Realizada del 9 al 18 de abril a través de Mundicolor, la tercera escapada del año tuvo como destino la isla de Mallorca. El vuelo de Vueling salió del aeropuerto de Loiu el día 9 a las 8:50 h, llegando al de Palama de Mallorca poco después de las 10, antes de la hora prevista, sucediendo lo mismo en el vuelo de regreso. Para pasar las nueve noches de esta escapada elegimos el Hotel Aluasun Continental Park ****, situado en la calle Iola, 4 de Platja de Muro. La zona no nos atrajo mucho, pero tiene la playa muy cerca, cosa que no solemos frecuentar y más cerca aún la parada de los autobuses a Alcudia, Can Picafort y Palma.

Tras comer, instalarnos en la habitación y una breve siesta, salimos a comprar agua y a contemplar nuestro entorno playero, la platja de Muro, que tiene casi 6 km de longitud, arena blanca, dunas y agua de color turquesa, lo que la convierte en una de las mejores de la isla. Luego tuvimos que caminar unos 600 metros para llegar a la oficina de Clickrent, donde tenía reservado el coche, situada bajo el hotel Ivory Playa. Como llegamos antes de la hora dimos un agradable paseo bordeando Platja d’Alcúdia por la zona de las dunas, cosa que no es posible por las proximidades de nuestro hotel.

El 10 de abril realizamos la primera excursión, teniendo como destino Cap de Formentor, ubicado al final de una península de 20 km de longitud y situado a 31 km del hotel. Breve parada en la playa de Pollença y la siguiente en el Mirador del Colomer, donde ya llevábamos un rato “sufriendo” a los numerosos ciclistas que invaden la estrecha carretera. Menos mal que tuve la suerte de que me entregaran un Renault Symbioz, con mucho reprís para los adelantamientos. Nos habían dicho que hay muchas cabras, pero aquí vimos a la única. La carretera cuenta con espectaculares paisajes, en forma de altos acantilados, la Cala Figuera y el Cap de Catalunya, pero no puede llegar al faro, dándome la vuelta unos 300 metros antes de llegar debido al descomunal atasco. Esto hizo que modificáramos futuros planes. Del 15 de mayo al 18 de octubre, la circulación por esta carretera está restringida de 10 a 22 h.

Un poco desilusionados con nuestro debut, nos dispusimos a desandar lo andado y dirigirnos a la localidad de Pollença, distante 23 km, dirigiéndonos en primer lugar a la Oficina de información turística, sita en la Plaça Major, 17, que abre de lunes a sábado de 9 a 16 h, donde nos recomendaros visitar el claustro barroco del convento de Santo Domingo, que cerraba a las 13:30, al que se accede por el coqueto Museu de Pollença, al que también realizamos una breve visita. La entrada es gratuita. No tuvimos la misma suerte con la iglesia de la Mare de Déu dels Àngels, que se asoma a la Plaça Major, pues estaba cerrada. Así que aprovechamos para comer en uno de los restaurantesde la plaza. Antes de marchar nos acercamos hasta el busto de la pedagoga Clara Hammerl, desde donde se contempla El Calvari, al que no llegamos, pues nos parecían muchas las 365 escaleras de acceso.

Estábamos a tan solo 13 km del hotel pero, como todavía era temprano, nos dirigimos al Parque Natural de s’Albufera de Mallorca, cuyo acceso teníamos a menos de 2 km del hotel. Para llegar lo mejor es poner en Google Maps: Aparcament Parc de s’Albufera, desde donde hay que caminar unos 1.200 m, pasando por el puente de los Ingleses para llegar al Centro de información de Sa Roca y al Centro de interpretación de Can Bateman. Lo malo es que cierran a las 16 h y el parque a las 18 h, no entendiendo la existencia de un horario tan limitado. De esa zona salen tres rutas para recorrer el mayor humedal de Baleares (2.036,23 ha), Eso si, pudimos ver más variedad y cantidad de aves de las que pensábamos e incluso un flamenco.

Iniciamos la jornada del 11 de abril cubriendo los 64 km que nos separaban de Valldemossa, esta vez por buena carretera. Esta población está situada en la Sierra de Tramuntana, en un valle rodeado de montañas, presumiendo de ser es uno de los pueblos más bonitos de Mallorca. Nos dirigimos en primer lugar a la Real Cartuja, de la que hablo a continuación. Enfrente se encuentran el Museo Frédéric Chopin, la iglesia de la Cartuja y los Jardines del Rey Juan Carlos I. En el lado opuesto tenemos el Mirador de Miranda des Lledoners, que ofrece las mejores vistas de Valldemossa, de la que sobresale la Iglesia de Sant Bartomeu, del siglo XIII, a la que luego nos acercamos. A Valldemossa se le considera el lugar donde nació la tradicional “merienda mallorquina”, la famosa coca de patata, que se elabora a base de huevos, harina, azúcar, manteca y patatas. La Oficina Municipal de Turismo de Valldemossa, sita en avenida de Palma, 7, estaba cerrada, pues solo abre de lunes a viernes de 10 a 18 horas.

La Real Cartuja es la construcción más notable del patrimonio de Valldemossa. Se trata de un palacio del siglo XIV rodeado por un espectacular entorno natural. La Cartoixa de Valldemossa, como se dice en mallorquín, se construyó por orden del rey Jaime I de Mallorca, habiendo alojado a lo largo de su historia a numerosos personajes célebres. Tras escuchar una interpretación de Chopin al piano, accedimos al interior del que fue residencia durante tres meses del músico. La Cartuja abre de lunes a viernes de 10 al 17 h y los sábados hasta las 16 h. La entrada cuesta 12,50 €, 10 € los mayores de 65 años. No resulta fácil aparcar en Valldemossa, pese a que todos los aparcamientos son de pago (zona azul).

Nuestra ruta continuó siguiendo la carretera costera, repleta de curvas, a lo largo de 43 km hasta Andratx, contemplando impresionantes acantilados y la Torre de Es Verger, en Banyalbufar. Se trata de una torre de vigilancia y señalización costera, levantada en 1579. Nuestro destino en Andratx era la oficina de turismo, ubicada en el Ayuntamiento, que ocupa el castillo de Son Mas, pero estaba cerrada pues solo abre de lunes a viernes de 8 a 15 h. En la policía municipal amablemente nos recomendaron que fuéramos a Port d’Andratx, donde aprovechamos para comer en el restaurante italiano Buon Appetito, situado frente a los barcos de pesca. Tras la comida nos desplazamos al final de la zona portuaria, donde se encuentra el Far d’Andratx.

Teníamos por delante 84 km para regresar al hotel, ya por buenas carreteras, cuando ya bastante cerca vimos en un alto una torre de vigilancia y un molino. No sabíamos donde nos encontrábamos pero intentamos sin éxito llegar a ellos, pues están en una zona cercada de difícil acceso. Por el GPS supimos que estábamos en Santa Margalida, que toma el nombre de la iglesia del pueblo, a la que llegamos. Tuvimos la suerte de coincidir con el sacristán, quien amablemente nos encendió las luces de todas las capillas. Luego, en la plaza del pueblo vimos el monumento dedicado a Santa Catalina Thomas “La Beata”, nacida en Valldemossa, que es la primera santa nativa de Baleares. Breve parada en Can Picafort, que pertenece al mismo municipio y a donde volví casi al final del viaje, y regreso al hotel.

De esta forma concluyó la tercera jornada de nuestro viaje por Mallorca, isla en la que todos los carteles están solo en mallorquín. Todavía nos quedaban siete días por delante, pero de ello espero hablar en próximas jornadas.























































































