Lo de siempre, vamos

Cuando “la portavoz del Euskal Herriko Kontseilu Sozialista, Karla Pisano, denunciaba en Radio Euskadi lo que consideran un veto político por parte de la Izquierda Abertzale a la hora de participar en los recintos festivos en muchas localidades”, no denunciaba nada nuevo. Lo bueno de estas peleas veraniegas entre EH Bildu y quienes les consideran unos acomodados es que ha quedado a la vista de todo el mundo cómo la izquierda abertzale ha controlado siempre los recintos de las txosnas, cómo ha obligado a colocar carteles y pegatinas, y (lo más importante) cómo muchas y muchos han sido (y son) colaboracionistas de su fascismo.

El lawfare no implica ausencia de delito

Llevaba tiempo pensándolo, especialmente después de que saltará por los aires la reputación de José Luis Rodríguez Zapatero, pero Arturo Puente lo ha escrito muy bien en Bluesky, así que me limito a trasladar su impecable reflexión: “Que una persona sea víctima del lawfare no demuestra la inocencia de esa persona. Que unas pruebas se consigan con el objetivo de hacer daño político no hace que esas pruebas no existan”. Las coincidencias en fechas e ingresos, la implicación de la empresa de las hijas y, ahora, las joyas con valor millonario, proyectan una sombra muy alargada sobre el expresidente y todo el PSOE.

Tienes un digital y tienes un bar, ¿qué haces?

Pablo Iglesias tiene un bar y tiene un medio de comunicación, y cuando surge una crisis en la Taberna Garibaldi, usa Diario Red para atajarla, como buen empresario: “La totalidad de la plantilla de trabajadores en activo del establecimiento ha emitido un comunicado conjunto para desmarcarse de las acusaciones de abuso laboral publicadas previamente por CNT Comarcal Sur Madrid y expresar su rechazo a lo que consideran una utilización política y mediática del conflicto”, explican en una nota sin firmar en el digital. A mí esto me fascina, especialmente, en un líder de izquierdas que siempre ha dado lecciones de periodismo.

¿Te comprarías un móvil como los de antes?

Nokia está fabricando y vendiendo móviles como los de antes: sin conexión a Internet, para hacer llamadas, enviar mensajes y, como mucho, meter música con una tarjeta de memoria. Para mí es una idea maravillosa. Siempre que pueda compaginarlo con otros gadgets como mapas, agenda, etc. Pero yo soy un señor de 45 años que ha vivido aquello y está dejando de abrazar las novedades. Lo que me sorprende es lo que cuentan en el Instagram de El Diario: una parte de la juventud que no ha usado esos viejos aparatos quiere vivir esa “fantasía” (muy bien utilizada la palabra). ¿Realmente la tecnología está satisfaciéndonos?

Lo que no puede permitirse el Athletic

La semana pasada expresaba en esta columna mis dudas sobre la satisfacción de Jon Uriarte tras su dura crítica hacia Igor San Román en rueda de prensa. Lo que no sabía (y supongo que el presidente del Athletic, sí) es que su exdirectivo había concedido una entrevista y escrito un libro sobre su experiencia dentro de la Junta y durante su salida. No he visto completa la entrevista en Dotb (a los que aplaudo por haberla hecho), no es necesario hacerlo para que el club proyecte la impresión de que ninguno de los protagonistas de los vídeos virales se embarcó por el Athletic, sino por otros motivos. Tampoco serían los primeros.

Iruñea

Bildu colocó a Joseba Asiron como alcalde de Iruñea con una moción de censura que apoyó el PSOE después de que Bildu votara a favor de Pedro Sánchez en su investidura sin pedir nada a cambio (ejem, ejem, guiño, guiño, codazo, codazo). Año y medio después, Karla Pisano se queja amargamente en el Diario Socialista de “la defensa sectaria, no de un proyecto político, sino de un partido” que hacen Bildu y su entorno. Ella misma reconoce que “cuando del PNV se trata, hasta el acto más marginal del último ertzaina de la fila tiene responsabilidades políticas. Todas ellas, sin embargo, desaparecen cuando de EH Bildu se trata”.

No, no valen

También Bildu junto al PSOE, ERC (que luego se desdijo), Sumar y Podemos, aprobaron una ley española de vivienda para una campaña electoral y sabiendo que su reglamento podía contraer la oferta. Pero, ¿qué más da si a la izquierda le vale con mencionar “la vivienda” para que parezca que hacen algo por ella? Sin hacer una defensa sectaria, como ha escrito Karla Pisano, me ha resultado muy interesante esto en El Blog Salmón: “El problema de la vivienda en España es el mismo que en Alemania o en toda Europa del Este”, y es, oh, sorpresa, “una oferta insuficiente”. Por lo tanto, “es un error pensar solo en soluciones locales”.

Debería de ser ilegal

La ley española de vivienda que aprobaron Bildu y el PSOE, entre otros, además de cometer el error básico de contraer la oferta, es insuficiente. Se queda corta. No interviene contra plataformas como Airbnb (en el centro del problema) ni contra los grandes tenedores, como Rubén Zaballos que en la web de La Sexta se presenta como “un propietario con más de 200 pisos” que asegura, sin sonrojarse, que “la gente me dice que mejor los destine a alquiler turístico’”. Me deja pasmado que simplemente sea legal que una sola persona (o sociedad) pueda acumular 200 viviendas sin que los impuestos, por ejemplo, le resulten asfixiantes.

Correcto

Enrique Dans ha escrito en su blog un post muy interesante sobre cómo “Trump lleva años presumiendo de que ‘América necesita un CEO’”, lo que considera “una pésima idea”. Y se explica: “Gobernar no es gestionar una cuenta de pérdidas y ganancias” “porque su misión no es maximizar beneficios ni elegir clientes, sino servir a todos, incluidos los que no te votan. Los incentivos en democracia son deliberadamente más lentos y complejos, por eso existen contrapesos que un CEO jamás aceptaría”. Pero hay otra circunstancia añadida muy interesante: el “historial” de Trump como empresario “es calamitoso”.

Sí a la regulación en Internet

Soy un firme defensor, desde el principio, cuando era una idea impopular, de que Internet sea regulado. Y hoy, más: esta semana un streamer ha muerto en directo después de completar “un desafío llamado ‘10 Días y Noches de Tortura’, basado en pruebas de resistencia física, privación del sueño y consumo de sustancias supuestamente tóxicas” (El Confidencial). Raphaël Graven retransmitía esas barbaridades en la plataforma Kick, en la que también ha acabado Simón Pérez, el economista y streamer que ha caído en una espiral salvaje. Kick tiene público y da dinero a cambio de sufrimiento. ¿De verdad que nadie puede pararlo?