La juventud vasca

Las miles de personas que GKS reunió el sábado en Bilbao e Iruñea (hasta 10.000, según Diario Socialista) no pueden pasar como si nada. El monstruo cebado por la izquierda abertzale da tanto miedo, por sus formas fascistas, como el que se sitúa en el otro extremo del arco, entre la derecha y la pared. Las banderas rojas y la apropiación del antifascismo, además, preocupan porque ese movimiento ha convencido a muchísimas y muchísimos jóvenes vascos que han decidido despreciar la memoria para enfrentarse a un presente que no les agrada (misma gasolina que suministra Vox, por cierto). Y ahora, ¿qué va hacer la izquierda abertzale?

La memoria

En la misma izquierda abertzale no se dan cuenta pero la gente en Euskadi cada día está más cansada de ver sus carteles (y luego van de ecologistas), sus murales y sus reivindicaciones. La imagen de la plaza Consistorial el pasado 6 de julio o la de la plaza de la Constitución durante el inicio de la tamborrada fueron bastante asqueantes (sí, esa es la palabra). Pero aún hay más: Balbino Sáenz Olarra, condenado a 108 años de prisión, fue homenajeado durante las fiestas de Donostia “en torno a la una y media de la madrugada, aprovechando el bullicio y la aglomeración” (El Confidencial Digital). Justo así es como ceban a GKS. Y lo saben.

La hipocresía

El discurso de toda la vida de la izquierda abertzale, el de las pancartas, el de los ongi-etorris de tapadillo, choca frontalmente con su afición a la moqueta y a ciertas decisiones que EH Bildu está tomando: “El Ayuntamiento de Tolosa vuelve a desalojar a varias personas sin hogar. Es la segunda vez en las últimas dos semanas que el consistorio gobernado por EH Bildu expulsa a personas sin techo de edificios públicos” (Diario Socialista, otra vez). ¿Dónde están SOS Racismo y similares? Esta hipocresía, como los carteles agotadores, las vemos todas y todos, y también espolean a algunos de la línea dura (esa que ceba a GKS, precisamente).

El victimismo

Aunque salta a la vista, aunque a muchos nos mueve por dentro ver a los que siempre han estado vigilando desde las Herriko Tabernas dar lecciones ahora de política social, nadie como la izquierda abertzale maneja el victimismo. Así que la de ayer fue una buena jornada para EH Bildu, donde estaban encantadas y encantados de que les venga igual de bien que al PP jugar la carta de ETA: “Más de 20 minutos sin conclusiones y acusaciones cruzadas que el PP aprovecho conscientemente para cambiar el foco hacia otros asuntos”, entre Núñez Feijóo y Oskar Matute. Para ambos no hay nada mejor que no hablar de la realidad.

El asco

He mencionado varias veces el asco en esta columna, eso que sentimos cuando nos enteramos de lo que hacían (y documentaba pasmosamente) Jeffrey Epstein y los invitados a sus fiestas. Pero también da asco conocer las conexiones posteriores entre los citados en la documentación: “Brett Ratnet, director del documental de Melania. Protagonista en las nuevas revelaciones del caso Epstein”. Este tuit de Sandro Pozzi es muy significativo porque convierte a la propia Melania Trump y a Jeff Bezos (que ha pagado a una y otro, y emite el documental en Amazon Prime) en participantes del pozo de mierda que estamos descubriendo.

La gran estafa

Cada vez aprecio menos diferencia entre un inversor y un estafador en el caso de la vivienda. Jorge Galindo lo escribe claro en su Substack: “Os dieron un master y se quedaron con los pisos”. Y señala a los responsables de los ejecutivos menos valientes sin tapujos: “Un bono de alquiler sin oferta sube los precios, pero temen que liberar suelo para vivienda pueda restarles votos a nivel local. Así que eligen el bono”. Este es el resultado: “Con oportunidades bloqueadas y una política incapaz de desbloquearlas ganan las ideologías de suma cero. Si la tarta no crece, cada porción que se lleva otro es una que no te toca a ti”.

El más rico, pero no el más listo

Ya lo cantaban los de Aerosmith en 1993: “Eat the Rich”, y en 2026 urge que acabemos (vía impuestos gordísimos, por supuesto, no me refiero a otra cosa) con los ultrarricos, que no nos aportan nada bueno. Valgan como ejemplo las acciones del más muchimillonario del mundo: “Los archivos de Epstein, entregados a la fuerza por el gobierno de Trump, se habían tachado con la versión gratuita de Adobe porque Musk, en un esfuerzo por quitarle el chocolate al loro, había cancelado la suscripción de pago. Y, claro, el tachado se puede revertir y leer completamente su contenido”, según Paloma Llaneza en Bluesky.

El otro pan del sándwich

En 2026 Europa va a verse en una sandwichera: por un lado y por el otro, EE.UU. y Rusia querrán aplastarnos y fundirnos. Pero no se lo ponderemos fácil, como los ucranianos. Y dentro del sándwich, como el queso, tienen colaboracionistas: la extrema derecha de cada país, engordada por Putin y con el manual trumpista en la mesilla de noche. Anna López lo denuncia en X: “La ultraderecha alemana bajo sospecha. Diputados de Alternativa para Alemania usan preguntas parlamentarias para intentar revelar rutas de armas a Ucrania y defensas antidrones.  Sus rivales alertan: información sensible que interesa al Kremlin”.

Y China, claro

TikTok será uno de los campos de batalla en las elecciones que vengan en 2026 (pocas frases resumirán tan bien lo mal que vamos). Al mismo tiempo, según El Diario, “Protección de Datos alerta de que TikTok ha reactivado el envío de datos personales a China y pide replantearse su uso”. En cualquier caso, el argumento: “El regulador español de la privacidad pide a los usuarios ‘valorar si desean continuar utilizando un servicio cuando existen transferencias de datos a países que no ofrecen un nivel de protección equivalente al europeo’”, es válido para la red china pero también para las americanas y, hasta para Google o ChatGPT.

No es representativo, pero sí sintomático

No creo que las y los usuarios de redes que han publicado su recopilación de llantos (a la que, por supuesto, han puesto nombre: “Crying Wrapped”, según Xataka) sean representativos de nada. Puede que haya una moda por ahí que sigue una parte de la chavalada (y no tan chavalada) que no han entendido bien lo que es prestar atención a la salud mental, pero insisto en que solo se representan a sí mismos y a sí mismas. No obstante, sí creo que esta movida es representativa de la sociedad que estamos construyendo. Las llantinas están “gloriosamente detalladas” incluso por categorías.

Moketa da bide bakarra?

La ocurrencia no es mía: me contaron que lo dice un conocido político navarro y abertzale, me pareció brillante y vino a mi cabeza cuando leí la enésima crítica a Arnaldo Otegi desde la izquierda, esta vez, en Diario Socialista: Kolitza le acusa de “reducir” la “memoria antifascista a mero trampolín para Ajuria Enea, con el programa socialdemócrata como bloque dinamizador. Una maniobra calcada a la táctica del PSOE en Madrid”. Y entre otras patadas al tobillo, le lanza la de que, si alcanza Ajuria Enea, convertirá a la “Ertzaintza en un cuerpo policial de Netflix”. Y le acusa de querer “liquidar” a los “antifascistas” “de calle”.

Nos insulta a todas y a todos

El falso antifascismo de la izquierda abertzale en su conjunto, exhibido estos días sin vergüenza, me ha obligado a retrasar esta referencia a El Nacional: “‘Silencio, cerdita’: Trump pierde los papeles con una periodista que le pregunta sobre Epstein”. El insulto de Donald Trump a Chatherine Lucey no se quedó en el Air Force One, como hemos visto. La prensa estadounidense e internacional han reaccionado de un modo esperanzador, señalando al rey desnudo o, más ajustado en este caso, faltón y nervioso ante un caso de posibles abusos sexuales.

El fin de los partidos

Ya he escrito en esta columna que llevo tiempo preguntándome: “¿Cuándo empezó a torcerse todo?”. La llegada del Internet comercial es un buen momento para marcar el punto de inflexión hacia el abismo, pero el día en el que los partidos políticos tradicionales empezaron a perderse el respeto a sí mismos también está entre los candidatos. La pieza del Huffington Post sobre cómo Trump (el mismo que dijo eso de: “Silencio, cerdita”) y su movimiento MAGA han transformado el partido republicano, tal vez para siempre, me ha resultado sorprendentemente (dada la ligereza tradicional del medio) interesante.

¿Qué puede salir mal?

“Alemania levantará la restricción de exportar armas a Israel”, leo en el digital DW, siglas que significan “Deutsche Welle” u “ola alemana”, según DeepL Translate. “Alemania embargó las exportaciones de armas a Israel en agosto de 2025, medida que será eliminada a partir del 24 de noviembre”. Vamos, que ese embargo solo ha estado vigente cuatro meses. Ya sé que la culpa histórica alemana puede explicar el complejo de sus gobiernos y de su opinión pública, pero creo que el antifascismo consiste en recordar que el fascismo no se puede relativizar, ni justificar, ni, como dijo Durruti, discutir.

A ver, bien no le ha ido…

Es verdad que la semana de Pedro Sánchez podía haber sido mejor: la sentencia condenatoria al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha sido un golpe duro, sobre todo, en la línea de credibilidad del PSOE. Pero por mucho que quiera anotarse el tanto, Bosco Vallejo-Nágera (sí, es exactamente lo que parece cuando lees su nombre) amenazó en X con un mensaje pretendidamente ambiguo pero que ni por esas puede vincularse a la sentencia: “A Pedro Sánchez le han dado 72 horas para que anuncie su dimisión, de lo contrario se van a filtrar hasta videos…”. Esto tuiteó hace una semana el gallo.