«Grandes amigos»

¿Han hecho Arnaldo Otegi, Pernando Barrena y Arkaitz Rodríguez algo que no hayan hecho antes otros políticos? No. ¿Han hecho estos tres hombres lo mismo que cualquier representante neocón al reunirse con afines, empresarios ambiciosos y círculos influyentes, como relatan en El Confidencial (“Empresarios catalanes sondearon a Otegi y Pernando Barrena para dar un pelotazo urbanístico en Vitoria”)? Por supuesto. Y esto no es malo si no cobran comisiones por ello o les ayuden a financiar campañas. Pero lo que tampoco pueden Otegi, Barrena y Rodríguez es señalar o censurar a quien haga lo mismo que hacen ellos.

Caso archivado

Solo con ver que las noticias versaban sobre lo que soltaba un tipo que respondía al nombre de “Pollo” Carvajal y que, como se ha ido viendo sobre la marcha, estaba más preocupado de no volver a Venezuela que de las consecuencias de sus otros actos (como las acusaciones de financiación irregular de Podemos), era posible barruntar que el tema iba a tener tanto recorrido como cada medio quisiera darle. Así que el archivo de la causa que ha decretado la Audiencia Nacional es una buena noticia: cierra todos los culebrones y, de paso, la sangría del crédito de la política española, que es lo más importante. El combate político es a ideas.

Caso reabierto

Lo sucedido durante el fin de semana en EE.UU. es gravísimo: el paso atrás dado por la justicia de aquel país negando a las mujeres la posibilidad de abortar es un ataque a nuestro avance como civilización. Un ataque que hay que combatir frontalmente. La periodista Rocío Vidal lo tuiteaba muy bien y muy clarito: “No os confundáis, lo que está pasando en EEUU no va de ‘proteger la vida’. Si así fuera, promoverían la sanidad universal, el control de armas o las medidas contra pobreza y la brecha social. Esto va del control y poder sobre los cuerpos de las mujeres. Y nos tendrán enfrente”. Así tiene que ser.

Todo esto nos pasa por querer follar

Somos unos promiscuos y por eso mandamos a nuestras mujeres a abortar mientras nos dedicamos al fornicio, al placer egoísta, y con ello, a la despoblación: porque si no hay niños y niñas en los pueblos de España y, por extensión, en los de Euskadi, es porque lo hacemos con condón. O peor: a pelo pero después abortamos. Porque el sexo, amiguis, ya lo dice en unas jornadas sobre despoblación el vicepresidente de Castilla y León, Juan García Gallardo, tiene un objetivo: “Su finalidad es la de la procreación”, y su “banalización lleva a que sea un fin en sí mismo”. La culpa es de quienes dedican “su existencia a satisfacer sus deseos sexuales” (EPE).

Una vida de sufrimiento

Si la extrema derecha fuera tan “pro-vida” como pretende hacernos creer, sería mucho menos xenófoba y sentiría como suya también la masacre a inmigrantes en la frontera entre Marruecos y España que hemos visto recientemente. Personas que solo decidieron huir de un horror atravesando otros y que han dejado en el camino hasta su vida. Quique Peinado lo describía con trágico acierto en Twitter: “Muchos de los migrantes que trataban de saltar la valla de Melilla provenían de Sudán del Sur, huían de una guerra y allí nadie te saca ni hay corredores humanitarios. No sé si alguien puede imaginar cómo ha sido su viaje”.

Un buen resumen

No soy nada mojigato a la hora de enfrentarme al problema de la pérdida de credibilidad de la prensa tradicional. Al contrario, creo que solo viendo el problema de frente, pero también desde todas las aristas, podremos llegar a un diagnóstico y a un plan de ejecución que, realmente, empieza por una premisa muy sencilla: rearmarse. ¿Por qué? Pues Jan Ros en Twitter ha elaborado ese diagnóstico con una sencillez y precisión notables: servir a intereses que no sean del lectorado, el clickbait, titular para Twitter, no cuestionar al poder, ayudar a difundir bulos y, especialmente, precarizar la profesión.

Una mala idea

El diagnóstico de Ros, no obstante, vale para la prensa tradicional pero también para cualquier página web y hasta para los influencers, ese colectivo tan heterogéneo pero con una actividad muy intensa desde el confinamiento. Regularizar su actividad es ya una necesidad, sobre todo para anunciantes y agencias, pero no me parece acertado esto en Vozpópuli: “Hacienda permitirá a los ‘influencers’ tributar como empresas para evitar la huida”. Es decir, una opción por la que las y los autónomos (especialmente, periodistas) eran perseguidos, ahora se elevará a legal por miedo de la fuga a Andorra. Igual sale mejor invertir en educación y valores.

La solución era la publi

Siento dar malas noticias pero me temo que en las plataformas de pago a las que estamos suscritos para ver la tele bajo demanda empezaremos a ver publicidad. Serán spots breves, colocados antes de los contenidos, puede que sean interactivos, aparecerán nuevos formatos, lo que queramos, pero el sistema de suscripción no funciona y las empresas necesitan mantenerse en beneficios aunque sea forzando la máquina. Blanco y en botella, este anuncio (precisamente) de Amazon, adelantando “nuevas formas de llegar a tu audiencia a través de puntos de contacto en streaming, partidas en directo y mucho más”.

Nos creemos ricos y no lo somos

El modelo no es sostenible, y no me refiero solo al de las plataformas que por pocos euros (y además podías compartir la sesión y el gasto) ofrecían un montón de contenidos: estamos creando un modelo de consumo que va a reventar. Preferimos pedir un libro, que viene envuelto en cartón, en vez de ir hasta la librería, donde en una caja entran varias decenas. Y en las tiendas nos hemos acostumbrado a llevarnos o pedir on-line prendas de ropa como si no costaran y, después, devolver la mayoría de ellas con un repartidor que las recoge en nuestra puerta. No necesito datos de ninguna institución para saber que eso es insostenible.

Yo también quiero verlo

Defiendo la necesidad de que cada persona aporte lo que pueda en la sostenibilidad del planeta, pero también sé que toda la basura que separe y meta en su correspondiente contenedor durante toda mi vida apenas tiene impacto si lo comparo con el que tiene la carrera espacial privada, por ejemplo. Así que me sumo a la petición de Shine McShine, por exagerada que parezca: “Quiero un Nuremberg climático. Quiero ver cómo les obligan a pagar por el daño causado con el dinero que ganaron causándolo, en lugar de ver cómo somos los ciudadanos quienes les pagan a ellos por ‘arreglarlo’ sin realmente arreglar nada”.

Otra más

En plena sequía en España, con los precios de la electricidad disparados y las eléctricas dando beneficios, tenemos que leer estos titulares: “Iberdrola, Endesa y Naturgy aceleran el vaciado de los embalses ante el tope del gas” (Merca2). ¿Por qué? “Para frenar posibles pérdidas en el estreno de la llamada excepción ibérica o tope del gas”. La sinvergüencería se mide en piscinas: “Solo en las cinco más utilizadas -Belesar (Naturgy), Mequinenza (Endesa), Alcántara (Iberdrola), Azutan (Iberdrola) y Canelles (Endesa)- se vertieron cerca de 57 hectómetros cúbicos, una cantidad que supone unas 24.000 piscinas olímpicas”.

¿Cómo se explica esto?

Esto de El Confidencial es tan claro y, a la vez, tan inexplicable, que copio y pego: “La fortuna de siete multimillonarios construida gracias al ‘rally’ de las criptomonedas ha pasado de los 145.000 millones de dólares a poco más de 30.000 millones. Entre este selecto grupo estarían Changpeng Zhao, CEO y fundador de Binance, que ha visto como su patrimonio pasaba de 95.800 a solo 10.200; o el de Samuel Bankman-Fried, fundador y CEO de FTX, un ‘exchange’ de criptos, o el de Brian Armstrong, CEO de Coinbase. La fortuna del segundo ha pasado de 15.100 a 8.900 millones, la del tercero se ha desplomado de los 13.700 a los 2.100”.

Y el pequeño ahorrador, peor

David Cabo ha hecho el cálculo: “Si compraste un Bitcoin cuando viste el anuncio de Iniesta, a día de hoy has perdido un 66% de tu dinero”. Evidentemente, no se puede responsabilizar al futbolista por la publicidad engañosa, pero está bien que prescriptores e influencers vean dañada su reputación para que se piensen mejor lo de participar en estafas colectivas. Además, el propio Iniesta habrá palmado tela porque lo normal es que este tipo de plataformas, como los bancos, paguen la “colaboración” en su moneda. Así que Iniesta se lleva la mala fama y no se lleva el dinero. Un estupendo retrato.

Se da un año

Si Yolanda Díaz se da un año de plazo para rearmar a la izquierda en torno a un proyecto que ella lidere es porque cuenta con que el gobierno español va a agotar la legislatura. Básicamente, contamos todos con ello porque Sánchez va a querer vender su presidencia europea de turno casi como un logro suyo. Pero a lo que iba: la vicepresidenta segunda, designada por Pablo Iglesias, se lo va a tomar con calma. Primero, se alejará todo lo que pueda del fracaso andaluz, en fechas y en formas. Después, sabe que en Podemos e IU, con el tiempo suficiente, acaban despedazándose entre ellas y ellos.

La metapolémica

En la última peli de Disney y Pixar una pareja se da un beso. En este caso, una pareja de dos mujeres y, al parecer, este beso ha iniciado una polémica. Una sencilla búsqueda en el propia Twitter devuelve miles de resultados de personas normales que critican a quien se pueda sentir ofendido por una muestra de cariño. Es decir, una vez más, la reacción, aunque correcta, ha avivado una cuestión menor. Pero bienvenidas sean todas las buenas explicaciones que hemos encontrado para avanzar hacia la normalización del afecto público: algunos hilos sobre salvajadas de Disney que hemos visto en pantalla invitan a la reflexión acertadamente.

No lo entiendo

Escribo esta columna sin saber quién ha ganado las elecciones a presidente del Athletic, sin entender qué mueve a nadie a presentarse para ese cargo y midiendo cada palabra y cada idea que pueda deslizar. Todo el mundo sabe que me gusta mucho el fútbol, que defiendo con pasión lo que este deporte nos aporta y que soy del Athletic, por eso llevo años recibiendo información de todo tipo sobre el Club y, en las últimas semanas, sobre la campaña. Simplemente, la gente me lo cuenta. Y yo, con la misma sencillez, lo escucho en silencio porque para mí el Athletic es solo disfrutar de ir al campo cada dos semanas con mi hija.

De mis errores solo yo tengo la culpa

Si cambio de opinión y algún día me involucro en una plancha sé que me señalarán como el columnista que solo escribía chorradas, que buscarán en mi Twitter si alguna vez he criticado desaforadamente al equipo o he hecho algún chiste machista, que me vincularán a partidos políticos y buscarán si he participado en fiestas en las que haya acabado como los personajes de “Colega, ¿dónde está mi coche?”. Y yo no podré señalar a quien me busque las cosquillas, ni sugerir que tengo derecho a que no me las encuentren. Voy al grano: la responsabilidad de los tuits de Carlos Aviña es de quien los escribe y de quien quiso contratarle.

Pero una campaña es dura

Llevo más de doce años siguiendo campañas y sé que todas son políticas y duras. Sin excepción. Cada noche te duele todo, desde los pies a la cabeza pasando por el estómago y el pecho. Lo que no sé es qué esperaban algunos que iba a ser una campaña. Igual el error fue que se tiraron años (casi 10, en algunos casos) fantaseando con llegar a esta y, al final, cuando estuvieron frente el molino les pareció un gigante. Lo que nadie puede contar es con moverse y que no lo hagan los demás, con hacer triquiñuelas sin sufrirlas o con señalar sin ser señalados. Es así de simple.

Comunicar bien funciona siempre

Me he hartado de decir y escribir el titular de este párrafo en los más de doce años que llevo dedicándome a la comunicación de manera profesional. Lo he repetido tantas veces que hasta ha llegado a sonarme mal pero me empeño en mantenerlo como frontispicio. Con esto quiero decir: con humildad, sé lo suficiente como para asegurar que medir los tiempos no significa apurarlos. Y que la gente que vota no es tonta y no se le puede tratar como tal (y menos, una y otra vez). El olor del éxito a veces puede acabar en tufillo de soberbia. Y el clasismo, como los cadáveres que la mafia tira al río, siempre emerge. De abajo hacia arriba, además.

“¡La deontología soy yo!”

Alabo y reconozco la labor que hace la Asociación Vasca de Periodistas, y conozco y avalé a las compañeras que cogieron decidieron formar esta Junta Directiva. Pero en las campañas hay que saber entrar y, cuando toca, saber salir, sin hacerlo al grito de “la deontología soy yo” para decepción colectiva. No dudo de la buena voluntad de la AVP cuando se ofreció a moderar un debate entre candidatos, pero si tomas la decisión que necesita uno de ellos y clavas la nota que habría publicado el mismo, lo primero que tienes que hacer es darte cuenta y, lo segundo, asumirlo. De la misma manera que yo tengo que asumir lo que he escrito hoy.

El reto que tenemos

La prensa tradicional tiene ante sí un reto fabuloso pero, en esencia, sencillo. Sencillo en el planteamiento aunque complejísimo en la ejecución: solo tenemos que rearmarnos. Pero, claro, esto es muy difícil si el que fuera director del periódico en la época que cita, tuitea esto con asombrosa tranquilidad: “Hace cuatro años intentamos evitar desde El País el pacto de Sánchez con populistas y separatistas porque creíamos que eso era malo para la izquierda y para España. No nos creyeron”. Miguel Aizpuru anotaba sobre el tuit de Antonio Caño: “Me fascina que el exdirector de El País admita esto por aquí y como si nada”.

El teorema de Jesús Barcos

También en Twitter, Jesús Barcos ha lanzado un mensaje que ha podido pasar desapercibido pero que suena a teorema político contemporáneo: “Si aumenta la desigualdad con un gobierno de derechas, la izquierda se moviliza y se carga de razones. Si aumenta la desigualdad, no se aminora o no baja respecto a las expectativas creadas con un gobierno de izquierdas, la izquierda se desmoviliza y se carga de frustración”. Esta premisa ayuda a explicar la bajada de IVA que ha anunciado el gobierno español, por ejemplo. Pero tirar con pólvora del rey, como están haciendo PSOE y Podemos, es el recurso al rincón del vago de la política.

La realidad

El teorema de Jesús Barcos, en forma de tuit, me resulta perfectamente válido incluso aunque obvie una parte muy importante de la actividad desmovilizadora de la izquierda: la lucha cainita. “Nieto insiste en culpar a Teresa Rodríguez del fracaso de la izquierda y ésta le recuerda que ellos la echaron”, leo en República.com con cara de pasmo. Esta izquierda española no dejará de sorprendernos: cuando todo invita a la autocrítica por Andalucía, una parte de la izquierda se la hace a la otra para evitar hacérsela a sí misma. Parece un galimatías pero todo el mundo lo entiende porque lo ve, lo ha visto y sabe que volverá a verlo.

No tenía cómics y videojuegos en casa

A Fernando González de Castejón, conde de Atarés y marqués de Perijá, no le han encontrado cómics o videojuegos en casa. Creo que tampoco una cinta de La Orquesta Mondragón o un CD con música rap. Al autor del doble asesinato en Madrid, y posterior suicidio, lo que le han encontrado en casa son armas y honores a Franco y a Hitler. Y esto puede que tenga que ver con su conducta antisocial y con que tuviera atemorizado al vecindario, pero seguro que está estrechamente vinculado con que viviera en la calle Serrano. Es evidente que, una vez apagados los incendios, hay que activar cortafuegos pero en las herencias franquistas.

Es la puta guerra

La guerra es muy jodida, es dolorosa, es atroz, y la guerra en Ucrania la ha iniciado Rusia con una invasión. Por supuesto, en esa guerra está muriendo gente, como el chaval de Mallorca sobre el que hemos leído esta semana. No podemos llevarnos las manos a la cabeza ni hacernos preguntas sin antes recordar que también hubo milicianos que ayudaron a nuestros gudaris (y la legión Cóndor alemana, al bando franquista), extranjeros que cayeron en Euskadi, como hoy caen en Ucrania, después de dar un paso al frente. Quienes ridiculizan a la víctima, una vez más, están en el bando prorruso pero cómodamente en casa y en Twitter.