sebastià, destacando también la iglesia de la Nativitat de la Mare de Déu y el Ayuntamiento, que ocupa el antiguo casal de Can Arbona, con su gran torre defensiva del siglo XIV. Todavía no lo he dicho, pero Mallorca nos ha resultado muy cara. En Fornalutx comimos en un lugar muy básico, el Corella Cafe por 46 € los dos: sendos sandwichs de sobrassada y vegetal a 13 € cada uno, dos copas de Cambuix rosado a 8,50 € cada una y un botellín de agua, a 3 €. Precios para alemanes.

Tras la comida nos dirigimos a tomar el café y a dar un paseo al Port de Sóller, distante 7,5 km. Se trata de un pueblo costero que se ha puesto de moda por el pintoresco tranvía que lo une a Sóller y que ya cogimos hace 25 años. Ahora cuesta 20 € ida y vuelta. Nos acercamos a los puertos deportivo y pesquero, que convierte a este pueblo en un buen lugar para comer pescado y marisco. Finalizadas las visitas tuvimos 68 km para regresar al hotel en Platja de Muro, dando por concluida la sexta jornada en la isla.

Todavía nos quedaban cuatro días para recorrer Mallorca, pero de ello espero hablar en una próxima entrega. La escapada continúa.

Diez días en Mallorca (1)

Realizada del 9 al 18 de abril a través de Mundicolor, la tercera escapada del año tuvo como destino la isla de Mallorca. El vuelo de Vueling salió del aeropuerto de Loiu el día 9 a las 8:50 h, llegando al de Palama de Mallorca poco después de las 10, antes de la hora prevista, sucediendo lo mismo en el vuelo de regreso. Para pasar las nueve noches de esta escapada elegimos el Hotel Aluasun Continental Park ****, situado en la calle Iola, 4 de Platja de Muro. La zona no nos atrajo mucho, pero tiene la playa muy cerca, cosa que no solemos frecuentar y más cerca aún la parada de los autobuses a Alcudia, Can Picafort y Palma.

Tras comer, instalarnos en la habitación y una breve siesta, salimos a comprar agua y a contemplar nuestro entorno playero, la platja de Muro, que tiene casi 6 km de longitud, arena blanca, dunas y agua de color turquesa, lo que la convierte en una de las mejores de la isla. Luego tuvimos que caminar unos 600 metros para llegar a la oficina de Clickrent, donde tenía reservado el coche, situada bajo el hotel Ivory Playa. Como llegamos antes de la hora dimos un agradable paseo bordeando Platja d’Alcúdia por la zona de las dunas, cosa que no es posible por las proximidades de nuestro hotel.

El 10 de abril realizamos la primera excursión, teniendo como destino Cap de Formentor, ubicado al final de una península de 20 km de longitud y situado a 31 km del hotel. Breve parada en la playa de Pollença y la siguiente en el Mirador del Colomer, donde ya llevábamos un rato “sufriendo” a los numerosos ciclistas que invaden la estrecha carretera. Menos mal que tuve la suerte de que me entregaran un Renault Symbioz, con mucho reprís para los adelantamientos. Nos habían dicho que hay muchas cabras, pero aquí vimos a la única. La carretera cuenta con espectaculares paisajes, en forma de altos acantilados, la Cala Figuera y el Cap de Catalunya, pero no puede llegar al faro, dándome la vuelta unos 300 metros antes de llegar debido al descomunal atasco. Esto hizo que modificáramos futuros planes. Del 15 de mayo al 18 de octubre, la circulación por esta carretera está restringida de 10 a 22 h.

Un poco desilusionados con nuestro debut, nos dispusimos a desandar lo andado y dirigirnos a la localidad de Pollença, distante 23 km, dirigiéndonos en primer lugar a la Oficina de información turística, sita en la Plaça Major, 17, que abre de lunes a sábado de 9 a 16 h, donde nos recomendaros visitar el claustro barroco del convento de Santo Domingo, que cerraba a las 13:30, al que se accede por el coqueto Museu de Pollença, al que también realizamos una breve visita. La entrada es gratuita. No tuvimos la misma suerte con la iglesia de la Mare de Déu dels Àngels, que se asoma a la Plaça Major, pues estaba cerrada. Así que aprovechamos para comer en uno de los restaurantesde la plaza. Antes de marchar nos acercamos hasta el busto de la pedagoga Clara Hammerl, desde donde se contempla El Calvari, al que no llegamos, pues nos parecían muchas las 365 escaleras de acceso.

Estábamos a tan solo 13 km del hotel pero, como todavía era temprano, nos dirigimos al Parque Natural de s’Albufera de Mallorca, cuyo acceso teníamos a menos de 2 km del hotel. Para llegar lo mejor es poner en Google Maps: Aparcament Parc de s’Albufera, desde donde hay que caminar unos 1.200 m, pasando por el puente de los Ingleses para llegar al Centro de información de Sa Roca y al Centro de interpretación de Can Bateman. Lo malo es que cierran a las 16 h y el parque a las 18 h, no entendiendo la existencia de un horario tan limitado. De esa zona salen tres rutas para recorrer el mayor humedal de Baleares (2.036,23 ha), Eso si, pudimos ver más variedad y cantidad de aves de las que pensábamos e incluso un flamenco.

Iniciamos la jornada del 11 de abril cubriendo los 64 km que nos separaban de Valldemossa, esta vez por buena carretera. Esta población está situada en la Sierra de Tramuntana, en un valle rodeado de montañas, presumiendo de ser es uno de los pueblos más bonitos de Mallorca. Nos dirigimos en primer lugar a la Real Cartuja, de la que hablo a continuación. Enfrente se encuentran el Museo Frédéric Chopin, la iglesia de la Cartuja y los Jardines del Rey Juan Carlos I. En el lado opuesto tenemos el Mirador de Miranda des Lledoners, que ofrece las mejores vistas de Valldemossa, de la que sobresale la Iglesia de Sant Bartomeu, del siglo XIII, a la que luego nos acercamos. A Valldemossa se le considera el lugar donde nació la tradicional “merienda mallorquina”, la famosa coca de patata, que se elabora a base de huevos, harina, azúcar, manteca y patatas. La Oficina Municipal de Turismo de Valldemossa, sita en avenida de Palma, 7, estaba cerrada, pues solo abre de lunes a viernes de 10 a 18 horas.

La Real Cartuja es la construcción más notable del patrimonio de Valldemossa. Se trata de un palacio del siglo XIV rodeado por un espectacular entorno natural. La Cartoixa de Valldemossa, como se dice en mallorquín, se construyó por orden del rey Jaime I de Mallorca, habiendo alojado a lo largo de su historia a numerosos personajes célebres. Tras escuchar una interpretación de Chopin al piano, accedimos al interior del que fue residencia durante tres meses del músico. La Cartuja abre de lunes a viernes de 10 al 17 h y los sábados hasta las 16 h. La entrada cuesta 12,50 €, 10 € los mayores de 65 años. No resulta fácil aparcar en Valldemossa, pese a que todos los aparcamientos son de pago (zona azul).

Nuestra ruta continuó siguiendo la carretera costera, repleta de curvas, a lo largo de 43 km hasta Andratx, contemplando impresionantes acantilados y la Torre de Es Verger, en Banyalbufar. Se trata de una torre de vigilancia y señalización costera, levantada en 1579. Nuestro destino en Andratx era la oficina de turismo, ubicada en el Ayuntamiento, que ocupa el castillo de Son Mas, pero estaba cerrada pues solo abre de lunes a viernes de 8 a 15 h. En la policía municipal amablemente nos recomendaron que fuéramos a Port d’Andratx, donde aprovechamos  para comer en el restaurante italiano Buon Appetito, situado frente a los barcos de pesca. Tras la comida nos desplazamos al final de la zona portuaria, donde se encuentra el Far d’Andratx.

Teníamos por delante 84 km para regresar al hotel, ya por buenas carreteras, cuando ya bastante cerca vimos en un alto una torre de vigilancia y un molino. No sabíamos donde nos encontrábamos pero intentamos sin éxito llegar a ellos, pues están en una zona cercada de difícil acceso. Por el GPS supimos que estábamos en Santa Margalida, que toma el nombre de la iglesia del pueblo, a la que llegamos. Tuvimos la suerte de coincidir con el sacristán, quien amablemente nos encendió las luces de todas las capillas. Luego, en la plaza del pueblo vimos el monumento dedicado a Santa Catalina Thomas “La Beata”, nacida en Valldemossa, que es la primera santa nativa de Baleares. Breve parada en Can Picafort, que pertenece al mismo municipio y a donde volví casi al final del viaje, y regreso al hotel.

De esta forma concluyó la tercera jornada de nuestro viaje por Mallorca, isla en la que todos los carteles están solo en mallorquín. Todavía nos quedaban siete días por delante, pero de ello espero hablar en próximas jornadas.

Escapada vallisoletana (y 3): Una mañana en Valladolid, la capital

Concluyo el relato de la segunda escapada del año, realizada del 23 al 27 de marzo por la provincia de Valladolid. Me quedaba pendiente comentar la intensa mañana que pasamos el 26 de marzo en Valladolid capital, distante 35 km de Tordesillas, dejando el coche en el parking Plaza Mayor (MOVASA). Contemplamos el Ayuntamiento y la estatua del conde Pedro Ansúrez, situada en el centro de la plaza y nos dirigimos a la Fuente Dorada, para luego acercarnos al Pasaje Gutiérrez, galería comercial cubierta inaugurada en 1886. Muy cerca encontramos una figura que ya vimos en nuestra anterior estancia en Valladolid, en el año 2013, el Arlequín, de Ángel Membiela, situado bajo el mural “Rosa del desierto”.

Llevábamos caminando unos 900 metros cuando llegamos a uno de los puntos fuertes de la mañana, el Palacio de Santa Cruz, uno de los primeros palacios renacentistas de España, pues fue inaugurado en 1491. Actual sede del rectorado de la Universidad de Valladolid, alberga la capilla del Cristo de la Luz, de Gregorio Fernández, la Biblioteca Histórica de la Universidad y un hermoso patio, al que se asoman algunas salas que acogen el Museo de arte africano, de la Fundación Jiménez-Arellano, que ya visitamos en 2013, comenzando por la parte dedicada a la “Escultura figurativa en terracota de África subsahariana”.

En la entreplanta del monumental patio, en la Sala de San Ambrosio, encontramos la otra espectacular exposición del arte africano, dedicada al “Reino de Oku”, situado en la región de Grasslands (Camerún), Cuenta con un centenar de objetos de madera, muchas de cuyas figuras están cubiertas con máscaras de organizaciones secretas. En un piso superior contemplamos la exposición temporal “Las culturas Melanesias en las Highlands del Goroka Fest (Papúa-Nueva Guinea)”, colección de fotografías de Marco Negroni que se clausuró el 4 de abril. El Museo Arte Africano abre a diario de 11 a 14 y de 16:30 a 19:30 h, siendo gratis la entrada, así que es un lugar que merece realmente la pena visitar.

A poco más de 300 metros tenemos la plaza de la Universidad, a la que se asoma la majestuosa Facultad de Derecho, una de las sedes universitarias más antiguas de España, teniendo enfrente la estatua de Miguel de Cervantes. Unos pasos detrás tenemos la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, conocida como “La Inconclusa” debido a que su construcción nunca se vio finalizada. La entrada es gratuita. Muy cerca, frente a un sencillo grupo escultórico dedicado a la Semana Santa, contemplamos el símbolo por excelencia de Valladolid, la iglesia de Santa María de la Antigua, que cuenta con el campanario románico más alto de España. Lástima que estaba cerrada.

Enseguida llegamos al Palacio de Pimentel, sede de la Diputación de Valladolid, cuya construcción se inició en el siglo XV. Abre de 12 a 14 y de 19 a 21 h y cuenta con un interesante patio interior y un zaguán con un zócalo de azulejos con doce escenas de episodios históricos de la ciudad, realizados por el ceramista talaverano J. Ruiz de Luna. Muy cerca tenemos la estatua dedicada a Felipe II y la preciosa iglesia de San Pablo, cuya fachada es la joya gótica por excelencia de Valladolid, realizada en el siglo XVI. Hemos caminado unos 2 km y estamos a punto de llegar al punto más lejano del recorrido.

Iniciamos la última visita de la jornada al cercano Museo Nacional de Escultura, que cuenta con tres edificios, comenzando en el que se compra la entrada al precio de 3 €, siendo gratuita para los mayores de 65 años. Se trata del Colegio de San Gregorio, construido a finales del siglo XV, edificio gótico de monumental fachada y elegante patio interior. Las primeras salas las ocupa el retablo procedente de la iglesia de San Benito el Real, obra de Alonso Berruguete. También podemos contemplar la sillería del coro bajo del mismo monasterio, realizada por Andrés de Nájera. El resto de salas guardan notables obras de Gregorio Fernández, Pedro de Mena y Juan de Juni, entre otros. Es la colección más importante del museo.

En el mismo edificio se encuentra la capilla, de estilo gótico tardío hispano-flamenco, que cuenta con varias piezas muy representativas de la colección del museo. Casi enfrente tenemos otro de los edificios del Museo Nacional de Escultura, el Palacio de Villena, construido en el siglo XVI. Nada más acceder a su interior encontramos un elegante patio porticado. En el piso superior se encuentra la atracción de este edificio, el Belén Napolitano, que procede de la colección de los hermanos Emilio y Carmelo García de Castro, contando con cantidad de figuras, que lo hacen muy atractivo.

Tuvimos que apretar el paso para llegar al tercer edificio del Museo Nacional de Escultura, el Palacio del Conde de Gondomar, más conocido como Casa del Sol, construida en 1540 para el licenciado don Sancho Díaz de Leguizamón, que guarda las copias de la antigüedad clásica realizadas en el siglo XIX, por los mejores museos europeos, en este caso procedentes del extinguido Museo de Reproducciones. El horario de apertura de las tres sedes es de 10 a 14 y de 16 a 19:30 h. Tras la visita, como eran las dos de la tarde, aprovechamos para comer a tan solo 60 metros, en Hasta La Peineta Taberna.

Tras la comida nos dispusimos a recorrer el kilómetro que nos separaba del parking de la Plaza Mayor, pasando ante el Palacio Real, residencia oficial de los reyes de España cuando Valladolid fue sede de la Corte (1601-1606), los Palacios de Fabio Nelli (Museo de Valladolid) y de los Marqueses de Valverde y la iglesia De San Benito, construida a principios del siglo XVI en estilo gótico. Enfrente se encuentra el Mercado del Val, inspirado en Les Halles de París, con los puestos ya cerrados pero la zona hostelera a tope. A punto de llegar a la “meta”, en la plaza de la Rinconada, a la que se asoma la parte trasera del Ayuntamiento, se encuentra la Fuente de los Colosos, con esculturas de Pedro Monje.

Pasamos una mañana muy intensa en Valladolid, visitando varios de sus edificios más importantes, aunque nos ha quedado otro notable lugar según nos recomendaron, el Museo Oriental, pero nos pillaba un poco a desmano. Además, siempre hay que dejar algo pendiente para poder volver.