Memorias de los Balcanes (3): Croacia y Montenegro

Continúo rememorando el primer gran viaje por los Balcanes, que realizamos del 8 al 22 de junio de 2013, que dejaba la pasada semana desplazándonos de Trogir a Split, ciudad en la que pernoctamos dos noches en el Hotel Bellevue, ubicado en la animada Plaza de la República. Ahora es posible volar desde Bilbao a Split con Vueling (2 h 30 min de vuelo), los martes y domingos hasta mediados de septiembre. El 14 de junio pasamos toda la jornada en Split, la mayor ciudad de Dalmacia, para poder recorrer con tranquilidad su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979. En nuestro recorrido contemplamos la Torre Veneciana, la escultura del poeta croata Marko Marulić, los Palacios Milesi y Cipriani-Benedetti, el pie izquierdo de la estatua de bronce de Gregorio de Nin, al que los visitantes frotan el dedo gordo porque dicen que da buena suerte, el campanario de la iglesia de Gospa od Zvonika, el antiguo Ayuntamiento, el Teatro, el mercado de pescado, la iglesia y convento de San Francisco ubicada en el Paseo Marítimo y un puesto de “fritule”, pequeños buñuelos dulces tradicionales croatas.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el emperador Diocleciano mandó construir su palacio entre los siglos III y IV. Hoy es el monumento más importante de Split, por lo que le dedicamos buena parte de nuestra estancia, comenzando la visita en las torres y puertas de la muralla, contemplando también el Museo de la Ciudad y el Peristilo romano, donde se encuentra el mausoleo y la esfinge egipcia de basalto negro. Tras saludar a los soldados romanos, pasamos por la Puerta de Plata y el Templo de Júpiter, para concluir la visita ante la Catedral de San Domnius y su elegante campanario medieval.

El 15 de junio tocó día de viaje, realizando la primera parada para contemplar, cerca de su desembocadura, la fértil vega del río Neretva, de 225 km de longitud, que nace en la vecina Bosnia, por cuyo territorio discurre durante 203 km. Cuando llevábamos recorridos 218 km, aparcamos el coche en el puerto de Orebic, población situada en la península de Pelješac y separada de nuestro siguiente destino, Korcula, por un estrecho que cruzamos en un ferry en tan solo 15 minutos.

Situada en una isla, Korcula es un lugar lleno de encanto. Se trata una típica villa medieval dálmata con torres de defensa, dándonos la bienvenida la Torre Revelin. Caminando por el centro histórico llegamos a la iglesia de Sveti Mihovil (San Miguel) y enseguida al principal monumento, la Catedral de San Marcos, construida por maestros locales desde el siglo XV hasta mediados del siglo XVI. Pasamos luego ante los palacios del Obispo y Gabrieli, edificio del siglo XVI que alberga el Museo de la Ciudad. Las siguientes citas fueron en la iglesia de Sveti Petar (San Pedro) y la Casa de Marco Polo, del que dicen que nació aquí. Las últimas visitas fueron a la Gran Torre del Gobernador y a la Pequeña. Luego cogimos el ferry a Orebic, donde teníamos el coche, teniendo 106 km por delante para llegar a nuestro destino, Dubrovnik.

Las tres siguientes noches las pasamos en Dubrovnik en el Hotel Adria ***, ubicado sobre la bahía de Lapad, dedicando las tardes y el 16 de junio para recorrer esta hermosa ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y que resulta agobiante por las mañanas por la presencia de cruceristas. Dubrovnik está rodeada por una gran muralla que alberga 16 torres, dándonos la bienvenida la Torre Minceta. Pronto llegamos a la Gran Fuente de Onofrio, de estructura poligonal de 16 caras, construida en 1438. En la misma plaza se encuentran la Columna de Orlando y la pequeña iglesia de San Salvador, teniendo a unos pasos la iglesia y monasterio Franciscano.

Seguimos recorriendo el centro histórico de Dubrovnik, la ciudad más monumental e interesante del viaje. deteniéndonos en la iglesia barroca de San Blas, construida a principios del siglo XVIII, visitando luego dos palacios, el Sponza (siglo XVI) y el del Rector, una de las joyas de la ciudad, reconstruido en el siglo XV y posteriormente, tras el terremoto de 1667, en estilo barroco. Nuestro recorrido llegó su final en un hermoso lugar, el Puerto Viejo, iniciando el regreso con escalas en la Catedral de Velika Gospa. Vimos la estatua del poeta barroco croata Ivan Gundulić y concluimos las visitas en la iglesia de San Ignacio, el mejor ejemplo de arquitectura barroca de Dubrovnik.

Una tarde aprovechamos para conocer la fachada costera de Dubrovnik, disfrutando de sus acantilados y de los fuertes y fortalezas construidos sobre ellos: San Lorenzo, Bokar y San Juan. También subimos en el Cable Car (Teleférico) en poco más de 3 minutos al monte Srđ. El precio actual es bastante caro, 30 € ida y vuelta, pero la vista casi aérea sobre la ciudad amurallada merece realmente la pena. Vimos la exposición sobre la Guerra de Independencia de Croacia y, de regreso al hotel, nos detuvimos en la Torre del Reloj, saliendo del recinto amurallado con los últimos rayos de sol por la Puerta de Pila. En la Torre Minceta nos despedimos del centro histórico, para luego disfrutar de una preciosa puesta de sol.

El 17 de junio, como lo teníamos muy cerca, decidimos pasar el día en el vecino Montenegro y, más en concreto, en la ciudad de Kotor, distante tan solo 79 km de nuestro hotel en Dubrovnik, comenzando un recorrido costero a bastante altura, pudiendo parar un momento para contemplar el monumental centro histórico de Dubrovnik. Accedimos a Montenegro por el fiordo de Kotor, deteniéndonos para fotografiar la isla artificial sobre la que se levanta la iglesia de Nuestra Señora de las Rocas (Gospa od Škrpjela), situada frente a la costa del pueblo de Perast. En Montenegro, pese a no pertenecer a la Unión Europea, la moneda oficial es el euro.

Con una población de poco más de 13.000 habitantes, Kotor es una preciosa ciudad amurallada que desde 1979 forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La ciudad vieja tiene tres puertas, accediendo a su interior por la Puerta Oeste, llegando a la Plaza de Armas, centro neurálgico del centro histórico, en la que se encuentra la barroca Torre del Reloj, que data del siglo XVII. Visitamos luego cuatro iglesias, la de San Miguel, del siglo XIII, convertida en Lapidarium, la de Santa Ana, joya arquitectónica del siglo XII, la de Santa María, románica del siglo XIII, pero con campanario del XVIII y la de San Lucas, de 1195. Por un momento abandonamos el centro histórico por la Puerta del Río o Puerta Norte para contemplar las murallas, con el Bastión Bembo en primer plano.

Regresamos al centro histórico para visitar otras dos iglesias, la de San Nicolás y la de Santa Clara y dos palacios, Pima y Beskuća. Un poco empachados de tanta cultura, nos acercamos a la Catedral de San Tripun, construida en 1166 pero varias veces reformada. Se echó entonces la hora de comer, cosa que hicimos, muy bien por cierto, en La Pasteria. Salimos del casco viejo por donde entramos, la Puerta Oeste, para, de regreso al coche, contemplar la muralla y el León alado de San Marcos, símbolo de la República de Venecia, situado en ella. Mucha gente va a Croacia por sus maravillosas playas, cuestión que omitimos en nuestro viaje, así que de regreso a Dubrovnik nos detuvimos en la playa de Kupari, 17 km antes de regresar a nuestro hotel, desde donde contemplamos los últimos rayos de sol.

Todavía nos quedaban varios lugares más por visitar, pero de ello espero hablar en una próxima entrega. El viaje continúa.

Memorias de los Balcanes (2): Croacia

Continúo rememorando el primer gran viaje por los Balcanes, que realizamos del 8 al 22 de junio de 2013, que dejaba la pasada semana abandonando Eslovenia con rumbo a Opatija, población situada en la parte nororiental de la Península de Istria, alojándonos las dos siguientes noches Hotel Imperial Opatija ***, establecimiento histórico en el que residieron los emperadores Francisco José I y Guillermo II. Estamos en Croacia (Republika Hrvatska), así que lo primero que hicimos fue cambiar euros (moneda oficial desde el 1 de enero de 2023) a kunas, la moneda de entonces. La tarde del 10 de junio la aprovechamos para recorrer la zona del puerto y el paseo marítimo de la Riviera del Adriático, contemplando la Ópera y diferentes esculturas: Miroslav Krleža, el Barquero de Opatija, la conocida joven de la gaviota, la bailarina Isadora Duncan y el violinista Jan Kubelik, además de fotografiarnos entre Isadora Duncan y Albert Einstein.

El 11 de junio lo dedicamos a conocer la península de Istria, la más grande del Adriático, que abarca tres países: Croacia, Italia y Eslovenia, recorriendo unos 326 km y deteniéndonos en cuatro poblaciones. Tras 114 km lo hicimos en Buje, una ciudad medieval coronada por una colina, conociendo interesantes lugares, como las iglesias de Santa María de la Misericordia y Sveta Servula. También nos detuvimos ante la Torre de San Martín, del siglo XV y la escultura Cold-Buie.

36 km más tarde realizamos la segunda parada en Poreč, el mayor centro turístico de la península de Istria, lleno de vestigios de su rico pasado, que vamos conociendo comenzando nuestra ruta en la zona portuaria, para luego continuar pasando por el Ayuntamiento, la Torre redonda de la Serenísima, el Teatro, una abstracta figura sedante, la Torre pentagonal y un palacio gótico, visitando finalmente el monumento más importante, la Basílica de Santa Eufrasia, del siglo VI, que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, por ser uno de los edificios más hermosos del arte bizantino, destacando sus mosaicos de oro en el crucero central.

Continuamos otros 36 km por la península de Istria hasta la tranquila y pintoresca ciudad de Rovinj, que recorremos pausadamente tras disfrutar de la zona portuaria y su colorista mercado. Desde el puerto contemplamos el campanario de su edificio más notable, que domina la ciudad desde sus 57 metros de altura. Se trata de la Catedral de Santa Eufemia, considerado el edificio barroco más grande de Istria. Finalmente pasamos por el Arco de Balbi, concluyendo nuestra ruta en la plaza principal, donde se encuentran la fuente del niño con el pez y la Torre del Reloj.

La última visita en la península de Istria la realizamos tras recorrer otros 40 km en su ciudad más poblada, Pula, situada en la punta sur de la península, en la que destaca un impresionante monumento, el Anfiteatro, construido entre los años 27 y 81 de nuestra era con capacidad para 20.000 espectadores. Tiene una forma elíptica con 130 metros de longitud y cuenta con 72 arcos. También contemplamos el Arco de Triunfo de los Sergios, erigido entre los años 29 y 27 aC, la estatua de James Joyce, el Templo de Augusto, construido entre los años 2 aC y 14 dC, las iglesias de San Francisco, construida en el siglo XIV en estilo románico tardío, la ortodoxa de San Nicolás y la Catedral de la Asunción de la Virgen María (1640), concluyendo nuestro recorrido en el Palacio Comunal. Por delante tuvimos 100 km para regresar al hotel en Opatija.

El 12 de junio fue un día de viaje, pues por delante tuvimos 305 km para llegar a nuestro siguiente destino, Zadar, pero antes de abandonar Opatija nos acercamos a su parte norte, donde se encuentra Volosko, un pequeño puerto pesquero más conocido por sus playas y por su hermoso paseo marítimo Lungomare, de 10 km de longitud, que recorre la cota de Opatija.

Una vez en Zadar nos instalamos en el Hotel Marinko ***, dedicando la tarde a recorrer el istmo, donde se encuentra el casco antiguo rodeado por una gruesa muralla, accediendo a su interior por la puerta del Puerto, del siglo XVI. Contemplamos el Bastión Grimani y sucesivamente pasamos por la plaza Petar Zoranić y la plaza del Pueblo, a la que se asoman la Logia de la Ciudad, la casa de la Guardia y la Torre del Reloj. Contemplamos la Torre del Capitán y nos acercamos a varias iglesias: San Simeón, San Donato, de estilo prerrománico de principios del siglo IX considerado como el más importante de su época que se conserva en Dalmacia, Santa María, la Catedral de Santa Anastasia, la más grande de Dalmacia, construida entre los siglos XII y XIV en estilo románico tardío y gótico, la de Ntra Sra de la Salud, San Crisogonus y San Francisco, concluyendo nuestra ruta en el llamado Órgano del Mar.

El 13 de junio tocó cambio de hotel. Poco antes de llegar a nuestro primer destino, distante 81 km, hicimos un alto en el camino en el área de servicio de Krka para que nos sacaran una foto a los conductores. teniendo como telón de fondo el lago Prokljan. Allí se encuentra la estatua de Nuestra Señora del Camino. Al fin de llegamos a Skradin, donde fotografío el campanario de la iglesia de la Natividad de María poco antes de embarcarnos rumbo a Skradinski buk, navegando rodeados de cisnes por el río Krka, dentro del Parque Nacional del mismo nombre, por el que efectuamos un recorrido de casi dos horas disfrutando de hermosas cascadas cársticas. Una gozada. La entrada al parque y el barco cuestan 20 €.

Tras este paréntesis natural, continuó nuestro viaje cultural desplazándonos 24 km hasta Sibenik, comenzando el recorrido urbano contemplando el Ayuntamiento y la Plaza de la República de Croacia, para centrar principalmente nuestra visita en el principal monumento de esta ciudad, la Catedral de Santiago (Katedrala sv. Jakova), rematada con una gran cúpula de 32 m de altura. Destacan en su exterior un friso adornado con 74 cabezas, las estatuas de Adán y Eva y la Puerta del León. Del interior me quedo con el altar de la Santa Cruz. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001. Concluimos la visita fotografiándonos ante la estatua de Juraj Dalmatinac, famoso escultor y arquitecto dálmata del siglo XV y contemplando el vistoso reloj de la iglesia de Santa Bárbara.

Tras recorrer otros 46 km, realizamos la última parada en una de las ciudades más encantadoras de la región Dálmata, Trogir, en el que su centro histórico, situado en una pequeña isla, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1997. En nuestra rápida visita sucesivamente fuimos contemplando laTorre de San Marcos, las puertas de la ciudad vieja de Trogir, la Catedral de San Lorenzo (siglo XIII), la estatua de San Lorenzo y la Torre del Reloj, una casa románica, el Ayuntamiento, conocido como el Palacio Ducal (siglo XIII), el techo pintado de madera de la Logia (siglo XV), la Torre Vitturi, la iglesia de Santo Domingo y, finalmente, la Fortaleza del Kamerlengo, una estructura defensiva del siglo XV con origen veneciano. Una ciudad cuya visita merece realmente la pena.

Tras recorrer en total 177 km, finalmente llegamos a Split, donde pasamos las dos siguientes noches, aunque todavía nos quedaban muchos lugares que visitar. El viaje continúa, pero de ello espero hablar en una próxima entrega.

Memorias de los Balcanes (1): Eslovenia

El 25 y 28 de junio de 2019 publiqué el relato del segundo gran viaje e los Balcanes, realizado del 8 al 19 de junio de ese año, que podéis ver en estos enlaces: https://blogs.deia.eus/de-leioa-al-mundo/2019/06/25/de-viaje-por-los-balcanes-1-de-rila-a-macedonia-del-norte/ y https://blogs.deia.eus/de-leioa-al-mundo/2019/06/28/de-viaje-por-los-balcanes-y-2-albania-montenegro-serbia-y-bulgaria/. Rememoro ahora el primer gran viaje por los Balcanes, que realizamos del 8 al 22 de junio de 2013, volando desde Bilbao a Ljubljana, la capital de Eslovenia, vía Munich, sucesivamente con Lufthansa (2 h 15 min) y Adria Airways (50 minutos). En el aeropuerto recogimos el coche que habíamos alquilado y nos trasladamos al Hotel Jelovica Bled, donde nos alojamos las dos primeras noches. La viñeta electrónica (e-viñeta) es obligatoria para circular por las autopistas de Eslovenia, con precios de 16 € (semanal) o 32 € (mensual) para turismos estándar. En este viaje recorrimos Eslovenia (Slovenija), Croacia (Hrvatska, Bosnia y Herzegovina (Bosna i Herzegovina) y Montenegro (Crna Gora).

La tarde de nuestra llegada y parte de la mañana del día siguiente los dedicamos a deambular por una población que me encanta y que visitaba por tercera vez, aunque de las dos anteriores hacía muchos años, cuando pertenecía a la antigua Yugoslavia. Bled está situada a orillas del lago del mismo nombre y ubicada en los Alpes Julianos, en el noroeste de Eslovenia. Destacan dos imágenes, la iglesia de la Asunción situada en la isla del centro del lago y el castillo construido en la cima de un acantilado.

Tras recorrer el lago de Bled nos dedicamos a cortejar a otro lago, el de Bohinj (Bohinjsko Jezero), el mayor de Eslovenia, ubicado a los pies del Triglav, el techo de los Alpes Julianos. A pocos kilómetros de Bohinj se encuentra la estación de invierno de Vogel, a la que se accede mediante un teleférico desde Žicnice, desde donde se pueden contemplar impresionantes vistas de los principales picos de los Alpes Julianos, todavía nevados. Contemplamos también un rebaño de cabras con enormes cuernos. El precio actual del teleférico es de 29,50 € ida y vuelta.

Nuestro viaje continuó hasta la cascada Savica, pagando 2,40€ para acceder a ella y teniendo que caminar unos 30 minutos para llegar a sus pies por un sendero bien señalizado, subiendo más de 500 escaleras por un frondoso bosque. Esta cascada, de 60 metros de altura, es el nacimiento del río Sava, que nutre al lago de Bohinj y desemboca en el Danubio en la capital de Serbia, Belgrado. Se llega a la cascada en coche desde Ukanc (4 km), aparcando en Koča pri Savici, junto a un restaurante.

Por la tarde volvimos a cortejar al lago de Bohinj, visitando varias curiosas iglesias situadas en su entorno, como la del Espíritu Santo, barroca del siglo XVII, en la que destacan el fresco exterior y su curioso campanario. Foto ante Zlatorog, estatua de bronce de un rebeco alpino con cuernos dorados, convertida en emblema del Parque Nacional del Triglav y nueva parada en las afueras de Ribcev Laz en otra de las iglesias más fotografiadas de la zona, la de San Juan Bautista, reconstruida en estilo gótico en el siglo XV. La siguiente parada fue en el pueblo de Stara Fužina, conocido por los secaderos de hierba, las construcciones alpinas y la iglesia de San Pablo, con su fresco exterior.

La siguiente cita la tenemos en Studor, aldea situada entre el lago Bohinj y Bled, conocida por sus pajares de madera para secar la hierba, de los siglos XVIII y XIX, llamados toplarji o kozólec. Cuenta también con una casa tradicional convertida en museo y un rancho en el que alquilan caballos. Concluimos la jornada del 9 de junio en el castillo de Bled (Blejski grad), una histórica fortaleza medieval situada sobre un acantilado de 130 metros de altura, considerado el castillo más antiguo de Eslovenia, donde asistimos a una fiesta tradicional.

Concluida la primera parte de nuestra visita a Eslovenia, el 10 de junio nos desplazamos 160 km hasta la ciudad croata de Opatija, efectuando dos paradas por el camino, siendo la primera en una de las tres ciudades medievales eslovenas más importantes, Kranj, donde dimos un agradable paseo comenzando junto a la Torre Špital (Špitalski Stolp), resto de la muralla y deteniéndonos ante pinturas murales y tres iglesias, Santo Rosartio, San Kancija y la de la Peste.

La segunda parada la efectuamos en Postojna para visitar la mayor cueva kárstika de Eslovenia y una de las más grandes del mundo, recorriendo 5 km de galerías subterráneas a bordo de un pequeño tren. Lo más característico de esta cueva es Pez Humano (Proteus anguinus), que vive únicamente en las aguas cársticas y es ciego. La media de vida de este pececillo es de 100 años. La entrada resulta bastante cara, 32,90 €. Frente a la entrada de la cueva se encuentra el castillo de Predjama, que desde hace más de 700 años se alza junto a una pared rocosa. La entrada cuesta 21 €, pero solo contemplamos su exterior.

No entramos al castillo, pues todavía nos quedaban 63 km para llegar a nuestro siguiente destino Opatija (Croacia), ciudad en la que pasamos las dos noches siguientes.

Diez días en Mallorca (y 3)

Concluyo el relato de la tercera escapada del año, realizada a Mallorca del 9 al 18 de abril, que dejaba la pasada semana tras visitar la localidad de Port de Sóller. El 15 de abril, nos desplazamos a Palma de Mallorca, distante 59 km, dejando el coche en el enorme Aparcament Parc de la Mar, situado frente a la curiosa Catedral de Santa María, construida en 1229 en estilo gótico levantino, que impresiona por sus enormes dimensiones y por tener el mayor rosetón de estilo gótico del mundo (13 metros de diámetro). El claustro, que más parece un patio, se construyó a principios del siglo XVIII, al igual que la sala capitular. La visita a la Catedral cuesta 9 € (mayores de 65 años: 7 €), pudiendo realizarse de lunes a viernes de 10 a 17:15 h y los sábados de 10 a 14:15 horas.

Al lado de la Catedral tenemos el Palacio Real de la Almudaina, residencia de verano de la familia real española, bajo el que se encuentran los jardines del s’Hort del Rei, A continuación visitamos los Baños Árabes (Banys Àrabs), pagando 3,50 € para acceder a su interior, dirigiéndonos a continuación la Sa Llotja, joya de la arquitectura gótica del siglo XV, que abre de 10:30 a 13:30 y de 17:30 a 22 h, con acceso gratuito. Hicimos luego un rápido recorrido cuesta arriba por el casco antiguo, pasando por la plaza del Cort, a la que se asoma el Ayuntamiento (s XVII), para luego pasar por la Basílica de Sant Miquel, que presume de ser la iglesia más antigua de Palma y la Plaza Mayor (Plaça Major).

Nuestro destino estaba muy cerca, en el Mercat de l’Olivar. Antes de llegar vimos una escultura viviente y la Dona de Palma, de Rosa Serra. En el exterior del mercado se encuentra la escultura de mármol “El darrer vestit a l’ampla” (El último traje ancho), creada en 1951 por el escultor mallorquín Tomàs Vila Mayol. Representa a un payés mayor vestido con la indumentaria tradicional del siglo XVIII. Construido en 1951 con arquitectura mediterránea y remodelado en 2003, el Mercat de l’Olivar comparte los puestos de un mercado tradicional, con una amplia oferta gastronómica. Nos detuvimos ante todo en los puestos más numerosos, los de pescado. Concluida la visita comimos una pizza en el Café Mool, en la misma Plaça de l’Olivar.

Caminando en descenso por el centro histórico regresamos al Aparcament Parc de la Mar, donde cogimos el coche para cubrir los algo más de 4 km que nos separaban del Castillo de Bellver, construido a principios del siglo XIV sobre una colina, a 112 metros de altitud, disfrutando de una amplia vista de la fachada marítima de Palma de Mallorca. Se trata de una fortificación de estilo gótico, que destaca por su planta circular con tres torres adosadas y una torre homenaje, también circular. Abre de martes a sábado de 10 a 19 h y los domingos y festivos de 10 a 15 h. La entrada cuesta 4 € (mayores de 65 años: 2 €). De aquí regresamos al hotel, dando por concluida la jornada.

La jornada del 16 de abril la dedicamos a recorrer la costa Sureste de Mallorca, disfrutando de hermosos paisajes, realizando la primera parada, tras recorrer algo más de 70 km, cerca de Santanyí, en el Mirador de la preciosa Cala s’Almunia. He dicho parar pues solo pude hacerlo unos momentos en un par de lugares para fotografiar la abrupta costa, pues fue imposible aparcar dado la cantidad de coches que había. Si que pude hacerlo 15,5 km después en el Far de Cap Salines, situado en el punto más meridional de la isla de Mallorca. Luego paramos a tomar algo en Ses Salines, que los jueves de de 9 a 13 h celebra el mercadillo de frutas, verduras, textil y flores.

A 6 km de Ses Salines estaba el lugar que habíamos escogido para comer, Colonia de Sant Jordi, un lugar que nos encantó por su tranquilidad, del que salen las excursiones a la isla de Cabrera, visible durante toda la jornada. Aparcamos el coche cerca del Faro de sa Puntassa y caminamos casi 1 km hasta la zona del puerto y la playa para comer en el Restaurante Marisol, muy bien por cierto, donde compartimos una riquísima y abundante ensalada y una ración se sepia. Tras la comida continuamos nuestro recorrido deteniéndonos 4 km después en las Salines des Trenc, para concluir la ruta 27 km más tarde en Cap Blanc, donde disfrutamos de otro espectacular acantilado, el faro y la torre vigía. Por delante nos quedaban 86 km para regresar al hotel y dar por concluida la jornada, sin bicis, ni atascos.

El 17 de abril iniciamos la jornada desplazándonos a un lugar muy cercano, situado a 3,5 km de Puerto de Alcudia, Alcanada, una playa de cantos rodados accesible para perros. Rodeada de pinos, cuenta con sendero muy frecuentado por la población local, por el que dimos un agradable paseo mientras contemplamos el faro de Illa d’Alcanada. De regreso a Puerto de Alcudia, nos detuvimos en Maristany,  un área de especial protección para las aves y, más tarde, en Llac Gran, un sistema de lagos y canales artificiales, ideal para la `práctica del remo.

La siguiente cita la tuvimos a poco más de 25 km del hotel en Colònia de Sant Pere, otro lugar tranquilo perteneciente al municipio de Artá, en el que dimos un agradable paseo por el Passeig de la Mar, en el que se encuentra la escultura dedicada a la Dona d’Artá. También contemplamos un antiguo búnker y, como telón de fondo, las dos Torres de Senyals Costaneres de Son Viulí, construcciones militares del siglo XX que servían tanto para maniobras como para marcadores de distancias para la marina de guerra.

Regresamos a comer al hotel y, tras la comida, me desplacé 9 km hasta un lugar en el que ya estuvimos, pero que no pude ver con tranquilidad, Can Picafort, complejo turístico perteneciente al municipio de Santa Margalida, que cuenta con un buen paseo marítimo. Caminando por él fui descubriendo los vistosos grupos escultóricos del artista de Pollença Joan Bennàssar, además de dos Torres de Enfilación. Concluida la visita regresé al Hotel, pues a las 18 h tenía que devolver el coche.

El 18 de abril, como no íbamos a ir al aeropuerto hasta media tarde, nos dirigimos a la vecina Alcúdia, donde habíamos dejado una visita pendiente, la ciudad romana de Pollentia, fundada por el cónsul Quinto Cecilio Metelo en el año 123 aC. Lo más interesante son las áreas de la Portezuela, el Foro, y, especialmente, el Teatro. Los horarios de visita son un poco curiosos: lunes de 9 a 15 h, martes a jueves de 9 a 19 h, viernes y sábados de 9 a 13 h y domingos de 9 a 15 h, cerrando los festivos. La entrada cuesta 4 € (mayores de 65 años: 2,50 €). Como ya no teníamos coche, regresamos a Platja de Muro en autobús.

Sobre las 17 h tuvimos el traslado al aeropuerto internacional Son Sant Joan, de Palma de Mallorca, donde tomamos el vuelo VY3933, de Vueling, con salida a las 20:20 y llegada prevista al aeropuerto de Bilbao a las 21:54 h, muy puntual por cierto, aunque el vuelo dura solo una hora y diez minutos. En el aeropuerto compramos un par de ensaimadas, producto muy tradicional en Mallorca y contemplamos la escultura “Mujer recostada”, obra de Fernando Botero (1992).

De esta forma concluyó nuestra estancia de diez días en la isla de Mallorca.

Diez días en Mallorca (2)

Continúo el relato de la tercera escapada del año, realizada a Mallorca del 9 al 18 de abril, que dejaba la pasada semana tras visitar la localidad de Santa Margalida. El 12 de abril, domingo, como se encuentra a tan sólo 5,5 km del hotel y las previsiones meteorológicas no eran buenas, decidimos desplazarnos a Alcudia, preciosa población rodeada por una muralla, junto a la que existe un amplio aparcamiento. No obstante, nos desplazamos en autobús (3 € el billete que baja a 1,80 € si se paga con tarjeta de crédito). El autobús deja frente a la iglesia de Sant Jaume, que estaba cerrada. Bordeamos la muralla hasta Porta del Moll, para luego recorrer el Carrer Major, la calle más comercial, en la que se encuentra el Ayuntamiento y, a unos pasos, Can Torró (siglo XVI). Caminamos hasta la Porta de Mallorca y luego recorrimos el tramo se muralla que nos faltaba.

El otro motivo para acercarnos a Alcudia es que los domingos y también los martes, se celebra, uno de los mercadillos más grandes y populares de Mallorca, que ocupa el passeig de l’Historiador Pere Ventalyol y el de la Mare de Deu de la Victoria. Es un buen lugar para comprar productos locales, artesanía, ropa y calzado. En uno de los puestos de fruta venden zumo de naranja hecho al momento. En el primero de los paseos citados, frente a la parada del autobús, se encuentra la Oficina de Turismo de Alcudia.

Como la previsión de lluvia incluía el lunes por la mañana, el 13 de abril nos desplazamos a un lugar en el que la lluvia no afecta, las Coves del Drac, distantes 49,3 km del hotel. Se trata de un conjunto de cuatro grandes cuevas situadas cerca de la población de Porto Cristo, cuyo interior se pude recorrer cada hora, entrando con un enorme grupo de 500 personas. Tras contemplar las estalactitas y estalagmitas, la visita concluye con un concierto de 10 minutos junto a uno de los mayores lagos subterráneos del mundo, que luego se puede atravesar en barca. Lo que no cuentan es que para salir hay que subir 114 escaleras. Precio: 18,50 € (online), 19,50 € (taquilla). https://www.cuevasdeldrach.com/

A tan solo 600 metros de las Coves del Drac tenemos la siguiente cita, la Torre del Serral dels Falcons, una torre de planta circular, construida en 1577, que formaba parte de la red de torres costeras que alertaban de la presencia de piratas en la costa. Lo curioso es que la puerta de acceso la tiene a unos 4 metros de altura. Esta torre debe de ser importante, pues cuando estábamos junto a ella llegó un autobús repleto de turistas. Desde sus proximidades contemplamos el Far d’es Morro de Sa Carabassa, dirigiéndonos a continuación a comer al Port de Cala Bona, cosa que hicimos en el restaurante italiano Paparazzi, tras contemplar la escultura “Sa dona de Cala Bona”, inaugurada en mayo de 2022 y dedicada a Magdalena Rigo, la primera mujer bombero de Europa.

Tras la comida y recorrer 15 km nos detuvimos para fotografiar el Castell de Capdepera, una fortaleza amurallada construida en el siglo XIV en la cima del Puig de Capdepera. No subimos al castillo cuya entrada cuesta 3 €. De regreso al hotel nos detuvimos 9 km más tarde en Artà, pueblo tradicional mallorquín sobre el que se alza la fortaleza y el Santuari de Sant Salvador (abre de 8 a 18 h), construido en el siglo XIV. Desde él se tiene una espectacular vista de Artà. Tiene carretera de acceso, y 180 escaleras si quieres subir caminando desde el pueblo.

Poco antes llegar al Santuari de Sant Salvador, en la entrada de Artà nos acercamos a un lugar del que no había oído hablar, el poblado talayótico de Ses Païses, datado en el año 850 aC. Situado en un encinar, el poblado tiene forma elíptica, con 13.500 m² de extensión y un perímetro de la muralla de 374 metros. Se trata de uno de los asentamientos más extensos y mejor conservados de Mallorca. Contó con 59 viviendas, estimándose que estuvo habitado por unas 325 personas. Nos pareció un poco flojo comparado con los que vimos en Menorca y la entrada cara, 4 €. Teníamos 30 km para regresar al hotel, dando por concluida la quinta jornada en Mallorca.

Nuestro destino principal para el 14 de abril fue Sóller, distante 64 km del hotel y uno de los pueblos de interior más bonitos de Mallorca. Cuenta con un interesante casco antiguo situado en torno a la Plaza de la Constitución, a la que se asoman el Banc de Sóller (actual Santander), el Ayuntamiento y la iglesia de San Bartolomé, que cuenta con una de las fachadas más notables del modernismo mallorquín, obra del arquitecto Joan Rubió i Bellver, discípulo de Antoni Gaudí. La entrada cuesta 2 €. En el centro de la plaza hay una fuente forrada con naranjas y limones. En la Plaça d’Espanya se encuentra la Oficina de Turismo, que abre de lunes a viernes de 10 a 16:30 h y los sábados de 9:15 a 13 h. Junto a ella sale el tranvía que se dirige al Port de Sóller. Resulta difícil aparcar en Sóller, pues el centro es zona de bajas emisiones y los aparcamientos están reservados a residentes (zona verde), así que hay quee dejar el coche en la periferia.

La siguiente cita la tuvimos en un lugar del que no había oído hablar hasta hace poco y que forma parte de los pueblos más bonitos de España. Situado a tan solo 4 km de Sóller en plena sierra Tramuntana, se trata de Fornalutx, que cuenta con pintorescas calles como el Carrer del Metge Mayol, el de l’Esglesia y el de Sant Sebastià, destacando también la iglesia de la Nativitat de la Mare de Déu y el Ayuntamiento, que ocupa el antiguo casal de Can Arbona, con su gran torre defensiva del siglo XIV. Todavía no lo he dicho, pero Mallorca nos ha resultado muy cara. En Fornalutx comimos en un lugar muy básico, el Corella Cafe por 46 € los dos: sendos sandwichs de sobrassada y vegetal a 13 € cada uno, dos copas de Cambuix rosado a 8,50 € cada una y un botellín de agua, a 3 €. Precios para alemanes.

Tras la comida nos dirigimos a tomar el café y a dar un paseo al Port de Sóller, distante 7,5 km. Se trata de un pueblo costero que se ha puesto de moda por el pintoresco tranvía que lo une a Sóller y que ya cogimos hace 25 años. Ahora cuesta 20 € ida y vuelta. Nos acercamos a los puertos deportivo y pesquero, que convierte a este pueblo en un buen lugar para comer pescado y marisco. Finalizadas las visitas tuvimos 68 km para regresar al hotel en Platja de Muro, dando por concluida la sexta jornada en la isla.

Todavía nos quedaban cuatro días para recorrer Mallorca, pero de ello espero hablar en una próxima entrega. La escapada continúa.

Diez días en Mallorca (1)

Realizada del 9 al 18 de abril a través de Mundicolor, la tercera escapada del año tuvo como destino la isla de Mallorca. El vuelo de Vueling salió del aeropuerto de Loiu el día 9 a las 8:50 h, llegando al de Palama de Mallorca poco después de las 10, antes de la hora prevista, sucediendo lo mismo en el vuelo de regreso. Para pasar las nueve noches de esta escapada elegimos el Hotel Aluasun Continental Park ****, situado en la calle Iola, 4 de Platja de Muro. La zona no nos atrajo mucho, pero tiene la playa muy cerca, cosa que no solemos frecuentar y más cerca aún la parada de los autobuses a Alcudia, Can Picafort y Palma.

Tras comer, instalarnos en la habitación y una breve siesta, salimos a comprar agua y a contemplar nuestro entorno playero, la platja de Muro, que tiene casi 6 km de longitud, arena blanca, dunas y agua de color turquesa, lo que la convierte en una de las mejores de la isla. Luego tuvimos que caminar unos 600 metros para llegar a la oficina de Clickrent, donde tenía reservado el coche, situada bajo el hotel Ivory Playa. Como llegamos antes de la hora dimos un agradable paseo bordeando Platja d’Alcúdia por la zona de las dunas, cosa que no es posible por las proximidades de nuestro hotel.

El 10 de abril realizamos la primera excursión, teniendo como destino Cap de Formentor, ubicado al final de una península de 20 km de longitud y situado a 31 km del hotel. Breve parada en la playa de Pollença y la siguiente en el Mirador del Colomer, donde ya llevábamos un rato “sufriendo” a los numerosos ciclistas que invaden la estrecha carretera. Menos mal que tuve la suerte de que me entregaran un Renault Symbioz, con mucho reprís para los adelantamientos. Nos habían dicho que hay muchas cabras, pero aquí vimos a la única. La carretera cuenta con espectaculares paisajes, en forma de altos acantilados, la Cala Figuera y el Cap de Catalunya, pero no puede llegar al faro, dándome la vuelta unos 300 metros antes de llegar debido al descomunal atasco. Esto hizo que modificáramos futuros planes. Del 15 de mayo al 18 de octubre, la circulación por esta carretera está restringida de 10 a 22 h.

Un poco desilusionados con nuestro debut, nos dispusimos a desandar lo andado y dirigirnos a la localidad de Pollença, distante 23 km, dirigiéndonos en primer lugar a la Oficina de información turística, sita en la Plaça Major, 17, que abre de lunes a sábado de 9 a 16 h, donde nos recomendaros visitar el claustro barroco del convento de Santo Domingo, que cerraba a las 13:30, al que se accede por el coqueto Museu de Pollença, al que también realizamos una breve visita. La entrada es gratuita. No tuvimos la misma suerte con la iglesia de la Mare de Déu dels Àngels, que se asoma a la Plaça Major, pues estaba cerrada. Así que aprovechamos para comer en uno de los restaurantesde la plaza. Antes de marchar nos acercamos hasta el busto de la pedagoga Clara Hammerl, desde donde se contempla El Calvari, al que no llegamos, pues nos parecían muchas las 365 escaleras de acceso.

Estábamos a tan solo 13 km del hotel pero, como todavía era temprano, nos dirigimos al Parque Natural de s’Albufera de Mallorca, cuyo acceso teníamos a menos de 2 km del hotel. Para llegar lo mejor es poner en Google Maps: Aparcament Parc de s’Albufera, desde donde hay que caminar unos 1.200 m, pasando por el puente de los Ingleses para llegar al Centro de información de Sa Roca y al Centro de interpretación de Can Bateman. Lo malo es que cierran a las 16 h y el parque a las 18 h, no entendiendo la existencia de un horario tan limitado. De esa zona salen tres rutas para recorrer el mayor humedal de Baleares (2.036,23 ha), Eso si, pudimos ver más variedad y cantidad de aves de las que pensábamos e incluso un flamenco.

Iniciamos la jornada del 11 de abril cubriendo los 64 km que nos separaban de Valldemossa, esta vez por buena carretera. Esta población está situada en la Sierra de Tramuntana, en un valle rodeado de montañas, presumiendo de ser es uno de los pueblos más bonitos de Mallorca. Nos dirigimos en primer lugar a la Real Cartuja, de la que hablo a continuación. Enfrente se encuentran el Museo Frédéric Chopin, la iglesia de la Cartuja y los Jardines del Rey Juan Carlos I. En el lado opuesto tenemos el Mirador de Miranda des Lledoners, que ofrece las mejores vistas de Valldemossa, de la que sobresale la Iglesia de Sant Bartomeu, del siglo XIII, a la que luego nos acercamos. A Valldemossa se le considera el lugar donde nació la tradicional “merienda mallorquina”, la famosa coca de patata, que se elabora a base de huevos, harina, azúcar, manteca y patatas. La Oficina Municipal de Turismo de Valldemossa, sita en avenida de Palma, 7, estaba cerrada, pues solo abre de lunes a viernes de 10 a 18 horas.

La Real Cartuja es la construcción más notable del patrimonio de Valldemossa. Se trata de un palacio del siglo XIV rodeado por un espectacular entorno natural. La Cartoixa de Valldemossa, como se dice en mallorquín, se construyó por orden del rey Jaime I de Mallorca, habiendo alojado a lo largo de su historia a numerosos personajes célebres. Tras escuchar una interpretación de Chopin al piano, accedimos al interior del que fue residencia durante tres meses del músico. La Cartuja abre de lunes a viernes de 10 al 17 h y los sábados hasta las 16 h. La entrada cuesta 12,50 €, 10 € los mayores de 65 años. No resulta fácil aparcar en Valldemossa, pese a que todos los aparcamientos son de pago (zona azul).

Nuestra ruta continuó siguiendo la carretera costera, repleta de curvas, a lo largo de 43 km hasta Andratx, contemplando impresionantes acantilados y la Torre de Es Verger, en Banyalbufar. Se trata de una torre de vigilancia y señalización costera, levantada en 1579. Nuestro destino en Andratx era la oficina de turismo, ubicada en el Ayuntamiento, que ocupa el castillo de Son Mas, pero estaba cerrada pues solo abre de lunes a viernes de 8 a 15 h. En la policía municipal amablemente nos recomendaron que fuéramos a Port d’Andratx, donde aprovechamos  para comer en el restaurante italiano Buon Appetito, situado frente a los barcos de pesca. Tras la comida nos desplazamos al final de la zona portuaria, donde se encuentra el Far d’Andratx.

Teníamos por delante 84 km para regresar al hotel, ya por buenas carreteras, cuando ya bastante cerca vimos en un alto una torre de vigilancia y un molino. No sabíamos donde nos encontrábamos pero intentamos sin éxito llegar a ellos, pues están en una zona cercada de difícil acceso. Por el GPS supimos que estábamos en Santa Margalida, que toma el nombre de la iglesia del pueblo, a la que llegamos. Tuvimos la suerte de coincidir con el sacristán, quien amablemente nos encendió las luces de todas las capillas. Luego, en la plaza del pueblo vimos el monumento dedicado a Santa Catalina Thomas “La Beata”, nacida en Valldemossa, que es la primera santa nativa de Baleares. Breve parada en Can Picafort, que pertenece al mismo municipio y a donde volví casi al final del viaje, y regreso al hotel.

De esta forma concluyó la tercera jornada de nuestro viaje por Mallorca, isla en la que todos los carteles están solo en mallorquín. Todavía nos quedaban siete días por delante, pero de ello espero hablar en próximas jornadas.

Escapada vallisoletana (y 3): Una mañana en Valladolid, la capital

Concluyo el relato de la segunda escapada del año, realizada del 23 al 27 de marzo por la provincia de Valladolid. Me quedaba pendiente comentar la intensa mañana que pasamos el 26 de marzo en Valladolid capital, distante 35 km de Tordesillas, dejando el coche en el parking Plaza Mayor (MOVASA). Contemplamos el Ayuntamiento y la estatua del conde Pedro Ansúrez, situada en el centro de la plaza y nos dirigimos a la Fuente Dorada, para luego acercarnos al Pasaje Gutiérrez, galería comercial cubierta inaugurada en 1886. Muy cerca encontramos una figura que ya vimos en nuestra anterior estancia en Valladolid, en el año 2013, el Arlequín, de Ángel Membiela, situado bajo el mural “Rosa del desierto”.

Llevábamos caminando unos 900 metros cuando llegamos a uno de los puntos fuertes de la mañana, el Palacio de Santa Cruz, uno de los primeros palacios renacentistas de España, pues fue inaugurado en 1491. Actual sede del rectorado de la Universidad de Valladolid, alberga la capilla del Cristo de la Luz, de Gregorio Fernández, la Biblioteca Histórica de la Universidad y un hermoso patio, al que se asoman algunas salas que acogen el Museo de arte africano, de la Fundación Jiménez-Arellano, que ya visitamos en 2013, comenzando por la parte dedicada a la “Escultura figurativa en terracota de África subsahariana”.

En la entreplanta del monumental patio, en la Sala de San Ambrosio, encontramos la otra espectacular exposición del arte africano, dedicada al “Reino de Oku”, situado en la región de Grasslands (Camerún), Cuenta con un centenar de objetos de madera, muchas de cuyas figuras están cubiertas con máscaras de organizaciones secretas. En un piso superior contemplamos la exposición temporal “Las culturas Melanesias en las Highlands del Goroka Fest (Papúa-Nueva Guinea)”, colección de fotografías de Marco Negroni que se clausuró el 4 de abril. El Museo Arte Africano abre a diario de 11 a 14 y de 16:30 a 19:30 h, siendo gratis la entrada, así que es un lugar que merece realmente la pena visitar.

A poco más de 300 metros tenemos la plaza de la Universidad, a la que se asoma la majestuosa Facultad de Derecho, una de las sedes universitarias más antiguas de España, teniendo enfrente la estatua de Miguel de Cervantes. Unos pasos detrás tenemos la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, conocida como “La Inconclusa” debido a que su construcción nunca se vio finalizada. La entrada es gratuita. Muy cerca, frente a un sencillo grupo escultórico dedicado a la Semana Santa, contemplamos el símbolo por excelencia de Valladolid, la iglesia de Santa María de la Antigua, que cuenta con el campanario románico más alto de España. Lástima que estaba cerrada.

Enseguida llegamos al Palacio de Pimentel, sede de la Diputación de Valladolid, cuya construcción se inició en el siglo XV. Abre de 12 a 14 y de 19 a 21 h y cuenta con un interesante patio interior y un zaguán con un zócalo de azulejos con doce escenas de episodios históricos de la ciudad, realizados por el ceramista talaverano J. Ruiz de Luna. Muy cerca tenemos la estatua dedicada a Felipe II y la preciosa iglesia de San Pablo, cuya fachada es la joya gótica por excelencia de Valladolid, realizada en el siglo XVI. Hemos caminado unos 2 km y estamos a punto de llegar al punto más lejano del recorrido.

Iniciamos la última visita de la jornada al cercano Museo Nacional de Escultura, que cuenta con tres edificios, comenzando en el que se compra la entrada al precio de 3 €, siendo gratuita para los mayores de 65 años. Se trata del Colegio de San Gregorio, construido a finales del siglo XV, edificio gótico de monumental fachada y elegante patio interior. Las primeras salas las ocupa el retablo procedente de la iglesia de San Benito el Real, obra de Alonso Berruguete. También podemos contemplar la sillería del coro bajo del mismo monasterio, realizada por Andrés de Nájera. El resto de salas guardan notables obras de Gregorio Fernández, Pedro de Mena y Juan de Juni, entre otros. Es la colección más importante del museo.

En el mismo edificio se encuentra la capilla, de estilo gótico tardío hispano-flamenco, que cuenta con varias piezas muy representativas de la colección del museo. Casi enfrente tenemos otro de los edificios del Museo Nacional de Escultura, el Palacio de Villena, construido en el siglo XVI. Nada más acceder a su interior encontramos un elegante patio porticado. En el piso superior se encuentra la atracción de este edificio, el Belén Napolitano, que procede de la colección de los hermanos Emilio y Carmelo García de Castro, contando con cantidad de figuras, que lo hacen muy atractivo.

Tuvimos que apretar el paso para llegar al tercer edificio del Museo Nacional de Escultura, el Palacio del Conde de Gondomar, más conocido como Casa del Sol, construida en 1540 para el licenciado don Sancho Díaz de Leguizamón, que guarda las copias de la antigüedad clásica realizadas en el siglo XIX, por los mejores museos europeos, en este caso procedentes del extinguido Museo de Reproducciones. El horario de apertura de las tres sedes es de 10 a 14 y de 16 a 19:30 h. Tras la visita, como eran las dos de la tarde, aprovechamos para comer a tan solo 60 metros, en Hasta La Peineta Taberna.

Tras la comida nos dispusimos a recorrer el kilómetro que nos separaba del parking de la Plaza Mayor, pasando ante el Palacio Real, residencia oficial de los reyes de España cuando Valladolid fue sede de la Corte (1601-1606), los Palacios de Fabio Nelli (Museo de Valladolid) y de los Marqueses de Valverde y la iglesia De San Benito, construida a principios del siglo XVI en estilo gótico. Enfrente se encuentra el Mercado del Val, inspirado en Les Halles de París, con los puestos ya cerrados pero la zona hostelera a tope. A punto de llegar a la “meta”, en la plaza de la Rinconada, a la que se asoma la parte trasera del Ayuntamiento, se encuentra la Fuente de los Colosos, con esculturas de Pedro Monje.

Pasamos una mañana muy intensa en Valladolid, visitando varios de sus edificios más importantes, aunque nos ha quedado otro notable lugar según nos recomendaron, el Museo Oriental, pero nos pillaba un poco a desmano. Además, siempre hay que dejar algo pendiente para poder volver.

Escapada vallisoletana (2): Urueña, Medina de Rioseco y Tordesillas

Continúo el relato de la escapada realizada a la provincia de Valladolid del 23 al 27 de marzo, que dejaba hace dos semanas en Medina del Campo. El día 25 iniciamos la jornada desplazándonos 37 km hasta la población de Urueña, rodeada por una muralla del siglo XI, de unos 800 metros de perímetro y perfectamente conservada, que rodea la villa situada junto al castillo. En el punto de unión de la muralla y el castillo se encuentra un cubo de grandes dimensiones, conocido como Peinador de la Reina o Torreón de Doña Urraca. Poco antes de llegar nos detuvimos en una gran ermita de la que no habíamos oído hablar, dedicada a Nuestra Señora de la Anunciada, que es el único ejemplar completo que se conserva en Castilla-León de estilo románico lombardo (siglo XII). Por un instante pudimos ver su interior, donde se guarda la imagen del siglo XIII, cuya festividad se celebraba ese mismo día, 25 de marzo.

La puerta del Azogue nos dio acceso al conjunto histórico-artístico de Urueña, conocida como la primera Villa del Libro de España, además de pertenecer a la red de “Uno de los pueblos más bonitos de España”. Pese a tener tan solo 197 habitantes cuenta con 5 museos y 9 librerías. Nos dio la bienvenida la iglesia de Santa María del Azogue, gótico renacentista del siglo XVI, pasando luego por la Plaza Mayor, donde se encuentra el Ayuntamiento, siguiendo hasta la Puerta de la Villa, abierta en la muralla sobre la que caminamos hasta el Mirador de El Roto. Llamaron nuestra atención los carteles de las calles y la presencia vasca, ilustrada con “Etxe Jone”.

La siguiente cita la tuvimos a 26 km, en la localidad a la que dedicamos buena parte de la jornada, Medina de Rioseco, de 4.617 habitantes, joya de la Tierra de Campos vallisoletana, ya que cuenta con un inmenso legado de la época de los Almirantes, declarado Conjunto Histórico-Artístico. Nada más llegar nos dirigimos a la Plaza Mayor, que el miércoles 25 de marzo celebraba un gran mercadillo, que también se extendía por la porticada Rúa Mayor. En nuestro paseo monumental nos detuvimos ante el mural dedicado a Catalina Martín, heroína en la batalla de Medina de Rioseco, conocida como la Batalla del Moclín, También pasamos bajo dos de las tres puertas de la muralla que se conservan, la de Ajújar, del siglo XIII y la de Zamora, reconstruida en el siglo XVI.

Lo más importante del Conjunto Histórico-Artístico son sus iglesias, por lo que, al precio de 9 €, se compra la entrada a cuatro de ellas, tres con visita guiada. Comenzamos visitando la única que se realiza por libre, en la que se compra el bono para las cuatro (no cogen tarjeta de crédito). Se trata de la iglesia de Santa Cruz, que cuenta con un magnífico retablo mayor, pero que ha sido convertida en Museo de la Semana Santa, declarada de Interés Turístico Internacional, para guardar pasos de los más insignes imagineros castellanos, como Juan de Juni o Gregorio Fernández, entre otros.

Tuvimos que darnos prisa, pues a las 12:30 h teníamos la visita guiada a la iglesia de Santa María de Mediavilla, de los siglos XV-XVI, que guarda una joya conocida como la “Capilla Sixtina de Castilla”. Se trata de la capilla funeraria de la familia Benavente, mandada construir en 1544 en la antigua sacristía de la iglesia. Ante nuestra sorpresa la visita guiada fue solo para nosotros dos, al igual que sucedió en las otras dos iglesias. La siguiente visita fue a la iglesia de Santiago Apóstol, de estructura gótica y barroca, que cuenta con tres portadas, destacando la plateresca (s XVI), de Rodrigo Gil de Hontañón. En su interior destaca el fabuloso retablo barroco de traza churrigueresca de la capilla mayor.

Tras comer en la Cervecería “El Rincón de Unamuno”, al final de la Rúa Mayor, nos dirigimos a la última vista, el Museo-Iglesia de San Francisco, del siglo XVI, cuya visita de 45 minutos se realiza de forma espectacular, ya que se accede al templo con las luces apagadas, iluminándose de forma gradual las joyas que guarda, entre las que destacan los retablos platerescos realizados por Miguel de Espinosa y las estatuas en bronce de Dª Ana y Dª Isabel de Cabrera, esposa y cuñada del Almirante D. Fadrique, realizadas por Cristóbal de Andino en 1532. De esta forma concluyó la visita a la monumental Medina de Rioseco, quedándonos pendiente un pequeño recorrido en barco por el Canal de Castilla.

Todavía tuvimos tiempo para realizar una última visita en esta jornada, el castillo de Fuensaldaña, situado a 38 km de Medina de Rioseco y 41 km del Parador de Tordesillas. Pertenece a la denominada Escuela de Valladolid, de la segunda mitad del siglo XV, que se caracteriza  por construcciones con una gran torre del homenaje, comenzando a edificarse en el siglo XIII, aunque su aspecto actual data del siglo XV, cuando el castillo fue la residencia señorial de los Vivero. Fue sede de las Cortes de Castilla y León y actualmente un museo que abre de martes a sábado de 10:30 a 14 y de 16:30 a 20 h y los domingos y festivos de 10:30 a 15 h. La entrada cuesta 5 €, reducida 4 € y miércoles tarde gratis.

He dejado para el final de esta entrega Tordesillas, la localidad en la que nos alojamos en esta escapada y que visitamos a trompicones, en diferentes tardes y en la mañana del día de regreso a casa, debido a que las horas de cierre de los diferentes monumentos en marzo eran bastante tempranas. En varias ocasiones vimos el puente medieval sobre el río Duero, con el centro histórico como telón de fondo. Junto a él se encuentra el monumento al Toro de la Vega. También nos acercamos a la porticada Plaza Mayor, que data de los siglos XVI y XVII, contemplamos las torres de las iglesias de San Juan, Santa María y San Pedro y realizamos parte de la Ruta de arte urbano, que recorre 16 murales realizados entre los años 2007 y 2018.

La tarde del 26 de marzo justo antes de que cerraran pudimos visitar las Casas del Tratado, en las que se sitúa se sitúa las negociaciones de la firma, en 1494, del Tratado de Tordesillas entre España y Portugal. Una es una biblioteca y la otra ha sido convertida en museo de entrada libre. Casi al lado tenemos la estatua de Juana I de Castilla. Frente a ella se encuentra la iglesia de San Antolín, del siglo XV, que ha sido convertida en museo. Destaca en su interior su retablo mayor con pinturas de Felipe de Mena (s XVII) y las notables obras de arte que guarda, como esculturas de Juan de Juni y un Cristo yacente de la escuela de Gregorio Fernández, entre otras.

El 27 de marzo, antes de abandonar el Parador y emprender el regreso a Leioa, nos acercamos al principal monumento de Tordesillas, el Museo Real Monasterio de Santa Clara, donde teníamos a las 10:30 la visita guiada. El edificio fue mandado construir por Alfonso XI, en el siglo XIV para dedicarlo a palacio, aunque posteriormente, con Pedro I, se convirtió en monasterio. Considerado como uno de los mejores ejemplares del arte mudéjar en Castilla y León, cuenta en su interior con una iglesia gótica con armadura mudéjar en la capilla mayor. Mención especial merece el retablo de la Capilla de los Saldaña, gótico flamenco del siglo XV, que también alberga los sepulcros de Fernán Alonso de Robles y su esposa, María de la Torre. También son notables el patio, con ornamentación de imitación musulmana y los baños árabes.

Quiero advertir que el Museo de Santa Clara pertenece a Patrimonio Nacional y que en taquilla no realizan venta anticipada de entradas, obligándote a comprarlas por Internet en https://tickets.patrimonionacional.es/es/tickets/monasterio-sta-clara al precio de 9 € más un recargo de 77 céntimos. Todavía me queda por contar la mañana que pasamos en la ciudad de Valladolid el 26 de marzo, pero de ella espero hablar en una próxima entrega.

Escapada vallisoletana (1): De Simancas a Olmedo

Realizada del 23 al 27 de marzo, la segunda escapada del año ha tenido como destino la provincia de Valladolid, un territorio muy extenso, de 8.111 km², situado a una altitud media de 700 metros y poblado por 528.644 habitantes. Durante estos cinco días hemos visitado interesantes y monumentales poblaciones. Como Tordesillas, Simancas, Olmedo, Medina del Campo, Urueña, Medina de Rioseco y Valladolid capital. En la mayoría ya habíamos estado con anterioridad. De las que considero más interesantes, hemos prescindido de Peñafiel, pues lo visitamos hace menos tiempo. Hemos visto muchos viñedos, pero quienes nos han acompañado en todos los pueblos han sido las cigüeñas, que se han adueñado de los campanarios de las iglesias y de las almenas de los castillos.

Como campamento base para esta escapada hemos elegido el Parador de Tordesillas ****, situado a 704 metros de altitud y a 326 km de Leioa, que se realizan en su totalidad por autopista y autovías. El edificio es una casa solariega rodeada de un frondoso pinar y un cuidado jardín, situada a 1 km de Tordesillas y 28 km al suroeste de Valladolid. Cuenta con una piscina exterior y otra interior climatizada, además de un excelente restaurante, aunque, como está pasando en otros Paradores, escasea el servicio. En sus proximidades hay tres restaurantes, Mesón Duero, a 300 m y Abrasador El Astral y Doña Carmen, a 1 km.

Tras instalarnos en el Parador, comer y descansar un rato, decidimos pasar la tarde en Simancas, una población distante 23 km. por la que hemos pasado numerosas veces sin detenernos nunca. Situada a 10 km de Valladolid, su principal atractivo es el Archivo General de Simancas, fundado por Carlos I en 1540 en el castillo, reconstruido de una antigua fortaleza árabe, en el siglo XV por la familia Enríquez, almirantes de Castilla. Buena parte de la exposición se encuentra en la hermosa Sala Juan de Herrera. Tiene un amplio horario, pues abre todos los días de 10 a 14 y de 17 a 21 h, siendo la entrada gratis.

Concluida la visita del castillo nos desplazamos tan solo unos metros a la Plaza de la Cal para contemplar el Monumento a Las Siete Doncellas, realizado en bronce por el escultor Gonzalo Coello en el año 2009, que representa la leyenda según la cual el reino de León debía entregar 100 doncellas como tributo al califa Abderramán II, siete de las cuales eran de Simancas, pero éstas prefirieron cortarse sus manos para que el califa las repudiara. Se dice que el nombre de Simancas procede de Siete mancas. Luego nos acercamos a la iglesia parroquial El Salvador, de estilo gótico tardío (siglo XVI), con torre de románica del siglo XII, para más tarde caminar sobre los 17 arcos del puente medieval sobre el río Pisuerga.

El 24 de marzo iniciamos la jornada desplazándonos 56 km hasta un lugar que no conocíamos, el Museo de las Villas Romanas (MVR), situado en Puras, al sur de la provincia de Valladolid, que nos permite trasladarnos al siglo IV y conocer la forma en la que se desarrollaba la vida romana en el medio rural. El conjunto museístico está formado por varios edificios comenzando la visita en el Museo. MVR abre de martes a viernes de 10:30 a 14 y de 16 a 18 h y los sábados, domingos y festivos de 10:30 a 15 h. La entrada cuesta 4 € (3 € los mayores de 65 años).

Del museo pasamos a recorrer por una pasarela las ruinas de la Villa Romana de Almenara-Puras, casa señorial del siglo IV que cuenta con intereses mosaicos en el suelo, destacando la figura del caballo alado Pegaso, aunque aquí aparece sin alas, que pudimos contemplar en lo que fuera un salón o biblioteca. Posteriormente visitamos la réplica de una antigua casa romana. Cuando sacamos la entrada compramos la opción triple: MVR+Parque Temático del Mudéjar de Olmedo+Palacio del Caballero de Olmedo, al precio de 10,40 € (8,40 € los mayores de 65 años).

La siguiente cita la tuvimos a tan solo 12,5 km en una localidad en la que nos alojamos hace 15 años, Olmedo, dirigiéndonos en primer lugar a un lugar que no conocíamos, el Parque Temático del Mudéjar, que reúne una veintena de modelos a escala de algunos de los monumentos mudéjares más emblemáticos de Castilla y León. A continuación os muestro todos, de arriba abajo y de izquierda a derecha: Félix Arranz Pinto, creador de las maquetas, Castillo de Coca (SG). Ntra Sra de la Asunción. Muriel de Zapardiel (VA), San Salvador de Toro (ZA), San Pedro. Alcazarén (VA), Puertas de Cantalapiedra y de Medina. Madrigal de las Altas Torres (AV), Ermita de San Saturio (SO), Puerta de San Basilio, Cuéllar (SG). Palacio de Pedro I. Astudillo (P). San Tirso. Sahagún (LE), Monumento a la Soterraña, patrona de Olmedo (VA), San Andrés. Olmedo (VA), San Juan Bautista. Fresno el Viejo (VA), San Miguel y Fuente del caño nuevo. Olmedo (VA), Castillo de la Mota. Medina del Campo (VA). San Boal. Pozáldez (VA). Palomar de Olmedo (VA) y La Lugareja. Arévalo (AV), Abre todos los días de 10 a 14 y de 16 a 20 h.

Concluida la visita nos trasladamos al centro de Olmedo, dejando aparcado el coche en la Plaza de Santa María, situada entre la iglesia de Santa María del Castillo, gótica del siglo XVI y la Casa Consistorial, antiguo convento de la Merced. En nuestro recorrido por el casco antiguo pasamos junto a la Casa de la Villa, el Palacio de la Chancillería (Torre del Reloj), el Arco de la Villa, los restos de la iglesia mudéjar de San Andrés, las murallas y el Arco e iglesia de San Miguel, joya mudéjar de Olmedo del siglo XIII. Tras la comida visitamos el Palacio del Caballero de Olmedo, inmersión sensorial en la historia del Caballero de Olmedo, obra teatral de Lope de Vega, que abre a diario de 10 a 14 y de 16 a 20 h.

A media tarde nos desplazamos 21 km hasta Medina del Campo, en cuyas afueras se encuentra el impresionante Castillo de la Mota que, como hoy lo conocemos, data del siglo XV, comenzando su construcción durante el reinado de Juan II de Castilla, apoyándose en las viejas murallas medievales del siglo XII. El rey Enrique IV concluyó las obras y levantó la gran torre del Homenaje, siendo los Reyes Católicos quienes mandaron excavar el foso que circunda toda la construcción, siendo dicha obra la que convertirá al castillo en una referencia entre todas las fortalezas de su época. El exterior del castillo y la zona del patio de armas con la capilla y la sala de Juan de la Cosa se pueden visitar de forma gratuita de lunes a sábado de 11 a 14 y de 16 a 19 h y los domingos y festivos solo por la mañana.

Concluimos la jornada acercándonos al centro de Medina del Campo, población de 20.215 habitantes, en la que aprovechamos para tomar un café pero en la que ya no pudimos visitar nada por estar todo cerrado. No obstante recorrimos su casco antiguo contemplando la iglesia de San Miguel, el monumento al Ferroviario, las Reales Carnicerías y el lugar más interesante, la Plaza Mayor de la Hispanidad, presidida por la estatua de Isabel la Católica, a la que se asoman el  Palacio Real Testamentario de Isabel la Católica, que abre de martes a sábado de 10:30 a 14 y de 16 a 18 h y los domingos, lunes y festivos solo por la mañana (entrada: 2 €), También se asoman el Ayuntamiento y la Colegiata de San Antolín, en la que se puede hacer una visita guiada a la torre de martes a sábado a las 10:30 h y 16 h y los domingos a las 10:30 h. (precio: 3 €).

Por delante tuvimos 27 km para regresar al Parador. Todavía nos quedaba mucha provincia de Valladolid por recorrer. La escapada continúa, pero de ello espero hablar dentro de dos semanas.

FLORENCIA: El Palacio Pitti

En el viaje realizado a Florencia del 10 al 14 de junio del año pasado, hubo un lugar que llamó nuestra atención y que no conocíamos, el Palacio Pitti, así que vuelvo a él para mostrarlo de forma más pausada. El relato comienza en la Piazza della Signoria, a la que se asoma uno de los emblemas de Florencia, el Palazzo Vecchio (Palacio Viejo), construido entre 1299 y 1314 con forma de castillo y con una torre de 94 metros de altura. De aquí parte el Corredor Vasariano, construido en 5 meses por orden del gran duque Cosme I de Médici en 1565, que enlaza el Palazzo Vecchio con el Palazzo Pitti, que ahora se puede visitar partiendo de la Galería Uffizi, pero salen a la venta muy pocas entradas, por lo que no pudimos visitarlo, limitándonos a verlo por fuera, primero bordeando el río Arno y luego pasando por el Ponte Vecchio (Puente Viejo), construido sobre el río Arno a mediados del siglo XIV. En los siglos siguientes sus casas colgantes estaban ocupadas por carniceros, pero cuando la corte se trasladó al Palacio Pitti, Fernando I ordenó cerrar las tiendas por el mal olor, convirtiéndose desde entonces en joyerías. La parte alta del puente corresponde al Corredor Vasariano.

Con los 37 grados que había, el 12 de junio optamos con modificar nuestro programa pasando al plan B, en busca de un lugar más fresco, por lo que decidimos cruzar el puente para buscar refugio en el Palacio Pitti, distante 350 metros. Su construcción se realizó en la segunda mitad del siglo XVI por encargo del comerciante florentino Luca Pitti, amigo de Cosme de Medici, siendo realizada por Luca Fancelli. La decoración exterior responde a la arquitectura palaciega del Quattrocento florentino. Su interior alberga varios museos, así que, como no teníamos prisa, compramos la entrada conjunta para todos ellos.

Nuestro recorrido comenzó en la Galería Palatina, situada en el primer piso, que se añadió al Palacio Pitti en los siglos XVII y XVIII. El primer lugar que llamó nuestra atención fue la Galería de Esculturas, profusamente adornada, en la que, entre otras, contemplamos las estatuas de Asclepio, Cesar Augusto y Nella magnificenza. En nuestro recorrido pasmos por 14 estancias reales, donde se conserva gran parte del mobiliario original. En ellas vivieron miembros de los Médici, los Habsburgo y los Saboya.

Seguimos recorriendo la Galería Palatina, que guarda las principales colecciones de arte de los Medici, pudiendo contemplarlas como ellos lo hacían, En el Corredor de Poccetti disfrutamos de obras como “Ila y las ninfas”, de Francesco Furini (1630-1633), “La adoración de los pastores “, de Andrea Sghiavone, “La creación de Eva”, de Andrea di Mariotto (1560). “Expulsión de Adán y Eva del Jardín del Edén”, de Andrea di Mariotto (1560). “Nativita”, de Cosimo Roselli (1490) o “Retrato de una mujer joven”, de Sandro Botticelli (1485).

La Galería Palatina se abrió al público en 1833 y está compuesta de 28 salas, así que continuamos la visita contemplando los techos barrocos pintados al fresco mientras pasamos por las salas Ulises, Educación de Júpiter e Ilíada, además del baño de los duques de Toscana. También contemplamos obras como “Ecce Homo”, de Cigoli (1607), “Retablo de Gambassi”, de Andrea del Sarto (1525-1526). “Tintoretto”, de Andrea Frizieer (1578) o “Asunción de la Virgen”, de Andrea del Sart. Además de una fuente del siglo XV en la Habitación del Moro y la escultura “La Caritá”, de Lorenzo Bartolini.

De la Sala de la Ilíada pasamos a las de Saturno, Marte y Apolo. El nivel artístico sigue subiendo, con obras como “Felipe II de España” de Tiziano Vecellio, “El Arcángel Rafael rechazando el regalo de Tobías”, de Giovanni Bilivert, “Virgen del Baldaquino”, de Raffaello Sanzio (Rafael) (1506-1508), “Madonna della Cesta”, de Peter Paul Rubens, “La velata (La dama velada)”, de Rafael Sandio, “Inmaculada Concepción”, del napolitano Luca Giordano, “Retrato ecuestre de Felipe IV”, obra maestra de Diego Velázquez (1635) “Retrato de Alvise Cornaro», obra maestra de Tintoretto, “Retrato del Cardenal Guido Bentivoglio”, de Anthony van Dyck, “La Virgen con el Niño” (1650), de Bartolomé Esteban Murillo, “La Virgen con santos”, de Andrea del Sarto (1523-1524), “Doble retrato del enano Morgante”, de Agnolo Bronzino, “La hospitalidad de San Julián”, de Cristofano Allori, “Retrato del Papa Julio II”, de Rafael Sanzio y “El Concierto de”, de Tiziano, además de las esculturas “Vittoria”, de Vincenzo Consani (1867) y “Venus”, de Antonio Canova. La siguiente cita la tuvimos en los Apartamentos Reales, que cuentan con muebles suntuosos y obras de arte del siglo XVI al XIX, gustándome especialmente el Salón Verde.

Luego visitamos la Galería de Arte Moderno, ubicada en el segundo piso, que cuenta con una rica colección de esculturas y pinturas de los siglos XVIII a comienzos del XX, en su mayoría de artistas italianos. Os muestro algunas de ellas: “Eva tentada por la serpiente”, de Giuseppe Bezzuoli, “Retrato del Conde Anatole Nikolaievich Demidov”, de Karl Pavlovich Brulloff, “Batalla de Legnano, de Amos Casioli”. “La entrada de Carlos VIII en Florencia en 1494”, de Giuseppe Bezzuoli, “Retrato de la condesa Juliette Cotti”, de Alessandro Ossani, “Retrato de Alaide Banti”, de Michele Gordigiani, “Nadar entre las rocas”, de Cabianca Vincenzo, “Retrato de Diego Martelli”, de Francesco Gioli, “Retrato de Quirina Moceen”. “Masacre de la familia Cignoli”, de Cosimo Conti, “El campamento italiano en la batalla de Magenta”, de Giovanni Fattori y “Retrato de Isabel de Austria”, de Giuseppe Sogni con la escultura “Mujer sentada”, de Odoardo Fantacchiotti. Otras esculturas son “San Sebastián”, de Pio Fedi, “Aristodemo”, de Meneceo y “Apolo y Giacinto”, de Stefano Ricci.

Continuamos en la Galería de Arte Moderno contemplando entre otras las pinturas “María Antonia de las Dos Sicilias”, Gran Duquesa de Toscana, de Morelli y “Ecce Homo”, de Antonio Ciseri. La siguiente pintura de la izquierda es “La muerte de Mesalina” y la de la derecha “Filippo Lippi enamorándose de Lucrezia Buti”, ambas de Gabriele Castagnola. La escultura de bronce representa a los amantes trágicos Paolo y Francesca del Infierno de Dante, obra del escultor napolitano Vincenzo Gemito. “La muerte de Rafael”, de Morgari Rodolfo, “La expulsión del duque de Atenas”, de Stefano Ussi, “Victor Hugo”, una escultura de mármol creada por Gaetano Trentanove, “Retrato de la condesa Berta Vandal”, Escultura “El suicidio”, de Cecioni Adriano, “En la fuente” de Egisto Ferroni, “Stella y Piero”, de Corcos,  “Caza del jabalí en el pantano de Burano”, de Eugenio Cecconi, “El amor sensual y ambiguo entre el tritón y la Nereida”, de Max Klinger. “Primer cumpleaños”, de Plinio Nomellini, “La derelitta”, de Domenico Trentacoste y “La Primavera”, de Galileo Chini, concluyendo con las esculturas “Desnudos femeninos”, de Domenico Trentacoste-

Desde el 2 de enero de 2022 el Palacio Pitti cuenta con un nuevo museo que ocupa cuatro grandes salas de la planta baja, decoradas con frescos del siglo XVII. Se trata del Museo de Iconos Rusos, dende contemplamos 78 iconos antiguos procedentes de las colecciones de los Médicis y de los Lorena, que constituyen la colección más antigua de este tipo fuera de Rusia. También contemplamos la Capilla Palatina y las obras “Entrada de Cristo en Jerusalén”, de Luigi Ademollo y “La Crucifixión de San Pedro”, de Luigi Ademollo, además de la “Virgen de Kazan”.

Nos dio mucha pereza tener que salir a comer fuera del museo, pues su cafetería estaba abarrotada, pero la entrada permitía volver a entrar, cosa que hicimos tras la comida. A continuación cometimos el error de dirigirnos al Jardín de Boboli, también incluido en la entrada, pues tuvimos que subir una empinada cuesta bajo un sol de justicia hasta la Fuente de Neptuno, construida por Stoldo Lorenzi entre 1565 y 1568. Desde allí contemplamos la estatua La Abundancia. Estamos en la zona verde más grande de Florencia, pero no nos dijo nada. Me gustó más la fuente de la Alcachofa, las vistas sobre el Duomo y la Gruta de Moisés, que vimos antes de salir al jardín, con las esculturas de Hércules y Anteo.

Mi mujer quería visitar también el Museo de los Trajes (Galleria del Costume), pero estaba cerrado. Un poco empachados de tanto arte nos dirigimos a la salida, así que por poco nos perdemos otro de los museos más interesantes, el del Tesoro dei Granduch (Grandes Duques), que ocupa las salas del que fue el apartamento de verano de la familia Médici, que guarda el tesoro personal de la familia Médici, como una excelente colección de figuras de marfil. Admiramos también las magníficas salas pintadas al fresco en el siglo XVII, con motivo de la boda entre Ferdinando II de los Medici y Vittoria de la Rovere, el Trampantojo de la Sala de Audiencias Públicas, la escultura de mármol “El campesino con su barril”, de Giovanni di Paolo Fancelli, un gabinete de ébano y un precioso tapiz. Un final espectacular.

Concluida la visita regresamos caminando al Eurostars Florence Boutique, distante 2 km, con escala técnica para tomar un café con hielo en una terraza de la Piazza della Signoria. Menos mal que la ruta fue sombreada. El Palacio Pitti abre de martes a domingo de 8:15 a 18:30 h. La entrada cuesta 19 € que sube a 25 € con los Jardines Boboli.